AVISOS: Historia creada por dos autoras, kaoru-himura1878 (Kaoru Himura en Amor Yaoi) y Fullbbuster (Fullbuster en Amor Yaoi).

ACTUALIZACIONES: El último domingo de cada mes.

ACLARACIONES: Queremos dejar claro una cosa, esto no es un omegaverse. Leímos las normas sobre lo que es un omegaverse y sinceramente... no nos gusta en absoluto, por eso tanto mi compañera como yo decidimos hacer una historia simplemente de ficción, cogiendo la temática de hombres lobo, así que para dejarlo claro, que nadie se deje llevar por las normas que otros autores hayan puesto sobre el omegaverse, porque no lo es. Para nosotras, ningún lobo nace y muere siendo un omega, ninguno nace y muere siendo un alfa, es una manada de lobos y todos sus miembros pueden ascender y descender de categorías, así que preferimos dejar esto claro, porque no vamos a seguir las normas impuestas por otros autores en referencia al "omegaverse", sino que seguiremos nuestra propia ideología y documentación respecto al tema y cómo funcionan las manadas auténticas de lobos.

En cuanto a actualizaciones, lamentablemente tanto mi compañera como yo estamos algo saturadas y, por tanto, este proyecto tan sólo se podrá actualizar una vez al mes, siendo el último domingo de cada mes. Esperamos la disfrutéis la historia y sobre todo recordad... somos dos autoras escribiendo esta historia, Fullbuster y yo. Un saludo.


Capítulo 14: Lobos árticos

El reloj marcaba las diez de la noche. Frente a él, una pila de platos se escurrían lentamente y tan sólo un par de vasos más esperaban bajo sus mojadas manos llenas de jabón para ser fregados. Sus ojos se desviaron entonces hacia la ventana. Tan sólo había oscuridad al otro lado, una intensa y aterradora oscuridad que se disipó en cuanto las nubes siguieron su curso y dejaron que la luna llena iluminase su jardín.

Las noches de luna llena siempre eran difíciles. Cuando era un niño, ni siquiera caía en qué luna habría, tampoco le interesaba saberlo, pero desde que conocía la existencia de aquellas criaturas que rondaban en la noche, todo había cambiado. Siempre miraba los calendarios, no para fijarse en qué día era, sino para fijarse en la pequeña anotación en la que nadie se fijaba, esos pequeños dibujos que indicaban qué luna habría cada día al caer la noche.

Terminó de fregar los últimos dos vasos y los apiló junto al montón que había dejado ya para secar. Era lo único que podía hacer hoy para ayudar en casa. A Kushina la habían llamado de emergencia para ir al hospital. Estaban teniendo algunos casos raros. ¡Era luna llena! Minato sabía bien a lo que se enfrentaban, pero los médicos… sólo veían entrar pacientes creyendo que habrían sufrido algún accidente. No le gustaba la idea de que su esposa fuera al hospital esas noches, pero la verdad era que solían llamarla por los casos inesperados que surgían.

El timbre de la casa sonó en el momento en que buscaba algo más que poder hacer. Quería mantenerse ocupado por dos motivos; uno, para ayudar a su esposa y que pudiera descansar por la mañana tras una ajetreada jornada laboral nocturna, y la otra, porque él tampoco podría dormir sabiendo que su hijo estaba ahí fuera en plena luna llena.

No hacía falta ser muy inteligente para imaginarse quién podría estar al otro lado de la puerta. Seguramente Kakashi estaba preocupado por él, era rutinario que vigilase su casa en noches como ésa aunque pocas veces se dignaba a entrar y, mucho menos, le molestaba tocando el timbre. Tan sólo hacía vigilancia desde fuera. Estaba claro que algo le tenía preocupado en los últimos días.

Abrió la puerta dispuesto a decirle que estaba bien, que no necesitaba un niñero, pero al ver un par de juegos de mesa bajo su brazo y esa sonrisa de "niño bueno", las palabras se le atoraron en la garganta y empezó a reír al ver esa faceta de Kakashi frente a él.

- ¿Noche de juegos? – preguntó Kakashi.

- ¿En serio? ¿En plena luna llena?

