Disclaimer: Los personajes no son míos son de Stephenie Meyer y la historia es una adaptación de Shayla Black.


Capítulo 14

Edward respiró profundamente. El arma en su mano se sentía como una vieja amiga. Agradeció de manera silenciosa a Sue por haberle enseñado a usarla años atrás. Ella los había llevado a Jasper y a él de caza todos los veranos cuando se suponía estaban aprendiendo contabilidad y cómo manejar un aparejo. Correcto, habían aprendido esas cosas… pero muchas más. Sobre todo, habían aprendido que eran hermanos y que podían depender uno del otro, sin importar para qué. Cada vez que su padre había intentado convertirlos en rivales, Edward recordaba la relación estrecha con Jasper durante aquellos veranos, que por primera vez, le enseñaron la verdadera importancia de la familia. Cuando Emmett llegó, se había convertido en otro hermano de quien depender, incluso si Edward no siempre lo hubiera dejado traslucir.

Ahora, él deseaba que su familia fuera un grupo muy unido, compartiendo a Bella y su amor.

Tan pronto como él echara al que la amenazaba.

Aplastó el cuerpo contra el ladrillo y escuchó, tratando de averiguar la identidad del hijo de puta.

—Tienes un hermoso cuerpo, Bella. Deja caer la bata para que pueda ver algo más que tus senos. Quiero saber si ese cabello rubio tuyo es real. Sé cómo las putas cambian su apariencia para seducir a los hombres.

Oh, iba a matar a ese cabrón. A Edward no le importaba cómo o por qué este hombre había quedado tan jodido. Nadie iba a hablarle a Bella de ese modo.

Edward se asomó por la esquina. Incluso desde atrás, reconoció a James por el cabello cortísimo y sus ropas. Cabrón hijo de puta.

Bella estaba de pie con la luz del sol bañándola, se sostenía con fuerza la bata en torno a su cintura y los ojos verdes le brillaban de miedo. Se veía tan joven y vulnerable. Tan sola. Ella era suya para protegerla. No la podía decepcionar. Preferiría morir con ella que vivir sabiendo que le había fallado.

—Vas a tener alguna dificultad para averiguar eso, pero te diré que no me decoloro el cabello.

El dulce tono nasal de Bella lo recorrió. No había miedo en su chica. Su voz firme era música para sus oídos.

Edward era un hombre posesivo. Podría compartir con sus hermanos, pero cualquier otro estaba fuera de consideración. Sin embargo, estaba dispuesto a que Bella hiciera todo lo necesario para mantenerse viva. Sin importar qué, la amaría. Y con el tiempo, su amor incondicional… y el de sus hermanos… la sanarían.

Edward bordeó la esquina y comprobó la posición de todo el mundo. Bella estaba en el fondo. James, el hijo de puta, a apenas tres metros delante de ella, de espaldas a Edward. Otra persona se sentaba en la mesa, la cabeza baja sobre el hierro forjado.

¿El otro técnico, Jacob? Él no se movía. La sangre goteaba lentamente encima del patio de piedra. Tal vez James disparando a Jacob había sido el ruido que Edward había escuchado. Si James ya había matado a alguien, entonces Edward podía disparar a discreción… si pudiera sacar a Bella fuera de la línea directa de fuego. Como estaban las cosas, si Edward disparaba a James y erraba, Bella sufriría.

Con un leve movimiento de cabeza, atrapó la mirada de Bella. Sus ojos verdes brillantes se abrieron de par en par. Él deseaba que ella hiciera lo que fuera que tuviera que hacer.

Te amo, Bella. Él articuló las palabras.

Con una mirada que le dijo que ella entendía su consuelo, Bella dejó caer la bata, exhibiendo por completo su hermoso cuerpo. Luego ella saltó fuera de la línea de fuego.

Eso tuvo el efecto deseado. James maldijo de manera salvaje y cargó sobre ella, absorto en el ataque. Eso dejó a Edward libre para actuar.

Respirando con calma, salió de detrás de la casa, apuntó y disparó.

Después de un rápido jalón del gatillo, el cuerpo de James se sacudió con fuerza. Entonces la sangre comenzó a empaparle la camisa en el hombro derecho. Bella gritó y corrió hacia Edward. Pero James no la dejaría ir con tanta facilidad. Se abalanzó sobre ella, atrapándole el tobillo en un agarre mortal.

—Tú te quedas conmigo, puta—gruñó.

A Edward el corazón se le alojó en la garganta.

—Déjala ir y podrás vivir—le gruñó a James, dándose la vuelta para ponerse delante del gilipollas y acercándose.

—Ella es mía. Si yo caigo, me la llevaré conmigo. —James levantó su arma con la mano libre. Una sonrisa espantosa le deformaba el rostro—. Ella es mía.

—No, no lo es, hijo de puta. —Edward no dudó. Levantó la escopeta y volvió a disparar. Y una vez más.

Finalmente, James relajó el agarre. Bella se soltó y corrió en busca de él. Edward la atrapó en sus brazos justo cuando oía gritar a sus hermanos desde el camino de acceso.

Bella lo abrazó.

—Lo siento mucho. Debería habértelo dicho antes, Edward. Te amo.

