Capitulo 13: Sacrificio

Los días pasaron con relativa tranquilidad. Las empresas de Ciel comenzaron a adquirir la reputación de antaño, continuaba pagando su deuda a Valerius Magnus. El horizonte parecía próspero y feliz. El conde se veía a diario con la chthonian y secretamente hacía planes para pedir su mano.

El reloj del vestíbulo dio las tres de la mañana. El momento en que empezaba la hora del diablo. El tiempo propicio para que comenzara lo que se avecinaba en la mansión Phantomhive.

Los sueños de Ciel estaban plagados de pesadillas, pero esta vez eran diferentes a las usuales. No se veía siendo atacado por la chthonian, ahora la veía muriendo en sus brazos de una manera horrible. Despertó empapado en sudor, tratando de convencerse a si mismo que solo había sido un sueño.

Cubría sus ojos con una mano, y respiraba con dificultad.

- ¿Se encuentra bien, joven amo?

Al mirar a su lado, vio a Sebastian junto a la cama.

- ¿Qué haces aquí? – preguntó el conde, algo alterado por la sorpresa de verlo allí y la pesadilla.

- Lo siento, joven amo, pero debe salir de la cama ahora.

Al notar que Sebastian estaba serio, sin hacer comentario mordaz alguno, Ciel dejó su molestia de lado.

- ¿Qué ocurre, Sebastian?

- Me temo que tenemos invitados indeseados en la mansión. – El mayordomo corrió las sabanas de la cama y le ofreció unas zapatillas de levantar a Ciel. Luego le dio una bata. – No creo que tengamos tiempo de que se vista mi señor.

Ciel salió de la cama, se puso las zapatillas y la bata rápidamente.

- ¿Los demás se están haciendo cargo de la defensa de la mansión? – preguntó el conde.

- Me temo que nuestros torpes sirvientes no son oponentes para los intrusos, joven amo.

- ¿A qué te refieres?

- Los intrusos son a prueba de balas y todo tipo de defensa mortal.

- ¿Daimons nuevamente? – Ciel ya se dirigía a la puerta de su habitación mientras hablaba.

- No esta vez, joven amo, demonios. Ellos lo buscan, debo sacarlo de aquí cuanto antes.

Ciel notó la tensión en la actitud de Sebastian.

- Llamaré a mi akra – dijo el mayordomo.

- ¡No! – lo detuvo Ciel. – No la llames, debemos poder salir de esto solos. No puedo estar dependiendo de ella todo el tiempo.

Sebastian no alcanzó a dar la mordaz respuesta que tenía preparada porque fueron rodeados por un grupo de demonios, cada uno de ellos tan o más fuertes que Sebastian.

XCXCX

Lilium despertó de golpe de un sueño que hacía mucho no tenía. Esa sensación en su estomago permanecía aun después de despertar.

- Oh, vamos Lilium, era solo un sueño. – Estaba tentada de ver a Ciel, pero en Inglaterra era de madrugada y probablemente el conde dormía a esa hora. – Estas siendo ridícula. – Se dijo a sí misma.

Se giró en la cama para volver a dormir, pero el desasosiego no se marchaba. Finalmente se levantó, algo arrepentida de desconectarse del mundo mortal por tantas horas. Se acercó al espejo que había en una de las paredes de su dormitorio y observó la habitación de Ciel. Nada había allí.

El conde no estaba en su cama, y en ningún otro lugar de la mansión, al igual que Sebastian. Por el vínculo que compartía con su demonio debería ser capaz de encontrarlo en cualquier sitio, pero estaba ciega para encontrarlo a él, o a Ciel.

Haciendo aparecer ropas sobre su cuerpo se trasladó a la mansión. Una vez en la habitación del conde consiguió ver lo ocurrido menos de una hora antes.

La lucha inútil del mayordomo para defender a su joven amo. La encerrona de un grupo de demonios del panteón hebreo. Y finalmente como esos demonios desaparecían con Ciel y Sebastian.

