Disclaimer: Los personajes de The Hunger Games pertenecen a Suzanne Collins, yo simplemente los utilizo con fines de entretenimiento.
Odio a esta pareja: ¿Recuerdas que el summary menciona que es Everlark y Finnis? No te puedo dar respuesta a eso, ya que la historia apenas sigue avanzando y apenas estamos en la etapa del matrimonio entre Katniss y Finnick, así que de momento seguirá el Finnis, puedes dejar de leer con mucho gusto. Saludos.
Katniss sabía que tenía que darse un baño ya, su frente estaba perlada de sudor, su cuerpo demasiado caliente le pedía a gritos bajar la temperatura. Apenas Finnick se retiró de ella de inmediato se cubrió con la delgada sábana, a pesar de llevar más de una semana teniendo sexo, no terminaba por acostumbrarse a que él la viera de ese modo, desnuda y mostrando sus cicatrices, mucho menos cuando la luz del sol se filtraba por la gran ventana de su habitación.
La noche fue agotadora por sus pesadillas; Finnick no estuvo gran parte porque tenía que asistir a una reunión con el Presidente Snow y al finalizar la reunión privada irían a una cena formal por parte de uno de los máximos patrocinadores; Katniss estuvo recelosa gran parte de la noche al darse una idea de lo que quería Snow. Seguramente no quería perder a Finnick, sobre todo cuando él dejaba grandes cantidades de dinero, joyas, etc. Dudaba que Finnick fuera aceptar de nuevo.
El caso es que Finnick no estuvo para darle su dosis, tal como ella lo llamó a la segunda noche de haber iniciado con las relaciones sexuales. Sus pesadillas volvieron en aumento, perdiendo a toda persona importante que quería, hasta que Finnick la despertó apenas unas horas antes. Él se veía cansado, pero ella se aferró tanto que no tuvo de otra que complacerla por ese motivo no le sorprendió que Finnick cayera dormido en esos momentos en toda su gloriosa desnudez.
Katniss se sonrojo y corrió al cuarto de baño.
—¿Nadie las ha molestado? ¿Tienen algún problema? ¿Cómo le va a Prim? ¿Sabes si continúa vendiendo leche y queso de su cabra?
—Las cosas por aquí van muy bien, preciosa —Dijo Haymitch al otro lado de la línea. Finalmente después de varios días de pensárselo, tuvo el valor de llamar al doce, le desagradaba la idea de que sus llamadas fueran gravadas, pero anhelaba tanto comunicarse con su familia—. Tu madre y hermana siguen habitando tu casa, aunque han pasado cierto tiempo en la antigua, las cosas que tu madre hace es más cerca de la Veta. Y la pequeña rubia pasa mucho tiempo con la cabra y ese horrendo gato.
—¡¿Prim se queda sola?!
—No, siempre la estoy vigilando, no te preocupes.
—¿Qué no me preocupe? ¿Que no lo haga? Haymitch, ¡Tú eres un borracho de primera! Dudo que le prestes atención...
—Qué poca confianza me tienes. Pero aunque te duela, lo hago. ¿Cómo van las cosas en el Capitolio?
—Hasta el momento tranquilas. Nos han invitado a fiestas prestigiosas, nos piden que nos quedemos hasta tarde y tenemos que darnos muestras de afecto —murmuró sin mucho ánimo—. Aunque desde hace días que Snow pide la asistencia de Finnick, yo tengo que quedarme en casa.
—Finnick no te pondra el cuerno —Haymitch lo dijo con una sonrisa—. Seguramente Snow lo utiliza para que sus patrocinadores asistan a las reuniones, más bien a las mujeres. Aunque la mayoría acepto tu matrimonio con Peeta, hubo muchas mujeres que perdieron a su hombre. Otras que se resintieron con el presidente.
—Finnick no es una…
—¿Carnada? —Pregunto—. Eso es lo que ambos son. No hemos tenido problemas acá, incluso las teselas comienzan a tener más comida y menos podrida… ¿Qué has hecho, preciosa? Este cambio abrupto por parte del Capitolio debe tener algo que ver contigo…
—Solamente continuó con el espectáculo.
Peeta golpeó con fuerza la masa para las galletas, la dejó de lado y fue a lavarse las manos. No tenía muchos ánimos de continuar, se mojó el rostro con agua fría y suspiro sin mucho ánimo.
La vida en el Distrito Doce era peor en esos momentos, no, las personas no corrían peligro, el Quemador continuaba funcionando, lo peor era cuando pasaba por la plaza y las personas lo miraban con lástima, no dudaba en que hablaran a sus espaldas: Oh pobre chico, ni todo lo que tuvieron que pasar para que su chica se haya casado con otro.
Ahora sentía que todo lo que sufrió en los Juegos fue en vano. ¿Por qué no mejor murió en el momento en que estuvo enfermo? ¿Por qué Cato no le clavó mejor la espada sobre su costado? ¿Por qué no lo mató por piedad? Era preferible estar muerto que vivir. Su único consuelo era la hermana de Katniss, quien cada vez que la veía, le recordaba que ese casamiento no era una pesadilla, que era real.
¿Cómo estaría su chica en llamas? ¿Cómo le iba en la vida con Finnick Odair? Le daban celos, se enojaba y su humor se largaba al imaginar que Katniss estaba con Finnick. No toleraba ver las emisiones especiales de eventos donde los veía contentos, cuando se besaban, actuado o no, era muy doloroso. Se recostó en el sillón, cerraba los ojos y esa imagen no se iba, era más difícil dormir, tantas noches sintiendo el cuerpo de Katniss con el suyo…
La extrañaba tanto. ¡Tanto!
Sus sueños de infancia se cumplieron para luego ser destrozados. La vida era demasiado injusta, menos mal que era un vencedor, así mismo no tenía que tolerar los regaños e insultos de su madre por dejar la masa sobre la cocina. Pero tenía que terminar, le había prometido a los niños de la Veta que les llevaría galletas. Y quizás podría darse una vuelta por el bosque o visitar a su amiga Delly.