- No voy a morderte y me siento más tranquilo estando contigo.

- ¿Hoy no vas a vigilar mi casa desde fuera?

- Prefiero estar dentro contigo.

- Yo preferiría que protegieras a mi mujer – le sonrió Minato.

- Kurenai está ahora mismo en el hospital vigilándola y confío plenamente en las capacidades de mi beta. Conozco a Kurenai… le arrancaría literalmente las pelotas a cualquier "lobito" que se acercase a tu esposa. Créeme, yo no me metería con ella. Las hembras suelen ser más radicales que los machos.

- Eso es cierto – comentó Minato al haber estudiado el comportamiento animal durante los últimos años – las hembras suelen ser más extremistas. Si salen pacíficas son más pacíficas que los machos, pero si salen con genio… pueden ser hasta más peligrosas que ellos.

- Sí – sonrió Kakashi.

- No suelen tener un punto medio, o a un extremo o al otro. O tranquilas o agresivas – sonrió – créeme, tu mujer está en las mejores manos posibles. ¿Monopoly o carcassonne? – preguntó Kakashi elevando las dos cajas.

- Carcassonne – indicó el rubio – el monopoly me aburre un poco. Naruto no dejaba de jugar a ese juego de niño.

Se apartó de la puerta para dejar pasar a Kakashi al interior de la vivienda. Aquel ambiente hogareño que se respiraba en el hogar del rubio era una sensación sin igual para el lobo. ¡Estaba locamente enamorado de él! No podía evitarlo y, aun así, seguía pensando que había tomado la mejor decisión, porque no quería meterle en ese mundo de locos. A veces… todavía pensaba cómo habría sido su vida si hubieran permanecido juntos, si aquella casa hubiera sido de ambos, ¡pero no lo era! Y de eso trató de mentalizarse nuevamente.

- No hace falta que prepares nada para mí – comentó Kakashi al ver a Minato ir hacia la cocina – no quiero dormirme hoy.

- ¿Ni un café para mantenerte despierto?

- El café me altera más – sonrió Kakashi – estoy bien así, gracias. Sólo un vaso de agua.

- De acuerdo.

Mientras Minato preparaba un vaso de agua y otro de zumo para él, Kakashi abría el juego y buscaba la primera ficha con la que empezar.

- ¿Has jugado alguna vez? – preguntó Kakashi.

- Sí, jugué una vez. Es un juego de estrategia, ir consiguiendo territorios e ir completando el mapa – sonrió – hay una libreta en el cajón de debajo de la mesilla, para anotar los puntos.

- Perfecto entonces.

Ambos se sentaron frente a la pequeña mesa del salón, esparciendo las fichas para dar inicio a una noche de juegos de mesa. Hacía años que no disfrutaban de algo tan sencillo como aquello, era muy posible que desde que Minato se casó.

- Nunca te pregunté, pero… es sobre tu manada – intentó hablar Minato, colocando una de sus fichas sobre una abadía del mapa que construían.

- ¿Qué quieres saber de mi manada?

- Verás… me preguntaba… si fuiste tú quien…

¡Tema difícil! ¿Cómo decirle a alguien a quien le tenías tanto aprecio si había sido tan cabrón como para convertir a gente inocente en hombres lobo como él? ¿Y por qué hacerlo? ¿Por egoísmo de no estar solo? ¿Por querer una manada? ¿Por poder? No estaba seguro y por ese motivo, nunca se atrevió a preguntar nada.

- ¿Les mordió? – preguntó Kakashi, terminando la frase que Minato había dejado incompleta - ¿Quieres saber si yo les mordí? ¿Si son mi manada original?

- S-Sí – confirmó aunque su mano se había quedado paralizada en el tablero, incapaz de soltar la ficha.

- Sí. Yo les mordí a todos ellos – le aclaró, viendo cierto temor en sus ojos.

Su reacción era lógica al enterarse de algo como aquello. Se conocían desde el instituto y era cierto que el metabolismo de Kakashi le hacía siempre parecer más joven de lo que era en realidad, pero aun así, debió ser muy joven cuando mordió a todos, lo que parecía asustar más a Minato.

