Los personajes son de SM. La historia no es mía.
Capítulo 14
Carraspeé sin ningún disimulo, el momento estaba demasiado tenso para mi gusto.
- Creo…
- Muchas gracias – me interrumpió ella -, por escucharme y por no juzgarme en mi cara.
Le di un intento de sonrisa – No te juzgo de ninguna forma, quiero que lo sepas – aunque mantuve mi expresión, fui lo más sincero posible.
- De todas formas, sé que no es fácil digerir mi historia de buenas a primera, pero también sé que no tengo por qué sentirme avergonzada.
Apreté mis labios y traté de pensar bien mis siguientes palabras, porque estaba viendo una discordancia aquí y me ponían nervioso. Por lo mismo, le di una sonrisa y me concentré en los puntos azules del cojín que descansaba en la silla que estaba frente a mí, la decoración de la casa era simple, incluso sin sentido, pero…
No, me estaba dispersando y no podía hacerlo.
Me volví a concentrar en Bella y ya que no encontraba otra forma de hacer esta pregunta, acaricié el dorso de su mano para que viera que no estaba solo siendo un cabrón más.
- Entonces… ¿Por qué lo ocultas?
Y para terminar, medio me encogí de hombros, un gesto bastante extraño y que me hizo sentir excesivamente estúpido.
- Porque… - mierda, la había cagado, lo supe en cuanto sus ojos se desviaron y se clavaron en el mismo feo cojín que yo estaba mirando hacía unos momentos.
¿Por qué Bella tenía un cojín tan feo en su casa?
Apreté los ojos y traté de concentrarme nuevamente, respiré y volví a preguntar, pero con mayor sutileza.
- Digo… porque nadie sabe que es tu hijo, hoy salió una nota y nadie sabía quién era, sospechan que es un primo o un hermano no reconocido.
La sonrisa que me dio Bella fue suficiente para que se me cortara la respiración y me olvidara de lo que estaba pensando. Su expresión me hizo sentir incluso estúpido por preguntar, ya que ella parecía que se estaba preparando para dar la respuesta más lógica del mundo.
- Edward, tú sabes mejor que nadie cómo es este mundo, si los paparazzi se enteraran de que tengo un hijo y de esa edad, no tardarían en escarbar en el pasado, el padre de Mike anda por aquí, quizás muy cerca y aunque yo no lo recuerde, siempre está la posibilidad de que él si lo haga… no puedo arriesgarme a eso.
Asentí y sonreí para no golpearme. – Sí, lo siento, tienes toda la razón.
- Yo sé que, a veces, Mike quiere algo más, va a cumplir siete años, es un niño y hay muchas cosas que no entiende, pero… ¡Mierda!, sé que fui una maldita egoísta por elegir este trabajo – de pronto, su tranquilidad quedó a un lado. Isabella bajó la cabeza y apoyó sus codos entre sus muslos para darse apoyo -, pero… dejando de lado que lo amo, fue la mejor solución que encontré para hacerme cargo de mi hijo, a él nunca le ha faltado nada y…
- A veces el dinero no es lo más importante.
No lo dije por ella, lo dije por Edward y por su falta de cercanía hacia mí durante toda mi vida, pero, aunque no quise hacerla sentir mal, creo que lo hice.
- No – me retracté -, me refiero a que aunque a veces pienses que el dinero…
- Sé lo que estás queriendo decir… y este fin de semana lo hablé con mis padres, hoy en la mañana hubo un recital en el colegio de Mike, él hizo de pastor y ¿sabes? – los ojos de Isabella se llenaron, tan rápidamente de lagrimas, que me sorprendió -, él les dijo a todos que yo era su mamá y que era la mamá más linda del mundo.
- Y lo eres – estaba concentrado viéndola por lo que no fui consciente de mis palabras hasta que escaparon de mi boca.
- Gracias… pero tienes razón en lo que dices, yo… como te decía, tuve una charla con mis padres luego de que se filtrara esa fotografía y ellos creen que hay que hacer algo, pero en nuestras opciones no está esconder o negar a Mike, dejaremos que las cosas simplemente fluyan.
Asentí mostrando mi apoyo, no es que fuera muy importante, pero podía significar algo. - ¿Vendrá a verte para el Fashion Week?
- Sí – y de nuevo, su enorme y preciosa sonrisa se plantó en medio de su rostro.
- Entonces te reservaré tres lugares en primera fila para tus padres y… tu hijo.
- ¡Oh!, gracias… y si quieres… te los puedo presentar, sé que a Mike le gustaría conocerte.
Tuve que limitarme a sonreír solamente, ya que no había forma de decirle a un ángel como Isabella que mi afinidad con los niños era similar a la afinidad que tengo con Alice Brandon… o sea nula e incluso desagradable.
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- Yo creo que sí te está mirando.
- No, no lo hace – ignoré a Óscar y traté de poner toda mi concentración en los cincuenta kilos que estaba tratando de levantar -, deja de verla – hablé entre dientes por el esfuerzo.
- Pero yo sigo creyendo que te está mirando.
Dejé caer la pesa al suelo con exagerada fuerza, aún jadeando me volteé hacia mi entrenador. – No me está viendo.
- ¿Ya te decidiste? – rodé los ojos, este hombre era insufrible.
