Aclaración: No me pertenece Glee o ninguno de los personajes. No estoy afiliado con nadie no genero ganancia de esta historia. No me pertenece absolutamente nada y solo estoy complaciendo mi propia locura. No conozco o me pertenecen los actores que interpretan a los personajes. Todo pertenece a Ryan Murphy, Glee, Fox y cualquiera más que tenga patente sobre Glee y sus personajes. Espero haber cubierto todo lo que no me pertenece.


Cuando sus ojos se abrieron esa mañana, y estuvo lo suficientemente consciente como para ver la fecha en su teléfono, maldijo por lo bajo ya que al parecer todo lo que haba pasado no había sido una pesadilla; en verdad su padre le había dado la charla sobre las responsabilidades y compromisos, a la par que le instruyó a disculparse con Blaine. Cuando su padre se puso del lado de Anderson, tuvo que suprimir sus deseos de soltar tremenda carcajada, lo bueno era que a Finn le pidieron que fuera a su habitación porque él nunca hubiera podido mantener la boca cerrada.

―Buenos días hijo ―lo saludó su padre, al parecer todo el asunto de la tutoría había quedado en el pasado, lo cual agradecía― ¿Qué te dijo tu amigo? ―increíblemente su padre no le permitió ni comenzar a desayunar cuando ya estaba con ese tema.

Calmadamente Kurt tomó asiento y bebió un poco de jugo, definitivamente tenía que estar un poco más consiente para no abrir la boca y decir todo lo que pensaba de Blaine, porque con quien definitivamente despotricaría seria con el pelinegro que se atrevió a decir semejantes mentiras, pero sobre todo por irlo a buscar a su casa. ¿Quién creía que era como para exigir que estuviera a su disposición? ¿Qué no había entendido que no quería nada con él y por eso ni siquiera le hablaba?

―No tengo su número, pero hoy hablaré con él ―respondió el castaño después de haber bebido perezosamente su jugo.

Su hermano volvió a acosarlo con preguntas sobre su repentino interés por ayudar a Anderson, claro que no pudo explicarse bien porque inmediatamente Kurt lo hizo callar con una mirada maliciosa, evitaría a todo costo que su padre supiera de sus problemas, y sobre todo esa estúpida cosa que Anderson creía que eran. Pero para su mala suerte, su padre volvió a hablar:

―¡Kurt! ―lo llamó de nuevo a la casa cuando estaba por subirse al auto, y cuando estuvo lo suficientemente cerca, continuó―. Dile a tu amigo que vengan a estudiar aquí hoy.

Si bien el clima no era muy cálido esa mañana, escuchar lo que su padre le pedía, sólo logró que una sensación helada recorriera todo su cuerpo, impidiéndole poder articular las palabras que tanto necesitaba decir.

―¡Vamos a llegar tarde! ―gritó Finn desde la camioneta.

―Ve ―le palmeó el hombro incitándolo a irse―, y no olvides invitar a tu amigo.

Claramente su cabeza era incapaz de procesar esa ridícula situación, pero el que su padre siguiera llamando a Blaine su «amigo» era el colmo, ¡nadie nunca debería atreverse a relacionarlo con alguien como Anderson, NADIE! Pero obviamente no podía argumentar nada porque si el pelinegro sabía dónde vivía, seguramente no tendría ningún tipo de reparo en segur buscándolo, por lo que si de verdad lo quería fuera de su vida tendría que decírselo alto y claro.

Una vez que estuvieron de camino pensó que lo ideal sería poner el tipo de música que le gustaba a su hermano y de ese modo evitaría otra charla incomoda y en la que seguramente no sabría qué decir, pero apenas si terminó la primer canción cuando Finn apagó el reproductor y aprovechando un semáforo rojo, preguntó:

―¿Te está amenazando con algo? ―pero la única respuesta fue un gesto de ingenuidad―. Vamos, somos hermanos, puede decirme lo que pasa ―sonrió para mostrarle que tenía un interés genuino y quería ayudarlo, pero Kurt lo estaba ignorando completamente. «¡¿Cómo se me ocurrió que él me trajera a la escuela?! ―se reprendió mentalmente», volvieron a avanzar.

Extrañado por el silencio que pareció asentarse, miró con disimulo lo que estaba haciendo su hermano, quien estaba escribiendo con el teléfono en el volante; estuvo a punto de soltarle el sermón sobre los riesgos de usar el móvil mientras manejaba, pero cuando iba a abrir la boca, se escuchó y sintió vibrar el aparato que llevaba en su mano derecha lo que le anunciaba que le había llegado un mensaje. Recordándose que no había ningún problema con que él usara su móvil ya que no estaba manejando, se apresuró a leerlo, esperando que fuera de Bruce y le diera una razón para sonreír esa mañana.

Entiendo que no puedes hablar porque te han puesto un micrófono oculto, pero puedes escribirme lo que pasa, o ¿también te pusieron una cámara? - Finn.

