Holis! He vuelto, según yo, más rápido que otras ocasiones, pero parece que no es así XD No lo sé. En esta ocasión existe una dedicatoria universal, pero todo aquel que se sienta interpretado, adjudíquesela; sin embargo dos personas en especial la motivaron: Kikyo (Ánimo! Estoy segura que te irá excelente) y LittleThief03 (Gracias por un fic tan lindo y tu evolución como escritora, y estoy segura que como persona también).

Tenía mucha ansiedad por publicar este capítulo y les explicaré porqué. Mi forma de trabajo es hacer notas de la historia capítulo a capítulo para poder ir comparando, constrastando e hilando el argumento, y luego narro (De hecho hay capítulos que tengo hechos desde hace tiempo) Este es uno de esos capítulos que tenía medio escritos, pero faltaba dar coherencia e hilar los hechos. Todo partió por un dibujo que hice de Aoko...

Bueno, no los/las entretengo más. Mejor lean lo qeu he escrito con mucho cariño, pero antes...

Disclaimer: Si, si... estos personajes son de Magic Kaito y Detective Conan, propiedades intelectuales(?) de Gosho Aoyama. (PERO INSISTO EN QUE AOYAMA DEBIÓ HACER UN DISCLAIMER TAMBIÉN, SOBRE POR MAGIC KAITO... AOYAMA... ERES UN LADRÓN DE IDEAS TAMBIÉN, ACÉPTALO!)

Capítulo 14: Celos y egoísmo.

Dedicado a todos los que terminan lo que empiezan

PRÓLOGO (Días antes del ataque del psicópata)

Después de clases, Aoko corrió a comprar entradas al cine del Centro Cultural Bunkamura de Shibuya, allí recibió un bonito volante de una boutique cercana que de inmediato llamó su atención: "Lencería fina y otras prendas de oferta".

Cuando llegó a la dirección se encontró con una larga escalera que llevaba a un segundo piso. No se veía a nadie y esto intimidó un poco a la chica, pero se dio ánimos. Casi al llegar arriba escuchó el bullicio de las mujeres que se debatían por obtener los más delicados y vapuleados sostenes y bragas. Estuvo a punto de salir de allí cuando desde el más alto colgador vio un precioso conjunto con lindos pececitos de fantasía bordados. Pensó en las continuas bromas de Kaito y decidió pedir a la vendedora que le mostrara más de cerca aquel conjunto. Al recibirlo sonrió. Ese chico tenía una fobia muy rara y muy digna de un niño pequeño. Podía imaginárselo de adulto con un serio traje y huyendo de algún refinado plato en base a salmón o fugu (Aunque este último sí fuera de temer si estuviera mal cocinado). Kaito adulto… ¿Sería tan encantador como su padre? Sintió las mejillas encendidas y simuló sentir calor por la aglomeración. Al ventilarse, sintió una mano en su hombro y un sujeto extranjero le tendió la mano.

Unos días más tarde Aoko enfrentó una de las situaciones más angustiantes de su vida y la más insospechada al final de un día martes.

"Ahí yacía, tan hermosa que él no podía mirar para otro lado, entonces se detuvo y la besó. Pero tan pronto la besó, Preciosa Rosa abrió sus ojos y despertó, y lo miró muy dulcemente."

La Bella Durmiente del Bosque, versión de los hermanos Grimm.

MARTES DESPUÉS DE LA ESCUELA (y luego de los últimos hechos narrados en el capítulo anterior)

Kaito corrió a lo más que daban sus piernas. ¿Qué había hecho? Toda su estrategia por apartar a Aoko del camino de la organización la había echado a tierra por no saber controlar sus estúpidas hormonas. ¡¿Qué había hecho? ¿Cómo iba a mirar a Aoko otra vez? ¡Era su amiga, su mejor amiga, y ahora ya no podrían seguir siéndolo!

Estaba furioso consigo mismo. ¿Qué tenía en la cabeza? Obviamente muchos pajaritos, faldas y ropa interior femenina. De pronto tuvo la loca idea de que Aoko venía corriendo tras él. Se detuvo, quien sabe porqué, y giró lentamente, expectante, respirando agitadamente. No sabía si realmente quería verla detrás de él para espetarle todo su desprecio, o simplemente añoraba que las sensaciones de ella se correspondieran con los suyos, aunque sus sensaciones fueran un tanto alocadas y ni él mismo sabía cuales eran. El ocaso era lo único que había tras él. Aoko no le había seguido y eso lo enfureció aún más y no supo porqué. Empuñó fuerte y maldijo en voz baja una, dos, tres, mil veces, y de esa forma volvió a correr como si la vida se le fuera en ello. Una oscura figura femenina asombrada de no ser vista, apareció unos cuantos metros más atrás.

- En qué estás metido esta vez, Kuroba Kaito.

El chico abrió la puerta violentamente y sin quitarse los zapatos subió al segundo piso para dar un portazo. Chikage apareció desde la cocina y mirando escaleras arriba habló fuerte:

- Kaito, hijo. ¿Eres tú?- Al no recibir respuesta subió y tocó a la puerta-. ¿Hijo, eres tú?

- ¡VETE, DÉJAME EN PAZ!

Por primera vez en su vida Chikage temió por su hijo.

- Kaito… Kaito ¿Qué sucede? ¡Kaito, ábreme la puerta!

El joven mago estaba tirado en su cama golpeando las almohadas, arrepintiéndose y rabiando por su propia estupidez, mientras su madre golpeaba insistentemente la puerta. Se aferró a sus sábanas y se rodeó con ellas tratando de bloquear todos los estímulos del exterior, pero el rostro de Aoko segundos antes de lo sucedido no lo abandonaba. Era un maldito egoísta. Su amiga sufría pensando que ella era la culpable de todo, cuando nunca fue así, y él ¿no pudo reaccionar de otra manera? ¿Por qué en lugar de besarla simplemente no se había peleado con ella como siempre? Se levantó, levantó los puños y golpeó furibundo la puerta varias veces pidiendo a su madre que dejara de llamarlo, que estaba todo bien, que no se preocupara y que necesitaba estar solo esa noche, que temprano le explicaría (¿Qué le explicaría?) y Chikage-dono asumió la necesidad de espacio de su hijo, presintiendo que era una rabieta, pero ¿Por qué?

Cuando su madre le dio las buenas noches, madre e hijo quedaron frente a frente separados solo por la puerta, en silencio, cabizbajos, indefensos frente a la situación, impotentes frente a los hechos, profundamente acongojados y tristemente deshechos. Cada quien con su amor en las manos, sin poder ni ofrecerlo ni entregarlo. El corazón de madre de Chikage estaba dolido por el bloqueo que su hijo había impuesto. Apoyó su frente en la puerta desordenando su flequillo y una solitaria lágrima se le escapó mientras pensaba: "Toichi… Esto no estaría pasando si tu y yo no… y si tu no te hubieras fijado… Toichi, debimos irnos apenas… Ahora Kaito está pagando por nuestras malas decisiones. ¡Pero ya no más! Volveré a Estados Unidos y los buscaré, aunque esto signifique abandonar por un tiempo a nuestro hijo. Cuídalo desde el más allá."

Kaito apoyó su frente en la puerta desordenando su flequillo y una solitaria lágrima se le escapó. Juró nunca más llorar, pero la verdad es que no lloraba de tristeza, sino de rabia por no poder mostrar honestamente su corazón a ninguna de las dos mujeres más importantes de su vida. Recordó aquella vez, tiempo atrás, en el que su madre y él compartieron por primera vez el dolor retenido por haber perdido a su padre, justo después de la muerte de Jack Connery. El nudo en la garganta que tenía por Aoko se le fue al estómago haciéndose más y más grande. "lo siento, mamá, pero estas son cosas de hombres. Papá habría sido mi mejor consejero". El vértigo lo acompañó hasta que se dejó caer a la cama de cuerpo completo, mirando al cielo y vio las cosas con más claridad. "Aoko… no se molestó por lo que pasó" Un profundo silencio arrastró sus emociones y sensaciones más adentro de su cerebro y se concentró en un punto de ilusión varios segundos más tarde: "¿Ella me devolvió el beso?". Trató de recordar cada segundo, pero tenía una niebla de deseo que bloqueaba cualquier otra sensación e impresión. Por más que intentaba acordarse de los detalles sólo aumentaban sus deseos de ir a casa de la chica y hacerle cosas que nunca antes había imaginado que podía hacer con ella, con su mejor amiga. Tantos años siendo amigos y ahora notaba que la deseaba, que besar sus labios fue lo más placentero que hasta ese momento había hecho en su vida, y que cada vez que tenía alguna aventurilla con mujeres había pensado en ella. De alguna u otra manera siempre encontraba la manera de relacionarla a su vida, y ahora sabía la razón. La quería a su lado, porque la deseaba. La había fichado desde un buen tiempo atrás, incluso él mismo había escogido ropas para ella en la presentación de navidad y tomó sus medidas en sus manos. El día que despertó y ella estaba durmiendo a su lado observó sus líneas insinuantes y su rostro encantador ¡Por Kami! Tantas veces que la vio desnuda sólo por el gusto de espiarla y ahora estaba deseando tocarla y recorrerla entera. Se sintió sofocado, se desabotonó el uniforme y trató de concentrarse en lo que realmente había pasado. Los labios de Aoko eran blandos, suaves, cálidos, delineados… (¡Por Kami, tenía tanto calor!) No. Fue él quien se entusiasmó y quiso hacerla sentir lo que él estaba sintiendo aferrándose a su cuerpo… ¡y por Kami que sintió cosas! Si huyó fue por miedo a seguir… la culpa la sintió a la cuadra siguiente. Tal vez Aoko sólo se dejó llevar por la sorpresa ¿Qué mujer podría anticiparse a que va a ser besada por su mejor amigo y cuando el tema de conversación no tenía nada que ver? Tantas veces le había gastado bromas pesadas. Esta podría ser una de aquellas. Cuando la viera nuevamente se mostraría como el bromista de siempre. Ahora debía alejarla de sus pensamientos porque sentía cómo su cuerpo reaccionaba a sus sensaciones: sudoroso, sofocado y deseoso.

Se levantó y se sentó delante del gran espejo que tenía en su cuarto y comenzó a practicar con un mazo de cartas algunos movimientos para aplacar su deseo, pero no pudo concentrarse. Se lanzó a la cama angustiado por imaginar escenas prohibidas, hasta que más tarde se quedó dormido con el uniforme puesto y los naipes desperdigados por toda la cama, mientras hablaba dormido diciéndose "No tengo valor para verte".

A la mañana siguiente Chikage-dono dejó sus maletas al lado de la puerta. Subió hasta el cuarto de su hijo y golpeó, pero no obtuvo respuesta.

- Kaito, es muy tarde.- el adolescente trataba de sacarse la modorra de encima pero recordó que tenía un tema pendiente y una valentía en fuga-.

- No iré a clases hoy.- Se tapó completamente-.

