Hola de nuevo!

Por fin me he dignado a pasar, me he tardado horrores lo sé.

Agradezco mucho a las personas que dejan sus reviews y sus inbox, tmb lo que le han agregado a lista de favortos y gracias por su lectura y seguimiento a este fic que bueno lleva tiempo aquí inconcluso.

Les dejo el epílogo, no es muy largo pero tiene lo que falta para darle fin a esta historia.

El epílogo maneja 2 tiempos diferentes. El primero, abarca 7 meses después del fichaje de Ichigo; y el segundo es de años después.


… … * … …

EPÍLOGO

Rukia había acomodado los brazos sobre su escritorio de tal forma que le sirvieran de almohada, y ahí estaba acomodada su cabeza mientras respiraba tranquila y dormía. Desde hace dos semanas que se sentía más cansada de lo normal, y es que el trabajo se había incrementado, incluso había ocasiones que se llevaba algo del mismo a casa para avanzar un poco, y una de las consecuencias es justo esa, en la que los últimos 15 minutos de la hora del almuerzo, los ocupaba para tomarse una siesta. Sin embargo, esa tarde el sueño estaba tan delicioso que se le pasó el tiempo y alguien tuvo que ir a llamarle la atención.

— ¡Despierta Kuchiki-san! — Gritó Nanao a la par que daba un fuerte golpe a la superficie del escritorio de su compañera.

La morena se despertó en automático con un sobresalto, mientras el corazón le latía rápidamente.

—No era necesario que hicieras eso, sólo me di un pequeño descanso—

— ¿Pequeño descanso? Son las 4:35 de la tarde, te dormiste media hora extra… Agradece que aún no haya llegado el jefe si no vaya a saber que te habría dicho si te hubiera visto durmiendo en horas de trabajo—

—Lo siento—

—Deberías ir al sanitario por lo menos a mojarte la cara, te vez muy mal— Puntualizó Nanao mientras echaba miradas furtivas a su compañera. Y es que la morena a parte de despeinada, en su rostro era notable el adormilamiento, por lo menos si se echaba agua en el rostro podría despertarse y estar más activa.

—Sí, gracias— La morena hizo caso al consejo así que se levantó de su lugar y fue directo al sanitario, que se encuentra cruzando al fondo del pasillo principal.

Entró tranquilamente y fue directo a la loseta donde están los lavabos, abrió el grifo, mojó sus manos y después echó considerable agua en su rostro, tomó papel y se limpió el rostro. Mojó sus dedos un poco y después se los pasó por el cabello a modo de peine, se miró en el espejo para comprobar que ya no lucía tan desaliñada. Sin embargo cuando estaba por irse, lo sintió de nuevo, esa sensación de la mañana, de cómo algo surgía desde el fondo de su estómago y sin querer llegaba a su garganta, Rukia no pudo evitar el asco que le provocó y se inclinó en el lavabo, arrojando todo aquello un par de veces.

— ¿Rukia qué te pasa? ¿Estás bien? — Inquirió Hinamori muy preocupada al entrar al sanitario y verle recargada en el lavabo.

La morena sólo negaba con la cabeza mientras lavaba su boca con el agua del grifo. La castaña le pasó un trozo de papel para que limpiase su boca. Rukia aguardó unos segundos más en su lugar, como cerciorándose de que esa sensación no volviese de nuevo. Después soltó un suspiro y comenzó a caminar a la salida.

Hinamori le abrió a puerta, estaba preocupada ya que la chica se veía pálida desde hace unas semanas, cansada y ahora tenía vómitos.

— ¿Te habrás intoxicado con algo? ¿Qué fue lo último que comiste? — Preguntaba Momo mientras cuidada a Rukia a cada paso.

—Sólo un par de rollos de sushi que me regaló Senna— Respondió la morena con cierto desgano, a penas podría mantener abiertos los ojos.

— ¿Senna? Es capaz de habértelos regalado echados a perder a propósito— La castaña se sorprendió y soltó acusaciones rápidas, ya que a Senna no le simpatiza a Rukia debido su condición de 'celebridad' sólo por andar con un futbolista y creía que la chica no estaba capacitada para el puesto en redacción.

—No lo sé…— Dijo la morena abatida, no tenía ganas de ponerse a pensar, sólo deseaba ir a casa y descansar, no se sentía para nada bien.

Cuando llegó a su cubículo acompañada de Momo, Nanao de sólo verla se le acercó.

— ¿Por qué tardaste tanto? El jefe ya regresó y ya van dos veces que me pregunta dónde estás —

—Lo siento—

Sin embargo mientras estaban en eso, apareció de nuevo el jefe de redacción y con voz autoritaria les llamó la atención.

— ¡Tenemos mucho trabajo y ustedes están ahí platicando! —

Sin embargo Momo se armó de valor y llamó la atención de su jefe.

—Señor—

El aludido se giró para verla y luego se acercó, a espera de que hablase.

—Kuchiki-san no se siente bien. La encontré devolviendo en el baño. Creo que debió intoxicarse con unos rollos de sushi que Senna le regaló— Acotó la castaña con expresión preocupada.

El jefe de redacción escuchaba atentamente mientras miraba a la morena, se veía cansada y pálida, debía estar a penas empezando a enfermarse.

—Aclaro, se los regalé porque se le antojaron, así que no hagas creer que fui yo la que la enfermó— Senna al escuchar que Momo la mencionaba, se apareció para limpiar su nombre y aclarar que no había sido su culpa.

—Eso no lo sabemos, Rukia nunca te ha caído bien— Nanao no le creía nada, y se lo dijo en su cara, olvidando por completo que el jefe seguía ahí.

