NdA: ¡Muchas gracias por vuestros comentarios! ^^
Capítulo 13
Draco miró a Hermione con sorpresa.
-¿Cómo?
-Harry me habló del estilo de hechizo localizador que la Agencia te había puesto. He conseguido encontrar un ritual en la biblioteca de Hogwarts que nos permitirá localizar al agente a través de ese hechizo y saber dónde está.
-Si lo capturamos, podemos interrogarlo –añadió Harry.
-La parte mala es que sólo funciona en luna llena, y la parte buena es que eso es dentro de dos noches. Pero funcionará, seguro, y como dice Harry, podremos interrogarlo y, con un poco de suerte, usar su testimonio como prueba contra Madison ante el Wizengamot. Al menos nos lo quitaremos de encima: ya me han contado lo que ha pasado esta tarde.
-Es genial –dijo Draco. Poner a los aurores tras los agentes no le había hecho demasiada gracia, pero el tipo que les estaba atacando era otra cosa muy distinta. La carta explosiva podría haberlos matado a todos, su madre incluida. Aunque ese agente sólo estuviera siguiendo órdenes, Draco tenía claras sus propias prioridades.
-Tenemos que aguantar hasta entonces –dijo el señor Weasley, que también había llegado ya. Draco sabía que ese día ya no había ido a trabajar, ni él ni nadie de su familia-. He hablado con Kingsley y me ha dicho que los aurores norteamericanos están avanzando bastante. Creen que esa mujer que parecía dirigir el proyecto es una política muggle, han hecho un par de detenciones y ya han identificado a un par de personas más. Ahora están intentando localizar el sitio de los entrenamientos. En cuanto tengan algo sobre Madison que pueda servirnos nos lo enviarán.
Draco no pudo evitar la pregunta.
-¿Han averiguado algo sobre Lucas?
-No, todavía no, aunque dicen estar bastante seguros de que ni se llama así ni vive en el mundo mágico.
Harry asintió.
-Bien, de momento seguiremos mandando los patronus y cuando haya luna llena iremos a por el agente.
-Deberías mandarle alguno a algún locutor de radio cuando esté en el aire –sugirió Draco, intentando olvidarse de Lucas-. Con suerte la audiencia podrá escuchar parte del mensaje.
-Sí, buena idea –dijo Granger-. ¿No hacen esta noche la tertulia deportiva? Ese sería un buen momento.
-Sin problema –contestó Harry.
Desde la cocina, la señora Weasley les ordenó que alargaran la mesa, y Draco recordó entonces que iban a celebrar el cumpleaños de Granger.
-Felicidades –le dijo, intentando no sonar torpe, mientras Harry y George cumplían con la orden.
Ella sonrió un poco.
-Gracias.
-Siento no tener ningún regalo de parte de mi madre y mío; hasta hace un rato ni siquiera sabía que era tu cumpleaños.
No es que sintiera un deseo especial de regalarle algo a Hermione Granger, pero cuando uno iba a una fiesta de cumpleaños debía llevar un regalo, y lo contrario era de tan mala educación que Draco se sentía un poco incómodo sólo de pensarlo.
-Oh, por favor, no te preocupes por eso –dijo ella, sorprendida-. No tienes por qué regalarme nada, y menos en estas circunstancias. No es como si pudiéramos ir de tiendas tranquilamente, ¿no?
No, desde luego, todos tenían ahora bastante limitados sus movimientos. Eso, sin embargo, no fue obstáculo para que la gente empezara a animarse de cara a la fiesta. Tras cubrir la mesa con un mantel de hilo blanco y añadir dos bonitos candelabros que Draco no había visto por la casa, empezaron a sacar platos, vasos y cubiertos para todos. Alguien puso un disco de las Weird Sisters en el gramófono y Draco se encontró de pronto con una jarra de cerveza de mantequilla en la mano.
Entre los que ya había en la casa y los que iban llegando, como Dean Thomas y Tony Goldstein, Draco calculaba que serían casi veinte personas en la fiesta. Molly estaba en la cocina; Kreacher le echaba una mano y Draco vio también cómo Harry se acercaba a ver si había algo que pudiera hacer. Granger se ofreció también, pero la señora Weasley rehusó su ofrecimiento diciendo que era su cumpleaños.
