Zorrito travieso

Últimamente esa dictadora que se hacía llamar su madre lo había puesto a trabajar como esclavo; los pretextos de "Eres el más inteligente, capacitado y simpático profesor que poseo" al principio lo halagaron lo suficiente para entrarle a cualquier cosa, sin temor a las consecuencias. Pero como debió imaginar de Tsunade todo fue un gancho para embaucarlo. Ahora tenía que preparar tres seminarios y dos cursos especiales para antes de comenzar el otoño.

Claro como él no se podía quejar, hacia tantos años que había decidido tomar la plaza en la universidad, que ya hasta se le había olvidado cual fue la razón por la que regresó a la docencia; estaba seguro que su pelirroja le sonaba por haberlo metido en el asunto. Siquiera hubiese escogido una escuela donde su alcohólica progenitora no tuviese el poder.

— Ya casi término —pronunció Minato al despegarse por un rato del ordenador; tantas horas seguidas investigando y escribiendo sobre microeconomía, no podían ser sanas para nadie, a este paso enloquecería con los números y las finanzas.

Suspiró cansado masajeándose los hombros, un perfecto domingo y él encerrado como preso.

Su niño adorado había salido a acampar con el demonio Uchiha y su hermano; mínimo confiaba en que Itachi mantendría la integridad de su angelito, pero definitivamente le reventaba los nervios el ver como su hijo se divertía de lo lindo lejos de los brazos de su papi. El Namikaze sabía que era muy egoísta el mantener cautivo a Naruto sólo por capricho, ceder era una constante en la vida, así que era mejor que se acostumbrara con cosas pequeñas.

Después de todo, si ya había soportado veintiocho horas y cuarentaicinco minutos sin saber de su querubín -no es que estuviese contando-, perfectamente aguantaría otras dos o tres horas; pero más les valía que Naruto estuviese en la puerta de su casa antes de las seis de la tarde o juraba por todo lo bendito que alguna cabeza iba a rodar.

— Bueno a seguir con lo mío —dos o tres horas, era todo. Mejor teclear y olvidarse del resto del mundo.

*-*-*-*SNSNSN*-*-*-*

— Ya casi llegamos niños —anunció Itachi al ver el principio de la zona urbana. Nunca más se "ofrecería" a ir de campamento con tres mocosos que no sabían cuando algo era estúpidamente peligroso ¡Dios! tantas preocupaciones en tan poco tiempo.

Todo emprendió cuando ingenuamente le comentaba a su novio, que una salida romántica al bosque estaría perfecta para celebrar su aniversario. Deidara estaba encantado con el detalle, inclusive el rubio ya tenía en mente la perfecta y acogedora cabañita donde ambos podrían dejar volar sus más tórridas fantasías. Hasta ahí todo bien ¿No?

"¿Van de campamento?". Bendito Sai y su sorprendente poder de pasar desapercibido. Ninguno de los jóvenes notó el instante en que el pequeño de fantasmagórica piel, ingresó a la cocina, lugar donde ambos estaban conversando sobre su escapadita lujuriosa. A Sasuke ya lo tenía al tanto de la situación, así que lidiar con él no hubiese representado mayor problema, pero Sai… aún tenía muchas cosas en las que debía ayudar y/o informar a su primito.

Como por ejemplo, que no debía salir corriendo para notificarle a Sasuke que Itachi-nii se iría de campamento. Así hubiese evitado el que a los cinco minutos ambos niños ilusionados le estuvieran rogando por que los dejara acompañarlo, y luego su madre ¿Qué ella no estaba de viaje -perdida- por Alemania? Dios, Mikoto diciendo lo hermoso que sería que todos fuesen a pasar una noche en el bosque era algo con lo que ni Itachi estaba dispuesto a alegar.

Ahora que hacía memoria ¿En qué momento Naruto se les había unido al circo? De cualquier forma todo concluyó en un día y una noche, viendo los desvaríos de los niños, mientras él y Deidara fungían de chaperones. Vaya cambio de planes. Lo único que quería en ese momento era llegar a recostarse un rato -nunca volvería a cambiar una cómoda cabaña, por una triste casa de campaña y bolsas para colocar en el áspero y helado suelo-, tomar un baño -¿Por qué la naturaleza tenía tanta mugre?- y disculparse apropiadamente con su Dei-chan, quién pensaría que era propenso a ataques de comadrejas*, y eso iba sin doble sentido.