Apretó fuertemente los dientes ya que no sabía si debía gritar de furia, llorar de pena o carcajearse; ¿de verdad su hermano creía que un adolecente malcriado como Blaine iba a tener ese tipo de cosas? Y aún más importante, que Kurt permitiera que se los pusieran; pero como fuera, no estaba de humor para jugar al detective con su hermano, así que simplemente guardó su teléfono.

Pero no pasó mucho tiempo hasta que su móvil volvió a vibrar, y no mucho tiempo después otro par de veces más.

―¡Deja de escribirme o te acuso con Carole por usar el teléfono mientras conduces! ―lo amenazó cuando perdió la cantidad de veces había sentido la vibración que indicaba nuevos mensajes.

―¿También le vas a explicar a Burt por qué ayudas al tipo que te molesta todos los días? ―replicó Hudson al resentirse por el poco aprecio que mostraba su hermano ante la preocupación que demostraba por él.

La garganta de Kurt se resecó a la par que sus manos sudaron, no podía concebir que Finn lo estuviera amenazando con tal cosa; si bien estaba un poco irritado por como Anderson había arruinado su noche y le había contado mentiras a su padre, nunca creyó que su hermano pudiera olvidar la salud de su padre.

―Él no me molesta ―replicó una vez que estuvieron en el estacionamiento de la escuela, pero al ver de reojo el gesto de su hermano, se vio obligado a añadir―, no tanto ―suspiró―. Pero no puedes decirle nada a mi papá, por favor ―Hudson estaba aún ofendido así que esperaría una muy buena excusa para no abrir la boca―. No puedo perder a mi padre, no por una tontería como esta, sabes que su salud no es la mejor.

Finn se movió incomodo sobre su asiento, había olvidado el detalle sobre la salud de Burt por la ira que le causó la actitud de Kurt. Pero aunque en realidad no planeaba decir nada, se sintió culpable por haberlo insinuado.

―No iba a decir nada ―aseguró, esperó un momento antes de añadir en un tono más relajado―. Pero tampoco voy a permitir estés con ese idiota y aproveche para hacerte no sé qué cosas ―advirtió.

El castaño sonrió ante las palabras de su hermano, definitivamente aunque había veces que sentía deseos de gritarle a Finn, siempre terminaban reconciliándose y sobre todo recordando que aunque no fuesen hermanos de sangre, en muchas formas su hermandad se manifestaba, formas que iban más allá de lo genético.

―Puedo cuidarme solo ―aseguró con voz débil por la emoción del momento.

Claro que al ver el gesto de incredulidad de su hermano, optó por retirarse. Tomó un par respiraciones profundas, no se podía permitir mostrar debilidad en McKinley, pero sobre todo necesitaría de todo su autocontrol para poder enfrentar a Blaine.


Era consciente que no iba a ser nada fácil, y hasta cierto punto no le importaba lo que tuviera que decirle, pero si el hecho que le quitara tiempo para poder aclarar las cosas con Hummel y reclamarle esa indiferencia que le había estado mostrando últimamente.

―Así que para la próxima no se te ocurra contar conmigo para otra cena ―le recriminó Santana―. He tenido suficiente de tu madre para que no la olvide en al menos diez años.

―No es mi culpa que no vayas seguido a mi casa ―reprochó Anderson, sólo quería largarse y poder encontrar al castaño.

Los labios de la morena comenzaron a curvearse ante esas palabras, llegando al punto de carcajearse. «Seguramente todos están pensando que está feliz por otras razones» razonó Blaine, dado que estaban en el armario del conserje, su antiguo rincón sexual. Pero algo extraño le estaba pasando, la cercanía de Santana le estaba provocando algo en su entrepierna, ¡se estaba excitando! Cosa más que obvia ya que llevaba días, ¡DÍAS!, sin sexo desde que había tenido esa pelea con su novia el sexo era algo cada vez menos recurrente y ni se hable de la reinona Hummel que ni tocarlo le permitía.

Dejándose llevar, tomó la cintura de la chica y la atrajo estrechamente a su cuerpo, comenzó a pasear las manos por la espalda y sus glúteos, buscando como deshacerse de la suficiente ropa como para poder aprovechar ese momento y desfogarse en lugar de estarla escuchando parlotear.

―¿Qué crees que haces? ―cuestionó la porrista, alejándose y deshaciéndose del agarre que tenía sobre ella el pelinegro, rió cuando vio la expresión del chico―. Estás loco si crees que vamos a hacer algo. Primero te tendrás que asegurar que tu madre no me vuelva a molestar y… ―aproximó su rostro, con una uña pintada de rojo fue desde el pecho hasta entrepierna, donde acarició con la mano por un momento―, y entonces veremos si yo quiero.

Dio un apretón a la erección y salió del lugar apresurada, sabiendo que era mejor correr sino quería que toda la escuela se enterara de lo que hacían ahí.

