Disclaimer: Solo la idea me pertenece, todo lo demás no es de mi propiedad, lamentablemente no tengo tanta imaginación.
Summary: Rose y Scorpius saben que para estar juntos tendrán que pasar obstáculos y hacer sacrificios. Rose también sabe que, por más descabellado que parezca, quizá un bebé sea la única forma de lograrlo.
Nota: Holaaaa de nuevo :) Gracias por sus comentarios del capítulo anterior, me alegra que el fic les guste, enserio.
Sin mucho que decir los dejo para que lean.
Sentirte cerca. (5 Meses)
.Mayo.
Ocultar su embarazo ya parecía ser inútil. La túnica del colegio la cubría bien durante el día pero ya con cinco meses y una panza cada día más grande era imposible evitar que sus compañeras de cuarto notaran el bulto enorme bajo su pijama. Todo el colegio en general podía ver el cambio de su complexión, así que cuando Andy Thomas y otras chicas de Gryffindor le cuestionaron directamente sobre si estaba o no embarazada la pelirroja no vio posible mentirles más y les confirmó que sí lo estaba.
Al principio a Rose le dio igual, sabía que se tenían que enterar en algún momento. Pero cuando las burlas y miradas hostiles y cargadas de recelo llegaron, ella entendió que tan malas podían ser las chicas cuando querían.
Era por eso que ahora casi no se aparecía por la Sala Común. A pesar de que allí era donde menos miradas curiosas recibía. Las principales culpables de que se sintiera mal eran las Slytherins. Sobre todo las fanáticas de Scorpius. Sus primos la defendían más que nunca. Louis y Lorcan Scamander, un día hechizaron a una chica de Hufflepuff solo por reír a sus espaldas. Eso se había ganado el perdón de Rose sobre su primo Louis, que la había enfrentado arrepentido.
Por otro lado Fred se encargó de enviarles vía lechuza una buena dosis de bombas pestilentes a quienes, Roxanne le contaba, eran los que más molestaban a Rose. La chica se vio obligada a responderle también y agradecerle por eso. Alice también lo hizo. Estaba de sobra decir que ya habían regresado y, según ellos, más enamorados que nunca.
La que seguía felizmente soltera, según ella, era Lily. Aunque no le sorprendía encontrársela del brazo de Michael Simpson, el Hufflepuff que la estaba pretendiendo. E incluso el viernes pasado llegó a verla besándose con Justin Jordán en la Sala Común.
El enfado de Scorpius por haberle ocultado las sospechas sobre un múltiple embarazo tardó en desaparecer. Fue una semana entera en la que Scorpius estuvo más frio que un cubito de hielo con Rose. Pero al final verle crecer el vientre todos los días y la sorpresa de que efectivamente, serían mellizos lo había ablandado bastante y la había perdonado. Aunque eso le había costado a Rose aproximadamente quince minutos de dísculpas seguidas.
La noticia fue… fue eso. Una gran noticia.
Rose tenía tanto miedo que no podía ocultarlo de nadie. Ni de su madre, ni de Astoria Malfoy, ni de Scorpius. Todos se habían dado cuenta en ese momento que la pelirroja estaba aterrada e incluso la doctora le aseguro que no había nada que temer. Sin embargo Rose no estaba tan segura, tenía mucho que temer.
Pero Scorpius parecía todo menos asustado. Una extraña ola de optimismo había acogido a su novio y esto no parecía muy normal que digamos. Estaba feliz de tener dos bebés y no pensaba en otra cosa que no fuera eso, y a pesar de que Rose jugaba el papel de la pesimista en la relación, ver a su novio tan convencido de que todo saldría fenomenal la ayudaba un poco a sentirse más segura.
-Ya te digo yo que Serpens es un buen nombre. –juraba Scorpius renegando cual niño pequeño.
Rose bufó mientras se acurrucaba a su lado. La Sala de Menesteres esa tarde de Mayo tenía una cama en medio de ella. Rose se había dado un espacio entre sus deberes y Scorpius entre sus estudios para pasar un rato juntos y solos allí.
-Es feo, mi amor. –le replicó Rose. –Ya te dije que los nombres de estrellas no son los únicos que existen. Además ni siquiera te sabes todos, solo los más horribles.
