Bleach

Rukia/Ichigo

Advertencia: lime sutil y ligero


Capítulo XIV

Iniciaron a partir de esa noche lo que sería la primera relación formal de ambos, sin bien no lo hicieron oficial, les bastaba el tenerlo claro entre ellos.

Nunca le habían dolido los músculos de tantos lugares distintos, sin embargo tras esa noche con Ichigo descubrió algunos que no tenía idea que tuviera, y sin embargo aquel dolor le gustaba; cuando hacía algún movimiento y le dolía, se avergonzaba al recordar la razón, pero también se sentía bien consigo misma.

Ella no sabía que el sexo tuviera el poder de subir la autoestima de esa forma. Ichigo la había hecho sentir cómoda y hermosa, y como él continuara diciéndoselo, ella iba a comenzar a creérselo.

Lo cierto es que mientras estaban en la cama y en la casa, el asunto de la diferencia de edad no parecía tener cabida alguna…

—¿En qué estás pensando? —preguntó él.

Él parecía muy ávido de saber qué era lo que ella pensaba, era la tercera vez que se lo preguntaba.

Ella pensaba que él era muy masculino: su cuerpo, su voz y la forma en la que él se movía… todo la invitaba a fijarse en él, pero no era algo que pudiera decirle.

—¿Estás seguro que esto es lo que quieres? —preguntó.

Era ya el tercer día desde que estaba con ella sin regresar a su casa más que para ir a cambiarse ropa, y la cuarta noche que pasaban juntos…

—Sí —aseguró.

También era lo que ella quería, si era honesta. Quería estar con él y con su hijo. Los quería ambos.

—¿Y tú? —interpeló él —. ¿Deseas esto?

Quería decir que sí, pero desde que lo había conocido dos años atrás, había aprendido a ser más reservada con sus anhelos, no era su culpa, era sólo una consecuencia de lo que había ocurrido.

—Sí —confirmó ella.

Ichigo la besó y su cuerpo reaccionó. Todavía le dolía un poco la penetración, pero no pasaba demasiado tiempo hasta que se sentía cómoda y el dolor se transformaba en placer. Le gustaba sentirlo dentro de ella.

—Pero, ¿a qué te refieres con "esto"? —consultó él.

Rukia comenzó a reír, ella pensó que sabía a qué se refería.

—A estar aquí siempre, con Suichiro y conmigo… —explicó.

La noche anterior se había atrevido a sugerir un cambio en la posición, por lo que ella era la que estaba sobre él, guiando el ritmo y tomando lo que ella quería, cuando lo quería, y había sido un cambio interesante en la dinámica. Se preguntaba qué otras cosas sería capaz de descubrir si seguían juntos…

Quizás no había sido jugar justo el empezar un vaivén más rápido y demandante cuando esperaba una respuesta importante, pero había coincidido con una necesidad incipiente que había comenzado a sentir.

Ichigo no había podido responder, y comprobó la razón hasta que ella sintió inundarla la liberación de él. Ese momento cuando sentía su cimiente abrirse paso, era especialmente intenso para ella, y cuando la unión física entre ellos de deshacía, era un momento extraño, y lo era más cuando era ella quien debía retirarse de encima.

—Todavía no —pidió él —. Me gusta estar así… quédate sobre mí.

Ella se sonrojó, estaba demasiado consciente de que sus sexos seguían unidos y sentía cosquillas, pero a medida que él perdió tonicidad, el vínculo se perdió, y ella siguió sobre él, a quien no parecía molestarle su peso.

La respiración se había comenzado a regularizar y el sudor a secar. La mirada de él estaba fija en ella.

—Deseo despertar a tu lado y tomar el desayuno junto a nuestro hijo —reveló.

Él parecía estar completamente seguro de lo que había dicho y ella finalmente dejó de renegar de él.

—El día que te quieras ir, será difícil para mí dejarte ir —reconoció ella.

—Ese día no va a llegar —refutó con seguridad.

