Disclaimer: Los personajes pertenecen a SM, la historia es de LyricalKris, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, Beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite . fanfiction)
Edward
Por primera vez en su vida, Edward le mintió a su esposa acerca de a dónde iba. Se preguntó si era una ironía que la única excusa que se le ocurrió era que tenía una crisis en el trabajo.
En vez de ir al trabajo, Edward llamó a su hermano mayor.
—¿Oye, podemos reunirnos en el restaurante que está a la esquina de tu casa?
Emmett estuvo de acuerdo. Estaba algo dudoso cuando Edward le pidió que no trajera a Rosalie, pero era un buen hermano mayor. Siempre estaba ahí cuando Edward lo necesitaba.
—Vaya. Hermano, ¿qué pasa? —preguntó Emmett, deslizándose en la cabina frente a él—. Pareces muy jodido.
Edward se pasó una mano, o ambas manos por el pelo y lo agarró, tirando con fuerza.
—Yo, uh… —Tomó una respiración profunda y la soltó de nuevo—. Creo que mi matrimonio se acabó.
Los ojos de Emmett casi se salieron de sus cuencas.
—¿Qué diablos pasó? ¿Tanya te echó, amigo?
—No. No. —Cerró los ojos y rio sin un rastro de humor—. Ella no lo sabe.
—Uh. Está bien. ¿Entonces tuvieron una pelea?
Edward sacudió la cabeza lentamente y se pasó una mano por los ojos.
—No. De hecho, anoche debería haber sido una muy buena noche. Tanya estaba de muy buen humor, y se encontraba presente, ¿sabes? Estaba ahí, conmigo. Y yo… —Su garganta estaba tan apretada que no podía hablar.
Cuando ella comenzó a besarlo, se dio la vuelta. Inventó una excusa, que la cena le había caído mal, y solo quería dormir.
Edward miró a su hermano.
—Estoy enamorado de alguien más.
Los ojos de Emmett se abrieron tanto, que debió haber lucido cómico. Su boca se abrió.
—Amigo. ¿Estás teniendo una aventura?
—No. —Puso ambos codos en la mesa, inclinándose—. No es eso. Es solo que… —resopló—. Ella era mi amiga y luego ella era… todo. De un momento a otro. No fue algo romántico. Juro que no la veía de esa manera.
La expresión de sorpresa de Emmett cambió a algo más serio.
—¿Es Bella, cierto?
—¿Es tan obvio? —preguntó Edward con una mueca.
—Bueno, sí. Te pasas con esa chica casi todas las noches.
—Con mi esposa en la habitación de al lado.
Emmett levantó las manos en un movimiento de conciliación.
—Oye, tú eres el que dijo que no veía a Bella de esa manera. Así que, obviamente, no importó el que Tanya estuviera en la habitación de al lado. Lo que importa es que estás pasando tiempo con una mujer fantástica, ¿cierto? ¿Por lo que has dicho?
Edward se desplomó y suspiró.
—Bella es increíble —murmuró, casi para sí mismo.
Ambos hermanos se echaron hacia atrás en su asiento cuando llegó la camarera. Ordenaron, Edward no estaba ni remotamente hambriento, pero necesitaban una excusa para estar ahí.
Cuando la camarera se alejó, Emmett se inclinó de nuevo.
—¿Así que quieres terminar tu matrimonio porque quieres empezar algo con esta chica, Bella?
—Dios. Eso suena jodidamente horrible. —Edward se frotó con fuerza la nuca—. No sé, Emmett. Han pasado cinco días desde que me di cuenta de lo que siento por Bella. Y creo que… —Tragó duro—. Necesito que me repitas lo que pienso que tú y mamá y todo el mundo ha tratado de decirme desde hace años.
~0~
Después de hablar con Emmett, Edward se tomó el resto del fin de semana para asegurarse que realmente entendía lo que estaba a punto de hacer.
Había estado casado desde que tenía dieciocho años de edad, toda su vida adulta. No odiaba a su esposa ni por imaginación. No era miserable. No discutían a cada minuto. Ella no lo había engañado. No era cruel con él, y sobre todo, odiaba, odiaba, la idea de que iba a lastimarla. Iba en contra de todo lo que él era lastimar a cualquier mujer, ¿pero su esposa… a una mujer que había jurado amar y proteger por el resto de su vida?
