Título: Pensé que era amor.
Ranking: M (Lemon al Final)
Advertencias: UA/Posible OoC/Re-edición/Prologo de Yashi-verde eliminado/Saltos temporales/Primera Persona.
Pareja: SesshKag
Disclaimer: Todos los derechos de creación de InuYasha son de la maravillosa Rumiko Takahashi. Inu no me pertenece.
Gracias a zabitamt1975, mimato bombon kou, maria muoz, anii anii, Clarity-chan, danita-inu y Marlene Vasquez
Quienes me han brindado todo su apoyo todo este tiempo, incluso desde hace varios años. ¡Las amo!
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Tiro de gracia
De sentimientos está compuesto el lenguaje del alma, pero a veces resulta tan misterioso que ni el mismo creador de un mensaje puede entenderse. Si esto es cierto, debe ser muy difícil de interpretar para el resto del mundo. Puedo saber que la tristeza causa mis lágrimas, que el dolor que invade mi cuerpo es el culpable de mis sollozos pero la elegía que clama el vacío de mi mente es aún un terreno inexplorable para mi propia consciencia.
El fracaso que se proyecta desde ese sitio oscuro es como la premonición de un figurativo cadáver oculto en el closét. Y entre los trozos de alma consumidos por la vorágine en el suelo de una oscura habitación, se encuentran las palabras que me faltan para expresarlo todo… Son tan imposibles de alcanzar aún estirando al máximo mis manos, por culpa de barrotes; los mismos de mi jaula.
En el instante en que decidí abrir los ojos para escapar del sueño me descubrí, una vez más en esa extraña habitación sin conocimiento de mi estado actual. La cabeza me pesaba como si llevara una máscara de hierro y el mundo alrededor parecía no querer detenerse de ese giro impertinente que empeoraba mi estado. Tenía unas horribles ganas de vomitar hasta mi estómago.
Todo lo que recordaba era haber sido elevada en brazos por un hombre que me susurraba suavemente una frase que no entendía, y aún así el miedo corrió por mis venas como si entendiera el significado, sin querer comprenderlo. Finalmente, entendía muchas cosas, mucho más que la primera vez, aquél peligrosos instinto que me advertía de no excavar en el pasado había tenido razón, nada de lo que había recordado era agradable. Y lo peor, cambiaría mi vida de ahora en adelante.
— ¿En que estás pensando? —Escuché decir a una grave voz, lamentablemente, inconfundible para mí.
Ladeé el rostro buscándolo por la habitación hasta que topé con su mirada dorada. Quizás yo estaba cayendo víctima de una terrible confusión, pero veía en sus ojos la expresión más extraordinaria que jamás le hubiera conocido: preocupación.
Quizás lo era, pero en el fondo no quería admitirlo porque significaría más de lo que estaba dispuesta a aceptar, pero todo se desvaneció en cuanto su postura volvió a ser la careta de dureza y frialdad que siempre cargaba con él. Era tan íntimo con sus emociones que parecía como si no las tuviera. Lo vi suspirar mientras se separaba del marco de la puerta en la podía asegurar que quedaría marcada su figura de tantas veces que adoptaba esa postura.
Si no hubiera sido por el estruendoso sonido de sus pasos al acercarse no lo hubiera notado. Tenía muchas cosas en que pensar y su presencia en al habitación solo empeoraba mi estado de ánimo.
— ¿Recuerdas la primera vez que nos vimos? —Cuestionó con dureza, por un momento su pregunta sonó más como un reclamo.
¿La primera vez? Yo iba caminando por la calle a oscuras cuando me senté sobre su maletín y…
No, esa no fue la primera vez.
Un hombre que me llevaba años de ventaja se acercó a mí, sin expresión alguna. Tuve un poco de miedo al verlo pero pronto con la convivencia me pareció que esa barrera entre ambos disminuía… Me detuve hasta ahí. No me interesaba recordar ni reconocer una escena que se suponía ya no estaba en ningún apartado de mi mente.
—Claro —Mentí. —Fue aquella penosa vez que…
—Sabes que no es así. —Me interrumpió, aseverando inmediatamente la falsedad de mis palabras. Con cautela empezó acercándose al borde de mi cama, desconcertándome. Nunca antes había intentado un acercamiento tan directo que pudiera mal interpretarse. Sus intenciones eimpre habían sido las de intimidarme para obtener lo que deseaba, pero en esta ocasión había algo mjuy extraño. —Tan sólo eres una cobarde que huye de lo que le causa temor. —Replicó con frívolo veneno, pero su mirada se desviaba a la ventana, restándole cualquier respeto que pudiera tener por él.
