XIII. Maldito Monosílabo

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La entrada de mi hogar estaba hundida en un silencio sepulcral, Kagura estaba frente a mí, con sus brazos cruzados mirando estoica y yo… sin poder pronunciar alguna palabra inteligente. Es una especie de pánico, yo lo he admitido, todo lo que siento por el… ¿porque siento tanta dificultad en poder decirle una sola palabra a Kagura?, ¿Qué tiene ella?, debería ser tan sencillo…

-¿De dónde sacas eso?-. Pregunté, excelente manera de esquivar sus preguntas.

-Primero responde tú-. Rayos, que excelente jugada.

-Yo…-. Murmuraba, es tan difícil poder dejar salir esta afirmación.

-¡Pero que rayos!-. Gritó Kagura.

Sus ojos estaban fijos en mí, era una mirada de sorpresa lo que me dedicaba y su boca estaba abierta sin tener intenciones de cerrarse. Sacudió un poco la cabeza y comenzó a dar vueltas por toda la sala de mi casa, en ocasiones me miraba y negaba para después volver a sus vueltas. Así estuvo un rato, pensativa, como si buscara las respuestas del universo en su cabeza.

-¿Cuándo es mi cumpleaños?-. Preguntó de la nada, su dedo índice me señalaba.

-Em… 3 de Noviembre-. Respondí confundida.

-Rayos, estas en lo correcto-. Dijo para sí misma cruzándose de brazos.-Esta claro que eres la verdadera Soya-chan… ¿Pero que le viste? ¿Qué tiene ese idiota de bueno? ¿Por qué te gusta?

Ni siquiera lo había contestado y ella lo dio por hecho, tal vez mi cara es bastante obvia o Kagura me conoce demasiado bien para poder afirmarlo con solo mirarme. ¡Pero eso no quita el poco tacto que está teniendo! Apuesto a que mi cara debe ser un perfecto tomate y Kagura me está viendo así.

-Ka… Ka… Kagura-chan-. Logre pronunciar.- ¿Podrías detener un poco tus preguntas?

-¿Por qué? ¡Necesito respuestas!-. Vociferó ella.-Necesito saber, además ¿Por qué no estas negando mi afirmación?

-¡Porque es cierto!-. Le grité.

Era como si le hubiera dicho "cállate y siéntate" porque eso fue exactamente lo que hizo. Se encogió de hombros y se sentó en el suelo como si fuera una niña pequeña.

-Continúa…-. Fue todo lo que dijo mirándome atenta.

-Pe… pe… pero tu dijiste que no me acercara a tu hermano-. Ahí está, ese era mi miedo de decirle algo a Kagura. Tenía miedo de que se alejara de mí de nuevo.

-Y tú me dijiste que no lo harías-. Respondió.-Ahora cuenta…

Respiraba profundo buscando que mis cuerdas vocales despertaran para poder responder a todo lo que esperaba Kagura.

-¿Qué es lo quieres saber exactamente?-. Pregunté cabizbaja.

-¿Qué demonios le viste?-. Respondió al instante.

-Excelente pregunta…-. Murmuré y es que en realidad si lo era, no me lo había preguntado siquiera ¿Qué puedo decir?-Creo que es amable…

-¡Soyo-chan yo solo tengo un hermano!-. Interrumpió Kagura.

-Eso ya lo sé-. Respondí confundida.

-¿Entonces por qué dices la palabra amable?-. Preguntó.

Yo solo reí, ella tiene razón la palabra amabilidad no debería ser un término que lo defina, entonces, creo que no tengo un "por qué me gusta".

-No lo sé… fue la primera palabra que se vino a mi mente-. Respondí.- ¿Pero sabes? Creo que no tengo respuesta para tu pregunta… solo sé que pienso mucho en él, que me gusta verlo sonreír y con solo tenerlo cerca los latido de mi corazón se acelera…

-¿No tendrás bichos?-. Preguntó Kagura.-Digo, Kamui es repugnante.

-¡Claro que no!-. Negué rotundamente.-No sé cómo explicarme… ¿es que a ti nunca te ha gustado alguien?

