Ya era bastante tarde cuando Lysandro dejó a Lissette en su casa, al entrar al departamento este estaba completamente oscuro. Sin embargo sabía que Castiel estaba en algún lugar por el auto estacionado en la entrada. Demonio la recibió con su usual energía y ella lo acarició distraídamente mientras se dirigía a su habitación.

Antes se asomó al de su hermano y pudo verlo acostado en la cama, observando el techo como si fuera lo más interesante del mundo.

-Señor extraño quizás debería irse, mi hermano no debe tardar en llegar y le dará una paliza cuando venga.

Ella se apoyó en el marco cruzando los brazos y le dirigió una pequeña sonrisa cuando él la miró

-¿No es algo tarde? – Preguntó.

Su falta de emoción turbó a Lissette, normalmente él le gritaría y montaría una escena con sermones incluidos sobre la puntualidad, la seguridad y muchas cosas más en las que no ponía atención.

-Tengo casi 16 años, puedo cuidarme sola.

-Aun tienes 15 – dijo en un gruñido.

-Mira, si sirve de algo Lys me acompañó hasta aquí.

Aquello calmó bastante al pelirrojo, agradecido de contar con él para cuidar de su hermana.

-Tenemos que hablar Castiel, de Debrah – Habló cautelosamente.

El cuerpo del chico se tensó notablemente y se incorporó casi de un salto.

-¡Sal de aquí! – exigió presintiendo lo que ella quería decirle.

Su expresión reflejaba la irritación que sentía, Lissette sin embargo no retrocedió, en cambio irguió su cuerpo levantando el mentón.

-¡Tengo derecho a ser escuchada! ¿Por qué no lo haces? ¿Por qué no me escuchas cuando se trata de ella?

-¡Tus celos me ahogan Lissette! ¡Siempre la odiaste! – Gritó él.

-¡No se trata sobre celos! intenté yener una buena relación con ella pero no se puede. Es una maldita mentirosa y manipuladora.

-Lissette ¡Basta! – Castiel llevó sus manos a sus cabellos tironeándolos con exasperación. Su hermana lo estaba llevando al límite.

-¡ESCUCHAME!- El grito agudo de la pelirroja finalmente apaciguo su temperamento, dejándolo perplejo por semejante arranque de histeria.

La visión de las lágrimas lo descolocó, por segunda vez en el día veía a alguien importante para él llorar. Le dolía aún más que fuese Lissette quien lo hiciera, era muy raro que su hermana llorara.

-¿Recuerdas cuando yo no dejaba de cubrirme el cabello todo el tiempo? Traté de teñirlo incluso cortarlo pero me detuviste .

Ella clavó la mirada en el suelo avergonzada, Castiel recordaba a la perfección aquella época. Había sido el verano antes que una productora se interesara en la banda, ese año había empezado a salir con Debrah y se había hecho muy amigo de Lysandro, había sido un año con muchos cambios.


-Es vergonzoso – Dijo una pequeña pelirroja entre llantos – Me da vergüenza por que me hace diferente, no parecemos hermanos.


-Jamás me había importado el color de mi cabello, ni me había importado si nos parecemos o no, hay muchos hermanos que no se parecen. Pero era nuestro primer año separados, tenía miedo de que te alejaras de mí. ¿Sabes quién metió esas ideas en mi cabeza? Fue ella, ella logró que yo odiara quien era, más de lo que ya lo hacía…

Por fin tuvo el valor de levantar su mirada y lo acribilló con ella.

-No sé por qué no me crees, pero sé que me amas. Así que te estoy pidiendo que entres en razón, sé que tu corazón está muy confundido. Nadie te conoce como yo, y puedo asegurarte que a la única persona que miras como me miras a mí es a Sucrette… deja de convencerte que sigues queriendo a Debrah, un día te darás cuenta que perdiste todo, a Su, a ti mismo y quizás… a mí también.

Esas últimas palabras salieron pesadas de su pecho y se secó las lágrimas antes de alejarse por el pasillo y encerrarse en su propio cuarto.