— Muy bien Naruto-kun, en cinco minutos llegamos a tu casa —informó el cansado joven, advirtiendo por el retrovisor como Sasuke había sido vencido por el sueño. Nunca había visto a su hermanito tan activo como esta ocasión; corriendo de un lado a otro, buscando ranas junto al blondo y fingiendo que era como Indiana Jones, pero sin templos Incas de por medio. Quizás si de vez en cuando, podía ofrecerle a su otouto tal despliegue de diversión, el cuerpo agarrotado y la falta de tecnología, valdrían la pena.

Naruto asintió enérgico su cabecita, para continuar hablando con Sai de quien sabe que cosas, sin quitar en ningún segundo, la tétricamente dichosa mueca que se le había instalado en su cara. El niño rubio estaba demasiado radiante a decir verdad, tanto, que seguramente cualquier adulto que no lo conociera, sospecharía de una posible travesura, pero vamos, Itachi llevaba viendo al dorado querubín desde la guardería, y estaba consciente que ese niñato era incapaz de cualquier acto perjudicial o traicionero.

— Demonios; diario trabajo con barro y te juro que mi cabello jamás se había visto peor hum —si Itachi no hubiese estado tan ocupado con Deidara al momento de guardar todo el equipo, quizás habría notado, que Naruto si era muy capaz de hacer tonterías.

Al instante reconocieron la residencia Namikaze, más por el ansioso Minato que al parecer ya llevaba rato haciendo guardia, que por llevar años frecuentándola. En cuanto el pequeño de las azulinas gemas descendió del vehículo, su cara fue atacada a besos, para luego ser tomado en brazos por el mayor iniciando un chequeo general del estado de su nene.

— ¡Gracias por todo! ¡Nos vemos mañana Sai, Sasuke! —gritó Naruto cuando finalizó de descargar todas sus pertenencias. Reparando en un Sasuke recién despertado con su cara de mala leche, y a Sai que le veía cómplice. Definitivamente había sido un fin de semana muy divertido.

— Bueno cariño yo te ayudo con todo esto —mencionó Minato, haciendo aman de llevar todo el equipaje de su querubín.

— ¡No! —gritó Naruto. Interponiéndose entre una gran mochila anaranjada y su padre. Poco es decir, que la cara del rubio adulto quedó desfigurada en extrañeza al percibir tal ataque por parte de su hijito ¿Acaso Naruto le había gritado, y no de júbilo? —. Perdón papi —se disculpó el menor, no era su intención actuar tan a la defensiva—. Es sólo que yo… yo puedo llevar las cosas a mi cuarto, ya estoy grande así que no te preocupes.

La sonrisa conciliadoramente nerviosa y el gesto anhelante de las manos. No necesitaba ser un genio para saber que algo malo ocurría ahí. Y sin embargo, seguía tan shockeado, que no podía evitar, el tiritar de su propio corazón y el deseo de retroceder más que nunca el tiempo.

No enserio ¿Su Naruto le había gritado?

*-*-*-*SNSNSN*-*-*-*

Estaba a punto de renunciar a su plaza; un poco más y su decisión sería definitiva.

Desde hacía dos semanas que su niño se estaba comportando perturbadoramente sospechoso, cual criminal fugado, a la expectativa de que la justicia diera con él. Era esquivo con las conversaciones, luego de las comidas inmediatamente se iba a su habitación, en lugar de quedarse a charlar con su familia con en antaño. El fin de semana prefirió pasarlo encerrado en la casa, que ir con sus abuelos a la feria ¡Joder, que incluso le ponía el pestillo a la puerta de su cuarto!

Para rematar la situación, en lugar de tener un espacio de tiempo libre para ponerse a hablar con Naruto, cada segundo de su miserable existencia, se lo pasaba planeando los itinerarios que su madre le había encargado. Si el problema con su querubín no se solucionaba pronto, dejaría el trabajo para volver a ponerle toda la atención del mundo a su nene; si Kushina se volvió su sustento una buena temporada, pues la pelirroja podía retornar a ser quien trajera el pan a la mesa.