Cuando la cena estuvo lista, todos se sentaron a la mesa, excepto Rolf y Luna, que estaban en su habitación. Después de haber sufrido un envenenamiento por cianuro, Rolf debía guardar cama y Luna le estaba haciendo compañía. La señora Weasley mandó arriba una bandeja llena de comida para los dos.
Su madre también bajó a cenar, vestida con una túnica rosa y granate que suavizaba los ángulos de su rostro. Aun así, era un color tan inusual en ella que Draco tuvo la sensación de que iba disfrazada de otra persona. Tenía que conseguirle la clase de túnicas que estaba acostumbrada a llevar.
Sentado junto a ella, Draco tuvo que admirar su compostura. Él se sentía un poco incómodo celebrando la fiesta de cumpleaños de Granger. Una cosa era convivir con ellos, ya se había acostumbrado, pero participar en sus celebraciones le resultaba todavía surrealista. Y estaba convencido de que muchos de ellos se sentían también incómodos teniéndolos a ellos dos allí. Sin embargo, su madre actuaba como si aquello fuera lo más normal del mundo y se pasaran la vida dando fiestas todos juntos.
Después de tres copas de vino de elfos, Draco empezó a sentirse más a gusto entre ellos y se enzarzó en una animada conversación sobre pociones con Tony Goldstein, que estaba preparándose la maestría. La comida también ayudaba; como siempre, a la señora Weasley le había salido todo de maravilla. El pastel de chocolate que sirvieron de postre casi le reconcilió con el mundo. Uno podía querer casarse con ese pastel de chocolate. Hasta a su madre se le escapó un pequeño murmullo de placer cuando lo probó.
Cuando terminaron, recogieron la mesa y la redujeron de tamaño para tener más espacio en la salita. El señor Weasley transformó las sillas extra en butacas y sofás y Draco se sentó en una de ellas junto a su madre, tan lleno que habría sido capaz de desabrocharse el botón de los pantalones.
Tras brindar con un champán pasable, Draco decidió que ya había bebido bastante y cuando le ofrecieron otra copa, optó por un refresco muggle. Los demás tampoco parecían estar buscando una borrachera; los pocos que se habían servido whisky de fuego lo estaban haciendo durar. Bill Weasley cambió de disco en el gramófono y empezó a sonar una balada de Celestina Warbeck; después se acercó a la señora Weasley y con una florida reverencia, la invitó a bailar. Ron invitó a Granger a continuación y Longbottom y Abbott se les unieron. Draco se dio cuenta de que su madre les estaba observando con una expresión casi encandilada.
-¿Qué? –le preguntó, en voz baja.
-Música, gente bailando… Lo había echado de menos. Es bonito ver personas felices y un ambiente agradable, y no sólo miseria y suciedad.
Draco odiaba pensar en cómo había sido la vida de su madre en los últimos siete años y quiso hacer algo para ayudarla a olvidar todo aquello. En la siguiente canción, viendo que la gente seguía bailando, Draco se levantó y extendió la mano hacia ella.
-¿Me permite este baile?
-Draco, no he bailado desde hace una década –protestó ella, riendo.
-Por eso mismo, es hora de romper la racha. –Su madre le dio la mano y se levantó-. Además, seguro que no se te ha olvidado.
Sus primeros pasos fueron rígidos, torpes, pero en cuestión de segundos su cuerpo empezó a relajarse y a dejarse llevar por su instinto y su sentido del ritmo. Sus padres habían sido buenos bailarines los dos y él había aprendido con ellos; bailar con su madre le traía ahora recuerdos de su infancia. Ella sonreía, feliz, y Draco la besó una vez más en la mejilla, regodeándose en el hecho de que estaban los dos juntos.
Una sensación en la nuca le hizo saber que estaba siendo observando y descubrió que se trataba de Harry, que estaba sentado en uno de los sillones con una jarra de cerveza de mantequilla en la mano y una sonrisa en el rostro que contenía quizás un atisbo de tristeza. Draco comprendió que se alegraba de verlos reunidos, pero que la escena también le hacía pensar en la madre que no había llegado a conocer, y no pudo evitar un momento de compasión por él. En cuanto Harry se dio cuenta de que Draco le estaba mirando, su sonrisa cambió y perdió su matiz triste. Draco se la devolvió, apreciando que Harry parecía especialmente atractivo esa noche. Quizás se debía a que estaba más relajado de lo normal. O quizás al alcohol que él mismo había ingerido.