El corazón de Edward se infló de orgullo mientras mantenía el arma apuntada sobre James, por si acaso.

—Cariño, yo también te amo. Muchísimo.

Sus hermanos entraron corriendo en el patio. Emmett pateó la pistola de James lejos, luego se inclinó y puso los dedos sobre la carótida del técnico.

—Muerto.

Edward pensó que tal vez debería sentirse mal por haber tomado una vida, pero todo lo que sentía en este momento era un profundo alivio. La paz y la sensación de lo correcto siguieron cuando sus hermanos los cercaron. Los brazos masculinos rodeando a Bella.

Su mujer estaba a salvo y su familia finalmente estaba completa.

Horas más tarde, Bella entró en la casa, sus manos seguían temblando. Aun podía ver la cara desesperada de James, sentir el escozor de su agarre mientras le aferraba el tobillo, intentando arrastrarla hacia abajo con él. Tanto dolor y rabia había ardido en sus ojos justo antes de que Edward le hubiera dado el golpe mortal. Nunca olvidaría la furia burbujeando en su expresión, poco antes de que hubiera caído hacia atrás, muerto. Horas más tarde, ella seguía temblando.

—¿Bella?—indagó en voz baja Jasper cuando entró en la habitación—. Pensé que te gustaría saber que Jacob llegó a Anchorage. Ahora está en cirugía, pero los médicos dicen que va a estar bien. La bala no dio en los pulmones. Si James le hubiera vuelto a disparar…

James le habría matado, como la habría matado a ella al fin. Como podría haberlos matado a todos.

Los brazos de Jasper la rodearon, metiéndola en la comodidad de su pecho.

—Cariño, puedes llorar. Deja que salga todo.

Ella le permitió a Jasper envolverla en su abrazo protector.

—Estaba muy asustada.

—Lo sé. Igual que todos. Pero estuviste magnifica, Bella. No entraste en pánico. Te mantuviste centrada y ganaste tiempo para que Edward lo abatiera.

—Juro que mi vida me pasó por delante cuando te vi en ese monitor de seguridad. —Edward se paró en el umbral.

Ella sollozaba y se sentía bien llorar. Se había obligado a ser fuerte mientras estuvo al cuidado de Scott, esperando por una ambulancia. Se había aguantado en la oficina del sheriff mientras hacía su declaración. Ahora quería la comodidad de los brazos de ellos a su alrededor, pero solo Jasper parecía estar dispuesto a acercarse a ella. No entendía.

—¿Pensaste que estaba haciendo algo que no debería? —preguntó Bella. Cuando se paró delante de la cámara, había sabido que Edward solo podría verla a ella. ¿Qué había pensado que estaba haciendo?

El rubor de él le dijo todo lo que necesitaba saber.

—Por un momento pensé que estabas provocándome, como Tanya solía hacer.

Emmett se volvió hacia su hermano, su cara poniéndose intransigente y testaruda.

—Gilipollas, ella no se parece en nada a Tanya.

—Lo sé. Y rápidamente entendí que algo andaba mal.

Pero Edward no la había abrazado desde el momento en que ella había corrido a sus brazos. Después de eso, levantó su bata y la cubrió, su toque casi impersonal. Él había buscado su falda y su blusa pero no se había ofrecido a vestirla. Tampoco Emmett. Los dos estaban muy corteses y distantes.

Bella necesitaba sentirse viva… y amada. Pero Emmett simplemente se apoyaba contra la pared, mirándola con sus ojos entornados con ansias. Edward se contenía, su cara ansiosa, pero no hacía ningún movimiento hacia ella.

Jasper le retiró con suavidad el cabello y le levantó la barbilla hacia él.

—Veo que necesitas algo, cariño. Dime qué.

Bella no lo dudó.

—A todos vosotros. Junto a mí.

Ella necesitaba perderse en el placer que ellos le daban. Los necesitaba rodeándola.

—Bella, has pasado por muchas cosas. —Gavin decía una cosa, pero sus ojos otra. Ellos se la estaban comiendo y su sexo se contrajo ante la hambrienta expresión. ¿Por qué no avanzaba hacia ella?

—Deberías descansar —insistió en voz baja Emmett, pero se negaba a mirarla—. Puedo dormir en una de las otras habitaciones. Esta noche necesitas descansar.

—Haré lo mismo —ofreció Edward, el deseo en su rostro atenuándose—. Y hay otra habitación para Jasper. Haré que también la preparen.

Jasper la abrazó con más fuerza.

—Yo me quedo con Bella.

¿Él era el único? ¿Los otros no la querían más? Su primer instinto fue llorar, pero la ira se levantó más rápida.

Antes de que pudiera enfrentarlos, Jasper intervino.

—Será mejor que os expliquéis, hermanos. O ella podría empezar a arrojar cosas de nuevo.

—No importa. —Bella no podía creer que hubieran terminado con ella. Pero si Emmett y Edward no la querían, entonces tendría a Slade y vertería todo su amor en él—. Estaremos bien solos. Ellos pueden dormir donde quieran. Pero deberían irse ahora porque voy a besarte, Jasper Cullen. Te deseo.

Una sonrisa larga y lenta le cruzó el rostro ridículamente guapo.

—También te deseo, cariño. ¿Quieres jugar?

