A las barricadas
Capítulo 14 - Tenemos que hablar
Estaban ultimando los preparatorios para unirse a las tropas de la República en la defensa de la localidad. Antonio se había encontrado desde buena mañana con un problema bastante comprometido y que no podía esconder. Cada vez que andaba, el resquemor que sentía en el trasero le hacía cojear. Ya había tenido que decirle a dos o tres compañeros que se había caído por las escaleras y que se había torcido el tobillo un poco. Sin embargo, lo que no sabía era que al otro lado del pasillo alguien más se había percatado de que iba cojeando.
- ¿Qué te ha pasado? Llevas andando raro todo el día. -dijo una voz demasiado familiar a su espalda.
Antonio se tensó por completo y pegó un brinco cuando notó que una mano se posaba sobre su hombro derecho. El rostro de su hermano gemelo era todo un poema ya que no comprendía a santo de qué venía aquella reacción tan exagerada.
- M-me he caído. Ayer, al subir las escaleras, puse el pie mal, tropecé y ahora me duele un poco el tobillo.
- Deberías tener más cuidado... -dijo Carlos no muy contento tras dos segundos en silencio- Un día te harás daño de verdad.
Rió nerviosamente mientras escuchaba el pequeño sermón que su hermano le soltaba. ¿Qué había de decir? ¿La verdad? La verdad era algo traumatizante que quizás su hermano no quería escuchar. ¿Qué explicarle? ¿Que la noche anterior Francis se la había metido contra la puerta del baño? No, eso hubiese quedado feo, aunque fuese verdad. ¿Y luego qué? ¿Decirle que eso no había sido suficiente para ambos? ¿Que habían vuelto a encenderse otra vez y al final lo había apoyado contra el baño y de nuevo se lo había tirado casi con violencia? ¿Y que se sentía tan jodidamente necesitado que no sólo no le pedía que parase, le animaba a que siguiese chocando contra su cuerpo de aquella forma? ¿Y que cuando estaban a punto de salir, un roce casual les había hecho mirarse y desearse más y más de manera exponencial? ¿Decirle que entonces lo había cargado, que él había rodeado con sus piernas la cintura del galo y que, al lado del espejo y el lavamanos lo había vuelto a embestir con ganas? No, nada de eso sería apropiado. Si le contaba todo eso a su hermano era muy probable que lo matase del susto. Pero no era una invención, el miedo a hacerlo se había visto sobrepasado por la falta de sexo. Aquello se había tornado una espiral de desenfreno que sus cuerpos no deseaban que terminara. Pero no sólo eso: también era una espiral de sentimientos que habían estado mucho tiempo acallados. Era la sorpresa al descubrir que no sólo les agradaba la otra persona psíquicamente. En lo referente a lo físico, además de sentir atracción hacia la figura del otro, encontraban que sus cuerpos descubrían sin dificultad alguna la manera perfecta de hacerles gozar. Era una combinación que había hecho que Antonio ahora cojeara. Aunque seguramente si volviese atrás en el tiempo no cambiaría nada de lo que había hecho. Dejaría que Francis le poseyera de nuevo tres veces, como dos bestias salvajes que sólo se dejan llevar por su deseo de sentirse completos, unidos.
Así que, en resumidas cuentas, era mejor que le contara que se había caído por las escaleras. Cargó un par de cajas hasta el piso superior y se puso a colocarlas en una estantería. De repente sintió unas manos rodear su cintura, un cálido aliento sobre su oreja y un beso sobre el lóbulo de ésta.
- Te he visto cojeando. ¿Cómo estás? -preguntó Francis con un tono de voz suave aunque algo preocupado- Creo que ayer se nos fue de las manos a ambos.
- Crees bien. Me duele, aunque no es que vaya a morirme de ello. -respondió colocando las manos en sus caderas. Francis le hizo girarse hasta que estuvieron de frente. A continuación, le dio un beso sobre los labios.
