Hola mis niñas, por aquí estoy de nuevo, espero no haber hecho que esperaran mucho.
Para quienes deseaban saber qué pasaba con nuestra Bellita pues aquí tienen la respuesta… realmente espero que este capítulo las anime y guste mucho ya que tendremos nuevos escenarios y sobre todo nuevos personajes.
CAPÍTULO 14
Sentada en aquel sofá blanco de cuero miraba por la ventana sin ver nada en particular.
Su mente seguía danzando en los últimos acontecimientos de su vida, en la ciudad que dejó atrás y que la vio crecer, en la familia que tanto quería, en el entorno natural y pacífico que la había rodeado hasta hace unos días y que distaba mucho del más que movido y algo ruidoso entorno actual y sobre todo, sus pensamientos no dejaban de reproducir lo ocurrido.
Una pequeña vocecita interna le repetía constantemente que debía haberse quedado y enfrentado a Edward, que no tenía por qué haberse ido de esa forma como si hubiese sido ella la que cometiera tal acto de traición, pero al poco rato otra voz aplastaba a la anterior diciendo que había hecho lo correcto ya que de haberse quedado seguramente terminaría perdonándolo y él la hubiese lastimado aún más después.
Sentía que en cualquier momento se volvería loca con aquellas contradictorias voces en su cabeza.
Regresó su mirada hacia la habitación que ocupaba.
Había llegado hacía alrededor de una semana, después de aguantar cerca de ocho horas de agónico vuelo ya que con su destrozado corazón lo único que le apetecía era acurrucarse en un rincón o mejor aún desaparecer definitivamente.
Aunque tenía que agradecerle mucho a Billy ya que con todos los arreglos que hizo para aquel viaje, no había dejado escapar ni un solo detalle, su asiento en primera clase era muy cómodo, el asiento a su lado estuvo vacío durante todo el vuelo así que supuso que él lo había comprado también para evitar que algún otro pasajero la fuera a molestar, una vez que aterrizaron, a la salida del aeropuerto internacional Washington-Dulles la esperaba un auto negro cuyo chofer, perfectamente uniformado, tenía escrito su apellido en un pequeño cartel.
Si el chofer notó sus enrojecidos ojos simplemente no dijo nada, lo cual agradeció mucho; la ayudó con su equipaje y luego de subir al coche tomaron rumbo hacia el centro de la ciudad. Observando a la nada por la ventana del mismo, el transcurso hasta el hotel se le pasó en un abrir y cerrar de ojos.
Si otros hubieran sido las motivos de aquel viaje no se habría perdido ningún detalle de su entorno pero en ese momento nada a su alrededor le provocaba el menor interés.
Una vez que llegaron al hotel que Billy le había indicado, el Marriott Metro Center, lo único que hizo fue extender la tarjeta que él le había proporcionado antes de tomar el vuelo que la traería hasta ahí. Notó el ceño fruncido de la rubia que atendía la recepción en ese momento, seguramente debido al aspecto desaliñado y devastado que presentaba; apretó fuertemente los puños cuando aquella cabellera dorada, hábil y pulcramente recogida en un moño alto, le recordó a una infernal rubia que le había destrozado el corazón.
No le pidieron confirmar ningún dato y aquello le había extrañado, aunque después dedujo que Billy también habría arreglado aquello, pensando hasta en el más mínimo detalle, puesto que ni su boleto de avión ni la habitación de aquel hotel estaban a su nombre. Lo cual sin duda serviría para dificultarle a Edward que la encontrara.
Una vez le entregaron la tarjeta de su habitación el personal del hotel le ayudó con su maleta para dirigirse a la misma.
Bella recordó que en aquel momento y debido a todo por lo que había padecido y pasado empezó a sentir que sus fuerzas la estaban abandonando, así que cuando ingresó a su habitación y despachó al botones, después de darle su correspondiente propina, lo único que hizo fue dirigirse a la cama King que había allí, pulcramente arreglada, y se tiró sobre la misma, permaneció con sus tristes ojos abiertos por un largo rato, sin derramar ni una sola lágrima más, como si ya hubiera agotado toda su cantidad diaria, hasta que sus orbes chocolates poco a poco se fueron cerrando producto de todo el cansancio físico y emocional, al que aún estaba expuesta, sumergiéndola en un sueño intranquilo y poco reparador.