- Te contaré mi historia – agarró la mano de Minato con la suya, en un intento por calmar los nervios de ese rubio.

La verdad era que nunca habían hablado de un tema como aquel pese a que se conocían desde hacía años. Nunca había sido algo fácil para Kakashi y no era un tema en el que Minato quisiera indagar hasta ahora, hasta ver cómo su hijo se involucraba cada vez más con el nuevo chico, hasta darse cuenta de que muchos jóvenes estaban siendo convertidos en estas fechas.

- Como sabes, yo nací en Canadá, en un pequeño pueblo muy al norte, casi cerca de Groendlandia, se llama Kivitoo, aunque ahora su población se ha visto tan mermada que el pueblo ha sido olvidado y abandonado. Yo no he sido nunca un lobo normal, ya no sólo por mi color de pelaje, que como bien sabes, es blanco, sino también… porque nací siendo hombre lobo. Mis padres eran lobos del ártico y nuestro color blanco es característico para camuflarnos en la nieve. También nuestros ojos son diferentes, amarillos brillantes o marrones, depende de la especie y los genes del lobo. No quedamos muchos lobos árticos en la región. No es que tengamos muchos depredadores, algunos osos, pero sobre todo los humanos. Han cazado tanto en Canadá y Groenlandia que ha sido imposible mantener la población. La gran mayoría sobreviven en Alaska ahora, donde la acción humana es menor.

- ¿Y tú te mudaste aquí?

- Nuestras patas están diseñadas para no hundirnos en la nieve, pero nuestro pelaje es capaz de aguantar tanto el frío como el calor, nos adaptamos bien y creí que sería una buena zona donde empezar de nuevo. Además, en invierno suele nevar aquí – sonrió Kakashi.

- ¿Cómo terminaste de alfa de tu manada?

- Cuando era niño entrenaba mucho con mis padres para poder controlar las transformaciones. No quería hacer daño a nadie. Dicen que los lobos árticos son solitarios, pero es mentira. Las manadas suelen andar entre los siete hasta los veinte miembros, todo depende de la cantidad de comida que podamos conseguir, claro que ser medio humanos nos facilita un poco el consumo de alimento. No es que tengamos que cazar constantemente, podemos ir a la tienda – sonrió Kakashi – los lobos no podemos sobrevivir solos, necesitamos cazar en grupo y más cuando la comida escasea como en las zonas heladas. Yo vivía con la manada de mis padres, los árticos somos muy sobreprotectores con nuestras crías, haríamos lo que fuera por mantenerlas a salvo.

- ¿Por eso proteges tanto a Naruto?

- Naruto es como un hijo para mí, Minato, y no sólo para mí, para toda mi manada. No somos como el resto de manadas de lobos, los lobos árticos nos criamos bajo temperaturas y condiciones extremas, los cachorros no sobrevivirían de no ser por la ayuda de toda la manada. Toda la manada se encarga de proteger a las crías. Aquel invierno en el que mordí a los miembros de mi manada… una terrible enfermedad asolaba el pueblo, tan terrible que los niños morían y los adultos empezaban a enfermar. Mucha gente abandonó el pueblo y mis padres intentaron salvar a algunos mordiéndoles, convirtiéndoles en lobo para tener la inmunidad a la enfermedad. No todos consiguieron sobrevivir al mordisco, la probabilidad de supervivencia no es muy alta. A mis padres les dieron caza ese invierno, fue el invierno más crudo que jamás he vivido. En mi escuela, unos niños estaban enfermos pero no podían sacarlos al hospital por las inmensas nevadas, estábamos atrapados y sólo les quedaba morir.

- ¿Les mordiste?

- Iban a morir igualmente, fuera por la enfermedad o por el mordisco. Al menos con el mordisco, si es que funcionaba, tendrían una opción de sobrevivir. Los que ves en mi manada son los niños que sobrevivieron. Del pueblo ya no queda nada y nos desplazamos hasta aquí.

- Lo siento – respondió Minato algo más tranquilo.

- No voy mordiendo a cualquiera, Minato, quiero que lo entiendas. Sabes que siempre has sido importante para mí, pero… jamás te he mordido ni lo haré, no quiero que tengas esta vida, ni lobo ni humano. No quiero verte sufrir.

