Un gallo
Abrió los ojos y una clara luz le impactó de lleno. El simple movimiento de cabeza le provocó un intenso dolor que se esparció por todo su cuerpo. Gruñó y su voz se sintió gruesa y pesada, como si hubiera dormido durante mucho tiempo.
- Tranquilícese, ahora está a salvo – tuvo que hacer un gran esfuerzo para reconocer esa voz.
- Director Dumbledore – sonó extraña y carraspeó un poco para aclararse, pero el simple gesto le dolió más que mover la cabeza.
- El mismo. Tenga, beba un poco – le tendió un vaso de agua, que tenía una preciosa pajita rosa para que no tuviera que hacer malabarismos intentando beberla -. ¿Qué tal se encuentra?
- Mal – respondió después de beber -. ¿Dónde estoy?
- En la enfermería.
- ¿Cómo he llegado hasta aquí?
- ¿No lo recuerda? – hizo una pausa, dejándole tiempo para pensar.
Sí, ahora sí lo recordaba. El basilisco. Los gemelos. Grigoriy Popov. Aris Smith. La pelea. Fabian en el suelo. El golpe de la cola del basilisco.
- Fabian… - se apresuró a decir, tratando de incorporarse, pero la mano de Dumbledore la empujó para atrás.
- Él está bien.
Un enorme suspiro escapó de su cuerpo y las lágrimas se le acumularon en los ojos al instante.
Gracias, pensó dándoselas a nadie en particular.
- Los demás…
- También están bien – se preguntó si la dejaría hablar o se dedicaría a contestar sus preguntas a medio formular -. Todo salió bien, aunque lo cierto es que no salió de acuerdo al plan.
- El basilisco…
- Muerto.
- ¿Cómo? – preguntó, ya resignada a no decir más de dos palabras por frase.
- Un gallo.
- Claro, un gallo… ¿Qué? – lo miró con cara de absoluto asombro -. ¿Un…?
- Un gallo. Sí – confirmó el profesor desenvolviendo un caramelo de color rosa -. En el momento en que el señor Gideon vio a su hermano y a usted tirados en el suelo, sacó de su bolsillo un gallo.
- Un gallo – repitió porque no terminaba de creérselo. Ahora sabía qué era lo que vio moverse en el bolsillo del mago.
- El canto de un gallo es mortal para el basilisco – explicó el profesor Dumbledore -. Parece una tarea sencilla dicho así. Aunque supongo que habrían acabado antes sin la intervención de cuatro muchachos merodeando, un profesor nuevo que parecía un enviado del Señor Tenebroso y una profesora que lleva años impartiendo que resultó ser la verdadera enviada de quien-tú-sabes. Menudo sorprendente giro de los acontecimientos – dejó claro que ya conocía toda la historia.
- Que me lo digan a mí – intentó levantar una mano para llevársela a la cabeza y apartarse un mechón de la cara. Pero algo se la tenía sujeta.
Miró hacia abajo y se encontró con otra mano y el cuerpo durmiente de Sirius inclinado sobre la cama. Sentado sobre la silla y con la cabeza durmiendo en un pequeño espacio que quedaba. Debía estar muy incómodo.
- No se ha separado de usted durante toda la semana.
- ¿Llevo durmiendo una semana? – preguntó sin apartar la vista de su pelo negro, deseando acariciárselo.
- El señor Potter se lo llevó a rastras en un par de ocasiones para obligarlo a ducharse – dijo asintiendo con una sonrisa -. Has sufrido varias fracturas de huesos y daños en órganos internos. El dolor que sientes es porque todavía estás recuperándote. Ahora me marcho, tengo cosas que hacer y ustedes dos cosas que hablar.
El director se levantó y cruzó las puertas de la enfermería. En aquellos momentos no había nadie más allí, solo un Sirius durmiente y ella. Pero él no dormía. Enseguida se irguió pasándose la mano por el pelo, despreocupado en apariencia. Entonces la miró, sin saber cómo actuar.
- Sirius.
- Lo he entendido – fue lo primero que dijo. Avril frunció el ceño, sin comprender -. He entendido lo que se siente, ¿vale? Lo entendí en el momento en que te vi tirada en el suelo.
- Sirius, yo…
- Y es la última vez – sentenció -. Estás muy equivocada si crees que te voy a dejar enfrentarte a algo nunca más. A partir de ahora, de estratega en casita – se levantó de la silla, con esa elegancia que lo caracterizaba y apartando el pelo de su cara la besó en la frente -. ¿Por qué a pesar de estar en el mismo espacio que tú, nunca puedo protegerte?