Sin embargo aunque se entregó a lo que sentía, siguió insegura. Las palabras de Miyako resonaban en su cabeza, aunque luchara contra ellas.

—¿Cómo es tu relación con Miyako? —pregunto Rukia.

Tenía dudas acerca de eso, dado que en las oportunidades que habían compartido, no había notado mayor interacción entre ellos.

—Es… ella es sólo la esposa de mi primo, me cae bien y la respeto —respondió —. ¿Por qué?

—Porque no he visto que conversen demasiado —contestó.

—Cuando ellos recién se casaron, eran muy jóvenes y Kaien era, no, aun lo es, como si fuera mi hermano mayor —explicó —. Puede que no haya tomado bien el que él no estuviera ya sólo para mí…

Rukia se dio cuenta del porqué la relación entre Ichigo y Miyako. Eran celos.

Ichigo se sonrojó y a Rukia le pareció que era imposible que le gustara más.

—¿Estabas celoso de tu primo, Ichigo? —se mofó.

La expresión de él cambió y a Rukia una sonrisa se le escapó.

—No te burles —solicitó

—No me burlo, es sólo que no imaginé que fueras del tipo celoso —manifestó.

Él miró hacia otro lugar, haciéndose el desentendido.

Se quedó mirando hacia ese lugar, y le pareció que podía estar meditando sobre algo.

—Rukia… ¿quién es ese hombre que viene a verte? —indagó —. Ese hombre alto. No me digas que es "Renji"… eso ya lo sé.

Era natural que preguntara eso después de todo. No había sido sólo una vez la que lo había visto; habían tenido una cita de la que Ichigo incluso había sido testigo.

—Él… él era con quien me iba a casar… —replicó bajando la voz.

Rukia sintió que lo apropiado era acostarse sobre su propia espalda, y en un intento de volver al lado de la cama que había adoptado como el suyo al no dormir más sola, Ichigo la retuvo.

Se notaba que no sabía qué decir, por lo que ella decidió explicarle de mejor manera.

—Me iba a casar con él, pero lo engañé y resulté embarazada —soltó —. Nadie quiere una novia embarazada de otro hombre… menos aun cuando el compromiso había sido arreglado por terceras personas.

Explicar la situación de Renji y ella, precisamente a él, era algo bastante peculiar, y no se sintió demasiado orgullosa de sus acciones en el pasado.

—Si estabas comprometida… ¿qué fue lo que viste en mi entonces? —inquirió —. ¿Por qué tú y yo…?

Eso sí era algo curioso, porque si bien era cierto que él le había gustado en cuanto lo vio descendiendo del barco del que había arribado, el motivo por el que se habían acercado finalmente había sido porque él se había burlado de su tamaño.

—No es que con Renji tuviéramos una relación en realidad —desveló —. Y digamos que nosotros tuvimos química que fue difícil de combatir… Eres atractivo, independientemente de tu color de cabello.

—O sea que fue algo físico —comprendió él.

—Sí —reconoció ella —Puramente físico.

Era cierto, para ella en el comienzo fue eso, una atracción física incomprensible… pero después se transformó en algo más profundo…

—¿Imaginabas algo distinto? —averiguó ella.

—Tal vez —reconoció —. Aunque no me sorprende, no desconozco que no era una persona demasiado loable.

—Éramos más jóvenes e inexpertos —refutó ella —. Sólo han pasado dos años, pero siento que han sido más.

—La juventud no implica que los actos que cometas sean todos perdonables —rebatió.

—¿No has intentado recobrar tus recuerdos…? Es decir, ¿no tienes curiosidad por saber qué ocurrió? —investigó.

Isshin le había advertido que hablar sobre ese tema era algo complejo. Siempre había peleas cuando se intentaba escarbar en el pasado de él.

—¿Cuánto es más o menos el tiempo que olvidaste? —indagó un poco más.

—Alrededor de dos semanas, no lo tengo muy claro –respondió secamente —. Y no, no siento la necesidad de averiguar nada.

El cambio de humor había sido notorio. Realmente no le gustaba hablar sobre eso.

