Capítulo XIV

—¿No te encanta?—Cuestionó la joven mientras le mostraba un vestido de color negro en corte de sirena a su mejor amiga.

—¡Deberías probártelo! ¡Sé que te quedará excelente! Amiga, creo que se volverá loco mi hermano— Kagome se sonrojó al imaginarse a Bankotsu en esa posición, ya que el chico a pesar de ser un rebelde sin causa, tenía un lado tierno que le gustaba.

Habían ido de compras esa mañana muy temprano, pues en la tarde sería la fiesta que tanto esperaban los Watanabe e Higurashi.

—Estoy tan nerviosa, nunca imaginé que algún día me casaría—

—¿Porque lo dices? ¿Por eso que pasó hace años?—

—Si...—Le mencionó con marcada timidez.

—Tienes que seguir adelante y dejar el pasado a un lado, no nos importa lo que hiciste, tú eras muy joven y no supiste actuar de otra manera... Pero ya, no pongas esa cara triste...— Le dijo con una linda sonrisa.

—Lo siento Sango, trato de no pensar en ello pero es difícil...— Murmuró.

—No, no permitiré que vuelvas a mencionarlo... ¿Ok?— La asió de los hombros mientras le decía estas palabras para que comprendiera que no debía amargarse más y seguir con su vida. —¿Y bien? ¡Pruébatelo!— La instó llevándola a los vestidores, lo mejor sería no hablar de ese tema nunca más y olvidarlo.

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Kagome veía a través de la ventana de su habitación la llegada de los invitados. Eran varias personas entre familiares y amigos cercanos.

La reunión se realizaría en el salón principal de la mansión y ya estaba todo dispuesto.

Suspiró con cansancio, la noche sería muy larga.

—Te ves hermosa— No lo había escuchado entrar, y ahora, su novio, la tenía abrazada por detrás. Ella se sonrojó a su tacto y correspondió a su muestra de afecto.

—Muchas gracias...–

—¿Estás lista? Estoy emocionado por presentarte a todos, seguro seré el hombre más envidiado de Japón— La muchacha intento decir algo pero el ojiazul no espero por una respuesta y salieron de aquella recámara.

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Caminaron en silencio por espacio de algunos minutos hasta llegar al borde de la escalinata. Muchos voltearon a ver a la feliz pareja que ahora descendía con tranquilidad.

La Higurashi estaba tan preocupada, tantas caras nuevas y personas que conocer, no le parecía algo muy agradable y se sentía como un pez fuera del agua. Del brazo de Bankotsu se paseó muy a su pesar por aquel lugar saludando y charlando con los ahí presentes.

En un momento él se alejó y ella observó detenidamente como transcurría la velada.

Sango estaba con su novio, un joven de cabello oscuro y ojos claros, de nombre Miroku. Aquel era hijo de un importante político del país y tenían poco más de seis meses de relación. Vio entonces a su padre charlar animadamente con sus suegros y descubrió a su hermanito Sota dormitando en un sillón, lo cual le hizo sonreír, se veía tan tierno.

—Kagome, me gustaría que conocieras a unos amigos— Dio un respingo al escuchar la voz de su prometido y sin pensarlo accedió a la petición del pelinegro, quien la guió hasta esos invitados especiales. Ella no pudo ver al frente, ya que a punto estuvo de tropezar con aquel vestido de gala y mantuvo su vista fija en el piso de mármol todo el tiempo, cuidando de no tener algún accidente.

—Te presento a mi amigo Inuyasha Taisho, su linda esposa Kikyo y él es, Sesshomaru Taisho— Dijo mientras le presentaba a aquellos invitados, ella levantó el rostro y la sonrisa que había dibujado en sus labios se esfumó de repente.

Sus ojos castaños se encontraron entonces con los de Sesshomaru y por un momento deseó que la tragara la tierra. No sabía si llorar o reír, o algo más sensato, desmayarse.

El peliplata mayor por su parte la observó fijamente, su cabello negro estaba recogido en un moño alto y ese vestido que hacía muy notorias sus curvas femeninas, no dejaban nada a la imaginación, estaba bellísima.