Ahora estaba todo muy claro. Ya entendía por qué no podía localizarlos. Su corazón comenzó a latir a una velocidad aun más rápida ahora. Tratando de dominar la angustia, debería seguir el único curso de acción disponible. Tendría que ir al inframundo para encontrarlos, estando segura de que el responsable de todo esta vez era Lucifer. Thorn jamás habría usado demonios para llevárselos, además ya no tenía ningún motivo para hacerlo. Sebastian tenía un contrato y Ciel ya no era un demonio.

Apenas lo pensó y ya estaba en el salón del trono de Thorn, quien la miró con una irritación que estaba lejos de sentir.

- No tengo tiempo para comentarios estúpidos – dijo ella, apenas Thorn abrió la boca para decir algo. – Necesito saber si tu padre trajo a Ciel y Sebastian a sus dominios.

El ceño fruncido de Thorn le dejó bastante claro a la chthonian que no tenía idea de que le hablaban.

- Podrías saludar primero – dijo él, finalmente. – Aunque siempre supe que los modales no eran lo tuyo.

- No juegues Thorn, quiero saber que está pasando.

- Dímelo tú, pareces estar más enterada que yo en estos momentos.

- Unos demonios secuestraron a mi demonio y a Ciel.

- ¿Y por qué harían eso?

- ¡Y yo que sé! – Pero en realidad ella lo sabía. Era alguna especie de venganza de Lucifer porque la culpaba de la deserción de su hijo. Siempre lo había hecho.

XCXCX

Milenios antes, cuando ella aun vivía su vida anterior, había conocido a Thorn, un demonio de mal carácter a quien le gustaba hacer sufrir a quien tuviera a su alrededor. Curiosamente siempre realizaba aquellos actos en lugares cercanos a Lilium, por lo que siempre terminaban enfrentados en pequeñas batallas, que a él lo dejaban bastante mal herido.

A pesar de lo desalmado que era, Lilium no lo asesinó, de alguna manera podía ver que muy en el fondo Thorn no era tan completamente perverso como quería aparentar. Por lo que decidió castigarlo de alguna forma. A la chthonian no se le ocurrió mejor manera que sellar los poderes del demonio, dejándolo tan indefenso como un humano, aunque no moriría por arma mortal alguna, o de hambre o sed.

- Solo hay dos formas de romper esta… ¿maldición? Que yo muera o que yo vea que hay algo de compasión en tu interior. – Esas habían sido las palabras de la chthonian.

Mientras él deambulaba por la tierra sin poder entrar al inframundo, sintiendo hambre, calor, frio y sed, ella lo observaba, esperando que la experiencia lo hiciera cambiar. De vez en cuando se le acercaba para hablar, faltando muy poco para que las cosas terminaran en golpes.

Finalmente Thorn terminó siendo ayudado por una pareja de ancianos que vivían a las afueras de una villa. Le dieron techo y comida a pesar de los malos modales del demonio. Tenían conversaciones que de alguna forma dejaban pensando a Thorn, le enseñaron acerca de la compasión y el respeto. Hasta que un día los poderes del demonio regresaron. A pesar de que estaba feliz de ser él nuevamente, sabía que no había hecho ningún acto compasivo que ameritara el levantamiento del castigo, lo cual significaba solo una cosa: la chthonian había muerto.

Sus sospechas habían sido confirmadas cuando su padre envió un heraldo anunciando la noticia de que el príncipe de las tinieblas había conseguido la muerte de la chthonian para liberarlo. Estas noticias solo enfurecieron a Thorn, diciéndole a su padre que no necesitaba la ayuda de nadie para salir de sus problemas y que él siempre había querido asesinarla. Pero debió confesarse a él mismo, finalmente, que la quería, la apreciaba de alguna manera, quizás hasta la amaba.

Thorn rechazó su derecho de nacimiento, renegó de su padre y se convirtió en el guardián del inframundo, manteniendo allí a todos los demonios que quisieran escapar al mundo humano.

Las acciones de su padre solo lo alejaron. Y Lucifer se maldijo a sí mismo por haber tomado la precipitada decisión de asesinar a la chthonian cuando en realidad debería haberla torturado hasta el fin de los tiempos.

Pero ahora obtendría venganza. Si no podía tener a su hijo de vuelta sin duda haría que Lilium pagara.