Eso sonaba maravilloso y le carcomió los sesos

—Por favor.

—¿Quieres jugar ahora? —Emmett la miraba sin creerlo.

—Habéis oído a la dama. Ponte en posición, Bella —murmuró Jasper—. Y detén el papel dominante.

Bella cayó de rodillas.

—No sé qué significa eso.

Una risita baja tronó desde de pecho de Jasper mientras él le tocaba la cabeza.

—Significa que estás tratando de manipularme para conseguir lo que quieres.

Bella se encogió de hombros. Ella no iba a dejar de hacer eso. Jasper tendría que acostumbrarse a esa cosa de papel dominante.

—Eso te convierte en una pequeña sumisa malcriada—dijo Emmett, su voz asumiendo ese gruñido bajo que aceleraba el corazón de Bella. Cuando él finalmente la miró, su mirada era caliente y oscura con la amenaza de pecado.

—Acordamos darle tiempo —dijo Edward. Pero él se estaba alejando de la pared, acercándose, acechándola.

—¿Tiempo para qué? —Bella se estremeció cuando ellos la cercaron.

Todos ellos podrían haber muerto hoy. Ella no quería perder el tiempo. Solo quería sentirlos.

Jasper enredó las manos en su cabello. El pequeño pinchazo de dolor la hizo gemir.

—¿Estamos jugando?

Bella sabía a dónde iba él con eso.

—Sí, señor.

—Entonces me obedeces. Tus Amos necesitan hablar. No interrumpas. —Él sonrió—. Escucha un poco. Podrías aprender algo.

Tal vez… pero probablemente tendría problemas para quedarse callada. Con todo, Bella se cuestionaba si ella era apta para esta relación o lo bastante buena para ello. Era exactamente lo que esos tres hombres necesitaban.

Y ella los necesitaba. Necesitaba la profunda comprensión y la conexión del alma que había encontrado con Jasper. Deseaba ardientemente la dominación alocada de macho alfa de Emmett. Y deseaba la dualidad de Edward. Él era todo refinado en la superficie, pero debajo de ésta, la necesitaba más que los otros dos.

—Ella ha atravesado por una experiencia terrible. Tiene que estar traumatizada. ¿De verdad crees que, en este momento, necesita que la zurremos y atemos? —preguntó Edward.

Eso era exactamente lo que ella necesitaba, en especial si ellos sacaban ese chisme del separador. Bella abrió la boca para decírselo, pero la expresión de Jasper la hizo detenerse.

—Entiendo que Bella ha afirmado que lo necesita. Creo que jugar duro con ella le aseguraría que estamos aquí para ella sin importar de qué forma lo necesite. —Jasper sonaba muy razonable. Siempre la había entendido.

—James la hizo desnudarse. En verdad no sé qué otra cosa le hizo. ¿Cómo vamos a saber si algo de lo que hacemos le traerá de regreso todo? —Emmett sonaba torturado.

Bella levantó la mirada hacia Jasper, intentando sin palabras dejar claro sus necesidades.

Jasper suspiró.

—Díselo. No me van a creer.

—Él no me hizo nada horrible. Edward llegó antes de que me pusiera una mano encima. Me quité la bata porque me daba algo de tiempo. No me gustó que me mirara, pero incluso si me hubiera violado, seguiría siendo vuestra. Seguiría necesitando esto. Pero estáis dudando. ¿Debería preocuparme de que no me queráis más? Tal vez ahora que el peligro ha pasado, vuestros instintos protectores han disminuido y ya no me encontráis tan atractiva. Si ese es el caso, entonces deberíais iros corriendo a vuestras camas.

Ella estaba muy satisfecha cuando a Edward se le cayó la mandíbula y Emmett entrecerró los ojos.

—Esto es pasarse de la raya, mocosa malcriada. —El lenguaje corporal de Emmett cambió. Tiró hacia atrás los hombros y apretó la mandíbula. Su comportamiento pasó de renuente a dominante en un segundo—. No me gusta eso, Bella. ¿Cómo me llamas cuando estamos jugando?

—Señor. —Ella reprimió una sonrisa. Sí, ella muy probablemente iba a hablar dominante y actuar como sumisa muchísimas veces.

—Yo prefiero Amo, cariño —dijo arrastrando las palabras—. Y tengo algunas preguntas para ti. Te importa explicar, ¿por qué estabas sola fuera de la casa cuando tenías un acosador detrás de ti?

Bella se mordió el labio inferior. Dicho así, sonaba un poco imprudente.

—Estaba buscando un poco de aire fresco y disfrutando de la luz de sol.

—¿Cuáles eran las instrucciones del Amo Edward? —ladró Emmett.

Tío, cuando se decidía a compenetrarse en el modo Dom, colmaba las expectativas.

—Él me dijo que me quedara en la casa. Pero yo no pensé que el patio no fuera parte de la casa. —Ella no lo había pensado en absoluto.

—Me gusta el modo en que suena Amo Edward, Bella. —edward bajó la mirada hacia ella, rondándola cerca—. Me llamarás así en el dormitorio de ahora en adelante. Déjame oírlo.

Bella sabía que él seguía estando preocupado de estar fuera.

—Sí, Amo Edward.

