Tema: #13 - Piel


Cuando se despertó, lo sintió enseguida. Estaba en un lugar distinto al usual. Y tampoco dormía en un futon, aquello era…

— Un sofá…—, dijo en voz alta. Parpadeó, queriendo deshacerse de la sensación confusa y maldijo en voz baja, le dolía la cabeza.
— ¿Acaso es la primera vez que ves un sofá?—, le preguntó otro hombre, sentándose frente a él. Toushiro hizo una mueca de fastidio. ¿Porqué tenía que ser precisamente ése el primer rostro que tenía que ver al levantarse? ¿No podía ser una chica bonita o algo así? Y mucho más importante: ¿Qué demonios hacía allí?

— No creas que eres muy importante y que por eso estás dormido en mi sofá.
— ¿Ah, no? ¿Y entonces? —. A decir verdad, su tono era curioso, más que acusador.
— Pues estabas tirado allá afuera y Tama te vio, te recogió y te dejó ahí, como si nada, en mi sofá.
— Y…
— ¿"Y", que? ¿Querías que te pusiera un pijama y te diera de comer y te prestara mi futon? ¿Era eso lo que querías?
— Pues… No es una mala idea.
— ¡Bah! ¿Quién demonios te crees que eres? —. Sin decir más, Gintoki lo empujó hacia un lado y encendió la televisión, justo a tiempo para el reporte matutino del clima. Cuando Toushiro abrió la boca para preguntar algo, Gintoki le lanzó una mirada asesina. Era obvio que la chica del clima era un millón de veces más importante que el vice-comandante del Shinsengumi y aunque Toushiro estaba en profundo desacuerdo, no tenía ganas de pelear, al menos no con aquel dolor de cabeza que tenía. Después de un rato, se decidió a tomar la bebida que el samurái había dejado abandonada sobre la mesa, sin siquiera probarla, todo por ver a la chica del clima. Para su desgracia, el reporte ya había acabado y Gintoki abandonó su cara de placer por una de enojo.

— ¿Y a ti quién te dijo que eso era tuyo?
— Yo lo encontré, es mío—, contestó Toushiro y tomó el primer sorbo, la bebida era café, probablemente demasiado dulce para su gusto, pero soportable. Al menos le quitaría un poco la resaca. Mientras bebía, trató de recordar la noche anterior: Un poco borrosas, sus memorias le mostraban un extraño club; con un olor aún más extraño dulce y penetrante y la voz suave de una mujer, que decía, veía el pasado, presente y futuro en una bola de cristal. Por algún motivo, Toushiro había resultado sentado frente a ella, escuchando algo sobre crecer y heridas y espinas y espadas y familia. Luego, la mujer había mencionado que veía a una mujer de cabello color café: "Parecida a él", había dicho, señalando a Sougo, que estaba relativamente cerca y los miraba con curiosidad, "Pero de mirada más amable", había agregado. En ese momento, Toushiro se puso de pie y se fue. No recordaba nada más, todo era una nube en su cabeza, pero asumía que había bebido sin parar y de algún modo, había ido a parar al Yorozuya.

— ¿Ya te vas?—, le preguntó Gintoki, sacándolo de su ensimismamiento.
— Sí, claro—, respondió Toushiro, poniéndose de pie y sintiendo cierta incomodidad en el proceso— Pero no me voy porque me digas, sino porque yo quiero.
— Está bien, como quieras. Pero procura irte rápido, porque apestas. Más de lo usual—, le respondió Gintoki, mirándolo fijamente y apretando los dientes, como si estuviese contendiendo la risa. Toushiro finalmente logró ponerse de pie, se sentía pesado de pies a cabeza, y sentía su rostro húmedo. Aún más, podía sentir algo en sus piernas, o más bien, la falta de algo. Bajó la cabeza, lo que le faltaba, eran literalmente, pantalones. En su lugar, tenía puesto un bonito kimono femenino, de ahí que se sintiera tan pesado.