Lucifer contemplaba a sus presas, encerrados en una jaula en medio de su amplio salón. Mataría a Ciel de no ser que lo necesitaba con vida para conseguir que la chthonian se pusiera en sus manos. Matar al conde y dejarla con vida para que sintiera por la eternidad lo que era la pérdida de alguien era una buena idea, pero lamentablemente las habilidades de su amigo podían traer a Ciel de la muerte, nuevamente. Encerrar el alma del conde por la eternidad en su infierno personal y hacérselo saber a ella también era una opción tentadora, lamentablemente el alma del conde ya no estaba bajo su dominio, y sin duda la perdería si no hacía un trato.

Pero… si hacía las cosas bien, quizás conseguiría que Lilium hiciera lo que él quisiera, y además hacer que Ciel sacrificara su alma por la chthonian, y así quedarse con ella, haciéndole saber a Lilium que la torturaría por la eternidad. Ahora solo quedaba esperar a que ella apareciera. Porque estaba seguro de que lo haría.

XCXCX

Luego de dejar a Thorn, Lilium fue hasta Katoteros buscando a Acheron, por consejo y ayuda, sin embargo el atlante estaba en medio de un dilema con Artemisa, y ella lo tenía "atrapado".

- ¿Acheron? – lo llamó la chthonian, mentalmente. - ¿Puedes oírme?

- ¿Qué ocurre? – le preguntó él.

- ¿Crees que puedes escaparte un par de horas?

- Me temo que eso es algo complicado ¿por qué lo preguntas? – Él se había dado cuenta de la voz algo preocupada de su amiga, algo muy inusual.

- Porque necesito ayuda en un pequeño dilema – dijo ella, y luego apareció junto a el.

Acheron estaba en una habitación de mármol blanco, encadenado a una cama también blanca, desnudo, cubierto apenas con una sabana roja hasta la cintura. Avergonzado miró a otro lado. Sus grilletes de oro tintinearon un poco al moverse.

- Lilium no deberías estar aquí – dijo con un leve tono de molestia al ser encontrado de esa manera.

- Yo… lo siento… - ella lo miró algo compungida, lamentando por lo que su amigo debía pasar continuamente, - pero no hubiese venido si no fuera importante.

El tono de voz hizo que Acheron la mirara de nuevo. Ella no acostumbraba a hacer ese tipo de cosas, a pesar que muchas veces lo había amenazado con ello si no ponía un alto con la actitud de la diosa, por lo tanto el motivo debía ser de peso.

- Dime que ocurre.

- Necesito entrar al inframundo para sacar de allí a Ciel y Sebastian, se que tú no puedes entrar allí, pero solo quiero que uses tus poderes para bloquear la salida cuando los saque de allí.

- ¿Por qué están ellos en el inframundo? ¿Y por qué necesitarías eso de mí? – Acheron se escuchó preocupado. Algo como eso era fácil de hacer para Lilium. Aunque estaba confuso por el hecho de que el novio y el demonio de su amiga estuvieran en esa situación, le preocupaba que le pidiera algo que ella misma podía hacer.

- Solo cubro todos los frentes Acheron.

Su respuesta no lo convenció.

- ¡¿Qué haces tu aquí?!

Tras ellos la voz de Artemisa se esuchó casi como un chillido. La chthonian se dio la vuelta para enfrentar a la enfadada diosa, mirándola con su peor cara. Era por todos sabido en aquella habitación que ellas no se soportaban.

- No me molestes Artemisa, no estoy de humor – dijo la chthonian.

- ¿Te atreves a hablarme de esa manera en mi propio templo? – dijo la diosa. A pesar de que le temía estaba confiada de que Lilium no le haría nada por consideración a Acheron. – Mejor sal de aquí si no quieres que "tu hermano" lo pague.

- No me amenaces, y no lo amenaces a él, perra – el aire comenzó a crepitar alrededor de la chthonian, al expulsar algo de su poder, - mi paciencia hace mucho que paso el límite contigo.

La diosa retrocedió un paso, pero luego volvió a su lugar, no queriendo dejarse intimidar.

- Lilium, por favor… - dijo Acheron.

- Vete de aquí Chthonian – agregó Artemisa.