- Siento haberte asustado.
- Asustado es decir poco – se quedó callado a centímetros de ella, sin terminar de acortar la distancia entre ambos -. Te estabas yendo Avril. Dejé a Gideon y James con el basilisco, corrí hacia ti y no me detuve a nada. Solo te tomé en brazos y salí de aquel sitio más rápido de lo que entramos. Lily me encontró a medio camino, desquiciado – esa última palabra hizo que sintiera un escalofrío recorrerle la espina dorsal mientras lo veía a los ojos -. Menos mal que ella tomó el control de la situación.
No pudo contestarle. No fue capaz. La mano de Sirius le acarició el rostro, como grabándolo a fuego. Finalmente se acercó y juntó sus labios con los de ella. Sintió que la vitalidad volvía de nuevo, que todo el miedo quedaba en el pasado, que todo volvía a estar bien.
- ¿Qué voy a hacer contigo? – preguntó cuando se separó -. Anda, hazte a un lado.
La ayudó a moverse despacio hasta que hubo hueco suficiente para que él se tumbara a su lado.
- ¿Cómo te sientes? – le preguntó al ver la mueca de dolor.
- Es como tener unas agujetas muy dolorosas por todo el cuerpo – explicó.
- Las pociones que te dio Madame Pomfrey son muy fuertes. Todavía estarás sintiendo el efecto – como estaba colocado de lado, Sirius acarició con el dedo desde la base del pelo, pasando por la nariz hasta la barbilla.
- ¿Los demás están bien?
- Sí, nada grave a parte de unos cuantos arañazos y un hechizo desviado – sonrió orgulloso -. Lo que nos enseñaste de los escudos nos sirvió de mucho, tenías razón con todo lo que explicaste.
- Me alegro – dijo correspondiendo la sonrisa -. ¿Y Peter?
Negó con la cabeza, como diciendo que ese chico era incorregible.
- Todo el tiempo lo pasó oculto en forma de rata – chasqueó la lengua -. El muy cobarde. ¡Ah! ¿Y recuerdas cuando el basilisco nos atrapó en aquella cañería? – ella asintió -. Fueron Gideon y James los que hicieron ruido. Después se separaron.
Podrían haber muerto por salvarlos. Estaba claro que aquello se había descontrolado demasiado. Sirius notó su actitud, la contracción en su cara, como si algo no le hiciera gracia.
- ¿Qué ocurre Avril? – preguntó sujetándola de la barbilla y girándole la cabeza para que lo mirara -. Sé que algo pasa.
- Es que… - se mordió el labio – lo estoy haciendo todo mal.
- No – dijo evitando que se montara una historia errónea.
- Las cosas no están saliendo bien. Pensé que si intervenía todo iría a mejor, pero casi consigo que nos maten a todos.
- No es cierto.
- Sí es cierto – y solo de pensarlo la ponía enferma. Cogió carrerilla -. Ese basilisco no debería haber despertado. James casi muere, tú casi mueres, Remus casi muere y Peter. Y Fabian y Gideon. Sirius, no me lo habría perdonado. No sé qué hacer, estoy perdiendo fuerza, cada vez con más miedo, cada vez menos dispuesta a sacrificar algo o alguien – para ese punto volvía a estar llorando -. Cada día más cansada. Todo lo que dejé atrás me persigue y se acumula y más cosas pasan y se siguen acumulando. Lo estoy jodiendo todo, yo…
La cortó con un beso, uno urgente, demandante. Se movió dentro de su boca, invadiendo con su lengua y dominando. Luego se separó y se preparó para soltar todo que pensaba.
- Avril Evangelyn Caesar – el que usara su apellido verdadero y no el inventado hizo que se sobresaltara -. Escúchame bien. Sé que estás cansada, sé que no puedes permitirte más pérdidas, porque sé que te están matando. Pero óyeme. No vas a rendirte, no voy a dejar que te rindas. Adoro lo que estás haciendo, ¿sabes? Es el acto de valentía más puro que he visto en toda mi vida. Arriesgas todo en una sola jugada, todo, solo por mí, por tus amigos, por un futuro que ya no existe – acarició su pelo, extendiéndolo sobre la almohada y enredando sus dedos en las hebras negras -. Y si eso es un pecado estoy dispuesto a asumir todo el castigo en tu lugar. Porque da igual cómo ocurran las cosas a partir de ahora. La alternativa, a mi parecer es peor. Ante nosotros se abre un futuro lleno de posibilidades y no pienso desaprovecharlas una segunda vez.