—¿Desobedeciste una orden directa dada para tu seguridad?—gruñó Edward.

Ella asintió con la cabeza, respingando. Podría estar en más problemas de los que había imaginado. Sospechaba que su trasero estaba a punto de ponerse muy dolorido.

—Bella, elige una palabra de seguridad. —Emmett le tocó la cabeza, su mano acariciándola. Ella no podía ignorar el modo en que su polla tensaba sus vaqueros.

Todos estaban muy preocupados por ella. Solo Jasper entendía que los necesitaba pisando a fondo y difíciles de manejar. Y los necesitaba ya. Quería todo lo que la pandilla Cullen pudiera dar.

—¿Qué tal elefante? Prometo usarla si las cosas se vuelven algo difíciles de soportar, pero quiero algo de ti también, Emmett.

Los ojos de Emmett se calentaron.

—Podría estar dispuesto a concederte un favor, cariño.

—Cámbiate el nombre.

Él dio un paso atrás y frunció el ceño.

—¿Qué?

Emmett podría estar sorprendido, pero sus hermanos estaban sonriendo.

—Tratamos de convencerlo de que lo hiciera, mi amor. —Las manos de Jasper estaban en los botones de su camisa.

—Él se negó porque dijo que no quería el apellido del hombre que lo había abandonado —explicó Edward.

Bella levantó la mirada a Emmett.

—Pero también va a ser mi nombre. Al menos que penséis que debería conservar el mío. Podríamos tener un matrimonio muy moderno, mantener todo por separado.

—Mierda, no. No va a ser así, Bella. Tú tomarás el nombre de tus esposos y no hay más que hablar —dijo Emmett con carácter definitivo—. Hablaré con el abogado mañana. También tenemos que decirle que detenga el enredo que Edward comenzó.

Jasper se arrodilló detrás de ella y le deslizó las manos por debajo de la camisa, sacándosela poco a poco y exponiéndola al aire frío y a las miradas calientes de sus hermanos. Él le acunó los pechos y ella suspiró en sus brazos. Esto era lo que había necesitado. Se sentía más segura ahora que ellos la rodeaban.

Edward miró las manos sobre sus pechos.

—No creo que detenga la distribución de las acciones, solo la voy a alterar. Voy a dividir la compañía en cuatro. Creo que nuestra esposa debe tener opinión también.

Los ojos de Bella se llenaron de lágrimas.

—No puedes hacer eso, Edward. Estoy dispuesta a firmar el acuerdo prenupcial que quieras.

Sus ojos se endurecieron.

—No, Bella. Esto va a funcionar y ésta va a ser tu compañía también. ¿Me entiendes?

Ella asintió con la cabeza. Ellos le estaban haciendo un gran regalo, pero esto iba mucho más allá del valor monetario. Le estaban dando una familia con la que podría contar.

—Te amo, a todos vosotros.

Edward apoyó una rodilla en el suelo y la besó profundamente.

—Haré que nunca te arrepientas de eso.

—Pero yo podría—dijo Emmett—. Has tenido todas las concesiones que vas a conseguir por esta noche. Ahora presenta ese culo a tus Amos para el castigo.

—Primero pásame las abrazaderas. Quiero ver estos pezones decorados. —Jasper los pinzó, haciendo rodar los pezones de Bella entre sus dedos pulgares e índices.

Bella trataba de no retorcerse. Observó a Emmett caminar hasta el pequeño armario y sacar una caja. Jasper manoseaba y retorcía sus pezones mientras Edward arrojaba la camisa a un lado, exponiendo su pecho amplio y musculoso.

—No creo que estén lo bastante duros todavía. —Edward le pellizcó uno de los pezones.

—Tal vez un jueguecito con la lengua los conseguiría a donde los necesitamos—sugirió Jasper.

—Estaba pensando en lo mismo. —Edward se agachó y chupó una punta dura en su boca.

A medida que él metía el pezón en su boca caliente, la sensación se disparaba de su pecho a su coño sin escalas. Bella jadeó. Edward chupó con más fuerza, sus dientes apenas pasaban rozando el borde de la carne, excitándola. La mordió con suavidad mientras su mano encontraba el muslo femenino.

Emmett se arrodilló junto a Edward, una pequeña pieza de joyería en su mano. La sostuvo en alto para su análisis.

—Esto es una abrazadera, Bella. Sujetaré tus pezones cuando hayas sido una chica mala, o simplemente porque quiero decorar el cuerpo de mi preciosa chica.

Bella siseó un poco cuando él le pellizcó el pezón libre y luego lo sujetó. Edward trabajaba en su otro pezón, lo chupaba y le pasaba la lengua con delicadeza. Luego Emmett sujetó ése también, antes de ponerla de pie con ternura. Las abrazaderas sonaron de manera discordante, el peso de éstas hacían a Bella muy consciente de sus pechos.

—Mira, eso es bonito —dijo Edward con una sonrisa dulcemente lasciva.

Emmett tironeó con cuidado de uno, sonriendo abiertamente cuando Bella se estremeció.

—Tan sensibles. Es hora de encender ese precioso trasero tuyo. Inclínate y pon las manos sobre la mesa. ¿Necesitas una mordaza?