Blaine soltó un gruñido que con dificultad pudo mantener bajo, la temperatura de su cuerpo y la sangre agolpando en su entrepierna, no le eran de mucha ayuda cuando tenía que irse de ahí en ese momento. Si bien no estaba en los mejores términos con Santana, nunca fue necesario algún tipo de exigencia o requisito, era sólo sexo, del cual llevaba desprovisto por más tiempo del que alguna vez se creyó capaz de resistir. Y aunque podía desfogarse solo, no era lo mismo y definitivamente Anderson no caería en tan bajo nivel de volverse un masturbador habitual, cuando con tan solo chasquear los dedos tendría a alguien disponible a sus pies.

Pero viéndose obligado a olvidar sus deficiencias por un rato, tuvo que relajarse y volver al bullicio de los pasillos atestados de estudiantes, pero para su desgracia había sido incapaz de localizar al único estudiante que necesitaba en ese momento, claro que no era tanta la necesidad, después de todo vería a Hummel en su clase de francés y por mas indiferente que estuviese, jamás se atrevería a faltar a una clase de su adorada señorita Hardy.

Pero su gesto no pudo evitar mostrar decepción cuando al entrar al aula de francés, el favorito de la profesora no estaba y conforme llegaban más alumnos, él no aparecía, incluso sonó el timbre y de Kurt no había ni rastro alguno. Justo cuando la profesora estaba a punto de darles un trabajo en parejas, que quizás era una oportunidad que podía aprovechar para encargarse de sus asuntos con Hummel, pero eso lo podía hacer en cualquier otro momento. Las parejas comenzaron a formarse rápidamente, como ya era costumbre todos sabían con quien querían trabajar; para Blaine era claramente obvio que su novia seria su compañera de equipo, pero su sorpresa no podía ser más grande cuando todos estaban emparejados menos él, ya que Santana había hecho equipo con su amiga Brittany.

―¿Todos listos estar? ―preguntó después de unos minutos la profesora, quien al parecer no estaba prestando realmente atención a lo que pasaba en su aula.

Cuando logró quitar de su gesto todo rastro de cualquier cosa que no fuera la indiferencia, Kurt apareció presuroso, le entregó un papel a la profesora y como si nada fue directo a su asiento. Un par de miradas observaron al castaño con odio ya que les parecía injusto que por ser el favorito pudiera llegar a la hora que fuera sin un castigo.

―¿Alguien no tener pareja? ―quiso saber la profesora, y Anderson se puso de pie al recordar que Kurt había llegado tarde y seguramente no sabría lo del trabajo en parejas.

Fingiendo hacer un gesto de hastió, Blaine tomó sus cosas y se dirigió al lugar próximo al de Hummel, con una mirada hizo que el chico ahí sentado se pusiera de pie y le dejara el lugar libre.

―Monsieur Anderson volver a su lugar ―le instruyó en un fallido intentó, ya que el pelinegro sólo atinó a dejarse caer sobre el asiento, en clara señal de que no se iba a volver a mover.

―Dijo que hiciéramos equipo y supongo que ahora nos hará sentarnos juntos, así que le ahorre el esfuerzo de hablar ―dijo desinteresadamente―. Y como no hay nadie más con quien trabajar, tendré que sacrificarme ―señaló a Kurt.

No deseando perder más tiempo, simplemente le pidió a Blaine que se quedara para hablar con ella al final de la clase. Verificó con una mirada rápida si Kurt estaba cómodo con eso, aunque en realidad parecía que esa pareja en particular funcionaba muy bien; podían emanar un evidente odio entre sí, pero en cuestión estricta de lo referente a la clase, era claro que su alumno estrella estaba siendo una muy buena influencia para el -irónicamente- peor estudiante que había conocido.

Para sus adentros, Blaine no podía esperar para poder estar a solas con su petit ami, lo cual demostró con una sonrisa torcida que al parecer no pasó desapercibida por el susodicho. Pero no iba a exponerse al hablarle en público a Hummel, así que esperaría para cuando estuvieran a solas y así nada podría salvar al castaño de responder todas y cada una de sus preguntas, ya que su mente era una fábrica bien aceitada en la elaboraciones de preguntas y métodos que utilizaría para ello, pero todo se vio interrumpido cuando un teléfono sonó.

Fue una de esas extrañas circunstancias cuando de repente todo el mundo guarda silencio y lo único que se escucha es ese breve timbre que en cualquier otra ocasión seria inadvertido. Como si fuese algún tipo de regla general, todo el salón quedó sumergido en un profundo silencio, mientras las cabezas de todos buscaban al desafortunado que olvidó apagar su móvil. Cuando el sonido se repitió, la señorita Hardy no tuvo otra opción que disponerse a tomar cartas sobre el asunto.

―¿Quién ser? ―preguntó con un ligero temblor en la voz, una de las cosas que no disfrutaba era este tipo de situaciones, ya que a pesar de ser conocida como alguien estricta, nunca disfrutaba de reprender a nadie en público. El teléfono volvió a sonar y sintió un gran pesar cuando descubrió al infractor―. Monsieur Hummel.

