¡Pip! ¡Pip!

- Hola, preciosa. Acabo de salir de la entrevista de trabajo, ¿quieres quedar para comer?

+ Hola Kat! Hoy no puedo, pero si quieres nos vemos mañana.

- Así que todo va viento en popa con Kat, ¿eh? - Mary Margaret sonrió a su amiga.

- Nos estamos conociendo, sólo eso.

- ¡Venga ya! El otro día os besásteis, eso no es conocerse.

- Bueno, lo del viernes... - Regina se sonrojó al recordar la noche en la que se besó con Kathryn - no deberíamos habernos besado, a ver, que estuvo bien y no me arrepiento, pero yo no soy así. La verdad es que Kat me atrae, creo que es una persona interesante y me gustaría conocerla, ya veremos en qué acaba todo esto. - Regina dio por terminada la conversación sobre Kat - Venga, vamos a tomarnos un café, que nos espera un intenso día de compras.

Mary Margaret y Regina estuvieron toda la mañana en el centro comercial mirando ropa, probándose conjuntos y comprando lo que más les gustaba. Cuando entraron en la tienda de ropa interior, Mary Margaret se dirigió directamente hacia la lencería, seguida de su amiga.

- Regi, ¿qué te parece este corsé? David me invita a un hotel de viernes a domingo, a un todo incluido con piscina, y quiero darle una sorpresita por la noche.

- Mary, cariño, si te compras ese corsé no vais a salir de la habitación.

- Entonces es perfecto - Mary Margaret se llevó la prenda al probador, pero se paró a medio camino - Oye, ¿por qué no miras algo para ti? Seguro que a Kat también le gustaría que le dieras una sorpresa - dijo mientras le guiñaba un ojo a su amiga y siguió caminando hacia el probador.

Regina empezó a mirar conjuntos, no pensaba en darle una sorpresa a Kat, todavía era muy pronto para eso y no tenía prisa, pero quería sentirse sexy y no pasaba nada por mirar ropa interior. Finalmente se decidió por un conjunto sujetador, tanga y ligero de encaje, color rojo intenso.

- Sí, creo que eso le gustará a Kat.

- No me voy a comprar esto para Kat, lo quiero para mí y ya veremos si lo utilizo con ella. Vamos, que no llegamos a la peli.

Ya por la noche, Mary Margaret dejó a Regina en su casa, donde la esperaba su madre. Cora saludó a su hija y le preguntó qué había comprado. Tras enseñarle sus compras (excepto la lencería), Cora se sentó en el sofá y le pidió a su hija que se sentara a su lado

- Hija mía, quiero hablar contigo. Quiero disculparme por presionarte. Siento que te estoy perdiendo, ya sabes que a veces soy un poco cabezota y mandona, pero procuraré no molestarte más con el tema de Jefferson o de la universidad.

Regina se acercó a su madre y la abrazó. - Gracias, mamá. - A las dos se le saltaron las lágrimas, Cora era consciente de que si seguía con su actitud, Regina se alejaría más y más de ella, mientras que Regina agradecía sinceramente aquel gesto de su madre. - Bueno, ¿vamos a cenar juntas? - propuso la joven mientras se secaba los ojos.

La cena transcurrió con normalidad, se notaba entre ellas un ambiente mucho más relajado.

- Mamá, hay algo que me gustaría contarte.

- Claro, cariño, lo que sea.

- Mamá, hay algo... que deberías saber... No sé cómo te va a sentar, pero llevo ya un tiempo que quiero decírtelo - Regina temblaba, el volumen de su voz disminuía con cada palabra que decía y comenzó a llorar fruto de los nervios - mamá...

- Ey, Regina, ¿qué pasa? Tranquila hija, ¿algo va mal? ¿Tú estás bien? ¿Papá está bien? ¿Has tenido algún problema con Mary Margaret? ¿Qué pasa, hija mía? - Cora intentó tranquilizar a su hija, le acarició la mano, le acercó una servilleta y le sirvió un vaso de agua.

- No, mamá, no es nada malo... creo. - Pese a estar segura de querer contarle a su madre que le gustaban las mujeres, no estaba segura de querer contárselo en ese momento. Había comenzado muy confiada, pero pronto le entró el miedo - mamá, lo siento, no te va a gustar lo que te voy a decir - Regina lloraba de tal manera que casi no podía hablar - mamá - la morena levantó la cabeza, respiró profundamente, se secó las lágrimas, se aclaró la garganta y miró directamente a los ojos de su madre - me gustan las mujeres.


- Regina, hija mía, ¿qué ha pasado? No llores, ven aquí, dime pequeña - Henry abrazó a su hija, que lloraba desconsolada. Su hija lo había llamado en mitad de la noche, llorando, pidiéndole que fuera a recogerla. La encontró en un parque cercano a su antigua casa, sentada en un banco encogida agarrándose las rodillas y temblando de frío.

- Papá... - Regina se abrazó a su padre y escondió la cabeza en su pecho - papá, le he contado a mamá que me gustan las chicas...

- Pequeña... tranquila, estoy aquí, no llores, todo va a estar bien. Vamos a mi casa, te quedas a dormir conmigo. - Henry arrastró a Regina hasta el coche y pronto estuvieron en su piso. - Ve entrando, voy a llamar a tu madre para avisarla de que te quedas conmigo.

- A mamá le da igual lo que me pase...

- No digas eso, Regina, no sé qué ha pasado esta noche, pero sé que tu madre te quiere, aunque sus maneras de demostrarlo no sean las más adecuadas. Espérame dentro, no tardo nada.

Regina se sentó en el sofá del salón de su padre, cogió una manta y se acostó, aún llorando. Menos de 5 minutos tardó su padre en volver con ella - He hablado con tu madre, creo que lo mejor es que te quedes conmigo un tiempo, mañana iré a buscar tus cosas a casa si tú no quieres ir. - Regina no lo miraba, parecía incluso que no lo escuchaba, tenía la mirada perdida y la mente muy lejos de aquel salón.

- Papá, ¿soy una vergüenza para ti?

- Regina, mírame, nunca nunca vas a ser una vergüenza para mí. No sé qué te dijo tu madre, pero estoy seguro de que no lo piensa realmente, se arrepentirá tarde o temprano de todas y cada una de las palabras que ha dicho.

- No quiero hablar ahora mismo, papá.

- Lo sé, pequeña, vamos a la cama y ya mañana hablamos si quieres. Necesitas descansar, ve acostándote, ahora te llevo una infusión para que te tranquilices.

Regina se fue a su habitación mientras su padre iba a la cocina. Se puso el pijama y se metió en la cama, miró el móvil, ya era bastante tarde, pero aún así buscó el número de Emma y le mandó un mensaje.

- ¿Estás despierta?

La respuesta se demoró lo que para Regina había sido una eternidad, pero que en realidad fue menos de un minuto.

+ ¿Ahora sí quieres hablar conmigo?

- Necesito hablar con alguien y sólo me apetece hablar contigo.