...
..
.
Pasó unos cuantos días más en la enfermería. Sirius aprovechó su estadía allí para faltar a todas las clases posibles, también James y Peter se aprovecharon de las que pudieron y Remus la visitó todo el tiempo en el que no había clases. Lily estaba allí cada dos por tres, regañándola por haberla preocupado, pero feliz de que estuviera bien. Marlene y Mary también fueron a verla y recibió un montón de cartas de los Weasley, preocupados por su estado de salud. Le dijeron que Fabian estaba bien, menos malherido que ella y que se alegraban de su recuperación.
Sin embargo, hubo una visita que la sorprendió. Coincidió justo a la hora de la comida, los únicos momentos en los que Sirius la dejaba sola para poder hincharse a comer en el Comedor. Ella acababa de terminar lo que le habían servido en una bandeja.
- Hola.
- Hola Regúlus – saludó sorprendida. Luego sonrió y le hizo señas para que se acercara -. No esperaba tu visita.
El chico caminó los pasos que le faltaban para llegar hasta ella. Resultaba algo incómoda su mirada plateada puesta sobre ella, pero de algún modo, sabía que trataba de asegurarse de que estaba bien.
- Me encuentro mejor – aseguró sin que él preguntase nada.
- No lo parece.
Todavía tenía varias vendas sujetándole las costillas y algunas más en brazos y piernas. La de la cabeza había logrado que se la quitaran el día anterior. A pesar de todo, aún estaba pálida y ojerosa.
- ¿Alguna vez te he dicho que sabes cómo hacer a una mujer especial? – preguntó en broma.
- No – dijo arrugando la frente, sabiendo cuando alguien le hablaba con ironía.
- Qué extraño, me pregunto por qué no lo habré hecho ya.
- Si tienes ganas de bromear, es que no estás tan mal como pensaba – se giró sobre sí mismo, dispuesto para irse.
- Espera Regulus – el chico detuvo su marcha y Avril volvió a sonreír. De algún modo, él no quería marcharse -. ¿Te importaría ayudarme?
- Si quieres ir al baño, no cuentes conmigo – aseguró muy serio.
- No quiero saber qué es lo que ha pasado por tu mente, pero no se trata de eso – rió ante el sonrojo del chico y tuvo que sujetarse las costillas -. Solo quiero que pongas la bandeja sobre la mesilla de noche.
Huraño pero conforme, Regulus cumplió con la petición. Al tener la bandeja en sus manos vio que apenas había comido nada.
- ¿Qué es esto? No has probado la comida tan siquiera.
- No es cierto, sí que he comido.
- No, solo lo has removido todo y partido unos cuantos pedazos para que parezca que sí. Mira, podría jugar a los puzles con el filete y seguro que lo completo sin que falte ninguna pieza.
- Nunca he jugado a los puzles con la comida – dijo Avril -. Podría ser divertido.
- No me cambies de tema – Regulus volvió a colocar la bandeja frente a ella -. Termina de comer.
- No tengo hambre.
- Me da igual.
- Regulus – dijo en súplica.
- No.
- ¿Para qué has venido exactamente? – preguntó removiendo el arroz blanco con la cuchara.
De repente parecía que había cerrado la boca herméticamente. La miró con su cara de malas pulgas habitual, no dispuesto a dejarse vencer por ella nuevamente.
- No creo que haya sido para verme comer. Y ya has visto que estoy bien. Así que… ¿qué más?
- ¿Cómo que qué más? No hay nada más.
- ¿Y por qué sigues aquí?
- Porque no estás comiendo.
- Así que estás preocupado – el ceño fruncido del chico se acentuó.
- No.
- Eres tan comunicativo como siempre.
- Cierra la boca y come – ordenó.
- Anda, siéntate – Avril le palmeó un lado de la cama.
Podría haberle señalado el taburete para las visitas y él mismo podría haber hecho caso omiso de su sugerencia, pero por la razón que fuera, Regulus tomó asiento a un lado de la cama, con cuidado de no dañarla o moverla mucho para que no se le cayera la bandeja. Su mirada grisácea no se separó de la bandeja con comida. Empezando a conocer las reglas del juego, Avril se llevó una cucharada de arroz a la boca. Hizo una mueca casi de asco, porque el arroz blanco no le gustaba mucho.