—Cuando no te guste hablar de algo, sólo tienes que decirlo —le pidió ella con tranquilidad —. Nosotros estamos recién conociéndonos, no sé lo que te gusta y no… y en el proceso puede que termine hablado de cosas que no te agraden, pero no soy adivina y no puedo saberlo si no me lo dices.

Era parcialmente mentira, ella lo sabía de antemano, pero no era válido si él mismo no se lo decía.

—Es que… no siento que necesite saberlo —cambió el tono.

Rukia asintió y trató de ponerse en su lugar, y no estaba segura de qué haría ella en su posición, aunque intuía que la razón por la que alguien huía a esa edad de casa, no podía ser nada bueno… quizás de verdad era mejor no saberlo, aunque seguía teniendo dudas al respecto.

.

Las llamadas del número desconocido no se detuvieron. Ichigo no parecía notarlo y ella no pensaba que debiera decírselo, por lo que rechazó la llamada entrante y volteó la pantalla del teléfono hacia abajo.

Hacía días que no revisaba el correo, por lo que el tener tres mensajes nuevos de Renji le llamó la atención y rápidamente se puso al día. Su hermano había estado insistiendo en saber su paradero y la incertidumbre de conocer a qué se debería tanta insistencia, por momentos, era demasiada. Se sentía más débil respecto a ellos a ratos.

No muchos días después, saliendo de casa por provisiones, observó la inconfundible figura de su hermano apoyada en un auto.

Había logrado dar con ella después de todo.

—Te has hecho bastante difícil de encontrar, Rukia —recalcó él —. Es bueno verte bien.

El semblante de su hermano siempre la había intimidado. Especialmente después de las últimas palabras que él le había dirigido.

Suichiro que estaba sujetando su mano, tiraba de ella, no obstante Rukia estaba paralizada.

—¡Mamá! —la llamó su hijo.

Recién entonces fue cuando pudo salir de su estado de estupefacción. Si su hijo la llamaba ella respondería, sin importar la circunstancia y tomó en brazos a su hijo, y fue impresionante como el tenerlo cerca de ella le dio fuerzas.

Observó como Byakuya miró a su sobrino. Tal vez era la primera vez que lo hacía.

—Rukia… ¿crees que podamos hablar? —solicitó calmadamente.

No sonó impetuoso ni exigente. Muy diferente a como alguna vez lo había escuchado dirigirse a ella.

Rukia no quería hablar con él, ni con nadie con quien compartiera el mismo apellido.

—No quisiera ser la causa del desperdicio de tu tiempo —negó su petición.

Recordó cuando él le había dicho que ella no valía su tiempo, sus palabras o su afecto. No le gustaba sentir que todavía vivía en el pasado, prefería pensar que ella había superado sus conflictos familiares, no obstante cuando la pusieron a prueba, ella se dio cuenta con tristeza que no había sido así. Seguía doliendo, menos, por supuesto que sí, pero seguía latente.

—Por favor —reiteró.

Ella no se sentía preparada para enfrentarlo. La había encontrado desprevenida.

—No puedo ahora —dijo con rapidez.

Hubiese deseado poder decir que "ni ahora ni nunca", pero él en particular tenía ese impacto en ella.

—¿Cuándo puedes? —indagó con rapidez.

Su impaciencia le otorgó la voluntad de decirle lo que pensaba en ese momento.

—No tienes el derecho de aparecer delante de mi sin aviso previo, queriendo hablar conmigo cuando todo lo que necesitábamos tratar fue dicho hace tanto tiempo atrás —soltó con seguridad.

Se había sentido bien decirle eso con ese tono.

—No hubiese aparecido "sin aviso previo" si hubieses respondido mis llamadas —aclaró —. Sabías que era yo, ¿cierto?

Sí, ella lo sabía. Renji se lo había advertido, de lo contrario de seguro hubiese respondido. En eso ella tenía razón.

—Aun así… —contestó ya sin argumentos.