Aparte de que el apoyo de su mujer desapareció totalmente al sucumbir a los estragos de las alergias de temporada. Kushina hacía años que no sufría de semejantes ataques de asma, bonito momento que se le ocurrió para que su formidable salud se desvaneciera.

— Seguramente un andrajoso gato callejero, anda rondando por ahí —siseó la bermeja, acudiendo de nuevo a su recientemente adquirido inhalador. A Minato le hubiese gustado contestar que de eso ya llevaban años, desde el primer instante en que dejaron entrar el niño Uchiha a la casa; pero no era tiempo para bromas.

— De lo que deberías preocuparte es de Naruto —le reprochó directamente el rubio. No quería ser un idiota desconsiderado con su amada esposa, pero el asunto de su hijito de verdad que le daba un "yuyu" de muerte. Los peores escenarios ya habían desfilado por un dorada cabecita, atormentándolo por noches enteras. El estrés quería ponerle fin a su paranoica vida—. Quizás son drogas —comentó al final, exteriorizando los peores fantasmas, que amenazaban por consumirlo.

— Minato, tiene once —contestó Kushina desanimada; no es que no le importase el bienestar de su retoño, pero con los pulmones congestionados y la caja de Kleenex como accesorio primordial a su lado; la ansiedad de su marido no era algo exactamente llevadero—. Además, es lo suficientemente inteligente, para saber que no debe aceptar nada de extraños —dios que mal se sentía; ya ni porque puso a Minato a limpiar concienzudamente -más si era posible- su hogar, esa sensación de que algo se introducía por su nariz irritándole todo el sistema respiratorio, desaparecía.

— Y si el Uchiha se las dio —mejor ignorar lo que se estuviera cociendo en la perturbada mente del Namikaze.

Ya luego ella averiguaría lo que rondaba por la vida de Naruto, para saber si no era otra cosa que los indicios de que la pubertad estaba a la vuelta de la esquina, cambiando las actitudes de su niño, modificando un tanto la personalidad, los estragos psicológicos acompañados por los cambios físicos, podían volver al infante más amable y tierno en un mostrito hedonista. Ahora lo que le preocupaba era que efectivamente algún bicho se hubiese colado a su nidito. Eso explicaría en parte los jarrones rotos y que el sillón apareciera desgarrado de una esquina. Detalles en los que su conyugue no había reparado al estar enfocado únicamente en su pimpollo adorado.

— ¡Mami, papi!

Bueno, quizás si debió de ponerle un tanto más de vigilancia a su crío; así sabría la razón por la que los apresaba a ambos, entre un mar de lágrimas, sin poder conjugar nada coherente.

*-*-*-*SNSNSN*-*-*-*

— Lo siento —lo que hizo fue estúpido y sin medir las consecuencias de sus actos. Pero es que era algo que ansiaba tanto, con un fanatismo casi enfermizo. Un ideal que jamás creyó poseer ni por unas míseras semanas ¡Dios como negarse a esos ojitos acuosos y lastimeros!

Kushina y Minato miraron compresivos a su hijo. Y el cómo éste acunaba amoroso a un pequeño cachorro de zorro. El rubio adulto no pudo más que sentirse aliviado.

Al parecer cuando fue a acampar con los Uchiha, Naruto encontró la madriguera de unos zorros; de inmediato su niño se cautivó con el pequeño animalito que instó por seguirlo y juguetear a su lado, mostrándose curioso ante el rubito, tal fue la vorágine de dichosas sensaciones que le causó la peluda presencia, que el cerebro de Naruto no pedía otra cosa más que conservar al cachorrito a su lado.

Así con la ayuda de Sasuke y Sai -especialmente el último- logró meter a la criatura al auto; de cualquier manera era un bebé, así que el zorrito se la pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo -por lo cual no fue problema ocultarlo en su equipaje entre la calentita ropa del blondo- y el resto o comía o jugaba/destruía.

— ¿Por qué lo hiciste cariño? —cuestionó su padre en tono conciliador. No era su intención regañar al menor -bueno, quizás un poquito-, especialmente viendo la culpa que cargaba el infante sin necesidad de sincerarse ante sus padres.