—Ya escuché suficiente— Intervino con voz autoritaria el jefe de redacción. Los involucrados se callaron y Senna volvió a su lugar a trabajar.

El jefe dirigió su vista a la chica de lentes y con tono serio le habló.

—Nanao, acompaña a Kuchiki al médico y después llévala a su casa— Fueron las órdenes del jefe, consintiendo que la morena se marcharse a ser revisada por un médico.

—Claro que sí— Nanao acató la orden y después de tomar el bolso de Kuchiki, se fue con ella a la clínica donde está inscritos los trabajadores de Osaka News.


No tardó mucho en que la atendiera un médico general, entró sola y Nanao esperó afuera. Le hizo saber al doctor todos sus malestares, empezando por dolor de cabeza, siguió con el cansancio que tenía muchas ganas de dormir, seguido de los vómitos y uno que otro mareo que le daba. Todo esto desde hace tres semanas semanas, y todo lo asociaba al trabajo, y quizá a alguna gripa o algo así.

El médico después de escucharla le hizo un par de preguntas relacionadas a su salud.

Después hizo una revisión rutinaria, le hizo una auscultación para checar sus ruidos cardiacos, revisó su garganta a espera de que no tuviese una infección, checó su presión así como su estatura y peso, pero todo estaba normal. Podría tratarse de alguna bacteria en el estómago lo que le estaba causando todo eso, así que escribió en su receta que le hicieran un examen de laboratorio para eso y con cierta duda, anotó un análisis extra, poniéndolo como el primero en realizarse.

La morena salió del consultorio y Nanao se acercó para saber que le había dicho, Rukia sólo atinó a entregarle la receta, la chica de gafas leyó con detenimiento y arqueó una ceja en sorpresa al ver el examen que sugería el médico se hiciera primero.

Caminaron por los pasillos de la clínica hasta llegar al área indicada para ese análisis. La morena se sentía tan cansada que no se dio cuenta que había entrado al área de ginecología, sólo fue a tomar asiento a la sala de espera mientras Nanao hablaba con la encargada. Después de uno minutos la vio regresar y sentarse a su lado.

Unos cuantos minutos después, salió del consultorio una paciente y acto seguido nombraron a Kuchiki para pasar a su revisión. Nanao esperó en su lugar echa un manojo de nervios.

La pelinegra ya entre las cuatro paredes fue recibida por un doctor con bonita sonrisa y trato muy amable. Rukia le entregó el papel que indicaba el motivo de su visita con él.

—Muy bien Señorita Kuchiki. Le pido de favor que se cambie y ponga esta bata en lo que prendo este aparato—

La ojiazul violáceo comenzó a preocuparse, a lo mejor lo que tenía era más grave, y requería un análisis de cuerpo completo, así que fue a mudarse de ropa a un pequeño cuartito al costado del baño.

Cuando regresó, la maquina estaba encendida y lista para trabajar.

—Muy bien Kuchiki-san. Me indican que le haga un ultrasonido transvaginal, así que recuéstese y suba las piernas acomodándolas aquí, de lo demás yo me encargo— Comentó el ginecólogo con tono afable, tratando de darle confianza a la chica.

Con media sonrisa la morena acató, se acomodó en esa camilla, aunque quedando medio sentada y acomodó las piernas en esas cosas extrañas. Le dio vergüenza darse cuenta como sus partes quedaban expuestas, y aún seguía preguntándose porque le había mandando a hacerle un ultrasonido innecesario.

—Perfecto. Respire profundo, va a sentir algo de frío pero no se preocupe—

Rukia desde su lugar observó al médico ponerse un par de guantes de látex, aunque no pudo negar que le causó cierto miedo ver ese largo y blanco aparato que llevaba en la mano, lo cubría con un gel transparente y después sintió el frío del que le comentó al principio.

Después un ratito, el ginecólogo comenzó a hablar mientras veía la pantalla de la izquierda, lo cual en automático llevó a la morena a hacer lo mismo.

—Kuchiki-san ahí está el cuello y ahí está el útero— Continuaba diciendo mientras observaba la pantalla y Rukia sólo asentía estando de acuerdo aunque sólo veía imágenes con borrones.

El médico parecía buscar una señal que le indicase algo, buscó por un rato más mientras Rukia miraba al techo.

—Señorita Kuchiki, ¿ve eso? —

La morena al escuchar su apellido, pasó la mirada a la pantalla y asintió al ver un unas manchas y quedó a espera de que le explicase que era.

—Esas dos bolsitas oscuras que ve ahí una cerca de la otra son de líquido amniótico. Y ese puntito que está dentro de cada una es el embrión, aún es muy pequeño por eso no se puede apreciar bien— Comentaba el ginecólogo con una sonrisa, Rukia se incorporó todo lo que pudo con los ojos bien abiertos mirando pasmada esas dos manchitas oscuras.

—Tiene alrededor d semanas de embarazo. Muchas felicidades— Acotó el médico, confirmando de una vez por todas y resolviendo la duda a todos esos síntomas.

Rukia sólo murmuró un gracias, estaba impactada, el corazón le latía rápidamente y sus manos temblaban, los ojos se le hicieron acuosos, la invadió un gran sentimiento no sabía si de gusto, de miedo ó de tristeza. Esta vez no se trataba de un embarazo falso, de algo inventado, esta vez era 100 por ciento real y venía por partida doble.

—Puede irse a cambiar, saliendo le doy las imágenes de su ultrasonido y hablamos ¿De acuerdo?— Anunció el médico para después la pelinegra bajar de la camilla e ir a mudarse con sus ropajes.

