Hola, hola!
Ya vuelvo a estar por aquí con un nuevo capítulo. Sé que ha tardado un poquito, pero aquí está! (las causas esta vez han sido mi falta de inspiración y mi vicio duro y poco sano a la serie Lost Girl).
Muchas gracias a todos los lectores y seguidores, así como a los que comentáis: Guests, FPhoenix, gencastrom09, MClementineD, Parriccion, puloyla, aquarius7, Dadnelis, venus1485, Iris Baudelaire y Melissa Swan.
A los que pedís beso entre nuestras chicas... paciencia! Llegará, lo prometo, pero no quiero que esta relación sea puramente física por lo que me tomo mi tiempo en desarrollar los sentimientos de los personajes (lamento la espera TT).
Bueno, os dejo con el capítulo 14 y espero, de corasóng, que os guste :)
Capítulo 14. Adiós Nueva York
Aquel hotel era, sin duda alguna, el más grande que había visto en toda su vida. Si el edificio de Bewitched ya le parecía asombroso, ese enorme amasijo de hierro y vidrio bien le podía hacer sombra. Regina se adentró en la recepción del hotel con porte elegante, habiéndose asegurado, bajo amenaza, que el mozo le llevara "correctamente" las maletas a la habitación. El joven ni siquiera le puso mala cara ante el talante malhumorado de la modelo, pero cómo culparle... tenía frente a sí a una de las mujeres más bellas del mundo. Y eso no lo decía Emma, no, aquello lo indicaba la revista New Beauty en su ranking de "Las tops más deseadas".
La rubia se apresuró por seguir el paso a la modelo y ponerse a su altura. El interior de la recepción era sobrecogedor, minimalista pero elegante. Finalmente, alcanzaron la recepción y Regina se quitó con gracia las gafas de sol que había estado llevando hasta el momento.
– Buenos días –pronunció en su tono más formal– teníamos una habitación reservada –la joven recepcionista parpadeó unos segundos al verla, atónita.
– Señorita Mills –sonrió bobamente de medio lado y Emma enarcó una ceja, estaba acostumbrada a que todo el mundo babeara por la modelo pero aquello ya era demasiado– déjeme que lo compruebe –la chica tecleó un par de cosas en el ordenador, sin poder fijar su mirada completamente en la pantalla puesto que la iba desviando cada dos por tres hacia Regina– Aquí está: planta 21, suite 844, la mejor del hotel sin duda –rió con timidez y se dio media vuelta en busca de las llaves. En cuanto las tuvo en su mano, se encaramó de nuevo a Regina y se las alcanzó.
– Muchas gracias –la morena le lanzó una de sus sonrisas seductoras de portada de revista y las mejillas de la recepcionista enrojecieron. Emma empezaba a pensar que en aquel cuadro ella no pintaba nada cuando una pregunta la asaltó.
– Disculpe –carraspeó, dirigiéndose a la recepcionista– ¿Sólo una habitación?
– Sí –parpadeó, confusa– la reserva que teníamos a nombre de la señorita Mills corresponde sólo a una suite.
– Pues debe haber algún error... –musitó con la sonrisa nerviosa.
– Perdone, ¿y usted es...?
– Mi manager –Emma no tuvo tiempo a responder que ya se le había adelantado la morena.
– ¡Oh! Lo lamento, quizás ha sido un error, puedo intentar ponerme en contacto con el cliente para alquilar otra habitación y...
– No se moleste –Regina la cortó en seco para asombro de ambas– así ya está bien, mi manager siempre dice que tengo que comportarme y de este modo podrá vigilarme bien de cerca –le guiñó el ojo pícaramente e indicando que aquello había sido una broma maliciosa, tras la cual la joven recepcionista rió. La única que no parecía cómplice de aquello era Emma, que aún seguía en shock.
– Espero que disfruten su estancia, cualquier cosa que necesiten –junto a las llaves le dejó una tarjeta en el mostrador– este es el número de recepción, no duden en llamar.
– Muchísimas gracias –la morena cogió las llaves y la tarjeta y se dio media vuelta como si nada, camino de uno de los múltiples ascensores de la recepción. Emma se despidió de aquella joven con una sonrisa forzada y siguió a la modelo. ¿Por qué le pasaban a ella esas cosas? Rezó internamente para que la cama fuera lo suficientemente grande como para que ambas no tuvieran que dormir pegadas.
El ascensor abrió sus puertas y ellas entraron dentro. En su interior, el botones les preguntó a qué planta querían ir y Regina le respondió en el acto con una sonrisa brillante pintada en la cara. Aquella mujer parecía no preocuparse por nada.
– ¿Por qué no has querido cambiar la habitación? –masculló la rubia entre dientes.
– Porque nos han dado la mejor del hotel y no quiero desperdiciarla –argumentó con indiferencia.