— Es que mamá no soporta a las cosas peludas y esponjosas —varios años atrás, Naruto había pedido para su cumpleaños un perrito; con toda la pena del mundo la pelirroja le explicó que debido a complicaciones de salud, les era imposible tener cualquier mascota que implicara pelo. Y vamos, que una tortuga o peces dorados no se comparaban con animales activos y acariciables—. Y yo de verdad que quería una mascota; pensé que dejándolo libre por la casa cuando no hubiese nadie y manteniéndolo en mi habitación el resto del tiempo, Kyuubi podría ser feliz pero… ¡Ahora se está muriendo y todo es mi culpa!

Naruto dirigió una angustiosa mirada al zorro, que respiraba agitado. Además por lo que les había contado su cielo, el animal no había querido comer desde hace un par de días, y digamos que como bonus, el baño de la habitación de su niño era un penoso escenario, al cual pocos y valientes hombres se atreverían a entrar.

— No te preocupes amor —dijo la pelirroja, dejando atónito a su esposo—. La mayoría de los niños, desean una mascota; pero para la próxima si piensas meter algún bicho a la casa, por favor que no sea un animal del bosque —ella también podía ser comprensiva, lo mejor era hacer que su niño se tranquilizara y luego botar de su hogar a esa máquina de estornudos.

— ¿Que le va a pasar a Kyuubi? —preguntó Naruto atormentado. No podría soportar que su más reciente amigo falleciera.

— Seguramente la comida que le diste lo puso enfermo —explicó la rojilla.

— ¡Pero busqué por internet que debía darle!

— Aun es muy pequeño, necesita a su madre —determinó el Namikaze, su niño se había esforzado mucho por mantener a la criatura, pero era obvio que ésta no sobreviviría en cautiverio—. Lo mejor que podemos hacer es llevarlo al zoológico o algún buen veterinario a que lo examinen, y luego nos dices donde lo encontraste para poder reubicarlo en su habitad natural.

Naruto asintió ante la sugerencia de su padre. Era mejor no volver a ver a Kyuubi, pero saber que el zorrito viviría dichoso, a observar como moría entre sus brazos.

— Sabes mi vida —dijo Minato, al instante en que la familia arribaba rumbo al veterinario— Sé que nosotros no podemos tener mascotas, pero tus abuelitos si puede —el rostro de Naruto se iba iluminado conteniendo el aliento—. Qué te parece que le compremos un gran perro a Tsunade oba-chan, y luego tú lo vas a ver cada que quieras —el grito ahogado y los respectivos besos futuros, serían pago suficiente para lidiar luego con la rubia.

Después de todo, su madre no se iba a negar a nada en cuanto viera la carita dichosa de su adorado nietecito. Además de que Tsunade necesitaba un escarmiento; y nada mejor que un animal destruyéndole los muebles y babeándola cada que inclinara demasiado el codo, para devolverla a la realidad y hacerla comprender que a los hijos no se les explota.


Notas

*El nombre Itachi, literalmente significa comadreja.

Muchas gracias por todo el ánimo que me enviaron, ahora sí que estoy motivada a seguir con la historia; y también como varias personitas me dijeron, al parecer lo que había estado faltando es que últimamente he pasado un tanto del que se supone que es nuestro prota ¡Minato! El chiste es volverse a centrar en la trama origina, y cómo podría ser esto Complejos de Padre, si no tenemos a nuestro papacito Namikaze en medio de todo XD.

En cuanto al otro punto; no me refería a abandonar el fic, era más bien un "apresurar el final". Pero ahora pondré todo de mi parte para -independientemente lo que dure el fic- que pueda entregarles calidad en cada letra. Así que de nuevo muchísimas gracias por todos los comentarios;

Ro 91; sabaku no eli; Disco Heaven; KShieru; ika; lightless.x; Hokuto no Ken; Mikiita; Yuki-2310; closeaccount; Ranmen-chan; Nekomata Uchiha; Likeanotherone.k; Aswang; YuK-G; Sayukira; axelia uchiha; NAthy!; Lykan Youko; sol yuki uzumaki; Armys; Bonnie Dattebayo; .rishuu.71; ; castiel black; Pikacha y Tilly Reyes.

Cuídense mucho y espero leernos pronto.