Cuando se terminó de cambiar, el ginecólogo le explicó unas cuantas cosas, entre ellas que su embarazo (y como muchos otros similares al suyo que había tratado) las probabilidades estaban a que fueran mellizos dado a que hay dos sacos gestacionales; y dio varias recomendaciones, entre ellas que podía comer todo lo que se le antojara ya que es algo que sus bebés le piden, que es normal el tener mucho sueño. También le comentó de su fecha aproximada de parto y le agentó citas mensuales para ver el progreso de su embarazo. Mientras le escuchaba Rukia luchaba por no llorar, no quería que el médico le viera en ese estado.

Al cabo de 10 minutos la puerta del consultorio se abrió, saliendo Kuchiki del mismo, en completo estado de asombro, llevando en una sola mano el sobre de sus resultados y encima del mismo la imagen de su ultrasonido.

Nanao estaba impaciente desde el primer momento que la vio entrar, ya había dado varias vueltas y cuando la vio salir se acercó de manera prudente a su amiga.

— ¿Qué paso? — Inquirió al verla tan ensimismada y con cierta angustia.

La ojiazul-violáceo levantó la mirada y la enfocó en la chica de gafas.

—Nanao…— Murmuró, tratando de mantener la calma — Estoy embarazada— Acotó mientras estiraba su mano y le mostraba la imagen.

La de gafas se llevó una mano a la boca y con la otra sostuvo la imagen mientras la veía.

—Rukia… Es precioso— Finalmente dijo Nanao, sonriendo amablemente mientras iba y abrazaba a la morena, quien no sabía cómo sentirse, a penas estaba asimilándolo, no esperaba una noticia así.

Había acudido al médico porque se sospechaba que estaba enferma y ahora salía de la clínica con la noticia de que sería mamá.


Cuando Nanao la dejó en su nuevo departamento, la morena le pidió no dijese nada, que se encargaría de informar de su estado al jefe mañana temprano, a lo que Nanao asintió, después de todo no le correspondía dar una noticia así.

Cuando estuvo en la seguridad de su hogar, lo primero que se le ocurrió fue llamar a Rangiku y a Mashiro, a quienes considera grandes amistades y sentía que podía confiar en ellas para hablar abiertamente del tema.

Cuando la rubia y la peliverde se enteraron fue una gran sorpresa, con ciertas reservas le felicitaron, no esperaban recibir una noticia de ese tipo, al menos no en esos momentos en lo que la relación de Rukia con el futbolista parecía enfriarse a causa de la distancia.

—Vas a estar bien— Dijo Mashiro con una gran sonrisa, posando su mano encima de la de la morena, brindándole su apoyo.

—No lo sé…—

—Claro que vas a estar bien, sólo tienes que llamarle y decírselo…—

—No quiero llamarle—

—Tienes qué hacerlo—

—No—

—Tus bebés no tienen nada que ver con las dificultades que existen entre ustedes—

—Mashiro tiene razón… Llámale y díselo—

—Está bien…— Finalmente dijo, tomó su celular y buscó el nombre del futbolista entre su lista de contactos, cuando lo encontró con temblor en sus dedos apretó el botón y se llevó el móvil a la oreja.

Aguardó en silencio, esperando a que contestara, respirando profundamente como método personal para calmar sus nervios y su miedo.

Pasados 2 minutos, sólo escuchó el buzón de voz que le daba la opción de dejar un mensaje después del tono, así que no le quedó de otra.

«Hola Ichigo, habla Rukia… tengo algo que decirte, regrésame la llamada cuando tengas algo de tiempo libre, es importante.»

Y con eso finalizó, para después dejar el celular en la mesita de enfrente.

—No sé que vaya a pasar… A lo mejor y ni le importa—

—No digas eso—

—Ánimo, todo va a salir bien—

—Gracias—


El reloj marcaba las 4:30 de la tarde cuando Kurosaki se encontraba en el vestuario del Centro Deportivo Angelo Moratti, donde el equipo entrena. Acababa de darse una ducha y cambiarse, así que cuando recogía sus pertenencias de su locker lo primero que hizo fue ver su celular y se topó con un mensaje pendiente en el buzón de voz aunque no mencionaba de quien era.

Tomó sus cosas del locker y fue al pasillo de salida mientras llevaba el teléfono pegado a la oreja, así que aguardó a que buzón de voz le dijera las opciones disponibles, y poco después marcó una tecla para escuchar la grabación.

Su expresión tan tranquila cambió radicalmente cuando identificó la voz, tenía un par de días de no escucharla a causa de su ajetreada agenda y le causaba una gran sorpresa saber que le buscara a esas hora, no era común que le marcara por la tarde, sin embargo le causaba preocupación puesto que la escuchaba apesadumbrada y esperaba nada malo le hubiese ocurrido.

Marcarle fue su prioridad, así que detuvo su andar a poco de salir del centro deportivo y espero en la línea a que ella le contestara.

Mientras tanto, la morena yacía tirada en su cama, mirando al techo mientras paseaba sus manos por su vientre, el cual aún no evidenciaba su embarazo pero la pelinegra sabía que dentro crecían un par de criaturas preciosas. Le ganó el sentimiento y soltó un par de lágrimas, nada de eso estaba planeado y no sabía que esperar del futbolista. Salió de sus cavilaciones al escuchar el timbre de su celular y ver en la pantalla que se trataba del pelinaranja.

Pasó saliva con dificultad y después de un par de tonos más decidió contestarle.

—Rukia, acabo de escuchar tu mensaje ¿Qué sucede? ¿Estás bien?—

—Gracias por devolver la llamada y sí, estoy bien gracias— Dijo con dificultad, sintiendo ese nudo en la garganta que no la quería dejar hablar.

—Qué sucede, dime…— Pidió, le preocupaba lo que le pasara.