-Rose es una tradición en mi familia que…
-Dejemos las tradiciones. –le cortó ella. –Que si fuera por ellas estarías casadito con una tal Zabini, te recuerdo.
Su novio le tuvo que dar la razón.
-bueno ¿Y qué tal Horologium? –sugirió. –Es una constelación que…
-¡No! –espetó Rose.
-Oye yo al menos propongo algo. –musitó el rubio indignado, su novia suspiró.
-Bien. ¿Qué tal si le ponemos Scorpius Jr? O Albus por mi primo y Thomas por el tuyo. Y nombre de niñas podríamos usar Astoria, es lindo o…
-¡Nada de nombres de parientes! –bramó Scorpius. –Sé que en tu familia se acostumbra reciclar nombres pero me niego rotundamente. –ella le fulminó con la mirada.
-Bueno son dos bebés. Escoge tu un nombre y yo el otro y ninguno se opone al del otro. Y listo. –decidió la Gryffindor por sí misma.
Rose volvió a intentar acomodarse en la cama pero le era imposible. Sintió a Scorpius removerse incómodo a su lado. Decidió incorporarse y olvidarse de la comodidad.
-¡Es que estoy tan obesa! –clamó lloriqueando. –Por Merlín, peso más que el calamar gigante. Tengo una panza de…
-De dos bebés. –intervino su novio, ya un poco acostumbrado a las hormonas de las embarazadas. –Y te ves preciosa así. No te pongas mal, ya sabes que es temporal.
-¡Pero es que soy una ballena! –chilló secándose las lagrimas. –Estoy tan gorda que seguro tú ya no me querrás.
-Esa es una frase trillada de las embarazadas para que les digamos que las amaremos siempre aunque estén gordas. –se burló un poco el rubio.
Sonrió ganándose un golpe en el pecho por parte de Rose y un grito de "Insensible"
-Pero sí Rose, te amaré por siempre aunque seas una gordita hermosa. –susurró en su oído.
Ella volvió a sollozar un poco pero cuando Scorpius le besó el cuello se calló completamente y el silencio reinó. La lengua del rubio recorrió su cuello hasta llegar a su oreja. Rose solo suspiraba agitadamente cuando las manos del chico empezaron a recorrerla.
-Scorp. –le llamó entre suspiros. –Scorpius.
-¿Mm?
-Tengo ganas de tarta de frambuesas con chocolate encima. –mencionó con una brillante mirada en los ojos y una sonrisita. –Acompañada de patatas con mucha salsa.
Ante estas palabras Scorpius se detuvo abruptamente y se alejó del cuerpo de su novia mirándola con esa ceja alzada típica en él. Rose sonrió angelicalmente mientras él la veía cada vez más extrañado.
-Intento relajarte y tú piensas en comida. ¡Cuando estoy besándote!
Rose se sonrojó con ganas pero solo pudo atinar a reír bobamente.
-Perdona cielo, es que estos antojos van a matarme, lo juro. –se excusó usando esa vieja carta de "Estoy embarazada, soy inmune a todo". –Entonces… ¿Me consigues la tarta y las patatas?
-¿No te gustaría mejor seguir en lo que estábamos? –preguntó juguetonamente acercando sus labios a los de ella.
Rose dejó que Scorpius se apropiara de su boca como siempre que deseaba besarla. Cuando se separaron sin embargo sólo algo rondaba su cabeza.
-No, Scorp. Quiero la tarta.
El rubio casi se va de espaldas por la impresión de ser rechazado por una tarta pero no le quedó más que acceder y salir de la Sala para dirigirse a las cocinas por el antojito de su novia que se quedó por fin disfrutando de la cama a sus anchas.
Una hora más tarde, después de que se alimentara bien y de que Scorpius se disculpara por tener que irse urgente a acabar la pila de deberes de Pociones que tendría que haber empezado hace semanas, Rose salía y bajaba para ir rumbo al campo de Quidditch. Hoy jugaba Gryffindor contra Ravenclaw y podía ser un partido decisivo. Iba bajando por las escaleras y cruzando un pasillo cuando escuchó murmullos a sus espaldas.