– Podrías habértela quedado tú y que me buscaran una a mí, ¿no se te ha ocurrido eso?
– Cierto, pero eso nos habría costado un buen rato en recepción y yo quiero llegar ya a mi suite... bueno –ladeó la sonrisa– a nuestra suite –Emma puso los ojos en blanco.
Aquella modelo caprichosa iba a acabar con ella. Salieron del ascensor y Regina empezó a caminar por el pasillo cual estrella de Hollywood. Se mordió el labio y resopló con fastidio cuando notó cómo su móvil empezaba a vibrar dentro del bolsillo de su chaqueta. Lo sacó y se quedó atónita contemplando la pantalla "Llamada entrante: Kayla". Notó como su rostro palidecía y la mirada se le nublaba. No sabía exactamente cuándo pero leer el nombre de Kayla hacía que un sudor frío le recorriera el cuerpo. Esa mujer había pasado a causarle absoluto pánico. Guardó el smartphone de nuevo en su bolsillo y esperó hasta que dejara de vibrar.
– ¿Quién era? –para su desgracia, Regina se había percatado de la llamada.
– Kayla.
– ¿Y no se lo coges? –levantó una ceja, sacando la tarjeta de la habitación de su bolso y abriendo con ella la puerta.
– No me apetece ahora mismo, estoy cansada –mintió, fingiendo una gran sonrisa.
– Ya veo...
La suite era mucho mas de lo que se hubiera imaginado jamás. Una habitación que era como todo su piso. No, estaba segura que incluso la cama de matrimonio que coronaba el centro de la estancia era igual de grande que todo su piso. Decorada en un estilo minimalista, a aquel cuarto no le faltaba absolutamente nada: incluso tenía un televisor tan grande frente a la cama que ocupaba prácticamente media pared. Tuvo que cerrar la boca ante el asombro y Regina emitió una dulce risa.
– ¿Sorprendida? Espero que ahora entiendas por qué no pedí dos habitaciones.
– Empiezo a hacerme una idea... –la morena cerró la puerta una vez que estuvieron dentro. A los pies de aquella inmensa cama se encontraba todo su equipaje "qué servicio tan eficaz".
– ¿A qué hora es el rodaje? –Regina se quitó los tacones, cuidando no perder el equilibrio, y los lanzó por el suelo despreocupadamente.
– Esta tarde, a las 17h –Emma continuó contemplando cada rincón de la estancia como una cría en un parque de atracciones.
– Genial, entonces tenemos algo de margen... –la modelo se desabrochó sus tejanos de marca y los dejó caer en el suelo. Llevaba puesto un tanga color salmón que quitaba el aliento.
– ¿Margen para qué? –parpadeó al contemplar la escena.
– ¿Tú qué crees? Para dormir un rato –se pasó la mano derecha por el hombro izquierdo y se lo frotó con vigor– el viaje me ha dejado hecha polvo y necesito un descanso.
– Pensaba que iríamos a hacer turismo o algo por el estilo... –musitó, confundida.
– ¿Turismo? –Regina se sentó en el borde de la cama y la miró con curiosidad– ¿para qué quieres ir a ver la ciudad si soy lo mejor que hay en ella? –ladeó la sonrisa con picardía.
– Porque a ti ya te tengo muy vista –bromeó.
– Qué palabras tan hirientes, Swan –se llevó la mano al pecho en gesto melodramático y se dejó caer en la cama– ¡Oh, sí! –rió– esto sí es un colchón, deberías probarlo.
– Creo que me quedo con mi opción de hacer turismo –vagó por la habitación hasta encontrar un par de guías sobre la cómoda– nos han dejado esto, ¿ves? una clara indirecta.
– Pues que lo disfrutes, Indiana Jones –bostezó y se acurrucó en la almohada– porque yo voy a quedarme aquí.
[...]
Hacer turismo sola no era tan divertido como recordaba. De hecho no era nada divertido. Había pasado las últimas horas deambulando por la ciudad, cogiendo buses turísticos y entrando en todas y cada una de las tiendas de Beverly Hills. De hecho, incluso le había parecido ver a algún que otro famoso caminando por las calles en actitud discreta. Sin embargo, empezaba a pensar que la idea de haberse quedado durmiendo con Regina hubiera sido más fructífera. Algo que no iba a confesar jamás, y menos cuando contemplaba cómo la morena se desenvolvía como pez en el agua en el set de rodaje.