- Lo siento adelphos, solo mantente alerta – le dijo Lilium mentalmente a Acheron, luego en voz alta habló haciendo crepitar el aire a su alrededor de nuevo y mirando a la diosa. – No te atrevas a hacerle algo a Acheron porque yo estuve aquí, si lo haces lo sabré y te aseguro que desearas estar muerta.

- Lilium, espera… - comenzó a decir Ash, pero la chthonian ya había desaparecido.

XCXCX

De nuevo la chthonian estaba con Thorn, lamentablemente él no podía ayudarla demasiado, él tenía prohibida la entrada al reino de su padre y sería detectado al instante, lo cual no le ayudaría mucho a sus planes, pero él se había comprometido a acompañarla a la entrada del lugar.

Lilium no tenía ningún plan concreto, solo esperaba que sus habilidades fueran suficientes. Pretendía entrar, matar a quien se metiera en su camino y sacar de allí a Ciel y Sebastian. Si ella debía quedarse, lo haría. Sabía que Lucifer no tenía el poder para matarla, pero sus cautivos si podían morir a sus manos.

- Te estaré esperando – le dijo Thorn, mirándola preocupado.

- Oh, vamos, no pongas esa cara, voy a creer que de verdad me extrañarás si me pasa algo – Lilium sonrió, tratando de parecer confiada. – O peor, pensaré que me quieres.

- Sabes que te quiero.

El rostro de Lilium se tornó serio.

- Yo también, has llegado a convertirte en un buen amigo.

Thorn sonrió de medio lado.

- Si es así como lo quieres ver por mí está bien.

- Thorn…

- Esta bien Lilium, está muy bien – él se acercó y la besó en la sien derecha. – Solo cuídate y regresa con esos sujetos problemáticos.

Luego de asesinar a un demonio menor, Lilium consiguió entrar al hogar de Lucifer por donde le había indicado Thorn. Con cautela recorrió las mazmorras que servían de hogar para aquellos huéspedes especiales del infierno que esperaban el castigo eterno, pero Ciel y Sebastian no estaban allí.

Eso solo tenía una explicación, los cautivos estaban en el lugar de honor, y no sería sencillo sacarlos sin que lo notaran. Suspiró, en el fondo sabía que no sería fácil. Pero ir allí era la única opción que tenía.

Al entrar al salón principal del palacio del Príncipe de las Tinieblas: Lucifer, Lilium vio en un rincón una jaula que albergaba a los dos sujetos a los que iba a buscar. Estaban sentados en el suelo, algo cabizbajos, pero al verla llegar, de inmediato se pusieron de pie.

- ¡Akra! – dijo Sebastian, mientras Ciel solo la observaba esperanzado.

Desde su trono, Lucifer contemplaba la escena, complacido.

- Veo que has conseguido llegar hasta aquí. – Dijo Lucifer, y luego rió. – No esperaba que vinieras en realidad. Debo reconocer que siento curiosidad del por qué te interesa salvarlos, después de todo solo son un demonio y un humano, que ahora es inmortal, pero sigue siendo un humano para mí. – Como si él no supiera el verdadero motivo, pero quería oírlo de los propios labios de la chthonian.

- No he venido aquí para darte explicaciones de mis actos, sino para llevármelos. El demonio al que capturaste me pertenece, estamos vinculados. En cuanto al humano, me lo llevo porque "así" lo quiero. – dijo ella, haciendo énfasis en la palabra así.

Lucifer nuevamente rió y se acercó a Lilium. Tomó su rostro en sus manos, y acercó su cara.

- Tan arrogante como todos los chthonian, ustedes nunca aprenden ¿verdad? Dime ¿Qué podrías hacer en mi contra? ¿Matarme? ¿Podrías realmente? Soy necesario para mantener el equilibrio, y no hay absolutamente nadie que pueda reemplazarme.

- Quizás no pueda matarte, pero te haré sentir dolor, como no tienes idea.

- ¡Dolor! – exclamó el príncipe de las tinieblas, alejándose de ella. – Yo inventé esa palabra. Nadie puede hacer sentir dolor como yo, y lo sabes. Además el dolor es tan placentero a veces, especialmente cuando se lo infliges a otros.