Su madre no dejaba de estar convaleciendo de una grave enfermedad, así que cuando acabó la canción regresaron al sofá.
-Deberías bailar con la señorita Granger –murmuró ella-. Al fin y al cabo es su cumpleaños.
Draco la miró con incredulidad.
-Eso sería bastante raro, mamá. Y probablemente su Weasley intentaría maldecirme.
-Yo creo que es lo adecuado.
-Quizás más adelante.
No le importaba quedarse allí, observando a los demás y haciéndole compañía a su madre. Tampoco eran los únicos que no bailaban; Harry y Percy Weasley todavía no habían levantado el culo del asiento. Al cabo de unas cuantas canciones, sin embargo, Hermione fue a buscarlo para bailar y Harry aceptó con una cómica mueca de protesta. Draco rió entre dientes cuando lo vio moverse; era como un pato fuera del agua. Pero el cariño que esos dos se tenían era evidente, así que a pesar de todo, la escena era agradable de contemplar. Su mirada se deslizó por el cuerpo de Harry y se detuvo en su culo. Sí, definitivamente agradable. Pero Harry ya había rechazado sus avances dos veces, recordó al momento. Entonces se dio cuenta, un poco sorprendido, de que le fastidiaba más de lo que solían fastidiarle esas cosas. Y no era por que fuera Harry Potter, no como había dolido en su orgullo aquella mano rechazada en el tren, hacía ya tantos años. Era un pesar basado en el presente: Harry era atractivo ahora, él estaba caliente ahora. Probablemente era un amante apasionado y considerado, como a él le gustaban.
Pero estaba claro que el sentimiento no era recíproco. Es decir, no era recíproco en parte. Draco sabía perfectamente que Harry también lo encontraba atractivo, pero estaba claro que, pese a ello, no estaba interesado en acostarse con él. Y resultaba desalentador lo fácil que era hacer una lista de posibles motivos.
-Deberías invitarlo a bailar –dijo su madre de pronto.
-¿A Harry?
-El culo que estás mirando es suyo, ¿no?
-¡Mamá! –exclamó, horrorizado.
Ella rió suavemente.
-Vamos, ¿cuál es el problema? A él también le gustan los chicos.
-¿Sabes eso?
-Claro. –Le dirigió a Harry una de esas nuevas miradas de cariño-. Creo que al final sentía que podía hablar conmigo de cualquier cosa. Yo no se lo iba a contar a nadie, eso seguro.
Draco se planteó si preguntarle qué clase de cosas le había contado Harry, pero algo le dijo que no iba a recibir respuesta.
-Puede que le gusten los chicos, pero no le gusto yo. Y no lo digo por decir; ya lo he intentado.
Su madre pareció sorprenderse.
-Qué rápido eres, hijo.
Draco se encogió de hombros.
-Un hombre tiene sus necesidades.
-Aw, eso es muy romántico, Draco, no sé cómo Harry pudo resistirse.
El sarcasmo era evidente a pesar de la dulzura de su tono y Draco puso mentalmente los ojos en blanco.
-Harry es un chico, mamá, no necesita flores ni poesía. Y si me dijo que no, no es porque yo fuera poco romántico, es porque… bueno, porque soy yo, con todas las cosas que he hecho. –Chasqueó la lengua y meneó la cabeza-. Mira, déjalo, estamos en una fiesta.
Su madre frunció ligeramente las cejas y se quedó pensativa unos segundos. Después le dio la mano y se la apretó con cariño.
-Harry no te mira como si le… molestara tu oscuridad. Mira, no te he pedido que le propongas matrimonio; sólo quiero verte bailar y divertirte antes de irme a dormir y con él tienes más confianza que con los demás. Hazlo por mí.