—No lo sé. ¿La necesitaré? —La pregunta llegó como un chillido casi sin aliento.

—Amo oír tus gritos, cariño. Me hace gotear la polla, pero Edward es nuevo en esto.

—¿Por qué no dejas que yo decida lo que puedo manejar? —disparó en respuesta Edward.

Los labios de Jasper se torcieron en una sonrisa sarcástica.

—También podríamos dar a Edward una palabra de seguridad.

—Que te den, Jasper. Bella, tu Maestro te ha dado una orden. ¿Por qué no estás obedeciendo? —exigió Edward con voz grave y oscura.

Jasper se echó a reír y Bella dejó escapar un suspiro de alivio. Tenía a sus hombres exactamente como los deseaba… trabajando juntos.

Caminó hacia la mesa y apoyó las manos sobre la tabla de nogal. Se arqueó, levantando su culo para ellos.

—Sin esto —dijo Jasper mientras tiraba con fuerza de su falda, bajándosela y luego apartándola de un puntapié—. Así está mejor. ¿Tienes una idea de lo mucho que te amo? Algunas veces pienso que mi vida comenzó realmente el día que entraste en ella.

Bella se volvió para mirarlo. La calidez en sus ojos azules hizo que su corazón manara de emoción.

Jasper le acarició la columna con la mano, luego dejó caer un beso entre sus hombros.

—Pensé que iba a morir cuando me di cuenta de lo cerca que ese gilipollas había llegado a ti —intervino Emmett, sus manos grandes y ásperas le acariciaban las caderas—. No sé lo que habría hecho si te hubiera lastimado.

—Habría sido malo, hermano —dijo Edward, enredando una mano en los cabellos de Bella. Él se acercó y le susurró al oído—. Tú lograste lo que yo no pude. Nos has convertido en una familia, cariño. Prometo amarte por el resto de mi vida, amor. No te volveré a fallar.

La besó en la mejilla… y dejó caer una venda sobre sus ojos.

Bella apenas tuvo tiempo de regocijarse en la dulzura de su adoración antes de que comenzara.

Azote.

—Esto no va a ser fácil, querida—entonó Emmett, su acento texano más pronunciado a medida que se excitaba—. Nos debes veinticinco por desobedecer.

Azote.

Este sobre su nalga de derecha tuvo que haber venido de Jasper. Las lágrimas se formaron, calientes y desesperadas, en sus ojos.

—Y otros cinco por tratar de actuar dominante.

Ella no puntualizó que no había tratado, lo había hecho. Tenía todo lo que quería, incluyendo esta zurra.

Azote.

Uno más fuerte aún, y había aterrizado justo entre sus nalgas, calentando la raja de su culo.

—Este es por arrojar vasos a mi cabeza—canturreó Eddward—. Mierda, esto es hermoso. Tan rosado.

Ella sintió que alguien separaba sus nalgas.

—¿Dónde está tu plug, Bella? —El disgusto resonaba en la voz de Emmett.

Ella se había olvidado de eso.

—Me lo saqué.

Bella no mencionó que lo había tirado.

Los tres hombres gruñeron.

Las nalgadas cayeron como lluvia, una tras otra. Ella los oyó contando, pero en algún punto a las diez ellos parecieron alejarse hasta que todo lo que percibía era su cuerpo y las sensaciones de éste. Las lágrimas escurrían de sus ojos. Incluso eso se sentía bien. El dolor liberó no solo los miedos y las preocupaciones que ella había enterrado profundamente en su interior, sino también cierta reserva e incertidumbre que había mantenido encadenadas. Ella estaba a salvo aquí. Podía confiar en sus hombres y descubrirse.

El calor encendía la piel de su culo. Comenzó como un dolor agudo y punzante. Luego… se convirtió en un calor profundo que se colaba debajo de su piel. Cada nervio en su cuerpo saltó a la vida y encendió la necesidad en sus venas. Sus pechos, pesados por las abrazaderas, rozaban la madera fría de la mesa, desencadenando otra oleada de percepción. Todo dentro de ella parecía estar despierto y vivo.

—Agrega otros veinte por quitarse el plug. —La exigencia de Jasper sacó a Bella de su agradable nebulosa.

Una mano golpeó su culo ya dolorido otra vez. Dios, ¿cómo iba a aguantar otros veinte? Ellos iban a obligarla, y este hecho envió un placer que golpeó con fuerza directamente entre sus piernas.

Jadeó cuando unas manos grandes y masculinas, las de Jasper pensó Bella, le separaron las nalgas y el frío lubricante goteó encima de su roseta.

—¿Está lista? —preguntó Edward.

Bella se tensó y su estómago se anudó. Ella sabía de lo que ellos estaban hablando. Estaba nerviosa, pero lista. Su primer encuentro con el sexo anal podría ser duro, pero no iba a acobardarse. Quería estar llena con sus hombres.

—Dios, ella va a estar tan estrecha. —La voz de Emmett habló cuando ella sintió un nuevo plug comenzar a abrir una brecha en su culo. Un dolor familiar comenzó. Sensaciones de inquietud que pusieron sus nervios de punta se activaron en lo profundo de ella—. Este es un plug mediano, cariño. Deberías saber que de manera habitual te insertaré uno como parte de nuestro juego. Si te quitas uno sin permiso, yo usaré uno más grande la próxima vez. Nunca nos quedaremos sin modos de llenarte.

