Nunca.
—Juguemos—dice Seychelles, cruzándose de piernas provocativamente.
—Bien—por una vez, la rubia accede. Está aburrida, y ni una cerveza la alegra.
—Tengo una idea. Pero necesito algo más fuerte que vino o cerveza—avisa picaronamente.
Liechtenstein busca y encuentra las botellas de Whisky que su hermano le confisca de vez en cuando. No notará si un par desaparecen.
—Très Bien! —exclama la morena, cogiendo un par de pequeños vasitos y sirviendo moderada cantidad de la bebida.
—¿Ahora qué?
—¡Ahora podemos jugar "yo nunca, nunca"!
—Nunca jugué a eso—confiesa Liechtenstein.
Seychelles le explica lo fácil que es. Una de ellas da un ejemplo de algo que han (o no) hecho, y si lo hicieron, se toma la bebida.
—Yo nunca, nunca... —comienza la africana—Le robé alcohol a Suiza~.
—¡Pero si sabes que lo he hecho! —exclama la rubia.
—Exacto. Hay que empezar con esas cosas~.
—Te odio—dice, bajando la bebida de un trago.
.
—Yo nunca, nunca... —dice la europea, luego de un par de rondas y bastante feliz—Tuve ganas de desnudar a Grecia.
—¡Pero si todos quisieron alguna vez desnudar al Adonis! —rió tontamente Seychelles, y bebió.
—Excepto Japón—apuntó la menor, e imitó la acción de la otra.
—Tonterías, hasta él lo desea—dice, guiñando un ojo—Yo nunca, nunca... ¡hice cosas sucias con la hermana menor de Suiza! —exclama y ríe, para darle un gran trago al Whisky. Liechtenstein bebe por inercia, aunque luego se da cuenta de lo que ha dicho la otra.
—Tramposa—se queja la europea.
—¿Porqué? —replica Seychelles—No hice nada contra las reglas.
—El juego casi ni tiene reglas.
—Exacto—sonríe triunfante—Además, ¿porqué tomaste? ¿Acaso te haces cosas sucias a ti misma~?
—N-no—niega nerviosa.
—Yo nunca, nunca...
—¡Es mi turno! —interrumpe la liechtensteiniana, porque sabe lo que la mayor va a decir—Yo nunca, nunca cometí el error de observar lo que sucedía debajo de la mesa de la sala de reuniones de la ONU.
—Oh, mierda—maldijo la seychellense, horrorizada al recordar. Ambas bebieron y tuvieron que servirse más Whisky.
—Malditos machos hormonados.
—Amén—Seychelles está de acuerdo. Entonces, recuerda que le toca a ella—Bien, Petit... yo nunca, nunca... me toqué a mi misma—hizo una pausa—Pensando en la persona que está frente a mí.
Hay unos incómodos momentos de silencio.
—No sé porqué accedí a ésta idea—dice finalmente la europea, sonrojada (no precisamente por el alcohol) y llevándose la bebida a la boca. El ego de la seychellense crece bastante, y la acompaña riendo con un trago, a lo que la rubia casi escupe su bebida.