- Qué idiotez me estás diciendo. ¡Levántate inmediatamente!- ordenó Kuroba dono-.

- ¡Déjame en paz!

- ¡KUROBA KAITO, SAL INMEDIATAMENTE DE TU CUARTO! O me iré sin despedirme de ti…

- ¿Había escuchado bien? ¿Su madre se iría tal como prometió entre bromas? Kaito apareció en lo alto de la escalera justo antes de que Chikage tomara las maletas, al notarlo corrió y trató de evitar que su madre se fuera.

- Pensé que bromeabas… - de pronto el chico dimensionó que estaría definitivamente solo- De aquí no te vas.- dijo balbuceando casi en un susurro, a pesar de lo que el mismo pensaba que era seguro para ella-.

- Tú me dijiste que me contarías hoy lo sucedido ayer y lo único que he conseguido es a un hijo ingrato al que no le importa nada más que él mismo.

- ¡me dijiste que no era seguro!

- ¿Te sucedió algo malo ayer?

- Eh… - el joven mago miró las maletas- di… discutí con Aoko-. Mintió-. Pero eso no tiene nada que ver con estas maletas, mamá…

- Ya te lo dije. Iré a Estados Unidos te guste o no, y cuando vuelva te traeré noticias frescas. Voy a terminar con todo esto, Kaito. Se que me pediste algunas explicaciones, pero no te las puedo dar hasta encontrar a…

- Ya lo sé- Kaito dijo cabizbajo-. Y se también que yo mismo quise en principio que te fueras al extranjero para protegerte, pero te encargaste de hacerme ver las extensiones de la organización que mató a mi padre. Si te sucede algo allá… yo…

- No me pasará nada, hijo. Los descendientes del diablo siempre tienen buena suerte- Chikage miró las ventanas hacia un punto indefinido-. Te espero, ve a cambiarte que irás a dar la cara a la pobre de Aoko que tiene que aguantar tus bravatas ¿Quién empezó la discusión? – Kaito retrocedió por temor a delatarse- ¿Por qué esta vez te afectó tanto?- la mujer tuvo que gritarle porque él ya estaba en el segundo piso-.

- Sobre eso… te lo diré cuando lo tenga claro. Ahora… Promete que estaremos en contacto siempre- Kaito se sonrojó desviando la mirada para terminar la frase suplicando-.

- Siempre, hijo. – madre e hijo firmaron el acuerdo con una sonrisa. Los secretos en esa familia eran como una fruta, debía esperar hasta la maduración para probar su verdadero sabor-.

Esa mañana Kaito y su madre abordaron un taxi que avanzó en silencio. A una cuadra de distancia al Instituto el chico y su madre se bajaron para una despedida más íntima.

- Espero no sentirme como un huérfano, mamá.

- No estarás sólo. Volveré apenas pueda y sobre todo si me necesitas. ¡Ah! Quiero que sepas que he hablado con Konosuke-san y él me informará todo lo que hagas. Te seguiré la pista así que no me ocultes nada… Te conozco muy bien y sé cómo eres, chiquillo pervertido…

- ¡Mamá! – el chico hizo una bravata-.

- Pórtate bien con Aoko-chan. – El rostro del hijo cambió radicalmente y ella lo notó-. Le pediré que te cuide ¿Crees que habrá llegado ya?- dijo buscando con la mirada entre las jóvenes que venían llegando al instituto-.

- ¡No!... es decir… por favor… No quiero verla por ahora.

Chikage abrazó a su hijo y este acarició la cabeza de ella con ternura para luego apartarse y despedirse haciéndose una profunda reverencia mutua. Algunas compañeras de clase vieron el gesto y cuchichearon siguiendo su camino. Chikage abordó el taxi y Kaito movió sus manos en ademán de despedida mientras observaba el lento avance del taxi aquella escarchada mañana de invierno. Aún debía enfrentar otro duro momento ese día frente a Aoko.

Mientras las clases tomaban su curso normal, un hombre era trasladado desde las mazmorras de la comisaría a la cárcel por resolución de investigación. Debían quedar muy claras las circunstancias en las que actuó el sujeto. A las diez de la mañana un carro celular* circulaba por las calles de Tokio sin más escolta que una patrulla policial. El psicópata no tenía ningún familiar ni ninguna conexión que lo hiciera ver como un criminal poco manejable. Por cosa curiosa ese día había bastante más tráfico del normal y tres automovilistas lucharon por adelantar a un lento automóvil conducido por una anciana, por esto la patrulla escolta se quedó atrás. En aquel tráfico lento de pronto las puertas del carro celular se destrabaron y el psicópata saltó a la calle y se perdió entre la multitud. Tres gendarmes notaron la fuga y lo siguieron bajando de los respectivos móviles. El hombre se escabulló entre la multitud empujando a civiles que bloqueaban el paso a los policías. El sudor corría por sus sienes y trató de quitarse una gota que caía a sus ojos cuando unas fuertes manos lo sujetaron y lo arrastraron hacia un estrecho pasaje en el que estaba estacionado un furgón gris de una empresa de limpieza.

- Bienvenido a mi empresa. Queda usted contratado para realizar trabajos de limpieza.- un hombre grande de poco cabello gris anudado en una coleta, sonreía divertido mientras levantaba sus anteojos color azul-.

- ¿Quién es usted?- El psicópata quiso saber mientras el hombre de los ojos divertidos lo esposaba para luego bajar y cerrar la puerta para fumarse un habano apoyado en este, a la espera de ver a la policía pasar-.

El psicópata comenzó a gimotear para ser soltado hasta que sintió un gélido metal en su nuca.

- Tenemos el encargo de una voluptuosa chica norteamericana y no la haremos esperar-.

Volteó lenta y nerviosamente al reconocer la voz. Quiso suplicar por su vida, pero en el momento en el que cruzó los ojos con Irish recibió un disparo en la frente; certero y silencioso. Afuera Coñac vio pasar a los policías que buscaban incesantemente al prófugo. Al constatar que no sabían su paradero Coñac abrió la puerta corredera del furgón y entró, sorprendiéndose y asqueándose al pisar un hilo de sangre que comenzaba a avanzar profusamente.

- ¿Qué has hecho? Nuestra misión era llevarlo con ella. ¡No había necesidad de matarlo!

- Si la había, él me vio y se fue de lengua muy fácilmente.- Miró al sujeto de anteojos fijamente y continuó-. Ella tenía razón. Tú no tienes la sangre fría suficiente como para asesinar a alguien.- Irish apuntó su arma contra Coñac-.

- Tienen razón. Porque nunca he matado a nadie, pues cuando yo intervengo lo hago de forma limpia, como mi empresa… - Coñac desvió con un dedo el arma y se acercó al oído de Irish- No dejo rastros de nada- susurró mostrando sus dientes a manera de sonrisa para luego quitar el seguro del percutor y terminar con la munición del arma en sus manos-.

- Manipulaste las municiones… Si hubiera disparado una más… casi me… ¿En qué momento?

- No en vano soy miembro superior de esta organización… Sólo ella y yo podemos tomar decisiones en esta rama, y sabes… Desde este momento te relevo de tu función, ella y yo nos haremos cargo de ahora en adelante. Por lo demás no te preocupes, tu nueva misión será introducirte en la policía para recuperar un chip muy valioso, y ya sabes que nada de esto debe saberlo Gin ni ese equipo con el que suele andar o sino tu cabeza terminaría peor que esta. Ella te explicará los detalles - Coñac miró con desdén al occiso- ¿Cómo puedo deshacerme de este cuerpo? ¡Vaya mujer! Me deja con este lío. Tendré que hablar con ella.

Cuando Kaito entró al instituto recibió una llamada. No sabía de quien era el número por lo que contestó alegremente.

- He encontrado un archivo interesante en la base de datos.

- Haku…

- Antes que me cortes, escucha lo que voy a decir antes que me vaya a Inglaterra o te arrepentirás.

- No sé porqué podría interesarme algo que viniera de ti, idiota.

- Vale, también te extrañaré, pero debes saber que existe un folder de investigación en la CIA sobre un sujeto muy parecido al que se hace llamar Irish. Además encontré unas fotos que anoche comparé con la investigación de Connery-san… Kuroba, esto es muy oscuro.

- Ya te dije que no sé de qué estás hablando. Mejor cuídate la espalda que vas de "metomentodo". Aunque tal vez a Kid-sama le guste la idea de tenerte lejos.

- Veo que estás obsesionado.- Hakuba suspiró- Sólo yo puedo derrotarte, mantente con vida y aléjate lo más que puedas de Aoko y Akako. – Kaito bufó-. Me meteré en esto aunque no quieras. Si te mueres le harías mucho daño a Aoko ¡Adiós!

- Como quieras, estúpido detective.- colgó Kaito-.

Sin nada más, el detective volvió una temporada a Inglaterra a un poco menos de tres meses de terminar la preparatoria. Volvería, pero al hacerlo se encontraría con muchas sorpresas.

El mago avanzaba un poco nervioso cuando comenzó a ser saludado por todo el instituto, como siempre, y eso le cambió el ánimo, inconciente de que se estaba demorando más de la cuenta en llegar al salón provisorio. Pero la alegría le duró bastante poco. Estaba a punto de entrar a la sala cuando escuchó la voz de Aoko reír junto a sus compañeras de clase. Se quedó congelado frente a la puerta. El timbre sonó y varios compañeros entraron de golpe empujándolo dentro de la sala. Todos se saludaron y Kaito hizo lo mismo. El grupo dejó un pequeño espacio entre él y su mejor amiga, quien ni siquiera se levantó de su puesto. Sus miradas se cruzaron y Kaito abrió la boca para actuar según sus planes, pero las palabras no le salieron. Por unos segundos eternos, en silencio, el se sonrojó y ella esperó, pero al ver que él no le dirigía la palabra bajó la cabeza y escondió sus ojos bajo su flequillo. Esbozó una sonrisa y dirigió su rostro alegremente hacia Keiko para decirle que tenía una sorpresa que contarle y que pronto se la diría.

Kaito respiró profundo. ¿Era posible que Aoko estuviera pensando que ambos tenían una relación?

- ¡Buenos días, clase!- una voz femenina y grave entró al salón provisorio, era Koizumi Akako -.

Hombres y mujeres se fijaron en ella, mientras se abría paso entre los estudiantes que ya se enfilaban a sus asientos. Sólo uno, Kuroba Kaito, no la miró y optó por sentarse en su pupitre y concentrarse en sacar sus libros del bolso. Aoko mientras tanto siguió con la mirada a la bella chica quien no quitaba los ojos de su amigo. No podía entenderlo. Sabía por Keiko lo que había pasado entre ambos y aún así Kaito la había besado. Además él no le había hablado hasta el momento y no fue capaz de dirigirle la palabra; se sentaban al lado y su mejor amigo no le había dado siquiera una mirada desde la primera que cruzaron. Definitivamente Kaito no hacía nada más que confirmar que nuevamente le había gastado una de esas pervertidas bromas, pero… esta vez le dolió tanto… Si así había sido, no se lo perdonaría nunca.