- He visto otras manadas de lobos, algunas no funcionan como vosotros.

- Lo sé, pero puedes estar tranquilo, a Naruto le he enseñado el modelo de un lobo ártico, él no abandonará a sus compañeros, sé que siempre hará lo correcto. Sobrevivir es un trabajo para toda la manada. Claro que algunas normas ni siquiera nosotros las cumplimos.

- ¿Como cuál?

- El apareamiento. Se supone que en los meses de apareamiento, sólo el alfa puede aparearse con el beta y tener descendencia, eso hace que muchos machos abandonen la manada intentando crear la suya propia, para poder tener descendencia en el futuro. Nosotros somos humanos también – sonrió – puedo entender que otro macho de mi manada quiera reproducirse o tener sexo, Naruto también creo que lo entiende, por eso nuestras manadas están intactas por ahora en cuanto a miembros. No todo se tiene que regir con la ley animal, somos medio humanos y podemos razonar y pensar.

Kakashi movió una de las figuras hasta el borde de un camino y la dejó allí sobre el tablero, mirando entonces al rubio y esperando a ver cuál sería su siguiente movimiento.

- Me quedo con la granja – le sonrió Kakashi haciendo referencia al juego y tratando de relajar ese tenso ambiente.

El rubio tomó una de las piezas del mapa para continuar con el juego, algo más tranquilo al escuchar su historia, pero también sintiéndose un poco triste. No esperaba que Kakashi hubiera pasado por algo así. Siempre había sido un chico tan reservado que al principio nunca se atrevió a preguntar cosas importantes y luego… fue lentamente descubriendo cosas sobre los lobos y sus tradiciones.

Estaba a punto de poner la ficha en el tablero, cuando escucharon un ruido como si se hubiera roto un cristal. Minato fue el primero en mirar, aunque para su asombro, Kakashi ya se había levantado del suelo y movía la nariz como si hubiera identificado el olor.

- Quédate detrás de mí – dijo con seriedad.

- Pero…

- No voy a dejarte solo, así que sígueme, pero…

- Sí, detrás de ti.

Minato se levantó para seguir a Kakashi por la casa hacia donde habían escuchado el ruido, subiendo así al piso superior. Por el aroma sabía que era un lobo y lo confirmó del todo al escuchar el ruido de más cosas rompiéndose. Podía escuchar claramente los latidos de Minato acelerándose preso del miedo y la adrenalina, pero le seguía con cautela, manteniéndose a su espalda.

Los lobos árticos no eran precisamente grandes ni tenían una fuerza descomunal, de hecho, eran una de las especies más pequeñas de lobos pero eso también les convertía en más ágiles. Sus instintos, además, estaban más desarrollados y había nacido con ellos, los controlaba a la perfección como para identificar lo que estaba ocurriendo.

Kakashi apoyó la mano en la manivela de la habitación y abrió con brusquedad, aullando como Minato jamás le había escuchado antes, teniendo que taparse los oídos ante semejante alarido. ¡Miedo! Eso era lo que daba Kakashi en aquel estado, tanto… que a Minato sólo le dio tiempo a ver a un espantado Haku que salía corriendo por la ventana y se marchaba con rapidez de allí, asustado por un alfa que ni siquiera era suyo, evitando un combate que de por sí, creería perdido.

- ¿Estás bien? – preguntó Kakashi, cogiendo las muñecas de Minato y destapando sus oídos.

- Sí – comentó – pero… ¿Era Haku? ¿El chico que ayudé de la manada de Zabuza?

- Sólo es un novato, se les habrá escapado o…

- Ve tras él, podría herir a alguien.

- No voy a dejarte solo, Minato. Podría pasarte algo.

- Y a otros inocentes también si lo dejas libre.

¡Dudas! Sabía que Kakashi dudaba porque quería hacer lo correcto, quería ir y detenerlo pero no quería dejarle solo a él. No sabía qué hacer hasta que otro aroma llegó hasta sus fosas nasales, uno más conocido aún. El olor de otro de los miembros de su equipo, Ibiki. Corrió hacia la ventana y miró al jardín, observando cómo ese lobo blanco con una gran cicatriz atravesando su amarillento y brillante ojo aparecía frente a él.