Retornó su vista a hacia la ventana.
Le había escrito un breve correo a Esme, a Jéssica y Ángela y otro a Billy, dándoles a conocer la llegada a su destino y que se encontraba lo más bien que podía en ese momento; nuevamente les pidió espacio para sí misma y que ya se comunicaría con ellos cuando lo sintiera adecuado; le dolía mantenerlos alejados aún más de lo que ya estaban físicamente, pero sentía que era lo mejor.
No había salido mucho de aquella habitación, solamente cuando el personal del hotel tenía que hacer la limpieza y eso ya para que no la vieran en el estado en que se encontraba.
Tenía mucho en lo que pensar.
Luego de tres días de llanto largo y tendido había optado por dejar el tema de Edward a un lado, para cuando realmente pudiera afrontarlo.
Aunque lo que sí tenía más que claro era que lucharía con uñas y dientes para arrancarse ese amor de su corazón, porque un amor así, como el que sentía por él, solo le resultaría dañino y destructivo, después de todo lo que había pasado entre ellos.
Se sentía un poco más serena ahora, luego de aquella más que dura decisión, había podido controlar más sus lágrimas; lo único en lo que se permitía pensar en esos momentos era en la decisión que tenía que tomar de si debía dar el paso e ir hasta donde estaban sus parientes biológicos.
Miró hacia la mesita de noche a lado de la cama donde reposaba la cajita que Esme le había entregado.
Ahí estaba la dirección de donde vivían sus padres biológicos y su hermano.
-Tengo un hermano – susurró para sí, negando incrédula aún - ¡Quién lo diría!
No podía negar que ese pequeño detalle le llenaba de una inesperada ilusión, siempre había querido tener uno con quien jugar y que la protegiera como solo un hermano podría hacerlo, aunque nunca se lo había dicho a sus padres.
Pero aun a pesar de eso no podía decidirse del todo a dar ese paso y esperaba que Esme realmente hubiese hecho caso a su petición y no les comentara nada a ellos de su estadía en aquella ciudad, que le diera el tiempo necesario de prepararse para aquel encuentro y, sobre todo, de decidir por sí misma cuando los vería.
Unos suaves golpes en la puerta llamaron su atención. Miró la hora en el reloj que estaba en el buró, era medio día así que podía adivinar quienes eran, procedió a levantarse, tomó su pequeño bolsito de cuero que contenía su documentación, se lo cruzó por su hombro y se acercó a la puerta.
-Buenas tardes señorita – saludó educadamente una de las empleadas del hotel – lamentamos molestarla…
-No se preocupe – Bella se apuró en interrumpirla suave y educadamente – comprendo que deban hacer su trabajo, pasen – permitió, haciéndose a un lado para darles acceso a la habitación – yo regresaré más tarde.
Una vez fuera del hotel agradecía un poco que el clima estuviera lo suficientemente fresco pero sin llegar a hacer frío, para así poder salir tranquilamente tal como iba: en jeans con su camiseta blanca manga corta y calzando sus cómodos converses negras. Era mediado de octubre y el clima otoñal era más que bienvenido por todos.
Nunca se alejaba mucho del hotel, aunque no tenía muy claro si eso lo hacía consciente o inconscientemente, ya que de momento aquel lugar era su único refugio.
Como siempre se limitaba a caminar y caminar por las calles; observar, sin prestar mucha atención, los escaparates de las tiendas que encontraba en su camino.
Su estómago gruñó cuando pasó por un Starbucks y el aroma a café llegó hasta su nariz haciéndole caer en cuenta que nuevamente no había comido nada, así que decidió entrar, pidió un cappuccino y un sandwich de pollo con tomate y mozzarella.
Una vez que recibió y pagó su pedido se dirigió hacia una de las mesas vacías donde empezó a comer mecánicamente; había adelgazado bastante, de eso daban fe incluso hasta sus pantalones que ya le empezaban a estar flojos, puesto que solo recordaba que debía alimentarse cuando su cuerpo se lo indicaba, tal como le había pasado en ese momento, así que por la memoria de sus padres y por las personas que aun la querían era que lo hacía.