Antes de darme cuenta Sesshoumaru frunció el entrecejo, y su cuerpo fue descendiendo rápidamente sobre el mío, acomodandose lo suficiente para aprisionarme sin darme la menor oportunidad de escapar. Mi respiración se aceleró de golpe por el temor de sus acciones y sin desearlo mis mejillas se cubrieron del peor sonrojo que había tenido en mi vida.
Él sonrió con sorna, estudiando curioso mis reacciones, parecía estar disfrutando tener el control total de la situación. — ¿Crees que… te-te tengo miedo? —Balbuceé, sin lograr el tono deseado.
Bravo Kagome, bravo. No tienes miedo pero tartamudeas y estás temblando.
No emitió ninguna palabra, y seguramente no me daría tampoco una razón. Me di cuenta de que sus ojos no me estaban mirando en ningún momento, permanecían recorriendo cada centímetro de la ventana como si buscaran algo en especial. Decidí guardame las quejas para otra ocasión y tratar de averiguar que era eso que tanto esperaba.
Fueron unos cuántos segundos hasta que di con mi respuesta. Su semblante pasó a uno serio de inmediato y un sonido estruendoso como de cristales quebrándose rompió el silencio. Fue un silbido agudo, como el aire siendo atravesado a gran velocidad, que me obligó a curbrirme los oídos. Sesshoumaru me había sujetado rápidamente por las muñecas y adhirió su cuerpo al mío como una segunda piel, girándose con fuerza y cayendo ambos en el piso. Solté un quejido de dolor, sin entender nada, como siempre.
Antes de atreverme a reclamarle lo tramposo, sucio, cobarde y cuanta grosería se me ocurriera por lo que acababa de hacer, me quedé paralizada, atragantándome con mi propia saliva. Lo que vi me dejó aterrada. Con mis ojos incrédulos revise el lugar, percatándome de que realmente había piezas de vidrio por todos lados.
Uno de los muebles de madera estaban astillados, algo había atravesado la ventana volandola en miles de pedazos. Un pequeño hueco con un fondo que parecía brillar como plata llamó mi atención en medio de la conmoción. Un compacto pedazo que me hizo suponer inmediatamente que jamás comprendería mi presente sin recordar el pasado pues éstos estaban ampliamente relacionados.
Ambos eran como un peligroso veneno que no se disuelve ni neutraliza. Y tenía que aprender a vivir con ellos si no deseaba terminar en un manicomio o quizás muerta.
—¿Eso fue…?—Musité débilmente.
—Un disparo.
Mi cuerpo estaba temblando. La maldita información tardaba demasiado en ser procesada por mi cerebro. Aún con el peso de este hombre sobre mí estaba tan asustada que incluso sentí que lo agitaba conmigo en los fuertes temblores. Haber sido salvada por cuestión de instantes era tan terrorífico que ni siquiera me aliviaba el hecho de que ahora mi cuerpo era aplastado por la calidez y firmeza de Sesshoumaru.
Quizás, eso era lo que en realidad me daba temor.
Y por la siguiente mirada que me dio Sesshoumaru parecía que él ya lo había previsto.
¿La explicación? Indisponible.
¿El motivo? Desconocido.
Pero nada parecía ser aceptable. ¿Porque no me quejaba y le gritaba que se quitara de encima? Tenía mucho miedo. Sentir su calor, la manera en sus fuertes brazos me rodeaban de la cintura sin soltarme ni un poco, su olor que inundaba mis fosas nasales, esa extraña sensación dulce y placentera que emanaba su piel y cubría la mía. Era extraño sentirme tan protegida con él a mi lado y eso me asustaba más que el bendito disparo. No sabía como reaccionar, deseaba que me soltara pero en el fondo no. Su peso impedía el incremento de mis temblores y sus ojos dorados me hacían perderme lejos de la realidad.
La voz no me salía. Necesitaba entretenerme en algún pensamiento para dejar de mirarlo como si fuera alguna criatura divina y recordé la impresión que tuve antes cuando se me acercó de la única manera que jamás los había hecho en su vida. Sí, pensándolo con detenimiento...