- Nos ocuparemos de Minato – escuchó que respondía una voz tras ese lobo blanco, la voz de otro de su manada, Gai – ve tras él.

- Ve – intentó incentivarle Minato – estaré bien, vamos… es Ibiki, el que se enfrentó a toda una manada él solo por ti, no puedo estar en mejores manos.

- De acuerdo, pero no te separes de él.

De un salto, se dejó caer hasta que sus pies tocaron la verde hierba de su jardín y empezó a correr para alcanzar el asfalto e ir tras Haku, pero algo le hizo detenerse, algo que los demás no parecían haber captado.

- Gai… ¿Puedes detener tú a Haku? – preguntó Kakashi, viendo cómo su compañero asentía y salía corriendo tras el olor del novato sin siquiera preguntar. No necesitaba saber motivos, tan sólo las órdenes de su alfa.

Un gruñido, eso fue lo que escuchó Kakashi del lobo a su lado, un tenso gruñido y cómo mantenía la mirada fija atrás.

- Iruka… - llamó Kakashi a su otro compañero, que permanecía oculto entre las sombras de los árboles. Así era su manada… siempre preocupados por él hasta el punto de seguirle y proteger a Minato desde las sombras.

- Voy con Minato – comentó antes de salir de entre los árboles y dirigirse hacia la puerta.

- Vamos – dijo Kakashi muy confiado a Ibiki, todavía en forma de lobo, dejando de gruñir y caminando junto a su alfa hacia la parte trasera de la casa –. Sal de una maldita vez, a Ibiki no se le escapa ni un aroma y desde luego… yo huelo a las ratas desde mucha distancia.

- Veo que mi pequeño truco no ha funcionado – sonrió Zabuza saliendo de entre los arbustos – creí que irías tras Haku.

- Lo soltaste y te ha dado igual a quién poner en peligro con tal de acercarte a Minato.

- Era una buena oportunidad para morderle, pero no esperaba que toda tu manada estuviera aquí ni que tú me detectases tan rápido. Supongo que tendré que esperar otra oportunidad.

El gruñido de Ibiki se intensificó todavía más, sin embargo, abandonó por primera vez su forma animal para crujir su cuello a medida que volvía a su apariencia humana.

- ¿Seguro que no quieres ir a matar también a Haku como hiciste con toda mi manada hace años? – sonrió con prepotencia.

- Si él no lo hubiera hecho, lo habría hecho yo – le añadió Ibiki – ibas a por Minato, fuiste a por su cría y nosotros no toleramos que les ocurra nada a nuestras crías.

- Maticemos, no era su cría, ni la de ninguno de vosotros – sonrió Zabuza.

- Como si lo fuera – dijo Kakashi – mordiste a Naruto y eso no te lo perdonaremos. Sólo era un recién nacido, pero no vas a tenerle, él no te considera su alfa, ni siquiera te conoce.

- Kakashi… no intentes convertir a un lobo gris como Naruto en un estúpido lobo ártico como vosotros, somos diferentes. Más grandes, más fuertes…

- Naruto se ha criado bajo las normas de los lobos árticos – explicó Ibiki – no puedes cambiar eso, será un lobo gris, pero no sigue vuestras normas, eso le convierte en un mejor alfa de lo que tú serás jamás.

- Le hace débil, con esas estúpidas normas de la convivencia, la jerarquía, de respetar a los omegas, los omegas sólo sirven para que el resto de la manada quiten sus frustraciones en ellos. Las crías se hacen fuertes.

- Es mejor enseñar por las buenas que por las malas – dijo Kakashi.

- Por favor… Naruto se ha hecho débil en el momento en que comprendió que iba a ser monógamo, porque seamos sinceros… los lobos árticos sólo os enamoráis una vez y eso os hace presas fáciles. Miraos ahora… todos aquí protegiendo a Minato porque Kakashi le ama y, aunque sabes que no puedes estar con él, sigues aquí, es tu debilidad y Naruto tendrá una debilidad el día que se enamore.