Ese lunes por la mañana, llevó a Tanya al trabajo como de costumbre. No sabía muy bien por qué decidió hacerlo en ese momento. Era temprano. Tanya quería estar esa mañana a las seis y media, antes que la mayoría de sus empleados estuvieran ahí. Edward supuso que no quería contaminar su hogar con lo que estaba a punto de hacer. Quería que su hogar tuviera solo buenos recuerdos; ninguna discusión por terminar el matrimonio.
—Gracias por traerme tan temprano —dijo Tanya con un bostezo cuando se detuvieron en la entrada al estacionamiento—. ¿Qué demonios vas a hacer durante la próxima hora?
Edward agarró el volante, tratando de aplacar la sensación de que estaba a punto de enfermarse en serio. Ella no tenía idea, y deseó como el demonio que esto no estuviera sucediendo. Por millonésima vez, pensó en cada razón. Cerró los ojos y soltó el volante.
—Voy a subir contigo por un minuto.
—Oh. —Algo en los ojos de Tanya se atenuó—. Cariño, sabes cómo estoy los lunes por la mañana. No voy a tener tiempo para prestarte atención.
Eso ayudó. Un poco. Muy poco. Edward se bajó del auto.
—Necesitamos hablar.
Una sombra apareció en el rostro de Tanya. Lo estudió durante un largo momento. Le tomó toda su fuerza para seguir mirándola a los ojos. Ella rio, el sonido nervioso.
—Oh oh. ¿Debería estar preocupada?
Su corazón dolió.
—Vamos a tu oficina, ¿sí?
Fue un terrible, incómodo y silencioso paseo en el elevador. Edward había empezado a sudar frío del miedo. Más allá del punto de no retorno, pensó secamente mientras ascendían. Cada vez más cerca del final de la vida tal como la conocía.
Aún en silencio, se dirigieron a la oficina de Tanya. Ella se sentó en su escritorio, y él se sentó frente a ella.
—Bien —dijo—. Me estás asustando aquí. ¿Qué demonios está pasando, Edward?
Él aspiró por la nariz y miró hacia arriba.
—Quiero el divorcio, T —dijo, su tono solo unos decibeles por encima de un susurro.
Se obligó a mirar mientras sus palabras se asentaban. Vio incomprensión cruzar por su rostro primero, desvaneciéndose rápidamente en consternación y luego en horror.
—Yo... ¿Qué?
—Planeamos toda nuestra vida cuando teníamos diecisiete años. —Se sorprendió de lo tranquilo que sonaba—. Creo que simplemente es hora de que uno de nosotros lo admita… —Apretó los labios—. No fue un error. No voy a llamarlo un error, porque no lo fue. Mi amor por ti fue sincero, y nuestras intenciones eran buenas. Pero éramos unos niños tontos. No teníamos idea de quién diablos seríamos.
—¿Y quién diablos eres tú? —Cruzó sus brazos a la defensiva, mirándolo directamente—. Jesucristo, Edward. ¿De dónde diablos viene esto?
—Mírame a los ojos y dime que somos una buena pareja.
Lo vio a los ojos.
—Somos una buena pareja. —Sus ojos brillaban con lágrimas, el dolor en ellos arrollándole el corazón—. Edward, ¿por qué estás haciendo esto?
—Queremos diferentes cosas, diferentes vidas. Piénsalo, Tanya. ¿Puedes realmente decirme que no soy una carga para ti? ¿No quieres ser libre de cualquier obligación hacia mí? Nadie molestándote para que vuelvas a casa a tiempo. Nadie queriendo que vayas a cenas familiares y cumpleaños. No más de mi madre y Rosalie dándote esa mirada que odias.
Tanya golpeó su palma sobre la mesa y se puso de pie, alejándose de él.
—No hagas esto sobre mí. No soy la que es infeliz. Tú... tú... no puedes jugarlo así. No puedes esperar que yo sepa que eres así de infeliz, y luego no darme la oportunidad de arreglarlo.