Las mejillas de Kurt comenzaron a arder desde que sintió su teléfono vibrar, pero esperaba que fuera solamente un mensaje, lo cual al parecer terminó siendo una llamada y la persona parecía ser persistente en comunicarse. Deseando que todo pasara lo más pronto posible, se puso de pie.

―¿Ser llamada importante? ―sabía que era algo impropio de ella, pero conociendo a sus alumnos y sabiendo que Kurt no era de esos que causaban problemas, además de ser su mejor alumno, y no queriendo ser muy dura, esperaba que su mensaje fuera entendido y el castaño le siguiera el juego.

―No, no lo sé ―fue la respuesta que resbaló por sus labios, ya que en ningún momento consideró mentir.

―Ir a tomar llamada ―le instruyó―, y al final quedarte para hablar.

Sintiendo que la temperatura de su cuerpo se había incrementado exponencialmente, salió del salón con todos los ojos mirándolo y con uno que otro comentario o ruido burlón.

Una vez en el pasillo, el teléfono volvió a sonar, Kurt en un arranque respondió, dispuesto a lazar palabras mordaces contra la persona que había osado a ridiculizarlo e interrumpirlo en su clase favorita.

¿Kurt? ―pero la voz que lo atendió le hizo contener su enojo―. ¿Te interrumpí en algo?

Definitivamente ese día no parecía estar mejorando para él, la primera persona que le daba un motivo para despotricar, resultaba ser la última que merecía padecer su ira.

―Estaba en clase ―dijo en voz baja, como si aún estuviera tomando la llamada en la clandestinidad del salón―, pero creo que la profesora no me va a castigar, así que no te preocupes.

Lo siento ―espetó con clara pena en su tono de voz―. De hecho llamaba para disculparme y sólo te causo problemas. Pero juro que te lo compensaré en nuestra salida de la tarde.

Sin quererlo Kurt sonrió, sin duda su amistad con Bruce era una de las pocas cosas buenas que le estaban ocurriendo en ese mismo momento, pero como el gran desastre en el que su vida estaba tornándose, recordó que no tenía la tarde libre, así que debía cancelar el compromiso con su amigo.

―No voy a poder salir hoy, cosas de la escuela ―se excusó. Si bien era su amigo, no creía ser capaz de contarle a nadie la delicada situación en la que se había involucrado con Blaine y además en poco tiempo podría olvidarse de que el pelinegro alguna vez estuvo en su vida.

Uh… ―eso era algo que obviamente no esperaba escuchar así que no tenía idea de cuál debía ser su respuesta; pero sabía que eso no era el fin del mundo, tenía una muy buena idea de lo que podría hacer―. Entonces, te veo pronto.

Kurt frunció el ceño cuando escuchó que le habían colgado.


Después de haber tenido una no muy amena charla con Finn sobre sus razones para irse con Anderson, y aunque todo lo que dijo no hizo nada por converse a su hermano, Kurt se dio por vencido y se dirigió a donde se encontraba esperándolo el pelinegro.

―Si no supiera lo estrecho que eres, diría que te estas acostando con tu hermano que parece ponerse muy celoso y eso es asqueroso ―la incontinencia verbal que padecía se hizo presente cuando brotaron estas palabras que dieron a Kurt una urgente necesitad de plantarle una bofetada que dejara su mano marcada en la mejilla del moreno.

―No me hables ―dijo apretando los dientes, porque de lo contrario hubiera vociferado tan fuerte que estaba seguro que lo escucharía toda la escuela.

Blaine simplemente se encogió de hombros, creía que había sido un muy buen chiste, pero al parecer no todos tenía su genial sentido del humor; aunque a decir verdad él tampoco estaba de muy buen humor. Hummel había estado más que raro desde la llamada que recibió durante la clase de francés, ya sabía que el castaño no gozaba de una gran vida social como para estar tan pendiente del móvil. Así que se tenía que recordar contantemente que eso no debería importarle, después de todo lo que hiciera o no, era algo que no debía despertar la menor curiosidad en su ser, lo mejor era concentrar sus energías en la discusión que seguramente se avecinaba.

Una vez que llegaron, Anderson se percató que Finn los estaba observando por una ventana en el segundo piso de la casa, pero en su mayoría sus ojos avellana se centraron en el par de nalgas que se movían suculentamente ante su vista, «Es como si estuvieran pidiendo que les de unos buenos azotes ―sus manos comenzaron a sudar ante la idea mientras se mordía el labio para contener el gemido que le provocaba el sólo imaginárselo». Lo único que lo pudo sacar de sus ensoñaciones fue una voz que le sonaba familiar, pero no era la de Kurt.