. . .

¡Sorprendido! Así se había quedado Sasuke cuando Naruto había cerrado la distancia que los separaba y había unido sus labios a los suyos. No había podido reaccionar, sus ojos se habían quedado como platos de lo abiertos que los tenía. Sin embargo, conforme Naruto intensificaba el beso, no pudo evitar ir cerrando los ojos y disfrutar del momento.

Aquel beso no tenía nada que ver con el rápido que le había robado a Naruto días atrás. Aquello tan sólo había sido uno simple en comparación con el lento y lleno de deseo que le estaba regalando el alfa. La manera en que el rubio le lamía y le mordía le estaba volviendo loco, ¡qué lástima que estuviera atado! Si no fuera así, podrían...

Antes de que pudiera terminar ese pensamiento, sintió cómo Naruto rompía el beso y, lentamente se separaba de su rostro. Sasuke se sentía pletórico y, al mismo tiempo, insatisfecho, ya que ese beso había sido increíble, pero se había quedado con ganas de más, por lo que no se movió ni un milímetro tratando de retener aquella sensación el mayor tiempo posible.

Mientras tanto, Naruto abrió poco a poco los ojos sintiendo todavía aquel cosquilleo sobre sus labios. Cuando sus párpados estuvieron abiertos por completo, pudo ver el rostro de Sasuke, quien aún mantenía sus ojos cerrados y los labios entreabiertos. El alfa estuvo tentado de volver a capturarlos, pero en el último momento, se contuvo y alejó un poco más su rostro para evitar la tentación.

Al final, tuvo que apartar la mirada y centrarse en aflojar y quitar el collar de pinchos alrededor del cuello de Sasuke. De repente, el moreno abrió los ojos sorprendido, pero Naruto no se percató de ello.

- ¿Es seguro que me lo quites? - le preguntó Sasuke sobresaltando ligeramente al rubio. Le había pillado desprevenido.

- Sí, falta poco para que amanezca y ya casi has vuelto a la normalidad. Con las cadenas será suficiente – le contestó todavía centrado en quitarle aquel collar.

Cuando terminó su labor, Naruto se separó por completo de Sasuke, poniéndose de pie y tiró el collar a un lado del suelo.

- Lo siento – se disculpó el alfa.

Sasuke supuso que se refería al hecho de haber tenido que usar ese collar en él, por la forma en que tenía fijada la mirada sobre ese objeto de tortura.

- No te preocupes, tenías que usarlo para que no pudiera perder el control y herir a alguien – quiso tranquilizarle.

Naruto por fin apartó la vista del collar y la dirigió hacia el rostro de Sasuke, quien de inmediato supo que había algo más tras su disculpa.

- No me refería solamente a eso, sino... al beso también.

Oír aquellas palabras no le sentaron nada bien a Sasuke.

- ¿Te arrepientes? - quiso saber el moreno.

- No lo sé – le contestó Naruto con sinceridad, descolocando al otro adolescente.

Normalmente, cuando alguien te besaba y después se disculpaba con unos ojos que reflejaban cierta culpa solía significar que se arrepentía de ello.

- No lo entiendo – le dijo Sasuke confuso.

- Sé que he sido yo quien ha iniciado el beso... – comenzó a explicarse creyendo que el moreno se refería a eso.

- No – le interrumpió – lo que no entiendo es que no sepas si te arrepientes. O lo haces o no, pero no pueden ser ambas opciones – le dijo algo malhumorado.

Naruto comprendía que Sasuke se enfadara, pero no sabía qué decirle ya que ni él mismo se entendía, sólo sabía que no quería herir a ese chico, así que se sentó en el suelo frente al moreno para tratar de explicarle lo que pasaba por su mente en ese instante.

- No sé si me arrepiento o no porque estoy confuso. No sé si te he besado impulsado por toda la mezcla de emociones que siento: excitación por culpa del celo de Ino, emoción por saber que has elegido el sonido de mi corazón como método de relajación, y culpabilidad por verte herido o... porque realmente quería – le confesó.