- ¿De verdad que estás bien? – preguntó finalmente.
- Ten cuidado Reg, podría pensar que empiezas a quererme – ambos sabían que ese "quererme" era en sentido amistoso. Pero Regulus no contestó y Avril tuvo que dejar las bromas a un lado -. Estoy bien. El golpe me partió algunos huesos y dañó varios órganos, pero ya estoy casi recuperada.
- ¿Te dolió?
- No tanto como debería haber dolido – la miró sin comprender -. Me desmayé enseguida.
- Mejor – asintió, de algún modo aliviado por sus palabras -. Come.
Avril suspiró y decidió probar con un poco del filete. Era cierto que solo lo había partido y ni siquiera le había dado un bocado hasta ahora.
- ¿Y Sirius? – preguntó cuando terminó de tragar.
- Bien, solo terminó con algunos rasguños – explicó -. Se está aprovechando de esta situación más que yo.
- No me extraña – no dijo nada más hasta que la vio dar otro bocado -. Me enteré de vuestra pelea.
- Todo está bien entre nosotros ahora.
- Me sorprendió que no vinieras a reñirme.
- ¿Por qué? – preguntó Avril, mirándolo con los ojos azules abiertos por la sorpresa.
- Fue a raíz de mi pelea con él – respondió, con cierto tono de disculpa -. Pensé que vendrías a decirme que cambiara de opinión o algo.
- Regulus, las cosas entre tú y tu hermano… bueno, existe un límite que yo no puedo cruzar. Intenté reuniros, pero cómo afrontéis las cosas a partir de ahora ya es cosa vuestra. La pelea entre nosotros no fue culpa tuya – los ojos grises del chico no parecían estar de acuerdo -, la pelea fue porque él es idiota, pero no tu culpa.
- Come – fue su única respuesta -. ¿Crees que él y yo… crees que estamos a tiempo de volver a arreglarlo?
- Siempre. Pero mejor antes que después.
- Claro.
Una hora más tarde, Regulus salió de la enfermería con otra manera de andar, con otro porte, más animado, más tranquilo. Minutos después, Sirius volvía a la enfermería con su deslumbrante sonrisa y con ojo quisquilloso, buscando las sobras de su comida.
- ¡Eh! ¡Hoy te lo has comido todo! – exclamó con apreciación.
- Sí – sonrió enigmática -. ¿Dónde está mi premio?
- Con gusto te lo concedo – respondió inclinándose sobre ella -. Y como te has portado bien, hoy toca doble.
- Ohh, qué generoso, señor Black.
- Por supuesto, siempre lo soy.
Acortó la distancia que los separaba y se fundieron en un beso arrebatador.
...
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Grigoriy Popov fue librado de las sospechas de Dumbledore y Avril. El profesor de defensa siguió impartiendo sus clases, donde se respiraba un aire diferente ya que los Merodeadores habían dejado de gastarle bromas y todos sabían que ese hombre era más de lo que su apariencia de mujeriego aparentaba. No en vano resultó ser un Auror del Ministerio (una parte que todavía no había sido controlada por Voldemort) mandado para controlar a Dumbledore, porque no confiaban en que el anciano director fuera capaz de dirigir el colegio, después del ataque ocurrido el año anterior en Hogsmeade.
Finalmente, Popov envió un informe al Ministerio detallando el buen juicio de Albus al mandar a los alumnos fuera del castillo, pedir la ayuda de aurores y su eficacia encontrando el problema que los ponía en peligro, por lo que las sospechas que recaían sobre el director desaparecieron y dejaron de tener un ojo vigilándolo.
Aris Smith fue capturada y enviada a Azkaban.
Sarah Stearling no recordaba casi nada de aquel año, por lo que fue enviada a San Mungo para ser tratada, aunque los profesores decían que se pondría bien.
Todo el colegio se enteró de que algo había pasado. Que los Merodeadores y Avril se habían enfrentado a un basilisco y rumores cada vez más descabellados se extendían por los pasillos de Hogwarts.
...
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Había salido de la enfermería hace ya un tiempo y estaba completamente recuperada. Retomó las clases, Lily la puso al día y todo el mundo hablaba a sus espaldas por lo del basilisco, pero los rumores ya comenzaban a perder fuerza.
