Bueno, sigo algo corta de tiempo pero de nuevo traigo otro cap. De hecho me gustaría señalar que agradezco que algunas personas hayan valorado el detalle de que a pesar de estar hasta arriba busque siempre un huequito para actualizar, cosa que de hecho no es nada sencilla.
En el anterior cap dije que si alguien adivinaba el cosplay que iba a hacerme, le escribiría un oneshot. Pues bien, si queréis saber quien ganó y en qué me estoy dejando los dedos, tendréis que esperar al final del cap XD.
A pesar del dolor de cabeza producido por todo el alcohol bebido y del malestar de su brazo herido, Erika no tardó en volver a ocupar su lugar habitual en el puente de mando. Se sentía débil, como si fuera una muñeca recién cosida, pero no podía estar ausente cuando el ambiente al parecer se estaba caldeando tanto. Si ahora desatendía sus obligaciones como capitana, podría acabar mal. Un motín no era algo fácil de sobrellevar, sobre todo porque en la mayoría de los casos, el capitán del navío amotinado acababa abandonado a su suerte. Y lo cierto era que no deseaba correr ese destino en los Sargazos.
Había escuchado la conversación que habían tenido Ainsworth y su segundo en su camarote, sobre todo porque las voces que Monserrat había dado al intentar interceptar al joven habían sido tales que la habían sacado de su sopor. Pese a todo, había decidido seguir haciéndose la dormida, por un lado porque se encontraba demasiado cansada y no creía estar en condiciones de atender semejante situación y, por otro, porque de ese modo podía escuchar todo lo que se decía y analizarlo sin molestarse en dar una opinión.
En cuanto aquellos dos se fueron, dejó de fingir, observando a Lysandro con cierta resignación. No le hacía especial ilusión que ambas tripulaciones se juntasen, pues temía que el ansia de tener contacto con alguien del sexo opuesto acabase creando un ambiente aún peor que el que había ya. No sería la primera vez que algunas chicas de la Valquiria se enzarzaban en una pelea por culpa de un flirteo. Su fortaleza residía en la unión, en ser todas camaradas, situación que se desharía si alguna de ellas comenzaban a sentir celos de otras. Pero siempre era preferible dar un poco el brazo a torcer y tratar de vigilar la situación si así se evitaba un motín.
Lo único bueno que sacaba de todo aquello era que ahora podía reunirse con Ainsworth sin tanto secretismo, si bien ambos intentaban pasar el máximo tiempo en sus respectivos navíos, siempre con la intención de disipar el espectro del amotinamiento. El haber entrado en aquel terrible mar era una especie de atenuante para dichos encuentros, sobre todo si se tenía en consideración que cuando estaban juntos se dedicaban a examinar, como solían hacer, cartas de navegación o el extraño pergamino que él le había mostrado cuando se reunieron en New Providence.
La capitana dejó que sus ojos vagasen por la cubierta del navío, fijándose en los nuevos "tripulantes" de los que apenas sabía nada. La forma más sencilla de callar a los que tanto se quejaban era permitir turnos mixtos en ambos barcos, de tal modo que las dos tripulaciones siempre estuvieran mezcladas. Salvo para dormir, cosa que cada uno hacía en su respectiva embarcación, cada día debían pasarlo en uno de los navíos. Las tripulaciones se habían dividido en dos grupos; uno de ellos se quedaría primero en su barco mientras que el otro iría a colaborar con el contiguo. Al día siguiente, los turnos cambiarían y aquellos que se habían quedado en el barco propio, deberían acudir al otro a trabajar, mientras que los que el día previo habían colaborado para el otro navío, se quedaban ahora en el suyo.
Ainsworth y Murray no sabían con total certeza si el método funcionaría. De hecho, Erika no podía evitar sentirse recelosa, sus ojos siempre fijos en las chicas que pasaban más tiempo del necesario hablando con alguno de los jóvenes. Debía ser precavida si no quería tener otros problemas a bordo.
Kentin nunca había creído del todo las viejas leyendas de marineros. Le parecían simples cuentos, historias que se contaban para asustar a los nuevos o simplemente para matar el rato, pero debía de admitir que estaba comenzando a sospechar que, si bien no en su totalidad, siempre podían tener un trasfondo real.
Cuando se enteró de que iban rumbo a los Sargazos no le dio demasiada importancia. Todo el mundo sabía que los piratas eran gente supersticiosa que creían ver presagios de mala suerte en cualquier cosa, aunque sólo fuera una gaviota desorientada que se cruzasen en algún lugar donde esas aves no fueran muy comunes. Seguramente sería un mar algo más revuelto o donde las calmas en la época correspondiente serían más intensa, punto. Pero estaba comenzando a sospechar que quizás sí podía haber algo raro en aquel lugar.