Kagura trago saliva hasta casi atragantarse con ella, se echó para atrás hasta caer al suelo debido a la sorpresa de mi pregunta. Era algo que había dicho sin pensar… pero ahora que lo pienso recuerdo que estaba aplazando un regaño, ella le hizo daño a Okita. Tengo que saber que pasa por ese loco corazón de esta chica "china".

-¿Qué pasa con esa reacción Kagura-chan?-. Pregunté mirándola desafiante para intentar intimidarla, funcionó, ella intentaba retroceder.

-Na… nada-. Titubeó, ahí está mi entrada.-Sígueme contando.

-Primero responde mi pregunta…-. Insistí.- ¿Te ha gustado alguien?

-¡NO!-. Ese monosílabo es bastante común en su vocabulario.

Su ceño esta fruncido, era como si me dijera "esta es mi respuesta definitiva". Pero no puedo creerle, no viendo ese brillo en sus ojos tan único, ese rojo que rápidamente se va apoderando de sus mejillas; si ella se dio cuenta tan rápido de mis sentimientos… es obvio que yo también lo haría. Conozco perfectamente a mi mejor amiga.

-No te creo-. Afirmé, Kagura murmuraba diversas palabras que no podía entender.-Puedes confiar en mi… dime… ¿Quién es?

-¡No es nadie!-. Gritó ella.

Cortare el cable azul y lo más seguro es que todo explote. Estoy lista para ello.

-¿Es Okita-kun?-. Pregunté.

Está buscando palabras para decirme, puedo verlo en su rostro. ¿Dónde está esa negación que esperaba? Es como si su típico "yo odio a ese sádico" no pudiera salir de sus labios, más bien, no quiere de eso estoy muy segura. Porque ella no puede negarlo, lo sabía, le gusta Okita.

¡Que ganas de llamarlo y decirle que aún tiene oportunidad!

-Se te están pegando las tonterías de mi hermano… te… te… te dije que n… no te le acercaras-. Respondió ella.

-Esa no es la respuesta a la pregunta que te hice-. Le respondí, si estoy sonriendo me disculpare con ella después.

-¡Soyo-chan!-. Chilló.- ¿Cómo puedes hacer pregunta? ¿De dónde sacas tal cosa?

-De todo-. Respondí.-Tu y el tienen una colección muy peculiar… además, te ves más linda desde que dejaste de usar gafas.

Esas palabras mías bastaron para lograr mi cometido. Así si gritaba todas las palabras de odio que le ha dedicado no le creería. Kagura tiene el rostro de una chica enamorada.

-¡El idiota no tiene nada que ver!-. Gritó.

-¡Que si tiene!-. Le grité.

-¿Por qué sigues preguntando estas cosas?-. Cuestionó, busca un escape.

-Por qué… yo quiero que seas feliz y aunque tu hueca cabeza lo niegue, él es quien te gusta ¿cierto?-. Respondí.

-Por supuesto que no, solo hay odio entre él y yo-. Respondió, ¿acaso tiene miedo de que el la rechace? No lo creo, no después de lo que ocurrió entre ellos, tal vez es miedo a que él esté jugando.

-Apuesto a que no es odio-. Respondí.-Ustedes son la pareja que cambia palabras de amor por insultos…

-¿Por qué tan segura de eso?-. Cuestionó.

-Por qué te conozco…-. Afirme.-Solo basta con ver la importancia que le tomas a sus palabras y los peculiares audífonos que tienes, se los había visto a Okita antes y por si fuera poco, me dijeron que corrías despavorida por todo el festival cultural con el rostro tan rojo como tu cabello…

Todo eso lo vi con mis propios ojos, pero claro que no es algo que pueda decirle.

-Es un hijo de perra…-. Masculló.

Un hijo de puta al cual desprecio… entonces ¿Por qué mi corazón late así?

-¿Por qué le tomo tanta importancia a sus palabras? No creo en las historias de amor ni babosadas cursis, eso no es para mí…

Pero el bastardo… no sale de mi cabeza, no puedo librarme aunque lo desee… tenías razón…

-Me gusta, creo-. Concluyó.