Tocó un par de veces la puerta antes de que Remus le abriera. Por alguna razón siempre era él quien lo hacía. Con una sonrisa se hizo a un lado para que pasara y pudiera ver lo que allí dentro acontecía. Nunca la decepcionaba.
- ¿Se puede saber qué hacéis ahora? – preguntó a James y Sirius.
Por alguna razón que no llegaba a comprender, Sirius estaba en su forma de Canuto siendo sostenido desde atrás por James para que permaneciera erguido en sus patas traseras. Era un perro tan grande que en esa postura resultaba ser más alto que su amigo.
- Están intentando caerle bien al pájaro – explicó Remus.
Efectivamente, justo frente a Canuto, posado sobre una percha, había un precioso pájaro de color azul, con largas plumas que se oscurecían brillando como zafiros en las puntas.
- No lo entiendo – dijo Avril sin comprender qué tenía que ver una cosa con otra.
- Drual es algo especial. Pica a todo el mundo… menos a mí – dijo con una nota de orgullo en la voz.
- Ese pájaro no deja que nadie se le acerque – apuntó Peter desde su cama, donde permanecía con las piernas cruzadas viendo los avances de sus amigos.
- ¿Al final le has puesto Drual? – preguntó más interesada en el nombre del animal.
- Es mucho más que simplemente Drual – contestó James con esfuerzo en la voz por tratar de mantener a Sirius en pie.
- Ya… pero sigo sin comprender…
- Creen que si se presentan frente a Drual con su forma animaga, el pájaro les aceptará – explicó Remus de forma resumida.
- Ah… vale, creo que ahora puedo entenderlo… un poco.
Finalmente Sirius se revolvió para deshacerse de las manos de James que lo sujetaban y se acercó dando saltos a Avril. Canuto colocó las patas delanteras sobre los hombros de la bruja y aprovechó su altura para lamerle la cara.
- Sirius… ¡que me tiras! – gritó trastabillando hacia atrás, pero sin ser capaz de esconder la risa de diversión que le causaba.
El animal se bajó de ella y en menos de lo que se tarda en respirar ya tenía el cuerpo desnudo de Sirius frente a ella. Su cara adquirió todas las tonalidades rojas del universo y tuvo que apartar la mirada a otro lado, al pájaro azul por ejemplo.
- Santa madre de Merlín, Sirius – dijo admirando el plumaje del animal alado -. Ponte algo encima. ¿Y por qué te has transformado desnudo?
- Como si no hubieras disfrutado de las ventajas de tenerme así – Sirius le besó la mejilla riendo de su novia y fue en busca de su ropa -. Ahora, deja que te presentemos al nuevo integrante de los Merodeadores.
- ¿Te refieres a Drual? – preguntó cuando ya tenía por lo menos los calzoncillos puestos.
- Me refiero a Drual Avril Optimus Cordelia Lupin – respondió señalando al animal que ahora estaba sobre la cabeza de Remus picoteándole el pelo para acomodarse.
- ¿Por qué tiene tantos nombres?
- No sabemos si es chico o chica – dijo Peter, como si eso lo explicara todo.
- Y cada uno hemos propuesto uno – añadió James.
- ¿Y por qué Avril? – preguntó esa vez a Sirius, sabiendo que había sido él quien se lo puso.
- Porque es un pequeño pájaro, ¡cómo tú! Pequeño pájaro – dijo colocando una mano sobre el hombro de Avril -, te presento a Avril – terminó diciendo mientras señalaba al pájaro.
Lo que iba a tener que aguantar…
Aún así Avril alzó la mano para intentar tocar al animal que de la forma más traicionera del mundo le picó el dedo. Apartó la mano con rapidez, mirándolo con un pequeño odio creciente.
- ¿Sabes Drual? Yo te vi nacer, no deberías ser tan borde conmigo.
- No te lo tomes a mal – dijo Remus rascándose la nuca -. Es así con todos.
- Es curioso – intervino entonces James.
- ¿Qué es curioso?
- Que si Cordelia sigue siendo tan borde, tu pequeño problema peludo va a tener que pasar a llamarse tu pequeño problema plumoso.
- Pluma es lo que me faltaba ya…
...
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- Joder Avril… no pares – el sonido de su voz, ronca, placentera, hizo que el calor en su cuerpo aumentara de temperatura -. Vuelve a repetir eso… sí, así… Usa la palma de las manos… mmm…
Cuando el último gemido escapó de él, Avril no lo soportó más y estampó un buen guantazo en su hombro. Sirius siseó por el dolor, pero después se echó a reír sin pena ni gloria.