Sasuke se quedó anonadado, no sabía qué decirle. Realmente no había pensado en las razones que le daba Naruto, solamente se había sentido herido y su reacción había sido cabrearse. Pero, el alfa tenía razón; ambos estaban más "sensibles" debido a las circunstancias que les rodeaban, y podían haber influido en el impulso que había tenido el rubio.

Por eso mismo, en ese instante, no sabía si estaba feliz o no de que Naruto le hubiese besado. Claro, que el beso en sí le había gustado, pero las posibles razones... para nada.

- ¿Te arrepentirías si lo hubieses hecho por... - Sasuke estuvo tentado de decir "que te gusto", pero eligió usar otras palabras en su lugar - ...otros motivos?

- No – respondió de inmediato Naruto.

Sasuke se sorprendió de la rapidez con la que había contestado, y no pudo evitar sentirse contento y sonreír ligeramente. Sin embargo, no fue el único sorprendido, el propio Naruto también lo estaba ya que no entendía por qué había respondido tan rápido y sin ninguna duda. Quizás debería reflexionar sobre lo que le ocurría con Sasuke y por qué a veces se comportaba diferente con él, pero ahora no era el momento; había demasiada confusión en su mente como para tratar de sacar algo en claro.

Durante unos minutos, ninguno de los dos habló. Sasuke no sabía si debía tratar de indagar más en el tema o dejarlo para otro momento, porque notaba la confusión en Naruto, y a decir verdad, tampoco lo sabía por él mismo. No sabía qué sentía por ese chico ni por qué, no sabía si era algo debido por su parte animal, porque se sentía atraído por su fuerza, o que su parte humana había empezado a desarrollar sentimientos más profundos, por lo que al final, decidió que era mejor aclararse antes de abordar el tema de forma más profunda.

- Y, bueno... ¿la transformación es peor de lo que pensabas? - rompió el silencio Naruto tratando de aligerar el ambiente, pero sobre todo, cambiar de tema.

Sasuke entendió enseguida lo que pretendía y le siguió la corriente.

- La verdad es que antes de que llegase ese momento, había querido preguntarte si era muy doloroso, pero siempre aparecían otros temas y se me acababa olvidando – le contestó -. Aunque ya no me hace falta hacerlo, sé que duele mucho – bromeó.

- Ya, al principio lo es, aunque es un dolor que nosotros podemos aguantar, una persona normal no podría. Pero no te preocupes, no siempre será tan doloroso – le comentó Naruto.

- ¿Ah, no?

- No, al final nos acabamos acostumbrando. No nos duele, solamente es molesto – le aclaró.

- Me alegra oírlo. No me apetece pasar tanto dolor todos los meses – sonrió el moreno.

- También debes tener en cuenta que esta vez has recibido dolor adicional que nada tiene que ver con la transformación en sí – le dijo señalando con el pulgar al collar ensangrentado que se hallaba cerca de ellos.

- Ya. ¿Hasta cuándo tendré que usarlo? - le preguntó con desgano al pensar en que tendría que experimentar ese dolor muchas veces más.

- No lo sé. En tu caso, es posible que sea más de lo normal – le contestó Naruto con preocupación.

- ¿Qué quieres decir con eso? - frunció el ceño confuso.

El alfa se llevó la mano a la nuca y se la frotó tratando de aliviar un poco el cansancio que le invadía.

- Como recordarás, hace unas horas, cuando íbamos en el coche antes de recoger a Ino, te he contado lo que ocurrió en tu pelea con Kiba – empezó su explicación y vio a Sasuke escucharle atento mientras asentía – no he querido agobiarte más en ese momento, pero... la verdad es que me preocupa que se vuelva a repetir esa situación.

- No quiero parecer repetitivo, pero, ¿qué quieres decir? - quiso indagar Sasuke.

- Quiero decir que tu sed de sangre es bastante fuerte con el sol en el cielo, así que cuando haya luna llena...

- Será más fuerte aún – el moreno terminó la frase – por eso has tenido que tomar medidas adicionales y no sabes hasta cuándo tendré que seguir usando ese collar, ¿cierto?

- Así es – le confirmó – pero no sólo me preocupa en noches como la que acabamos de pasar, sino en general. Te vi disfrutar de la sangre de Kiba, te gustaba su sabor y...