No sé cómo decirlo, lo que ella acaba de decir… ya lo he escuchado antes en algún lugar. Esa misma imagen, esa voz, todo. Pero creo que eso no es lo importante ahora, acaba de decirlo. Su loco corazón ha hablado… ¡Es mutuo maldita sea!

-¡Lo sabía!-. Grité victoriosa.

-¡Soyo-chan basta me estas asustando!-. Gritó Kagura.

-Tienes que decirle-. Le dije, sostuve sus manos acercándome a ella.-Podemos ir ahora.

-¿Acaso enloqueciste?-. Preguntó ella.- ¡NO!

Ese monosílabo no interferirá en esto. Okita sufrió mucho, él me ha ayudado mucho; si puedo darle un poco de felicidad lo hare. Incluso si tengo que llevar a rastras a mi torpe amiga.

-¡Kagura-chan!-. Le grité.- ¿No te gustaría saber qué es lo que siente el por ti?

-Primero me aviento de un puente-. Respondió.

-No tiene que ser ahora… yo te ayudare a que tu confesión sea perfecta-. Insistí.

-¡NO!-. Suelta ese monosílabo que está interfiriendo.- ¡Mejor me voy!

Se levantó del suelo, se abrió paso por mi casa y finalmente salió de mi hogar corriendo a toda velocidad. ¡Eso sí que no!

-¡Kagura-chan!

Gritaba corriendo detrás de ella, es rápida, pero yo también lo soy. Pisaba sus talones y ella no hacia un intento por mirar atrás, sabe que si lo hace yo me lanzare sobre ella y la atrapare. Era una carrera, una en la que ella llevaba la ventaja por apenas 10 centímetros, llegamos al parque; Kagura le daba vueltas como si con eso buscara cansarme, pero yo estaba decidida. Salimos de ahí con Kagura aun teniendo la delantera…

Entonces hizo trampa.

Los botes de basura se travesaron en mi camino y ella siguió corriendo tan rápido como le era posible.

No puede ser, no parece suficiente haber escuchado sus sentimientos. No después de lo que paso ayer entre ellos, merecen ser felices. Sé que la acción de Okita la hizo un mucho feliz y si es que tiene miedo no debería tenerlo. ¡Es que Okita también es el culpable por no ser sincero!

Ahí está la solución.

El sonido de un teléfono sonar, una larga espera que me está comiendo viva…

-¿Princesita?-. Qué bueno que me ha contestado.

-¡Okita-kun!, ¿Dónde estás?-. Le pregunté, pero no le di tiempo de respuesta.-Como sea, necesito que vayas lo más rápido posible a la tienda que esta frente al rio.

-¿Para qué?-. Preguntó.

-No hay tiempo para explicaciones-. Respondí.-Kagura-chan está corriendo y tú tienes que detenerla antes de que termine evaporándose los pies.

-¿Por qué haría eso?-. Cuestionó.

-¡Escúchame cabeza hueca!, te estoy ayudando es tu maldita oportunidad para que puedas ser feliz así que tómala-. Le grite, creo que me altere.

-¿China eres tú?-. Bromeo.

-Okita-kun… hablo enserio, si vas haya es la oportunidad perfecta para que hablen de sus sentimientos, para que arregles eso que paso ese día.

-Escucha, no es necesario, ya te dije que esto está bien para mi yo…-. Interrumpió.

-Pero eso no está bien, ¿Por qué callar lo que sientes? ¿Y si ella se interesa por alguien más? He visto cómo te molesta cuando otros hablan con ella… ¿Qué harás si un día ella deja de… ella se fija en alguien más?-. Le dije, casi se me escapa decirle lo de Kagura, pero no lo hare, eso es algo que solo el averiguar por sí mismo.- ¡Así que cuando yo llegue quiero ver que estés ahí chico idiota!

-Insisto en que si pareces ser la china-. Respondió, logre mi cometido.-Pero está bien, estoy cerca y creo que acabe de ver al mono salvaje corriendo.

