Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.
...
— ¿Te has enfadado?— Su voz suena en un leve susurro.
—No, claro que no
— ¿Entonces por qué no hablas?
— Porque no tengo nada que decir, Peeta— Él se detiene en seco.
— ¿Qué no tienes nada que decir?— murmura casi escupiendo las palabras— ¿No tienes nada que decir sobre lo que ha pasado antes? ¿Nada sobre…sobre nosotros?
Su voz hace que me estremezca. Un escalofrío recorre toda mi espalda. No sé qué pensar de nosotros, ni de lo que he hecho. Sé que yo no soy así. Ni siquiera había besado a nadie en serio antes que a él. Y hace unos minutos habría llegado hasta el final si Peeta, el caballeroso y dulce Peeta, no nos hubiera detenido. Había perdido la cabeza, sus caricias y sus besos me incendian demasiado. No me dejan pensar, no razono, solo me dejo llevar.
Solo tengo una cosa clara: Peeta me vuelve loca y no sé por qué.
Puede que sean sus dulces ojos, su amplia sonrisa incluso en los momentos difíciles, sus manos fuertes o los bucles de su pelo.
Solo con pensar así de él me olvido de todo y el vientre se me encoge. Y eso es peligroso. Los sentimientos en Los Juegos del Hambre son peligrosos. No podemos permitirnos esa clase de sentimientos, es más, no podemos permitirnos ningún sentimiento. Porque te hacen débil, si quieres a alguien aquí dentro te haces débil, manejable, los Vigilantes pueden jugar contigo, los otros tributos pueden usarlo en tu contra.
Pero yo no soy un tributo. ¿Puedo permitirme disfrutar de Peeta? ¿Aprovechar el momento? Quizás sea nuestra única oportunidad. Sacudo la cabeza. No, no puedo pensar así. No puedo pensar que será nuestra "única oportunidad" porque Peeta y yo vamos a salir de aquí. Y él tendrá una larga vida en la Aldea de los Vencedores. Mi conciencia hace que me pregunte por mí misma, pero prefiero no pensar en ello, no sé que me deparará la vida después de salir de aquí. Es mejor no pensar.
— Nosotros…— Susurro. Peeta me mira con una expresión extraña en su rostro, entre la ira y la pena.
— Sí, Katniss, nosotros— Espeta. Yo suspiro.
— Tú…tú me gustas Peeta… más de lo que imaginaba, más de lo que es sano para mi cordura aquí dentro— Noto como sus labios se curvan en una pequeña sonrisa—Pero…
—¿Pero?
— Pero…esto— Nos señalo frenéticamente— Nuestra relación, o…o lo que sea que tengamos…Nos hace débiles…no quiero que te vean débil, porque si por eso tú…tú…—Las palabras se me atascan en la garganta. No soy capaz de hablar, noto como los ojos empiezan a escocerme, signo de que estoy a punto de llorar. La sola idea de que el pueda no salir de aquí hace que todo a mi alrededor se derrumbe. Peeta acorta los pocos pasos que nos separan y me abraza, la leña se interpone entre nosotros por lo que la dejo caer.
— No nos hace débiles…— Susurra a mi oído, se que intenta que nadie, que ninguna cámara pueda recoger sus palabras, incluso noto como esconde su boca entre mi trenza— Nos hace más fuertes, porque somos dos contra todo…Los dos juntos.
—Juntos…— Susurro intentando contener las lagrimas. Noto como asiente contra mi cuello, luego me lo besa.
— Estamos juntos ¿no?— Tiemblo al oírle.
— Sí…¿no? También te gusto ¿no?— Me muerdo el labio, odiándome por sonar tan insegura. Peeta deja salir una risita y noto como mis mejillas se encienden.
— Me gustas muchísimo…— Susurra apretándome más contra su cuerpo, suspirando, aunque no entiendo ese suspiro le abrazo más fuerte. Luego, después de unos segundos así posa sus labios sobre los míos en un beso muy dulce.
—¿Crees que ellas…?
— Es mejor que no lo sepan— Me corta antes de que siga con mi pregunta.