—Bueno… yo… he estado sintiéndome mal desde hace unas semanas y… hoy me he enterado que… estoy embarazada— Rukia soltó la noticia llena de dudas, de nervios y de miedo.

Hubo silencio en la otra línea. Ichigo se había quedado sin palabras, estaba anonadado, no esperaba una noticia de ese tipo y menos ahora que su relación con ella se iba en declive. Además ¿Cómo había pasado? La última vez que se encontraron fue hace aproximadamente un mes y dos semanas, y se habían estado cuidando, a menos que, un condón roto y no se dieron cuenta.

—Ichigo… ¿Sigues ahí?— Preguntó la joven al no escuchar nada del otro lado.

—Sí, sí aquí estoy… Sólo que ya te imaginarás… Me ha tomado por sorpresa—

— ¿Qué haremos? Esto cambia las cosas, los dos tenemos carreras por delante y…— De alguna forma debían decidir qué hacer y Rukia estaba dispuesta aque llegaran a un acuerdo.

—Iré para allá. Pediré permiso e iré a Japón…—

—Pero…—

—No está a discusión. Hasta luego—

Kurosaki terminó la llamada y tan rápido como pudo salió del centro deportivo, se encontró con Asano en el estacionamiento, el castaño al verlo tan apresurado se atrevió a preguntar qué le sucedía, pero Ichigo no dijo nada, sólo le pidió que le llevara a las oficinas del club ya que necesitaba hablar urgentemente con el dueño.

Para su fortuna y dada la insistencia que puso en recepción, Massimo Moratti lo recibió sin problemas y sin mayores rodeos pidió su permiso para viajar, alegando que se trataba de un asunto familiar urgente. Por lo general no se da ese tipo de permisos ya que estaban en la segunda mitad de la temporada pero se lo concedió añadiendo que no le pagarían esos días ausente. A Kurosaki el dinero es lo que menos le importaba, así que aceptó y una vez fue a su departamento a recoger unas cuantas cosas, de ahí se fue directo al aeropuerto.


A la mañana siguiente, Rukia se había presentado a trabajar como siempre, y aunque había dormido sus reglamentarias 8 horas, se sentía cansada y ni hablar de sus ganas de comer que eran inmensas. No dijo nada a su jefe, al menos no todavía, primero necesitaba hablar con Ichigo. Trató de poner su mejor cara en las horas laborales, aunque por momentos sentía el mareo. Ya pasada más de la mitad de la jornada, y mientras organizaba información, escuchó el teléfono de la oficina de su jefe.

—Licenciado. Buscan en recepción a Kuchiki Rukia—

—Dígale que está en horas de trabajo, que no puede atenderlo— Dijo en seco el jefe directo.

—Señor, se trata de Kurosaki Ichigo, dice que es urgente y que no piensas irse hasta hablar con ella— Con voz lastimosa la asistente personal.

El jefe rodó los ojos y después salió de su oficina, al localizar con la mirada a la morena, le hizo un gesto de aprobación para que saliera a ver al jugador.

Rukia tomó un sobre de su bolsa antes de salir, y con paso firme caminó por los pasillos, pasando por cada departamento que compone el periódico. Los nervios la invadieron cuando cruzó la puerta que conectaba a recepción, la mujer encargada le señaló al muchacho y su corazón comenzó a latir con mayor fuerza cuando lo vio varado cerca de la ventana.

—Ichigo…— Murmuró a penas, caminando lentamente hacia él.

El muchacho se sobresaltó al oír su voz y luego se giró para encararla. La saludó cordialmente con un beso en la mejilla.

—Disculpa por interrumpirte— Se disculpó el futbolista al instante, lo que menos deseaba era acarrearle problemas.

—No pasa nada, gracias por venir desde tan lejos— Y al contrario Rukia se sentía terrible, su noticia lo hizo viajar en tiempo record de un continente a otro.

—Tenía qué hacerlo…—

— ¿Te parece si vamos a la cafetería y lo hablamos? — Sugirió la chica, el área de recepción no le parecía muy cómoda para hablar.

—Si claro, como tú quieras—

Juntos se dirigieron a la cafetería del edificio en la planta baja. Había poca gente en los alrededores, pero aún así las miradas recayeron en ellos de manera inevitable, no todos los días podías ver al famoso futbolista del Inter de Milán sentado en una de las mesas de la cafetería donde trabajas.

La morena puso el sobre en la mesa y lo deslizó hacia el futbolista, quien lo tomó y sustrajo la papeleta y la fotografía. Ichigo no le hizo mucho caso al papel, simplemente sostuvo la imagen entre sus manos y observó dos pequeñas bolsas oscuras una cerca de la otra y dentro de cada una especie de punto a penas visible. Fue ahí cuando se dio cuenta que iba ser papá no de uno, si no de dos hermosos bebés.

Rukia contempló su rostro detenidamente mientras el futbolista seguía con la mirada fija en las imágenes. La ojiazul violáceo estaba nerviosa y tenía miedo de que el futbolista rechazara su embarazo y no la apoyara como debía.

— ¿Cuánto tiempo tienes? — Cuestionó sin más el arquero.

—5 ó 6 semanas—

Kurosaki sólo asintió y siguió observando el ultrasonido, grabando cada detalle en su mente.

El silencio comenzaba a resultar incómodo para la pelinegra, le ponía nerviosa y exteriorizó sus miedos soltando una pregunta al aire.

— ¿Y… qué piensas al respecto? — Murmuró con cierta duda, pero necesitaba saber su opinión.

El ojimiel al escucharla, dejó de contemplar la imagen de la ecografía y posó su mirada en la joven periodista.

—Es…— A penas profirió con calma, como si buscara la palabra adecuada para describir cómo se sentía —maravilloso…— Acotó mostrando una sonrisa cálida y tierna, para después alcanzar una de sus manos y entrelazarla con la suya.