Oh, las madres… Draco no sabía cuándo y cómo conseguían esa maestría en manipulación. ¿Nacía de manera natural con la concepción o el parto? ¿Habría cursillos secretos a los que asistían todas las embarazadas? Fuera lo que fuera, resultaba una habilidad imbatible. Y más en esas circunstancias, cuando él se sentía tan contento de haberla recuperado que habría hecho cualquier cosa por ella.
Así que asintió, resignado, y cuando la canción que estaban bailando Harry y Granger llegó a su fin, se acercó a él intentando reunir el aplomo que solía exhibir cuando estaba en un bar gay muggle.
-¿Me concedes el siguiente baile? –preguntó, sonriente.
Harry se puso un poco rojo y un poco nervioso, y Granger los miró a ambos con cierta suspicacia y Draco estaba plenamente convencido de que en ese momento toda la gente de la fiesta tenía puestos los ojos en ellos. Hasta las conversaciones se habían interrumpido durante una fracción de segundo, por Merlín. Pero por suerte Harry asintió y se dispuso a bailar con él. Hubo un momento de confusión, porque no sabían quién iba a llevar a quién, y al final Draco se dejó sujetar como una chica, pensando que Harry ya tenía bastantes problemas para bailar sin sacarlo de terreno familiar. Además, podía llevarlo igual de un modo que de otro.
En los bares muggles que frecuentaba raras veces ponían música lenta y hacía mucho tiempo que Draco no bailaba con alguien tan torpe, pero tampoco era como si se las estuvieran viendo con una danza de los altos elfos, que se tardaba años en dominar. Era aún más sencillo que un vals y cuando, tras un poco de tira y afloja, consiguió que Harry se dejara llevar, los dos empezaron a moverse con más fluidez.
-Eres aún más mandón que Hermione –protestó Harry.
-Sí.
Harry dejó escapar una pequeña risa, divertido por su pronta admisión, y Draco le sonrió, contento de ver que, al menos, Harry no se sentía especialmente incómodo por estar bailando con él. Aunque era una pena que no pudieran ir más allá. En distancias cortas, Harry era absolutamente irresistible. Era entonces cuando uno podía admirar lo verdes que eran sus ojos, o lo bien que olía. Draco notaba un hormigueo en la cintura, donde reposaba la mano de Harry, y le acarició ligeramente el hombro, dejando que sus dedos rozaran su cuello. La respiración de Harry tembló un poco, pero se esforzó en disimularlo. Draco se preguntó qué pasaría si en lugar de estar apartados por unos decentes quince centímetros se pegara a él y se restregara un poco. ¿Notaría algo interesante? No pudo decidirse a intentarlo, no delante de toda esa gente.
Una mirada a su madre le indicó que ella les estaba observando con una ligera sonrisa en los labios. Los demás parecían haber superado el primer shock y se ocupaban de sus asuntos, aunque de vez en cuando lanzaban miradas fugaces en su dirección. Había que admitir que sus amigos de Slytherin también se habrían quedado de piedra al verlos bailar.
-Si hubiéramos hecho esto en Hogwarts, creo que el castillo se habría venido abajo.
Harry se rió entre dientes.
-Es lo más probable. Pero me alegro de estar bailando ahora contigo sin que nadie se tire de los pelos.
Pese a seguir creyendo que Harry no querría nada con él, Draco fue incapaz de dejar pasar esa oportunidad, así que hizo un pequeño puchero que le había valido muchos besos.
-Yo creía que no querías acercarte mucho a mí.
Harry se lamió los labios, un poco nervioso, pero por suerte no se alejó de él.
-No seas idiota, sabes que eso no es verdad.
A Draco le sorprendió bastante que Harry admitiera con tanta facilidad que también se sentía atraído físicamente por él. Había esperado que lo negara.
-Entonces, ¿cuál es el problema? –Quería ver si también admitía que se sentía incómodo relacionándose con un asesino-. ¿Lo que he hecho con la Agencia?
Harry lo miró con ultraje.
-No, claro que no. ¿Crees eso? –Draco se encogió de hombros-. Ya te lo he dicho, no creo que seas responsable de esas muertes. No tenías elección.