-¿Qué tan zorra puede ser alguien? Ese bastardo que va a tener por hijo no puede ser de Malfoy. Seguro es de otro.
-Oye Weasley estas enorme ¿Cuántos bebés traes ahí? Uno de cada chico con el que te acostaste ¿Eh?
-Esos serían demasiados bebés, Marian.
Los murmullos se volvieron insultos y Rose se giró para quedar frente a frente con tres chicas de Slytherin. Eran quizá un curso inferiores pero parecían ser incluso de la misma edad de Rose pues eran robustas y muy altas. La pelirroja entrecerró los ojos y volvió a emprender camino tratando de ignorar las palabras de esas muchachas.
-¿Huyes? Cobarde, no sé cómo te puedes hacer llamar una Gryffindor.
Bien. Eso había sido la gota que derramó el vaso. ¿Cómo se atrevían esas malditas a llamarla cobarde cuando ni siquiera la conocían? Ellas no sabían todo lo que había tenido que pasar. Enfrentarse a su familia y a sus padres, huir de casa, tener que lidiar con todo lo que el embarazo conllevaba y mucho más. Estaba en verdad furiosa así que sacó su varita y le apuntó directamente a la última chica que había hablado.
-Retráctate asquerosa basura. –exigió Weasley con el rostro colorado por la indignación.
-¡La única basura aquí eres tú, zorra!
Rose negó con la cabeza fulminándola con la mirada.
-Yo no soy nada de lo que tú dices y te prohíbo completamente que hables de mí sin conocerme, estúpida. –exclamó furiosa. Si no se había dejado intimidar por su padre menos lo haría por una maldita Slytherin.
-Nosotras hacemos lo que se los da a la gana. –espetó una de ellas cruzándose de brazos con expresión alzada, como si sintiera mucho más que Rose. –Dinos Weasley, ¿Qué clase de potente Filtro Amoroso le diste a Scorpius para que se fijara en ti? O es eso o es que el pobre está ciego porque yo no veo como de otra forma podría hacerte caso.
La pelirroja imitó su pose y también cruzó los brazos sobre su pecho, observándolas fijamente a las tres. Una pequeña sonrisa irónica se dibujó en su rostro y la más alta de las ellas dio un paso adelante enfadada. Rose tomó aire.
-¿Qué tanto miras, zorra?
-Lo feas que son, lo guapas que se creen y la pena que dan. –respondió cortantemente con esa sonrisa aún en su cara. Volvió a apuntar con su varita cuando vio a la otra hacer lo mismo.
-¿Cómo te atreves a insultarnos? Malfoy no está aquí para defenderte. –indagó la otra chica, un poco más bajita pero de igual complexión amplia sacando su varita al igual que Rose. –Anda, atrévete a atacarnos.
Rose ni siquiera la dejó acabar y la desarmó rápidamente cogiendo su varita en el aire y mirando a las otras dos desafiantemente. La chica que había provocado su furia fue la siguiente en amenazarla y la otra hizo lo mismo. Rose entonces, finalmente, sintió miedo. Eran dos contra ella y eran dos tipas que se notaba no tenían nada de escrúpulos y que estaban totalmente dispuestas a lastimarla enserio.
-Si le haces algo a Rose. –musitó una voz a las espaldas de la pelirroja. –Puedes irte arrepintiendo, muchacha.
La pelirroja apretó los dientes al escuchar aquello y miró como las tres Slytherin palidecían y se miraban asustadas entre sí. Entonces escuchó como una le susurraba a la otra "Es Harry Potter, vayámonos" y así lo hicieron. Las tres se marcharon a paso veloz. Rose miró su mano y se encontró con la varita de aquella chica la cual tiró al suelo.
Cuando se dio la media vuelta se encontró con los ojos verdes de su tío Harry, tan iguales a los de Albus y por lo mismo, tan calmantes para ella, tras sus gafas redondas y esa cicatriz adornando su frente. Harry le sonrió conciliadoramente y Rose sintió que sus ojos le ardían, tenía ganas de llorar pero no quería hacerlo así que se contuvo.