Sus palabras y esos gestos calmaron por completo a la morena, aminorando sus miedos, y de repente todo estaba bien. Le correspondió la sonrisa y en silencio quedó acordado su compromiso y apoyo para lo que venía.

Harían lo que fuese necesario para que las cosas salieran de la mejor manera posible. Es increíble como dos seres tan pequeños empezaban por cambiar sus vidas para bien y para siempre.


Años Después

12 de Julio del 2014, Estadio Mané Garrincha, Brasilia.

Kurosaki respiraba pesadamente, su rostro estaba cubierto de sudor a causa del gran esfuerzo físico y por el clima de la zona, que aún pasando de las 6 de la tarde, era caluroso para lo que estaba acostumbrado.

Pero a pesar del cansancio, su esperanza e ilusiones se mantienen intactas, está jugando uno de los partidos más importantes de su carrera y un solo gol hace la diferencia. Se está enfrentando a la Selección de España, en el juego por el tercer puesto, el marcador est en el minuto 80.

Ichigo sabe que en las instancias actuales la Selección Japonesa ya ha hecho historia, jugar por el tercer puesto en la competencia es todo un logro, el mayor que ha obtenido Japón a lo largo de sus participaciones. Aunque claro, hubiesen deseado no estar ahí disputándose el tercer lugar cuando hubieran podido estar al día siguiente en el estadio Maracaná, en Río de Janeiro jugando la final contra 'La Albiceleste'. Por desgracia, en su partido semifinal contra Alemania no hubo mucho que pudieran hacer ante un equipo muy bien plantado y aunque dolía decirlo, superior. Sólo pudieron hacerles un gol a los teutones, Hirako Shinji fue el autor, pero Alemania a cambio les asestó cinco, tres de ellos cortesía de Thomas Muller, y los otros dos de Miroslav Klose.

Y con tal derrota en semifinales, ahora se encuentran disputando el tercer puesto ante España, y contra todo pronóstico, su equipo está jugando al tú por tú contra la selección aún campeona del mundo y no ha dado tregua en atacar y defender.

El ojimiel tiene una mezcla de emociones y sensaciones, está contento por los logros pero a la par ansía con todo su ser ganar este partido; sin embargo sabe que se está enfrentando a grandes estrellas del balón pié mundial, y lo pone tan nervioso ver a Iniesta ó a Xavi Hernández acercarse a gran velocidad al arco que defiende, son una dupla de asistentes increíble y eficaz, no puede evitar que su corazón dé un sobresalto cuando alguno de los dos saca un disparo fuerte y directo.

El reloj sigue corriendo y no se hacen daño, está en el minuto 85 y si la tendencia continua se irá a tiempo extra, lo cual sólo incrementa sus nervios, ya que como portero titular de la selección quiere evitar a toda costa los temidos penales, y aunque su mentalidad debe mantenerse positiva ante un escenario así, sabe que jugadores como Torres, Fábregas, Busquets ó Ramos no fallan en cuanto a penales se trata.

Desea con todo su ser que sus compañeros logren un efectivo contragolpe en los últimos instantes y anoten el gol que les hace falta para obtener el tercer puesto. No puede hacer más que un buen despeje del área, uno preciso que logre aventajar.

Ichigo ve la acción desde su área, ha hecho el saque de meta lo suficientemente largo y lo más exacto posible, puede ver como la pelota es bajada de manera magistral por su compañero Endo, y después de hacer un par de gambetas a dos defensas de la Furia Roja, hace el pase en diagonal a Muguruma Kensei, quien al recibir el balón corre todo lo que puede, en su camino deja atrás a Arbeloa, está cercándose a la meta pero es consciente de que lleva atrás a Jordi Alba así que levanta la vista y Kensei logra ver en la otra banda a Keisuke Honda completamente solo, sin marca, así que hace el cambio de juego y el pase llega sin problemas y contratiempos a Honda, quien conforme se acerca puede ver a Casillas preparado para lo que venga. No se precipita a lanzar el balón a la portería, Casillas intuye que tirará el balón así que sale, pero se ve sorprendido por una finta de Honda, quien saca el disparo por encima del portero y finalmente llega al fondo de arco.

La reacción instantánea es de celebración, de una gran euforia por parte del equipo, de los suplentes, del entrenador, de los aficionados japoneses que viajaron hasta tierras cariocas para ver magnánimo evento futbolístico y de aquellos que apoyan al equipo siendo de otra nacionalidad. Kurosaki que siempre es reservado en la vida, no puede evitar saltar de la emoción, de gritar y sacar toda esa alegría, desde su arco hace una lejana seña de felicitación a su compañero Honda y luego voltea a ver a las tribunas, contemplando lo maravilloso del escenario. El gol que lleva a su Selección a la delantera en el marcador lo llena de energía y de fuerza.