—Esto no debería de ser una sorpresa —dijo, ligeramente incrédulo—. Esta es la pelea que hemos tenido durante casi todo nuestro matrimonio. Tanya, sé que me amas. Y yo te amo. Pero amas más este trabajo. No soy tu prioridad. No estoy seguro que alguna vez lo haya sido.
—¿Así que esto es mi culpa? ¿Es eso lo que estás diciendo?
—No. Quise decir lo que dije antes. Ambos dijimos en serio cada palabra de nuestros votos, pero no somos las mismas personas que éramos cuando teníamos dieciocho años. Cariño, no encajamos. ¿No te das cuenta? Estoy feliz con lo que he logrado en el trabajo. Siempre trabajaré duro, pero esas no son más mis metas. Quiero una familia.
—Yo quiero una familia —agregó rápidamente.
Él resopló y miró hacia abajo. Ella no tenía idea de lo difícil que había sido, obligándose a resignarse al hecho de que nunca tendría lo que había imaginado casi la mitad de su vida. Había querido en serio ver su redondeado vientre con su hijo, ver a una hermosa niña que se pareciera a ella.
—Quieres una familia en ese vago sentido de "podría ser bueno". Sabes que no estás lista para tener un bebé en este momento. Dime que puedes ver un punto en un futuro previsible donde te gustaría tomarte suficiente tiempo para tener un bebé. Sí, quieres hacerlo. Quieres hacer muchas cosas, pero tu trabajo es tu prioridad.
»Y no hay nada malo con eso. En serio no lo hay. Eso es lo que estoy tratando de decir. Tú y yo merecemos relaciones que correspondan con quienes somos ahora, no con quienes fuimos cuando éramos niños que no sabíamos nada sobre la vida.
La forma en que lo miró entonces, como si viera cada pensamiento secreto, le heló la sangre.
—Oh Dios mío —dijo en un suspiro—, hay alguien más.
—No —negó, demasiado rápido.
Sus ojos se ensancharon.
—La hay. Mierda. —Ella inclinó la cabeza hacia un lado, con los ojos como dardos de ida y vuelta a los suyos. Jadeó—. Tu camiseta. Has estado usando camiseta en la cama. Me di cuenta, pero pensé que tal vez, ya sabes, acababas de resfriarte o algo. —Puso ambas manos en su cabeza—. Mierda. Maldito bastardo. Estás tratando de poner esto contra mí cuando tú… tú… tienes el tatuaje de alguien más, ¿verdad?
Se puso de pie, dando vuelta a su lado del escritorio. Ella se alejó de él.
—Tanya. Eso no es de lo que esto se trata. Eso…
—No lo negaste. Jodidamente no lo negaste.
—Yo…
—¿De quién es? —Su cara se retorció en furia ahora— ¿Quién…? —Tan rápido como apareció, la furia se drenó de sus rasgos—. Oh Dios mío. Solo hay una persona que podría ser, ¿no?
El corazón de Edward había comenzado a latir fuera de control. Su estómago se retorció de miedo. Esto no iba a terminar bien.
—Se trata de nosotros. Se trata de ti y de mí. Nadie más.
—Putas mentiras.
—Juro que esto es solo sobre nosotros. Sobre nuestra relación.
Ella lo miró fijamente, con los ojos llenos de lágrimas y dolor.
—Bueno. —Tragó varias veces, obviamente luchando por mantener la calma—. Bien, entonces hablemos sobre cómo podemos arreglar esto. No tiras a la basura un matrimonio de diecisiete años en un capricho. Vamos a encontrar la manera de trabajar en esto.
Edward sabía exactamente cómo iba a sonar, especialmente teniendo en cuenta su acusación. Pero de cara a ésta, había hecho una promesa de ser completamente honesto con ella y consigo mismo.
—Yo... Yo no quiero trabajar en esto nunca más.
Vio temblar el labio inferior de ella.
—Porque la quieres —afirmó, no preguntó.
