Cumplimiento del deber

Sus ojos parecían no querer abrirse. La pesadez que sentía en su cuerpo era intolerable, sin embargo juntó todas sus fuerzas para ponerse de pie. Sentía la suavidad de las sábanas a su alrededor y deseaba no tener que salir de la cama. Se levantó y sobó sus sienes. Recordó que no era su cuerpo y que el día sería muy diferente pero sentía tranquilidad si tan sólo cerraba sus ojos, si los cerraba parecía como si siguiera en su propio cuerpo. Por fin se levantó y caminó con lentitud hacia el baño con los ojos entre cerrados. Se quedó parada frente al retrete, sabía que no sería tarea fácil y el tan sólo pensar en bajarse los pantalones y tener que tocarlo para poder hacer sus necesidades le hacía un hueco en el estómago así que cerró los ojos y bajó sus pantalones pero al hacer esto sintió un tirón, un tirón ahí. En ese instante gritó al ver lo que había debajo de sus pantalones. Claro, Kagome no estaba familiarizada con la anatomía masculina. En seguida regresó el pantalón a su lugar y caminaba de lado a lado dentro del baño con ansiedad.

-Muy bien, respira Kagome…- se decía a sí misma –Es algo natural, algo normal… respira-

Miró hacia abajo y el bulto había desparecido.

Al salir del baño y de haberse lavado al menos diez veces. Indagó entre la ropa de InuYasha para arreglarse e ir al trabajo. Entre los cajones encontró varias prendas de mujer, blusas, vestidos, pañoletas… sostuvo entre sus manos un listón rojo y lo observó por algunos segundos cuando de pronto se sobresaltó al escuchar el timbre del celular. Corrió hacia el buró donde lo había dejado y al ver que se trataba de su número de teléfono contestó.

-Kagome, ¿cómo demonios te pones un brasier?-

Kagome sostuvo el teléfono en su oído y se quedó helada ante la pregunta. Antes de poder contestar gritó horrorizada ante la idea de que InuYasha hubiera visto su cuerpo desnudo.

-¡¿Viste mi cuerpo?!- gritó histérica.

-¿Pues qué esperabas? Tuve que meterme a bañar y ponerme este brasier no es sencillo, tuve que ponerme frente a un espejo pero aun así no logro entender… es más fácil quitarlos- Kagome se sonrojó aún más y colgó el teléfono el cual volvió a timbrar segundos después. -¿No me digas que tú no viste nada? Como si no te hubieran dado ganas de ir al baño justo después de despertarte, eh?-

-No es como si hubiera querido ver algo- respondió con coraje en su voz pero muy despacio –además, ya estaba ahí… no es como si lo hubiera hecho a propósito-

-¿Crees que esto es cómodo para mí? Bajo estas circunstancias lo que menos importa es si nos vemos desnudos o no. Si de algo te sirve ni siquiera presté atención a lo que vi frente al espejo-

-Agh, busca en internet- respondió y esta vez en lugar de colgar, quitó la batería al teléfono.

Una vez vestida con un traje bastante elegante, mientras daba los últimos toques el teléfono que se encontraba al lado de la casa timbró. Como reflejo respondió y al escuchar a la otra persona detrás de la bocina reaccionó y se dio cuenta de que no era una buena idea responder los teléfonos de InuYasha.

-¿Diga?- dijo Kagome.

-Vaya, qué propio me saliste. Oye InuYasha, paso por ti en diez minutos- y colgó.

Kagome comenzó a ponerse extremadamente nerviosa. Bajó rápidamente por las escaleras y tomó un poco de agua. Su respiración se agitaba con cada segundo que pasaba. "Como si no hubiera sido suficiente lo que tuve que ver hace rato" pensaba. Terminó de tomar de su vaso de agua y salió de la cassa para esperar afuera del portón. Miraba constantemente su reloj y prácticamente a los diez minutos con dos minutos un carro se estacionó justamente frente a ella. Lentamente se acercó al coche y el vidrio del copiloto bajó. Sobre el asiento del conductor estaba sentado el amigo de InuYasha "el pervertido".

-¿Te vas a quedar ahí parado o qué? Sesshomaru literalmente se va a cag…-

-Ok, ok, ya voy- interrumpió Kagome.