-¿Entonces qué es? –No habría insistido en otras circunstancias, tenía su orgullo, pero Harry estaba acariciándole ahora la cintura, dibujando círculos en su piel con su pulgar. Y si le deseaba y no lo consideraba un monstruo asesino y hasta se preocupaba por él, no entendía por qué narices no podían irse a la cama.
Harry pareció a punto de contestarle –y hubo algo en su expresión que hizo que Draco creyera que la respuesta no iba a disgustarle del todo-, pero en ese momento la música terminó y Granger, a propósito o no, les interrumpió.
-Harry, ya está a punto de empezar el programa de radio.
-Ah, sí… -Le apretó el brazo a Draco-. Luego hablamos.
Y se fue a preparar su patronus con el mensaje. Draco regresó al sofá junto a su madre.
-Sí, es evidente que no le atraes en absoluto –dijo ella, a modo de recibimiento.
-Cállate –gruñó.
Pero cuando ella se echó a reír, él sonrió también.
Por desgracia, no retomaron la conversación. Primero hubo algo de discusión porque Bill preguntó si no sería buena idea que también Ron y Hermione enviaran sus patronus y luego, cuando el ciervo, la nutria y el terrier del Trío ya estaba en camino, la gente estaba más preocupada por ver si la emisora dejaba que se escucharan los mensajes, reconocían la llegada de los patronus o simplemente cortaban la emisión para que la audiencia no se enterara de nada. La fiesta se había terminado.
Draco se había quedado pensativo al ver los patronus. A él nunca le habían enseñado ese conjuro y no creía que fuera sólo porque en todo el continente americano se producían como mucho dos o tres avistamientos de dementores por siglo; todo el mundo sabía lo que se decía de los patronus y los magos que usaban magia tenebrosa.
-¿Tú puedes lanzar un patronus? –le preguntó a su madre, que quería quedarse levantada hasta saber qué pasaba con el programa de radio.
-Claro.
-Nunca te he visto hacerlo.
-Nunca me has visto atacada por dementores.
-¿Cuál es tu patronus?
-Un cisne.
Eran hermosos, altaneros y se emparejaban de por vida. Sí, le pegaba.
-Yo no sé hacerlo.
-Es un conjuro complicado. No te sale sólo con intentarlo un par de veces cuando te acuerdas de que existe.
Draco se mordió los labios un momento.
-¿Crees que me saldría, si lo intentara en serio?
-No veo por qué no. Todos tenemos algo de oscuridad dentro de nosotros, pero eso no quiere decir que no tengamos luz, y esa es la luz de la que están hechos los patronus.
-Ya sabes lo que dicen de la magia negra.
Ella meneó ligeramente la cabeza.
-Para ser incapaz de invocar un patronus hay que llegar a unos extremos a los que no creo que tú hayas llegado. Hay que someterse a la magia negra. Voldemort, Bellatrix o los Carrow no habrían sido capaces de hacerlo, pero había mortífagos como tu padre, que sí podían.
Los dos siguieron hablando hasta que los demás, más cerca de la radio, se alborotaron un segundo antes de quedar en completo silencio. Draco escuchó entonces claramente la voz del locutor por encima del mensaje de Harry.
-Acaban de llegar a nuestra emisora los patronus de Harry Potter, Ron Weasley y Hermione Granger. Traen un mensaje, oigamos qué tienen que decir.
-…está mintiendo. No estamos practicando artes oscuras. Yo no me he vuelto loco. Pero…
La emisión se terminó bruscamente con un chasquido de estática.
-Han cortado la emisión –dijo George Weasley, señalando lo obvio.
Al momento empezó a sonar música, una canción bastante popular que en ese momento tenía el matiz siniestro de la censura. Todos se quedaron callados, esperando a ver qué pasaba.
-No le pasará nada al locutor, ¿verdad? –preguntó Granger.
-Esperemos que no –dijo Luna, que había bajado a ver lo que pasaba con el mensaje.
Pero no parecía que fueran a saberlo esa noche, porque a esa canción le siguió otra. Daba la sensación de que iban a estar poniendo música hasta que llegaran al final del programa.
-Escuchad –dijo Dean Thomas, intercambiando una mirada con George-. ¿Por qué no intentamos piratear su señal con una emisión del Potterwatch? En la guerra nos ayudó y ahora podría volver a sernos de ayuda.