—No. No hay ninguna "ella". Es decir… —Miró a un lado—. Nada está pasando. Nada. Yo… —Se obligó a verla a los ojos—. No voy a mentirte y decirte que no hay un tatuaje, ¿de acuerdo? Lo hay, pero esto realmente no se trata de eso. Pudo haber sido un catalizador, algo que me obligó a ver las cosas como son, pero realmente es sobre nosotros.
Ella resopló, apoyada contra la pared, con los brazos envueltos alrededor de sí misma.
—No puedo creerlo. Me estás dejando por una mujer joven. Cristo, ¿esta es mi vida?
El corazón de Edward le dolía y, muy a su pesar, la molestia lo atacó.
—Ya basta. Me conoces, Tanya.
—Obviamente no tan bien como creía.
—¿No lo entiendes? Nada está pasando entre yo y…
—Bella. —Tanya escupió el nombre—. ¿Es ella, verdad? Tiene que serlo. Maldita estúpida. Le di todo, y me lo agradece seduciendo a mi marido.
—Déjala fuera de esto —dijo Edward, ya enojado—. No se trata de ella. Ni siquiera hemos hablado de esto. No le he dicho ni una maldita palabra acerca de nada de esto. No hubo seducción, por ninguno de los dos. Esto no es acerca de mí queriéndola a ella, y desde luego no tengo ni puta idea de si ella me quiere.
Supo en el instante en que salieron de su boca que había dicho algo incorrecto.
Cuatro días después que la marca de Bella había aparecido en su pecho, Edward había tratado de considerar solo su matrimonio. Al ser incapaz de negar que estaba enamorado de otra mujer —una marca que no podía esconder de su esposa durante mucho tiempo, incluso si quisiera—, le había obligado a tomar una difícil decisión. ¿Iba a luchar por su matrimonio o no?
Después que supo que Bella sentía lo mismo —Cristo, ¿cuánto tiempo había sido para ella?—, fue especialmente difícil no imaginar las posibilidades. No habían tenido tiempo de hablar, y estar enamorada no era una promesa de que ella quisiera estar con él. Estaría mintiendo si dijera que la posibilidad no lo alentaba con esperanza.
Pero la cuestión de su matrimonio tuvo prioridad. Por eso corrió a su hermano, para comprobar que era un asunto aparte. Realmente quería dejar de luchar por su matrimonio. Realmente tenía que aceptar, ya sea si Bella lo quería o no, que Tanya nunca iba a ser la pareja adecuada para él. Vivían diferentes vidas, y eso era todo.
—Eres patético —le espetó Tanya. El disgusto en su voz lo hizo estremecerse—. Quieres el divorcio así puedes ser libre para perseguir a una niña de veinticuatro años sin una conciencia culpable.
—Eso no es…
Pero Tanya ya se alejaba, en dirección a la puerta. Edward se lanzó tras ella, enfermo por la certeza. Ella iba por Bella.
Efectivamente, Bella estaba poniendo sus cosas en su escritorio. Parecía cautelosa, pero cuando levantó la mirada y vio a Tanya y Edward descendiendo sobre ella, pareció asustada. Dio unos pasos hacia atrás cuando Tanya se puso frente a ella.
—Tanya —dijo él—No…
Ella habló, ignorándolo.
—Por fin nos dieron el visto bueno y el acceso a la situación en Israel. Te quiero en la historia.
Edward hizo un sonido intermedio entre jadeo y grito, incapaz de procesar lo que Tanya había dicho. Había estado esperando que despidiera a Bella. Estaba la remota posibilidad de que la abofeteara, pero…
—¿Qué? —preguntó Bella, sus grandes ojos saltando de Edward a Tanya.
—Te estoy ascendiendo, pedazo de imbécil. Felicitaciones, maldita sea. Eres una reportera, y te quiero en el campo. Súbete a un avión a Israel. Te doy los pormenores en la noche. No te preocupes por los detalles. Te enviaré la información que estoy buscando por correo electrónico. Solo lárgate de mi vista.
—Tanya, no hagas esto —pidió Edward—. No le hagas esto por mí. Juro por todo lo santo que ella no tiene nada que ver con esto.
Tanya se volvió hacia él.