Al instante en que cerró la puerta, Miroku pisó el acelerador. Kagome se aferraba a las agarraderas de las puertas. Miroku notó la actitud tan extraña de quien el creía era su mejor amigo InuYasha. Lo observaba con burla pero no disminuía la velocidad. Kagome cerraba los ojos con fuerza y se sumía sobre su asiento.

Después de lo que parecieron horas para Kagome, llegaron por fin al edificio. Entraron al elevador y Kagome comenzó a sentir como si su estómago se llenara de enormes pilas de hielo. Le costaba trabajo concentrarse y esto era visible en su expresión. Al llegar al elevador y mientras esperaban, Miroku la observaba perplejo y parecía inspeccionar cada centímetro de su rostro.

-Algo tienes, ¿otra vez pensando en Kikyo, verdad? Te ves desvelado… no me digas que te fuiste de aventurero, ¿eh?- preguntó Miroku mientras le picaba las costillas.

-¿Qué? ¡No!- exclamó Kagome abrazándose de su tórax mientras sus mejillas comenzaban a colorearse de rojo. –Sólo me quedé viendo la tele hasta tarde…-

-Claro…- respondió Miroku incrédulo.

Mientras el elevador llegaba Sesshomaru se acercó a esperar. Ni siquiera los miró sólo se enfocaba sobre los números que cambiaban conforme el elevador cambiaba de piso. Miroku volteó a ver a Kagome y le hizo un gesto que no pudo comprender. Miroku insistía y apretaba las mandíbulas. "¿Qué querrá que le diga?" se preguntaba Kagome sintiéndose nerviosa.

-InuYasha, ¿podrías decirme lo que sea que quiera Miroku que me digas? Sus intentos desesperados por llamar tu atención me resultan molestos-

Kagome no reaccionó a la primera, en cambio, se concentró en mirar las puntas de sus zapatos hasta que otro pie se aproximó al suyo y le dio un pisotón. Sostuvo su pie mientras se quejaba agudamente y cayó en cuenta cuando vio los rostros de Miroku y Sesshomaru mirándola.

-Ah… sí, eh, ¿buenos días?- dijo con dificultad ya que el dolor en su pie no se iba.

-Hn- Sesshomaru dejó de mirarla y continuó observando hacia el elevador cuyas puertas se abrieron.

Miroku le dio un tirón a Kagome de la manga del saco y ambos entraron después de Sesshomaru. El camino fue silencioso. Su parada fue antes que la de Sesshomaru por lo que se bajaron antes. Kagome se detuvo a dar un largo suspiro mientras que Miroku se movía libremente por el piso lleno de cubículos y gente en movimiento. Kagome observaba asombrada y se preguntaba si cada piso tenía la misma cantidad de personas trabajando como en ese lugar. Caminó detrás del amigo de InuYasha, siendo observada por las personas trabajando ahí. Cada que su mirada se topaba con la de alguien más, sonreía y se detenía a hacer una pequeña reverencia en forma de saludo. Después de algunos saludos, Miroku regresó, la jaló del brazo y la introdujo en una oficina. Kagome observaba el espacio, había varios libreros con libros, muchas espadas colgadas de las paredes y algunos posters de libros y películas. Sobre el escritorio había carpetas repletas de papeles, un globo terráqueo y una pelotita anti estrés.

-InuYasha, no sé qué te traigas hoy pero no se te olvide que tenemos varias fechas límite que cumplir esta semana. Sé que has tenido una semana difícil pero…-

"Kagome, no te olvides de decir lo que InuYasha te dijo" pensó la joven.

-Sí… respecto a eso… ¿Miroku?- Miroku arqueó las cejas. –He tenido una semana muy difícil… ya lo sabes…- decía Kagome, mientras se sentaba lentamente detrás del escritorio y tomaba la pelota –He estado bajo mucho estrés… y bueno, quería pedirte si podrías cubrirme, aunque sea por esta semana, ¿sí?-

-Bueno pero no tienes que ponerte tan… meloso, InuYasha. Haré todo lo posible por cubrirte pero si Sesshomaru se entera e interviene, no me pidas que haga más; ¡estoy sobre la cuerda floja InuYasha, la cuerda floja!- exclamaba Miroku llevándose las manos a la cabeza.