Entró el profesor Asoo y la clase lo saludó. Keiko buscó la página donde tenía la lección de la clase y se dio cuenta que tenían una entrega de trabajo esa semana y aún no tenían ni los materiales. Como siempre, esperaba realizar el trabajo junto a Aoko y Kaito aunque hubiera sido interesante trabajar junto a Hakuba-kun también, pero Aoko le había dicho esa mañana que el detective le había avisado por teléfono que volvía a Inglaterra por un tiempo indefinido, pero que seguramente volvería pronto. Keiko miró a Aoko y mientras todos escribían notó como la chica de ojos azules dirigía rápidas miradas al mago. ¿Sería su imaginación o veía rubor en sus mejillas? El raspado de la tiza hecha por el profesor Keiji Asoo y los lápices en los cuadernos eran lo único que perturbaba el profundo silencio. Trató de recordar algún indicio de algo extraño entre ellos ese día y notó que esa mañana nada perturbó el inicio de las clases, al menos nada que viniera de parte de Aoko o Kaito; esforzó su memoria y tampoco recordó si esa mañana se habían saludado como siempre; ¡No! Al contrario estaba segura que la hija del inspector Nakamori no saludó a Kaito como todos los días con esa alegre sonrisa, ni tampoco Kaito molestó a Aoko como cada vez que ella llegaba primero que él. Incluso no recordaba que ellos se hubieran hablado durante el avance de la jornada. El silencio seguía instaurado, y la chica de lentes volvió a levantar la mirada, pero lo que vio le sorprendió muchísimo. Kaito le daba rápidas miradas a Aoko mientras contestaba el cuestionario. Esta vez no era imaginación. Ella había visto claramente que Kaito estaba ruborizado. La duda se instaló en su mente. ¿Qué habría pasado entre ambos? Tal vez le había hecho caso a la nota que le dejó el día anterior. Decidió seguir observándolos durante la jornada. Minutos más tarde sonó el timbre del cambio de clase y todos guardaron sus libros de Biología. Venía la clase de Literatura.

Kaito miraba a Aoko cada vez que podía hacerlo de forma disimulada, pero Aoko no le había mirado ni una sola vez de frente, y parecía esconder su rostro apenas creía que se habían cruzado sus miradas. ¡Qué chica tan testaruda! Pensó el muchacho mientras ponía mala cara. Si seguía rehuyéndole su plan no se podría concretar y… Aoko de pronto se levantó furiosa, lo miró de frente y se afirmó en su pupitre para mirarlo cara a cara con las mejillas encendida.

- ¡¿No tienes algo que decir, Kaito?- El chico sintió como se le subieron los colores al rostro.- ¡Ya veo cómo te gusta jugar conmigo, idiota!

Keiko vio la molestia en sus ojos, pero era notorio el sonrojo de ambos. Akako replicaba sus emociones pero por situaciones distintas "Esto está muy mal. ¡Debo hacer algo!"

- Eres muy fácil de engañar, tonta. ¿Acaso te hiciste alguna ilusión?- Sonrió a pesar de que sabía que había sido cruel, pero el mismo se había clavado el puñal aún más profundo-.

- ¡ I M B É C I L !

Aoko lanzó una cachetada al chico, pero el mago la sujetó por la muñeca y la sentó en sus piernas, usando su propia inercia y dejándola perder el equilibrio la sujeto de la espalda antes que tocara suelo. Con un gesto de gentilhombre y una sonrisa conquistadora le dijo:

- Yo también la quiero mucho, estimada amiga mía, pero lo cortés no... - Esta vez la actitud habitual de Kaitou Kid frente a las mujeres le sirvió como defensa pero alguien lo interrumpió-.

- ¡EJEM!- la clase estaba absolutamente en silencio cuando escucharon carraspear a la profesora de literatura.- Si ya terminaron la escenita de Demetrio y Helena podemos continuar con "Sueño de una noche de verano".

Durante el resto de la jornada ninguno de los dos se habló y se rehuyeron constantemente. Pero Akako también notó el distanciamiento entre ambos y, como siempre, quiso aprovecharse de las circunstancias. En la hora del almuerzo secuestró a Kaito llevándolo a rastras hasta las escaleras, mientras el chico vociferaba pidiendo que lo soltara. Los compañeros rápidamente salieron a mirar. Aoko escuchó los comentarios de envidia y se asomó al pasillo para ver lo que estaba pasando. Sus ojos se llenaron de lágrimas pero hervía de rabia también. Keiko, que estaba a su lado, lo noto y pensó que debía hacer algo para juntarlos nuevamente y tenía la excusa perfecta.

- El domingo me dejaste sola. Eso no es de caballeros, sabes. – la bella chica comenzó la conversación en susurros al llegar a la azotea, pues eran espiados por sus colegas varones-.

- Y tu no eres precisamente una señorita, bru-ji-ta- Kaito contestó-.

- ¿Puedes decirme qué está pasando?

- No tengo nada que decirte. Nada está pasando, y contigo mucho menos. No me gustan las mujeres obstinadas.- Kaito estaba ofuscado y se enfiló a la salida provocando que todos los mirones huyeran escaleras abajo-.

- Aoko y tú están diferentes hoy, no lo puedes negar. ¡Alto! ¡Si me dejas aquí te juro que Aoko lo lamentará!

Kaito volvió sobre sus pasos y tomó a Akako de los hombros bruscamente; mirándola amenazante y muy de cerca le dijo:

- Si tú le haces daño a Aoko, sabrás quien soy de verdad, Koizumi.-

Al bajar se encontró con Keiko y cruzaron un par de frases.

Terminada la jornada Aoko y Keiko se fueron juntas, algo que no siempre sucedía. Kaito las vio a lo lejos y decidió tomar la ruta larga a su casa. Necesitaba reflexionar, el día había sido muy agotador y además nadie lo esperaba.

- Aoko, recuerda que necesitamos los materiales para el trabajo de ciencias.- Fue parte de la conversación entre las amigas-.

- ¿Cuando debemos entregar eso? El profesor Asoo no nos recordó la fecha.

- Es para el viernes. Casi no tenemos tiempo y recuerda que hoy y mañana voy a mis clases especiales, pero mañana salgo más temprano ¿Puedes ir tú?

- De acuerdo- la chica de ojos azules suspiró-. Si no queda nada más, lo haré.

El atardecer dio paso a que las luces de las calles se encendieran. Kaito se había detenido un montón de veces para respirar profundo. Aún le parecía mentira que hubiera sido capaz de manejar la situación con Aoko, sabiendo que se había derretido por completo cuando la vio a primera hora esa mañana. Incluso cuando la sostuvo en sus piernas, tuvo ganas de besarla, a pesar de estar en clases. ¡Era un pervertido de primera! Estaba babeando por ver a Aoko con su uniforme escolar rendida en su cama "¡Para ya, Kaito! ¡Qué te está pasando!", pensó moviendo su cabeza de lado a lado, negándose las ganas que tenía. Entró a su casa rápidamente y se metió a la ducha con todo y ropa. Tal vez así aplacaría en algo sus deseos adolescentes. Pero al sentir el agua caerle, más pensó en Aoko: en su rostro de niña, en sus gestos cándidos y dulces, en su noble corazón, su alegría contagiosa y carácter espontáneo. Sólo tenía la certeza de que estaba loco de ganas de tocarla, pero ¿la quería realmente o era una obsesión pasajera? Hasta el momento ella estaba muy molesta por el beso que le robó, pero tal vez las cosas volverían a ser como antes. Aoko era alguien demasiado importante para él como para perderla por una pasión fugaz. Kaito reconoció que no tenía su corazón centrado. Al salir de la ducha se cruzó la toalla a la cintura y apoyó su cabeza en el espejo "Esa chica me trae obsesionado" pensó, y salió de allí.

- ¡Cuánto tiempo sin verte, Kaito Kuroba!- Al chico casi se le cae el pelo del susto. Lo que sí se le cayó por los aspavientos fue la toalla-.

- ¡Q- Q- QUE HACES AQUÍ!-. dijo apuntándola.

- ¡Oh! Vaya, veo que no me has olvidado, vine a agradecer tu ayuda, pero… también veo que te has desarrollado un poquito más desde la última vez que nos vimos. – Kaito se cubrió, avergonzado-.

- ¡Te fuiste a…!

- Si, lo hice, pero volví. Tengo algo que le perteneció a mi padre y volví por él. – la mujer se acercó al chico que estaba pegado a la puerta avergonzado-. Pero decidí pasar a verte, tú sabes, para saludarte como compañero del gremio, aunque… no imaginé encontrarte hecho un hombre tan atractivo…

La mujer tomó a Kaito de la barbilla fuertemente y lo besó, sabiendo que él no podría quitar las manos de la toalla. El chico se quedó quieto y con los ojos muy abiertos. Totalmente sorprendido por la acción de la mujer, pensó que de un tiempo a esta parte le estaba sucediendo que todas las mujeres lo besaban como si él fuera un gigoló.

- Mm… ¡Pero qué sorpresa! Pensé que aún eras un chiquillo y me encuentro con que tus labios ya no son vírgenes…

- Ya basta. Esto se está volviendo una costumbre para todas ustedes y yo no estoy dispuesto a ser besuqueado como si nada… un momento… ¿Cómo sabes que he besado a otras chicas?

- Es un secreto femenino. Y me sorprendes mucho, porque no te aprovechaste de la situación a pesar de lo que estoy viendo…- Kaito sujetó la toalla avergonzado hasta su ultima célula, ocultando parte de su anatomía que sí había correspondido al beso de la mujer-.

- ¡Ruby Jones, Aléjate!-. Kaito corrió a ponerse ropa mientras la ladrona francesa se partía de la risa-.

- ¿Hay alguna razón para que no haya algo entre tú y yo?

- ¡Si la hay!- respondió Kaito desde su pieza-. ¡Eres mayor que yo!

- ¡A quien le importa la edad! Eres demasiado atractivo como para dejarte pasar. Además eres comprensivo y tierno ¿Qué mujer no te querría?

- No digas eso. – el chico salió vestido de su cuarto- Sé que estás jugando conmigo. – Kaito la miró de reojo-.

- Bueno, si. Fue divertido ver tu "varonil reacción".

- ¡Pero eso no fue por ti, fue por…!- Era cierto, el joven mago había estado pensando guarradas con Aoko cuando de pronto fue asaltado por la atractiva Ruby-. Es que yo… Siento debilidad por otra persona.

- ¿Esa chica? Es un encanto, sabes… pero yo soy mejor. – Kaito quiso negarlo, pero Ruby no lo dejó-. Bueno, pero no vine a eso. ¿No me vas a invitar algo caliente? El invierno japonés es bastante duro para una francesa; ya te comentaré a qué vine.

Junto a un chocolate caliente preparado por el joven mago Ruby explicó a Kaito que tenía en mente un nuevo robo. Su objetivo era recuperar la moldura del Trébol Esmeralda, y le proponía a Kid actuar juntos.