A Draco no le pareció mala idea, siempre y cuando tuvieran algo sustancioso que decir. La discusión se prolongó hasta pasada la medianoche; habían decidido seguir adelante con lo de la emisora pirata de radio, aunque aún tardarían un par de días en ponerla de nuevo en marcha. Cuando la gente empezó a marcharse a su casa o a sus escondites, a Draco, que había dormido fatal esa noche, ya se le cerraban los ojos y hacía mucho tiempo que su madre se había ido a dormir, pues no estaba restablecida del todo. Intercambió una mirada con Harry; tenían una conversación pendiente, pero los dos parecían de acuerdo en mantenerla en otra ocasión. Nada más tumbarse en el sofá, Draco se quedó dormido.
A la mañana siguiente, se despertó de bastante mejor humor de lo que era habitual en él. Sabía que había tenido pesadillas, pero apenas recordaba la sensación de miedo y no había llegado a arañarse la cara. Era un privilegio que disfrutaba pocas mañanas.
Era tarde, casi las ocho, pero tenía la impresión de que, exceptuando a Kreacher, él era el único que se había despertado. Una visita rápida y silenciosa a la habitación de su madre le indicó que ésta seguía durmiendo. Draco bajó a la cocina, preparó una tetera y con una taza recién hecha salió a la terraza, que al parecer se estaba convirtiendo en su sitio favorito de la casa.
El cielo estaba algo nublado y olía como si hubiera llovido por la noche, pero el sol parecía ir a ganar la batalla aquel día. Draco se tomó media taza de té disfrutando del paisaje y de la soledad –estaba acostumbrado a vivir solo- y después sacó su varita y la rodó pensativamente entre sus dedos. Tras un par de minutos, se decidió y se puso en pie, con la varita preparada y su mente puesta en el reencuentro con su madre.
-¡Expecto patronus!
Su varita expulsó un débil chorro de luz planteada, el resultado habitual. Draco le dirigió una mirada decepcionada a su varita y volvió a intentarlo otra vez y luego otra y otra, y siempre obtuvo la misma floja respuesta. La frustración empezó a apoderarse de él. Si el reencuentro con su madre no servía como recuerdo, nada serviría. Nunca experimentaría un momento más feliz que ese; quizás tendría otros que lo igualarían, pero habría sido imposible superarlo.
-¿Estás lanzando patronus?
La voz de Harry le sobresaltó, pero procuró rehacerse enseguida.
-Si seguimos encontrándonos así la gente va a sospechar.
Harry le sonrió. También llevaba una taza de té en la mano, aunque él sujetaba una rebanada del pastel de cumpleaños en la otra.
-Que sospechen. ¿Por qué lanzabas patronus?
Draco suspiró.
-No estaba lanzando patronus.
-Te he oído. –Su sonrisa desapareció-. No estarías mandándole un mensaje a Lucas, ¿verdad? Sabes que no podemos…
-Relájate, Potter –dijo, poniendo los ojos en blanco. Le iba a tocar confesar, y no es que le hiciera mucha gracia-. No podría mandarle un patronus a Lucas aunque quisiera, ¿de acuerdo? No sé hacerlos. Estaba intentando practicar.
Harry lo miró con súbita curiosidad.
-¿No sabes? ¿Me dejas ver cómo lo haces?
Sintiéndose un poco idiota, Draco lo intentó. Nada.
-Creo que no puedo hacerlo –admitió.
-No, claro que puedes. ¿Estás seguro de estar usando el recuerdo adecuado? –Draco asintió-. Tiene que ser el momento más feliz de tu vida.
-Ya lo sé.
-Venga, concéntrate. Cierra los ojos y trata de rememorar esas sensaciones.
Era fácil, cuando la llamarada de felicidad que le había producido reunirse con su madre todavía duraba.
-Expecto patronum.
Lo mismo.
Harry dejó la taza de té sobre la mesa –el pastel había desaparecido hacía ya mucho tiempo- y se acercó a él.
