Un intenso mareo le cegó más que la luz por un breve segundo pero la urgencia de salir huyendo al final fue más fuerte. Sin escuchar los gritos del policía que les exigía quedarse quietos mientras el otro salía de la patrulla, tomó la mano de Tweek para comenzar a correr, sin darse el tiempo a mirar que el vestido quedaba perdido en su carrera. Corrían tan rápido como podían, con la ventaja de conocer mejor el terreno que sus perseguidores, se ocultaron en los arbustos más altos junto al río. Craig se dehizo de su chamarra de piel para ponerla sobre el cuerpo de Tweek.

-Estás temblando, tranquilo- se aventuró a acariciar su mejilla aunque sus manos estaban igual de temblorosas que su voz, más cuando las pisadas comenzaron a sonar próximas. Se puso un dedo en los labios hasta que creyó no escuchar nada. Sujetó a Tweek entre sus brazos, besando su frente para tratar de calmarlo.

De nuevo la luz de una lámpara los sobresaltó, colándose entre las ramas pero al ser estas tan crecidas, no reflejaban su sombra para delatarlos

-Ya vimos que están ocultos aquí. Si en diez segundos no salen, vamos a comenzar a abrir fuego- Tweek hizo el amago de levantarse, pero Craig lo sujetó con firmeza, acercando sus labios a su oreja.

-Tú quédate aquí hasta que nos hayamos ido. Es más fácil si sólo me ven a mí- el rubio abrió la boca para protestar, pero Craig puso sus labios sobre los suyos- necesito que me hagas caso, amor. Por favor. Te juro que voy a regresar por la noche ¿ Está bien?- no esperó a la respuesta, incorporándose con las manos tras su nuca.

-¿Dónde está el otro?- Craig sintió la esperanza perdida de fingir que Tweek era una mujer a ese punto. Trató de no temblar ante la pistola apuntándole mientras el otro policía comenzaba a acercarse a él.

-Se fue para allá- señaló el lado contrario, calmándose un poco al ver que el policía se alejaba- oigan, esto es propiedad privada ¿ No se supone que ustedes sepan eso?- sintió el fuerte tirón de las manos del policía en su cuello.

-No sabes en qué problema te acabas de meter- lo hizo caminar de vuelta por el jardín, mirando con asco el vestido tirado en el pasto- no puedo creer que alguien tan joven esté metido en cosas tan asquerosas- lo obligó a entrar a la patrulla, esperando a que su acompañante volviera con la respiración entrecortada por el cansancio y la rabia.

-Esa marica se escapó- azotó la puerta, mirando al chico en el asiento trasero con profundo desprecio. Craig alcanzó a mirar el jardín por última vez mientras se marchaban.No podía permitirle a su corazón ir tan rápido, ni a su columna serpentear con tanta violencia que incluso sentado podía ver sus piernas temblando. No podía pensar en nada más que Tweek al menos estaba a salvo.

Cuando llegaron a la comisaría el sol ya estaba saliendo. Lo llevaron entre los dos policías apuntando a su espalda porque ninguno quería tocarlo, haciéndole sonrojar por la vergüenza por todas las miradas atentas a él como si fuera un criminal peligroso y no un chiquillo de quince años muerto de miedo. Trató de serenarse y barajear sus posibilidades cuando lo hicieron sentarse en la roída silla de madera en la oficina del comandante.

Apenas pudo soportar lo suficiente para que las ruedas del coche rechinaran y comenzar a correr hacia la cerca, sin preocuparse de ser visto. Los vio alejarse con el alma en un puño. Entró corriendo de vuelta a su casa, tocando la puerta de la habitación de sus padres con desesperación. Richard le abrió.

-Papá, se llevaron a Craig- cualquier rastro de sueño se evaporó en ese momento.

La saliva en su boca se había evaporado, haciendo que su garganta picara al intentar lubricarla. Lo habían dejado a solas pero a través de la puerta se escuchaban claramente las burlas y " espera a que el jefe sepa lo que encontramos" erizándole los vellos de la nuca sobre todo cuando vio al hombre entrar con los papeles en su mano.

-Invasión a la propiedad ajena, deambular a horas no aceptables, sodomía- dejó los papeles en la mesa frente al chico sin mirarlo- tienes de dónde escoger, niño-

-Los Tweak me dan permiso de estar en su casa-

-Oh ¿ O sea que son cómplices?- se mordió con más fuerza los labios, apretando el asiento hasta sentir sus manos astillarse- mejor dame el nombre de tu... lo que sea que se llamen entre ustedes- guardó silencio, apretando más la mandíbula- no me hagas enojar. Si hay algo que desprecie más que a los rebeldes es a los desviados como tú-

-No soy un desviado- murmuró- sólo estaba yo-

-¿Estás llamando mentirosos a mis oficiales? Porque ellos vieron claramente a dos florecitas haciendo cosas que de sólo pensarlas me dan ganas de vomitar-

-No había nadie más- dijo más alto, levantando la mirada, desafiante. El comandante no dudó en tomarlo del cabello con fuerza, estampando su cabeza contra la mesa.

