¡Estoy vivaaaaa! -inserten aquí gif de Mushu- ¡Y volví con actualización!

¿Tarde mucho? Sí, creo que sí, y les pido disculpas. Sin embargo, aquí esta el capitulo, creo que salió corto, pero hice lo mejor que pude.

Por otro lado, hoy es un día especial, pues es el cumpleaños de una preciada amiga y lectora: Maria, a.k.a "Maraya". Espero que te llegue la actualización, mujer, y que disfrutes mucho la lectura, porque sí, en gran parte, este día subo el capitulo por ti.

¡Te adoro, Maraya!

¡Besos y abrazos para todas!

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DESOLADO

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Era difícil reconocer el espacio delante de ella. Cortinas de humo se levantaban desde el suelo, perdiéndose en la oscuridad del cielo, el viento recorría los rincones vacíos de lo que ahora era un páramo. El olor del azufre se le atoro en la nariz y garganta; y no supo si sus ojos comenzaron a arder por el mismo motivo o por la desolación de aquel sitio sin nombre y sin vida.

Se agacho y tomo la tierra entre sus manos, húmeda por el rocío que había dejado la lluvia de la tarde. Tierra negra y quemada. La soltó y descubrió que sus manos se habían manchado de cenizas. Las cenizas de lo que antes habían sido casas. Sitios donde se suponía las personas debían sentirse protegidas.

Rin sintió el aire desolador sacudiendo su cabello y tomó una posición erguida. Tras ella alguien se aclaró la garganta.

— Lograron poner a salvo a una gran cantidad de aldeanos —declaró Shippo, sus ojos estaban fijos en las humaredas que se levantaban del suelo en un camino lento hacia el cielo. Olía a sangre y a carne quemada, incluso con la lluvia que había caído el olor seguía ahí. O tal vez sólo estuviera en su mente, tan presente que podía percibirlo incluso si dejaba de respirar— Huyeron hacia las cuevas al pie de la montaña, siempre dijeron que eran el sitio más seguro en caso de una emergencia. La anciana Kaede, Kagome y Miroku las habían purificado lo suficiente para que estuvieran libres de cualquier bestia. Pero eso tú ya lo sabías.

Rin esbozo una escueta sonrisa y suspiró. Busco con sus ojos el sitio donde había vivido a lado de Kaede. Y no estaba, todo era escombros o ni eso. Tuvo la impresión de que su pasado en ese sitio, los recuerdos felices, todo, también se había quemado. Era polvo y nada ahora.

—Pero no deberíamos perder más tiempo aquí —hablo nuevamente el zorro— Tengo que llevarlos a las cuevas, Kagome…

Rin frunció el ceño, porque hasta ese momento Shippo no había mencionado el nombre de Kagome con esa desesperación.

— ¿Kagome…qué? —Rin casi no quiso preguntar, temiendo la respuesta desfavorable.

— Sólo dile a él que venga, por favor. Rin…ella estaba muriendo. Ni siquiera deberíamos estar hablando aquí. Deberíamos… ¡Sólo vamos!

El cuerpo de la muchacha se puso rígido. Era horrible ver el rostro normalmente alegre de Shippo con esa mueca sombría. Escuchar su voz animada con tanta desesperación y miedo.

Así que Rin retrocedió en busca del único ser que podía hacer algo. Sus ojos buscaron a Sesshomaru, y lo encontraron de inmediato. Su semblante era adusto y casi indescifrable, pero los ojos de Rin eran expertos en el lenguaje corporal del Demonio. Y supo que él sabía todo. No era necesario que se lo explicara de nuevo.

— Ella está en cinta, Sesshomaru-sama —dijo Rin, cuando estuvo a un lado del Inugami—Ella podría perder a su bebé…

— ¿Esperas que use a Tensseiga en la hembra de Inuyasha?

Rin trago saliva. Ella no lo había dudado. Él había cambiado mucho y no pensaba que fuera a negarse pero…

—Sesshomaru, Kagome e Inuyasha cuidaron mucho de mí. Ellos…

— No te protegieron de aquel demonio, Rin.

— ¡Eso no fue su culpa!

