Disclaimer: Ya lo dije, lo repito por las dudas: mis derechos sobre Glee son proporcionales a mis habilidades vocales. Me han querido echar de mi propio cumpleaños por cantar, así que sacad vuestras propias conclusiones.
…
Damage Points
…
Capítulo XIII:
«La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés». Antonio Machado.
…
Blaine no sabía a ciencia cierta por qué había acabado en la puerta de Kurt Hummel.
Después que el muchacho había salido corriendo, el joven Anderson había intentado calmarse, sacudiendo sus preocupaciones y preparándose para un encuentro con Jeremiah. Quizás aquello era lo que necesitaba: acostarse con él, deshacerse de aquella tensión estúpida y volver a actuar como si todo estuviese bien. Las cosas seguirían su curso natural y Blaine podría olvidarse de las palabras de Kurt.
Jeremiah lo había recibido con una pícara sonrisa de lado y unas cuantas palabras oportunas. Los padres del rubio se habían ido por un cumpleaños familiar, que él había conseguido saltarse, por lo que las ideas sobre lo que podían hacer con toda la casa para ellos no dejaban mucho lugar a dudas. Sin perder tiempo en formalidades, algo que era, más que una costumbre, una necesidad propia de cada uno de ellos, Blaine había cogido al rubio por la nuca y lo atrajo en un rápido beso.
Sin embargo, las palabras de Kurt habían seguido retumbando en sus oídos mientras Jeremiah parecía muy entretenido besando su cuello. Cada frase, cada maldita verdad seguía zumbando dentro de su cabeza, incluso cuando había intentado concentrarse en lo que estaba haciendo.
Había huido. Con palabras murmuradas y disculpas torpes, el joven Anderson se había acomodado sus ropas, tomado sus cosas y escapado de casa de Jeremiah mientras este no dejaba de preguntar las causas de su rápida salida. Sabía que podrían arreglarlo en otro momento. En ese instante, Blaine sólo necesitaba alejarse de él. Necesitaba alejarse de todas esas cosas de su vida que estaban mal.
No sabía por qué había sucedido así, pero había tomado el móvil de su bolsillo y había pensado en llamar a Kurt, gritarle que estaba equivocado, rogarle que escuchara lo que tenía para decir. Blaine Anderson no era así. La fachada que mostraba al mundo de tipo seguro jamás le hubiese permitido rogar por algo, mucho menos si era sólo un poco de compañía y un oído gentil dispuesto a escucharlo. Sin embargo, Kurt Hummel podía ver a través de ello. Tan sólo conociéndolo por unas pocas semanas, había conseguido destruir todo el trabajo de largos años, e inmiscuirse entre aquellos secretos que Blaine escondía recelosamente del mundo.
Y allí estaba, de pie frente a su puerta y mojado hasta los huesos, sin preocuparse realmente por pescar un resfriado o morir de una pulmonía. Su pésimo sentido de la ubicación incluso se las había ingeniado para llevarlo hasta allí e impulsarlo a llamar a la puerta de una casa que no conocía, incluso corriendo el riesgo que alguien más lo atendiera. No sabía por qué lo había hecho —o quizás sólo no quería saberlo—, pero estaba seguro que Kurt entendería. Cuando se trataba de él, el castaño siempre parecía entender incluso aquello que todos ignoraban.
—Pasa —susurró el muchacho más alto, haciéndose a un lado.
Blaine entró con pasos vacilantes, lamentándose pronto por mojar el suelo de la entrada. Antes que pudiera hacer mucho, Kurt desapareció y volvió a grandes zancadas, con una toalla que pasó por los hombros del joven moreno. Luego volvió a irse, trayendo un trapo consigo y evitando que el agua sobre el suelo siguiera esparciéndose.
—Perdón por eso —musitó Blaine.
—No… te preocupes —respondió el castaño, que parecía ligeramente incómodo—. Sécate. Te traeré algo de ropa.
Blaine se quedó allí, pasándose distraídamente la toalla por la cabeza e intentando detener las gruesas gotas que escurrían desde su cabello. Su intuición le decía que la casa estaba vacía, lo cual era un alivio, pero también le daba posibilidades de huir. ¿Por qué había ido allí?, ¿por qué sentía aquella absurda necesidad de soltar a Kurt todo lo que había jurado que guardaría sólo para sí mismo?