Estaba terminando de tomar su bebida cuando algo en la entrada del local llamó su atención.
Una joven pareja más o menos de la misma edad que ella tenía ingresaron tomados de la mano, ambos sonriendo dichosos mirándose entre sí como si no existiera nadie más que ellos dos.
Y no dudaba que para ellos fuera así, porque la expresión de ambos era la misma que Bella había tenido hasta hace unos días atrás, antes que todo se derrumbara.
Vio como el hombre apartó caballerosamente la silla para su chica, dejó un sutil beso en los labios y acarició su plano vientre para luego acercarse al mostrador y hacer su pedido.
Aquel simple accionar trajo a la cabeza de la castaña un montón de recuerdos dolorosos y de anhelos truncados; recuerdos de ella compartiendo momentos, similares al que había presenciado, con Edward en cafeterías, restaurantes y hasta en su propia casa; anhelos de querer formar una gran familia con el hombre al que amaba con todo su ser.
Y fue demasiado para su aun frágil corazón, las lágrimas no se hicieron esperar nuevamente, así que sin esperar más tiempo se levantó de la silla y salió del lugar tan rápido como pudo sin llamar la atención.
Con la cabeza gacha caminó por la acera sin optar por algún rumbo en particular, su cabeza era un mar pensamientos que la lastimaban más y más provocando que las lágrimas siguieran corriendo por su rostro.
Las personas que pasaban a su lado y que se percataban de su estado la miraban con lástima al ver el estado en el que se encontraba.
Llegó hasta la esquina de la cuadra y se dispuso a cruzar la calle rápidamente, sin percatarse bien del tránsito.
Un BMW convertible negro que circulaba a una velocidad un poco excedida del límite para aquel lugar se acercaba, el conductor iba distraído respondiendo un mensaje en su celular, hasta que levantó la vista, faltando poco para embestir el cuerpo de la castaña, así que como acto reflejo pisó a fondo el freno del vehículo.
Ante el chirrido de los neumáticos sobre el pavimento Bella levantó la cabeza, se quedó estática a mitad de la calle mientras sus ojos se abrían considerablemente y como si estuviera viendo una proyección en cámara lenta, su cabeza procesaba lo que pasaba, registró el rostro horrorizado del conductor del vehículo quien intentaba hacer que el auto se detuviera.
En su cabeza solo cruzaba el pensamiento de que iba a morir atropellada así que, aún en shock y su cuerpo sin poder reaccionar, solo se limitó a cerrar los ojos en espera de que el impacto se produjera.
Pero el impacto vino más bien de otro lado, desde un costado de su cuerpo para ser más específicos.
Sintió que era levantaba y apartada del camino, para luego caer sobre su costado izquierdo, su cerebro aun en estado de shock registró levemente un dolor sobre su brazo.
Por sobre el pitido que ahora tenía en sus oídos, escuchaba murmullos a su alrededor y una respiración un poco acelerada cerca de ella, aun manteniendo los ojos cerrados.
Intentaba entender lo que aquellos murmullos querían decir pero no podía, su cerebro sencillamente no reaccionaba.
Al cabo de unos minutos y con mucho esfuerzo logró abrir sus ojos.
Unos preocupados oscuros ojos marrones que la miraban fijamente fue lo primero que pudo observar, logrando quedar presa de aquella mirada.
Por unos instantes su cerebro se quedó en blanco, sin pensamientos dolorosos ni recuerdos dañinos, solo estaban esos ojos marrones que no dejaban de observarla; hasta que poco a poco el murmullo volvió a sus oídos y pudo apreciar que el dueño de aquellos hermosos ojos movía sus labios, hablándole, además de registrar la presencia de otras personas rodeándolos.
-¿Se encuentra bien? – escuchó que le preguntaba el hombre. Aunque le parecía una pregunta un poco tonta debido a lo que acababa de pasar, tenía en claro de que era la preocupación hablando por él.
Nuevamente obligó a su cerebro a hacer una inspección interna y rápida de todo su cuerpo, notando solamente una punzante molestia en su brazo izquierdo.
-Sí – susurró después de un par de minutos; provocando que el hombre frente a ella soltara el aire de golpe, como aliviado de escucharla.