A lo lejos, las orejas de Shippo escuchaban todo. Oh, sí. Kagome estaba embarazada, ella iba a tener un hijo. Extraño al ser Inuyasha un hibrido. Iba a ser un milagro. Era triste incluso si no lo pensaba.

Eso ya no podría ser.

Y ¿Un demonio? ¿Rin atacada por un demonio? ¿Cuándo? Todos habían estado tan distraídos pensando en la paz, que no notaron los nubarrones oscuros. Tal como lo decía Sesshomaru, era como sonaba. Tal como lo decía, era obvio que no movería un dedo.

— No estás obligado a hacerlo —Sesshomaru no desvió ni la mirada para contemplar a Shippo, que se acercó a ellos— Nunca has querido a Inuyasha. Nunca te ha importado nada más que no seas tú.

— Shippo, no… —comenzó a decir Rin, pero el zorro no hizo caso.

— Ni siquiera te importaba Rin. La dejaste aquí por años. Si el ataque este hubiera sido en aquel entonces ¿Podrías tenerla como tuya ahora? ¿Sería de tu interés si ella fuera la herida?

Rin se sintió paralizada, mientras una emoción turbulenta le presionaba las costillas.

"Él ya no podría traerme de vuelta" pensó Rin "Sesshomaru ya no podría revivirme".

— Cuida tu boca, zorro —siseo el peli plata, imposibilitando que alguien más dijera algo en ese momento. Sus gélidos ojos dorados eran amenazantes.

Una mano se alargó hacia él, sujetando suave y demándate la tela de su haori. Sesshomaru desvió la mirada hacia Rin, que tenía el fleco cubriendo su rostro.

— Sesshomaru —susurro, y Shippo tuvo la impresión de que no debía escuchar lo que ella diría a continuación, así que instintivamente se alejó cuanto pudo— Sesshomaru sólo piensa…piensa en que tu hermano va a perder a la mujer que ama. Piensa que va a perder a su hijo. Piensa en qué sentirías tú si fuera yo…si de nuevo fuera yo.

Él se inclinó hacia ella, tomándole del mentón y obligándola a mirarlo.

— Nunca —dijo.

Por un momento pensó que él no se dejaría convencer por sus palabras, pero el arribar a las cuevas donde se habían refugiado los sobrevivientes de la aldea, era la máxima prueba de su error. Estaban ahí y se guiaron por el aroma. Fue fácil incluso para Rin ahora. Fácil y anormal.

Podía escuchar y oler con mayor nitidez. Como si el tiempo fuera más lento y claro. Como si pudiera abarcarlo todo con sus dedos. Si era así para ella siendo humana, siendo apenas tocada por el poder demoniaco, no podría imaginarse como sería para un hanyo o mejor aún, para un demonio completo.

Pero seguía siendo algo que no quería. Seguía siendo doloroso tener esos atributos quemándole las venas. Podía sentir a cada instante la forma en que su cuerpo rechazaba los poderes. Lo podía ver con mayor claridad ahora: ella era una sacerdotisa no adiestrada por completo. Su poder espiritual luchaba constantemente por purificar las características demoniacas que estaban recorriendo su sangre. Y su poder espiritual no había aprendido a ser dominado por completo por ella. Era más peligroso tener el poder demoniaco siendo enfrentado a su poder espiritual ya salvaje de por sí.

Rin apretó ligeramente los labios, más consiente del porque su cuerpo no se sentía ligero. Extrañaba poder caminar sin sentir agujas clavándose en sus plantas. Pero era imposible volver al pasado donde era una simple humana con energía espiritual. Y aunque extrañaba aquella sensación de bienestar corporal, y fuera posible volver a ella, no lo haría. No cuando eso significara no estar con Sesshomaru de la forma en la que ahora lo estaba.

— ¿Te sientes mal, Rin? —preguntó en voz baja Shippo, notando el cambio en el rostro de la muchacha. El fuego mágico en sus manos iluminaba sus rostros, dándole a Rin un aspecto más pálido del que ya tenía; ella negó con la cabeza, sus facciones se suavizaron, pero no hizo amago de dar alguna señal más.

En realidad, Rin no se sentía bien, el dolor era ligero pero constante, y sabía que Sesshomaru estaba poniendo atención a cada uno de sus movimientos. Si ella dijera en ese momento que se sentía mal, entonces el mononoke podía olvidarse del motivo que los tenía ahí para ocuparse solamente de ella. Y eso era algo que Rin no quería.