Suichiro era participe de la inusual la situación estando justo en medio de ellos, y Rukia pudo apreciar que miraba al hombre frente a él con curiosidad, queriendo tocarlo, y ella dio un paso hacia atrás, para tener más distancia.

—No necesitas hacer eso —espetó él —. No tengo nada contagioso.

—No, pero tú si hablaste de él como si él si padeciera de algo mortal e infeccioso —explicó su reacción —. Y él era sólo un bebé creciendo dentro de mí, que no pidió ser mi hijo ni nacer.

Su hermano bajó la cabeza, sorprendiéndola.

—Si algún día necesitas algo, o si te sientes preparada para conversar conmigo o con alguien de la familia… —dejó entrever —. Llámame…

Él comprendió que ese no era el momento y se marchó.

No sabía qué había sido lo que había hecho cambiar de parecer a su hermano, y de momento no creía ser capaz de averiguarlo, aunque no pudiera escapar de ello por mucho tiempo.

.

Ichigo entró finalmenteen una universidad de no demasiado prestigio porque ninguna otra impartía lo que él deseaba estudiar en horario vespertino, pero él le aseguró que no importaba de donde saliera, sino que consiguiera titularse era suficientemente bueno, lo otro ya vendría después.

Día tras día veía a Ichigo esforzarse. Su casa quedaba más cerca del trabajo que había conseguido, por lo que eran pocas las ocasiones en las que él se quedaba con ella. Se había acostumbrado a tenerlo a su lado, y lo extrañaba y verlo quedarse dormido cada segundo que se quedaba quieto un momento, le hacía titubear acerca de si estaba bien permitir que él pasara por todo eso.

Terminó un semestre, y con alegría le contó que había aprobado todo, sin embargo ella lo notaba más delgado y evidentemente desgastado, y aunque no oyó nunca una sola queja, ella sabía que él estaba agotado y le decía que no era necesario que fuera a diario a casa, pero él insistía, y ella apreciaba demasiado su esfuerzo y la conmovia, pero eso hasta que un día Isshin le avisó que Ichigo estaba internado en el hospital que él mismo atendía.

No le dijeron las causas, pero se había desmayado, y no tenían que decírselo de forma explícita, pero ella comprendió que había sido por agotamiento. Entonces lo supo.

.

Buscó a Isshin en su oficina, quien la atendió encantado. Ella le explicó lo que quería hacer y él estuvo de acuerdo. Teniendo su ayuda conseguir una muestra para poder hacer el examen de paternidad, no iba a ser problema alguno, además dijo que él podía apresurar el resultado, ya que conocía a las personas adecuadas para conseguirlo.

Ella llevó a Suichiro el día siguiente para que le tomaran la muestra también. El resultado estaría aproximadamente en tres días hábiles y un abogado que Isshin le había recomendado, le explicó los pasos a seguir. Esperó el resultado y le pidió a Ichigo solicitar el día libre, y un día viernes, y habiendo ella dejado a Suichiro con Miyako, lo invitó a tomar el desayuno afuera y él parecía encantado con poder comer con tranquilidad y calidad y una vez que terminaron de saciar su apetito, ella dejó frente a él un registro de paternidad y la prueba que había dado noventa y nueve por cierto de posibilidad de que él fuera el padre biológico de Suichiro.

—Con esto, y si tú lo deseas, podemos cambiar el apellido de nuestro hijo en el registro —aclaró la evidente duda que había surgido —. Si vamos ahora, en un par de días Suichiro podría ser un Kurosaki oficialmente.

Ichigo parecía pasmado, aquello no lo había visto venir, y parecía contento con ello, y lo cierto es que ella sabía que él quería eso. Hacía meses él lo había dejado en evidencia, aunque nunca había hecho un comentario directamente.

—Tienes que estar consciente lo que significa que lo reconozcas como su hijo —quiso explicar ella —. Tendrás que…

No pudo seguir hablando porque Ichigo la calló con un beso.

—Vamos —se levantó resuelto —. Vamos ahora.