- Si, si – dijo ella, despreocupada. – Vamos a lo importante ¿quieres? Me los llevo y tú te quedas aquí.

- Pero lo importante es que en realidad no quiero dártelos. ¿Notas lo que tienen en sus cuellos?

La chthonian miró a Ciel y Sebastian, notando que llevaban collares alrededor de sus cuellos, muy similares a los que usaban los demonios vinculados.

- No puedes vincularlos a ti, no a menos que ellos quieran.

- Mira más de cerca querida, no son collares de esclavos, son de enlace. El ahora llamado Sebastian es un demonio y como tal responderá ante mí mientras este en el inframundo, no importa lo vinculado que este contigo. Como está enlazado a Ciel, lamentablemente deberán estar juntos o morirán ¿ves que interesante?

Mientras Lucifer hablaba Lilium se acercaba a la gran jaula para ver más de cerca los collares, y constatar las palabras del Príncipe de las Tinieblas. Lo notó, el material de los collares y las palabras de un lenguaje antiguo, ya muerto, grabadas en ellos.

- Ahora, querida ¿en qué estábamos? Oh, sabes que solo quien ponga los collares puede quitarlos ¿verdad? – Lucifer rió de forma macabra, sabiendo que había ganado el juego.

Las miradas de Ciel y Lilium se cruzaron. La confianza en ella que reflejaban los ojos azules del conde la desarmaron. ¿Cómo podría fallarle? Solo había un poder que podría librarlos de los collares aparte de Lucifer, y ese poder la odiaba, además solo hacía tratos con demonios. Jaden no la ayudaría de nuevo.

Sebastian estaba serio, no compartía la misma confianza de Ciel.

Decidida, Lilium miró a Lucifer.

- Está bien, ¿qué quieres a cambio de quitarles esos collares? – preguntó la Chthonian.

- Fácil, tu vida.

- ¡No! – la voz de Ciel se elevó. - ¡No puedes hacer eso! ¡Debe haber otra manera!

- Lo siento, Ciel, pero no siempre tengo todas las respuestas. – Lilium le dio la espalda a Ciel y habló con Lucifer, con algo de ironía. – Sabes que no tienes el poder de matarme ¿verdad? No me puedes quitar la vida ¿quieres que lo haga yo por ti?

- Tranquila, no es necesario, solo necesito un par de cosas, como… - Lucifer hizo aparecer un collar y una daga en sus manos – un collar de contención y una daga forjada en la fuente, bañada en la sangre de War.

Lilium lo miró sorprendida, no se lo esperaba.

- War está en el inframundo de Hades convertido en piedra – dijo ella.

- ¿Quién es War? ¿Qué es un collar de contención? – preguntó Ciel a Sebastian. Pero el demonio estaba demasiado atento a lo que ocurría entre los dos poderosos seres para contestar preguntas.

- Sabía que algun día su sangre me sería de utilidad – Lucifer se acercó a la chthonian. – Asi que ahora se tan amable de ponerte esto, y yo les quitaré sus collares a ellos.

Lilium tomó el collar de contención que le alargaba Lucifer, y luego miró a Ciel y Sebastian. Sabía que con el collar puesto no tendría ningun poder para defenderlos a ellos, o sacarlos de allí.

- Primero libéralos del collar y abre la jaula, entonces me pondré esto – dijo ella, mirándo de nuevo a Lucifer.

- Querida ¿no confías en mí?

- En lo más mínimo.

Lucifer rió de nuevo. Sabía que la tenía en sus manos, no había nada que ella no hiciera por Ciel, y eso sería su perdición. Además sabía que ella era demasiado honesta para no cumplir sus promesas.

Los collares de enlace de Ciel y Sebastian cayeron al suelo. Luego la jaula se abrió. Al verlo Lilium acercó el collar de contención que tenía en sus manos a su cuello.

- ¡No Lilium, no puedes hacer esto! – Ciel aun no sabía lo que el collar podría hacerle, pero por la cara de satisfacción del Príncipe de las Tinieblas, no sería nada bueno. – Si es necesario daré mi al…

Lilium silenció a Ciel con sus poderes, sabiendo lo que él diría.