Castiel quedó pasmado en su lugar, Lissette había tocado varios puntos sensibles en solo unas cuantas palabras. Podía ver que ella estaba muy afectada por el regreso de la castaña, justificaba su desprecio diciéndose que ella sólo estaba celosa, aquel verano la había dejado de lado por su novia, cosa de lo cual ahora se arrepentía profundamente.

En ese momento solo había querido distraerse de Lissette y sus dramas, ahora se sentía un desgraciado por haber pensado alguna vez de esa manera, se odiaba a si mismo por haber incluso pensado que ella era una molestia.


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Esa mañana Debrah llegó al instituto con el objetivo de hacérselas pagar a Amber. Tenía que ponerla en su lugar de una vez por todas, pero primero tenía que encontrarla. Caminó por el pasillo principal, los alumnos atestaban el lugar, todos se movían apurados en distintas direcciones.

Estaba tan concentrada en encontrar una cabeza rubia y llena de rizos que ignoró completamente a Lysandro que guardaba las cosas en su casillero. Él tomó su teléfono y texteó algo rápido.

Armin jugaba con su psp cuando Debrah subió por las escaleras. Tomó su teléfono y utilizo el marcado rápido.

-El objetivo acaba de subir- dijo con tono misterioso.

-Armin deja de hablar así, esto no es una pelicula.

-Le quitan toda la diversión- Se quejó en voz baja, se levantó y miró a su alrededor, cuando no vio a nadie conocido se dirigió al sótano.


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Sucrette caminaba dirección al salón, pero fue sorprendida por un fuerte abrazo.

-¿Me extrañaste? – preguntó una voz muy conocida.

-¡Rosa!- dijo ella correspondiendo el abrazo, estaba muy feliz y aliviada de verla.

-¿Cómo sobreviviste sin mí? – preguntó ella cuando se separaron y le guiño el ojo.

Sucrette sonrió forzosamente, sin responder que realmente no lo sabía.

-Tengo mucho que contarte, y temo que te alejes de mí – dijo con miedo.

-Si es por cierta castaña lo sé todo, no te preocupes, estoy de tu lado. Pero pronto hablaremos del tema más tranquilas – dijo seria, sucrette asintió en silencio y se quedaron en silencio. Rosa sonrió y sacó de su bolso una bolsita.

-Es para ti, pensé que te levantaría el ánimo traerte algo, lo elegí especialmente para ti así que tienes que usarlo – ordenó mientras la abría.

Un precioso broche en forma de esmeralda apareció ante sus ojos, ella sonrió agradecida y Rosalya se aseguró de engancharlo en su ropa.

-Queda muy bien con lo que traes hoy – opinó satisfecha observando y aprobando el look de su amiga.

-Muchas gracias – Dijo admirando el broche - ¿Vamos juntas al salón? – preguntó Sucrette un poco más animada.

Rosa miró la hora en su celular.

-Aún faltan 15 minutos para que las clases comiencen, nunca entenderé esa manía de todos para llegar con tanta anticipación al salón. Tengo que hacer una llamada primero, nos veremos allí.

La de ojos verdes asintió algo decepcionada pero siguió su camino. Cuando estuvo lo suficientemente lejos Rosa tomó su teléfono.

-Ella está en camino y lista.

Lissette estaba al otro lado de la línea, en el segundo piso justo en la entrada del laboratorio. A su lado cierta rubia miraba con indiferencia el pasillo.

-Todo va bien.

Dijo cuándo divisó a Debrah a lo lejos, esta se acercaba con velocidad pero parecía no haberlas notado aún.

-Bien que comience la función – murmuró colgando el teléfono y entrando al laboratorio ocultándose, envió un par de mensajes rápidos antes de guárdalo.


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Sucrette acababa de sentarse en su lugar cuando su teléfono vibró, la clase aún estaba parcialmente vacía, lo que leyó en el mensaje la asustó.

Laboratorio, problemas, ven rápido.

-¡Lissette!- exclamó preocupada y se levantó de golpe para salir corriendo hacia el piso de arriba.