Jeremiah había sido su único confesor durante mucho tiempo. Él, de alguna forma, lo entendía, pero había cosas que simplemente… no podía conversar con él. No era que no tuviese confianza con el muchacho, de ninguna forma; pero Kurt… él era especial. Él tenía una concepción sobre su vida y su sexualidad tan orgullosa y simple. Él hablaba del amor como el viejo Blaine lo hubiese hecho. Kurt era la única conexión que podía tener con una parte de él que había creído olvidar.
El muchacho volvió, entregándole un par de pantalones de franela y una camisa haciendo juego.
—Allí tienes el baño —comentó, señalando el fondo del corredor—. Cámbiate y dame tus ropas… para que puedan secarse.
Blaine asintió, contagiándose ligeramente del nerviosismo de Kurt. Se encaminó al baño en silencio, sin volverse a ver al otro muchacho. Aquel pequeño momento a solas podía servirle para relajarse y para definir que era, a ciencia cierta, lo que buscaba allí. Mientras estaba manejando como poseso por las calles de Lima, Blaine no había tenido otra cosa en mente que hablar con Kurt y aclarar todas aquellas cosas que habían generado tensión entre ambos. Sin embargo, encontrándose allí, frente a frente con aquellos ojos escépticos, las cosas no eran tan fáciles. ¿Cuánta determinación necesitaría para tragarse su orgullo y admitir que muchas de las cosas que el joven Hummel le había echado en cara eran ciertas? ¿Cómo explicarle que, a pesar de todo, él tenía un motivo para ser como era?
Blaine se tomó un buen tiempo para quitarse las ropas mojadas, dejándose la camiseta y la ropa interior y poniendo todo lo demás en una húmeda pila. Habiéndose ya puesto los pantalones, cuidando de doblarlos un poco para no arrastrarlos, se abotonó la camisa del conjunto con pulso inestable. Se echó una rápida mirada al espejo, su rostro demacrado y su peinado totalmente arruinado por la lluvia. Los rizos, previamente secados con la toalla, eran una extraña maraña sobre su cabeza. Pero realmente nada de eso le importaba. Hacía tiempo que había dejado de ser el galante Blaine Anderson frente a Kurt.
El moreno salió del baño con pasos inseguros, habiendo perdido al joven Hummel de vista. Se paró en la zona donde aún se encontraba el trapo, divisando a Kurt en la cocina. El muchacho estaba hirviendo agua, apoyado casualmente contra la encimera. Parecía perdido en sus pensamientos, ya que no había reparado de su llegada.
Blaine carraspeo suavemente, captando la atención del castaño, que botó suavemente en su lugar.
—Estaba haciendo algo de té —comentó Kurt.
Él aun parecía ligeramente incómodo, o quizás confundido. Cualquiera fuese el sentimiento, Blaine lo encontraba extraño. Escuchar a Kurt hablar con algo que no fuese frialdad o desprecio hacia él resultaba… nuevo. La tensión era un condimento que no había esperado que fuera bilateral.
—Kurt, yo… realmente… quiero disculparme por lo de hoy —murmuró él—. Fui un poco… tú sabes…
El joven Hummel suspiró, mientras apoyaba dos recipientes sobre la encimera. Le dio una mirada de refilón a Blaine mientras cogía unos saquitos de té.
—Yo también debo pedirte disculpas, pero por gritarte —aclaró él—. No me arrepiento de nada de lo que te he dicho, ni pienso retirarlo, pero reconozco que he sido un poco… rudo. Me he dejado llevar.
Blaine resopló, consciente de lo que debía decir, pero imposibilitado para soltarlo correctamente. No era tan fácil deshacerse de su orgullo de un día para el otro.
Kurt sirvió el té e invitó a Blaine a sentarse en la sala, en el sofá posicionado frente a la televisión. El imprevisto invitado se acomodó en un rincón, con la taza entre sus manos y las piernas cruzadas. El joven Hummel se sentó a su lado, y un silencio tenso se extendió sobre la habitación con una velocidad increíble. Blaine tragó pesado. Realmente no había pensado qué hacer al llegar allí, sólo había tenido la necesidad de… disculparse. Kurt había estado en lo cierto cuando le había dicho todas aquellas cosas.
—Las cosas jamás salieron como yo creía, ¿sabes? —soltó el joven Anderson de repente, sorprendiéndolos a ambos—. Por primera vez en mi vida, creía que todo marchaba realmente bien —suspiró—. Entonces llegaste tú.