―¿Está bien? ―escuchó vagamente, pero aún era incapaz de procesar nada―. ¿Chico…? ―sintió una mano tocar su hombro y sacudirlo, esa acción finalmente lo sacó de golpe de su trance, pero no le fue posible responder ya que su garganta se cerró de golpe al ver frente a quien estaba.

Todo el calor de su cuerpo salió pitando por sus oídos, o al menos él se imaginaba que así debía ser, algo más parecido a los dibujos animados; pero para él tan lógico que casi podía sentir su cuerpo desintegrarse y esparcirse en el piso como una masa de gelatina asquerosa.

―Te dije que no era una buena idea, claramente necesita ayuda profesional y yo tengo cosas más importantes que hacer ―replicó Kurt a su padre, que al parecer habían comenzado un debate que al parecer llevaban tiempo teniendo, mientras él se había quedado como algún tipo de estatua humana.

―Debiste pensar eso antes de ofrecerle tu ayuda ―respondió el hombre de la gorra y como si de verdad fuese una especie de ser inanimado, tomó el brazo de Blaine y lo haló al interior de la casa―. ¿Cómo dijiste que te llamas? ―preguntó una vez que estuvieron en la sala.

―¿Blaine…? ―respondió inseguro. En su mente todo había sido muy brusco, lo último que recordaba era estar sintiendo cosquillitas en su entrepierna por la manera en que Kurt caminaba y de repente se encontraba en la casa Hummel, siendo recibido por alguien que vagamente recordaba.

La carcajada de Burt retumbó en la sala de estar, el hecho de que este chico frente a él estuviese tan nervioso por la actitud mordaz de su hijo, le causaba gracia; Kurt podía ser muy indiferente cuando desconfiaba de las personas, pero cuando dejaba de estar a la defensiva, era la viva imagen moral, ética y compasiva de su madre.

―Vamos chico, mi hijo no muerde, simplemente que está enojado porque lo regañé ―comentó como si conociera al adolecente sentado en su sala―. Pero ya sabe que si prometió ayudarte, debe cumplir con su palabra.

Anderson ya había tenido tiempo para respirar y normalizar la velocidad con que su cerebro trabajaba normalmente. Una vez que logró recuperar más detalles, supo quién era el hombre frente a él y haciendo una recapitulación rápida de las cosas, consiguió encajar las piezas y pensar en la mejor manera de proceder.

―Sí, no se preocupe ―comenzó a hablar, con ese tono que reservaba para las personas mayores a las que quería proyectarse como todo un ángel―, de hecho Kurt ya se disculpó conmigo y quedamos de acuerdo en que pasaríamos las tardes en mi casa ―magistralmente se las arregló para colocar un gesto que hacía pensar que era un ser tan bondadoso que con sólo sonreír haría salir el sol en un día nublado―, estudiando por su puesto ―agregó esperando que su petit ami entendiera su doble sentido, con una especie de sonrisa que incluso le hizo mostrar un par hoyuelos en las mejillas.

Kurt sintió que el estómago le daba vueltas, definitivamente si tenía que presenciar un minuto más de esta farsa, regurgitaría el estómago completo; pero el colmo era ver que su padre parecía haberse tragado ese cuento, lo último que le faltaba era que a su padre le terminara cayendo bien Anderson.

Pero su aparente salvación comenzaba a bajar por las escaleras.

―¡Finn! ―lo apresuró Burt al escucharlo―. ¡Ven, tu amigo vino a de visita!

Pero la mirada que con la que observó el lugar una vez que llegó a donde se encontraban, no parecía decir que estuviera muy feliz por el anunció del señor Hummel, al contrario era como si estuviera inspeccionando que su hermano se encontrara sin ningún moretón o lesión.

―Voy a hacerme un emparedado asado ―dijo cuando finalmente terminó su escrutinio a Kurt y Blaine, sin hacer comentario alguno.

Burt lo dejó pasar, seguramente habían tenido alguna diferencia en el campo de futbol y estaban con una de esas peleas que los hacían parecer niños.

―Bueno, ahora que ya tienes un tutor, deberían comenzar a trabajar. Yo iré a ver el partido a otro lado para que estén en silencio ―comenzó a incorporarse, como buen anfitrión sabía que debía dar comodidad a su invitado.

―No es necesario ―se apresuró a responder el pelinegro―Kurt y yo deberíamos ir a su cuarto ―expresó.

Burt asintió, esa era mejor idea y de esa manera, no tenía por qué mover sus cosas y reorganizarlas con tan poco tiempo para que iniciara el juego.

Aunque el castaño quería gritarle en ese momento que ni en un millón de años desearía estar cerca de él, obviamente la presencia de su padre lo impedía; pero, además la manera en que se comportó frente a su padre, aunque bien podía ser una farsa, le dio la sensación que podría arreglar todo de una manera civilizada.

Sin mayor dilación, ambos se fueron escaleras arriba, mientras Burt encendió la televisión y a la vez checaba los horarios del periódico, ya que según él había dejado a sus empleados en el taller antes porque iba a haber un partido, pero no recordaba el horario exacto. Estaba en eso cuando Finn irrumpió rápidamente en la sala.