- ¿En serio? ¿No me estás mintiendo para que no me preocupe? -dijo Francis con el ceño un poco fruncido. Su mano derecha acariciaba suavemente la mejilla izquierda del hispano.
- Te lo digo de verdad. No pienso morirme por tan poco. Yo quería lo que ocurrió ayer. No vayas a creer que lo hice porque me vi coaccionado por ti, puedo patearte para ponerte en tu sitio.
- Qué mala leche tienes cuando quieres. -dijo tras reír. No dudaba de la capacidad de Antonio de golpearle. Lo haría sin piedad, lo tenía bastante claro.
El español se apartó tras reír brevemente también. Entonces le vio intentando agacharse para coger una caja sin hacerse daño. Francis suspiró inaudiblemente. Ya podría haberle pedido ayuda... Pero Antonio siempre tenía que ser tan orgulloso. Bueno, ¿para qué negarlo? Lo encontraba parte de su encanto. Se apresuró a agacharse y coger la caja por él. Con un simple movimiento la puso en su lugar sobre la estantería. El hispano suspiró resignado.
- Gracias por ponerla en su sitio. Confieso que estaba teniendo algunas dificultades.
- De nada~ -dijo Francis guiñando el ojo.
Acto seguido le dio un beso en los labios. Luego otro. Antonio tenía ganas de no tener que interrumpirse cada dos segundos porque al señor francés le había dado el ansia de apoderarse de sus labios. Ladeó el rostro a la siguiente vez y sonriendo habló.
- No seas tan pesado, que me has dado un montón en un momento.
Pero era Francis, si se hubiese rendido ante una frase tan simple como esa, no hubiese sido normal. El hispano suspiró pesadamente al notar que los labios cálidos de su pareja empezaban a recorrer su cuello, partiendo de su mentón y en dirección a su hombro.
- Francis, quiero decirte algo...
Pero no le escuchaba. Seguía liado con su cuello y aunque el de cabellos castaños no fuese consciente de ello, sus manos se estaban paseando a su antojo por su torso, debajo de su camiseta blanca. Perdió la paciencia cuando sintió que le daba un mordisco. Plantó la palma de la mano sobre su frente y empujó para apartarle. En ese momento le escuchó lloriquear.
- Te estoy hablando. Escúchame un momento, venga.
- ¡Lo estaba haciendo! -se quejó Francis cruzándose de brazos con expresión enfurruñada.
- ¿Ah sí? ¿De veras? Muy bien, señor me-lo-tengo-muy-creído Bonnefoy, ¿qué era lo que te estaba diciendo si puede saberse? -le dijo Antonio con un tono de supremacía. Sabía que no iba a acertar ni a la de tres.
Francis tenía una expresión que parecía decir: Espera, listo, que ahora te voy a dejar con un palmo de narices. Pero, por dentro, ese fue el momento en el que se percató de que Antonio tenía razón: no le estaba escuchando. ¿Había hablado? En los recuerdos que había en su cabeza sólo podía escuchar su respiración y ver esa piel tan apetecible que deseaba marcar. Y aún sabiendo que tenía las de perder, lo intentó. Seguro que no era algo tan difícil.
- Estabas diciendo que soy muy atractivo y que me quieres un montón. -dijo Francis sonriendo encantadoramente, como si quisiera seducirle. Antonio lo observó con cara de póquer.
- Al principio te estaba diciendo que quería hablar contigo de un tema. Luego simplemente he empezado a amenazarte sin levantar el tono de voz y ni te has enterado. Podría haberte matado si me hubiese apetecido.
- Mon Dieu... Eres como una sirena, me atraes con tu canto que es ese cuerpo tan bien formado y atractivo que tienes~
- ¿Qué delirios me estás contando? -le dijo Antonio observándole como si se le hubiese zafado algún tornillo en la cabeza- ¿Cómo voy a ser una sirena? Para empezar no existen.