Asiento y recogemos las ramas del suelo, estamos perdiendo un tiempo precioso. Cuando llegamos junto a Delly y Rue, ellas ya están nerviosas, sobretodo Delly, veo el terror en sus ojos, ese nerviosismo por culpa de la incertidumbre. Y la verdad es que no puedo culparla, estar aquí es prácticamente una sentencia de muerte.
Preparo la leña y antes de encenderla pido a Rue que suba a lo alto del árbol y vigile, ella es más pequeña que yo, por lo que pude subir más arriba y ver más terreno. Si ve cualquier movimiento extraño apagaremos el fuego y nos iremos, aunque la carne esté sin cocinar. Cuando está todo listo y la carne sobre las brasas intento relajarme un poco, me siento junto al fuego en parte para vigilar la comida y en parte porque mirar las brasas me relaja. Siempre lo ha hecho, desde que era pequeña, me podía pasar horas y horas mirando las brasas del carbón en la chimenea. Peeta se sienta a mi lado y pronto el olor de la carne asada hace que nuestros estómagos rujan a la vez. Nos miramos a los ojos y sonreímos. Aunque pronto dejo de hacerlo al sentir la mirada de Delly clavada en mí. Tiene el ceño fruncido, y los labios apretados en dos finas líneas. Me siento incomoda con esa mirada, y aunque tengo ganas de decirle que cambie esa cara, me resisto y evito mirarla.
Cuando la carne está hecha aviso a Rue y baja de un salto. Apagamos las brasas y las esparcimos, nadie podría decir que ahí ha habido un fuego. Decido que lo mejor es que nos movamos de allí, incluso el olor de la carne podría delatarnos. Cuando hemos andado cuarenta o cincuenta minutos creo que ya es suficiente, además nuestros estómagos protestan demasiado. Oigo cerca el arrollo así que propongo quedarnos cerca de él, pero ocultos por los arbustos, no estoy dispuesta a que nos vean desde la otra orilla.
Nos sentamos en un circulo y reparto el conejo entre los cuatro. Rue y yo rápidamente empezamos a comer. A los dos chicos de mi distrito les cuesta más hincarle el diente a la carne. Supongo que es porque la parte de fuera está ennegrecida por las brasas.
—Comed, está bueno— Insisto e inconscientemente obligo a Peeta a acercarse la comida a la boca— Muerde ya…— Susurro mirándole a los ojos. Él me obedece y sonrío satisfecha.
Delly al verle suspira y con la nariz arrugada también muerde la pata de conejo que tiene en la mano. Aparto la vista de ellos y la fijo en mi trozo de conejo. Como con ganas y hasta rechupeteo los huesos. Cuando acabamos el conejo reparto la mitad del ave al que hemos nombrado granso, ya que Rue dice que conoce ese tipo de animal y en su distrito lo llaman así. La niña está extasiada con tanta carne, casi no se cree que tenga todo un muslo del animal para ella sola. Yo no puedo evitar sonreír al ver su felicidad con tan poco. Cuando nos hemos llenado la tripa todos entierro los huesos para que ni eso les de pistas a los profesionales de donde hemos estado.
—¿ Qué vamos a hacer ahora?— Murmura Delly, vuelve a estar tensa. Miro a Peeta y sé que él quiere que sigamos escondiéndonos, pero yo no estoy dispuesta, tarde o temprano los Profesionales nos encontrarían, necesitamos tener una cierta ventaja sobre ellos.
—Tenemos que ponerles las cosas más difíciles a los Profesionales.
— No Katniss, ni lo pienses— Responde rápidamente Peeta, dispuesto a empezar la misma discusión de anoche.
— ¿Y qué quieres hacer? ¿Esperar a que te encuentren?
— No…no…— Balbucea. Las otras dos chicas nos miran con la boca entreabierta.
—Entonces, hagamos algo para que ellos lo pasen mal.
— ¿Cómo?— Pregunta Rue, parece la más emocionada con la idea.
—¿ Cuánto tiempo creéis que aguantarían sin ese montón de suministros del que habló Rue?— La idea que se va formando en mi cabeza me gusta.
— Pero es imposible hacerse con esos suministros…—Responde rápidamente mi Chico del Pan— Siempre está vigilando por ese chico, el del Distrito 3.— Asiento pensativa, es raro que un "no profesional" se alíe con ellos.