Kurt frunció el ceño, poniendo aquella cara que Blaine conocía demasiado bien.
—No me malinterpretes —intervino el moreno, antes que el otro muchacho pudiera decir algo más—. No lo digo por ti. Lo digo por como… me afecto a mí.
El rostro del joven de ojos azules no se modificó mucho, por lo que Blaine suspiró, antes de volver a explicarse:
—Me engañaba a mí mismo, pero estaba bien con ello, Kurt.
El joven Anderson cerró los ojos, intentando relajarse. No sabía si estaba listo para soltar todo aquello, pero su acompañante parecía estar esperando que lo hiciera. Kurt ya sabía demasiado sobre él y, sin embargo, no era suficiente para entenderlo. En todo aquel tiempo, había sabido mantener su secreto. ¿Estaría bien seguir hasta el final y sacarse aquel peso de encima?
—Yo me… enamoré de la persona equivocada —susurró.
—Bienvenido al mundo de los humanos, Anderson.
Blaine frunció el ceño, dándole a Kurt una mirada firme.
—Estoy intentando hablar en serio aquí.
Los ojos azules del joven Hummel se desviaron en dirección al corredor, evitando los suyos, mientras murmuraba un incómodo «lo siento».
—Me enamoré de un amigo… cuando tenía catorce años —explicó, sintiendo su respiración pesada. Jamás había hablado de ello con nadie, ni siquiera con Jeremiah. No con detalles—. Pasé por un infierno intentando comprender qué era lo que sentía. Yo… simplemente no podía entender lo que sentía por él, por un chico, un amigo…
Kurt estaba sentado en su rincón del sofá, sus piernas cruzadas y su boca tiesa en una fina línea. Como si quisiera romper la tensión, el muchacho se llevó la taza a sus labios, bebiendo un poco de té mientras esperaba que Blaine continuara.
—Entonces, finalmente, lo comprendí: estaba enamorado de él —confesó, su rostro torciéndose en una mueca de dolor ante el recuerdo—, y, después de seguir dándole vueltas y vueltas al asunto dentro de mi cabeza, yo… decidí decírselo.
Blaine observó tímidamente en dirección a Kurt, cuyos labios se encontraban ahora ligeramente abiertos. Su mirada ya no era aquella fría capa de ironía con la que habían comenzado la conversación, sino que había en sus ojos algún tipo de dolor compartido. El joven Anderson se sintió ligeramente reconfortado por ella, obligándose a sí mismo a continuar.
—Él… enloqueció —murmuró—. No entendía. No…, Dios, él no me quería cerca.
—¿Qué… sucedió? —preguntó Kurt.
En algún momento, ambos habían comenzado a hablar en voz realmente baja, pero no importaba. Se sentía correcto de aquella forma.
—Él me odiaba —confesó secamente—. Había dicho que algo estaba mal conmigo. Luego se tranquilizó pero, en el calor del momento… Simplemente no fue agradable.
Hubo un pequeño silencio. Blaine realmente no se sentía cómodo recordando todo aquello. Había pasado tanto entre medio. Su vida había cambiado tanto desde aquel pequeño e inocente primer amor. Todo había sido tan… complicado. Y allí estaba Kurt, escuchándolo y… entendiendo. Quizás no sabía cómo había sido exactamente, pero… ¿sabría cómo se sentía que le rompieran el corazón de aquella forma?
—Mi padre consiguió una oferta de trabajo en Westerville y nos mudamos desde Delaware —prosiguió el moreno—. Ellos querían esperar a que terminara el año, pero les pedí que nos fuésemos en ese mismo momento —no pudo evitar resoplar por enésima vez—. Tenía quince años cuando llegamos aquí y estaba… Me sentía tan miserable.
El joven Anderson se sorprendió cuando sintió una mano sobre su antebrazo. Los delgados y pálidos dedos de Kurt se encontraban apoyados contra su piel. En algún momento, mientras Blaine miraba ausentemente al frente, el muchacho a su lado se había acercado un poco, encontrándose ya sobre dos de las plazas contiguas en el sofá de tres. Kurt no parecía ser muy fanático del contacto físico, por lo que Blaine no pudo hacer más que forzar una pequeña sonrisa en su dirección. Lo agradecía. Realmente lo hacía.