-Claro, claro…- decía Kagome mirando dentro de los cajones del escritorio.

-Ni siquiera me estás escuchando… pero sé qué llamará tu atención- y en efecto, Kagome no estaba atenta a lo que él decía, ni siquiera escuchó esto último –Bien, InuYasha, qué te parece si le hago una llamada a tu amiga… la que se parece a Kikyo… eso te va a dar suficientes energías, ¿o no?-

-¿Qué? ¡NO!- Kagome se sonrojó y al instante se puso de pie. Caminó rápidamente para ponerse frente a Miroku.

-Está marcando…- decía Miroku entonando la frase con una burlona tonada mientras forcejeaba con quien él pensaba era InuYasha.

Kagome luchaba con todas sus fuerzas pero el joven era bastante ágil y lograba girar en los momentos en los que estuvo a punto de quitarle el teléfono. Escuchó toda la llamada y al momento en el que colgó se sintió derrotada. Se sentó sobre el sofá y no podía dejar de pensar en lo incómodo de la situación. Era su primer día que apenas empezaba y ya estaba en situaciones bastante incómodas. Miroku salió riendo de la oficina dejándola sola.

"Tengo que salir de este cuerpo" pensó Kagome mientras hacía berrinches golpeando sus puños contra el sofá y sus pies contra el suelo. "Tiene que haber una respuesta… tiene que haber algo que provocara esto…"

O

El calor era insoportable y no pudo evitar abrir los ojos. Talló su rostro que se encontraba húmedo por el sudor y se echó el cabello para atrás. Con la mano intentaba echarse aire para calmar el calor pero era imposible. Ni siquiera con tener abiertas las ventanas le llegaba una brisa que le calmara el calor. Se levantó, miró por la ventana y vio varios puestos de comida callejera instalados en las calles que liberaban humo a causa de la comida echa sobre la sartén o la parrilla. Caminó con hastío hacía el baño y se miró al espejo. Los tirantes de la blusa que llevaba puesta estaban flojos y caían por sus delgados hombros. Su cabello se encontraba alborotado y en distintas direcciones.

-Qué desastre…- dijo en voz alta.

Después de tomarse un baño, tener una batalla con un brasier, llamar por teléfono y continuar su batalla salió del edificio y se dirigió a la panadería. Al llegar lo recibió una mujer extraña que le dictaba órdenes y no se veía muy amigable. InuYasha sólo asentía y por fin después de un rato de estar escuchando cosas que no comprendía muy bien, entró a la cocina. Frente al horno se encontraba un joven de cabello castaño que al verla sonrió amigablemente. InuYasha murmuró enviándole miradas castigadoras al joven quien no las notó y continuó haciendo su trabajo gustosamente. Se colocó los delantales que se encontraban colgados en la pared y se paró frente a la mesa. Por varios minutos la observó sin moverse, no se le ocurría ni por dónde empezar.

-Esa cabeza tuya de seguro está pensando en hacer algo grandioso- dijo el joven de cabello castaño.

InuYasha lo miró y giró los ojos. –Tsk, como si me conocieras tan bien- masculló.

-Claro Kagome, llevamos más de tres años trabajando juntos- exclamó el muchacho con alegría, aparentemente ignorando el comentario evidentemente malintencionado de quien él creía era su colega. –Pero dime, ¿qué vas a hacer, en qué te ayudo?-

InuYasha lo miraba con recelo pero el muchacho era su mejor opción. –Bien, sí, puedes ayudarme…- dijo por fin con voz exageradamente melosa –Quiero hacer un pastel- concluyó cerrando sus ojos rápidamente.

El joven rió y asintió. –Bien, bien, pero, ¿qué tipo de pastel quieres?-

-Tú sabes cuál- respondió InuYasha guiñando un ojo.

En ese momento las puertas de la cocina se abrieron y la misma mujer extraña entró. Alterada decía palabras pero InuYasha no podía comprender, se encontraba bastante emocionada y era bastante incómodo no comprender ni una sola palabra. Después de algunos segundos logró calmarse y articular correctamente.

