Bueno, he aquí un nuevo capítulo, esta vez sí uno cannon. Ojalá os guste ^^
Poco a poco llega el día de la partida, entre combates amistosos y un estilo de vida envidiablemente relajado. ¿Cómo podré volver a la rutina tras todo esto? ¿Cómo podré volver a salir de caza? Pero esto último no es ninguna novedad. Yo ya sabía que entre los piratas también hay buena gente. Es triste.
Esa mañana me levanto más pronto de lo habitual, perseguida por una sensación de creciente inquietud. Apenas ha salido el sol, solo Gato está en el nido de cuervo vigilando. No sé si está o no despierto, pero no me dice nada mientras me siento en el techo de los camarotes y, con la katana en el suelo, ante mí, comienzo a meditar y a intentar calmar mi acelerado corazón... una loable intención que se queda en el intento, ya que a los pocos minutos me quedo dormida.
De pronto comienzo a ver las caras de mis compañeros de la Marina. Rallion, con el rostro ensangrentado, una figura oscura ante él. Kaminn se lanza contra la sombra y yo intento ayudarla, pero no puedo moverme. A nuestro alrededor, toda la división está muerta. El barco, destrozado. Pero no es nuestro barco... ¡es el Fuego Fatuo! Una idea terrible comienza a formarse en mi mente mientras Kaminn pelea con el encapuchado. Pronto parece evidente que no puede ganar, y yo no puedo ayudarla. Quiero gritar, pero soy incapaz. La figura le atraviesa el pecho con la espada y Kaminn cae al suelo, muerta. Solo que ya no veo solo una figura, ahora distingo perfectamente su rostro: Johan, con la expresión más furiosa que jamás le he visto.
-Ya solo quedamos tu y yo. -Me dice, mirando a mis pies. Yo sigo su mirada y estoy a punto de desmayarme al ver que estoy sobre los cadaveres de toda la tripulación del Fuego Fatuo. Incluyendo a Lucy y a Shaima. Tengo todo el brazo ensangrentado y mi espada brilla de color escarlata. Sé, de ese modo increible en que solo se puede saber en los sueños, que he sido yo su asesina.
Johan se lanza contra mí y mi cuerpo, ignorando mi voluntad, comienza a luchar contra él. Lo desarmo. El único sonido que se oye es el de las olas al batir contra la cubierta del barco. Y aunque intento impedirlo, mi espada baja.
-¡Miryam!
Despierto sobresaltada, tratando de ponerme en pie. Como estoy sentada estilo indio, me voy de lado y estoy a punto de caer. Pero alguien me sujeta con suavidad. Cuando me giro, me veo a Gato acuclillado tras mí. Es su voz la que he oído.
Cuando ve que vuelvo en mí se pone en pie de un salto y se queda mirándome con la cabeza ladeada.
-Estabas soñando, algo malo, me imagino. ¿Estás ya bien?
Yo asiento, colgándome la espada al cinturón. Aún tengo el corazón acelerado, pero la mera visión de Gato me indica que no ha pasado nada. Caigo al suelo de nuevo e intento calmarme. Tardo aún un poco en poder hablar.
-Sí, gracias, Gato. Gracias por despertarme.
Él esboza una sonrisa y con un movimiento fluïdo se sienta delante de mí, de modo que estamos cara a cara.
-Tranquila. Los sueños son importantes, pero pueden ser peligrosos. Yo a veces también sueño, cosas buenas y a veces malas. A veces, peores que otra gente. -Me dice, y aunque no alza la voz, lo oigo con total claridad. -Los que vivimos en el mar tenemos a menudo sueños malos. No es sano quedarse en ellos. Por lo que creemos hacemos mucho daño, y a muchos nos duele también. Tú tienes dolor dentro, tienes oscuridad aquí. -Con cuidado alarga su mano y me toca la frente, entre los ojos. Está de nuevo serio, pero su expresión pronto se suaviza, cerrando los ojos. -Aunque también hay luz en tu corazón. Cuando no haya oscuridad, podrás ver. Para tí, un camino dificil. Buscas la justicia, pero tendrás que ir contra ella en ocasiones. Harás daño innecesario. Yo sé eso. Pero confío en que luz vencerá a oscuridad, en que llegado el momento sabrás elegir. Recuerda, Miryam... -abre los ojos de golpe, y la intensidad de su mirada me asusta. -Mejor morir con alma tranquila que vivir con sombra dentro.
Cuando parpadeo, ya no está delante de mí, miro a mi alrededor y lo veo trepando al nido del cuervo. Una vez arriba, me mira fijamente antes de sentarse de cara a la proa, en equilibrio sobre la pequeña baranda de la plataforma. Sus palabras resuenan en mi mente. Pese a su poca edad, pese a que no será muy mayor que yo, me recuerda a un monje. Es un tipo extraño... pero tengo la impresino olvidaré sus palabras. ¿Qué es lo que sabe? ¿Quien es él en realidad?