Francis, que tras terminar su hermosa metáfora se había quedado sonriendo triunfalmente por el éxito de la comparación y lo bien que se le daba el uso de las palabras, se quedó estático con esa expresión, mirando un punto del techo. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que venir y cargarse sus esperanzas y esfuerzos de aquel modo? No era nada justo. Acabó por suspirar pesadamente ante la insistencia del español, que había empezado a llamarle casi a gritos y a pasarle la mano por delante de los ojos repetidamente, como si estuviese saludando a alguien que no hubiese visto en mucho tiempo.
- Déjalo, no he dicho nada. Haz ver que no me has escuchado y ya está. ¿De qué querías hablar?
Antonio pudo entonces olvidarse del incomprensible tema de la sirena -que sí, no lo pillaba y le parecía estúpido-. Sus cejas subieron por la parte exterior y bajaron por el centro, dándole una expresión seria. El rubio ya empezaba a sentirse intrigado.
- Tenemos que contárselo a mi hermano. -sentenció
- ¿Sí? -dijo Francis arqueando una ceja, sorprendido y no muy convencido de lo que le había dicho. Era como si esa idea no se le hubiese pasado por la cabeza y además no le pareciese normal.
- ¿Cómo que "¿sí?"? -preguntó indignado- ¿Es que te parece raro? Hoy me ha preguntado que a qué viene mi cojera y no sé si se lo ha creído. Le he tenido que decir que me he caído por las escaleras.
- No me parece mala excusa. -dijo tranquilamente.
- ¿Simplemente quieres que me siga "cayendo" continuamente por las escaleras? No es tonto. Acabará por sospechar que le escondo algo y no quiero hacerlo ahora que poco a poco puedo ser de nuevo sincero con él.
- Podrías ser así de torpe...
- ¿Y si nos pilla besándonos qué? Se enfadará si se entera de esa forma.
- Le diremos que te atragantabas y que te hacía la respiración boca a boca. -dijo Francis.
- ¡¿Es que eres gilipollas y follar tanto anoche te fundió el cerebro?! -espetó, finalmente enfadado- Le vamos a decir que somos algo así como novios. Déjate de gilipolleces.
- ¡Pues díselo tú solo! ¡¿Por qué tengo que ir yo?! -le gritó con pinta de ofendido.
- Me la metiste tanto anoche que voy cojeando. Eres mi no-novio y vas a venir conmigo a decírselo a mi hermano o te juro que vas a vivir una época de celibato durísima y larguísima.
- ¡Esto no es justo! ¡Me da miedo! -dijo Francis entre gritos y lloriqueos. Terminó por cubrirse el rostro con las manos- Me va a patear... Es sobreprotector y me matará. No quiero morir joven... Aún no se lo he hecho suficientes veces a ese trasero hermoso tuyo. A-aún no te he mimado lo suficiente, ni besado, ni querido... No dejes que me mate...
Se quedó a cuadros. Admitía que cuando dijo lo de su trasero había estado a nada de golpear en la espinilla para que él también cojeara. Pero, tras lo último, la molestia había disminuido. No había pensado que dijese todas esas tonterías porque creyese que su hermano se lo iba a tomar mal y que le iba a hacer algo. Le dio palmaditas en el hombro.
- No voy a dejar que te mate. ¿Es que ese es el concepto que tienes de mí? Con lo que nos ha costado llegar a esto, no voy a dejar que nadie lo rompa por algún motivo caprichoso. Y por supuesto, no permitiría que te pusiese un dedo encima. He llegado a pelearme muy fuerte con mi hermano y no sería la primera vez que llegamos a los puños. Por ti, estoy dispuesto a llegar a ellos.
Francis le miró sorprendido. La verdad es que no le producía un terror tan grande como ver a Antonio realmente enfadado. Lo que le daba miedo es que no fuese a aceptarlo. Sí que le había confiado el cuidado de su hermano, pero como un simple amigo. ¿Y si no le hacía gracia alguna que se acostaran juntos? Si empezaba a intentar separarles, no podría con ello y lo mandaría a la mierda, cosa que quedaría fea ya que ese español le había salvado la vida una vez.