―¿Dónde están? ―preguntó exaltado.

―Carol guardo en el frigorífico las cosas, sabes que aunque te empeñes en poner tus cosas favorita en un solo lugar, ella terminará reacomodándolo ―respondió Burt sin ponerle verdadera atención, normalmente Finn siempre exageraba cuando se trataba de comida.

―No… no los ingredientes de mi emparedado ―aclaró ansioso―. Quiero saber ¿dónde están Kurt y…?

―Déjalos en paz, no es como si… ―lo interrumpió, pero las palabras dejaron de salir de su boca cuando una idea cruzó su mente y apartó cualquier otra cosa de su conciencia―. Ese chico no es gay, ¿cierto?

No es que Burt tuviera algo en contra de Blaine, pero si su hijo lo estaba engañando, eso era algo que no toleraría; eran familia y si empezaban con pequeñas mentiras, ¡quién sabe que seguiría!

Finn casi se ahoga con el bocado que tenía en la boca. Si Burt era capaz de pensar eso antes de darse cuenta de la verdad, entonces, era seguro que debía cerrar la boca; sería un completo shock para él descubrir lo que realmente estaba pasando, después de todo no sólo Burt podía ayudar a Kurt. Una vez que fue capaz de retomar el control entre la ingesta de alimentos y hablar, bufó:

―Ese no es gay, no sería gay ni un millón de años ―aseguró―, y si lo fuera, Kurt sabe que merece algo mucho mejor que eso ―concluyó, volviendo a morder su emparedado, dispuesto a subir y vigilar de cerca a ese par, pero no lo pudo hacer.

―No te vayas ―Burt le alcanzó el brazo antes de que diera más de tres pasos. Quizás había algo que él no sabía, y parecía que Finn estaba al tanto, y como no le gustaba enterarse al último, lo averiguaría.


En cuanto la puerta se cerró, el ambiente de la bien decorada habitación se volvió tan estático que incluso era razonable esperar ver volar algunas chispas entre el pelinegro y el castaño, que guardaban una considerable distancia entre sí.

―Pongamos a hacer el trabajo ―comentó Kurt, si bien deseaba aclarar la situación, era mejor probar el terreno antes de saber que actitud debía utilizar para obtener los mejores resultados lo más pronto posible.

Se dirigió a su escritorio y encendió la portátil para comenzar a asignar los temas que cada uno desarrollaría. Sin embargo al no haber sido brutalmente claro con la clase de trabajo que harían, Blaine lo interpretó por el lado que más le convenía.

―¿Dónde están los condones y el lubricante? ―preguntó con toda naturalidad, no por nada se había leído todo eso del sexo gay. Pero en este momento esa inversión de tiempo parecía rendir frutos, ya que estaba esperando una larga conversación sobre la inactividad en su relación de folla-amigos, pero como al fin y al cabo nunca fue bueno con las palabras, era mucho mejor utilizar el cuerpo para que no hubiera confusiones.

Un escalofrío recorrió su espalda cuando recordó que no estaban solos, pero dado que no era la primera vez que escapaba por la ventana para evitar ser estrangulado por un padre furioso… pero, en esa casa también estaba Finn y aunque nadie creería que Blaine Anderson fuera capaz de acostarse con un chico, tampoco quería que los perdedores de la escuela creyeran que podían atreverse a mirarlo a la cara. Cuando dio otro vistazo al castaño que tenía la boca abierta en una perfecta «o», volvió a recobrar firmeza; pero al analizar más el gesto en ese rostro pálido, se dio cuenta que no era una invitación, sino otra cosa más… sintió su cuerpo temblar con la idea que cruzó su mente, «¿Acaso Kurt esta insinuando que lo hagamos sin condón? ―sus manos sudaron»; la punta de su pene dolió. En realidad parecía una tontería lo de usar condón, él estaba saludable y con eso de que Hummel era virgen, y añadiéndole que era imposible que lo dejara embarazado, el condón salía sobrando, una sonrisa maliciosa se extendió en su rostro y luego… su mejilla fue golpeada y un sabor a sangre fue perceptible para su lengua.

Kurt estaba frente a él tan sonrojado que parecía una bombilla carmesí, sus dientes castañeaban y su gesto era una mezcla de furia, vergüenza e impotencia.

―Cállate ―dijo entre jadeos que obviamente no eran de otra cosa que todas las emociones que estaba conteniéndose de gritar a viva voz.

Blaine corroboró su quijada. Eso no había sido un puñetazo, pero sentía que dolía más de lo que debería.

Hummel estaba algo preocupado por la sangre que fue visible en la comisura izquierda de la boca de Blaine, pero esa emoción fue rebasada por todos los otros sentimientos que querían causar que más sangre le saliera; pero su corazón -que en ese momento maldecía- le obligó a conseguir un paño húmedo y ofrecérselo para que se limpiara.

