Síndrome de Estocolmo

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Dos días, dos malditos días han pasado.

L no suele sentirse desesperado, lo más cercano que ha sentido a eso es frustración, como cuando Kira mató a los agentes de FBI y él estaba demasiado ocupado en el cebo que le había dejado el asesino: ¿L, sabes? Los shinigamis solo comen manzanas.

Pero ahora, con Light secuestrado, con el arma perdida y con un loco como acompañante, L siente la desesperación.

Podría haberse deshecho de Mikami, después de todo el hombre es Kira. Pero no lo ha hecho, Mikami además de haber demostrado con creces su locura y fanatismo por su seudo dios, también ha demostrado un gran intelecto y capacidad de adaptación; además de haberle dado los datos de RoseBrock, también se ha demostrado dispuesto a todo con tal de salvar a Light. Y actualmente todo eso le podría ser de utilidad.

La organización es poderosa, demasiado poderosa. No tanto como el propio L, capaz de mover a su antojo a ONGs y diversas instituciones, pero tiene el apoyo de más de la mitad del hampa mundial, y más ahora que venderán al hombre más buscado del último tiempo: Kira.

Apenas estuvieron libres se dirigieron a su apartamento, en el cual ahora se encuentran en el apartamento, el mismo en el que apenas unos días antes visitó con Light y tuvo la latente epifanía de sus sentimientos. Pero ahora es diferente, Mikami le ha estado describiendo cada una de las reglas del cuaderno: ya sabe porque Light era inocente, ya sabe que el menor había dejado atrás sus recuerdos de ser el asesino de masas, de seguramente haber planeado su muerte.

Y ahí está la desesperación, L se pregunta si habrá vuelto a ser Kira, si ya habrá tocado el cuaderno y sus manos se han vuelto a manchar.

Y se pregunta, si para ese Light las cosas han cambiado, si ellos, han cambiado. Porque para L sí, sus sentimientos por Light, por el joven idealista e infantil no pueden mezclarse con sus emociones con respecto a Kira, a un asesino.

Porque para ese Light, él no es más que otro peón en su juego de ajedrez…

Sacude su cabeza de aquellos pensamientos, no es tiempo de aquello. Piensa en el hombre que está junto a él. Mikami no habla más allá de las respuestas que le saca, y su rostro ha ido empalideciendo en los pocos días. El traicionar sin conciencia a Kira ha sido un golpe duro, piensa con diversión enferma L, después de todo, este tipo fue el que provocó la actual crisis.

L suspira y vuelve a fijar sus ojos en la pantalla, busca a los principales interesados en hacer la transacción con RoseBrock por Kira. Ellos lo llevarán hasta Light, y L podrá resolver sus dudas o por lo menos encontrar fin a la desesperación…

A la ausencia de Light.


Cuando vuelve de la inconsciencia, piensa que todo ha sido una jodida pesadilla, pero apenas siente la humedad en su piel y cabello, en sus heridas, sabe que la pesadilla no es más que su realidad actual.

—Hasta que despiertas, Kira-chan –dice la agria voz de Waterhouse, a su lado. Abre los ojos lentamente, viendo a su alrededor. Aún está en la silla de sumersión, y aún a su lado está el tanque en el que pensó iba a morir―, ¿ves el agua? –pregunta el hombre.

No contesta, no dice nada. Los labios le tiritan, y el frío le ha golpeado mientras vuelve a la consciencia. La piel parece habérsele congelado, y las heridas abiertas están rompiéndose aún más por el frío. Las gotas húmedas que le caen del cabello, le humedecen la piel hasta casi no sentirla.

—Taburete de sumersión, tres horas, Kira-chan –habla sonriendo Waterhouse-, me sorprendiste. No pensé que resistirías tanto. Al parecer el agua es nuestro método. Pero ya cambiemos, te sacaré de ahí e iremos a otro, ¿bien?

'Imbécil', piensa Light. Odia como le habla, como si fuera su amigo. Waterhouse se acerca y abre las manillas de sus pies y manos, soltándolo finalmente. El bastardo le dice que se pare, y cuando Light intenta hacerlo, le fallan las rodillas y cae al lado de la silla, al borde del tanque. Waterhouse se ríe, diciéndole que sabía que pasaría, agarrándolo de los hombros abiertos y arrastrándolo de nuevo a la silla en la cual despertó por primera vez.

—Aquí te quedas, mientras voy a buscar otro juego –le dice Waterhouse, cerrando las manillas para impedir que escape. 'Como si pudiera' piensa Light, viendo que los músculos se le han dormido por las posiciones incómodas, y el frío hace que su cuerpo tirite sin parar. Por lo menos, las heridas ya no le arden tanto, con los músculos muertos.

—Gota china, ¿qué te parece? –Waterhouse acuesta la silla, poniéndolo horizontal y dejando su vista hacia al techo, luego arrastra un gancho que sostiene una gotera hasta su cara –, gota china –vuelve a decir–, siempre me he preguntado –empieza fingiendo confusión-, si la verdadera tortura es la gota que cae, o el sonido que hace. Como esa cosa… eso chino, japonés, no sé, la del árbol que cae en un bosque vacío y si alguien lo escucha –termina diciendo con una maldita sonrisa en su cara-, bueno, ahora tu me responderás, Kira-chan –y abre la pequeña tapa de la gotera, empezando a caer el agua en la cara de Light.