Todos los gestos que tuvo antes de tomar mi cuerpo y girar a salvo de esa manera tan impresionante me hacían creer que esperaba algo desde mucho antes de que sucediera; miradas de soslayo por la ventana, su figura cubriendo el total de la mía como en un acto parecido al de... Protegerme. ¿O era mi primer pensamiento, siendo que intentaba jugar conmigo?
No, simplemente trataba de engañarme a mí misma.
Sesshoumaru me había protegido.
—Deja de temblar. —Fue la orden que me despertó a la realidad. Su cuerpo, rodeándome de un desconocido y asfixiante calor, deslizó sus brazos por todo mi talle, buscando controlarme. A pesar de estar teóricamente calamada su toque hacía que mis sentidos despertaran de otra manera, poniéndome nerviosa. Inconscientemente comparé la sensación de ser protegida con InuYasha cuando me abrazaba y, aunque esta no fuera mejor, había una diferencia.
—S-Sesshoumaru— Balbuceé, insegura. —Tú, antes…
Tenía el deseo de querer hacer esa pregunta, pero un miedo aun más intenso de la respuesta. Si fuera positiva, que me dijera que era real y gracias a él estaba a salvo de ese incidente, de ser así yo no sabría que creer. Si él decía que sí me sería absurdo ignorarlo, el hecho de que esa persona quizás no era como había pensado hasta ahora.
—¿Importa? —Cuestionó, mirándome indiferente.
Si acaso había algo más detrás de esa frase me era imposible notarlo. ¿Que pasaba alrededor? Los labios me temblaron, atorando las palabras en ellos. ¿Realmente tengo que decirlo? ¿Simplemente no podrías leerlo en mí y no forzarme a hablar? Negué lentamente. Repetirlo me haría sentir que tenía una especie de insana curiosidad por él.
Fue leve, casi imperceptible pero un delirante matiz oscuro figuró, pasando entre los tonos dorados hasta perderse hundido en los lagos negros de sus pupilas. Sus orbes doradas brillaban como caramelo líquido. Antes lo había visto sorprenderse y creo que solo en una ocasión preocuparse por Rin, pero aquello que causaba en mí ser era nuevo. ¿Por qué el corazón se me retorcía como vil trapo, tratando de apartar el dolor? ¿Acaso la sangre que coloreaba mi rostro era tanta para hacerme sentir mareada?
Esa mirada parecía una simple gota que caía sobre un charco causando que toda la superficie colapsara.
Él ladeó el rostro, como si entendiera que algo que yo noté no debiera estar ahí. ¿Quizás su mirada? Le vi fruncir el ceño y suspirar resignado a algo desagradable. ¿Qué sería aquello que no le agradó? Su cuerpo pronto comenzó a elevarse y no pude evitar alegrarme porque se marchara ya. Aquella voz grave me hacía sentir inútil y con tremendas ganas de llorar sin control. ¿Que me pasaba? ¿La conmoción del momento? Sinceramente ni yo lo creo. Nunca antes las emociones parecían materializarse en mi garganta atrabancando palabras y dificultando mi respiración de ese modo. Con una angustia muy familiar.
Entre suaves jadeos una pequeña y única lágrima se deslizó sobre mi mejilla, sabiendo que la respuesta estaba ahí, en medio de aquello que yo quería ignorar. Temblaron mis labios, moviéndose por voluntad propia dejando psar algunas palabras por mi garganta.
—No lo digas así. Yo... —Fue lo único que pude replicar, dejándome sin la oportunidad cuando me tomó en brazos caminando hasta un pequeño cuarto de la habitación. El closét. Me gustaría saber que estuve a punto de decir, por más extraño que fuera, hablé por instinto sin saber exactamente el qué.
"— ¿El closet? ¿Ahí me dejarás encerrada? Piensas abandonarme aquí porque odias tenerme cerca, ¿¡verdad!?"
¿Porque esa frase vino a mi mente? Yo no quiero recordarlo.
Esta vez no fue una sino varias las lágrimas que cayeron filosas, lastimando e hinchando la piel por la que rodaban, que en vez de llevarse las penas las dejaban marcadas por cada centímetro recorrido. Sesshoumaru continuó indiferente conmigo en brazos. Pronto nos vimos frente a la puerta contigua y extendió los brazos para dejarme caer sin ningún titubeo o consideración.