-¿Se siente capaz de levantarse? – volvió a interrogarla, a lo que ella asintió.
Él se puso de pie y caballerosamente le tendió la mano para ayudarla a levantarse.
Bella tomó la mano de aquel hombre un poco intimidada con su presencia y se levantó para luego hacer una pequeña mueca al sentir más la punción en su brazo.
-Muy bien señores todo está bien aquí no ha pasado nada, pueden continuar con sus actividades – expresó aquel extraño para intentar despejar al grupo de personas que se había formado.
El rostro de Bella enrojeció cuando fue consciente del espectáculo que había protagonizado y volvió a agachar la cabeza.
Las personas se fueron dispersando poco a poco.
Un hombre furibundo se acercaba hasta donde se encontraban.
-¿ ¡ QUE TODO ESTÁ BIEN ! ? – Exclamó furioso el dueño del convertible - ¡NADA ESTÁ BIEN! ¡ESTÁ LOCA CASI PROVOCA QUE LA MATE!
Bella quiso desaparecer al escuchar aquellas palabras, porque era verdad, no había tomado las debidas precauciones al momento de cruzar la calle y cuando recordó por qué no lo había hecho su corazón se tambaleó amenazando con volver a provocar su llanto.
-Yo… lo… siento… no quería… - empezó a balbucear una disculpa pero el furioso conductor no se lo permitió.
-¡POR POCO PROVOCAS QUE NOS MATEMOS NIÑA! – Seguía exclamando en voz alta, haciendo alardes con sus manos – ES QUE NO PIENSAS EN LA SEGURIDAD DE LOS DEMÁS… SI QUIERES MORIRTE PROCURA QUE NO HAYA NADIE MÁS CERCA TUYO.
-¡BUENO YA BASTA! – tanto Bella como el furioso hombre voltearon al sonido de aquella dura voz. El hombre que había apartado a la castaña del camino de convertible seguía ahí con ellos, mirando fija y seriamente al hombre que la estaba increpando – puede que la señorita no haya sido cuidadosa al cruzar pero usted también tiene su parte de culpa al circular sobrepasando el límite de velocidad permitido en esta vía.
El conductor, indignado ante aquella acusación, dirigió su malhumor hacia él.
-¿Y tú quién te crees que eres para acusarme de eso, oficial de policía o qué? – le interrogó entre furioso y burlescamente.
Bella, a pesar de la situación, recién en ese momento se permitió detallar al hombre que la había salvado: era alto, más o menos de 1.90 cm., de cabello corto, negro y semi ondulado; su complexión era musculosa aunque no rayando en el exceso, de piel canela; vestía un traje azul marino, una camisa blanca y una corbata del mismo tono del saco pero con rayas blancas, que lo hacían aún más apuesto; según sus cálculos, el hombre en cuestión, bordeaba poco más de treinta años.
Bella fue consciente de la sonrisa ladeada que le dirigió al conductor antes de llevar su mano a un costado de su saco, apartarlo y sacar de él una credencial que abrió y puso frente al energúmeno conductor.
-Agente Especial del FBI, Seeley Booth – se presentó, provocando que el otro hombre retrocediera y que toda furia desapareciera de su rostro de inmediato, la expresión del Agente se volvió decidida – así que aquí no ha pasado nada porque ambos tuvieron parte de culpa, ¿verdad? – Inquirió mirando solamente al tipo frente a él, logrando que éste asintiera – entonces ya puede tomar su camino nuevamente – señaló el convertible que había dejado aparcado a un lado de la acera – y procure manejar con más cuidado de ahora en adelante.
El conductor, sabiamente, optó por no decir nada más y se dirigió hacia su coche.
Bella lo miró irse.
-Necesita ir a un hospital – escuchó que decía el Agente, aunque aquello no fue una pregunta sino más bien una afirmación.
Se volteó nuevamente hacia él y negó.
-No es necesario, estoy bien – afirmó.
El hombre negó y extendió su brazo para tocar el de ella, aquel tacto la hizo estremecer.