—Ya teníamos el placer de conocernos— Interrumpió Kikyo.

—¿En verdad?— Cuestionó el joven Watanabe con confusión.

—Ella me ayudó en aquel juicio, y gracias a su trabajo, hoy estoy libre.— Le soltó la joven con marcada timidez y él se sorprendió.

—El mundo es muy pequeño, déjame agradecerte Kikyo— Dicho esto le rodeó suavemente con sus brazos.

—Por eso me casé con ella, es la mejor abogada, además de bella— Inuyasha no perdió el tiempo para alabar a su esposa y la joven solo correspondió con una tierna sonrisa en señal de agradecimiento.

—Bueno, no es más hermosa que mi princesa— Rió el moreno, a lo cual el peliplata sólo atinó a hacer un gesto gracioso. Ella miró de reojo al que había sido el amor de su vida. Él estaba en completo silencio, sus ojos denotaban incomodidad y porque no, enojo, bueno, eso parecía.

—Me dió mucho gusto conocerlo señor Taisho— Exclamó refiriéndose a Inuyasha, pues hasta ese momento, no habían tenido la oportunidad de ser presentados correctamente.

—El gusto es mío— El besó el dorso de su mano, luego ella se dirigió a Kikyo —Tal vez podríamos seguir viéndonos, eres una gran persona y siempre te estaré agradecida...— Le hizo saber con sinceridad.

—No tienes nada que agradecer y respecto a lo que dijiste de vernos otra vez, estoy de acuerdo completamente—

—S-señor Sesshomaru Taisho...— Aquel le miró de nueva cuenta e hizo que su cuerpo reaccionase a esos hermosos ojos dorados, que al parecer no querían dejar de posarse en su persona. Empezó a temblar y se ruborizó ferozmente. Sentía que si no se sostenía de algo o alguien, caería fulminada por un ataque al corazón, el cual palpitaba desbocadamente.

—Amor, ¿estás bien?—

—Si, es solo que necesito un poco de aire fresco...— Se disculparon con cortesía y se alejaron con rumbo a los jardines.

—Lo sabías, Sesshomaru— Inuyasha lo riñó.

—¿Qué sabía?— Soltó imperturbable.

—¡No te hagas el tonto! Que ella era la prometida de Bankotsu, por eso aceptaste acompañarnos—

—No sé de qué diablos hablas— Dicho esto se alejó de la pareja con paso elegante.

—Espero que no vaya a cometer una imprudencia—Murmuró su esposa.

—Si lo hace, ya estaría demás...—

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—¿Qué ocurrió allá adentro?—Cuestionó a su novia.

—N-nada— Soltó en un suspiro.

—¿Porque te pusiste tan tensa al estar frente a los Taisho?—

—N-no, no lo sé—

—No mientas, ¿fue por aquel problema?—

—Si, me trajeron tantos recuerdos—Respondió ñ después de unos cuantos segundos.

—Si te sientes así por su presencia, tal vez no deberíamos invitarlos a la boda— Le hizo saber mientras le abrazaba.

—No te pediría que hicieras eso, son tus amigos. Además, Kikyo fue muy buena conmigo, ella me ayudó tanto...— El joven sonrió y la besó en los labios. La joven aceptó su caricia y después de unos instantes regresaron al interior del inmueble.

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La fiesta continuó sin ningún inconveniente y el muchacho la dejo sola unos instantes para traerle una copa de champán.

Pronto la orquesta comenzó a tocar su canción favorita y una hermosa cantante de ascendencia francesa estaba lista para interpretarla.

—¿Gustaría concederme esta pieza?— La morena se quedo unos instantes totalmente petrificada. Sabía de quién se trataba, levantó su rostro y allí estaba él. Estaba guapísimo con ese traje de color negro.

—L-lo siento, yo...— Tartamudeó, tratando de decir algo para ahuyentarlo pero este la ignoró por completo, él no aceptaría un "no" por respuesta y con agilidad tomó su mano para llevarla al centro del salón.

Él sujetó su cintura y la acercó más a su cuerpo.