- Eres idiota – le dijo avergonzada -. Para de una vez o juro que no vuelvo a hacerte un masaje en tu vida.
Sirius siguió riendo sin cortarse un pelo. Lo sentía vibrar bajo ella, ya que se había sentado sobre su trasero a horcajadas para poder masajearle mejor la espalda. Volvió a golpearlo esta vez con los puños cerrados, pero no surtía mucho efecto.
- Para de una vez – repitió.
- Perdona, es que es demasiado divertido tomarte el pelo.
- Se acabó. Fin del masaje.
Intentó levantarse de encima de él, pero Sirius se giró para estar bocarriba y la sujetó de las muñecas. Tiró hasta que la obligó a inclinarse hacia él, que las apoyara a ambos lados de su cabeza y entonces las soltó. Acarició con sus manos todo el camino arriba por sus brazos, hasta llegar a su cabeza donde la sujetó e hizo que se acercara para besarla.
Sus labios se unieron en un beso tentativo, moviéndose a la par, saboreando al otro. Una llama inexplicable nació dentro de cada uno, dispersándose por sus cuerpos y recorriéndoles la piel.
Las manos de Sirius dejaron de enredarse en el pelo de Avril y se deslizaron lentamente hacia sus pechos, tentando ese fuego dentro de ellos. El beso cambió a uno más fuerte, más duro. La lengua de Avril perseguía el sabor de Sirius, pero sabía que él se estaba conteniendo de algún modo.
Las manos del chico no se detuvieron mucho en su destino y cuando siguieron bajando, apenas rozándola por encima de la ropa, Avril dejó escapar un gemido de disgusto. Quería seguir sintiendo esas manos sobre su cuerpo, que alejaran la ropa y se encargaran de cubrirla. Intentó hacérselo ver, hacerle ver que quería más. Inspiró una bocanada sollozante y trató de hacer más intenso el beso, devorándolo por completo.
Las manos de Sirius llegaron finalmente a sus caderas y sujetándolas con fuerza la obligaron a descender hasta que ambos sexos estuvieron en contacto a pesar de la ropa que los separaba. Avril suspiró por la llameante sensación, por el calor que sentía cuando estaban juntos, por la sorprendente erección de Sirius y el beso se rompió.
- El masaje no termina hasta que yo lo diga, ¿recuerdas? – dijo en un susurro áspero, dominante -. Ese era el trato.
- ¿Lo dices en serio? – preguntó fría de repente.
No podía creer lo que le decía teniendo en cuenta la poderosa erección que sentía bajo ella. La perversa sonrisa de Sirius le dijo que no bromeaba, pero sí que estaba jugando con ella. El problema era que no terminaba de saber de qué trataba el juego.
- Por supuesto – alejó las manos de sus caderas y volvió a cogerle las muñecas para colocárselas sobre su pecho desnudo -. Ahora continúa.
Había permanecido sin camisa todo el tiempo, para poder masajearlo bien. Había disfrutado de cada músculo de la espalda y de cada esquina. Se había alegrado la vista y además se quedó bien contenta tocando cada recoveco. La espalda de Sirius era un oasis de ángulos y figuras rectas, su cintura se estrechaba ligeramente y estar sentada encima de su bien formado trasero había sido toda una maravilla.
Ahora tenía toda la parte de delante para ella nuevamente, pero lo que le estaba empezando a interesar estaba más abajo y él no la dejaba tocarlo.
- Recuerda las reglas – le susurró enseñando todos los dientes en una sonrisa -. Nada de ir más abajo del cinturón.
- Pensé que te habías inventado eso para reírte de mí.
De hecho, cuando Sirius ganó la apuesta sobre quién de los dos sería capaz de saberse mejor Defensa Contra las Artes Oscuras, no pensó que sería un masaje lo que le pediría. Al comenzar le dijo que no podía ir más abajo del cinturón, que debía ser un masaje en condiciones, pero por el tono en el que lo dijo, pensó que se trataba de una broma para chincharla.
- Jamás haría eso – pero su sonrisa decía todo lo contrario.
Así que Avril hizo un puchero y tomó la gran decisión del momento. No solo sentía esa erección contra ella, sino que además sentía la tensión y el esfuerzo que Sirius hacía para no moverse aliviándose. ¿Quería jugar? Iban a jugar.