— No luces como alguien que está bien —señalo de nuevo Shippo, queriendo averiguar más.

— ¿Tú estás bien? —contesto la chica en cambio, mirando con astucia e ironía al Kitsune— Quiero decir, la aldea fue atacada y Kagome está muriendo ¿Puedes estar bien?

Shippo levanto ambas cejas y volvió a mirar al frente, sintiendo que estaba siendo reprendido.

— No, claro que no.

No volvieron a hablar, la oscuridad de la caverna comenzó a ser menos y de pronto se volvió inexistente. Una luz naranja y movediza se escurría mostrando el camino y las paredes rocosas. Sesshomaru se mantuvo impávido al espectáculo que encontraron ahí, pero Shippo y Rin no fueron de la misma actitud. Shippo apretó el puño; Rin se llevó las manos a la boca, totalmente impresionada.

Frente a ellos había personas en catres improvisados. Algunos tenían vendajes en la cabeza y en las manos, otros mostraban heridas sangrantes y horrendas, y gemían de dolor. El aroma era casi putrefacto y la sensación de agonía se le atoro a Rin en la garganta.

Sesshomaru la miro de reojo, consciente de lo impresionable que era ella. Consciente de lo que la sangre y la muerte producían en ella. Shippo se adelantó, buscando algo o a alguien a todas luces. A Inuyasha y su hembra, probablemente, pensó Sesshomaru, sin darle mucha importancia, pues quien le ocupaba estaba a su lado.

— No deberías ver esto —dijo, con voz gélida— Vámonos.

Pero Rin alargo el brazo y lo detuvo.

— No —declaró, mirando al frente, donde la sangre hervía— Tienes que ir con Inuyasha. Tienes que salvar a Kagome.

— No voy a torturarte teniéndote aquí —murmuro él con firmeza. Rin sintió su corazón estremecerse y quiso abrazarlo.

— Basta de protegerme, Sesshomaru — y tiro de él hacia un costado, donde la luz era escaza y estaban lejos de la vista. Rin podía sentir las vibraciones de sus cuerpos. Sesshomaru estaba tenso, como si algo le alarmara en demasía. Eso no podía ser sólo obra de su preocupación por ella— ¿Qué sucede? —pregunto con suavidad, elevando la mano hasta posarla en la mejilla masculina. En la semioscuridad, los ojos dorados brillaban con una intensidad insoportable.

— No es un lugar para ti, Rin.

Rin frunció amabas cejas mientras la comisura de sus labios se arqueaban en una sonrisa cálida y agradecida. No podía mantener su amor por él en una esquina cuando se comportaba tan compresivo y protector como en ese momento. No podía hacerlo cuando sentía que la ansiedad la ahogaba, advirtiéndole de algo oscuro en el exterior, cuando algo le advertía que él sabía del peligro, y que le estaba mintiendo un poco con su respuesta. Ella se colgó de su cuello y se apoyó sobre sus puntas para besarlo.

Sesshomaru pareció desprevenido por un instante, pero un segundo después correspondió a su beso demandante. Se aferró a la estrecha cintura femenina con ambas manos, apretándola más contra él, como si quisiera absorberla. Su lengua acaricio la de la joven, y Rin contuvo un jadeo y a regañadientes, tuvo que separarse del mononoke, pero cuando lo hizo, pudo observar la forma en que el dorado de sus ojos era oscuro, como si la pasión se fuera a desbordar por ellos.

Se ruborizo, tenía que aprender a controlar sus propios impulsos, y sobre todo, a saber distinguir los buenos y malos momentos.

— ¿Nueva forma de persuadirme? —comento él de repente, mirándola predadoramente.

— N-no actúes así ahora —tartamudeo ella, avergonzada. Luego tomo una bocanada de aire y lo miro con seriedad— Por favor, Sesshomaru. Yo estaré bien, la abuela Kaede me entreno para esto. Puedo ser útil ahora. Hay gente ahí muriendo, y ella, sin la ayuda de Kagome, no podrá hacer nada.

— El monje está ahí también.