Una gota, dos gotas, tres gotas. Le caen en el entrecejo, haciendo que por reflejo pestañee rápidamente. Cuatro, cinco, seis, veinte, treinta. Cuando son más de cincuenta, Light deja de contar, girando la cabeza para que le deje de caer en el rostro.

—No, no, no –dice Waterhouse-, la idea es que no muevas la cabeza. No quería afirmártela, pero parece que no entiendes por las buenas –agarra la cabeza de Light y con unas cintas de cuero, la afirma a la cabecera de la silla de hierro.

Las gotas vuelven a caerle en el entrecejo. Una, dos, tres, cuatro. Siguen un parámetro. Cinco, seis. Y parecen infinitas, cayendo cada vez más duras. 'no, no es verdad', conoce que las gotas caen del mismo modo siempre, pero ya son tantas que cuando vuelven a caer, lo hacen duro en su piel ya sensible.

Cada tres segundos cae una gota. Cuando han caído veinte, Light sabe que solo ha pasado un minuto. Un puto minuto. Dos gotas, tres gotas, cuatros gotas. Dos minutos, tres minutos. Los números giran como engranajes en su cabeza, y el sonido del agua cayendo ha subido cada vez más, impidiendo que piense bien. ¿Cuánto ha pasado?, ¿una hora, dos horas?, quizás un día. Las gotas caen sin control, y no puede evitar contarlas. La zona donde caen parece estar ardiéndole suavemente, solo aumentando cuando más gotas se unen.

—Dime Kira –la voz de Waterhouse se une a los sonidos-, ¿qué te duele más, la gota o el sonido?

'Callate', piensa moviendo los ojos de derecha a izquierda, arriba y abajo. El puto sonido de las gotas. Tic Tac. Como un jodido reloj. O ¡¡splash!! Cuando caen. ¿Cuánto ha pasado?, ¿Cuántas han caído y roído su piel?

Una gota, dos gotas, cuatro, veinte, treinta, mil, cien, dos mil, cien mil. ¿Cuántas? Tic Tac. Tic Tac. 'Ciérrala, ciérrala'. El sonido rítmico lo está volviendo loco. Intenta concentrarse mientras cierra los ojos, pensar en otra cosa, pensar en L, en su familia.

Los que ha matado. Mataste a tu padre y a todos, le dice una voz. L te odia, por algo te vendió. 'No, no es cierto, L no me haría eso'. L les dijo que sabías donde estaba el otro cuaderno, aún cuando era consciente de que no recuerdas nada. 'No, no, no, mientes'. Y está peleando con una puta voz en su jodida cabeza. Y el sonido no para, no para y lo está matando el puto tic tac que hace, imitando los palpitares estrepitosos de su corazón. Te lo mereces.

No, no, no. ¿Cuántas gotas, cuántas?

Le duele el estómago, está hambriento. Waterhouse no está en ninguna parte. Light ha estado callado durante tanto tiempo, que piensa ya no puede hablar. Tiene hambre, y los ojos le lloran por no poder dormir. Porque las gotas le impiden cerrar bien los parpados por el dolor en el entrecejo y el impulso innato de sus reflejos al abrirlos. Quiere dormir y comer, tiene frío y le duele el cuerpo. Al sonido de las gotas, se une el de sus dientes chirriantes.

¿Cuánto ha pasado? Cada tres segundos cae una gota. Han caído mil gotas, y más, más, más. 'para' piensa Light, 'no debes pensar'. Mientras menos piense menos contará, y mientras menos cuente, menos sonidos entrarán. No puede perder la cordura. Si ya ha resistido la tortura física, no caerá por unas putas gotas.


El jovencito ha resultado ser mucho más duro de romper de lo que imaginó cuando lo vio.

Bien, piensa Howlat, lo primero que imaginó como Kira, dista mucho de ser lo que es Light Yagami. Un hombre maduro, envejecido por el tiempo, sabio tal vez, pero no un niño de bien, apenas un adolescente carilindo.

Howlat pensó que Mikami se había equivocado, que aquel chico simplemente no podía ser el tenebroso Kira. Pero ahora, viendo que después de tres días, el muchacho no se ha roto, no ha dicho palabras y que tiene una fortaleza mental superior, Howlat está más que sorprendido.

Investigó al muchacho, un genio, con un cerebro como arma de estrategias. Haría tan buen trabajo en su organización si no fuese Kira, pero ya muchos de sus aliados se pelean –literalmente- por hacerse del preciado asesino y su cuadernito.

Y es quizás, en aquel retorcido respeto que le tiene a Light, que Howlat le da órdenes a Waterhouse a que suspenda como herramienta de interrogación los filos, los cuchillos y los escalpelos. Por lo menos así no marcará a Light más allá de lo mental, piensa sonriendo.


Notas de la autora: cortito pero contundente -o eso espero xD-. Gracias a Nande por su maravilloso beteo D:

El 'taburete de sumersión' es un método de tortura cosistente en que a la víctima se le hunde la cabeza en una piscina con agua para darle la sensación de ahogamiento.