- ¿Por qué crees que me interesa?

- La última vez me dijiste que también eras un ladrón sentimental. Además sé que sólo robas joyas y que luego las desechas. Sé que buscas una joya en especial, aunque desconozco tus razones. Si robamos juntos el Trébol Esmeralda tú podrías quedarte con la joya y averiguar si es la que buscas. Por otra parte, si me ayudas, tengo una propuesta interesante para ti. – La mujer estaba sentada seductoramente sobre el sofá-.

- No necesito colaborar contigo para robar esa joya-. "Que precisamente es una del listado de mi padre" pensó el joven-.

- ¿Sabes francés? Necesitas de mí para llevarte a Francia. ¿Quieres seguir buscando la joya en otros países? Hasta el momento no has salido de aquí, aunque, según averigüé hace unos años Kid comenzó en mi país. En aquellos días… ¿Era tu padre el ladrón?

Kaito se puso de pie. Sería interesante ir a Francia a buscar la joya. Hasta el momento no había pensado en internacionalizar al ladrón, aunque la oferta de Jody Hopper le ofrecía algo similar. Por otra parte, en las "Memorias" de su padre había alusiones poco claras respecto a su inicio como ladrón en el viejo continente.

- ¿Puedo pensarlo?

- Claro que puedes – dijo Ruby poniéndose de pie-. Pero la quincena de febrero será luna llena. Aquí tienes mi tarjeta. Mándame un mail y nos juntamos a conversar. No lo olvides, ladrón de la luz de la luna. ¡Hay que romántico suena tu apodo! Qué afortunada será la chica que se quede contigo-. La morena mujer dijo esto justo antes de abrir la puerta principal-. Adieu, chevalier voleur… non, c`est à dire, gentleman cambrioleur.

Ese miércoles Aoko y Kaito ni siquiera se miraron. Aoko se mostraba inquieta y a todas luces estaba nerviosa por algo. Keiko intentó sacarle algo, pero la chica insistió en que lo que tenía que contarle debía esperar, pues era una noticia que le había cambiado su forma de ver la vida, y la había recibido el día lunes, pero que debía esperar al momento adecuado para contárselo. Al salir de clases, Keiko se acercó a Kaito y luego se fue junto a Aoko, a la que informó que la acompañaría a comprar pero que la esperara en la plaza cerca de su casa. Convenido esto Aoko se enfiló con su mejor amiga, mientras Kaito volvía a quedar mirando a ambas, mientras el viento invernal de aquellos días ondeaba el cabello y el uniforme de su amiga de ojos azules. Tragó fuerte, porque sintió cómo su cuerpo estaba sintiendo por sí sólo, y bajó la mirada. De pronto sintió unas palmaditas en el hombro. Era Ono.

- ¿Mirando a tu esposa, Kaito?

- ¡Que no es nada mío!

- Pero está preciosa, Kuroba. Antes estaba más destartalada, pero desde un tiempo a esta parte se ha puesto más coqueta y se le han desarrollado un poco las curvas… - un coscorrón le cayó encima al pobre Ono al poner cara de depravado-.

- ¡No digas eso de Aoko y ni se te ocurra acercarte!

- Bueno… la verdad Akako sigue siendo una preciosidad… - Kaito lo miró de soslayo, mientras el chico se palpaba el golpe- aunque Aoko tenga esa elegancia natural y ese encanto de niña inocente- Kaito bufó delante de él, molesto-. Ya, vale. Es que todos nos hemos dado cuenta que están enojados, pero veo que aun la quieres mucho.

- ¡No molestes!- Kaito se fue en dirección a su casa, marcando furioso su paso, aunque a diez minutos recibió una llamada y cambió de dirección.

Esa idiota de Keiko le había cambiado el lugar donde se juntarían. No entendía porqué era necesario que precisamente él fuera a ayudarle con las compras de materiales. ¿Por qué no había ido con Aoko? Bueno, la chica de coletas se lo pido con tanto interés, esgrimiendo razones muy válidas como el peso de ciertas cosillas. Pero no fue sino hasta que Keiko juntó sus manitos en actitud de rezo y apoyó sus deditos en la punta de su nariz junto con cerrar un ojito, en actitud de coquetería, cuando Kaito se rindió. Jamás podría negarse a ayudar a una mujer. Un momento… se había ido con Aoko en dirección a su casa…

Justo en aquel momento llegó a una esquina. Desde allí pudo entender lo que Keiko había hecho. Aoko estaba sentada en un columpio de la plaza, tarareando un tema de su grupo musical favorito mientras pasaba la vista sobre una hoja que tenía en las manos. El cálido atardecer que ese invierno les estaba regalando cubrió de naranjo el horizonte mientras Kaito hacía acopio de toda su fuerza de voluntad para no correr a abrasar a la chica, pero sus emociones le jugaban en contra. Sintió como su pulso se aceleró solo en pensar que estaría a solas nuevamente con Aoko y no iba a desperdiciar la oportunidad. Tenía que explicarle lo inexplicable y no sabía qué decirle. Avanzó al principio lentamente, pero luego inclinó su rostro para caminar a pasos rápidos, casi corriendo. La chica estaba distraída cuando de pronto vio un par de zapatos negros junto a ella. Levantó la vista y se encontró a Kaito frente a ella incapaz de mirarla; notó cómo el chico apretó los puños y cerró los ojos. A Aoko se le hizo un nudo en la garganta, pero nada se comparó con lo que sintió en su estómago, un bulto rígido que le provocó escalofríos en todo el cuerpo. Se sintió expectante pero se llenó de miedo, como si supiera que su amistad estaba en juego esta vez.

- A… Aoko…

No quería dejar que Kaito siguiera adelante. Se puso de pie y tomó las manos del joven mago.

- Kaito... – Sus ojos se llenaron de lagrimitas- No.

El chico abrió sus ojos y la miró. Desde su estatura Aoko se veía aún más pequeña y con aquellos ojos chispones y una ligera insinuación de su menudo cuerpo debajo de su uniforme Kaito quedó sin aliento. "¿Le había dicho no?"

- No tienes que decir nada. No quiero saber nada. Somos amigos y estoy segura que estuviste preocupado. Si esa era la única forma de callarme hasta puedo entenderlo pero, por favor… No vuelvas a jugar conmigo.

Kaito le levantó la barbilla y dudó entre lo que quería y lo que debía.

- A…

En ese momento unos niños llegaron corriendo chutando su pelota y unas palomas se asustaron, volando en bandada hacia algún lugar del cielo. Ambos miraron las aves en el cielo y esperaron mirando hacia cualquier lado, avergonzados. De pronto uno de los chicos mandó de una patada su pelota contra las ramas de un árbol reventándose. Los tres niños comenzaron a llorar y el mago no dudó en acercarse a ellos.

- ¡Chicos tranquilos!

- ¡Queremos nuestra pelota!

- Ah… Ejé… bueno… miren lo que tengo aquí.- El mago, acuclillado, sacó de su bolsillo la pistola de cartas y de ella sacó el as de diamante, el que entregó a uno de los chicos-.

- Pero con esto no podemos jugar.- protestó uno de los niños-.

- ¿Estás seguro? Aprieta el diamante y verás.

Los niños, indecisos, decidieron en conjunto apretar el diamante incrédulos, cuando de pronto el naipe comenzó a liberar humo y se infló. Asustados los niños soltaron la carta y Kaito comenzó a botar la nueva pelota para los chicos, quienes asombrados preguntaron cómo lo había hecho pero el mago adolescente respondió como siempre lo hacía: "Un mago nunca rebela sus secretos". Los niños tomaron la pelota y se despidieron apodando a Kaito como el gran mago, al ver a Aoko acercarse tras él. El joven siguió con la mirada a los niños cuando de pronto sintió a su amiga tomar el lanza-cartas.

- Mm… es muy parecida a las armas de verdad. Supongo que funciona igual. – Aoko apuntó hacia unos árboles y disparó dejando una línea marcada en el tronco-.

- ¡No hagas eso, Aoko, es peligroso!

- Nos han enseñado en el pre-policial. Sé como asegurarla.- Volvió a apuntar y disparar hacia el mismo tronco dejando una nueva marca justo a un lado de la anterior, casi unida por un vértice-.

- Eres muy buena- Kaito quedó asombrado con la puntería y firmeza de pulso de Aoko-.

- Sabes… Kid tiene una igual a estas. – Aoko terminó de casi hacer una "A" con las cartas y Kaito comenzó a sudar frío por el rumbo de la conversación-. Deben ser populares entre los magos ¿Me puedes llevar a donde la venden? Necesito seguir practicando mi puntería.

Kaito se vio en aprietos. En ninguna parte la vendían, pues era un arma modificada que su padre había hecho mucho tiempo atrás.

- Bueno, cuando quieras, pero ahora sospecho que Keiko nos ha hecho una encerrona y pretende que vayamos a comprar juntos. ¿Vamos?

- Aquí tengo la lista. Vámonos. – Aoko sonrió liberada de la congoja que la había asaltado antes. Ellos seguían siendo amigos-.

Estaban abandonando el pequeño parque cuando la figura de un hombre muy sospechoso que leía el diario le llamó la atención. Vestía gabardina, usaba anteojos oscuros y era igual al hombre que había seguido a Aoko durante Navidad. ¿Sería coincidencia?

Llegaron al sector céntrico de Shibuya cuando las luces de neón alumbraban en gloria y majestad, allí encontrarían algunas cosas que no era posible encontrar en otras partes. Durante la caminata Kaito se quedó embobado mirando la vitrina de una automotora. Una preciosidad de dos ruedas lucía brillos metalizados de color azul en algunos sectores mientras que otros mostraban tonos más opacos. Sus dos ruedas… De pronto notó el reflejo de una enorme pantalla sobre el vidrio de la vitrina que observaba. Un rostro le llamó la atención, pero cuando volteó la publicidad ya había terminado y estaban dando una noticia que de verdad lo asustó.

- ¡Kaito, no te demores!-

Aoko volteó para llamar a Kaito, y este miró al frente para llamar su atención a la noticia, pero nuevamente se encontró con el hombre de gabardina caminando cerca. Un escalofrío le recorrió la espalda. ¿Lo habría enviado Irish? Se acercó a ella cuando notó que apuntaba hacia la pantalla. El psicópata había escapado y no aparecía. ¿Sería el de la gabardina el psicópata?

- Esto… es terrible.

- No te preocupes. Lo atraparán.- Kaito acarició la mejilla de Aoko-. Y se lo prometí a tu padre… te pro…

- Puedo defenderme sola, Kaito, y te lo demostré. Lo que me preocupa son las personas que tengo alrededor.

El chico vio lo que no tenía a la vista. Si quería proteger a Aoko la mentira seguía siendo el único escudo posible. Mantenerla ignorante de lo sucedido era la única forma de dejarla a un lado y si a futuro estaba crucificando su imagen frente a ella, era preferible.