El rostro del castaño estaba contorsionado en una mueca disgustada. Parecía ser él quien estaba sintiendo todo lo que había sido parte del pasado del joven Anderson. Sus ojos se encontraron en algún punto, volviendo Blaine a desviarlos rápidamente.
—Entonces apareció Jeremiah —rompió el silencio, denso y levemente incómodo—, el… uhm… muchacho con el que me… encontraste.
—Ah…, sí.
—Él me conoció cuando recién llegué aquí. Trabajaba en GAP y mi madre iba frecuentemente al centro comercial donde estaba el local, por lo que ocasionalmente tenía la oportunidad de verlo —hizo una pausa para tomar un respiro—. De alguna forma, él supo que había algo conmigo cuando, por casualidad, apoyó su mano sobre la mía y yo prácticamente dejé de respirar —Blaine soltó una risa seca, carente de humor—. No era muy experimentado por aquel entonces.
Kurt se tomó unos segundos para preguntar suavemente:
—¿Estás… enamorado de él?
Blaine negó con la cabeza. Era bastante más complicado que eso.
—Yo simplemente… —Blaine suspiró, tragando con dificultad. Quería evadir aquel pequeño punto, si era posible, por lo que simplemente prosiguió—: No sé en qué momento el amor se volvió una molestia para mí, pero lo hizo, Kurt, y me siento horrible al respecto —suspiró, intentando no pensar la situación como específicamente se le presentaba en aquel momento. No pensar siempre era la mejor opción para él—. Y, sin embargo, ha sido tan… tranquilo. No quiero volver a pasar por lo mismo otra vez.
—Ya te lo he dicho, Blaine —dijo el joven de piel nívea, con aquel tono suave y, de alguna forma, tímido—. Ocultarlo no lo hará irse.
—Yo… lo sé, Kurt —replicó en un suspiro—. Pero a veces pretendes tanto, que comienzas a olvidarte qué es real y qué no.
El silencio volvió a extenderse por la sala de los Hummel, aunque con un tinte diferente, casi calmo. Por lo menos, así fue, hasta que el movimiento en la puerta de calle y el sonido de una llave llamaron la atención de ambos.
…
N/A: Buenos días, tardes, noches, lo-que-sea, gente linda. Como verán, estoy aquí porque... bueno, digamos que he avanzado bastante con la historia y quería dejarles esto. Sé que los capítulos tienden a ser cortos, pero prefiero llevar la historia ágil y poder hacer esto de actualizar todas las semanas (más o menos). No sé, creo que es más práctico, de alguna forma. ¿Qué les pareció esa charla?, ¿qué pensará Kurt de todo esto?, ¿cómo creen que reaccionará? Como en las telenovelas baratas, todo esto en el próximo capítulo.
En fin, mi cabeza ha estado en otros slash, pero de cualquier modo sigo fiel a esta historia. Han comenzado las votaciones del Hateful Lemonade Contest 2 (mi historia es el único male-slash participando; no sé si sentime orgullosa o preocupada jaja) y estoy trabajando también con un nuevo original, después de todos los mensajitos lindos que me trajo Esa Fina Línea. He escrito como dos capítulos en en un día y estoy un poco... abrumada, creo jajaja; pero me parece que la idea está buena. No viene al caso, pero tenía ganas de comentarlo, especialmente por aquí que sé que hay mentes incomprendidas a las que también les gusta un poco el slash jajaja.
¡POR CIERTO! Hablando del slash nuevo, se agradecería mucho la colaboración con el siguiente asunto: busco un couple name de dos hombres, como podría ser Klaine. Lo cierto es que tengo dos capítulos, pero los personajes aún no tienen nombre. Si se les ocurre, por favor, la ayuda se agradece muchísimo. Les enviaré el primer capítulo, si gustan, a modo de (no muy generoso) agradecimiento :)
En fin, Como siempre, millones de gracias por sus reviews. En serio, muchas, muchas gracias a todas por los comentarios y la buena onda que dejan siempre. ¡Ah, y otra cosa antes de irme! Ya hay capítulo para el Kliss. Soy feliz de anunciarles que ya tengo incluso un pedacito de él escrito. Hay algunas cosillas de por medio pero… bueno, habrá Kliss pronto. Mi lado fangirl no podía dejar de comentarles eso jajaja.
Ahora sí, dejo las notas kilométricas, que el deber llama.
¡Que tengan un genial fin de semana, bonitas! Xo.
MrsV.