-No me hagas perder la paciencia. Estoy harto de tener las calles llenas de buenos para nada hablando estupideces de la igualdad y los derechos, no quieras jugar al héroe conmigo, encubriendo el culo de esa otra mujercita. Mejor dime quién es o te juro que-

-Era la vaca gorda de tu madre, cabrón- no tuvo tiempo de arrepentirse al sentir el primer golpe derribarlo de la silla.

Sus manos temblaban sobre el abrigo al intentar abotonarlo, escuchando la cascada de palabras de Tweek, sin decidirse entre sorprenderse por lo que estaban haciendo o la rabia de no haber prestado más atención a los ruidos fuera de casa, creyendo que no eran absolutamente nada. Su esposa trataba de calmar a su hijo, secando sus lágrimas y envolviéndolo en la sábana al ver la sombra azul de sus labios por haber estado casi desnudo. Le cerró al paso cuando intentaba seguirlo a la puerta.

-No voy a dejarlo solo, papá, necesito ir con él- suplicó.

- Tweek, cariño- Helen se aproximó a acariciar su rostro- no es buena idea que nos acompañes, va a traer más problemas si debemos explicar por qué te tuvimos escondido tanto tiempo y...-

-¡Pero fue mi culpa que se lo llevaran! ¿Y si lo lastiman? ¿ Y si lo encarcelan?-

-Va a estar bien, bebé. Después nos vamos a estar riendo de esto- le besó la mejilla, cerrando la puerta con llave desde afuera.

Ese último ataque de tos salió con tanta sangre que casi podía jurar que sus costillas estaban rompiéndose, rasgando por dentro. Ya no sabía si el dolor venía de su nariz rota, de sus costillas o de su espalda. Intentó incorporarse, pero al tener las manos atadas tras su espalda, el equilibrio le falló, haciéndole estampar de vuelta su mejilla contra el suelo, ante la risa burlona del comandante. Intentó defenderse, por supuesto. Pero ¿Qué podía hacer contra un hombre armado y entrado en malicia? Apenas atinó a hacerse un ovillo, tratando de aminorar el dolor de sus órganos.

-Entonces ¿ Me vas a decir el nombre de tu amiguita?-

-No sé de quién me habla- sollozó por el dolor- sólo estaba yo-

-Sabes, aunque nunca me aburro de golpear a un saco de mierda como tú, me siento generoso ya que conozco a tu padre así que te voy a dar una oportunidad de salirte de esto ¿ Los Tweak prestan su jardín para esa clase de encuentros? ¿Están al tanto de las aberraciones que vas a hacer ahí?-

-Ellos no saben nada, yo... Yo entré a escondidas-

-¿Con quién?-

-Con nadie- escupió una vez más, lamentando al ver ese trocito de diente no haberle prestado más atención a los consejos de su madre en su limpieza dental. Aunque no estaba seguro que hubiera manera d eproteger su dentadura contra las duras botas de un malnacido. Lo sujetó del cabello, haciéndole mirarle.

-¿La mujercita quiere jugar al salvador? Debo reconocer que tienes huevos, chico. Lástima que sea para proteger afeminados. Sabes... quizá un tiempo en la milicia te cure de tu enfermedad. Nada forja más la hombría que matar a unos cuantos bastardos- estampó su mano contra su mejilla riendo- ¡Barbrady!- el oficial entró con dificultad, queriendo ocultar la conmoción al ver al muchacho tirado en el piso sobre un pequeño charco de su propia sangre- acompaña a esta damita a su carruaje- comenzó a garabatear en un pedazo de papel, sin notar las manchitas de sangre que dejaba - llévalo a El Paso. Ahí sabrán qué hacer con él. Por favor, ten cuidado de no toparte con uno de esos ridículos simpatizantes de los derechos que se creen con los huevos de decirme cómo hacer mi trabajo- el oficial miró con pena al chico, que más bien parecía un pajarito herido cuando lo levantó para hacerlo caminar. Craig quedó inconsciente mucho antes de que lo acomodara en el asiento trasero de la patrulla y lo cubriera con su gabardina.

Fue un instinto el que le dijo que se desviara un poco primero al edificio donde trabajaba Thomas, un instinto que venció la culpa al preguntar por él y verlo con una cara confundida dejar los papeles en su escritorio al notar la presencia de los señores Tweak. Sus labios temblaban sin atinar a decir explicaciones, sólo repetir lo que Tweek le había dicho por la mañana.

-Se llevaron a Craig- el hombre no necesitó más para olvidar la pila de papeles y seguirlos en su carrera a la comisaría.