Los bien desarrollados senos de la joven hicieron presión contra sus pectorales, y ella se cohibió tanto que trató de apartarse.

Pero entre más lo intentaba, aquel ejercía más fuerza para que no pudiera zafarse de su abrazo de ningún modo. Sus mejillas se tornaron de un color rojo brillante y giró un poco el rostro apartando su mirada y él aprovechó para a cantarle al oído en voz baja y en perfecto francés.

—J'avoue j'en ai bavé pas vous mon amour, avant d'avoir eu vent de vous mon amour, me vous déplaise, en dansant la Javanaise, nous nous aimions, le temps d'une chanson...— Era un poema de desamor pero se reducía a lo que juntos vivieron. Su amor ¿cuánto había durado? Menos de una canción, era verdad. Le miro una vez más y entonces se dio cuenta de la verdad.

De pronto fueron interrumpidos.

—Disculpa Sesshomaru, tengo que llevarme a mi prometida.— Por un instante el joven de cabello plata deseó que aquel tipo se esfumara de su vista, la mujer le pertenecía por derecho.

—Con permiso señor Taisho— Al escucharla decir esto, tuvo que soltarla muy a su pesar.

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—No quiero que vuelvas a estar cerca de él ¿entendido?—

—¿Disculpa?—

—Haz lo que te digo, si serás mi esposa, tendrás que obedecerme...— Aquella no daba crédito a sus palabras, ni siquiera entendía que estaba ocurriendo.

—Pero...—

—No lo repetiré una vez más, ya sabes que tienes que hacer... ¿De acuerdo?— Ella le miró con marcado enojo y se zafó de su agarre, quería gritarle pero decidió que lo mejor era que contuviera las ganas de decirle lo que pensaba.

—No me siento bien, voy a la habitación. Regresó en unos minutos...— Furibunda se fue de su presencia, Bankotsu iba a replicar pero consideró que era lo mejor, así evitaría que su futura estuviera cerca del hermano de su mejor amigo.

Subió la larga escalinata como pudo y se dio cuenta de comenzaba a odiar todo eso. El vestido, la fiesta, el compromiso.

Dio un largo suspiro y avanzó un poco más lento, pensando en que si era o no una buena idea seguir con ese absurdo. Su novio se estaba portando de una manera un tanto extraña y eso le preocupaba en demasía.

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La siguió hasta el pasillo que conducía a las habitaciones y con rapidez le cubrió la boca, llevándola consigo a la habitación más próxima. Cerró la puerta tras de sí y ella reconoció su perfume.

—No digas nada...— Cerró instintivamente los ojos al escuchar esa voz tan conocida para ella y comenzó a temblar con nerviosismo.

Asintió a sus instrucciones y al notarlo la soltó lentamente. La joven se giró con suavidad y al ver su silueta, estaba tan sorprendida de tenerlo enfrente. La luz de la luna se colaba entre las cortinas e iluminaba la alcoba solo a medias pero podía distinguir sus facciones.

Afuera, el ruido de la música les permitía hablar sin ningún problema, pero aunque había mucho que contar, solo atinaron a guardar silencio.

—Estuve tres largos años tratando de encontrarte, pero estuviste tan oculta de mí... Y ahora que has regresado, ¿te vas a casar?— El hombre rompió el silencio y avanzó hacia ella, logrando que retrocediera unos pasos asustada.

—Sesshomaru— Fue lo único que pudo decir puesto que la había aprisionado contra la pared más cercana. No quiso verlo más e inclinó su mirada en un punto perdido del cuarto.

Con la mano derecha la tomó de la barbilla y le obligó a verle al rostro.

Castaño y dorado colisionaron por breves instantes, hasta que las lágrimas rodaron por las mejillas de Kagome y entonces se aferró a su pecho con todo el amor que aún le tenía y que el tiempo no había menguado de ninguna manera.

—Pequeña...—

El depósito un beso fugaz sobre sus labios, a lo que ella correspondió fundiéndose más contra su cuerpo. Se necesitaban, lo sabían.

Con presteza bajó el cierre de su vestido, el cual se deslizó con suavidad hasta el suelo.