-Gr-Gracias tío. –murmuró en voz baja. –Pero yo…
-No digas nada, todos tenemos que pasar por cosas como estás. Todos nos asustamos Rose, no está mal tener miedo de vez en cuando, eso no te hace menos valiente. Te hace más humana.
Rose no hizo nada. Se quedó quita en su lugar totalmente petrificada con los ojos azules bien abiertos. Harry dio un paso adelante acercándose más a ella y la abrazó con un poco de trabajo para no lastimarla por su vientre abultado. Rose dejó que Harry la abrazara y entonces pasó. Sintió las lágrimas deslizándose por sus mejillas y le respondió el abrazo feliz de poder saber que contaba con su tío. Estuvo unos momentos así dejando que se le pasara el miedo que había sentido.
-Gracias. –repitió más tranquila. –Pero tío, ¿Qué estás haciendo aquí?
Harry entonces volvió a sonreírle un poco y le puso la mano en el hombro. Ella sonrió ligeramente.
-Bueno, vine con el motivo de ver el partido de Gryffindor. –le respondió. –Pero vine también a verte y a hablar contigo. No soy el único que quiere hacerlo.
La aludida se sorprendió muchísimo. Entonces dejó que su tío la llevara hasta el campo de Quidditch y cuando subió por las gradas no pudo si no sorprenderse. Todos sus tíos estaban allí. Desde tío Bill hasta Percy. Incluso George que Rose llegó a creer que nunca le perdonaría lo que había hecho. También sus tías estaban allí, bueno casi todas. Además de su madre, Ginny y Fleur. Las que no estaban eran Audrey y Angelina y Rose sabía que sería porque tenían demasiado trabajo para postergarlo. Se sentó junto a Harry no sin antes recibir una sonrisa por parte de todos. Estaba tan emocionada que sólo miró el partido en silencio.
Gryffindor había ganado aplastantemente sobre Ravenclaw, su hermano había marcado y cuando lo hizo Rose había jurado que la había visto a ella. Cuando el partido terminó salieron del campo y dejó que la guiaran nuevamente en silencio. Tía Ginny la tenía abrazada de los hombros pero no le decía nada. Llegaron hasta la oficina de la directora y Rose se sorprendió al verla vacía.
-Minerva amablemente nos dejó hablar contigo aquí. –explicó Harry Potter haciendo aparecer varias sillas para que todos se sentaran. –Creo que era necesario que lo hiciéramos.
Rose asintió con la cabeza mientras se sentaba en la silla más cercana.
-Hija, tus tíos se ofrecieron en venir aquí a verte porque sabían lo angustiosa que debía ser la situación para ti. –empezó Hermione mientras tomaba a Rose de la mano.
-Sabemos que lo que hiciste fue porque lo sentías. –aseguró Ginny. –Y aunque tu actuar fue ciertamente insensato entendemos porque lo hiciste.
-Estamos orgullosos de que sepas defender lo que quieres Rose. –agregó Bill Weasley.
-Así es sobgrina. –agregó Fleur. –Victoire nos ha dicho que tú estás de vegdad enamorada.
La mujer de cabellera rubia le sonrió un poco a Rose y ella se la devolvió. Su tía siempre le había simpatizado, además su acento que seguía siendo ligeramente francés le agradaba.
Uno a uno sus tíos le habían asegurado que la apoyaban y que a pesar de que Malfoy no les agradara del todo iban a aceptar si de verdad querían estar juntos. Percy le dijo que si necesitaba un trabajo menor en el Ministerio podría ayudarla, también su tío George le ofreció trabajo pero ninguno de esos empleos tan conformistas convencían a Rose, ella nunca había deseado eso, ella había querido toda su vida ser exitosa y sobresalir y aunque le costara tiempo iba a lograrlo. Claro que si no le quedaba de otra, no dudaría en aceptar.
Fleur, Ginny y Hermione la habían interrogado sobre su embarazo y habían pedido cada detalle. Incluidos los antojos, los mareos y las ganas constantes de ir al baño. Eso era lo peor pero según Fleur, Vic ya con seis meses ni siquiera podía levantarse de la cama por el cansancio que le provocaba su bebé y por los dolores de cabeza que le traía esto.
-Tengo una pregunta. –dijo Rose. -¿Quién les dijo que vinieran a verme?