La algarabía del lugar se detuvo cuando vieron a los tres entrar, cambiando las risas por cuchicheos. Thomas buscaba en la celda de detención el conocido gorro azul de su hijo, sin encontrar nada más que los borrachos de siempre. En la salita de espera. Nada.

-¿Puedo ayudarles?- la voz del comandante era pausada pero su gesto burlón más bien desafiante, sabiendo la respuesta de antemano.

-Craig Tucker- espetó Thomas, intentando no perder la calma al ver la risa ensancharse del hombre.

-Oh ¿Tucker? ¿ Es tu hijo? Vaya...- bufó, fingiendo buscar su nombre en los papeles- no, no creo haber recibido a nadie con ese nombre-

-Lo encontraron en mi casa-

-Ah,ya- rió abiertamente- me confundí un poco con el nombre, ya saben. Craig es nombre de varón y bueno, lo que encontramos en su casa fue una delicada mariposa- Thomas sintió las orejas calentarse.

-¿De qué mierda está hablando?-

-¿No sabías? No creo que sea tu culpa, siempre he creído que tú eres un hombre de principios. Seguro es que tu hijo creció muy pegado a las faldas de su madre. Aunque siendo sinceros ¿ Quién no querría estar pegado a una mujer así?-

-¡Ten cuidado con tu boca!- lo sujetó de la camisa, pegando su rostro. El comandante podía ser lo rudo que quisiera, pero Thomas no se quedaba un paso atrás- estás hablando de mi mujer y mi hijo-

-De tu hija, querrás decir- aunque intentó disimularlo, el agarre de esas manos duras y callosas lo pusieron nervioso. Podía mandar a Thomas a una celda sin pensarlo, pero antes debería soportar un par de golpes que sin duda lo dejarían tirado en el piso- lo encontramos casi desnudo besuquéandose con otro hombre en la casa de los Tweak-

-No es verdad, Craig llegó solo a casa- intervino Helen.

-Mire, señora, no me malinterprete pero lo que usted tenga qué decir no tiene mucho valor aquí-

-No puede abusar así de su puesto ¿ De qué lo acusan? ¿ Con qué pruebas?-

-Dos de mis oficiales los vieron-

-¿Y por qué sólo se llevaron a mi hijo si se supone que eran dos?-

-Bueno, porque el bastardo no quiso abrir la boca.Insistía en que estaba solo y una mierda. Evadir a la ley es una pena muy grande, amigo- se acomodó la gabardina cuando Thomas lo soltó- vamos, tú y yo somos de la vieja escuela. Sabes que esta juventud se corrompe muy fácil con toda esa asquerosa propaganda que se ha puesto de moda ¿ Podrías creer que hay una mujer abogando por que esos maricas y nosotros somos iguales? Escucha, Thomas. Ve esto como un favor, tu hijo no tiene la culpa de estar confundido, sólo necesita un poco de realidad ¿ Sabes?-

-¿En dónde está?-

-Como no quiso cooperar, debí mandarlo con los superiores a Texas, sabes que en estos momentos ocultar información es algo muy grave- rió con petulancia al ver el color de Thomas abandonar su rostro- si sobrevive a las armas, volverá hecho un hombre de verdad-

-No pueden tomar esas decisiones sin consultarme, es un niño todavía-

-Amo este país, juro por Dios que sí. Me enlisté para servir y mantenerlo tan puro como en los buenos tiempos, cuando no había tantos inmigrantes, negros ni maricas ensuciando su nombre. Ahora parece que ya nadie recuerda las buenas costumbres y si me preguntas, es porque se han vuelto muy suaves con los castigos- lo miró fríamente a los ojos, con una sonrisa perversa- quizá tu hijo hizo algo bueno al ser atrapado solo ,porque si los hubiera visto juntos, no habría podido evitar darle un tiro a cada uno. Me enferman las mujercitas. Ahora hazte un favor y deja de quitarme mi tiempo sino quieres acabar en una celda sin llave, tu hijo ya selló su destino y no vas a cambiarlo-

Después todo se volvió ruido blanco, una venda en sus sentidos. Aunque sintió la mano de Richard intentar sujetarlo al verlo trastabillar, no pudo sino apartarla de un manotazo para comenzar a caminar. Escuchó los chirridos de las ruedas al cruzar la calle sin mirar, escuchó los insultos de la gente que empujaba sin poder reaccionar. Escuchó a su hija saludarlo al entrar a casa, cuestionando su llegada tan temprano sin atinar a responder. Escuchó a Laura reclamarle por haber entrado a su habitación sin tocar, sin darle tiempo a cubrir su desnudez. Escuchó sus rodillas chocar contra al suelo al derrumbarse, abrazando las piernas de su esposa antes de ponerse a llorar como un niño.