Todo el equipo les dio la bienvenida y tuvieron un rato para poder concretar un par de directrices con el director –y para que Emma le pidiera un autógrafo pese al descontento y bochorno de Regina–. Después, vestuario y maquillaje hicieron su papel y consiguieron transformar a la preciosa modelo en una imponente Bett Taylor, el personaje que debía interpretar. Todo estaba listo en escena. Ella se sentó en una de las pequeñas sillas de madera que había al lado del set y observó, maravillada. Siempre le había parecido que Regina tenía un don con las cámaras, pero jamás pensó que ese don pudiera traspasar también la gran pantalla. A pesar que su actuación fue breve, la interpretación era brillante, perfecta y conmovedora. El problema residía en que debía repetir la misma escena una y otra vez hasta que consiguieran todas las tomas necesarias.
Con todo, la morena se comportó como la profesional a la que la tenía acostumbrada cuando una cámara la enfocaba. Al terminar, el director se acercó a ella para felicitarla y recordarle que al día siguiente grabarían las últimas tomas. Emma, por su parte, no cabía en sí del asombro que había sentido. Tan absorta había estado en sus pensamientos que ni se había percatado de las múltiples llamadas que habían llegado a su buzón de voz. 15 en concreto. Todas de la misma persona. Respiró hondo. Sabía que tenía que responder en algún que otro momento, pero no quería. Se sentía como huyendo de la realidad a la que se había visto ligada. Entró en el taxi y se sentó junto a la morena, que resplandecía de felicidad.
– ¿Seguro que he actuado bien? –preguntó, algo nerviosa.
– Por enésima vez, sí –Emma le sonrió con amabilidad y Regina se dejó caer en el asiento.
– Es mi primera vez así que no me siento nada segura y odio no sentirme segura en algo.
– Tú y tu obsesión por el control –bromeó.
– No es obsesión, simplemente es que todo resulta más sencillo cuando yo tomo las riendas.
– Cuando entienda la diferencia te daré la razón –la morena torció el labio y Emma rió.
– ¿Y qué me dices de ti? He visto que has estado ignorando el teléfono todo el día –los castaños ojos de Rina la miraban fijamente– ¿me vas a contar qué está pasando?
– No es nada –sonrió con la mayor convicción que pudo, reforzando aquella mentira.
– Sé cuando me mienten, Emma –su mirada se tornó aún más penetrante.
– ¿Podemos hablar de esto en otro momento? –con un movimiento de cabeza señaló al taxista que conducía el vehículo y Regina suspiró con fastidio.
– De acuerdo, pero quiero que sepas que no lo dejaré pasar.
El taxi las dejó a ambas frente la entrada del hotel. En cuanto pisaron la recepción, Emma salió disparada hacia el restaurante del complejo. La rubia se había enterado en el trayecto de vuelta que su estancia incorporaba pensión completa por lo que podía comer y bebe todo cuanto quisiera. Y no iba a desperdiciarlo.
La cena hizo que se le saltaran las lágrimas de la alegría. Jamás había probado bocados tan exquisitos, a pesar del micro tamaño de los platos. Regina la estuvo observando a lo largo de la comida y eso la ponía nerviosa. No dejaba de pensar que quizás tenía algo entre los dientes y estaba quedando como una completa boba. Con todo, la velada transcurrió sin ningún tipo de problema e incluso consiguió evitar todas las referencias de la morena de retomar la conversación que habían dejado en el taxi. El problema, no obstante, aparecería cuando volvieran a la habitación.
A duras penas había un alma por los pasillos a aquellas horas. Tan sólo un par de parejas adineradas retozando en alguna esquina, sin pudor alguno y claramente ebrios. Puso los ojos en blanco ante la escena y por una milésima de segundo agradeció adentrarse en la suite y cerrar la puerta. Un sentimiento que desapareció en cuanto volvió a caer en lo irremediable: iba a dormir a solas en la misma cama con Regina. Tragó saliva al contemplar la enorme cama king size y la morena balbuceó algo que no llegó a escuchar del todo.
– ¿Qué? –preguntó, saliendo de su estado de ensoñación.
– Que voy a la ducha –Rina la miró dubitativa durante unos instantes– estás como ida, ¿quieres que nos duchemos juntas y así te espabilas? –esgrimió una sonrisa burlona que hizo que las mejillas de Emma ardieran.
– Iré después –se dio la vuelta y se agacho hasta alcanzar su maleta.
– Aburrida –le respondió en un puchero y Emma no se giró hasta que no oyó la puerta del baño cerrarse. ¿Cómo iba a sobrevivir a aquella noche? Abrió su equipaje y rebuscó en él algún pijama que fuera medianamente decente. Para su desgracia, no había traído nada que cumpliera tales características. Algo que no era de extrañar, pues su idea al salir de Nueva York había sido tener una habitación propia, no compartida. Se mordió el labio con frustración y cogió unos culotte y una camiseta oversize.