- Tienes miedo a que mate a alguien – dijo cabizbajo.

Naruto se acercó un poco a él y, con el dedo índice, le elevó el mentón provocando que sus miradas se encontrasen.

- No es eso – le dijo pero la mirada incrédula de Sasuke le hizo rectificar – vale, no del todo. A ver, es cierto que no me gustaría que hirieras o mataras a alguien, pero no sólo por lo que significaría para la otra persona, sino porque no quiero que tengas que cargar con ese peso, ni tú ni nadie.

- Pero las posibilidades de que ocurra algo así son más altas por mi sed de sangre, ¿cierto?

- Sí, y no quiero eso para ti.

Ambos se quedaron en silencio unos segundos. Naruto estaba dejando que Sasuke digiriera todo aquello, pero éste habló enseguida cuando una idea se le vino a la cabeza.

- ¿Se calmará cuando aprenda a controlar mis transformaciones? - le preguntó esperanzado.

Aunque al rubio le hubiese encantado decirle que así sería, lo cierto era que no estaba seguro.

- No lo sé, nunca me he encontrado con algo así. Lo siento.

- No es tu culpa. Parece que voy a tener que llevar ese collar permanentemente – le dijo decaído.

- No, te prometo que encontraré una solución – le aseguró con total convicción – confía en mí.

Pese a todo, Sasuke le regaló una pequeña sonrisa que le decía que confiaba en él. Ese gesto le alegró, pero a la vez, le hizo sentir un poco mal por el tema que estaba a punto de sacar. Ya que parecía que hoy era el día de las malas noticias, mejor darlas de un tirón.

- Sasuke – le llamó.

El moreno supo por el tono en que había dicho su nombre que estaba a punto de soltarle algo más que no le iba a gustar.

- ¿Es peor que esto? - le preguntó sabiendo que no le iba dar una buena noticia.

- No, creo que esto era lo más grave – trató de bromear para calmar a Sasuke.

- Entonces, ¿de qué se trata?

- Quería hablar contigo de nuevo sobre tu idea de ser beta.

- Creía que entendías mis motivos para hacerlo – le comentó decepcionado al ver que no era así.

- Entiendo tus motivos, pero debes saber y entender cuáles son los míos para hacerte ver que no es una buena idea.

- Está bien, te escucho.

Naruto no pudo evitar sorprenderse ya que esperaba más oposición y que Sasuke se obcecara en contarle por qué seguía adelante con su idea, sin dejar que el rubio expusiera sus argumentos.

- La principal función de un beta es proteger a la manada en ausencia del alfa y para ello, debe controlar sus instintos y habilidades sino la manada podría correr peligro, y ambos sabemos que tú estás muy verde aún. No importa que escales en la jerarquía, ya sea por méritos propios o suerte, si a la hora de la verdad no puedes proteger a tus compañeros, a tu familia; si por culpa de no saber controlar tus capacidades lo único que haces es ponerlos en un grave riesgo. No es algo fácil, Sasuke, y no depende únicamente de las cualidades físicas, también requiere confianza y liderazgo.

- ¿No confías en mí? - le preguntó dolido.

- Sí lo hago, pero soy consciente de todo lo que aún debes aprender, de que no estás preparado todavía para esa responsabilidad. Sé que lo haces por mí, pero no es válido que tu única razón sea ésa porque no has pensado en el resto, se te ha olvidado que somos una manada y eso es lo que hace un beta también, pensar en el bien de los demás. Así que te pido una vez más, que desistas por ahora con tu objetivo. No me opondré a que en un futuro lo cumplas si aún quieres hacerlo, pero por ahora es mejor dejar las cosas como están y te centres en aprender todo lo que te podamos enseñar la manada y yo.

Sasuke se dio cuenta de que Naruto tenía razón, y que había sido un egoísta en cierta manera porque sólo se había preocupado en lo que él quería, y no había pensado realmente en lo que implicaba ser beta. Además, tras conocer lo de su sed de sangre, era más seguro que no continuara adelante; primero debían eliminar ese instinto por completo.

- De acuerdo.