La llamada termino. Mientras hablaba con el yo también había estado corriendo tras ella, fue bastante cansado lograr pisarle los talones luego de haberla perdido. Pero finalmente mientras corría lograba ver su espalda dirigiéndose a su lugar favorito, esa tienda que esta frente a un rio cercano, el único lugar donde venden el alimento favorito de Kagura a donde ella va en un buen día y también en un mal momento, como este que estoy haciéndole pasar. Bien vale la pena, porque si esto resulta, la veré sonreír y con ese brillo en sus ojos como el que tuvo tras aquel falso beso que Okita muy tontamente le dio.

-¡Kagura-chan detente por favor!-. Le grité, ya casi llegábamos al lugar que le había indicado a Kagura.

-¡No!-. Respondió, ahí va de nuevo su maldito monosílabo.-Seguirás con tus cosas y yo no quiero…

-¡No digas eso!-. Le grité.- ¡Porque lo que dices y piensas no es siempre lo que quieres!

Afirme, porque esa la verdad. Si ella hubiera dicho lo que quería le habría agradecido a Okita-kun ese cumplido, si ella hubiera hecho lo que quería… lo habría abrazado refugiándose en sus brazos y dándole las gracias ese día que le tuvo miedo a la tormenta, si ella hubiese querido, le habría dicho lo que sentía en lugar de darle un golpe ese día en el festival.

Lo siguiente que ocurrió lo vi como una espectadora lejana, si lo hubiera vivido podría describir las reacciones pero no es así. Kagura corría por delante de mi… se veía que ya estaba en sus últimos pasos, lo escuchaba en su respiración; entonces lo vi frente a él, tenía su pose de siempre con las manos metidas en sus bolsillos, era como ver la entrada triunfal del héroe de la historia… Kagura intento frenar, pero torpemente estaba patinando en el suelo…

El la detuvo… Como un príncipe salvando a su princesa. Aunque creo, ese término no puede aplicarse aquí… Como alguien atrapando a su enemigo de toda la vida… Dispuesto hacerlo pagar por todo el daño que le había hecho, ¿Qué daño le había dejado ella a él? Simple, tenerlo como un loco enamorado.

-¡Ah suéltame!-. Gritó Kagura siendo un manojo de nervios.

-¿Qué te pasa china? Te acabo de rescatar para que no cayeras-. Respondió Okita, excelente se está haciendo el desentendido.

-¡Nada olvídalo! ó ella.- ¡Soyo-chan ayúdame!

Gritó aquello dando la vuelta para buscarme con la mirada, pero no me encontró, se lo que debe estar pensando "Traidora" posiblemente lo sea, pero le había dicho a Okita-kun que lo ayudaría antes de haberme reconciliado con ella. Técnicamente no es traición. Yo me oculte, como siempre lo hago cada que algo pasa entre estos dos y no por ser una especie de chismosa, más bien porque deseo ver con mis propios ojos la felicidad que ellos dos pueden llegar a tener.

-¿A quién le estas hablado estúpida?-. Preguntó Okita.

-¡Tú cállate!-. Gritó, esta alterada.-Y ya puedes soltarme.

-Si claro, que asco por estarte tocando-. Respondió, ahí va de nuevo a meter la pata.

-Vete a la mierda-. Masculló Kagura.

Deben estar cosas las que hacen que ella dude, esas palabras despreciativas tal vez hagan que Kagura no se tome enserio lo que él le diga…

-¿Puedo saber por qué estabas corriendo?-. Pregunto Okita.

-No te importa-. Respondió ella.-Como sea, ya me voy…

Kagura dio la vuelta, le daba la espalda ahora y comenzó a dar pasos alejándose de él, sus pasos eran torpes como si sus rodillas temblaran. Okita no se mueve, debe estar aún ese sentimiento de que ella lo rechazó.

Pero entonces, el camino detrás de ella, la sujetó del hombro haciéndola girar para encararla. El rostro de Kagura se pintaba de rojo tras aquella acción, si tuviera que decirlo, apuesto a que su corazón está latiendo como un loco.

-¿Qué estás haciendo imbécil?-. Preguntó Kagura.

-Cállate, no quiero que digas alguna maldita palabra-. Ordenó.

Kagura lo miraba estupefacta, la miraba fijamente y yo no podía entender esa mirada, era como "decisión" tal vez esa sea la palabra correcta. Aspiro profundamente a través de su nariz mirándola solo a ella y se inclinó… tomando prisioneros los labios de Kagura.