— Estoy segura de que el señor Miroku está haciendo todo lo posible por ayudar también. Pero ni con Sango, Kaede, el Señor Miroku y Shippo serían suficientes. Yo puedo ayudar. Y tú puedes hacer algo por tu hermano también.

Sesshomaru ya no respondió con palabras, pero presiono la mano de Rin, y ella le sonrió agradecida.

Él ayudaría.

Se movieron entre la muchedumbre que abarrotaba el piso. Rin llevaba la mandíbula fuertemente cerrada. Todo su cuerpo vibraba en tensión. Deseaba poder tomar la mano del mononoke y obtener un poco de su voluntariosa personalidad, pero le era imposible hacerlo con tantas personas alrededor, lucidas o no. Además, él tampoco parecía precisamente cómodo. Su rostro era impasible, pero Rin podía ver a través de ello: el aroma de la sangre lo estaba molestando.

Se sintió mal por orillarlo a estar en un sitio que no era de su agrado. Se sintió contenta por saber que él hacia eso por ella. Se sintió feliz porque Kagome podría vivir.

Y entonces los encontraron. La imagen fue tan impactante que Rin casi tropezó. Kaede estaba inclinada a un costado, con las manos extendidas y luminosas. Inuyasha mantenía sus manos asidas fuertemente a las de su mujer. Y Kagome estaba ahí, en medio de ellas, tan marchita como las flores en invierno. No había color en su rostro, su traje estaba rasgado y, justo sobre su vientre, había sangre. Tanta sangre que Rin tuvo un mareo.

— Kagome…no —mascullo horrorizada, reponiéndose violentamente y caminando a prisa donde yacía la joven sacerdotisa. Inuyasha levanto el rostro, sus ojos destellaban en rabia e impotencia; Sesshomaru afilo la mirada, mirando con sigilo a su medio hermano. Rin se inclinó sobre Kaede, que movió la cabeza hacia ambos lados de forma pesimista, y entonces la chica volvió su rostro con fuerza hacia él— ¡Sesshomaru, por favor!

Rin de nuevo acudía a él. Rin siempre lo hacía. Rin lo veía como alguien podía solucionar todo. Rin tenía tanta fe en él, pero no sólo Rin. Ahí estaban los ojos de Inuyasha, tan parecidos a los suyos, tan parecidos a los de su padre. Ahí estaban los ojos rojos de su hermano, la cólera abarcando cada milímetro de ellos. Los ojos de un demonio que ha perdido el orgullo, que sabe que es inservible.

Ahí estaba él, reflejándose en su hermano. Ahí estaba la imagen de sí mismo cuando perdió a Rin aquella vez.

Si no hubiera sido tan ambicioso.

Si no hubiera sido tan temerario.

Si no hubiera sido por su madre, Rin no estaría ahí.

Si en aquel entonces, no lo hubieran ayudado, si en aquel entonces no hubiera hablado Jaken por él, entonces Rin no estaría ahí.

Si no fueran por alguien más, no tendría algo que temer.

Y aunque no fuera más que por eso, Sesshomaru empuño su espada y la dejo descender con un fino corte. Pero nadie noto la forma en que el ceño del yokai se frunció, ni la forma en que sus ojos advirtieron algo que nadie más advirtió.

Inuyasha estaba quieto, pero sus nervios eran notables; Kaede se encontraba anonadada y Rin retenía las lágrimas en la cuenca de sus ojos. Pero fue todo rápido, y de un momento a otro, Kagome estaba ahí, sin heridas aparentes, pero no despierta.

Inuyasha espero, pero pasaron los segundos y Kagome no despertaba. Un minuto después, Inuyasha estada de pie, con el pecho ascendiendo y bajando de forma veloz y angustiosa.

— ¿¡Por qué no despierta!? —estallo, sus manos temblaban, su voz era tirante— ¿¡Por qué no funciona!?

Sesshomaru detuvo un momento su camino y miró hacia atrás: Inuyasha se llevaba las manos a la cabeza, y su rostro era una máscara de aflicción. Rin estaba de rodillas en el suelo, con las manos de Kagome entre las suyas mientras murmuraba algo.

— Sesshomaru... —él reacciono a la voz de Inuyasha sin darse cuenta.

— Esta viva —se limitó a decir, y salió de ahí.