- No te dejaremos sola, Aoko. Pero sí que es peligroso que nos mostremos muy seguido juntos. Ahora vayamos a comprar y volvamos pronto.

Al convencer a su amiga, el joven mago buscó con la mirada al sujeto de la gabardina. Para su desgracia lo vio en la esquina, tal vez esperando a que pasaran. Sin duda estaba mirando a Aoko justo antes de que se siguieran su camino. Kaito tenía dos alternativas; o seguían esquivando al individuo, aunque estaba seguro que tarde o temprano acabarían frente a él, o lo increpaba en el mismo instante. Como fuera, parecía que era mejor usar la sorpresa a su favor por lo que tomó a Aoko del brazo y la hizo cruzar corriendo a la vereda del frente a media cuadra. Al llegar a la esquina volteó intempestivamente y cogió de la solapa al personaje empujándolo hacia un pasaje de vitrinas cerradas. Aoko, asustada los siguió.

- ¡¿Qué tienes con Aoko? ¡¿QUIÉN ERES?

Al hombre se le cayeron los anteojos y se excusó pidiendo perdón con expresiones muy delicadas, pero Kaito no quería soltarlo. Ahora sabía que no era el psicópata, pero entonces…

- ¡Viktor! ¡Kaito, suéltalo!

- ¿Conoces a este tipo?

- Señorita Nakamori, por favor.

- ¡Si, suéltalo! ¡AHORA!

Libre de las manos del chico, pero con este entre la adolescente y él, el individuo comenzó a hacer gestos extraños alrededor de la chica para disgusto de Kaito, quien se atravesaba una y otra vez para evitar que se le acercara.

- Tal vez por aquí, podría ser otra por acá.

- Viktor, Kaito dice que nos has estado siguiendo ¿Es cierto?

- Señorita Nakamori, siento tanto haberlo hecho así, pero necesitaba saber si tenía lo necesario, y sí que lo tiene. Tal vez si retocamos aquí y allá.

- ¡Ya basta! Aoko ¿Quieres explicarme quién es este patán?- Kaito estaba realmente molesto-.

- Perdón, pero yo no soy ningún patán. Me sorprende que no me conozcas, aunque eso se ve por la forma descuidada de llevar tu ropa, aunque sea de buena factura. Aquí no se ve nada, salgamos a la calle que está más iluminada. Mi tarjeta: Soy Iván Viktor – extendió su tarjeta al adolescente-. Fotógrafo profesional.

El chico leyó la tarjeta y levantó la vista al frente para ver a Aoko justo cuando a lo lejos pudo ver completo el anuncio publicitario que antes le había llamado la atención. Era la mismísima Aoko quien salía allí, fotografiada con un hermoso traje de novia y completamente cambiada por un peinado de fantasía maravilloso. Tal como la fotografía que había visto en el autobús días antes.

No podía cerrar la boca de la impresión, mientras Viktor atosigaba a la pobre Aoko alisándole algunas mechas, levantándole el cabello o mirándola muy de cerca, mientras repetía frases como "Eres fabulosa cuando expresas tus emociones" "Eres un ángel" "te maquillaremos poco pero te haremos un cambio en el pelo". Kaito reaccionó sólo cuando Viktor quiso mirar las piernas de Aoko y le levantó al falda.

- ¿Qué haces?- El joven mago lo miró amenazante-.

- Contigo no hablaré. Señorita Nakamori ¿me permite decirle Aoko-chan?

- Claro Viktor, pero ¿Por qué nos has seguido? ¿Qué haces?

- ¿Aoko me puedes explicar qué haces en la pantalla? – preguntó Kaito volteando de los hombros a Aoko quien recién notó su fotografía.

- Oh…

El rostro de Aoko pasó del blanco al rojo en un santiamén, para luego volverse morado junto con una expresión de pocos amigos.

- ¡Me dijiste que sólo sería para completar tu carpeta, Viktor!- Kaito comenzó a seguir el pin pong de la conversación demasiado sorprendido como para intervenir-.

- ¡Y así fue! Pero mi cliente vio por casualidad tus fotografías y quiso utilizarlas desde el mismo archivo, tal cuál. Perdónanos. No pudimos decirle que no. Nos sacaste de un gran aprieto.

- ¡Pero yo sólo autoricé las fotos y no eso! ¡Me dejas en vergüenza!

- ¡POR FAVOR, SEÑORITA AOKO! No diga eso… ¡La necesitamos nuevamente! Si usted supiera lo que es capaz de hacer.

- Yo no quiero esto, ni mucho menos quiero volver a verte, mentiroso. ¡Vámonos de aquí, Kaito!

Aoko arrastró al joven mago por la calle furiosa, seguidos por el fotógrafo que clamaba una oportunidad. El gentío se hacía a un lado dificultosamente cuando ellos pasaban por lo que su avance para escapar del artista visual se hacía fatigoso. Pero la gente quedaba atónita al ver a un fino hombrecito rogándole a una chica por ayuda. A los pocos minutos y precisamente frente al gran monitor el anunció se volvió a repetir para sorpresa de Kaito, quien se detuvo de seguir a Aoko y de una manga la sujetó a ella.

- Te ves hermosa… Aoko.

- Yo no soy así, Kaito, y lo sabes.

- No sé cuando ni donde sucedió esto, pero… deberías intentarlo. – Aoko cambió de expresión al ver sonreír a su mejor amigo mientras Viktor se acercó jadeante-. Tal vez tu destino no es ser policía.- Era algo que Kaito agradeció profundamente al destino pues lo que menos quería era que Aoko fuera detective o algo similar-.

- Señorita Aoko. La necesitamos ¡por favor!

- … Cuándo… ¿Cuándo y dónde, Viktor?- Aoko no miraba a ninguno de los dos, pero sus ojos brillaron para sí misma-.

- Pasaré por usted en la boutique en la que nos conocimos, mañana como a las cinco y media. – el fotógrafo estaba radiante de alegría-. No haga nada especial, sólo preséntese y tenga presente que sólo será para fotografías.

- Ahí estaré. Kaito… debo volver a hacer la cena… encárgate de todo, por favor. - Aoko corrió dejando a los dos varones plantados en su puesto sorprendidos por la reacción de la chica.

- Esto sí que es una sorpresa. – Concluyó el mago- Adiós, Viktor. ¡Y mucho cuidado con que vuelvas a levantarle la falda a Aoko!

- Kaito corrió detrás de Aoko para vigilarla. El psicópata podía nadar tras ella. Nadie sabía en ese momento, ni lo sabrían, que ese criminal ya no existía en este mundo

Al otro día Kaito se despertó muy temprano. Su casa se sentía silenciosa si su madre no estaba en la cocina preparando algunas exquisitez para el desayuno; la extrañaría muchísimo. Aprovechó ese tiempo para prepararse y llegar más temprano a casa de Aoko, menos que nunca podía dejar de vigilarla. Como llegó temprano, decidió hacerle una broma y se coló a su habitación y se escondió allí cuando la chica se estaba dando una ducha. Se tuvo que tapar la boca y la nariz cuando vio tan nítidamente cómo se ajustaba su ropa interior; se arrepintió de haber estado allí, porque las cosas entre ellos estaban cambiando y él ya casi no podía reprimir las ganas de estar con Aoko. Pero había conseguido lo que quería, ahora faltaba la segunda parte.

Cuando pudo salió para golpear a la puerta principal. El inspector Nakamori le saludó afablemente, agradeciéndole que pasara por su hija, dado los últimos acontecimientos. Kaito se preguntó si Aoko le había dicho a su padre lo de las fotografías. No quiso ser descortés y no tocó el tema. Al llegar a la escuela, Keiko sonrió a ambos y los abrazó.

- ¡Qué bueno que ya están juntos de nuevo!

- ¡QUÉ QUIERES DECIR CON ESO! – los chicos mostraron sus dientes furiosos a la chica de coletas, pero el grupo completo comenzó a tararear el típico tema musical de matrimonios-.

- ¡QUE NO SOMOS PAREJA!- gritaron ambos separándose-.

- ¡Keiko, te iba a contar algo pero ahora no lo haré!- Aoko quiso poner otro tema en el tapete, pero tarde se dio cuenta que de verdad no quería tocar el tema de las fotografías.

Mientras ellas conversaban, algunos compañeros se acercaron a Kaito y compartieron las noticias sobre el escape del psicópata, pero pronto las clases comenzaron y el tema quedó en el aire. Al almuerzo Kaito se acercó a Aoko y le entregó una rosa.

- ¿Es blanca, Kaito?. Siempre fueron rojas… ¿Qué estás planeando?- Aoko lo miró recelosa. La verdad Kaito de alguna manera quería hacer notar a la chica que las cosas habían cambiado, pero ella se negó la tarde anterior. Tal vez así era mejor-.

- Es que esta vez hacen juego.

- ¿Juego?

- Con tu ropa interior… - Aoko enfureció y tomó la escoba, persiguiéndolo-.

- Eres un… pervertido…

- Aoko es solo una bromita… no lo hagas. No puedo tener problemas de nuevo.

- Eso debiste pensarlo antes de hacerlo. ¡Vuelve aquí!

Era la pelea de siempre. Aoko lo persiguió por los pasillos alcanzándolo justo frente a la sala de profesores. Allí le dio un escobazo frente a todos los docentes, los cuáles, luego de una gotita de sudor colectiva, deciden seguir tomándose el café e ignorarlos (por el bien de Kaito que ha quedado machucado en el suelo) Todo el curso estaba convencido… Habían vuelto a ser los de siempre. Al final de la clase reciben las dos noticias: 1) la entrega del trabajo de biología se corría porque… 2) Ya podrían volver a su antigua sala. Todos tomaron lo necesario para instalarse nuevamente y en ese momento Aoko le preguntó a Kaito:

- ¿Crees que debo ir?

- Si te refieres a la invitación de Viktor, creo que sí. Ya te dije que no quiero verte como policía ¡Pobre de mí!- cuanta razón tenía-.

- Sabes… aún dudaba sobre esto, pero he decidido intentarlo y conocer este mundillo primero antes de tomar una decisión sobre mi futuro. No pierdo nada ¿Cierto?

- Sólo quiero que me prometas que no dejarás que ese tal Viktor te ponga las manos en las piernas.- Kaito lo dijo muy en serio-.

- ¿Con qué autoridad me dices eso? Aún no olvido que nuevamente viste mi ropa interior.

- Pues porque yo… - Kaito se detuvo justo a tiempo- porque yo estoy encargado de velar por tu seguridad. ¡Ese tal Viktor podría ser el psicópata disfrazado!

- Eres un idiota…

- Como sea… te acompañaré. No confió en ese supuesto fotógrafo- No quería confesarse a sí mismo que le daba celos que otro hombre se acercara a Aoko, por muy gay que se mostrara-

Ambos entraron a la boutique acordada, pero Aoko olvidó decirle a Kaito que estaría llena de ropa interior femenina. Cuando llegaron, todas la mujeres, algunas maduras otras no tanto, voltearon a mirarlo, y de tener las manos en los bolsillos, pasó a saludar avergonzado mientras retrocedía despidiéndose. De pronto Aoko se acercó a él y le mostró el conjunto de peces bordados que había visto unas semanas antes. Kaito huyó despavorido haciendo aspavientos con sus brazos y Aoko sonrió triunfal pensando en que se había vengado. Al bajar, el joven mago chocó con Viktor que vestía delicadamente.