Robándole su primer beso...

Era algo tierno, posiblemente demasiado, algo repulsivamente romántico para bajura pero algo bello para los ojos de un espectador. Algo que posiblemente inyectaba un veneno ardiente en el cuerpo de Kagura… era fácil decirlo viendo sus reacciones, esa tensión en su cuerpo mientras Okita la sostiene de los hombros y… ¿Kagura está de puntitas?

Se separaron… No habían palabras entre ellos.

-Yo… -. Hablo Kagura ¿va a decirle?-Tengo que encontrar a Soyo-chan

-Oh ya son amigas… Creí que se odiaban, te ayudare a encontrarla le tenía que decir algo a la princesita-. Respondió Okita, debo suponer que él se dio cuenta de lo mismo que yo, no hay reacciones en Kagura, no hay insultos ni pataleos… solo palabras normales. ¿Es algo bueno o malo? Es bueno que él quiera averiguarlo.

-¡NO!-. Gritó ella, ese monosílabo se hizo presente de nuevo.-Yo me voy sola.

-Ya te dije, tengo que decirle algo a la princesita-. Respondió el.

-¡Que no!-. Gritó.

Esa palabra, esa palabra es la que ha estado interfiriendo con todo, siempre alejándolo de ella. Maldito monosílabo.

-Que si estúpida china-. Contestó Okita.

-Pues has lo que quieras-. Respondió Kagura dándole la espalda.

¿No lo insulta? ¿No intenta golpearlo? Es un silencio formado entre los dos… ellos pueden hablar… ojala que Kagura suelte esa palabra que arruina todo de una vez.

Estando oculta en el callejón espere a que ellos pasaran de largo para poder salir. Debo seguir escondiéndome y no puedo ir a casa porque Kagura me buscara ahí, los sacrificios que debo hacer para que ellos dos sean felices. Pero eso sí, debería de seguirlo para saber que pasa entre ellos…

Respingue nerviosa al sentir una mano tocando mi hombro, antes de poder reaccionar mi boca fue cubierta impidiéndome el habla, estaba siendo capturada por un sujeto que estaba parado detrás de mí… Siento pánico… Pero el calor de este cuerpo, este aroma… a sangre… cambiando con una esencia irreconocible… El león.

-¿Quién soy?-. Vocifero con su tono juguetón.

La tensión desapareció de mi cuerpo y el pánico fue reemplazado por un nerviosismo al pensar que la esta tan cerca de mí.

-Ka… Kamui-kun-. Respondí con un hilo de voz, tercera vez que digo su nombre, aunque debería ser algo más normal entre nosotros ya que ahora somos amigos.

-El honorifico no-. Dijo el soltándome al fin.

Me gire para mirarlo de frente, separaba los labios queriendo decir alguna palabra pero no podía. Frente a mi estaba esa imagen que me causa dolor… de su cabeza se desprende un hilo de sangre y en su hombro izquierdo también puede verse sangre manchando su ropa.

-¿Qué te paso?-. Logré articular.

-¿Pasar de qué?-. Preguntó ladeando la cabeza de forma inocente.

-¡De eso!-. Le grité, me altera verlo así de herido sin poder hacer algo por el.- ¿Por qué estas lastimado?

-Ah eso-. Siseó.-Tuve un par de complicaciones con algunas cosas…

-Entiendo-. Respondí cabizbaja, él me había dicho que le haría un favor a esa chica, ¿es por ella que esta así?

-Bien, yo solo saludaba… te veo después-. Dijo él.

Mi corazón de nuevo se alteró… yo quiero cuidarlo.

-Ka… Kamui no puedo dejar que te vayas así-. Le dije, el dio la vuelta mirando con aires de confusión.-No tengo vendas conmigo… pero tengo unas en mi casa, ven solo para curar tus heridas y después puedes irte si quieres…

¿Qué acabo de hacer? ¿Lo estoy invitando a mi casa? ¿A esta hora cuando el sol ya se está ocultando? Maizou-san me hará un interrogatorio, pero yo no puedo dejarlo.