- Muy bien, como usted diga.
Las grandes manos que la sujetaba la soltaron y se cruzaron tras la cabeza, en una postura cómoda, socarrona y altiva. Tenía unas fantásticas vistas desde allí abajo y aunque le estaba costado casi todo su autocontrol, sabía que los resultados valdrían la pena.
En cuanto las pequeñas manos de Avril comenzaron a moverse sobre su piel expuesta, Sirius cerró los ojos y se dejó hacer. Todo iba según lo esperado, movimientos circulares por su pecho, bajando hasta los abdominales y haciendo presión con los pulgares sobre estos. Delineó todos y cada uno de los músculos, se entretuvo allá donde le dio la gana y entonces…
Avril hizo un suave movimiento de cadera. El roce entre ambos sexos los estremeció y tuvo que controlarse para no repetirlo de nuevo. Sirius ya no parecía disfrutarlo tanto, pero no dijo nada todavía. Volvió a repetirlo, rotó la cadera y sintió la del mago bajo ella ir en busca de la suya. Sonrió complacida y continuó masajeando y moviéndose de vez en cuando. La erección era cada vez más prominente, no parecía muy cómodo para esas alturas, hasta que las manos del chico fueron hasta sus caderas y la detuvieron.
Alzó la vista hasta los fieros ojos grises de Sirius. Su boca estaba torcida en una mueca entre el placer y la falsa seriedad que trataba de imprimir en su mirada.
- ¿Qué haces? – preguntó con voz tensa.
- Es que hay algo aquí debajo – volvió a mover la caderas, rozándose a posta con ese "algo" para dar más credibilidad a sus palabras y pudo escuchar el gruñido de Sirius -, que no me deja estar cómoda del todo.
- Ah, ya veo – respondió con falsa calma -. ¿Y cuál crees que puede ser la solución?
- Me pregunto si… - y fue bajando el dedo índice en una caricia por todo su pecho, pasando por el abdomen hasta el nacimiento del bello de su entrepierna, ya protegido por el pantalón - ¿estará muy apretado?
- Un poco, hay que reconocer – lo cierto es que era mucho y que estaba aguantando el dolor como todo un campeón.
- Entiendo, tal vez yo pueda… - iba a desabrochar el cinturón, cuando las manos de Sirius la sujetaron –. Sirius – protestó.
- ¿Ya te has olvidado de las reglas? – preguntó con una sonrisa, era claro que la estaba provocando.
Con un gruñido desesperado, Avril bajó hasta volver a juntar sus labios. Lo besó frustrada, porque ella también quería, por supuesto que quería, pero el maldito no la dejaba. Sintió a Sirius sonreír a través del beso y ella no pudo evitar imitarlo, porque debía reconocer que le estaba ganando la partida, otra vez. Él siempre ganaba.
Las manos de Avril seguían sobre su pecho, intentando bajar poco a poco para desabrochar de una vez por todas los pantalones. Entonces, sin previo aviso, un dedo se coló bajo la tela de la falda, esquivando su ropa interior y acariciando su centro húmedo.
Se vio obligada a cortar el beso y apoyar las manos en la cama para no perder el equilibrio. Sintió un cosquilleo allí abajo que la hizo temblar y de su boca escapó un sonoro gemido con el nombre del chico bajo ella. Miró a Sirius, todavía sonriendo orgulloso y pendiente de todas y cada una de sus expresiones.
Volvió a besarla, declarándose amo y señor de sus labios, mordiéndolos y exigiendo una respuesta. Avril gimió nuevamente, porque la combinación de sus labios y su mano haciendo de las suyas la estaban volviendo loca.
- A la mierda las reglas – le dice como respuesta a su última pregunta.
Entonces, como si esa fuera la respuesta que estaba esperando, Sirius dio la vuelta a todo, dejándola a ella de espaldas contra la cama y mientras la besaba comenzó a quitarle la camisa por la cabeza. Besó la blanquecina piel expuesta, bajando por el cuello, acariciando con sus labios la clavícula hasta llegar al borde del sujetador. Sonrió contra su piel al llegar ahí, porque era capaz de sentir la respiración acelerada de Avril, sus impacientes movimientos de cadera y no es que él no estuviera relamiéndose los labios como el perro salido que es, sino que quería llevarla a los límites más altos.
- Sirius – gimió bajo él.