Sí, Kagome estaba viva; Rin podía sentir contra sus manos, el golpeteo lento pero firme, de su corazón. La respiración de Kagome era pausada, pero seguía pálida, y en su rostro había una sombría expresión de ahogo. Estaba sufriendo pero ¿por qué?

Entonces Rin bajo las manos hacia el vientre de la chica, palpando esa zona como si buscara algo con desesperación. Un segundo después, su rostro, que había estado tenso, se relajó, pero la preocupación no desapareció de él.

— ¿Esta bien? ¿Está vivo? —Rin mantuvo la mirada abajo, escuchando la voz angustiada de Inuyasha. Levanto los ojos y entonces sintió como una parte de su corazón se rompía.

Ella nunca había visto esa faceta. Había visto a un Inuyasha gruñon y divertido, a un Inuyasha bromista y fanfarrón, pero no a el Inuyasha que tenía delante. A ese Inuyasha nunca habría querido conocerlo. Él Inuyasha que clamaba, con ojos demandantes y abrumados, por una buena noticia. Pero Rin no podía mentirle, Rin no podía asegurar algo que no sabía.

— Esta ahí —supo de inmediato que eso no le aliviaba— Pero no sentí movimiento —los labios de Inuyasha temblaron y volvió su atención a Kagome, tendida e inmóvil— Mantén la fe, Inuyasha —Rin alargo la mano, colocándola sobre el hombro del hibrido, él ni siquiera atendió a su gesto— Debe estar bien, Tensseiga…

— Tensseiga no pudo despertar a Kagome —gruño el hanyou con amargura.

Rin aspiro con fuerza, controlando la repentina irritabilidad que nació en su estómago, controlándose porque sabía que Inuyasha vivía un momento horrible, y que era innecesario hacerle un reclamo. Aun así, ella se limitó a decir una frase suave, pero contundente.

— Gracias a Tensseiga, Kagome sigue aquí.

Ella alejo su mano del medio demonio, y volvió a su labor con la sacerdotisa herida. Volvió a examinar el vientre, palpando con el mayor cuidado, con el corazón trémulo en su interior. Su mente no para de repetir las mismas palabras una, y otra, y otra vez, hasta que detuvo sus manos en el mismo sitio, y las palabras que habían sido mentales escaparon de sus labios con júbilo.

Inuyasha se volvió con rapidez hacia ella.

— Gracias a Tensseiga, tu cachorro también sigue aquí. Está vivo.

Rin le concedió una sonrisa pequeña, pero luminosa.

— ¿Es verdad? ¿De verdad?

No hubo respuesta oral a la pregunta de Inuyasha, sin embargo, hubo dos manos –que no eran las de Rin- sobre el vientre de Kagome. Eran manos arrugadas, pero que el transcurso de los años había vuelto sabías.

— De verdad, Inuyasha. Su cachorro sigue aquí, y se está moviendo.

Kaede tomo la mano de Inuyasha, para que él también pudiera sentirlo. La visión de Inuyasha, reencontrándose con la vida de su hijo, hizo que los ojos de Rin se llenaran de lágrimas pero no derramo ninguna.

— Puedo sentirlo. Vive. Está vivo —Inuyasha lo decía para él, pero también lo decía para Kagome, para que Kagome lo escuchara— También tú, tonta —exclamo— también tú tienes que vivir.

Rin capturo la escena, deseosa de que los ojos caoba de la sacerdotisa del futuro se abrieran, que brillaran como solían hacerlo, que sonriera con tanta alegría como antaño. Pero eso no sucedió, Kagome siguió ausente, lejos de ahí, luchando contra aquello que ensombrecía su rostro.

En su interior Rin también luchaba. Luchaba contra la desolación, contra aquello que la desesperaba, pero lo cierto era que percibía como la oscuridad en su forma total, los estaba devorando. Se puso de pie y se alejó, su respiración agitada, sus latidos retumbando en oídos, y en mente (y en su boca), el nombre de aquel por quien también temía.

"Sesshomaru".

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Espero que la lectura fuera de su agrado, siento que haya sido corto, pero es el nexo para el desenlace de la historia que, si no calculo mal, terminara en tres o cuatro capítulos más. Les envió muchos saludos, muchas gracias por seguir leyendo.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS, MARÍA!