- ¿De qué estás hablando ahora? – le di la vuelta y me fui hacía la máquina de poleas.
Óscar se puso a mi lado y me ayudó a controlar el peso, me pasó la barra y me ayudó con la posición para después dejarme hacer mis repeticiones. Sí, solo porque este hombre era malditamente genial en su trabajo no cambiaba de entrenador, porque si fuera por discreto… dejaba mucho que desear.
- Hablo – se interrumpió para volver a mejorar la postura de mi espalda - de que estás expeliendo una especie de vibra hetero que no tenías antes.
No dejé de hacer las repeticiones para no tener las manos libres y mayores opciones de golpear su calva.
- Vamos, chico… sabes que es verdad, ¿encontraste a una mujer para ti?
- No... – mi voz salió malditamente extraña por el esfuerzo.
Pero era verdad, la noche anterior tuve el tiempo suficiente para pensar y concluir que cualquier posible relación o intento de ella con Isabella quedaba en stand by, ya que no había forma en el infierno de que yo pudiera estar cerca de un niño, por más educado y callado que fuera. Los niños me daban urticaria y fuera como fuera, Isabella venía unida a uno.
Aunque, esos malditos sueños no me dejaban en paz y…
¿Siempre podíamos tener algo de una sola vez, no?
Digo, algo entre dos adultos responsables, era aceptable ¿cierto?
¡Carajo!, mis bíceps comenzaron a tirar más de lo normal así que por segunda vez tuve que dejar el ejercicio a la mitad.
- Estás desconcentrado – Óscar me hizo un gesto que me indicaba como debía ponerme.
Agaché mi torso y estiré mis brazos para que él me ayudara a alongar, aunque en un principio dolió más de lo necesario, al final terminé por agradecer su intervención.
- ¡Joder!, estás bastante contracturado… ¿mucho ejercicio anoche?
Rodé los ojos y me relajé cuando dejó de estirarme – Deja de hablar estupideces, sabes que no es así.
- ¿Pero hay alguien nueva no?
Óscar muy pocas veces se ponía serio pero cuando lo hacía era porque estaba tratando así que me encogí de hombros para darle una respuesta.
- Podría haber sido pero no fue.
- ¿Está casada?
Negué con la cabeza y tomé un sorbo de mi bebida energética. – Tiene un hijo.
- Pero eso no es impedimento.
Pese a todo, me gustaba hablar con Óscar, él tenía una visión de vida bastante distinta a la de James y si había algo que me gustaba, era la perspectiva que me entregaban las versiones contrapuestas. Óscar vivía su día a día, sin ningún plan, ni ninguna meta, su meta más cerca era llegar a la comida y aunque yo no podía compartir su estilo de vida, si lo admiraba, ya que aunque a uno podía parecerle irresponsable, lo estaba haciendo bien y por sobre todo, era feliz.
- Es complicado, Óscar, las cosas ahí van muertas.
- Pues entonces – y volvió su sonrisa despreocupada -, siempre puedes invita a esa rubia que no ha dejado de mirarte… quizás un poco de ejercicio de cama, te vendría bien para mejorar tu resistencia.
Odié no poder contradecirlo sobre mi resistencia – No me gustan las rubias – y esa, era mi respuesta más fácil.
- Bien, entonces ya que parece que no me rendirás más… puedes ir a cambiarte, tengo otra alumna en unos minutos.
Rodé los ojos y negué con la cabeza mientras veía a Óscar avanzar hacia la rubia quien no tardó en olvidarme, si es que alguna vez estuvo pensando en mí.
No me di cuenta lo distraído que iba hasta que estuve dentro del camerino equivocado, y que ese par de nalgas no se parecía en nada a las de un hombre, eran redondas y bien formas, y ese cabello… me era extrañamente familiar.
- ¿Bella?
Ella se volteó sin preocuparse de su estado de desnudez, y es que tampoco había nada nuevo para mí, su cuerpo era casi como un mapa grabado en mi mente que me obligaba a crear y diseñar solo para vestirlo. Pero ahora, no sé si era por el lugar o por mis insistentes sueños, pero la veía algo distinta.
- Lo siento… yo, me confundí.
- Oh, tranquilo – pensé que se apresuraría a cubrirse pero no lo hizo -, sé que estás acostumbrado a ver chicas desnudas, y además…
Fruncí el ceño, su sonrisa, aunque hermosa, no me gustó para nada. - ¿Qué quieres decir?
- Que… ya sabes – se encogió de hombros -, sé que no eres hetero… y está bien, no te juzgo, ¿recuerdas?
- ¡No soy gay!
Prácticamente grité y en dos zancadas estuve a su lado, demasiado cerca para mi salud mental. Su aroma era mi perdición.
- Yo… lo siento.
Ahora, ella estaba asustada y yo me sentí mal por lo que para resarcirme, quise tomarla de los brazos pero fue el peor error de mi vida, ya que su solo toque me llevó directo a sus labios, los que no podía dejar de ver por más que cerrara los ojos.
Y si en mis sueños besar a Bella era la gloria, besarla en la realidad era definitivamente en paraíso, sobre todo porque sus labios se movían en perfecta sintonía con los míos.
Hola! Bueno, acá un nuevo capítulo... ¿les gustó este final?
Muchísimas gracias a mi beta, Erica que es grosa :) Besos, Joha!