-o-o-o-
Durante el almuerzo se respira un aire tristón, aunque yo apenas me doy cuenta. Cuando Gato entra, me mira un segundo y me guiña un ojo antes de sentarse en la punta, en solitario. Cuando ya estamos todos en nuestras sillas, Johan alza la voz y pide atención. Su mirada pasa por todos, antes de detenerse en mí.
-A mediodía llegaremos a la isla que os había dicho, donde dejaremos a Miryam. Así pues, ahora cuando terminemos cambiaremos las banderas, para que no puedan relacionarnos. En esa isla hay una pequeña base de la Marina, así que tampoco sería sensato atracar con la bandera negra. ¿Alguna pregunta?
Aunque se desatan algunos murmullos, nadie dice nada en voz alta y Johan entonces da la señal. Todos empiezan a comer con apetito, excepto yo, que me lo tomo con calma. Lucy, a mi lado, me mira con curiosidad, y también con un poco de tristeza. -Ánimo, pronto estarás con los tuyos. -Susurra, y yo asiento y fijo sonreír para no desilusionarla. Supongo que debería estar feliz. Al fin y al cabo, esto es un barco pirata. Pero no puedo negar que aquí he estado realmente cómoda. He conocido a gente increïble... y cuando vuelva, no sé lo que me encontraré. ¿Estarán vivos mis compañeros? No puedo saberlo.
-o-o-o-
El resto de la mañana transcurre como si se tratara de un sueño. Entre Gato y Nicole cambian las banderas y guardan el Jolly Roger en los camarotes. Luego, comienzan a entrenar. Yo me siento a observarlos, y al poco tiempo alguien se sienta a mi lado. Me giro, esperando ver a Lucy, y me llevo una sorpresa mayúscula al ver allí a Johan. Él sonríe. -Ha sido interesante tenerte a bordo, Mir. Se nota que no estás acostumbrada la libertad... -Yo lo escucho en silencio, sin saber dónde quiere ir a parar. Él mantiene la mirada fija en los combatientes, Nicole y Shaima, yo supongo que con evidente curiosidad por saber quién ganará, ya que Shaima se está defendiendo con mucha habilidad, pese a que no tiene el poder ofensivo de su rival. Termina venciendo Nicole, y cuando se dan la mano, Johan se pone en pie y me tiende la mano. -Llevo toda la mañana pensando en qué recuerdo podría ofrecerle, Teniente, de su estancia en este pequeño paraíso. Y creo haberlo decidido: te ofrezco un combate, un duelo de esgrima. -Aunque su rostro está serio, sus ojos son alegres. -¿Qué me dices?
Yo decido aceptar.
Se decide que Nicole hará de árbitro, y se pone como objetivo un golpe. No se permite en la cara, cuello, muñecas, tobillos o partes privadas. Todo lo demás es juego limpio. Pelearemos con nuestras propias espadas, desenvainadas. Comienza la cuenta atrás. Yo afianzo los pies, pero pongo mi peso en la punta. Durante un segundo, nos giramos sobre el mismo punto. Y sin ninguna señal, él se lanza contra mí. Rápidamente bloqueo su sable y trato de no ceder, pero bajo ese aspecto juvenil se esconde la fuerza de un diablo. Comienzan a dolerme las manos, y pongo en práctica un viejo truco, dando un pequeño salto atrás, no muy estético, pero lo suficientemente útil para desequilibrarlo un segundo. Trató de golpearle en la espalda, pero él detiene mi katana con su hoja. La retiro rápidamente, un duelo de fuerza me perjudicaría. Nos detenemos un momento, y antes de coger aire comienzo a lanzarle estocadas rápidas, testando sus reflejos. Hago un engaño y no llego a terminar una, estoy a un centímetro de cortarle en el hombro. Johan silba por lo bajo, claramente sorprendido. ¿Estaba dándolo todo? Lo dudo. Quiero verle emplearse a fondo. Si me tiene que derrotar un pirata, que sea él. Pero no vencerá con facilidad. La lucha se reanuda con más intensidad que antes, y yo pronto me veo sin aliento, incapaz de detener sus ataques. Los esquivo por poco, pero él se mueve como un auténtico esgrimista. No es posible bloquearlo mucho tiempo, y él comienza a sudar. No aguantaremos mucho más. Le lanzo una estocada al pecho y él sonríe, antes de girarse y hacerme un pequeño corte en la parte inferior del brazo, que he dejado desprotegido.
Nicole marca el final del combate, y Johan me tiende la mano. Yo se la estrecho, agotada, pero sonriendo. Estoy un poco picada, pero sé que no podría haberle ganado. Que no estaba a su altura. A nuestro alrededor, todos aplauden.
-o-o-o-
Como Johan había previsto, atracamos al mediodía. Es una suerte que hayamos cambiado la bandera, ya que hay al menos cinco buques Marines en el puerto. Yo los reconozco, y se me hace un nudo en el estómago: son los navíos combatientes, y el mío no está en él. En la isla solo hay un puerto. No hay más islas con repuestos alrededor. Solo hay una opción:Mi barco no ha sobrevivido a la batalla.
Porfi, dejadme alguna review, decidme vuestra opinión. ¡Gracias!