-Sujeta la varita más perpendicular respecto al suelo, así. –Cuando le tocó la muñeca, Draco notó de nuevo ese cosquilleo agradable en las tripas. Harry retrocedió mientras le dirigía una media sonrisa que estuvo a punto de hacer que Draco se olvidara de todo y le plantara un buen beso-. A ver ahora.
-¡Expecto patronum!
Su varita permaneció esta vez tan inanimada como un palo de madera y Draco le dirigió una mirada de pocos amigos.
-Draco, no es algo que se consiga en cinco minutos. Tienes que practicar más, eso es todo. Yo te ayudo si quieres; ayudé al Ejército de Dumbledore a aprender a hacerlo.
-¿A Longbottom también?
-Oye, Neville es…
-Neville es un buen tipo y durante la guerra demostró que tenía un par, pero mágicamente hablando es un puto desastre, Harry. Te recuerdo que necesitó dos meses para aprender a hacer el Wingardium Leviosa. Si conseguiste que él aprendiera a invocar un patronus en quinto… Bueno, es como si necesitara un peluquero y alguien me dijera "eh, ese tipo de ahí consiguió que el pelo de Harry Potter estuviera bien peinado". O sea, estamos hablando de tareas que todo el mundo pensaba que eran imposibles, hitos en la historia de la Humanidad.
Harry hizo un esfuerzo por ocultar que se estaba partiendo de la risa.
-Qué idiota eres…. Bueno, ¿quieres que te eche una mano o no?
Draco arqueó sugestivamente las cejas.
-Por supuesto, Harry, puedes echarme todas las manos que quieras.
Él meneó la cabeza como un abuelo condescendiente, pero se le notaba de nuevo la risa en los ojos.
-Madre mía, cómo te has levantado hoy… Anda, sigue practicando. Voy a ver cómo andamos de chocolate.
Draco, de buen humor, lo observó marcharse –de paso le pegó una buena ojeada a su culo- y se puso a practicar de nuevo. La mañana transcurrió así, entre chocolate, magia y un flirteo que estaba poniendo a Draco cada vez más caliente. De vez en cuando, alguien salía a la terraza y se les unía un rato, disfrutando del buen tiempo y dando consejos sobre patronus. Luna también lo hizo; Rolf estaba aún un poco mareado y con náuseas, pero todo iba bien. Además, Kreacher pudo recoger por fin la ropa que Draco había encargado en Madame Malkin unos días atrás. Ropa mágica… Draco la observó con cariño. No iba a renunciar a algunas cosas muggles, como los pantalones vaqueros, pero sería un gustazo volver a vestirse como un auténtico mago.
Después del almuerzo volvieron a salir a la terraza a seguir practicando. No habían avanzado nada, pero Draco no pensaba rendirse, si Longbottom no lo había hecho. Era una cuestión de amor propio. Y además, se lo estaba pasando bien con Harry.
-No estarás preocupado por la forma que pueda tomar tu patronus, ¿no? –le dijo éste, con mirada inocente-. No sé, por si piensas que puede ser un… hurón, por ejemplo.
-Jaja –replicó con sarcasmo-. ¿Y qué tiene de malo un hurón? Son rápidos, inteligentes y agresivos. –Bajó la varita, cansado y fue a comer un poco de chocolate-. No me preocupa, es sólo que no me sale.
-Ya te saldrá. Descansa un poco. –Draco se dejó caer en una de las sillas-. Estas cosas llevan tiempo, Draco. Además, estás pasando por un momento complicado y eso también influye.
-Todos estamos pasando por lo mismo y vosotros sí que lo podéis hacer –replicó.
-Todos no estamos pasando por lo mismo. Te guste admitirlo o no, te estás recuperando de una experiencia bastante traumática.
Draco apartó la vista un momento; se le acababa de ocurrir algo.
-¿Por eso me rechazaste en Grimmauld Place?
Harry tardó un segundo en contestar.
-En parte fue porque estaba claro que te habría dado igual acostarte conmigo que con cualquiera medio atractivo que se te hubiera puesto a tiro. No soy la persona más romántica del mundo, pero tengo mi orgullo. –Antes de que Draco pudiera empezar a pensar sobre eso, Harry continuó-. Pero sí, en parte también es porque te estás recuperando de una experiencia traumática. Y aunque creo que ahora estás mucho mejor que cuando nos encontramos, no creo que te hayas recuperado del todo. Está en una situación difícil, vulnerable, y no quiero aprovecharme de ti.