«¿Así son todos los gais, una bola de dramáticas? ―se cuestionó Anderson mientras limpiaba la parte interna de su mejilla que debió haber sido lastimaba por sus dientes―. ¡Ni siquiera dije algo de «mal gusto»!». Aparentemente las cosas no terminarían con el final feliz que más le gustaba a Blaine, pero aun así, se aseguraría de tener algo de eso pronto.

―Lo siento, no debí pegarte tan duro… pero tu dijiste… y yo no… ―estuvo pensando por un rato en disculparse sin que fuera la gran cosa, ya que seguramente al pelinegro se le subiría a la cabeza. Pero desgraciadamente su altiveza no era compatible con las disculpas y lo que estaba haciendo no era para nada como se lo imaginó―. No tenemos nada de qué hablar, porque no hay nada entre nosotros, nunca lo ha habido ―concluyó con un hilo de voz.

―¿Puedes repetir eso? ―en realidad no era una pregunta, pero la herida de su boca no le permitió acentuar el desafío en esta frase.

―Yo puedo hacer tus trabajos por lo que queda del año, pero por favor, déjame en paz ―la sagacidad que había estado demostrando y todo el discurso que había planeado, huyeron de su mente. Ahora en lugar de ser quien dirigía la conversación, asemejaba más a un lastimado ciervo que miraba con ojos suplicantes en busca de piedad.

Blaine sabía que algo estaba pasando con él, porque si lo mismo le hubiese ocurrido en circunstancias diferentes, seguramente el desdichado que se atreviera a poner una mano sobre él, estaría ya contra el piso, sufriendo un dolor diez veces más fuerte del que había provocado; pero, ahí estaba sentado, contemplando a Kurt sin la menor intención de reprocharle nada ni tomar venganza, a pesar de que la bofetada en verdad dolió.

―Soy capaz de hacer mis propios deberes ―había meditado la idea de sacar a relucir sus palabras hirientes y mordaz actitud, pero, no quería que las personas abajo los escucharan discutir, bueno él podía controlarse pero el castaño seguramente chillaría como si lo estuviera matando; así que optó por ocupar su astucia―. Además, dudo que quieras ver a tu padre molesto cuando le cuente que no quisiste ayudarme ―para el tono de voz que usualmente ocupaba, ahora bien podía decirse llegar a creerse que Anderson era un auténtico samaritano―; así que ¿comenzamos o prefieres pelear con tu padre?

Quizás hubiera sido mejor que respondiera con un golpe, porque esas palabras causaron en Kurt mayor efecto que cualquier otra acción. Se suponía que había aceptado ese encuentro precisamente para evitar que su padre pudiera enterarse de algo, y ahora ese preciso plan parecía estar en su contra; «¡Cálmate! ―se dijo mientras apretaba fuertemente los puños, intentando mermar la rabia que comenzaba a generarse en su ser―. Eres más inteligente que él, seguramente podrás resolver todo esto sin correr ningún riesgo, simplemente necesitas algo de tiempo».

Fijó la vista en la cama donde Anderson se había sentado, haciendo gala de sus dotes actorales, extendió una sonrisa en su rostro. Y a pesar de que Blaine le giño el ojo, eso no quería decir que estaba pasando por alto cada uno los movimientos de Hummel, ya que no toleraría ni un solo golpe más.

―Bueno, deberíamos ponernos a hacer el trabajo de francés ―dijo, mientras volvía a ponerse frente al portátil.

El pelinegro levantó una ceja en suspicacia por el cambio de humor tan brusco, si bien consideraba a Hummel en varios aspectos como una mujer, aunque estaba consciente que no lo era , estaba convencido que era mejor hacerle escupir todo lo que su silencio guardaba; porque si una mujer callada era peligrosa, debía ser precavido con Hummel.

―Entonces, ¿debo comenzar a meterme en la cama o a preparar mi gran actuación con tu padre? ―preguntó, estando justo detrás de Kurt.

Después que la sensación de escalofríos dejó de ser tan perturbadora, suspiró una vez que terminó lo que estaba haciendo y giró hacia Blaine.

―Como bien lo dices, mi padre está aquí, así que yo diría que saques una libreta y comencemos con tu clase de francés por las que me vas a pagar ―esbozó una sonrisa un tanto mecánica―. Y… ―continuó cuando vio la molestia llenar los ojos avellana―, como también hay un parte del trato que no has cumplido y yo aún no me siento listo… ¡Comencemos la clase!


Ding Dong, Ding DongDing Dong. El timbre de la casa Hummel-Hudson comenzó a sonar, haciendo que Burt frunciera el ceño ya que no logró escuchar lo que el comentarista estaba diciendo sobre la posibilidad de que un jugador fuera transferido de equipo, hizo un gesto a Finn, pero no obtuvo respuesta así que se vio obligado a levantarse.