En el mismo local entraron por un pasillo que daba a pequeños espacios donde varias mujeres se dedicaban a coser, y luego un par de puertas daban a unas habitaciones en donde un murmullo se hacía notar. Siguieron avanzando cuando los chicos notaron que al fondo había una sala más amplia e iluminada. Viktor les pidió esperar afuera y entró a ese salón. De una de las puertas salieron tres muchachas mayores que ellos, pero jóvenes aún. Kaito las miró con cara de libidinoso y una sonrisa muy amplia, a lo que Aoko, molesta, le respondió con un codazo. A pesar del dolor el chico se despidió de ellas sonriendo.

Viktor salió y pidió a la chica que entrara al camerino, que era el cuarto desde el que salieron las mujeres, y sugirió a Kaito que entrara y se sentara porque la sesión podía ser larga. Aoko se levantó y miró a Kaito con inseguridad. El chico pensó en lo linda que se veía en el anunció y sonrió para infundirle ánimo. Sólo cuando ella despareció tras la puerta Kaito se levantó. Al pasar por su lado, Viktor le detuvo.

- Dos cosas, jovencito. Primero: No puedes intervenir en la sesión, y segundo… ¡Eres muy guapo¡ ¿Quieres hacer una sesión de fotos para mí?- El hombre estiró su cara dejando en evidencia que quería toquetear al joven mago, pero Kaito huyó sentándose muy pronto en una silla que encontró dentro del estudio.

La vio entrar veinte minutos más tarde con un vestido de novia que era una maravilla. Cubierto con detalles de organza en tono anaranjado y con pecho redondeado dejando ver sus hombros. Le quedaba perfecto. Se fijó en su rostro, y este casi no tenía cambios, sólo unos toques de maquillaje que la hacían ver un poco mayor y que resaltaba sus rasgos más angelicales. Su pelo caía suelto pero terminado en pequeños bucles y coronado con pequeñas rositas anaranjadas. Se quedó sin aliento pensando en lo hermosa que se vería si fuera su novia ¡Un momento! ¿En qué estaba pensando?

Ella se ubicó frente a las luces pero se encegueció. Viktor le pidió que mirara hacia la oscuridad para que no achicara los ojos y comenzó la sesión. Al principio el fotógrafo le exigió posar de tal o cuál manera, pero no lograba dar con lo que quería. De pronto los ojos de la chica se acostumbraron a la oscuridad detrás de las luces y distinguió a Kaito sentado, mirándola embobado. Imaginó lo lindo que sería si ese vestido fuera suyo y el novio fuera él… le devolvió la sonrisa y comenzó a imaginarse libremente: avanzando junto a su padre por un largo pasillo de una iglesia cristiana, frente a un cura, recibiendo arroz de parte de sus amigos y mirando a Kaito a los ojos a punto de ser besada. De pronto Viktor se acercó y le levantó la barbilla.

- Gracias. Ahora necesito otros dos más. Ve a cambarte, pequeña. – "¿Cuándo se había terminado la sesión de fotografías de aquel vestido?" se preguntó-.

Y Kaito… el pobre sólo podía imaginar la segunda parte de aquella linda boda. Solos en una habitación… acariciando sus hombros y su cuello, para luego quitar el maravilloso traje y quedarse con la mejor vista… Aoko en lencería… Se dio cuenta que estaba casi babeando, por lo que se revolvió en su asiento y comenzó a distraerse mirando los artefactos dispuestos allí. Tal vez algo podría aprender de todo eso.

Aoko volvió a entrar dos veces. Con un vestido de corte recto, totalmente blanco, y con doble tela en el pecho. El segundo era un vestido de novia al estilo japonés, con tocado. ¿Quién iba a pensar que algo tan pueril iba a ser tan estimulante para ambos? Ella con sus románticos sueños y él… caballerosamente quitaba de su cabeza ideas que no nacía de su cerebro precisamente.

Finalmente Viktor explicó a la chica que necesitaba hacer una prueba de fotografía, sólo para cumplir con lo mínimo de una carpeta. Le habló al oído algo que a Kaito le supo mal, porque su mejor amiga se tapó la cara. Luego de un breve momento en silencio, ella miró a su mejor amigo y le sonrió maliciosamente, para luego decirle a Viktor un lleno de convicción.

Después de unos minutos el chico decidió salir a buscar un vaso de agua, el dispensador estaba justo en el pasillo al lado de un asiento contiguo al camerino de los chicos. Voces de tres personas que no había notado antes llamaron su atención:

- ¿Has visto a la nueva?

- No, pero dicen que es sólo una niña.

- No. Es mayor de edad, pero es como si no lo fuera… Se ve tan infantil. Hubieras vieras cómo Viktor la alabó desde el primer día. Dijo que tiene un talento natural.

- La mayoría de nosotros nos hemos esforzado, a las chicas no les sentará bien tener a esta nueva tan afortunada.

- Pero yo seré feliz… La he visto y es una preciosidad angelical.

- ¿Quieres ligar con ella como siempre?

- Tú sabes… nada de relaciones, sólo algo pasajero.

- Ella se ve seria. Estoy seguro que alguien como tú no será aceptado.

- ¿Y tú sí? ¡Apostemos! Estoy seguro que es de esas chicas que caen fácilmente. – Kaito comenzó a sentirse bastante molesto-. 10 mil yenes a quien la seduzca primero.

- ¿Quién se la llevará a la cama primero?

Kaito se levantó furioso. Quería romperles la cara a los hombres que estaban dentro del camerino, pero Viktor estaba mucho más a mano. Avanzó con paso firme, listo para decirle que se llevaba a Aoko de ese lugar tan siniestro, cuando escuchó pasos detrás de él. Aoko entró al estudio con una bata puesta. Viktor tomó su cámara y pidió a la chica que se la quitara y se recostara en el sillón tipo chaise- longe estilo clásico que habían dispuesto sus ayudantes. La joven buscó con la vista a Kaito y cuando lo encontró miró hacia abajo. Cuando tiró de la cinta que cerraba su bata, un leve rubor apareció en sus mejillas. Viktor notó de inmediato el cambio de colores en el rostro de la chica. Su nueva modelo tenía un candor exquisito y hasta elegante, lejos de las curvas y voluptuosidades de las demás modelos, además del encanto, la delicadeza y la inocencia de su edad.

La vio con una ropa interior de aquellas, y tuvo que sostenerse a la silla más próxima que encontró. Con la bata a medio quitar no era posible verla completamente. Ella se sentó en el chaise-longe y lo buscó en la oscuridad, mientras Kaito temblaba como una gelatina, y, tal como hizo en la mañana, tuvo que cubrirse la boca y la nariz. Al hacer el gesto vio de reojo que aparecían los modelos de aquella conversación y todas sus emociones se transformaron en unos celos horrendos. Jamás se había dejado arrastrar por una emoción como esa, pero ver a esos ridículos modeluchos sonreír ante una victoria anticipada le crispó los nervios y lo sacó de sus casillas.

- ¡ES SUFICIENTE! ¡AOKO, PONTE ROPA! ¡NOS VAMOS!

La sacó de la sala a tirones y la metió dentro del camerino de las chicas, cerrando la puerta con violencia. Cuando vio a los modeluchos reírse de su ofuscación se llenó de ira y se lanzó sobre uno de ellos para golpearle el rostro y que quedara con machucones para toda su vida, pero los demás hombres lo detuvieron. Todo el personal de la agencia se asomó al pasillo a ver el espectáculo de Kuroba Kaito hacía, muerto de celos. Cuando lograron dominarlo Viktor se acercó a él y le enrostró que los modelos trabajan con su cuerpo y que si el los lastimaba tendría que levantarle alguna demanda. En ese preciso momento Aoko salió del camerino nuevamente vestida con su uniforme y bastante enojada con Kaito.

- ¡Qué te pasa, Kaito!

- ¡No voy a dejar que vuelvas aquí!

- ¡Me parece que tú mismo me alentaste a venir!

- ¡Y ME ARREPIENTO! ¡No volverás a pisar este lugar! Yo me voy a encargar de eso.

- ¿Por qué haces esto, Kaito? ¡Tú no puedes prohibirme nada!

- Estos sujetos… se quieren aprovechar de ti y no lo voy a permitir.- Aoko miró a todos y se sintió avergonzada. Había hecho el ridículo con todo eso-.

- Se acabó. Me voy a casa. No estoy dispuesta a soportar las groserías de nadie. ¡Menos de ti, Kuroba Kaito!

- ¡Espérame, Aoko! ¿A dónde vas?- La chica salió como alma que lleva el diablo-

- Nunca pensé que creyeras que yo puedo caer así de bajo. ¡Se supone que eres mi amigo!- espetó mientras salía al sector de la boutique-. ¡Jamás! Óyeme ¡JAMÁS DEJARÍA QUE ME TOCARA ALGUIEN QUE YO NO QUISIERA! – vociferó desde la escalera y bajó corriendo los escalones seguida por Kaito-

Apenas tocó la vereda de la calle la chica hizo parar un taxi y se subió. Kaito la vio irse e inmediatamente buscó con la mirada otro taxi para seguirla. Ella tenía razón. La había ofendido incluso más que esos hombres que no la conocían ni una pizca de lo que él sí sabía, sin embargo ella podía ser tan tozuda que era capaz de seguir en eso con tal de darle la pelea.

Aoko vio a Kaito bajarse del taxi y abrió rápidamente la puerta. En su ofuscación dejó caer las llaves y antes que pudiera abrir del todo Kaito la alcanzó. Tomándola del brazo bruscamente la alzó hasta que ella quedó a su altura frente a él. Se miraron mientras Kaito recuperaba el aliento, pero Aoko no estaba dispuesta a escucharlo. Se desligó de las manos de Kaito y entró, cerrando la puerta violentamente, pero Kaito logró detenerla y entrar a la casa de los Nakamori.

- ¡Qué quieres ahora, Kaito!

- Ya te lo dije. No quiero que sigas haciendo eso, y quiero que me lo prometas.

- ¿Viniste hasta aquí, solo para eso? Eres… eres…

- ¡No quiero que nadie te vea de esa manera!

- ¡Es un trabajo tan honrado como cualquiera! ¡¿Por qué te molesta tanto?

Kaito estaba enfurecido. Allí en el descansillo, sin haberse siquiera sacado los zapatos, el chico encerró a Aoko contra el muro con su propio cuerpo.

- Porque… - el joven tembló y bajó los ojos avergonzado.

- Kai… - la chica se sonrojó al recordar aquel martes-.