—Entra y no salgas.
—P-Piensas abandonarme aquí porque odias tenerme cerca... ¿Verdad?—Hipeé, debía admitir lo nerviosa que estaba. Nuevamente era invadida por el llanto y la vergüenza a tal punto que no era capaz de razonar con claridad.
—Sí.
Dio media vuelta cerrando la puerta. Antes de saberlo ya estaba en el suelo, soportando la dolorosa palabra con más fuerza física que voluntad. ¿Tan insoportable era para él? Era comprensible, no causaba más que problemas y solía entrometerme en sus asuntos… pero… aún así…
Lo más extraño era que me doliera tanto.
OoOoO
"Furioso como nunca, el ambarino soltó de golpe a la pequeña niña que cargaba como bulto en su espalda. La caída había sido suficientemente dolorosa para hacerla llorar con fuerza y terminar por acabar con su paciencia. Abrió la pequeña puerta lateral y señaló el interior.
—Entra y no salgas.
El fuerte ruido de sus gritos alertó a la hermosa pelinegra que se encontraba en la sala, tomando inmediatamente a la niña para verificarla.
— ¿Te encuentras bien, Kagome? —Amablemente le ayudó a levantarse. —Tendrás que perdonarlo, él está muy nervioso y no puede controlarse como siempre. —Sesshoumaru le mandó una mirada fulminante que Kikyou correspondió.
—Pero tía, yo sólo salí al jardín cuando ustedes conversaban...
—Y eso fue cuando te ordené quedarte aquí. —Por sobre el hombro de la pelinegra pudo ver a la figura del hombre dándole la espalda. —Simplemente te encerraré en el closet porque molestas.
— ¿El closet? —Gritó con más fuerza. —¿Ahí me dejarás encerrada? Piensas abandonarme aquí porque odias tenerme cerca, ¿¡verdad!? — Preguntó rompiendo en llanto. Siempre se preguntó porque su tío era tan indiferente y frío, a pesar de que siempre intentaba agradarle, él y su hermano menor no parecían soportarla.
La pelinegra suspiró pesadamente, levantándose de su sitio para ir con el hombre impaciente de la puerta. Su tía no iba a hablar. Antes de despedirla pudo ver la melancolía en su rostro cuando ese hombre sin corazón decía:
—Sí."
OoOoO
Notas de Kou: Amores míos no las merezco TwT Son tan pacientes conmigo, amables, siempre me apoyan, son tan dulces y... y... ay, voy a llorar. *Le lanzan tomates y recoge algunos* Con esto me haré jugo… Bien, antes que nada me disculpo por la tardanza, si soy sincera esta semana tampoco planeaba actualizar pero se me returce el corazón al pensar que me estan esperando. Me gustaría decirles que yo no soy de las que cuentan sus problemas al mundo pero ustedes y yo sabemos que siempre les digo con pelos y señales lo que me pasa (?) Tuve una muy fuerte pelea con mi madre, así que prácticamente estaba corrida de la casa hasta que encuentre dónde vivir. Me siento como esos chicos que no aportan nada en su casa, están de vagos y no ayudan. Yo pago por mi comida, luz, agua, y cuarto, trabajo y aún así mi madre dice que debo madurar… Baia. Baia :v Me estuvo presionando día y noche para irme, así que creo que entenderán que no era agradable para mí escribir en estas condiciones. Afortunadamente todo se solucionó... O algo así. Por lo pronto, la siguiente semana sí hay capítulo, ahora mismo lo estoy editando. Aunque no me crean esta historia tiene prioridad sobre las demás –si revisan mi perfil lo sabrán, son las únicas a las que les he dado actualización semanal en más de medio año xD
Ahora, la historia… Lamento el capítulo corto (ni tanto ya que son más de 2,000 palabras) ¿Qué piensan ahora de Sesshoumaru? ¿De verdad la protegió? ¿Por qué lo hizo? Ahora sabemos que hay algo o alguien detrás de escena. ¿Qué fue ese disparo? Ya sé que Kagome parece dar un paso adelante y otro atrás en valentía pero ya muy pronto veremos de qué está hecha. Kagome es valiente hasta los huesos, solo que por ahora no sabe que esta pasando realmente. No sabe que creer y solo por eso no ha hecho nada pero… Ya lo leerán ;D *Kou ríe maquiavélicamente en su próximamente excastillo del mal*