-Está sangrando bastante como para ser un simple raspón – dijo él con la mirada fija en su brazo, Bella copió su acción y se percató que en efecto tenía un corte algo considerable – vamos, la llevaré a un hospital para que le revisen esa herida. Lamento que se la haya hecho pero con las prisas por apartarla del camino del auto no me fijé mucho donde caíamos.
Aquellas palabras la hicieron enrojecer nuevamente avergonzada, intentó apartar su brazo lo más delicadamente que pudo para evitar lastimarse más, acomodó mejor su bolso, que por suerte no había tirado, para que éste no le molestara la lesión.
-En serio no es necesario, Agente – contradijo, para luego añadir – y gracias… por ya sabe, salvarme…
-No tiene nada que agradecer y dígame solo Booth, lo de Agente está de más – la miró sonriendo, una sonrisa sincera.
Bella se quedó viendo aquellos labios sonrientes por un momento, hipnotizada, para luego espabilarse.
-De acuerdo, Agente Booth… – le sonrió; y por primera vez después de varios días proporcionaba una sonrisa genuina – Isabella Swan – se presentó, extendiendo su brazo derecho.
Se estrecharon las manos.
-Bueno no acepto un no por respuesta, vamos a que te curen esa herida – la tuteó luego de aquella presentación, sacó un pañuelo de su pantalón y se lo tendió para que lo colocara sobre la cortada y de ese modo detener un poco la sangre que salía de la herida.
Bella tomó el pañuelo y lo colocó sobre la herida, nuevamente haciendo una mueca al sentir dolor, luego inspeccionó el sitio donde había caído y pudo ver un pedazo de vidrio puntiagudo manchado de sangre.
-Supongo que con eso fue que me corté – señaló su hallazgo. Booth se agachó y con cuidado tomó el vidrio para luego dirigirse a un bote de basura que estaba cerca de ellos y tirarlo dentro, negando.
-Las personas sencillamente no aprenden que botar este tipo de basura a la calle es muy peligroso – expuso contrariado. Suspiró y la miró señalando la dirección frente a ellos – vamos, tengo mi auto aparcado por acá.
Bella aceptó después de unos instantes de duda, después de todo, aquel hombre era un desconocido sí, pero era un agente del FBI así que no tenía por qué desconfiar de él, además de que el dolor en su brazo empezaba a ser realmente molesto.
Caminaron unos pocos pasos hasta que el Agente Booth se detuvo frente a un auto negro de los grandes.
Dado el tamaño del hombre Bella no se sorprendía que manejara ese tipo de transporte.
-Wow – dijo de igual, mirando apreciativamente al auto – es sin duda un gran auto – lo único que podía adivinar de él es que era un Chevrolet y eso porque vio la marca que los distinguía.
Seeley sonrió ladinamente de nuevo mirando su auto.
-Sí – contestó a la pregunta implícita que pudo adivinar – un Chevrolet Tahoe, es el modelo – luego la miró guiñándole un ojo – solo por si lo deseas saber.
Luego se dirigió hacia el lado del copiloto y después de desactivar los seguros procedió a abrirle la puerta. Bella con un poco de dificultad debido a su brazo herido se subió al auto y se acomodó.
-Permíteme – le dijo el moreno luego de ver que se le dificultaba un poco ponerse el cinturón de seguridad. Bella dejó de respirar cuando sintió el roce de las suaves manos del hombre rozar su piel al colocar el cinturón – listo – y cerró su puerta.
Pocos instantes después se subió en el lado del conductor y diestramente sacó el auto para ingresar al tráfico.
Un incómodo silencio se instaló entre ambos, poniéndola nerviosa.
Bella aun no podía creer que se hubiera puesto en tal peligro; sí estaba deprimida pero tampoco a tal grado como para querer morir atropellada, y aunque aceptaba la parte de culpa del conductor, también reconocía que ella debió ser más precavida al cruzar la calle, se reprendió por eso; Edward no se lo merecía.
-¿No eres de por aquí, cierto? – Booth interrumpió los pensamientos de la castaña.
Bella negó.
-No, no lo soy – contestó sin darle mayores detalles.
No dijeron nada más durante el resto del trayecto.
Poco rato después ella pudo divisar la gran edificación de la casa de salud, en letras grandes sobre la entrada rezaban las palabras: Washington Hospital Center.