- No puedes Ciel, si lo haces jamás estaremos juntos – dijo ella, luego le habló a Sebastian mentalmente. – En cuanto salgan de aquí, llévatelo y cuídalo, no dejes que cometa alguna estupidez como entregar su alma a quien sea y por lo que sea, es una orden Sebastian. Cuídalo hasta el fin de sus días. Cundo sea el momento llévatelo sin mirar atrás, y sin perder tiempo.

- Yes, my lady – dijo Sebastian, en voz alta, haciendo una pequeña reverencia.

Ciel miró a Sebastian, sin entender. Lilium se puso el collar al cuello. Un collar que parecía ser de cuero, pero que era de un material mucho mas arcano y poderoso en muchos sentidos. Los símbolos grabados brillaron durante un segundo cuando el collar se cerró, entonces Ciel pudo hablar de nuevo.

- ¡Noooo! – gritó el conde.

- Todo estará bien – dijo Lilium sonriendo.

- Si, todo estará bien – Lucifer dio un paso hacia la chthonian y clavó en su pecho, justo en el corazón, la daga bañada en la sangre de War. Ella abrió mucho los ojos, por un dolor nuevo. El Príncipe de las Tinieblas se burló de ella. – Parece como un cuento de hadas, un estúpido cliché, pero tu punto débil no es otra más que el amor, ¿no es así?

- Llévatelo de aquí, Sebastian – dijo la chthonian aun de pie, entonces Lucifer empujó más la daga en su pecho y ella cayó de rodillas. Ciel quiso acercarse, pero Sebastian lo detuvo. – ¡Ahora! – insistió la chthonian, mientras caía al suelo, desangrándose.

El demonio no se hizo repetir la orden y tomando a Ciel en brazos, o más bien, arrastrándolo, lo sacó de allí para aparecer en el mundo humano.

- ¿¡Qué crees que estás haciendo, Sebastian!? – gritó indignado el conde.

- Sigo las órdenes de mi ama, joven amo – el demonio trataba de parecer tranquilo, pero interiormente estaba preocupado.

- ¡La abandonaste! – Ciel gritó de nuevo – Debemos hacer algo. ¿Quién es War? ¿Su sangre lastimaría a Lilium?

- Hace miles de años, los dioses de varios panteones se unieron para crear a War. Temerosos de los chthonian que podían asesinarlos, le otorgaron a War y sus hermanas todos los dones que les permitían matar a un chthonian. Él asesinó a muchos chthonian, pero luego se volvió en contra de los mismos dioses que lo habían creado. Al final dioses y chthonian se unieron para encarcelarlo, ni siquiera tenían el poder de matarlo, solo consiguieron convertirlo en piedra.

- Entonces… - Ciel estaba aterrado por las noticias. Solo se le ocurría una solución. - ¡Acheron! ¡Acheron!

Pero el atlante no respondía. Desde el templo de Artemisa en el Olimpo, él observaba a Ciel y Sebastian. Le preocupaba la desesperación de Ciel y que Lilium no apareciera por allí aun. Esperaba el momento oportuno para bloquear la presencia de ambos a quien fuera, pero quería primero que la chthonian apareciera, si él los bloqueaba ahora ella no podría encontrarlos.

De la nada algo cayó delante del demonio y el conde. Asustados y luego horrorizados vieron el cuerpo de la chthonian casi a sus pies. Apresurados se acercaron a Lilium, solo para comprobar que ya no respiraba. Con los ojos abiertos miraba hacia arriba, mientras que de la profunda herida en su pecho apenas si salía sangre ya, pero sus ropas estaban empapadas de ella, como si se hubiese desangrado en otro sitio.

- ¡Lilium! – gritó Ciel. – No estés muerta, por favor, eres inmortal, no puedes estar muerta. – Miró al demonio, desesperado. – Sebastian dime que no está muerta.

Sebastian estaba impactado por lo que estaba viendo, era evidente que era un cuerpo sin vida el que tenía en frente, aún así no podía creer que la chthonian cayera tan fácil en las manipulaciones de Lucifer.