La tenía a su alcance, sus labios entreabiertos y temblorosos, sus mejillas sonrojadas y nadie que los observara, y Kaito se dejó llevar. Acercó su rostro al de ella lentamente sintiendo sus respiraciones agitadas, mientras Aoko tímidamente cerraba sus ojos, sus labios y su cuerpo completo temblaban como gelatina. Él la besó tiernamente. Fue sólo un beso, pero ambos vibraron.

- ¿Por qué, Kaito?- Aoko preguntó en un hilo de voz sin abrir los ojos-.

Él, que sí la miraba en ese momento, se derritió con la candidez de su pregunta. La enlazó con uno de sus brazos acercándola a sí mismo y con su otra mano levantó el mentón de la chica para luego volver a besarla dulcemente. Aoko esta vez quiso resistirse, pero Kaito no la soltó, asiéndola aún más firme contra él y haciendo más intenso su beso. Aoko se quejó, tratando de deshacerse del apasionado abrazo del mago pero su, hasta entonces, mejor amigo no tenía planes de soltarla. En el forcejeo Aoko dio un paso hacia atrás y se tropezó con el desnivel del descansillo cayendo ambos al suelo. Ella trató de levantarse rápidamente pero Kaito no aflojó el fuerte abrazo y continuó besándola cada vez más apremiante, buscando la respuesta de la chica. Aoko jamás imaginó que Kaito pudiera actuar de esa manera; estaba asustada pero también emocionada por lo que estaba sucediéndole. Imaginó muchas veces que Kaito se le declaraba, anheló muchas noches sus besos, pero nunca dimensionó la magia y la electricidad que sus besos reales le estaban provocando. Sin haberse dado cuenta, ella correspondió los besos del chico con tanto o más ímpetu, alocadamente, lanzándose hacia algo que no sabía hacer, y sin embargo Kaito sabía conducir sus propios labios hacia el punto exacto en el que ella sentía que se derretían los suyos.

Por la cabeza de Kaito volaban miles de ideas, pero ninguna podía tomar forma. En su piel cada uno de sus poros parecía cobrar vida, mientras que cada pelillo de su cuerpo se erizaba. Deseó haber hecho eso mucho antes. Aoko se había rendido, lejos de pelear por soltarse, ella le devolvía sus besos. Ahora podía usar sus manos para acariciar su rostro y su cuello. Sintió una de las manos de la chica acariciando su cabeza. Cabello tras cabello fueron soltándose de los dedos de Aoko, mientras Kaito disfrutaba jugueteando con los dedos de la mano libre de la chica, entregada en el suelo. El no podía saber si lo que lo excitaba más eran esos labios suaves, el sonido de su respiración agitada, su aroma, o los suaves quejidos de la chica reclamando con ansiedad el oxigeno que le faltaba. ¡Sólo eran besos! No podía explicarse porqué ella le producía tanta electricidad sólo con sus labios. Se detuvo y recuperó el aire a escasos milímetros de su boca. Ambos se miraron y notaron que sus manos estaban entrelazadas.

- ¿Por esto, Kaito?… ¿No puedo modelar porque te pone celoso?

- No estoy celoso.

- ¿Y entonces que significa este beso?

- ¡Como quieres que me ponga si te pones a desfilar con esa ropa tan sexy! Mi imaginación vuela… y que no… soy… de fierro. – perdió su mirada en los labios de ella e intentó besarla nuevamente-.

- Kaito, no eludas la respuesta ¿Qué significa esto?- ¿Qué estoy haciendo? se preguntó el joven mago y se detuvo-.

- Lo siento, Aoko. Desde el momento que te besé por primera vez todo cambió entre nosotros. Yo ya no puedo estar a tu lado siendo solo tu amigo. Lo mejor es que dejemos de vernos, porque tú y yo ya no somos amigos. Perdón.

Se separó de ella y se sentó para levantarse, pero Aoko lo abrazó sorpresivamente desde atrás.

- No me dejes, no me dejes sola, Kaito. – volteó y la miró a los ojos atentamente-.

"No lo hagas, Kaito. Si la besas de nuevo no hay vuelta atrás. ¡Detente!", pensó, pero su corazón fue más fuerte que su razón y ganó la batalla por el dominio de su cuerpo. ¡No lo hagas, no lo hagas! ¡No seas estúpido! ¡No! Pero sus labios solo respondieron a los de ella. "Estoy jodido. Esta chica me tiene embrujado de lujuria" pensó a punto de echarse a reír. Continuaron besándose en aquel descansillo aquel jueves por la noche. Las manos del chico ya no se conformaron con acariciar sus manos o su cuello. Así como aquel martes por la noche se sintió libre de sentir emociones retenidas, pero a la vez agobiado de pasión, quiso sentirse libre de explorar el cuerpo de su mejor amiga. La sujetó de la cadera fuertemente, y cuando logró controlar su propio temblor, se sintió listo para levantarle la falda del uniforme escolar.

El sonido de un juego de llaves los despertó de aquella ensoñación. Se sentaron rápidamente y Aoko escuchó la voz de su padre tararear alegremente una canción mientras que intentaba abrir la puerta. Aoko corrió a prender las luces de la casa y Kaito se sacó los zapatos y corrió a la cocina a "preparar un té" El inspector notó que la puerta no estaba con llave y que justo se habían prendido las luces. Abrió llamando a su hija y Aoko apareció en el descansillo, fresca como una lechuga y sonriente a más no poder.

- ¡Papá! ¡Qué sorpresa!

- No veo porqué debe ser una sorpresa, Aoko…

- ¡Es que acabamos de llegar también!- Nakamori-san se lanzó al sofá a descansar-.

- ¿Acaba-mos? Hay alguien más. – Ginzo levantó una ceja en señal de reprobación-.

- ¡Inspector!-. Kaito apareció en la puerta de la cocina con el delantal puesto y unas tazas de té sobre una bandeja-. Llegamos un poco tarde y pensamos en preparar la cena, ya que mamá no está en casa no tengo a nadie con quien compartir la merienda.- Kaito puso la cara más triste que pudo considerando la situación-.

- ¡Ah! Es cierto… Kuroba-dono me lo dijo por teléfono. – El inspector meditó unos segundos mirando al techo-. Kaito-kun, quédate a cenar todas las noches ¿De acuerdo?

- Je… Arigatou, Nakamori-san.- que invitación más conveniente se dijo a sí mismo el joven mago-.

- Me dijiste que recién habían llegado, Kaito ¿Por qué tan tarde? ¿De donde vienen?- Nakamori encendió el televisor y se puso a buscar cualquier cosa que le pareciera interesante mientras el chico dejaba el juego de té en una mesita-.

- Ah… eh… - Kaito miró a Aoko y esta le rogó con los ojos- Es que necesitábamos materiales para un trabajo de biología y…

- ¡QUÉ ES ESO!- el grito de Ginzo Nakamori se oyó hasta en Chile justo cuando devolvía los canales-

El hombre se levantó del sofá y miró fijamente el anuncio que estaba apareciendo en la televisión. Mostraban fugaz pero repetidas veces la fotografía de Aoko metida en un traje de novia.

Los muchachos se miraron y vieron cómo Nakamori se fue enfureciendo más y más. Contrariamente a lo que mostraban sus puños, Ginzo preguntó tranquilo:

- Eres tú ¿cierto Aoko?

Su hija se tomó unos segundos para contestar de forma afirmativa. Kaito estaba realmente asustado, pues Nakamori-san se había acercado a su hija irradiando furia. En una fracción de segundos Kaito se interpuso entre Aoko y una bofetada de su padre, siendo lanzado al piso.

- ¡Kaito!- La chica quiso ayudarle a levantarse, y desde el suelo increpó a su padre.- ¡¿Porqué lo hiciste?

- ¡Él tuvo la culpa! La que necesitaba recibir la cachetada eras tú ¡NO QUIERO A MI HIJA METIDA EN ESA…!

- Déjame explicarte… - rogó Aoko-.

- Lo siento, inspector… Es mi culpa… Yo la alenté a que lo hiciera- Kaito quiso intervenir a favor de Aoko-.

- Tú… - El inspector estuvo a punto de sujetar a Kaito del cuello-.

- ¡Creo que soy lo suficientemente mayor como para decidir lo que quiero y lo que no! ¡Basta de este circo, papá!

- Tú estabas yendo a la escuela pre-policial… querías ser inspector como yo… ¡¿Porqué ahora me apareces en la televisión modelando?

- Déjame buscar mi camino, papá…

El silencio se instauró en aquella sala.

- Sabes… - Ginzo Nakamori dejó caer una lágrima-. Le prometí a tu madre hacerte una chica de bien… y esto no estaba en mis planes…

- Papá…

Kaito se levantó y dudó. ¿Debía irse o quedarse? Finalmente el mismo inspector le entregó la respuesta.

- Por favor, Kaito… Déjame a solas con mi hija… Y ven por ella mañana también.

La última frase lo tranquilizó un poco, pero miró a Aoko pidiendo su opinión. Ella movió su cabeza en señal de aprobación. Él sobraba en aquella conversación entre padre e hija.

Esa noche, ni Kaito ni Aoko pudieron dormir. Sólo en esas dos semanas habían vivido como nunca lo habían hecho. El chico recordaba escenas de la sesión fotográfica y las mezclaba con esa primera ocasión de Aoko en un escenario, modelando precisamente para él. En esta ocasión, Aoko no había logrado desenvolverse bien, sino hasta que lo vio entre las sombras. Se sintió tan reconfortado, y sin embargo más tarde todo fue una tragedia. ¿Qué habría pasado si el inspector los hubiera descubierto besándose en el piso de aquel descansillo y en penumbras? ¡Por Kami! ¡Esa Aoko estaba hecha a su medida! Y ya no tenía vuelta atrás. Oficialmente Kaito había metido la pata a fondo, pero había gozado haciéndolo. Nada le importó, ni las mentiras, ni los secretos, ni la organización, ni Pandora, ni la muerte de su padre… La boca de Aoko era la mejor de todas las que había probado antes: dulce, inexperta y apasionada. De pronto a su mente se le vinieron los recuerdos de esos modeluchos apostando por la cama de Aoko y se sintió de nuevo torturado por los celos. ¡Si, estaba celoso! ¡Y que el mundo entero se enterara! Por aquellos minutos, al fin sus ojos le pesaron y pudo conciliar el sueño por un par de horas.

En cambio Aoko estaba demasiado saturada de emociones. No pudo dormir, pero cuando salieron las primeras luces del día había tomado una decisión.

Muy temprano, Kaito estuvo en casa de Nakamori. Abrió Ginzo con amplias ojeras. Él tampoco había dormido. Se miraron atentamente y Kaito tuvo que controlar su temor a la reacción de él ¿Qué pasaría si se enterara de que su hija estaba de novia con el mismísimo Kaitou Kid? No quería ni imaginarlo. El chico levantó la vista y enfrentó la mirada cansina de Nakamori-san, aplicando su cara de póker. De pronto sintió la pesada mano del inspector en su hombro.

- Tu padre te enseñó bien, Kaito-kun. Eres todo un caballero.