Se estacionaron en uno de los lugares disponibles del aparcamiento, Seeley se apresuró a ayudarla a bajar y la sostuvo para evitar que se cayera, el pañuelo ya estaba empapado de sangre y la castaña empezaba a lucir más blanca de lo normal.
Al ingresar por el área de emergencias solicitó ayuda e inmediatamente trajeron una silla de ruedas para ella y se la llevaron a uno de los box para hacerle la respectiva curación al tiempo que le tomaban todos los datos.
La herida no era muy grave pero sí era algo profunda y por eso sangraba bastante, ameritó a que le cogieran cuatro puntos, mientras que Seeley daba las respectivas explicaciones de lo sucedido al médico de guardia, además de pedir que la examinaran de manera general para comprobar que estuviera del todo bien. Lo cual para tranquilidad de ambos así era.
Le proporcionaron y recetaron medicación para el dolor y para prevenir cualquier tipo de infección, además de señalarle que dentro de unos días debía de regresar para retirar los puntos y comprobar que la herida estuviera sanando correctamente.
Después de casi dos horas de haber llegado a dicho lugar y luego de que hicieran las respectivas comprobaciones para constatar que Bella estuviera tan bien como se podía estar en su situación le permitieron salir; una vez fuera se dirigieron hasta el estacionamiento.
-Bueno, ¿Dónde te dejo? – preguntó una vez que llegaron hasta el auto.
-No es necesario ya has hecho demasiado por mí, no quiero darte más molestias, creo que ya has perdido mucho de tu valioso tiempo por estar conmigo – expuso la castaña realmente agradecida por la ayuda que le había prestado aquel desconocido, pero no queriendo abusar más de su buen corazón.
Él negó.
-No es ninguna molestia – contradijo – me alegra haberte ayudado y lo volvería a hacer si fuera necesario. Ahora créeme, no nos iremos de aquí a menos de que me digas donde te dejo – dijo con firmeza, sin dar lugar a dudas de que cumpliría con su palabra.
Así que dándose por vencida de nuevo le indicó el nombre del hotel donde se estaba hospedando y luego aceptó su ayuda nuevamente para subir al coche.
Sentía que poco a poco su cuerpo iba cediendo ante el efecto de las medicinas que le habían dado, así que al poco rato de haber puesto el auto en marcha Bella se quedó dormida.
Le parecía que apenas había cerrado los ojos cuando sintió que alguien la removía suavemente, se quejó un poco alegando querer seguir durmiendo, hasta que una suave risita la hizo volver a la realidad.
Quiso que la tierra se la tragara cuando se dio cuenta que ya habían llegado el hotel y que ella se había dormido durante el trayecto.
-Lo siento – se disculpó, sintiendo sus mejillas arder.
El Agente Booth se encogió de hombros sin quitar la sonrisa de su rostro y la mirada divertida.
-No pasa nada – contestó, se bajó del auto para ayudarla a bajar a ella y acompañarla hasta la entrada.
-Nuevamente te agradezco por todo – le dijo Bella mirándolo con gratitud, extendiendo su mano a manera de despedida – si no hubiese sido por tu ayuda creo que no estaría contándolo ahora.
Él correspondió su despedida al tiempo que decía:
-A veces el destino nos coloca en el lugar y el momento indicado; sólo Dios sabe cómo, dónde y por qué pasan las cosas.
Luego, después de una inclinación de cabeza, se despidió de ella dejándola con esas palabras en su cabeza.
Una vez en su habitación se dio un reconfortante baño, procurando no mojar la curación que le habían realizado, para así eliminar físicamente todo rastro de lo sucedido aquella tarde.
Pidió una merienda suave puesto que tenía que tomarse las medicinas que le habían recetado.
Y solo en ese momento fue realmente consciente de que después de ese incidente no había vuelto a pensar en lo que la había traído hasta ahí y mucho menos en la decisión que debía de tomar, y luego de caer en cuenta de ello como si algo la llamara tomó su celular que aún conservaba apagado y lo encendió, para revisarlo.