— ¿Está solo?
— Ajá…— Murmura la niña. Peeta cada vez está más nervioso, noto como no deja de frotarse las manos y de apretarlas en puños. Intento que no me ponga nerviosa a mí y centro mi atención en Rue, que es la única que me apoya.
— ¿Tiene armas?
— A él solo le he visto con una lanza…
— Y es un chico pequeño, de mi tamaño…—Añado
— Katniss no— Peeta vuelve a meterse en la conversación pero intento no hacerle caso— ¿No ves que algo no encaja? Toda esa comida y armas ahí a la vista, solo vigilado por ese escuálido chico— Suspiro, tiene razón. Algo huele mal en ese esquema— Y aunque llegaras hasta esa comida, ¿qué harías?
—Deshacerme de ella, por supuesto.
—¿Cómo?
— Hmmmm…la quemaría…la tiraría al lago— Sonrío— ¡Nos la comeríamos!— Solo Rue ríe ante mi broma.
Me muerdo el labio, mientras que el plan se crea en mi cabeza. Peeta me agarra de la mano con fuerza, creo que me conoce lo suficiente como para saber que estoy pensando en algo. Le miro e intento sonreír un poco, pero de nuevo la mirada de Delly me lo impide. Cada vez estoy más segura que sabe que Peeta y yo tenemos algo. Por lo que sabe que ella estará en desventaja en algún momento.
— Vale…— Resuelvo— Creo que ya sé qué haremos— Me levanto mirando a Rue, soltando la mano de Peeta, lo que voy a decir no va a gustarle — Recogeremos ramas verdes… y… hmmm… Haremos varias hogueras para que los Profesionales lo vean…Creerán que vienen a cazarnos…pero entonces aprovecharé y destruiré todo…Vosotros estaréis escondidos— Digo al ver la cara de miedo de Delly— Luego volveremos a encontrarnos.
— No vas a ir sola— Sisea Peeta— No vas a ponerte en peligro así.
— ¡Es necesario Peeta! Sin comida estarán más débiles, podréis ganar…
— ¡No!
— No seas tan cabezota Peeta— Está empezando a enfadarme. Y no quiero estar así con él, ¿no se da cuenta de que lo hago por él?
— Lo someteremos a votación.— Susurra Rue. Yo asiento con una media sonrisa.
— ¿Quién quiere que sigamos con ese plan y tener a los Profesionales muertos de hambre?
Nada más que formulo la pregunta Rue levanta la mano como si estuviéramos en el colegio, sonrío y yo misma lo hago. Peeta niega con la cabeza y se cruza de brazos. Los tres miramos a Delly. Pero ella solo me mira a mí. No sé descifrar su mirada, pero esa me asusta un poco.
Pero hace algo que me sorprende, sin dejar de mirarme levanta su mano derecha.
...
Katniss siempre saliéndose con la suya ¿verdad?
Agradecimientos: muchas gracias por sus reviews a charlotte8800, PeetasAndHerondales, akatsuki84, Angiiee7, Everllarkglee4ever, Katniss bella luz, Day Lynn Leery, y Luin-fanel
Adelanto:
Peeta me sigue a unos pasos de distancia, aunque al final acabo esperándole para protegerle. Los Profesionales estarán ocupados, pero quedan aún más tributos en la arena, y pueden ser igual de peligrosos, aunque creo que salvo al chico del distrito 11, no les temo a ninguno. Llegamos de nuevo al río y aprovecho para llenar nuestras botellas, luego busco las cuevas que vi antes. Están a una distancia prudencial del campamento y podremos escondernos también del resto de tributos, el río puede ser un lugar peligroso, pero dudo que ningún otro tributo se atreva a acercarse tanto al lago sabiendo quienes están allí.
Encuentro la primera sin ninguna complicación, salgo del agua y me acerco a comprobar su profundidad, creo que puede servir para pasar la noche, aunque antes tendremos que esconder la entrada, en mi cabeza siempre está el refrán "más vale prevenir que lamentar".
Nota de autor: colgaré el siguiente capítulo en unos diez días más o menos!
Besos de fuego!