—¿Hacerle qué? Esta es una gran oportunidad para ella, y lo sabe. Pero no importa, ¿y sabes por qué? Esto no tiene nada que ver contigo, idiota melodramático. Esta es una jodida decisión de negocios. Ya sabes. ¿De la compañía que me importa más que mi esposo y más que mi matrimonio? ¿De verdad crees que pondría en riesgo esa preciosa empresa si no supiera que es una buena decisión de negocios?
Sus rasgos se retorcieron.
—Y no preocupes tu bonita cabeza. Tu preciosa novia no estará en peligro. Es jodidamente seguro. Somos nuevos en el juego. No vamos a tener las historias más difíciles, además de eso, reporteros americanos no mueren en Israel.
Se volvió de nuevo a Bella, y la expresión de su rostro era tan feroz con odio, que Bella se encogió.
—Dile —demandó Tanya—, dile que sabes que este es el primer dedo que estamos metiendo en este tipo de historias. Dile que sabes que puede darle renombre a la revista; y eso sin tener en cuenta que, tener este tipo de historia a tu nombre, significa que nunca estarás atascada escribiendo la columna de moda o alguna otra igualmente estúpida. Dile que sabes lo que esto hará por tu carrera, y dile que vas a ir.
Bella parecía afligida y confundida.
—Yo… no entiendo lo que está pasando.
Tanya se burló.
—No te hagas la tonta, cariño. Nunca es un aspecto atractivo. Dile que es lo quieres.
Lentamente, como si temiera que Tanya saltara sobre ella si le quitaba los ojos de encima, Bella miró a Edward. Él pudo ver el conflicto existente en sus rasgos. Hizo lo posible para darle un gesto tranquilizador. La última cosa que quería en aquel momento era perderla de vista, mucho menos que saliera del país, pero también sabía que no tenía derecho de interponerse en su camino. Ambos sabían que Tanya era fiel a su palabra. Sin importar sus razones para hacerlo, acababa de entregarle a Bella un boleto de oro. Un boleto de oro que venía con cierto grado de peligro, pero eso tampoco era asunto de Edward.
Bella tomó una temblorosa respiración.
—Yo… Sí. Quiero esa historia. Pero no sé si estoy calificada para…
—Estarás bien —espetó Tanya. Se giró hacia Edward—. En cuanto a ti. Fuera de mi oficina. Ahora.
—Tanya…
—Juro por Dios que si no te has ido en cinco segundos, llamaré a seguridad para que arrastren tu trasero fuera de aquí. Vete de aquí.
Era, por tantas razones, la última cosa que quería hacer, pero no pudo ver que tuviera otra opción. No dudaba que Tanya quería decir lo que dijo, ¿y cuál sería el punto en convertir esto en una escena más grande de lo que era? Sus ojos encontraron a Bella. La mirada en su rostro era de conflicto, pero asintió ligeramente, como asegurándole que estaría bien. Aun así lo mató alejarse de esas dos mujeres.
—Lo siento —le dijo Edward a Bella. No estaba de humor para disculparse con su esposa de momento, pero esperaba que resguardara a Bella de cualquier consecuencia potencial. Nada de esto era su culpa, y lo último que quería era que ella se sintiera responsable de la destrucción de su matrimonio.
Entonces Edward se fue.
Mil gracias por seguir apoyando la historia, no saben lo mucho que me alegra.
Les cuento que llegamos a los ¡400 rr! Así que, fiel a la costumbre, aquí les dejo un capítulo extra. Disfruten la lectura.
A las chicas que dejaron su rr: Kriss26, kstew patz, Sally, Yani B, BM Cullen, GSwan, Barbara Cullen, js2506, brigitte, IngridMMP, Let luna, anybella, fathy hurtado, freedom2604, YosiCullen89, jesk, Sra. Mclean, fany, Hanna D.L, EmmaBe, soledadcullen, Lunita Black27, Dani, Beastyle, Yoliki, Ericastelo, labluegirl94, loverobert13, bella-maru, andrea torres, patymdn, Tahirizhita grey patz, Meemii Cullen, rosy canul y los anónimos.
Nos leemos en el siguiente capítulo.
Sarai