Masoquistamente escuchó todos y cada uno de los mensajes que aquel imbécil le había dejado suplicándole, rogándole, gritándole, llorándole porque regresara, porque volviera con él y lo perdonara, mensajes que decían que había cometido un error y que la amaba, que era un ser humano y que como tal podía equivocarse, que merecía una segunda oportunidad.
Furiosa consigo misma por seguir ahí como una imbécil tiró el teléfono a la alfombra al tiempo que el nombre de Edward aparecía en la pantalla, en una llamada entrante, por un momento no supo que hacer pero luego ante un ataque de irracional furia inspeccionó la habitación hasta que dio con el objeto ansiado, se apresuró a la pared y tomó el extintor de fuego que había ahí colgado, estratégicamente para no dañar la decoración del lugar.
Se acercó hasta donde estaba el celular tirado en el piso y arrodillándose frente a él y con toda la fuerza que pudo estrelló el extintor contra el teléfono provocando que éste se fragmentara en varios pedazos.
-No me voy a derrumbar por ti Edward Cullen, me voy a reponer y llegará el momento en que tú no serás más que un recuerdo lejano y sin importancia para mí – juró para sí misma, auto prometiéndose que aquél día llegaría, lucharía porque así fuera.
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-¡MALDICIÓN! – exclamó furioso el cobrizo por millonésima ocasión cuando al intentar llamar nuevamente al celular de Bella otra vez le saltaba al buzón.
Se había alegrado cuando empezó a escuchar los tonos de llamada, señal de que por fin el móvil estaba encendido, pero su emoción no duró mucho ya que al poco rato nuevamente su llamada fue desviada al buzón de voz.
Había intentado contactarse con ella de mil y un modos y aún no había podido hacerlo, los mensajes a su correo sencillamente le rebotaban dando a entender que la dirección de email estaba equivocada o había sido cerrada, estaba seguro de que el motivo era ese último.
Sus padres no le hablaban aún y cada que los había encontrado hablando entre ellos sencillamente se quedaban callados.
Había intentado averiguar si Bella había viajado a sitio pero el nombre de ella no aparecía por ningún lado. Se sentía desesperado, no sabía que más hacer para encontrarla y traerla de vuelta a su vida a como diera lugar.
-Edward – escuchó la voz de Tanya llamarlo – ya encontrarás la forma de dar con una pista que te diga cuál es su paradero, de momento no puedes hacer nada más – el cobrizo se volteó hacia donde estaba la rubia – ven a dormir cariño – Tanya palmeó el lugar vacío al lado de su cama – ya es muy tarde y nada lograrás con enfadarte, lo sabes te lo he dicho, para estas cosas hay que usar la inteligencia, no el enojo.
Edward después de unos minutos suspiró frustrado dándole la razón a la rubia y se dirigió hasta la cama. Había optado por quedarse por unos días con ella en su departamento, hasta que las aguas bravas en su casa se apaciguaran y sus padres volvieran a hablarle. Aunque de igual se pasaba diariamente por la casa de ellos para verificar si tenían noticia alguna de la castaña o no.
Tanya sonrió sensualmente al apreciar el desnudo cuerpo del cobrizo, le fascinaba que se presentara así ante ella, se lamió los labios al ver la respuesta del cuerpo de su hombre ante su devoradora mirada.
-Tienes razón – habló Edward, con voz ronca, una vez que llegó hasta la cama y se acomodó en ella de lado, quedan frente a frente con la mujer – creo que hay mejores maneras de pasar el tiempo a esta hora – comentó llevando una de sus manos hacia los pechos expuestos de la rubia para masajearlos a su antojo – ya pensaremos en algo mañana.
Sí, pensaremos, en plural, porque la rubia le había prometido que le ayudaría a encontrar a la castaña; aunque él ni se imaginaba cuáles eran los motivos ocultos de la rubia para tener a Bella cerca de ellos.
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Bella se había esmerado un poco con su vestimenta para realizar esa visita: unos jeans oscuros, botas de cuero negro sin tacón, una blusa de seda color melocotón y una chaqueta de cuero marrón.
Era sábado por la mañana y por lo que había podido averiguar, la persona a la que iba a ver sí estaba en la dirección que Esme le había dado.
Sin pensárselo mucho, pagó al taxi la tarifa correspondiente y se bajó.