Quedan tan sólo un par de minutos en el cronómetro, están a dos minutos de ganar el tercer puesto en el Mundial de Brasil 2014, de obtener su mejor resultado en la historia. Esos últimos minutos se esfuerzan al máximo, cierran los espacios para evitar que los españoles filtren balones, no les permiten pasar de media cancha

Un par de errores y descuidos, Iniesta roba el balón y logra filtrarlo a Torres, Ichigo tiene a unos metros delante suyo al español, sabe que ahora es su misión ponerle un alto, no quiere echar a la borda todo el trabajo de sus compañeros, anhela mantener la ventaja. Torres dispara, pero el balón se queda en manos de Kurosaki, quien trata de hacer tiempo y después el árbitro central le llama la atención, pidiéndole que reanude el juego pronto. El ojimiel hace el despeje lo más lejos posible, pero no es lo suficientemente certero para ser otra oportunidad de gol. Japón tiene la pelota y hacen pases con el fin de filtrarse, España lucha y roba el balón, consiguen un contragolpe, el balón va de Ramos a Piqué, de este último a Iniesta; de Iniesta a Fábregas y de este a Pedro, quien corre acercándose a la portería, imprimiendo toda su cualidad en burlar a las defensas japonesas. Una vez más el miedo a perder atrapa a Ichigo, desde ahí ve a Pedro haciendo todo lo posible, sospecha de que hará un cambio de juego por ello centra más su atención en David Villa que está en la otra banda. Ve al balón cambiar, de Pedro a Villa, quien recibe el balón con buen control y luego lanzar el disparo fuerte y directo, Kurosaki corre a su costado izquierdo, sólo alcanza a estirar la mano y las yemas de los dedos protegidas por los guantes logran rozar el balón, cambiando su trayectoria y sacándolo del peligro.

El árbitro dictamina tiro de esquina y quedan sólo unos cuantos segundos, toda la selección española sube al área, entre empujones los japoneses marcan, Ichigo cerca del poste izquierdo de la meta calcula la trayectoria del balón. Segundos después Xavi cobra el tiro, en el área los jugadores de ambas escuadras luchan entre sí por hacerse del balón, y es Puyol quien salta y cabecea a portería. Ichigo con trabajos logra hacerse del balón, tan rápido como lo tiene en sus manos, hace el despeje largo y segundos después se escucha el silbatazo final.

Marcador final, España 1 – 2 Japón, el equipo japonés celebra un gran logro en su historia, los jugadores de la Furia Roja hacen lo debido e intercambian un saludo disfrazado de felicitación, algunos intercambian camisetas y se les ve después marchase del campo; dejando a los japoneses disfrutar de su momento. Se puede ver a los jugadores brincar, cantar y abrazarse, felicitándose entre sí por el gran trabajo y gozando juntos de la recompensa. Los aficionados japoneses y los foráneos que apoyaron al equipo celebran en las gradas hondeando banderas y lanzando cánticos a los que consideran sus 'héroes'.

Ichigo al escuchar el silbatazo final lo primero que hizo fu dejarse caer sobre sus rodillas y alzar los brazos hacia el cielo, sintiéndose agradecido por estar en ese escenario tan soñado para muchos y conseguir junto a sus compañeros un nada despreciable tercer lugar en la Copa del Mundo Brasil 2014.

Sigue sobre sus rodillas cuando baja los brazos y se quita los guantes, respira con dificultad, se le ve cansado pero en su rostro se asoma una sonrisa llena de satisfacción, una sonrisa llena de júbilo. Se incorpora cuando ve al arquero rival, Iker Casillas acercarse para felicitarlo en inglés y dar unas palabras emotivas, Ichigo apenas responde "Thanks" cuando Casillas le pide intercambiar guantes, a lo que Kurosaki acepta sin chistar.

Cuando Casillas se retira, Kurosaki sigue en su área, contemplando la magnificencia del estadio lleno, de los gritos, de toda la emoción y pasión que envuelve un evento tan importante como el Mundial. Se siente maravilloso, todo por lo que estuvo luchando todos esos años, todos los sacrificios desde que inició su carrera en fuerzas básicas hasta ahora habían valido la pena. Hizo una retrospectiva mental de su carrera profesional, gran parte de la popularidad de la que hoy en día gozaba se la debía de una forma especial al Inter de Milán, su aún club, sabía que impulsar su carrera futbolística en Europa teniendo ligas tan competitivas no iba a resultar fácil, pero trabajó fuerte cada minuto para lograr hacerse lugar en su equipo. Y aunque muchas veces flaqueó y tenía tantas ganas de volver a casa, al final había merecido la pena porque a tan sólo 3 meses de haber emigrado al Inter de Milán, finalmente le dieron la oportunidad de defender el arco de la escuadra Neroazzura en un partido de liga, y paulatinamente convertirse en el titular indiscutible en los partidos de la Champions League. Con ellos había cosechado dos campeonatos de liga y uno de la Copa de Italia.

Ser el portero número 1 para el D.T. Araujo en el equipo le abrió las puertas, una de ellas fue su primera convocatoria a la Selección Nacional de Japón, esto cuando apenas tenía 8 meses de radicar en Italia, y su convocatoria era para la eliminatoria mundialista. Y de ahí se volvió indiscutible su presencia en los llamados, aunque el puesto de titular no seguía definido ya que a veces lo ocupaba Renji, otras veces Kawaguchi y otras él; por fortuna tanto cambio en la portería no trajo ningún inconveniente a la Selección, ya que fueron el primer equipo en calificar a la justa mundialista e Ichigo se sentía orgulloso de haber conseguido algo como tal.

Y después de los juegos de preparación al magnánimo evento futbolístico finalmente había conseguido hacerse del jersey con el número 1 y por consiguiente de la titularidad con la selección japonesa.

Se podría decir que sus sueños se estaban cumpliendo, y conforme más tiempo pasaba estos sueños se hacían cada vez más grandes. Ganar la Copa del Mundo era el máximo de todos, y aunque todo eso conllevaba un proceso de trabajo duro y un poquito de suerte, en este siendo su primer mundial, había tenido una grata experiencia, para sorpresa de muchos habían vencido en el Grupo C a Costa de Marfil y a Colombia, y empatado con Grecia; vencido a Uruguay en los Octavos de Final, en los Cuartos de Final eliminó a Brasil y el sueño se acabó en semifinales, al ser derrotados por Alemania.