Ella sabía que la mantendrían llena en más formas que la sexual. Llenarían su vida, su corazón y un día, su vientre. Lo que había parecido tan vacío pocos días antes, ahora estaba hasta el tope, dándole esperanzas, expectativa para el futuro y satisfacción perfecta.

Ella exhaló y se arqueó hacia atrás. El plug se deslizó en su sitio. Nunca les negaría lo que ellos necesitaban.

—Muy bien, cariño. —Emmett la rodeó y levantó la venda de los ojos. Una sonrisa cálida le arrugaba el rostro y su voz se había enternecido—. ¿Estás tratando de evitar el último conteo?

Ella negó con la cabeza.

—No. Lo quiero. Quiero todo lo que mis Maestros me quieran dar.

Él se rió entre dientes y le besó la frente.

—Maestros. Todos sabemos quién está realmente al mando. Dáselos. Me estoy muriendo por llegar a la parte donde hacemos que se corra.

Las nalgadas comenzaron de nuevo, Jasper y Edward parecían contentos de turnarse. Cuando el calor se hundió en su piel, la acariciaron con una mano suave pero firme. Uno de ellos presionó y jugó con el plug mientras el otro encontraba su coño. Ella lloriqueó ante la sensación de los dedos hábiles atormentando sus pliegues, rozándole el clítoris por un instante antes de retirarse. Luego la zurra volvió a comenzar.

El proceso se repitió una y otra vez hasta que Bella estaba tan excitada que pensó que chillaría.

Finalmente, después de lo que pareció toda una vida, Edward terminó de contar, y acto seguido volvió a atormentarla entre las piernas.

—Ella está muy mojada. Creo que a nuestra pequeña sub le gusta que la zurren.

Muchísimo. Bella estaba tensa por la excitación, su cuerpo casi gritando de necesidad.

—Por favor.

Emmett se inclinó hacia ella.

—¿Qué has dicho, querida?

—Por favor, Emmett. Te necesito.

Los labios se separaron en una amplia sonrisa.

—Estoy aquí. No voy a ninguna parte.

—Eso no es lo que ella está diciendo y lo sabes. —El toque de Jasper era suave. Bella sentía los dedos presionar contra su clítoris—. Ella está desesperada por correrse. ¿Vamos a darle permiso a nuestra pequeña y malcriada sub?

—Diablos, no —insistió Emmett.

—Por favor, Jasper.

Un ceño fruncido atronador le cruzó el rostro.

—No hasta que estemos dentro de ti. ¿Cómo se supone que me llames?

Tal vez él no era tan blando con ella después de todo.

—Maestro —dijo suspirando Bella mientras Jasper la acarreaba en sus brazos. Ella le echó los brazos al cuello mientras la llevaba al dormitorio.

Bella miró por encima del hombro. Emmett y Edward caminaban uno al lado del otro. Ambos se habían quitado las ropas, y sus magníficos cuerpos con impresionantes erecciones, se exhibían por completo.

Jasper la bajó y volvió su cara hacia él.

—¿Estás segura que estás lista para esto, cariño? Vamos a ser exigentes.

El tierno trasero de Bella podría dar testimonio de eso.

—Puedo tratar con los tres.

Él se inclinó y rozó su boca contra la de ella, lamiendo sus labios hasta que Bella permitió que su lengua se deslizara contra la de ella en una sedosa danza. Mientras besaba a Jasper, sintió otro cuerpo a sus espaldas.

—Dame un poco de eso, cariño. —Una mano ruda la volvió la cara hacia la derecha.

Emmett la besó largo y lento mientras que Jasper jugaba con sus pezones y las joyas que colgaban de ellos.

—Oye, no me olvides. —Edward la empujó hacia él. La besó con fuerza, su boca dominando la de ella con poder de mando y seducción.

—Es hora, cariño. —Edward la soltó—. Monta a Jasper.

Bella miró hacia la enorme cama. Jasper estaba atravesado sobre la colcha suave, sosteniendo su gran polla hacia arriba, esperando que ella la enfundara.

—Vamos, cariño. —Emmett la instó a avanzar, su mano acariciando su trasero torturado.

Bella subió poco a poco a la cama, con cuidado para conservar el plug adentro. Beso su camino por el cuerpo de Jasper, desde los dedos del pie hasta los muslos fuertes, la cintura estrecha y todo el recorrido hasta sus labios. Jasper. Su alma gemela.

—Bésame también, cariño. —Emmett tomó su lugar en la cabecera de la cama. Su polla empujaba hacia ella. Bella le permitió saquear su boca una vez más. Emmett. Su campeón.

Las manos fuertes de Edward le rodearon las caderas.

—Estoy aquí también. Y nunca volveré a dejarte sola.

Él plantó suaves besos a lo largo de la piel sensible de su cuello, haciéndola estremecerse. Haciendo que se sintiera tan adorada. Edward. Su salvador.

Sus hombres. Ya era hora de estar con todos ellos.

Jasper tenía un condón en la mano. Lo hizo rodar sobre esa enorme polla, acariciándose mientras se preparaba para llenarla.