Liberó los pechos de su prisión y sin esperar un segundo más se apoderó de uno de ellos con su boca. Dio un gran lametón al pezón que se volvió duro y luego lo cogió entre los labios. Avril volvió a gemir su nombre y él comenzó a dudar de su propia cordura o de aguantar con aquel juego un poco más.
Besó con destreza sus pechos y comenzó a bajar por el abdomen hasta alcanzar el límite de la falda, aunque para cuando se quiso dar cuenta, las pequeñas manos de Avril ya lo estaban despojando del pantalón, dejándolo en ropa interior.
Sin detenerse a pensarlo más, Avril liberó su erección y la tomó entre sus manos. Una energía lo recorrió de arriba abajo y por un momento Sirius perdió todo el control de lo que estaba haciendo.
Atacó nuevamente sus labios, con un empuje de emociones que los tenía a ambos en otro mundo. Las ansias que habían ardido lentamente de forma controlada en ellos se habían convertido en una llama apabullante que consumía los pensamientos dejando solo las fuertes sensaciones que se provocaban.
- Te amo, Sirius – gimió contra su boca.
La miró con los ojos grises oscurecidos y volvió a besarla con intensidad.
Ya no aguantaban más, Sirius los despojó de cualquier prenda que quedara en ellos y como un perro acechando a su presa se acomodó entre las piernas de Avril. Antes de que entrara en ella, tuvo las suficientes neuronas funcionando para recordarle a Sirius el hechizo anticonceptivo.
Después, con la varita habiendo volado por los aires, apoyó la cabeza del pene en su intimidad húmeda y palpitante, esperando por algo que la llenara. Avril lo nombró nuevamente y de un movimiento fluido entró en su interior, ambos sintiendo un placer incontenible.
- Sirius – gimió en su oído siendo respondida por un gruñido con su nombre escondido.
Volvió a sumergirse en ella una y otra vez y todo cobró sentido en ese mismo instante. No importaba lo que les deparara el futuro, ellos no iban a volver a separarse, no tendrían que temer el uno por el otro, porque siempre permanecerían juntos. Eran uno y no tenía sentido decir lo contrario.
- Te amo, Avril – dijo antes de dejar que ambos se liberaran en su placer.
Con las respiraciones agitadas, permanecieron un rato tumbados en la cama, mirando el dosel del techo. El brazo de Sirius era una almohada cómoda y a Avril le gustaba el cosquilleo que los dedos del chico le provocaban en el pelo.
- Es raro – soltó él de repente -, ¿recuerdas la historia del perro y el pájaro que te conté hace tiempo?
- Ajá – confirmó adormilada tratando de averiguar cuál habría sido el hilo de pensamientos seguidos para llegar a aquella conclusión.
- Tú y yo éramos ese perro y pájaro.
- No me digas – dijo sarcástica por la que se supone era una gran revelación.
- Y ahora acabamos de hacer...
Dejó que el silencio hablara por sí mismo, esperando la reacción de ella que tardó un poco en llegar. Avril se alzó sobre un codo para mirarlo, deshaciendo el abrazo en el que habían estado hasta hace nada.
- ¿Qué tipo de imagen mental estás tratando de crear Sirius? – luego suspiró negando con la cabeza -. Es tarde, creo que no podré olvidarlo en mucho tiempo.
Apartó el brazo de Sirius para hundir la cabeza en la almohada, tratando de aguantar sus propias ganas de reír cuando escuchó las carcajadas del otro a su lado.
...
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Bueno, bueno, bueno. Sé que he vuelto a tardar, pero al menos no ha sido tanto como la vez pasada. No os enfollisqueis, vale?
Sé que los capítulos están siendo un poco más cortos de lo común a lo que os tengo acostumbrados, pero así al menos soy capaz de subirlos antes. Es cuestión de prioridades y prefiero subir antes aunque el cap sea más corto que tardar más y hacerlo más largo.
Como siempre: gracias por leer, gracias por estar ahí y mil gracias por permanecer. Me encantan vuestros comentarios, los disfruto muchísimo.
No recuerdo si lo avisé en el cap anterior, pero seguiré subiendo capítulos poquito a poco o lo que se conoce como actualización lenta. Entre la inspiración y los estudios esto lo máximo que doy. Ahora que caigo, creo que para esta misma época (más o menos) tenía la primera parte terminada... Hay que ver cómo pasa el tiempo.
En fin, os quiero un montón
Un kiss
Debyom.