Pero la ahora el triunfo por el Tercer Lugar le había traido esperanza y alegría después del amargo trago ante Alemania. Su primer Mundial y estaba contento con lo que había obtenido, y si en este 2014 no había conseguido alzar la dorada copa con su selección, tenía la oportunidad de ir por ella en el 2018 en Rusia ó en el 2022 en Qatar, seguiría intentándolo hasta que su cuerpo le permitiera continuar el en la profesión del balón pié.

El ojimiel se reunió con sus compañeros de equipo para celebrar en conjunto su merecido tercer lugar mientras aguardaban a que las autoridades de la FIFA dieran inicio con la ceremonia protocolaria para la entrega de sus medallas y el reconocimiento. La prensa mundial estaba abarrotada documentando los acontecimientos, los jugadores más asediados daban entrevistas respecto al suceso mientras el resto era víctima de los flases de las cámaras profesionales de fotografía.

Minutos después, el Presidente de la Fifa: Joseph Blatter junto con otras autoridades del organismo entregaron las respectivas medallas y en una foto grupo quedó el reconocimiento del equipo japonés. De ahí continuó con música a todo volumen en el estadio mientras los hinchas festejaban con gusto y orgullo, los fuegos pirotécnicos aparecieron adornando la noche.

Los jugadores y cuerpo técnico continuaban en la cancha, festejando, mientras la prensa les seguía a cada paso.

Si había algo que Kurosaki estaba esperando era el acceso a las familias a la cancha, así que cuando fue posible esto, Kurosaki fue directo al túnel que llevaba a vestidores y esperó ahí la llegada de sus dos mellizos de apenas 3 años enfundados en sus camisetas de Japón y a su esposa, pero en vez de Rukia, estaba Keigo.

— ¿Y Rukia? —

—Por allá, dijo que en 5 minutos terminaba— Acotó el castaño señalando a la par metros más adelante, donde la morena estaba haciendo su labor de reportera, hacía un enlace especial después del partido.

La morena se desenvolvía bien ante las cámaras, y gozaba de una imagen fresca para la televisión, se había dejado crecer el cabello de tal forma que ahora lo llevaba unos 10 cm debajo de los hombros, seguía siendo negro ya que tampoco era del tipo de mujer que le gusta teñírselo. Su cuerpo seguía siendo delgado aún después del embarazo. Vestía unos jeans ajustados, zapatos de piso y una blusa blanca de tela ligera. En su cuello aún colgaba su gafete que la identificaba como parte de la prensa, puesto que hoy en día era una reportera al cien por ciento, la habían asignado para los sucesos en el mundo de la política de Japón y la internacional, aunque en esta ocasión Osaka News le había ofrecido incursionar en el área deportiva, se presentaba a las ruedas de prensa y grababa capsulas informativas del Mundial de Brasil. Aceptó el reto con la única condición de que le permitieran traer a sus dos hijos y le facilitaran medios para cuidar de ellos durante su estadía en Brasil.

Su presencia en el país sudamericano como enviada especial causó un revuelo enorme en Japón y en Italia, la prensa rosa le siguió los pasos a cada momento, vigilaba a donde iba y con quien, y curiosamente aún estando en el mismo país y hospedados en un hotel cercano del otro, Kurosaki y la morena nunca se vieron ó se reunieron, él por política interna de continuar en la concentración y ella porque era un viaje de trabajo. Sin embargo, la comunicación continuó de forma regular por medio de llamadas o mensajes, esa separación no significaba nada si la comparaba con los 7 meses que no le tuvo cerca mientras el ojimiel impulsaba su carrera en Italia.

El haberse comprometido con él, y posteriormente dado a luz a los mellizos, le dio una popularidad increíble, su embarazo lo vivió rodeada de muchas atenciones no sólo de Byakuya, quien la cuidaba como si estuviese hecha de cristal, también de la familia del ojimiel, sobre todo de su suegro Isshin quien estaba fascinado con la idea de ser abuelo. Amistades cercanas también estuvieron apoyándola en esos nueve largos meses de espera. Y por obvias razones de Ichigo, quien al tercer mes decidió llevársela con él a Milán, quería pasar ese proceso cerca de ella, poder posar su mano en su abultado vientre, disfrutar de cada minuto que ese par de criaturas y su madre le brindaban.

Los pequeños Hiroshi y Himeko nacieron la madrugada del 23 de septiembre del 2010 en un hospital de Milán, para ese entonces Ichigo ya era referente cuidando la portería del Inter de Milán y jugaba tanto la Liga como la Champions League. Y a tan sólo un año de que los mellizos nacieran, en las vacaciones del verano, el futbolista y la morena se casaron por el civil en una discreta ceremonia en Osaka. A su regreso a Italia, Rukia para su sorpresa, tuvo el mismo destino que en Japón, se volvió en una celebridad por ser la pareja de un futbolista, de ahí en adelante comenzó a gozar de más popularidad.

Kurosaki al verla que aún seguía trabajando, suspiró, y sin pensarlo dos veces, fue hasta donde ella.

La joven no lo vio venir, estaba terminando su participación para el segmento para un noticiero cuando escuchó una voz llamándola, la sonrisa se le fue al identificar esa voz y los presentadores del programa en vivo al que estaba enlazada no tardaron en preguntar qué pasaba, el camarógrafo percatándose dirigió su atención en el recién llegado y después enfocó la cámara para la pareja.

Hubo unos segundos de silencio que para la morena fueron eternos, eso había sido muy inesperado y no hallaba qué hacer, sentía que sus mejillas ardían de la vergüenza, y lo peor de todo es que estaba en vivo para todo Japón. Tomó aire y carraspeó, debía comportarse de manera profesional así que tomó con fuerza en micrófono e inició una pequeña entrevista.