Con ambas prendas en la mano, esperó. Esperó imaginándose a una desnuda Regina a escasos metros de ella, con brillantes gotas de agua resbalándole por la piel, precipitándose hacia abajo, recorriendo cada centímetro de su cuerpo... Parpadeó. Estaba empezando a subirle la temperatura y aquello no era bueno. Nada bueno. Los minutos pasaron del modo en que a ella se le había hecho eterno cuando la puerta del baño volvió a abrirse. De ella salió una Regina cubierta tan sólo por una toalla que le tapaba lo justo y suficiente. Su cabello oscuro estaba húmedo aún, al igual que su cuerpo. La morena la miró de reojo y se pasó la mano por el flequillo, echándoselo hacia atrás.
– Ya está libre, por si no te habías dado cuenta –caminó unos pasos más y rebuscó sobre la mesita de la habitación, cogiendo el paquete de Marlboro's que habían comprado camino al hotel.
– Voy, gracias –tartamudeó, intentando no mirar a aquella diosa que se paseaba desnuda delante de ella.
– Date prisa –se llevó un cigarro a los labios y cogió el mechero, encendiéndolo y dándole una firme calada. Sujetó el cigarrillo con dos dedos y lo apartó, exhalando una espesa columna de humo– no quiero que me despiertes cuando salgas.
Emma salió disparada hacia la ducha y se encerró en el baño, dejando escapar un sonoro suspiro. Agradeció cada chorro de agua fría, aunque para ser honesta consigo misma no sentía que aquello le bajara la lívido lo más mínimo. En lo único que podía pensar estando en esa ducha era en que Regina había estado en la misma posición hacía pocos minutos. Salió, secándose la cabeza y el cuerpo con una toalla y se puso la ropa que había traído. En cuanto abrió la puerta del baño inspiró con fuerza, deseando que Rina ya estuviera vestida y bajo las sábanas. Y así fue, aunque a medias.
La modelo llevaba un tanga negro de encaje y la parte de arriba de su "pijama" era un picardías transparente del mismo color. Emma se quedó inmóvil, con la mano aún pegada a la puerta del baño. Sin duda, iba a morir.
– ¿Has visto a un fantasma? –la morena le sonrió con picardía y la rubia soltó el picaporte. Aquellos ojos castaños la miraron de arriba abajo, analizándola– ¿Batman? ¿En serio? –sin duda Regina se había fijado en el inmenso logo del murciélago de DC que había estampado en su camiseta.
– Me gusta –comentó, sin darle importancia– ¿Y tú qué? ¿Es que has quedado con alguien esta noche y me lo estás ocultando? –se acercó al borde de la cama, aún con la toalla sobre su espalda y la usó para secarse el pelo.
– Suelo dormir así o desnuda, así que pensé que como tengo una quejica de compañera de cama me taparía un poco –Rina cogió uno de los cojines y se tumbó, abrazándolo.
– ¿A eso lo llamas tú "taparse"? –levantó una ceja y la modelo frunció el ceño.
– Si lo prefieres puedes quitármelo –le sonrió de lado y Emma desvió la mirada.
– Está bien así –la rubia se tumbó en el lado opuesto de la cama.
– Bueno, ahora vas a contarme qué demonios es lo que te pasa y por qué llevas evitándolo toda la noche. Primero veo un morado enorme en tu cuello, después no le coges el teléfono a la mujer que supuestamente es tu pareja y actúas completamente cerrada y distante cuando te nombro el tema –se acercó a ella y la sujetó de la barbilla, obligándola a mirarla a los ojos– ¿Qué está pasando, Emma?
– No es fácil, Regina… no lo es –murmuró en un suspiro, notando cómo los ojos empezaban a humedecérsele.
– ¿Kayla es quien te ha puesto la mano encima? –la rubia asintió en silencio, cerrando los ojos e intentando contener las lágrimas. Rina, por su parte, se acercó más a ella y la envolvió en un cálido abrazo– sea lo que sea lo que te tiene atada a ella, córtalo. No puedes seguir con alguien así –le acarició con suavidad el pelo y besó su cabeza– y si vuelve a ponerte un dedo encima no respondo de mí, Emma –notó un resquemor en su voz que jamás antes había oído y no sabía por qué, pero sus brazos y sus palabras a hacían sentir a salvo.
– ¿Por qué eres tan amable conmigo? –acertó a preguntar, con la voz entrecortada.
– Porque pese a ser un desastre como manager, me importas –la morena acarició su mejilla con el pulgar y le sonrió– y porque yo he pasado por ese infierno y no se lo deseo a nadie –ante la mueca de incomprensión de la rubia, Rina se limitó a suspirar– pocas personas conocen mi pasado… pero siento que contigo puedo ser del todo sincera, ¿podrás escucharme?
¿Tenéis ganas de conocer el pasado de Regina? ¿Qué os ha parecido el capítulo? Dejadme leer qué pensáis al respecto ;)