XCXCX

Apenas el cuerpo tocó el suelo, Acheron bloqueó la presencia de Ciel y Sebastian, como había prometido. Desde el Olimpo podía observar lo que ocurría y no daba crédito a lo que veía. Rápidamente trato de ponerse de pie, pero las cadenas aun lo tenían contra la cama. Con sus poderes era fácil deshacerse de ellas, pero había prometido no hacerlo, como había prometido permanecer allí aun una semana más.

- ¡Artemisa! – gritó el atlante.

Casi de inmediato la diosa apareció junto a él.

- ¡Que ocurre, por que gritas de esa manera! – dijo la diosa, molesta. - ¿Acaso quieres que todos en el Olimpo sepan que estas aquí?

- Como si no lo supieran ya. Permíteme salir de aquí por media hora y regresaré para quedarme por dos semanas contigo.

La diosa lo miró con un brillo especial en los ojos.

- Si me estas ofreciendo quedarte una semana más debe ser por algo importante. Dime Acheron ¿qué ocurre?

- Por favor, solo déjame ir.

- Si me dices por qué quieres irte tal vez lo considere.

- ¡Maldita sea Artemisa, no juegues a esto!

- Bien, si así te diriges a mí… - la diosa comenzó a desvanecerse.

- ¡Espera! Te lo diré.

Artemisa se materializó frente a Acheron de nuevo.

- Escucho.

- Lilium necesita mi ayuda, debo ir con ella.

- ¿Por qué una chthonian necesitaría la ayuda de un dios?

- ¡Sólo déjame ir Artemisa!

- No quiero…

- ¡Si no voy a su lado ahora no podré traerla de vuelta!

- ¿Traerla de donde? – La diosa dio un paso hacia la cama, interesada, y pensando de que manera podría beneficiarse con la situación.

- ¡Libérame ya Artemisa! – En esos momentos Acheron odiaba el estar obligado a cumplir cualquier promesa que hiciera, de lo contrario ya no estaría allí. Como dios atlante moriría si faltaba a su palabra.

- Primero dime de donde debes traerla de vuelta y luego que te quedarás aquí por un mes.

Acheron la fulminó con la mirada, en ese momento quería matar a la diosa y al diablo las consecuencias, pero al final del día él sabía que nunca sería capaz de matarla, realmente.

- Ella parece estar muerta, no estoy seguro, solo quiero ir y comprobar, sanarla si puedo, traerla a la vida si es necesario, no sé.

Un brillo de alegría cruzó la mirada de Artemisa. Al fin la chthonian que tanto odiaba y en secreto temía, tenía lo que se merecía. Siempre había temido que Lilium consiguiera la libertad de Acheron alguna vez. Odiaba que la quisiera, en lugar de amarla solo a ella como en su limitada mente debía ser.

- Tú no tienes el poder de traer a un chthonian de la muerte, asi que sería una perdida de tiempo – la diosa trató de que no se le notara la alegría en el tono de voz.

- Al menos lo intentaré, o algo… no se, déjame ir y dentro de media hora regresaré para pasar un mes contigo, aquí.

- Mmmm… creo que no – una leve sonrisa apareció en los labios de la diosa. – Ella tiene otros amigos que me imagino podrán hacer mas que tu ¿no es cierto?

- ¡Artemisa!

- Ahora debo volver al banquete de mi padre, nos vemos más tarde, Acheron. – Ella se desvaneció.

- ¡Artemisa, regresa aquí! ¡Maldita zorra, regresa!

Acheron movió los brazos encadenados, provocando solo el tintineo de las cadenas y grilletes. Quería estrangular a la egoista diosa en ese momento, matarla de mil formas dolorosas. El salir de ahí e incumplir su promesa no ayudaría a la chthonian en nada. Solo haría que él cayera fulminado al suelo y que el fin del mundo se desatara.

- Simi, forma humana – él llamó a su demonio, quien de inmediato se materializó a su lado.

- Dime Akri – dijo Simi con una gran sonrisa, que de inmediato desapareció al notar donde estaban y en la forma en la que él se encontraba. – Puaj, que es esto akri ¿quieres que la Simi te libere? O mejor aún, ¿quieres que la Simi se coma a la vaca pelirroja?