Hermione le sonrió un poco a su hija.
-Fueron tu hermano y también Albus.
-¿Hugo? –cuestionó la pelirroja sorprendida.
-Tu hermano nos dijo que aunque estabas bien si seguías sintiendo un poco la soledad. –respondió su tía Ginny.
-Pero no veo porque con esta panza enorme no deberías sentirte sola nunca. –se rió George.
Rose también se rió y por primera vez estar gorda no le molestó. Era verdad, ella nunca iba a estar sola. Jamás. Ahora tenía a dos personitas por las cuales ver y que jamás iban a abandonarla. Además de tener a Scorpius, por supuesto.
-Creo que deberías decirle. –Rose escuchó como Harry le mascullaba a su madre. –Es importante que lo sepa.
-¿Saber qué? –quiso saber la pelirroja.
Un silencio incómodo reinó en el lugar. Ginny reprendió a su esposo por meterse en los asuntos de Hermione pero la mujer de cabello castaño no hizo más que suspirar. El ambiente se tornó pesado y todos prefirieron dejar a madre e hija solas no sin antes despedirse de Rose con un abrazo y recordarle todo el apoyo que le brindaban. Harry también hizo lo mismo y mencionó que iría a buscar a Hugo.
-No es necesario. –opinó Hermione. –Acaba de tener una gran victoria y no quisiera arruinarle el día.
-Como digas, Hermione. –aceptó su gran amigo saliendo por la puerta.
-¿Qué pasa mamá? –quiso saber Rose desesperada. -¿Qué más anda mal?
-Nada anda mal, cielo. –aseguró la mujer sentándose y mirando el cielo. –Solo que creo que es tiempo de que sea totalmente sincera contigo.
-Habla.- pidió mirándola con interés.
-Las cosas con tu padre están cada vez peor. –relató Hermione. –Y le he dicho que quiero que nos separemos. Aunque sea por un tiempo.
-¡¿Qué?
La sorpresa de Rose fue enorme. Se paró de la silla tan rápido que esta se cayó al suelo. La pelirroja se tomó el vientre sintiendo una pequeña molestia pero lo ignoró fijando toda su atención en su madre y en las palabras de esta. No podía creer que eso fuera verdad. Hermione y Ron siempre tenían discusiones pero las arreglaban tan rápido como habían comenzado éstas. Rose sabía que se amaban profundamente y ella siempre había aspirado enamorarse así, afortunadamente lo había logrado. Sin embargo ahora esa noticia le hacía creer que el final feliz no existía.
-Mamá. –dijo balbuceando por la sorpresa. –Eso no puede ser cierto…mamá dime que es mentira. Que tú y papá están bien. ¡Dímelo!
-Hija cálmate, te va a hacer daño. –pidió Hermione. –Por favor, tranquila.
Rose se soltó de su abrazo y la miró directamente a los ojos. Hermione tragó saliva cuando se encontró con esa mirada tan idéntica a la de Ron.
-Mamá por Merlín es una locura. Tú y papá se aman muchísimo.
-Si Rose, pero yo no puedo estar con Ron si se porta así. Todos ya lo hemos aceptado hija, todos ya entendimos cuanto amas a Malfoy y me consta que no es un mal chico. Pero Ron es terco y no quiere entenderlo. No voy a estar con un hombre que se porta como un niño.
-Es mi culpa. –murmuró mirando fijamente la pared sin pestañear. –Arruiné mi vida y su matrimonio. ¡Soy una pesadilla, una maldición, todo lo arruino!
Las lágrimas salieron de sus ojos rebeldemente mientras que Hermione intentaba nuevamente abrazarla con fuerza. Esta vez Rose no se resistió y aceptó que los brazos de su mamá la rodearan.
-No es tu culpa cielo, yo ya sabía esa faceta de Ronald. Solo que saber que sería igual para su propia hija… bueno no me lo esperaba. Te amamos Rose pero yo no puedo más con él si mantiene esa actitud… -hizo una pausa y Rose sintió que ella también lloraba. –Le amo como nunca amaré a nadie pero… pero estoy confundida.
Rose la apretó más fuerte contra sí sin poder sacar de su cabeza que todo era una excusa, que en realidad era su culpa y de nadie más.