— Pero qué…—. Miró a Gintoki, pensando en las diferentes maneras en que lo iba a torturar: ¡El muy desgraciado quería que se fuera así, vestido como una mujer! Seguro se había aprovechado de su borrachera para vestirlo así. Seguro que sí. Gintoki sonreía ampliamente, murmuró la palabra "baño" y señaló con su dedo índice. Toushiro casi corrió hasta allí, esos kimonos eran complicados, como las mujeres. Al entrar al baño, se miró al espejo. No sólo estaba vestido como una mujer, también tenía una peluca de mujer y su rostro tenía maquillaje como una mujer.

— ¿Quién hizo esto?
— ¡Pero si tú mismo te lo hiciste!—, exclamó Gintoki, recostado en el marco de la puerta. —Querías competir con alguien para saber quién era la mujer más bonita.
— Competir…—, repitió Toushiro, lo miró entrecerrando los ojos, ya sabía más o menos de que iba la cosa. — ¿Y quién era ese "alguien"?—, preguntó, Gintoki se encogió de hombros, mirando hacia otra parte. — ¿Alguien más me vio?
— Nadie del Shinsengumi, si es lo que te preocupa.
— Y... Quién… Bueno, tú sabes, ¿Quién ganó?
— Pues… Yo me aburrí y tú desapareciste. Así que nadie. ¿En serio es tan importante eso? Digo, estás vestido como una mujer, hay algo que definitivamente le falta a ese kimono, tienes la peluca torcida, no recuerdas nada de anoche ¿Y te preocupa quién ganó un estúpido concurso? Necesitas replantear tus prioridades, Oogushi-kun.
— Ese no es mi… —. Toushiro no alcanzó a terminar la frase, el timbre de la puerta había sonado y después de advertirle que no se moviera para que no le causara vergüenza, Gintoki fue a atender la puerta. Volvió unos minutos después con algo que Toushiro reconoció como su uniforme en una mano, un pedazo de papel rectangular en la otra y una expresión aterrorizada en el rostro. Le tiró el uniforme al otro hombre y se fue. Para cuando Toushiro finalmente salió del baño; ya sin maquillaje, ni peluca, ni kimono femenino; encontró a Gintoki sentado en el sofá, ocultando el rostro entre sus manos, musitando cosas como "Infamia", "reputación" y "no vuelvo a beber ni una gota".

— ¿Que veías?—, preguntó Toushiro. No hubo respuesta. Trató de buscar el papel con la mirada, pero no estaba a la vista. ¿Qué podía haber visto que lo hubiese hecho poner esa clase de expresión? Estaba claro que también se había vestido de mujer la noche anterior, no se había molestado en ocultarlo. Tampoco se había molestado en ocultar que ambos habían estado en un bar de okamas, (o al menos así lo había deducido Toushiro), probablemente bebiendo aún más. ¿Qué más había pasado?

— ¿Que veías?—, repitió. — ¿Acaso hay algo más horrible que tu estúpido peinado?

Gintoki al fin lo miró y de nuevo, se fue. Toushiro lo oyó cerrar la puerta de su habitación, al mirar la mesa, descubrió el papel. Era una fotografía, la tomó y la observó, comprendiendo finalmente la expresión de horror del líder del Yorozuya: En la foto había una pareja. Un hombre con una permanente plateada fácilmente reconocible; (En qué momento se había quitado toda la indumentaria femenina sería un misterio par Toushiro); también había una mujer con el mismo kimono y peluca que Toushiro se acababa de quitar, al acercar más sus ojos a la foto, descubrió que por debajo de la peluca asomaban algunos mechones de cabello como propios. Todo hubiese estado más o menos normal, de no ser porque la pareja compartía un beso apasionado y a juzgar por sus expresiones, estaban poniendo su alma y corazón en ello. Toushiro estuvo a punto de ponerse a gritar, pero se limitó a dejarse caer en el sofá:
— Esto es una infamia. Mi reputación se va a arruinar… No vuelvo a beber ni una gota.

Todo había sido culpa de la vidente, que había visto en su estúpida bola de cristal una mujer de cabello café y expresión amable.

Sí, definitivamente, era culpa de la vidente.