—Ven aquí, cariño. Déjame entrar en ti.

Emmett le sujetó las manos y Jasper le movió las caderas a la posición. Ella suspiró cuando la enorme polla se deslizó en su coño.

—Dios, me encanta como te sientes. —Jasper empujó hacia arriba, metiéndose más profundo dentro de ella—. Está tan estrecha con el plug.

Él tenía razón. Su coño se sentía estirado y deliciosamente invadido.

Edward gimió detrás de ella cuando de manera gentil la llevó hacia adelante.

—Va a ponerse bastante más estrecha. Creo que Emmett necesita también un poco de atención.

Emmett estaba en la cabecera de la cama de rodillas, polla en mano, esperando por ella. Una cremosa gota de semen asomaba de la punta redondeada. Bella suspiró mientras la lamía, luego se metió el glande en la boca. Emmett sabía masculino y salado y ella se deleitó con eso mientras Slade se empujaba hacia arriba y la empalaba en su polla.

—Voy a sacar el plug, Bella. —La voz de Edward fue un gemido profundo—. No sueltes a Emmett.

Bella gimoteó en torno a la polla de Emmett mientras ésta le llenaba la boca, al mismo tiempo que Edward quitaba poco a poco el plug de su culo. Ella sintió su pérdida pero no tuvo tiempo para lamentarlo. Emmett la alimentaba con su pene centímetro a centímetro. Jasper bombeaba con suavidad hacia arriba, encontrando un lugar profundo dentro de su coño que hizo aumentar el placer a un crescendo.

Más lubricante recubrió su ano. Los dedos masajeaban aquí y allá. Nunca había imaginado que podía sentirse tan bueno. Edward metió la lengua en su culo, preparándola para tomar algo que ella sabía era mucho más grande que los plug que habían utilizado.

Bella se tensó cuando sintió la polla de Edward en su estrecha entrada. Ardió cuando él presionó contra los músculos tensos e inexpertos, pero ella no estaba dispuesta a dar marcha atrás.

—Sostente, cariño. Eres muy, muy estrecha. —Las manos de Edward se sentían como hierros calientes en sus caderas. La sujetaba con fuerza como si temiera fuera a escapar.

—Dios, esto se siente bien. —La respiración de Jasper llegaba en profundos jadeos, su control resbalando de manera obvia—. Arquéate un poco, cariño. Deja que Edward se deslice más profundo dentro de ti.

—Apúrate. Su boca me está matando. —Emmett se abrió paso de nuevo, llenándola.

Bella sentía que podría fracturarse en mil pedazos mientras seguía la orden de Jasper. Cuando ella levantó el culo, la polla de Edward se abrió paso más profundamente. Más ardor y estiramiento. Ella no estaba segura de cuanto más podría tomar, pero el delicioso mordisco de dolor desgarró su compostura. Ella gemía y arañaba los muslos de Emmett.

—Relájate, cariño. —La voz de Emmett la serenó. Sus manos le acariciaron el cabello y él suavizó las estocadas—. Eres bellísima. Eres de sobra mujer para todos nosotros.

—Eres nuestro todo, Bella—agregó Jasper—. Relájate y deja que nos ocupemos de ti. Respira profundo y empuja hacia afuera. Deja que Edward entre, así todos podemos amarte.

—Sí. Cristo, déjame entrar, Bella. Me muero por estar muy adentro de ti. Nunca he deseado nada tanto como deseo este dulce culo. —Edward presionaba, de manera inexorable, obligándola a tomar un poco más de su ancha polla con cada pequeña estocada.

Jasper tiró las abrazaderas, retorciendo sus pezones. Cuando ella gimió, la rodeó con las manos y le separó bien las nalgas para Edward.

—Vamos. Cariño. No te resistas. Tómalo todo.

Bella gimoteó con grititos de placer en torno a la polla de Emmett cuando Edward se deslizó por completo en su culo. El ardor estaba allí, pero también estaba un loco tintineo de sensación, una plenitud que estimulaba una horda de nuevas terminaciones nerviosas.

Cuando él se retiró, Jasper la penetró profundo.

—Dios, esto está tan apretado.

—Sí —siseó Edward—. Está tomando cada centímetro de mi polla y eso es tan bonito. No voy a dejarte nunca, cariño. Siempre querré estar dentro de ti de esta manera.

Sus palabras hicieron que el placer dentro de ella ardiera al rojo vivo. Cuando volvió a penetrarla y a alabarla, Edward la llevó más cerca del orgasmo. Mientras retrocedía, Jasper se empujaba hacia arriba, acercándose a su matriz. Ella lanzó un grito de felicidad. Inflamada, excitada, desesperada, tiró de la polla de Emmett, atrayéndolo casi a la parte de atrás de su garganta.

—Joder, tíos, voy a morir aquí. —La voz de Emmett sonaba estrangulada.

—Ahí le has dado —dijo Jasper. Él volvió a empujar su polla hacia arriba.

—Ella es como un tornillo sobre mi polla. Esto es demasiado bueno. No duraré. Bella, córrete para tus Maestros. —Edward la follaba con estocadas largas y lujuriosas.