No obstante, ¿cómo podía comportarse de manera cobarde en una situación como esa? ¿Cómo podía serlo cuando Antonio le decía todas esas cosas y él se encontraba a sí mismo pensando: "joder, quiero tanto a este hombre"? Era la primera vez que alguien le decía que por él estaba dispuesto a llegar a los puños. ¡Por alguien como él! Aunque la perspectiva de ver a Carlos y Antonio a puñetazo limpio no era nada agradable, Francis se había sentido muy bien al escucharle decir eso. Sus palabras habían disipado las dudas e inquietudes que habían estado aposentadas en su corazón. Él también iba a luchar por el hispano. Era algo que se había impuesto, no tenía que olvidarlo nunca.
Sujetó su codo con una mano y lo atrajo hacia él. Besó su mejilla con mimo un par de veces, de manera más prolongada la última. Antonio se avergonzó un poco. ¿Significaba aquello que había dicho algo muy exagerado o comprometido? Pero que le besara quería decir que le había gustado, ¿no?
- Perdona. Me ha dado un momento de debilidad pero ya se me ha pasado. -le dijo con cariño, mirándole de cerca- Iré contigo y se lo diremos.
- ¿Lo harás? ¿Vendrás? -preguntó Antonio mientras el galo sujetaba su mentón con el índice y el pulgar, le hacía ladear el rostro un poco y besaba lenta y mimosamente su mejilla.
- Eso he dicho. Eso haré. No puedo dejarte solo. ¿Qué clase de no-novio sería entonces? Nos defenderemos mutuamente.
Volvió a ladear su rostro, esta vez hasta que de nuevo estuvieron de frente y sus labios se posaron contra los de Antonio. Él no pudo quedarse impasible ante esa demostración de cariño y correspondió moviendo los suyos contra los del galo. Se acabó el beso pero no pasó nada de lo que esperaba: no soltó su mentón, no dijo que era hora de ir a buscar a Carlos. Lo único que hacía era mirarle de aquella manera en que creía que lo hechizaba. Sabía qué iba a hacer y aunque la idea era tentadora, realmente pensaba que no era momento y que cuanto antes hablasen con su hermano, mejor. Así que, con unos reflejos dignos de ninja de película japonesa, Antonio puso las manos delante de su rostro justo en el momento que Francis se lanzaba para darle otro beso.
- Pero, ¡Antonio...! -exclamó en tono quejica.
- Eso tendrá que esperar. Ahora a hablar con mi hermano antes de que me arrepienta.
- Antonio es un sosoo ~ No quiero ser como él cuando crezca.
Hizo oídos sordos y empezó a andar. Había visto a su hermano recogiendo provisiones de la cocina y por suerte estaba solo. Cuando llegaron a la sala, allí estaba. Los dos se sentían nerviosos pero no era justo esconder aquella valiosa información. La aceptara o no, era justo que la supiese. Carlos les miró extrañado. ¿Los dos juntos? Por algún motivo empezó a temer que a su hermano le hubiese ocurrido algo de nuevo. Ahora empezaba a contarle las cosas y si de repente las ocultaba de nuevo, se sentiría desmoralizado. Había creído que Antonio de veras estaba mejor, que había poco a poco superado sus traumas y que la prueba era que socializaba más con el resto del grupo. Había hecho amigos y lo que los demás comentaban cuando él no estaba había cambiado y se había tornado positivo.
- ¿Qué ocurre? -preguntó Carlos manteniendo un tono sereno de voz a pesar de que su interior era un cúmulo de nervios.
- Hay algo que queremos contarte. ¿Nos sentamos? -dijo Francis.