Tras pasar por la clásica burocracia, el trámite estaba hecho y como había dicho ella, era cosa de días para que fuera oficial, pero en lo que a ellos respectaba Suichiro ya era un Kurosaki. Un papel no iba a cambiar nada, pero ella quería darle a él esa seguridad.

Tras una sesión de sexo exigente y necesitado que no habían tenido hacía ya un tiempo, ambos fueron a buscar a Suichiro a casa de Miyako, y pasaron la tarde los tres, jugando, comiendo y riendo, hasta que su hijo se quedó dormido y quedaron nuevamente solos, y entonces ella le diría lo que había decidido tras ser testigo de la situación de él, por lo que cuando él se aproximó para besarla, ella lo rechazó, y con el corazón contraído y las manos convertidas en puños por la tensión, y estar en el fondo actuando contra sus reales deseos, habló:

—Ichigo, esto tiene que terminar —dijo determinada.

Él parecía no haber comprendido sus palabras, porque volvió a intentar besarla.

—No —se negó —. Estoy hablando en serio. No bromeo esto.

Sólo en ese momento él la tomó en serio.

—¿Qué? —preguntó inseguro —. ¿De qué estás hablando?

Ella sabía que tal vez haber tenido un día perfecto como el que habían tenido, escuchar algo como eso carecía de sentido por completo.

—Lo nuestro no resulta —habló —. El poco tiempo que pasamos juntos no es suficiente para mí.

Había pensado durante esos días las cosas que le diriía cuando llegara el momento.

—Pero yo… nosotros… tú —habló con poca claridad —. Creí que estábamos bien…

Ella estaba enterada de que el esfuerzo que él estaba haciendo era por ellos tres, y ella no podía seguir consintiéndolo. En esa oportunidad se había desmayado en su casa por agotamiento y estrés, pero ¿qué hubiese pasado si él no hubiese estado con su padre o en un lugar seguro? ¿Y si hubiese ido caminando y algo le hubiese pasado? No podía con ello, ni siquiera podía sopesar el pensarlo.

Y él era testarudo…

—Pensé que no importaría, pero tú y yo no tenemos temas en común —siguió fundamentando —. Tu edad y la mía se nota.

No era cierto. En ningún momento había sido impedimento más que para sus propios prejuicios iniciales.

—Tú y yo no funcionamos —continuó —. No puedo seguir con esta farsa.

No quería ser cruel. Odiaba cada palabra que salía de su boca, pero tenía que ahuyentarlo.

Miyako había tenido razón, pero no del modo que ella lo planteó. Él era demasiado joven para poder con tanta responsabilidad, pero no fue porque se sintiera abrumado o escapara, sino por todo lo contrario. Estaba tan involucrado con ellos que su salud era la que se estaba viendo afectada.

—Quiero decirte que Suichiro va a estar disponible para verte cuando sea que puedas encontrarte con él —aclaró —. Lo que pase entre nosotros no tiene nada que ver con la relación que tú tengas con él.

La expresión de Ichigo le estaba partiendo el corazón, por lo que terminaría con el discurso tan pronto como pudiera, porque no sabía cuánto tiempo podría mantenerse estoica.

—Bajo ningún punto de vista interferiré y muy por el contrario, quiero que estén tan juntos como se pueda…—recalcó.

—¿Ichigo? —preguntó él —. ¿Me estás escuchando?

Cuando quiso tocarlo, para comprobar si estaba bien, él rechazó su contacto.

—Fuerte y claro —contestó —. Gracias por este día, me has demostrado otro lado de la mentira y la falsedad que no conocía…

Ichigo se volteó y se fue sin decir otra palabra.

Ella rompió en lágrimas silenciosas no mucho después. Sentía su corazón agraviado y sus extremidades se sentían temblorosas, sin embargo aunque se sentía pésimo, no podía arrepentirse… era por el bien de él y ese era el bien mayor; no sus sentimientos…

Continuará...


¿A alguien se le ocurre un mejor título para esta historia? Estaré atenta a posibles sugerencias...

Gracias por los reviews.

Saludos.