…
-¿Qué se siente, Weasley?
Hugo trataba de ignorar todo aquello que estaba ocurriendo pero casi no podía lograrlo. Siempre había sido un chico impulsivo y resistir partirle la cara a todos los que se la pasaban molestando era demasiado tentador. Él era un Weasley, después de todo, y estaba acostumbrado a ser adorado por la mayoría de la gente, no se esperaba que de la noche a la mañana las personas empezaran a tratar a Rose como basura y no sabía lidiar con eso.
Lily le apretó el brazo para evitar que el chico hiciera algo.
-Saber que ganaste el partido con puras trampas, que tu hermana es una zorra repudiada de la familia por meterse con un hijo de mortífago y además que tu madre y tu padre no se hablen.
Hugo no soportó aquello y se volteó para mirar al Ravenclaw que acababa de decir eso. Era de sexto y más de una vez Hugo había visto que le miraba mal. Hace poco supo el motivo.
-Mac, no molestes. –le ordenó Lily con ferocidad.
Mac Boot era un Ravenclaw que había estado enamorado de Lily desde hace tiempo y después de que ella le negara una cita Hugo había notado que Smith le tenía celos. Más que nada por andar siempre con Lily y por ser tan unido a ella. Claro que el estúpido ignoraba que su prima no estaba interesada en él y que pronto, según ella y el mismo Hugo, iba a regresar con su ex Joe, un novio mayor y que a pesar de ser un idiota seguía siendo el chico que Lily quería.
-Y no te atrevas a hablar de mis padres. –exigió Hugo.
-Es la verdad. –juró el Hufflepuff. –Mi mamá trabaja en el Ministerio con Hermione Weasley y se dice que no mantiene ninguna relación ya con su esposo y que todos se dan cuenta.
Hugo quiso hacer algo contra ese idiota y le amenazó con la varita pero el joven mayor fue más veloz y lo desarmó esto hizo que el chico de cabello rojizo enfureciera aún más y sin esperar que Mac lo atacara se lanzó contra él a golpearlo con el puño. Lily chilló horrorizada.
-¡Estense quietos! –bramó la pelirroja. -¡Ayuda!
Mac era más alto, fornido y veloz que Hugo así que terminó sobre el muchacho Weasley a punto de golpearlo en pleno rostro. Hugo cerró los ojos para no ver el golpe que se le venía encima pero no llegó. Cuando abrió sus marrones ojos vio como Boot bajaba el puño lentamente. Alzó la vista un poco más y notó como una varita estaba apuntando a la cabeza del Ravenclaw.
Era Scorpius Malfoy.
-Suéltale y déjale tranquilo, Boot. –espetó Malfoy. –Ahora.
El muchacho obedeció y se levantó de encima de Hugo dejándole en paz. Miró a Scorpius con miedo y bajó los brazos, Scorpius con sus grises ojos lo escrutó con enfado.
-Se supone que los Ravenclaw son listos. –masculló el rubio con esa mirada fría. –Pero tú eres imbécil, y sin duda un mal perdedor. No te atrevas a volver a acercarte a este chico o a ningún otro, si quieres meterte con alguien de tu tamaño aquí estoy yo, Boot. –añadió frunciendo el cejo. –Aunque te advierto que como yo sí tengo cerebro y algo de habilidad serías un oponente francamente aburrido.
El chico de cabello castaño claro gruñó, sin saber que responder y se fue de allí con el rostro rojo de indignación. Lily corrió a ayudar a Hugo.
-Scorpius, gracias. Enserio. –exclamó Potter mientras le tendía la mano a su primo para que se incorporara. –Oh gracias a Merlín que llegaste, sino ese idiota le habría partido la nariz a Hugo.
El hermano de Rose miraba a su cuñado con total sorpresa e incredulidad. Se limpió la sangre que le salía del labio y asintió.
-Gracias.
Scorpius no esperaba que Hugo Weasley, aquel que sabía lo detestaba desde siempre, incluso más si era posible que James Potter, le agradeciera de una manera tan sumisa y genuinamente amable. El castaño rojizo le había mirado agradecido de corazón y le había tendido la mano. Scorp la aceptó analizando sus propias acciones ¿Por qué había ayudado a Hugo?