Aquello no hizo más que incrementar ese presentimiento de que algo le había ocurrido a su hermano. Antonio, por cosas como esas, siempre le decía que era un agonías y que el día menos pensado le daría un ataque al corazón de los mismos nervios. Pero es que no podía evitarlo. Su hermano gemelo era la única familia que le quedaba. La idea de perderlo era horrible y le producía una sensación de nervios que le enfermaba. Se sentaron en los bancos sobre los que habían estado comiendo los últimos días. Las manos de Carlos se entrelazaron sobre la mesa y se movían nerviosamente de vez en cuando.
- ¿Y bien? ¿Qué es lo que ha ocurrido esta vez? ¿Estás bien, Antonio? ¿De nuevo duermes mal?
Tanto su hermano gemelo como el francés le observaron anonadados y no supo si eso era señal de que estaba equivocado o de que había afinado tanto la puntería que no se lo habían esperado. Decidió no estresarse demasiado y esperar a que se lo confirmasen o no.
- Estoy bien, no me ha pasado nada. Es más, diría que estoy mejor de lo que he estado en mucho tiempo. -confesó Antonio. Francis tuvo que contener las ganas de darle un abrazo y gritar que era monísimo por insinuar que desde que salían (de aquella manera) era más feliz- El tema es otro. Francis y yo hemos decidido tener algo.
- ¿Tener algo? ¿Algo que habéis comprado? -dijo con una ceja arqueada.
A Francis se le quedó cara de póquer durante segundo y medio. Luego, con cara de completo desconcierto e incredulidad miró a su pareja.
- En serio, ¿cómo podéis llegar ambos a ser tan densos? Es que es imposible que lo seáis de manera natural.
- ¿Densos? -le preguntó Antonio. Pero no esperó una respuesta, lo que hizo fue girarse hacia su hermano- Algo así como una relación, Carlos, una que va más allá de la amistad. No queremos decir que seamos novios porque parece absurdo, pero esa sería la definición.
Después de aquella bomba, Carlos se quedó mudo tratando de procesar la información. Pasó la mirada de su hermano a Francis y viceversa. El galo había asentido con la cabeza, con sus ojos azules decididos sobre él. Se empezó a formar un remolino en su mente y la primera palabra que dijo fue una que ninguno esperaba.
- No... Eso no es posible. -dijo Carlos dibujando una sonrisa incrédula. Se levantó del banco y empezó a andar en círculos.
- Es posible. Es real, Carlos. Tu hermano ya hacía unas semanas largas que lo sabía. Yo al tiempo. Queremos estar juntos. Deseamos descubrirnos y querernos de este modo. -dijo Francis tomando la mano de Antonio.
- No. Eso... ¿Entonces qué? ¡¿Lo vas a dejar todo por él?! ¡¿Así de fácil?!
Estaba sorprendido, Francis no hubiese esperado esta reacción por parte de Carlos. Normalmente se trataba del más racional de los dos hermanos y ahora mismo estaba siendo pura emoción. Antonio empezó a incorporarse. Antes de dejar que su mano se soltase, le susurró cerca del oído.
- Nada de puñetazos. Al menos no de momento, ¿me oyes?
Carlos fue testigo de una escena que no había imaginado ver nunca. Su hermano miró a Francis tras que éste le hubiese susurrado algo al oído, su mano derecha, libre, se apoyó en su mentón y parte de la mejilla y entonces sus labios besaron con cariño la otra.
- No te preocupes. -le susurró Antonio.
Soltó su mano y se acabó de incorporar. Se fue acercando a su hermano y éste le miraba con enfado, decepción y desconfianza. Cuando estuvo frente a él, Antonio puso sus manos sobre los brazos de su gemelo, a la altura casi de los hombros.
- Escúchame, Carlos, no te voy a dejar solo. Somos hermanos, y que yo quiera a Francis como un amante no significa que no te vaya a querer a ti como el hermano que eres. Nos une un lazo muy fuerte. Somos gemelos, es fácil saber cuándo algo no va bien para alguno de los dos. Francis lo sabe. Ni siquiera me ha mencionado el tema, él conoce mis motivos, mis convicciones y mis deseos. No vamos a abandonar España y no vamos a abandonar esta guerra tampoco.