-¿Aprovecharte de mí? -Harry se encogió de hombros y Draco comprendió que no iba a ampliar su explicación. No le habría venido mal que lo hiciera, porque todo le parecía confuso y ni siquiera tenía muy claro cómo se sentía al respecto. Pero decidió ser sincero. Había pasado demasiados años viviendo una completa mentira, midiendo cada palabra, y decir la verdad resultaba ahora liberador, un gesto de rebeldía-. Mira… entiendo perfectamente que no quieras nada conmigo. Para empezar, en Hogwarts fui un incordio. No es que tú no lo fueras también, pero reconozco que yo fui peor. Y luego, las cosas que he hecho… -Harry pareció ir a protestar, pero Draco alzó una mano para atajarlo-. Sé que no te importan, pero sería normal que te importaran. Y como ya te dije, cada vez que intenté estar medio en serio con alguien, fue un desastre. Los primeros días no me separaba de ellos, les agobiaba, pero luego llegaba una misión y luego otra y cada vez me alejaba más de ellos. Se asustaban con mis pesadillas tanto como yo. O sea que tienes razones de sobra para no querer estar conmigo y si me das una de esas, me aguantaré y respetaré tu decisión. Pero no me digas que no estamos follando por mi bien. No decidas por mí, Harry. Ya he tenido suficiente gente en mi vida decidiendo por mí.
Harry le había escuchado con atención y cuando él terminó de hablar, se quedó pensativo un par de segundos.
-No quiero decidir por ti –dijo al fin.
-Entonces no lo hagas. Sólo… veamos qué pasa.
Harry aún dudó un instante, pero luego asintió y esbozó una sonrisa. Sintiendo una oleada de expectación y deseo, Draco se puso en pie y fue hacia él. Sí, ya no servía cualquiera, le deseaba a él. Quería sentirlo desnudo contra su piel, quería ver esos ojos verdes brillando de lujuria y pasión, clavados en él. Su cuerpo llevaba llamando al suyo desde la noche anterior y necesitaba tenerlo entre sus brazos ya.
Draco se sentó a horcajadas sobre Harry, procurando que sus braguetas apenas se rozaran. Todavía. Harry le observaba con los ojos abiertos como platos, las pupilas dilatadas. Draco alargó la mano lentamente para quitarle las gafas y notó que Harry contenía el aliento. Bien, él también tenía el corazón como si se hubiera vuelto loco y el cuerpo en llamas. Sin las gafas, los ojos de Harry parecían enormes. Draco las dejó con cuidado sobre la mesa y le acarició la mejilla. Estaba algo rasposa; aquel día no se había afeitado.
Y entonces Harry dejó escapar un gruñido voraz y buscó su boca rápida y decididamente.
Fue incluso mejor que la primera vez. Había una gran diferencia entre un Harry Potter que no estaba seguro de querer besarte y otro que se estaba dedicando a ello con todas sus ganas. Este Harry era puro fuego y estaba encendiendo otro volcán dentro de él.
-Sabes a chocolate –murmuró Harry contra sus labios.
-Joder –murmuró a su vez Draco, antes de volver a seguir besándole. No era el momento de hablar en absoluto. Había millones de cosas mejores que Harry podía hacer con su lengua y… oh, Merlín, parecía que sabía hacer unas cuantas.
Cuando la mano de Harry se deslizó por debajo de su camiseta, Draco se movió hacia delante, buscando el contacto que había resistido antes. La sensación le hizo gemir. Harry estaba duro, podía sentirlo perfectamente contra su propia erección. Y quería másmásmás. Sabiendo que pronto cruzarían un punto sin retorno, empezó a frotarse contra Harry, quien jadeó en mitad del beso.
-Draco…
-¿Mmmm?
-…habitación…
-¿Mmmm?
Pero Harry le hizo apartarse y a Draco no le quedó más remedio que tratar de salir de su trance y concentrarse en aquella extraña actitud.
-Vamos a mi habitación.
Draco sonrió.
-Genial.
Continuará