Los otros se unieron. Eran como una máquina bien engrasada. Cuando Edward se metía profundo en su culo, Jasper se retiraba. Cuando Jasper le follaba el coño, Edward sacaba su polla, casi por completo. Cada sensor de placer en su cuerpo se activó. Ellos intercambian alientos jadeantes y devoción. Jasper empleaba su lengua en torno a los pezones sensibles y sujetos por las abrazaderas. Edward le mordisqueaba el cuello, su afecto caliente haciéndole temblar todo el cuerpo.

—Remátalo —dijo Jasper a los demás—. No sé cuánto tiempo podré aguantar. Ella se siente tan bien.

—Está cerca. —Las manos de Emmett estaban enredadas en el cabello de Bella—. Relájate, cariño. Solo respira profundamente y tómame.

Él le folló la boca con estocadas profundas, su polla hinchándose contra su lengua mientras los otros dos se volvían más grandes e insistentes en su interior. El placer creció rápido y con fuerza, desgarrando su compostura. Con cada empuje la enviaba más lejos en un abismo de necesidad tan profundo, que Bella no estaba segura si alguna vez saldría. No lo deseaba. Su cuerpo se montó en una ola de sensación que ellos apilaron sobre ella. Todo lo que tenía que hacer era dejarse llevar y sentir.

Ella relajó la garganta. Emmett se adentró en su boca y su cuerpo se puso rígido. Gritó, sonando desesperado y agonizante. Luego el semen tibio le recubrió la lengua. Una inesperada sorpresa salobre y picante. Entonces el instinto se hizo cargo y ella lo tragó. Durante todo ese tiempo, Jasper y Edward la saquearon despiadadamente, las manos sujetándola con fuerza como si no quisieran dejarla ir jamás.

Cuando Emmett se retiró de su boca, Bella se desplomó contra Jasper, deleitándose en la sensación del corazón masculino latiendo acelerado contra su pecho. Casi de inmediato él la abrazó hasta que ella lo miró a los ojos. Dex pasó la mano por su vientre, metiéndola a la fuerza entre ellos.

—Esto es lo que necesitas, cariño. —El dedo de Emmett le encontró el clítoris—. Móntalo. Córrete para nosotros.

—Ahora, Bella —ordenó Edward—. Voy a correrme.

—Yo también, no puedo aguantar más. —Jasper se incorporó, manteniendo la cabeza lo suficiente para soltar las abrazaderas.

La sangre volvió a circular por los pezones en una oleada al rojo vivo de exquisito dolor mientras Emmett hacía círculos en su clítoris. La sobrecarga de placer, junto con la fricción, catapultó a Bella en un éxtasis cegador que ella nunca había experimentado. Se quedó sin aliento mientras el orgasmo se precipitaba por su cuerpo. Empezó en su núcleo, creció, creció y luego se extendió como un reguero de pólvora hasta culminar en un gran estallido que la engulló, arrancando un grito de su garganta.

Cuando ella levantó vuelo, Jasper y Edward cedieron a la necesidad. La polla de Jasper latió dentro de ella. Su cara bellísima se desencajó, sus ojos azules fusionados con los de ella como si su mundo empezara y terminara en Bella. Edward se corrió con fuertes ráfagas, recubriéndole el culo con su esencia, sus manos aferrándola como si nunca la fuera a dejar ir.

Cayeron juntos en un montón de carne caliente y satisfecha. La cabeza de Bella descansaba sobre el pecho de Jasper. Podía oír el latido fuerte de su corazón mientras él respiraba sin resuello debajo. El cuerpo de Edward la apretaba contra el de Jasper, el peso un calor bienvenido. Emmett se tendió junto a ella, su rostro en la línea del de ella. Se veía satisfecho y feliz, como si se hubiese quitado un enorme peso de encima.

—Te amo, Bella —dijo de manera solemne y le besó la frente.

—Lo mejor que hicimos fue secuestrarte y llevarte a nuestra guarida. —Jasper se sonrió.

Podía sentir la conexión con ellos a lo largo de sus huesos. Incluso cuando estuvieran separados, ella podría sentirlos.

—Me gusta el modo en que tratáis a una cautiva—dijo ella, acurrucándose. Sospechaba que sería una noche larga.

Edward apretó su mejilla caliente a la de él.

—Acostúmbrate a eso. No creo que nunca dejemos ir a nuestra cautiva.

Eso estaba bien para Bella.


Hooooooola!

Tanto tiempo :S

Bueno, como ya abran notado e subido todos los caps que me faltaban...excepto 1, que lo subire hoy mas tarde. (son las 2 am, tengo un poco de insomnio xD)

Perdón por haber nuevamente desaparecido pero al parecer ya se esta haciendo costumbre, algunos dias se me suben las ganas y pilas y después decaigo ;S

Pero bueno, intentare dar todo lo mas posible :D

Este fin de semana no estoy 100% segura que sube cap ya que entre el jueves o viernes me llegue una compu que me e comprado con ayuda de mis tan queridos padres... Y quizás este tan bolada con eso que me salte varias tareas . (si, me gusta usar muchos iconos)

Como sea, espero que les haya gustado, gracias por todo su apoyo y ya estaré haciendo las demás aclaraciones y agradecimientos en el ultimo cap de esta tan caliente historia!

Besos,

Mara S.