- Jamás podría pedirle algo así. -apuntó Francis. No sólo defendía su país, también luchaba por la memoria de su hermana. Decirle que abandonase algo así sería casi como decir que no le quería y que olvidase a su hermana. Era incapaz de hacerlo- Ahora lo tengo muy claro. En un principio llegué pensando que venía para encontrarme con aquella mujer, pero era una realidad muy diferente. Vine aquí para encontrarme a Antonio, para protegerle, para conocerle y para darme cuenta de que no necesito lo material. Es increíble lo que una persona puede llenarte y cómo logra que olvides que te faltan otras cosas. Y como vine por Antonio aún sin saberlo, voy a seguir luchando por él. Voy a pelear por un futuro en el que podamos estar juntos. No voy a apartaros, eso sería muy egoísta por mi parte.
Los ojos verdes de Carlos habían estado clavados en Francis, escuchando todas y cada una de las palabras que había pronunciado. La voz de su hermano, familiar, cercana, captó su atención y volvió a mirarle.
- Sólo queremos que aceptes esto porque, quieras o no, va a ocurrir. Voy a seguir queriendo a Francis y él a mí. Nos gustaría poder contar contigo al igual que queremos que sepas que puedes contar con nosotros. Por favor, hermano...
Antonio se adelantó un poco más y sus brazos rodearon a su gemelo. Ese había sido el único miedo que le había corroído. La idea de quedarse solo le había atormentado hasta que le habían sacado de dudas. Carlos se aferró a su familiar y sollozó brevemente. Temía quedarse solo en aquella guerra que cada vez era más cruenta y desesperanzadora.
- P-podéis contar conmigo... Claro que podéis... Siento mi reacción. -dijo con el tono de voz afectado por los sollozos.
Dejó que los hermanos hablasen durante un rato y se quedó algo apartado mientras recogía las cosas que Carlos había estado empaquetando antes. Les vio charlar largo y tendido y en un momento ambos lloraban en silencio, cogidos de la mano. Eran una imagen entrañable. Dedujo que Antonio estaba hablando de lo ocurrido con su hermana por ese deje de dolor que no se acababa de ir y que tenía cada vez que hablaba de ella. Entonces vio que Carlos le abrazaba bruscamente y que Antonio lloraba sobre su hombro. Se alegraba por ellos un montón. No porque llorasen, estaba claro que aquello le producía pesar en su corazón, más bien porque finalmente se habían podido sincerar y hablar de todo aquello que había permanecido como tema tabú durante demasiado tiempo.
Antonio fue a buscarle cuando ya le quedaba la última caja por cargar. Los ojos verdes de su novio estaban algo rojizos de habérselos frotado tras llorar, pero a pesar de eso estaba bastante tranquilo, sonriente. Su mano se posó sobre la suya y le quitó la caja con suavidad.
- Mi hermano quiere decirte algo. Gracias por estar conmigo y por tus palabras antes. Me han llegado hondo y casi me haces llorar. Eres un idiota.
- Sabes que me quieres por serlo. -dijo Francis tras reír suavemente.
- Lo sé. -sentenció Antonio sonriendo con resignación y cariño al mismo tiempo.
Reprimió las ganas de estrecharle entre sus brazos ya que Carlos le estaba esperando. Miraba por la ventana, dejando que el viento del invierno le moviese los cabellos. Francis se apoyó contra el marco de la ventana, a su lado y también miró hacia el exterior. A pesar del frío que hacía, el día era bueno: no había ninguna nube en el cielo, azul claro, y el sol brillaba con fuerza aunque no calentaba suficiente.
- Me ha dicho Antonio que querías decirme algo.
Se hizo un silencio que se prolongó algunos segundos. Carlos estaba escogiendo las palabras y todas le parecían vacías y falta de significado. Le parecían insuficientes.