Su gesto expreso una sorpresa total cuando vio a un chico rubio de ojo verde con una gran sonrisa, en lugar del vendedor de aspiradoras que esperaba que fuera.

―Buenas tardes, ¿puede ayudarle en algo? ―saludó Burt, al desconocer al chico, pero sabiendo la falta de memoria de Finn, no esperó a que le respondieran porque ya comenzó a llamarlo―: ¡Finn te buscan!

Y por alguna razón justamente estaban pasando la publicidad por el televisor y el chico llegó casi en un santiamén.

―¿Qué? ¿Quién? ―dijo intentando obtener alguna vista de su visita.

―No, no, no, no… ―comenzó a negar con la cabeza―. Buenas tardes ―se corrigió ya que recordó que ni siquiera había saludado―, soy Bruce Carter, amigo de Kurt, ¿está en casa?

La definición más correcta de la palabra asombro, debería incluir fotos de los gestos que Burt y Finn hicieron; pero no perdieron tiempo y como respuesta ambos comenzaron a hacerle un escáner visual al chico.

―Ve por Kurt ―instruyó, deseando poder hacer un poco más de tiempo para su análisis―. Pasa ―dijo una vez que estuvieron solos.

Gesticuló un gracias, ya que por alguna razón su voz no quiso salir y más aún cuando ingreso y sintió el pesado ambiente, y asumiendo que sabía quién era el señor de la gorra, no se le hacía nada raro. Sin embargo no hubo conversación alguna, contrario a como Kurt lo describir, el señor Hummel no parecía muy amable. Estando sentado en la sala de estar, escuchó como si un ejecito bajase por las escaleras, giró la vista y ahí estaba de nuevo la persona que identificaba como el hermanastro de Kurt, lo que corroboró cuando por fin escuchó la voz de la persona que venía buscando:

―¡Finn, baja con más cuidado! ―no era la frase más amistosa que le hubiera escuchado, pero para él fue verdaderamente relajador.

Sonrió cuando vio aparecer al castaño que se acomodaba su cabello, y apenas pudo contenerse de gritar emocionado por verlo.

―¡Bruce! ―esta vez la voz fue más cercana a lo que conocía y más aún que adoraba escuchar su nombre saliendo de esa boca.

―¡Hola! ―respondió poniéndose de pie, pero su gesto perdió algo de alegría cuando vio que el castaño era seguido por un tipo de rizos negros que estiraba los brazos a la par que bostezaba, lo más raro fue que al estar abajo, ese chico desconocido retomó la compostura.

Se sorprendió cuando vio de cerca un par de ojos azules, pero supo que era Kurt quien lo abrazaba en saludo ya que reconoció su exquisito aroma emanando de su cálido cuerpo, claro que no perdió detalle de cómo cambio el gesto del chico que parecía más bajo que él y Kurt, la manera en que sus ojos color miel se oscurecieron, como si le molestara lo que estaba viendo. Y fue más evidente su molestia cuando tosió exageradamente.

―Creo que deberíamos volver arriba ―dijo intentando sonar despreocupado.

Kurt se apartó y volvió la vista al pelinegro, cosa que por lo visto todos los ahí presentes hacían. Pero lo que en verdad sorprendió a Bruce fue el tono y la manera en que el padre de Kurt le habló:

―Vamos chicos, hay un mañana, no quieran comerse el mundo en un día ―no sólo cambió el tono sino que bromeó, pero tampoco se iba a poner tan delicado por ello, era obvio que el padre de Kurt no sabía quién era él, pero aparentemente si sabía quién era la persona que bajó junto con el castaño y hace unos instantes lo miraba no muy amistosamente.


Antes que nada, necesito aclarar que nunca tengan relaciones sin condón, lo digo en referencia al comentario de Blaine; conozco todos los factores que influyen en un razonamiento cuerdo, y obviamente las hormonas no ayudan mucho, pero SIEMPRE USEN CONDÓN.

Estoy vivo y la historia continua. Recuerdo que alguien me preguntó por MP las razones de mi ausencia, bueno si quieren leerlo, son libres:

En este especifica historia iba a tomar descanso por un mes, pero no me dio tiempo de avisar nada, porque la vida real me ha arrancando gran parte de mi tiempo ya que el próximo año inicio en la universidad y tengo aun varias cosas por hacer.

Además el descanso era para recuperar fuerzas y acumular muchos capítulos... pero lamentablemente esa parte no la he podido hacer. Justo en estos momentos no puedo prometer nada, aunque obviamente procurare que mi tardanza sea la estrictamente necesaria. Muchísimas gracias por mantener vivas las visitas a este fic.

Terminó el año con un nuevo capítulo, con nuevos proyectos por venir y le deseo a todos un extraordinario 2014, les agradezco el increíble 2013 (los pocos menes que llevo aquí)que me han dado. Espero que estén perfectamente y si hay algo que les quite el sueño, les aseguro que todo tiene solución.

Gracias por leer. Gracias por comentar. Gracias por sus favorite/follow.