El Gryffindor le había odiado apenas se habían conocido, como todos los demás primos Weasley el muchacho sentía que debía odiar irracionalmente a los Malfoy aunque no tuviera razón. Había ido a su propia casa a golpearle y se había puesto en su contra. Scorpius era un Slytherin, no debería haber salvado a ese chico tonto si esto no le traía ningún beneficio.
Sin embargo pensó en Rose. Desde que se había enamorado de ella todo había dejado de tener demasiado sentido. Solo asintió en silencio mientras estrechaba la manó de Hugo. Una sonrisa se escapó de los labios de Lily Potter.
-De veras, Malfoy. Gracias por haberme ayudado aunque no tenías porque hacerlo…
-No tienes porque agradecer. Y si quieres buscar un motivo si lo tengo y se llama Rose.
Hugo movió su cabeza afirmando.
-De todos modos gracias, Scorpius. No eres tan malo como te pintaba en mi cabeza.
-Supongo que los prejuicios son así, no te dejan ver claramente como son los demás. –opinó el rubio.
-Definitivamente. –añadió Lily. –Aunque siempre pasa algo que te hace despertar a la realidad ¿O no, Hugo?
-Supongo. –afirmó el aludido. –Si necesitas algo algún día dímelo. Además tienes razón, tenemos a Rose en común y ahora que he aclarado todo con ella creo que nos veremos más seguido.
-También tienen a nuestros sobrinos en común. –intervino Lily con una enorme sonrisa.
-Cierto. –correspondió Scorpius también sonriendo un poco. –Y hablando de.
En ese momento los tres vieron como Rose caminaba hacia ellos. La pelirroja venía tallándose los ojos y suspirando pesadamente. Cuando Scorpius vio que Rose en realidad estaba llorando no tardó en darle alcance. Lo mismo hicieron los otros dos.
-¿Estás bien? –fue la inmediata pregunta de su novio.
Rose negó antes de taparse el rostro con ambas manos. Los otros tres intercambiaron miradas preguntándose qué le ocurría a la pelirroja pero ninguno hallaba la respuesta. Se encaminaron hasta llegar afuera a los terrenos después de que la pelirroja les suplicara salir por un poco de aire. En la Sala Común la fiesta por la victoria seguía y a la chica no le apetecía estar en ningún otro lado.
-Rose no es tu culpa. –había asegurado su novio cuando la pelirroja les contó lo sucedido. –Tu madre es una adulta y sabe lo que hace.
Hugo se había quedado pálido, sentado recargando su espalda al tronco de un árbol, estaba anocheciendo y sus cabellos se veían más rojizos que nunca. Tenía esa mirada perdida que ponía cuando no podía entender algo… estaba confundido, tenía miedo. No quería saber que iba a pasar si sus padres se separaban.
-Pero ellos se aman. –aseguró Hugo. –Más que nadie. ¿No?
Rose suspiró. Su hermano aún no entendía lo que era el amor pero ambos podían percibir bien que lo que sus padres sentían el uno por el otro era fuerte y sólido. Tanto que un divorcio era imposible de entender para los dos. Además en el mundo mágico un divorcio no era cualquier cosa. Una separación podía ser normal pero un divorcio era algo drástico y definitivo que casi no se veía en ningún lado y esperaban que sus padres no tuvieran que llegar a aquello.
-Hermano. –habló Rose. –Por favor no trates de buscarle una explicación. No la hay.
-¡Debe haberla!
-Hugo, Rosie tiene razón. –aportó Lily que se hallaba casi tan sorprendida como el resto. –Las cosas pasan por algo.
-Es mi culpa. –volvió a mascullar la embarazada chica. –Esta discusión fue por mí. Los problemas vinieron por mí.
-Rose detente. Si sigues atormentándote sólo te agobiaras. –quiso convencerla Scorpius. –Además si ya está decidido no hay nada que puedas hacer.
Rose frunció el cejo. Había esperado un poco más de comprensión pero tampoco podía exigir tanto, después de todo su novio no le tenía un gran estima a Ron y entendía los motivos, pero eso no la hacía sentir mejor, ni siquiera compartir sus temores con Hugo o Lily la aliviaba.