- Esta vez no Simi, necesito que busques a Lilium y la traigas aquí. ¡Ahora!

- De inmediato akri. – La demonio no hizo preguntas ni nada, notando que Acheron estaba demasiado ansioso.

Simi desapareció del Olimpo para aparecer en el lugar que Acheron le había indicado. Al ver a Ciel abrazando el cuerpo de la chthonian y derramando silenciosas lagrimas, lanzó un pequeño gritito de pánico y cayó de rodillas junto a ellos.

- ¡Qué le hiciste a akra Lilium! – dijo Simi, arrancándole el cuerpo de manos de Ciel.

- No fuimos nosotros – intervino Sebastian.

- ¿Dónde está Acheron? – preguntó Ciel, quitándose las lágrimas.

- Debo llevarla con akri – dijo la demonio levantándose con el cuerpo en sus brazos.

Apenas había dicho esas palabras cuando el cuerpo de la chthonian comenzó a transformarse en algo parecido a la piedra y luego se disolvió como si fueran cenizas que comenzó a llevarse el viento.

Simi, al principio desesperada, trató de reunir las cenizas, pero le fue imposible, luego cayó de rodillas, llorando como una niña pequeña.

Ciel se quedó observando el lugar donde había estado la mujer con quien, él pensaba, pasaría el resto de su vida inmortal.

Sebastian puso una mano en el hombro de su joven amo, recordando la ultima orden que le había dado Lilium, cuidarlo hasta el final de sus días. Al parecer nada había cambiado, él seguía atado a la servidumbre, por la eternidad.

- ¡TU! ¡Le hiciste esto a mi akra! – lloriqueó Simi, entre acongojada y furiosa, mirando a Ciel.

- No les hagas daño Simi, ellos no lastimaron a Lilium – le dijo Acheron mentalmente, quien desde el Olimpo seguía observando todo. – Regresa Simi.

La demonio desapareció, dejando a amo y sirviente solos en medio de la nada.

Dos semanas más tarde.

Sebastian y Ciel, acompañados de Acheron, ultimaban detalles para dejar la mansión Phantomhive, nuevamente. Esta vez había sido más cuidadoso al dejar el lugar en herencia a los sirvientes.

La primera semana después de la muerte de Lilium, Ciel y Sebastian habían estado en Bascania. Una vez Acheron pudo salir del Olimpo, prometiéndole a Artemisa que un día recibiría lo que se merecía, se reunió con ellos en Bascania.

Simi estaba desconsolada, y no había suficiente comida en el mundo, ni brillitos, que la sacaran de su estado melancólico. Alexion deambulaba por Katoteros en un estado casi tan melancólico como el de Simi.

Savitar parecía que estaba de peor humor que antes, prometiendo matar a todo el que le hablara. Recluido en su isla no tenía intenciones de salir de allí en mucho tiempo.

Thorn odiaba a su padre más que nunca y se sentía culpable por no acompañarla, por dejar que Lucifer siguiera volcando su rencor en Lilium, cuando había sido él quien le había fallado.

Sebastian parecía resignado a su labor. Hacía lo que Ciel le ordenaba, cuando el conde salía de su mutismo habitual. Y por supuesto le hacía ver todos los fallos de sus planes para traer a la chthonian de vuelta, los cuales generalmente lo tenían a él ofreciendo su alma.

Ahora que Ciel se había despojado de toda atadura con su pasado mortal, viviría en Bascania. Acheron le había asegurado que Lilium lo habría querido así. Y aunque el lugar estaba lleno de recuerdos de ella, era el mejor lugar en el que estar a salvo. El atlante se aseguraría de eso.

Ciel decía a todo que si, tramando en su mente alguna venganza hacia Lucifer. ¿Pero como vengarte de una de las criaturas más malvadas y poderosas del Universo? Eso no importaba, él ahora era inmortal y tenía todo el tiempo del mundo para encontrar la forma de hacerlo pagar.

N. A.: Siento la tardanza en actualizar, en terminar esto mas bien. Este es el ultimo capitulo, solo queda el epilogo y se acaba.

Quizas, solo quizas escriba una segunda parte de esta historia, si los animos y la inspiración siguen ahí.