—Estoy con Kurosaki Ichigo, arquero titular de la Selección Japonesa… ¿Cómo te sientes después de este triunfo ante España?— Inquirió la morena en tono formal, tratando de que sus emociones no se vieran reflejadas, esta era la primera vez que entrevistaba a su esposo.

—Bastante orgulloso y contento, es un logro significativo— Ichigo le siguió la corriente y contestó lo más normal posible, su mirada inquisitiva lo ponía nervioso a pesar de ya llevar varios años juntos.

— ¿A quién dedicas este triunfo? — Rukia no pensaba en sus preguntas, sólo las soltaba como estas le vinieran y sabía que esta pregunta fue la peor que puedo haber hecho.

—A la afición que siempre nos ha apoyado, a mi padre, mis hermanas, a mi agente, mis compañeros, por supuesto a mis dos hijos— Dijo sin problemas y aunque la situación era demasiado incómoda de alguna forma, pasó su mirada hacia ella antes de terminar —y a ti Rukia—

La morena se le quedó mirando, su corazón latía muy rápido y estaba poniéndose nerviosa.

—Ahh sí… Gra-gracias— Atinó a decir para bajar la mirada y no saber qué hacer.

Y quedaron así al aire durante unos segundos, los presentadores con quienes estaba enlazada estaban tratando de comunicarse con la morena pero ella parecía estar en otro mundo.

—Bueno, si ya acabó nos vamos, con permiso— Fueron las palabras de Kurosaki que llegaron a toda la nación, para después devolver el micrófono, tomar la mano de la pelinegra y llevársela.

El camarógrafo les enfocó a donde se marchaban, después otro compañero del equipo de la morena la cubrió en el momento y siguió hablando frente a la cámara, justificando a su colega y haciéndose cargo de la parte final.

Cuando llegaron a donde Asano y los niños, Rukia no pudo evitar soltar un suspiro.

—Gracias, en verdad no sabía qué más hacer… Van a regañarme regresando—

—No pasa nada, estarás bien… Anda, vamos—

Entre los dos se llevaron a los niños de regreso al campo, la prensa nacional e internacional al reconocerlos se arremolinaron alrededor para tomar fotografías o lograr una entrevista, Keigo se encargó de abrirles paso.

Caminaron hasta estar adentrados a la cancha, que era zona segura puesto que prensa no podía pasar, y donde seguían reunidos jugadores acompañados de sus familias ó de amigos celebrando el triunfo y disfrutando de tan agradable escenario.

—Felicidades, lo hicieron muy bien, estoy orgullosa— Profirió la morena, siendo la primera en romper el silencio.

—Gracias, estar en una Copa del Mundo es algo que hace años dudé jugar—

—Te esforzarte por ello, te lo mereces—

—Sabes que parte de eso es gracias a ti y a Himeko y Hiroshi por supuesto— Dijo el futbolista, pasando su mirada a su esposa, después al pequeño Hiroshi y luego a la linda Himeko que seguía en sus brazos. Realmente parte de ese agradecimiento se los debía a ellos, a su familia, por ellos lucha día a día para ser una mejor persona y poder ofrecerles un próspero futuro.

Rukia le ofreció una cálida sonrisa, para después regalarle un cálido beso a su esposo, el roce no duró mucho ya que poco después sintió en tirón en su mano, Hiroshi llamaba su atención y balbuceaba, pasaba después sus ojitos azul violáceos a un balón y lo señalaba. Su madre se arrodilló para quedar a la altura del pequeño y puso debida atención a lo que quería decirle.

— ¿Quieres jugar con el balón? — Inquirió la morena a su primogénito, que se parece tanto a su padre, tiene su cabello y su naríz, y es tan necio como él ya que está haciendo un gran puchero al ver que no le lleva a donde el balón.

—Cuida de Himeko mientras juego con Hiroshi— Dijo el futbolista, bajando a la pequeña niña, quien se mantuvo de pié por unos segundos y después tomó la mano de su mamá.

Himeko guarda también un gran parecido a su madre, tiene el cabello oscuro agarrado en dos coletas y los ojos grandes pero amielados como los de su papá, y tiene una fijación grande por el conejo Chappy. Rukia contempla a dos de las personas más importantes en su vida jugar a los penalties, Hiroshi tan pequeñito está frente al balón y un poco más adelante está Ichigo cuidando la portería, animándolo a que patee la pelota. El chiquillo sonríe y aunque su pie pega con poquita fuerza, Ichigo simula hacer la atajada yendo al otro lado de tal forma que la pelota entra a la portería, Hiroshi ríe y celebra su gol levantando sus bracitos en señal de victoria, Ichigo le aplaude y en un acto lleno de instinto paternal va hacia su pequeño hijo y lo mima. La niña ve a su papá y a su hermano, parecen divertirse porque los ve sonreír y ella también quiere forma parte de eso, así que jala la mano de su mamá y le señala donde su papá y Hiroshi. Rukia asiente y se va con la chiquilla a la reunión familiar.

El futbolista recibe a su hija y a su prometida con un beso y un abrazo, los cuatro se sientan en el herbaje y contemplan el panorama tan agradable.

En ese momento es como si todos los demás desaparecieran y sólo existiesen ellos, a pesar de que hay una gran fiesta alrededor, con fuegos pirotécnicos y miles de papelitos de colores cayendo, están ahí frente a la portería gozando de sus propias presencias, compartiendo un momento de dicha y gloria, nada falta, todo está en su lugar, ahora son una familia y es perfecto.

… … * … …


Bueno, con sto concluyo esta historia que me gustó mucho escribir y espero ustedes hayan disfrutado leyendola.

Muchas gracias por todos y aquí seguimos, espero pronto tener un fic largo nuevo que extraño mucho el IchiRuki.

Saludos!