- Na… Nakamori-san…

- Gracias por proteger a mi hija de mí mismo. Admito que me sobrepasé. Te pido disculpas.

- Eh… Bueno… Yo… yo tampoco estoy de acuerdo en que Aoko haga eso.- Kaito se sinceró sabiendo que podía despertar la suspicacia del inspector de policía-.

- Si algún día mi hija se casa… Me gustaría que fuera con alguien como tú, Kaito-kun. – "¿Les estaba dando la bendición o qué?"-.

- Ya estoy aquí. – Aoko apareció con los ojos rojos, pero con el rostro limpio-.

- Cuídense. Recuerden que el psicópata está suelto nuevamente. Hablaremos más tarde hija. – Se despidieron con tristeza- ¡Ah! Kaito-kun, tráela de regreso.

- Así lo haré, inspector.

Camino a la escuela ninguno de los dos se atrevía a hablar. Se miraban de reojo y sabían que llevaban las mejillas encendidas. Ambos querían entregarse nuevamente a esa pasión que llevaban escondida, pero el peso de los últimos acontecimientos se los impedía. A unas cuadras del instituto, Kaito sintió las manos de Aoko sobre las suyas. La miró y ella le dijo al oído la mejor solución del momento. Seguirían siendo amigos ante los ojos de todos. Hasta que no apareciera el psicópata y las cosas con su padre se calmaran, seguirían siendo amigos.

¿Quién de los dos tenía mejores dotes de actor o actriz? ¿Quién de los dos podía hacer una mejor cara de póker? Se notaba que no habían dormido, pero cada quien pudo esquivar las preguntas de la mejor manera posible, y al terminar la jornada nadie sabía lo que estaba pasando entre ellos. Cuando el horizonte obsequió nuevamente su cielo anaranjado, Aoko salió corriendo del instituto aprovechando los cambios que se estaban haciendo entre el salón y la nueva sala. Kaito se dio cuenta de que ya no estaba justo al verla por la ventana y salió corriendo tras ella. Esa maldita organización junto a ese psicópata demente les estaban arruinando la existencia. Se dio cuenta de que Aoko iba hacia Shibuya y si bien no pudo seguirla de cerca, supo a dónde se dirigía. Se encontraron cuando ella salió de la boutique. Él no le preguntó nada, sólo se limitó a seguirla camino a casa.

Se despidieron y Aoko respiró profundo. Su padre la esperaba. Entró pero Nakamori salió presuroso a llamar a Kaito. Deseaba apoyo para enfrentarse a la decisión que su hija había adoptado, pues la noche anterior él desistió de influir en el futuro de Aoko. Tomó a Kaito de un brazo y corrió con él a rastras hasta dejarlo sentado en el sofá.

Aoko apareció llevando un CD. Lo puso en el reproductor y dio al play. Nakamori Ginzo y Kuroba Kaito observaron los sesenta segundos de un piloto de publicidad hecha con las imágenes de Aoko. Al terminar la chica se plantó delante de ambos y confesó:

- Ya tengo dieciocho años y creo que tengo la cabeza bien puesta para decidir lo que quiero para mí, le guste a quien le guste. – tomó aire al ver los ojos de ambos hombres-. Papá… no dejaré el pre-policial…

- ¡Lo sabía! Mi hija es muy sensata…

- No he terminado, padre… No dejaré el pre-policial, pero he firmado con la agencia de modelaje por seis meses a modo de prueba y este es un proyecto piloto.

La cara de ambos era de estupefacción. ¿Era esta la misma Aoko Nakamori siempre recatada con los asuntos femeninos? El padre cerró sus ojos y cruzó los brazos diciendo con lentitud que aceptaba la decisión de su hija, pero con reparos; no así Kaito que estaba molesto porque sabía que ella tendría que encontrarse con aquellos hombres que habían apostado sobre ella.

- Papá, Kaito… Realmente deseo probar otras actividades. Deben confiar en que nunca haré algo que los avergüence.

- ¿Me lo prometes, hija? El inspector no quería dar su brazo a torcer.

- ¡Claro!

- ¡Pues, yo no estoy de acuerdo! – el mago sintió la mirada suspicaz de Ginzo en el espinazo-. Aoko… tenemos que hablar de esto, pero no quiero que sea ahora. Déjame digerir este paso que vas a dar. Adiós Nakamori-san, nos veremos en una semana más.

- ¿Por qué tanto tiempo, Kaito? - Preguntaron ambos-.

- Porque no me agrada la idea de llevarte todos los días a ese burdel del terror. Déjame a solas, Aoko. Dame tiempo. Nos vemos.

Se fue a casa con el corazón acongojado. Ella estaría a disposición de esos sujetos y él ni siquiera podía besarla como realmente quería. Realmente quería tenerla a su disposición. Ya en casa, en el estudio de su padre, Kaito trató de concentrarse en temas de magia y un posible próximo robo ¡Debía tener la cabeza ocupada! Leyó la lista de su padre y encontró el Trébol de Esmeraldas. Comenzó una pequeña búsqueda por Internet sobre la joya y efectivamente se mencionaba que el engarce era una obra encargada aparte y que tenía su propio valor. Pero antes de esa joya aparecía otra, la Ambrosía Escarlata… Había posibilidades con esta joya. Kaito sabía que la ambrosía era el néctar que hacía inmortales a los dioses del Olimpo, según la mitología occidental. Una ambrosía era un néctar delicioso en el lenguaje común… ¡Qué remedio! Los besos de Aoko le supieron a Ambrosía… Era inútil intentar sacársela de la cabeza. Más tarde Kaito le envió un mensaje de texto a Aoko: "tenemos temas pendientes. La cita es dentro de dos domingos" Había decidido darse un tiempo con Aoko y la escuela, pues aún tenía que comenzar a preparar el desafío contra Sanada Kazumi, pero no se decidía a dejar sola a Aoko… tal vez debería considerar hacerse ninja y dejar al ladrón de lado. Mm… Tal vez un buen resfrío no le vendría nada de mal…

Revolviendo un par de cajones se encontró los habanos que su padre fumaba en ocasiones especiales. Tomó uno y lo observó detenidamente. "¿Qué placer encontraría mi padre en algo como esto?" - pensó- Estaba tan mosqueado que se vio a sí mismo intentando prender uno mientras se miraba al espejo. No podía negarlo; se parecía mucho a su padre, y con ese habano en la boca más aún.

Puso fuego en la punta, pero este no prendió. Volvió a intentarlo lanzando aire a través del habano, pero no sucedió nada. Luego hizo lo contrario, aspirando corto para no tragarse el humo, pero sólo humeaba el fuego del encendedor. Luego prendió fuego y aspiró más profundo, tanto que logró que encendiera momentáneamente mientras se tragaba todo el humo que apareció. Se ahogó en tos.

- Esto no tiene gracia. - y lo abandonó-.

Esa semana Kaito se reportó enfermo y no asistió a clases por dos semanas, sin embargo no dejó de espiar a Aoko para asegurarse de que estuviera bien. En un diario le pareció ver la figura de alguien que había conocido recientemente. Un sujeto había aparecido muerto y era igual a Irish. Del psicópata nadie sabía nada, ni su parentela. Cuando la semana estaba por terminar un desafío del viejo Jirokichi llegó a sus manos… Un dirigible entre Tokio y Osaka… Era bastante interesante. Así tal vez podría alejar a Aoko de su mente.

Fin del capítulo.

(VER PELÍCULAS 13 y 14)


Holas! = _ = - Lady Paper al momento de publicar) Comencé a escribir hace un tiempo este capítulo, pero no fue sino hasta anoche cuando finalmente pude sentarme a escribir a conciencia y tan absorta, que algunas partes no las tenía contempladas de esa forma, y sin embargo las dejé porque me gustaron más que mi idea original. A las 10 de la noche comencé a teclear como desenfrenada. a la 1 am apróx. hice un alto porque un temblorcito me cortó la inspiración, y luego seguí y seguí hasta las 7 de la mañana, momento en el que fui interrumpida por 2 razones que contaré más adelante ¬¬. Luego finiquité lo que quedaba hasta las 8 de la mañana. Al fin pude acostarme, con mi corazón calentito por la felicidad de escribir algo que me hizo pasar un momento excitante y placentero ¡Cómo amo escribir! (y pensar que lo había olvidado)

¿Qué les ha parecido? ¿Muy extraño? Cronológicamente tuve que hacer un salto, porque Aoyama me ha dejado un desastre en mi propia cronología al seguir haciendo intervenciones de Kaitou Kid en DC, pero es algo que igual agradezco. En todo caso ya es imposible seguir haciendo una historia paralela a DC por lo que desde ahora mi fic va por el camino que yo le he dado, y no tiene nada que ver con DC. De todas formas he dejado espacios para poder integrar capítulos de DC que puedan aportar algo a MK (por ejemplo... esa Phantom Lady) Por esto mismo las últimas líneas sugieren que en esas semanas que Kaito estuvo ausente suceden los hechos de las películas 13 y 14 (a pesar de lo poco que se sabe de la 14, pero en octubre lo veremos al fin! * _ * ) Los próximos capítulos son parte de una nueva y larga saga, pero la más importante en cuanto a la organización y la relación de Kaito con los detectives de Tokio y Osaka. Algo que quisiera que consideraran es la relación de padres e hijos (Si alguien lo quiere me gustaría leer comentarios al respecto) Ah! lo olvidaba... Coñac es un personaje que tuve que inventar ^^. Por último ¿Habían notado en capítulos anteriores esas pequeñas pistas sobre este capi que fui dando?

¿Qué sucederá entre Kaito y Aoko ahora que comenzaron esta extraña relación encubierta? ¿Realmente Aoko será capaz de sobrellevar el Instituto, el prepolicial y su trabajo de medio tiempo? ¿Cederá ante la apuesta de los musculines esos? (Les digo de inmediato porque la idea me repugna... NO!) ¿A qué habrá ido realmente Chikage a USA? [Ojo, que este es el nombre real de la mamá de Kaito (黒羽 千景 - Esto apareció en el especial de Magic Kaito animé)] ¿Seguirá molesto Nakamori-san con su hija? ¿Irán a aparecer nuevamente los miembros de la organización ahora que sabemos que Irish a muerto? ¿Rendirá frutos la investigación de Hakuba? ¿Realmente Kaito y Aoko pueden mantener una relación basada en las mentiras y las hormonas? ¿Volverá a aparecer Ruby Jones próximamente? (¿Porqué me da por emparejar al pobre Kaito con cuanta mujer a aparecido en el manga? Sólo porque me parece divertido jojojo... No... hay otra razón... :P ) Si ya pasaron los hechos de la película 14 y aparece cierto detective ¿Se encontrarán cara a cara Ran y Kaito?

Esto ya está muy largo. En otro capítulo respondo reviews, pero como siempre, los agradezco profundamente y se los haré notar en el próximo episodio.

Próximo capítulo: Casos frente a los jóvenes detectives; Kudou. (1)