-Está bien-. Me sonrió aceptando mi propuesta.

Comenzamos a caminar en dirección a mi casa, el silencio entre nosotros era algo fúnebre en cuando a palabras y bastante animado en cuando a sonido. El tarareaba aquella melodía de cuando lo conocí y me causaba gracia escucharlo. Todo eso, hasta que finalmente llegamos a mi casa.

-Vamos-. Le dije.

Me acerque a la puerta sacando las llaves de mi bolsa, gire la manija encontrándome con la oscuridad de una casa vacía.

-¡Maizou-san estoy en casa!-. Grite, pero no obtuve respuesta.

5… 4… 3… 2… 1… ¡¿Un chico entrara a mi casa sola en la casi noche?! Necesito calmarme, no pasa nada, él está sangrando y dijo que se tenía que ir, será algo rápido, no tengo por qué ponerme así…

-¡Chiyo!-. Me gritó él.

-Es Soyo-. Respondí girándome para encararlo, pero él no estaba.

-¿No era ese? Suena igual-. Respondió el, escuchando el sonido de su voz me guie para encontrarlo y así lo hice, trepado en el árbol otra vez.- ¿Me abres la ventana?

-Acá abajo hay una puerta-. Le respondí, aunque se ve realmente tierno en el árbol.

-Y acá hay una ventana-. Respondió, es astuto.

No me quedo más opción que aceptar sus términos. Me adentre a mi hogar y tome el botiquín de primeros auxilios antes de subir a mi habitación para abrirle mi ventana y permitirle el paso.

Viéndolo a través de mi ventana con esa sonrisa suya que tanto me gusta… parece un tierno gatito y por eso sonreí. Me acerque a la ventana abriéndole para dejarlo entrar, él lo hizo rápido y ágil como hace un rato lo había hecho.

-Ya llegue-. Dijo el abriéndose paso en mi habitación, como si esta fuera suya.

-Bienvenido-. Respondí.-Siéntate te pondré unas vendas…

Él lo hizo, que raro, pensé que me tomaría más dificultad. Me miraba fijamente haciéndome temblar con su mirada; yo solo me limite a mantener la mirada en su cabeza siendo más específica en ese lugar de donde emanaba la sangre.

-Estas temblando-. Dijo el con un tono de burla.

-Pero ya está-. Anuncie luego de que haya detenido la sangre y le colocara una gasa estéril para cubrirlo.- ¿Tu hombro también está herido?

Supongo que fue una pregunta tonta ya que esa mancha de sangre sigue ahí en su camisa… Hubo algo que no espere que hiciera, él no me dijo una sola palabra en respuesta a mi pregunta, en su lugar… se quitó la camisa sin ningún tipo de pudor.

Necesito cubrirme los ojos por eso pero no puedo, una por su herida y la otra porque en realidad no quiero hacerlo. Es delgado, algo raro viéndolo comer, pero no es tan delgado, puedo ver las marcas de su musculoso cuerpo y ¡RAYOS! Creo que me voy a desmayar.

Me preguntó si habrá estado mal dejarlo adentrarse a mi habitación de esa manera. No lo sé, pero tampoco quiero una respuesta.

-¿Te duele?-. Le pregunté, esa herida en su hombro es una cortada bastante grande.

Está en silencio mientras mira a todos lados. Entonces su vista se centra en mí, me dedicó una sonrisa que no resulta agradable esta vez ya que no quiero pensar en él.

-Es un rasguño-. Me contestó dejando escapar una risita.

Yo suspiré, eso me hizo volver a la realidad de que debo curar al terco y arisco gatito. Sus ojos azules me miraban fijamente, no sé qué está pasando por su cabeza… pero hace que yo no pueda ejecutar un solo movimiento… solo lo miro de igual manera que él hace.

-¿Qué te pasa?-. Me preguntó.

-Me preocupa verte lastimado-. Admití.

Tampoco es que sea un secreto que suelo ocultar, pero siento como mis ojos se van llenando de lágrimas… me está doliendo cada vez más verlo así.

-No…-. Pronuncio él, parece que el también usa ese maldito monosílabo.-No te pongas así

Pronuncio, es la primera vez que dice algo así.