- Gracias. No puedo empezar a describirte lo agradecido que me siento. El cambio que mi hermano ha pegado gracias a ti es increíble. Y aunque es verdad que no es un calco exacto de lo que era, le veo bien. Le veo recuperado, con ilusión, con ganas. Feliz. Y le quieres, eso se nota. Tus palabras, la manera en que os miráis... Espero que sigas haciendo feliz a mi hermano.
- Por supuesto que lo haré. -le dijo guiñándole un ojo con complicidad.
Tras una risa y otra muestra de agradecimiento, ambos se separaron. El hispano tenía más cosas que arreglar y Francis no podía reprimir más tiempo las ganas de ir al encuentro de Antonio. Se sentía pletórico. Cuando le encontró, acababa de dejar una caja en la camioneta. Entonces le abrazó, lo levantó un poco del suelo incluso y le dio un beso pasional. Antonio rió sorprendido.
- Guau, ¡menudo saludo! ¿Eso es que mi hermano te ha dicho cosas buenas de mí? -le dijo risueño.
- No nos ha matado y lo ha aceptado. ¡Lo ha aceptado! Estoy muy contento. Temía que intentara separarnos a toda costa o que dijese que éramos unos ilusos por pensar que tenía futuro. Pero al final lo ha aceptado. Y tú... Tú eres tan tremendamente adorable que me haces querer esconderte de todo el mundo.
Antonio se rió de nuevo. Francis le había agarrado por la cintura y frotaba su mejilla contra la propia repetidamente.
- ¿¡Cómo piensas hacer eso!? ¡Es una locura! -replicó el hispano sin poder perder esa sonrisa.
- Encontraré la manera. -dijo con decisión.
- No seas idiota. -le dijo tras estallar en una carcajada.
En ese momento los dos eran más felices de lo que habían sido en bastante tiempo. En su mente habían dejado atrás los pensamientos acerca de la guerra, las balas y las batallas. No dejaban de hacer planes de lo que sería su futuro y todo lo que podían hacer. Pensaban que toda aquella felicidad duraría para siempre.
Pueees... Un capítulo menos o7o Ya quedan 2 y el epílogo owo... Pueees no sé mucho qué contar. Por fin Antonio y Carlos han cerrado el capítulo de su hermana y han podido dejar atrás todo el dolor owo... Que ya era hora también xD Pero claro, a Antonio le faltaba estabilidad mental para poder hacer eso y Francis se la ha proporcionado =u=
No puedo comentar mucho más owo así que paso a reviews
AdrB, uoooh... un verdadero review a medida que lees ovo qué genial xDDD Ay pues este fic ya se acerca al final xDDD... El viejo es listo y sabe que siendo soldados de algún modo seguro que no mojan mucho xDDD Bueno, tampoco es que lo hayan desaprovechado. Aunque la cita fuera arriba, aunque fuera un desasre, para ellos fue perfecta igualmente ouo. "Yo también lo sentí" Eso me ha matado tanto que no te lo puedo decir XDDDD aún me estoy riendo.
Izumi G, bueeeno todo a su tiempo ouo Lo bueno se hace esperar. xDDD También es que me enrollo como una persiana, lo acepto XDDD Pues sí, hacía tiempo que no se te veía el pelo owo Esos dos son amor ;u; no hay vuelta de hoja.
Misao Kurosaki, xDDD pohhno del buenoooh xDDD La cena romántica de Francis en realidad creo que debe ser un genial recuerdo para Antonio, por muy desastrosa que fuera. Piénsalo bien, seguro que sería una historia entrañable para contar a familiares XD Mejor que la parte del lavabo xDDD. Puesss... Mira, la fecha de publicación del fic es el 23-11-2012 xDDD Así que ya ves XDDD hasta Marzo no veréis el final del todo owo Aún no sé qué empezaré a publicar entonces XDDD
Y eso es todo por esta vez.
Nos leemos en el siguiente capítulo, ya acercándonos a la recta final :D
Miruru.