Saber que por su culpa –porque aunque se lo negaran ella sabía que la culpa era solo suya. –sus padres, dos personas que siempre estuvieron destinadas a estar juntas, se separarían le dolía en el alma, pero más le dolía no poder hacer nada para evitarlo. Cuando su hermano y su prima decidieron marcharse al castillo ella se negó a entrar. No quería ir a cenar y tampoco tenía ganas de estar adentro. Como era de esperarse Scorpius permaneció a su lado.
-Creo que la vida se me viene abajo poco a poco. –musitó la pelirroja desganada. –No sé cómo levantarme, Scorp.
Su novio la abrazó por los hombros y ella recargó su cabeza en su pecho.
-Tranquila. No estás sola…
Se soltó de ella y se puso enfrente. El anochecer ya caía sobre ellos y la luna se alzaba por el cielo. Rose le miró con los ojos levemente brillosos y él entrelazó una mano con la de ella mientras que con la otra rebuscaba algo.
-Rose, hasta ahora no hemos hablado de la boda. –mencionó el rubio. –Sé que es porque tenemos otras prioridades en estos momentos pero yo no quise que nos olvidáramos de ella.
Miró la mano de su novia donde estaba el anillo que le había dado en su cumpleaños y se lo quitó suavemente, luego se lo entregó y Rose lo miró con los ojos abiertos sin entender que estaba haciendo su novio. Luego Scorpius sacó una caja de terciopelo negra.
-¿Qué…?
-Mira, no es lo mejor pero fue lo que mis ahorros me permitieron. –intentó explicar sonrojándose. –Tampoco sé si es el mejor momento pero llevo semanas preguntándome cuando será el momento adecuado para decirlo. Creo que es ahora.
Rose abrió la caja que Scorpius le ofrecía y se encontró con un anillo con un pequeño diamante en el centro. La chica no podía creerlo. Estaba atónita cuando él tomó el anillo y se dispuso a ponérselo en el dedo anular. Casi se va de espaldas cuando lo hizo. Era un anillo de compromiso.
-Quiero que nos casemos, Rose. –dijo Malfoy sonriéndole. –Cuando estemos listos, quizá cuando todo esto pase…pero este es un símbolo de que lo haremos pronto.
Ella sollozó de alegría mientras, sin palabras, asentía con la cabeza dándole a entender que aceptaba. Él la besó con cariño mientras ella se aferraba a su cuello y entrelazaba su mano con la de Scorpius. Con la de su prometido.
Gracias por leer (:
Bueno, sé que el capítulo no será del agrado de casi nadie por la noticia de la separación de Ron y Hermione, pero sólo puedo pedirles paciencia, tal vez puedan resolver sus problemas o tal vez no, eso sólo se sabrá más adelante.
Además he decidido que si serán dos bebés! Jaja el cliché me ha ganado. Sé que será más díficil para ellos (Y Rose también lo sabe) pero por ahora soy tan optimista como Scorpius está siendolo. Una cosa, los chicos han decidido esperar para conocer el sexo de los bebés así que también tendrán que esperar ustedes :) Por eso buscan varios nombres de niño y también de niña, aunque el gusto en nombres de Scorpius sea francamente pésimo.
Decidí que como Rose seguía sintiendose bastante sola, más ahora que todo el colegio tiene los ojos sobre ella, sería bueno sentir el apoyo de sus tíos, sobre todo de Harry que me imagino, debe ser de los que esté más unido a ella.
Hugo ya está siendo menos cabeza dura en cuanto a su cuñado, eso es una buena noticia ¿No? Tal vez Ron siga su ejemplo pronto (:
Y bueno, el detalle que Scorpius ha tenido con Rose en el final me parecía necesario. Él busca una forma de hacerle saber que va a estar con ella sin importar nada y ella necesite sentirlo más cerca que nunca, pues no está pasando por su mejor momento. El anillo imaginenselo como algo bastante sencillo (nada que un Malfoy hubiera considerado siquiera antes) pero de buen gusto.
Ahora sí me despido y les agradezco, nuevamente, por leer. Un saludo enorme!
Affy.