-Hojo, Kagome… llamaron del Edificio Lunar… el de los Taisho. Quieren dos órdenes… ¡ay este es un día de suerte! Y lo mejor es que acaban de decirme que esperan pedidos para cada día de la semana-

InuYasha se llevó una mano a la frente. Hojo lo miraba con entusiasmo y le dio una palmada en la espalda.

-Al parecer no sólo eres buena con los pasteles sino que también eres muy bien repartiéndolos- dijo sonriente.

-Psht- respondió InuYasha, cruzándose de brazos.

-¡Ve Kagome! Rápido, no tienes excusa-

InuYasha tomó las bolsas y salió al estacionamiento donde se encontraba la moticicleta de Kagome. "Qué estupidez manejar esto al edificio, está a sólo dos calles".

Al llegar al interior del edificio revisó la nota que la jefa había pegado sobre la bolsa. Una de ellas decía: "Taisho menor" y la otra "Taisho mayor " el último nombre rodeado con un corazón. Al verlo, InuYasha miró hacia arriba con hastío y pensó "Qué pésimo gusto tiene esa mujer". Subió por el elevador hasta su oficina y lo recibió Miroku.

-Ni se te ocurra- dijo InuYasha antes de que Miroku pudiera decir algo y caminó frente a él hasta la oficina en donde ahora se encontraba Kagome.

Abrió la puerta y Kagome estaba sentada sobre el sofá con las manos en la cabeza y apoyando los codos sobre sus rodillas. InuYasha dejó la bolsa al lado de la joven y tomó uno de sus brazos y la levantó.

-¡Quita esa actitud!- le dijo alzando la voz. –Que no te vean así, ¡tonta!- exclamó.

Miroku observaba confundido sosteniendo la puerta por la perilla. Al ver que varias personas en el piso observaban desde sus escritorios hacia la oficina de InuYasha cerró la puerta y se quedó parado frente a la puerta en silencio.

-Señorita… Kagome, creo que debe de calmarse- dijo Kagome quitando la mano, su mano, que InuYasha tenía sobre su brazo.

InuYasha reaccionó y se enderezó. Tosió nerviosamente e hizo una pequeña reverencia. –Disculpe señor Taisho, no quise importunarlo de esa manera, es que su presencia me produce algo de nervios… jiji- dijo melosamente.

Kagome comenzó a ponerse roja de vergüenza y coraje. Sin embargo para Miroku la escena era completamente diferente; una repartidora entrando agresivamente a la oficina de su colega, gritándole sin razón alguna para después coquetearle al mismo tiempo que su amigo por alguna razón se veía deprimido y desorientado. Definitivamente que no comprendía nada.

Kagome sacó de los bolsillos del saco un billete y se lo entregó a InuYasha. Triunfante lo colocó en sus manos y se acercó a su oído. –Y pensabas que nunca ibas a recibir este billete- definitivamente que Kagome se refería a la deuda que quería pagarle a InuYasha y al mismo billete que pretendía entregarle la noche anterior. InuYasha lo inspeccionó y sin decir más salió de la oficina caminando con prisa hacia el elevador.

Conforme avanzaba entre los cubículos los trabajadores lo observaban con curiosidad. Se escuchaba en toda la oficina un eco de cuchicheos. En seguida, Miroku caminaba a su lado a prisa y trataba de andar a la par pero InuYasha avanzaba demasiado rápido y no lo esperó al llegar al elevador cuyas puertas se cerraron dejando detrás a un Miroku confundido, sorprendido e interesado por saber lo que estaba pasando. El elevador subía y subía e InuYasha sabía que sería extremadamente incómodo. Las puertas se abrieron y fue recibido por Rin quien al verlo tenía ya extendidas sus manos para tomar las bolsas con el pedido.

-Muchas gracias señorita Kagome, aquí está su dinero- dijo Rin sonriente como siempre.

"Todavía no me acostumbro a esta maldición" pensaba InuYasha sintiendo algo de rabia pero intentó ocultarla emitiendo una sonrisa forzada. –Claro, claro- respondió.

-Rin, ¿es la mujer de la panadería?- escuchó InuYasha a su hermano preguntar desde la oficina.

-Sí, señor Sesshomaru- respondió Rin con un tono de voz más suave.

-Hazla pasar- Rin le hizo una seña a InuYasha para que la siguiera pero éste no hizo caso y se dio la vuelta en dirección al elevador.