Miró la casa de dos plantas que tenía frente a sus ojos, no era muy diferente a la que sus padres, Charlie y Renee, habían escogido en Londres, solo que ésta era un poco más grande, pero sin llegar a ser ostentosa. Un muy bien cuidado jardín le daba el toque frontal hogareño que se podía apreciar, un garaje para dos autos ocupaba un lado del lugar, la construcción era moderna, la pintura de color crema predominaba en la extensión de la casa y de un lado de ella en la planta baja la pared era de cristal.
Tuvo su momento de duda pero lo alejó enseguida de su mente y caminó decidida por el sendero que había hasta la entrada antes de arrepentirse del todo y dar media vuelta. Tocó el timbre.
Escuchó un murmullo de voces provenientes de dentro de la casa y luego de unos minutos la puerta se abrió.
Una alta y hermosa mujer de cabellera castaña, larga y ondulada, de contextura delgada y de piel canela, enfundada en un holgado y corto vestido de tirantes y sandalias, fue quien apareció ante Bella.
-Hola, ¿en qué puedo ayudarle? – le preguntó a Bella, quien se había quedado muda, sin saber muy bien qué contestarle.
Los ojos café claro de la mujer la miraron fijamente hasta que ambos pares de orbes se encontraron fijamente.
La mujer que abrió la puerta jadeó en reconocimiento, puesto que aquellos orbes chocolates se le hacían inconfundibles, tuvo que sostenerse de la puerta debido a la impresión.
-Eres tú – fue lo que susurró la mujer a Bella, quien a cada minuto se iba poniendo más y más nerviosa.
-¿Angie, quién es? – se escuchó la voz de un hombre acercándose.
Ambas mujeres fijaron su atención hacia el lugar de dónde provenía la voz.
El hombre se quedó estático cuando la reconoció.
Bella no podía apartar sus ojos de él, detallándolo por completo.
Era un poco más bajo que la mujer que tenía frente a ella, lo cual los hacía una pareja un poco dispareja.
Pero sin embargo pudo encontrar en él ciertos rasgos muy parecidos a sí misma: el mismo tono de piel, mismo color de cabello, aunque el del hombre era más rizado y lo llevaba corto, sus ojos azules resaltaban su rostro, llevaba un poco de barba y aunque no era muy musculoso si podía apreciar que su contextura era atlética, enfundado en jeans y camiseta, camiseta blanca y una chaqueta del mismo material que el pantalón.
Él miraba intermitentemente entre ambas mujeres, sin poder creerse lo que sus ojos le mostraban.
No podía creer que ella estuviera ahí.
-Jack Hodgins – dijo Bella, pronunciando en voz alta y por primera vez el nombre de su hermano.
El aludido asintió mecánicamente, sumamente afectado por la presencia de su hermana.
-Bella – susurró con familiaridad el nombre de la castaña.
Y sin poder detenerse, abrió sus brazos y se apresuró a llegar hasta donde estaba Bella y envolverla fuertemente en ellos.
Por fin pudiendo cumplir su más anhelado deseo: tener a su hermana entre sus brazos, sabiendo ambos lo que eran, sabiendo ambos del lazo que los unía; porque en ese momento su razonamiento le confirmaba que si ellaestaba ahí era porque ya sabía toda la verdad.
Bella dudó un momento pero la ilusión de estar rodeada por el abrazo cálido de aquel hermano que siempre deseó tener pudo más que todo y le devolvió el gesto con la misma fuerza e intensidad que él estaba imprimiendo, mientras cerraba los ojos y se permitía disfrutar del momento.
Todo ante la atónita pero emocionada mirada de Ángela Montenegro, la esposa de su hermano.
Bueno, vaya que me ha salido bastante larguito este capítulo eh, pero lo he disfrutado mucho, espero que a ustedes también les haya gustado.
Lamento no haber respondido a sus RR pero déjenme decirles que he leído y apreciado cada uno de ellos y que como siempre sus comentarios me animan a continuar con esta historia.
Gracias por la aceptación que le han dado a la historia y espero estar cumpliendo con todas sus expectativas.
Espero que esta vez no sea la excepción y me dejen saber qué les pareció el capítulo.
Hasta la próxima mis queridas lectoras, besitos.