-¡Señorita Kagome, el presidente quiere verla, por favor!-

InuYasha seguía sin hacer caso y presionó el botón del elevador pero antes de que pudiera poner un pie en su interior, sintió presión en su brazo izquierdo sintiendo mucho dolor.

-¡Agh, imbécil!- gritó. Sesshomaru y Rin quedaron inmutados ante la reacción de quienes ellos creían era una simple repartidora de pasteles pero lo que no sabían es que se trataba de un hanyou extremadamente molesto e incómodo por unas heridas que no eran suyas.

-¿Perdón?- cuestionó Sesshomaru mostrando su enojo.

InuYasha al ver que estaba molestando a su hermano sonrió traviesamente aun sosteniendo su brazo lastimado y se acercó lentamente a él. –Sí, lo que escuchaste, dije "imbécil"-

En ese momento el timbre del elevador sonó y de ahí salió Kagome. Por supuesto que para ojos de Rin se tratab del vicepresidente y en seguida se apresuró a ofrecerle una taza de té. Kagome se negó amablemente y al ver el rostro de Sesshomaru quien no se veía nada contento y a InuYasha mostrándose retador con su cuerpo, el de Kagome, se interpuso entre los dos.

-Oigan, oigan… jaja, hermano… no sé qué fue lo que esta amable señorita te dijo pero…-

-¿Hermano?- interrumpieron los Taisho al unísono.

-Eh, sí, pero… pero por favor, no prosigas con esto, seguramente que está muy cansada y bajo mucho estrés…-

Sesshomaru no le despegaba la vista a InuYasha. El momento no podía ser más tenso. Sin dejar de mirar el rostro de quien el youkai pensaba, era Kagome, se dirigió a quien él pensaba que era InuYasha.

-¿Esto será un problema? ¿Esta mujer, será un problema?-

Kagome se quedó helada, no sabía que responder, sin embargo, InuYasha no dudó ni un segundo en contestar a las preguntas que su medio hermano hizo, de pronto olvidando que se encontraba en cuerpo ajeno. –Sí, será un problema, ¿y qué?-

Sesshomaru apretó su mandíbula, intentando controlarse. En ese instante Rin se acercó hacia Kagome y le dio un codazo en las costillas. Kagome reaccionó, sabía que en ese instante ella en teoría era InuYasha y que tenía que hacer algo para controlar la situación.

-No, no, lo le hagas caso- respondió la joven riendo nerviosamente… -Está cansada y sólo está diciendo cosas para que la dejes ir, mejor mira, ten…- dijo sacando un rol de canela de la bolsa. –Se ve que esto está muy bueno y te va a relaja—a—¡achú!- La cabeza de Kagome dio vueltas y pensaba que caería en ese momento. De pronto todo se sintió diferente. Abrió los ojos y ahora frente a ella se encontraba Sesshomaru. Estaba tan contenta que no pudo evitar sonreír ampliamente y abrazarlo.

InuYasha observaba desconcertado, observando sus manos, tocando su cara y cabello. Comenzó a reír, gritó de alegría y dio un salto. Mientras tanto Kagome reaccionaba ante lo que había hecho y al instante se alejó del hermano mayor de InuYasha quien se veía extremadamente furioso.

-Lo siento, lo siento- repetía avergonzada, alejándose rápidamente del youkai.

-Largo- dijo Sesshomaru dándoles la espalda.

InuYasha miró a Kagome quien se encontraba más roja que un tomate y se sintió mal por ella. –Sesshomaru… no la malinterpretes es sólo que-

-¡DIJE QUE LARGO!- gritó Sesshomaru provocando un gran y estruendoso eco en la habitación.

InuYasha y Kagome salieron rápidamente de ahí y entraron al elevador. La joven se mantuvo cabizbaja, juntando la punta de sus pies y al borde del llanto. El hanyou miraba hacia arriba observando su reflejo en los espejos del elevador.

-Oye, no le hagas caso a Sesshomaru, él es…-

-¡Cállate!- gritó Kagome con lágrimas en los ojos –No hiciste más que humillarme y ahora no tengo manera de arreglar esto-

InuYasha se sintió avergonzado ante estas palabras y decidió no decir más. Ambos guardaron silencio hasta que el elevador descendió a su destino.