Le había tocado formar parte del grupo que se quedaba en el Voyager, mientras que Nathaniel y Viktor eran enviados a la Valquiria. Por un lado se sintió decepcionado de no poder colaborar con sus compañeros para ir intentando dividir a las chicas como bien le había encargado el gobernador Handasyde, mas por otro consideró que quizás de ese modo no sería del todo sospechoso si las cosas se torcían. No iba a decir que se estuviera poniendo de parte del enemigo, todo lo contrario, pero lo cierto era que el modo de comportarse de Viktor le estaba comenzando a escamar. Le daba la impresión de que el chico iba cayendo poco a poco en las garras de la ambición, queriendo conseguir la mayor destrucción posible, ya no solo de las chicas de Murray, sino de paso a Ainsworth y a los suyos. Quizás confiase en que matando dos pájaros de un tiro le concedieran más honores; Kentin sabía que era ambicioso como pocos.
Había sido enviado a lo más alto de los mástiles, a que otease por si veía algo en el horizonte y, de paso, comprobase el estado de las jarcias de más altura. Fue por esa privilegiada posición que pudo ver el extraño matiz verdoso que empezó adquirir el cielo justo en la zona del horizonte, como si el mar se estuviera diluyendo, intentando expandirse. También había notado el cambio en el viento, pues si bien hasta la fecha habían tenido la suerte de que el viento siempre les venía de popa, ahora parecía que de repente hubiera desaparecido. Le daba la impresión de que, si dieran la vuelta y abandonaran aquella latitud, seguramente el viento volvería a soplar en cuanto cruzasen la "frontera" entre aquel mar y el Atlántico.
No muy lejos de él se encontraba una de las chicas de la Valquiria, que se movía por los mástiles con cierta lentitud, como si no se encontrase del todo en su elemento. Comprobaba el estado de los mástiles con gestos rápidos, como si quisiera bajar lo más deprisa posible. Seguramente en la Valquiria desempeñaría otro trabajo, pero Castiel la había mandado subir junto con el chico, seguramente siguiendo un dictado aleatorio. A Kentin no le sorprendería tal cosa lo más mínimo, teniendo en cuenta la forma de ser del segundo de a bordo. Ainsworth le resultaba incluso agradable, pero ese tipo pelirrojo era peor que mil perros rabiosos.
—¿Te has fijado? —el chico se acercó a la extraña con cautela para no pisar en falso. Si bien era tímido por naturaleza, no olvidaba el motivo por el que estaban allí, y lo cierto era que en ese preciso momento contaba con una ventaja: estaban prácticamente solos, eso sin contar con el extraño ambiente que estaba comenzando a crearse en aquel lugar, perfecto para iniciar una conversación banal.
La joven dejó de revisar la madera, sujetándose con ambas manos al palo mayor, quizás a modo de asegurar su equilibrio. El chico debía admitir que le resultaba bastante llamativo que una mujer aceptara esas tareas con tanto aplomo cuando él había visto a algunos marineros descomponerse ante la idea de tener que subir a esa especie de jungla extraña que componían los mástiles y las jarcias, una especie de limbo entre el cielo y el barco.
—¿En qué se supone que debo fijarme? —repuso, apartándose un mechón de cabello negro y rizado de los ojos.
—En cómo el cielo está comenzando a cambiar de color —Kentin se sentía algo estúpido intentando iniciar una conversación con alguien con quien en teoría simplemente debía trabajar, pero lo cierto era que en el fondo estaba comenzando a sentirse algo inquieto ante aquella especie de mutación. ¿Y si las leyendas eran reales? —No sé si te has dado cuenta, pero desde que se hizo oficial que entramos en los Sargazos he notado que el tono de esa zona se iba difuminando y adoptando ese color.
La joven no dijo nada, se limitó a mirar, frunciendo el ceño con gesto serio. Kentin ya creía que no diría nada cuando, finalmente, volvió a hablar.
—Dicen que estas aguas están malditas —usó un tono tan serio que al chico se le puso la piel de gallina —Hace tiempo te habría dicho que son habladurías, pero hoy en día no sé que pensar al respecto.
Kentin carraspeó, sintiéndose algo incómodo. La chica parecía más serena de lo que hubiera creído; no había tenido mucho contacto con tripulantes de la Valquiria, pero aquellas con las que había tenido que colaborar durante el ataque a aquel barco que los perseguía habían sido mucho más enérgicas que ella.
—¿Acaso has visto cosas más extrañas que esta? —decidió agarrarse a esa baza como a un clavo ardiendo. Si entablaban una conversación lo suficientemente larga, podría saber su nombre y así intentar trabajar más tiempo con ella al mismo tiempo que aprovecharía para irse acercando a la joven. Si conseguía averiguar su posición en la Valquiria y lo cercana que era con la capitana, ya conseguiría el pleno.
La aludida negó con la cabeza, como si intentase alejar una especie de mal recuerdo con el gesto.
—No llevo navegando tanto tiempo, de hecho se puede decir que me enrolé hace relativamente poco. Pero sí he escuchado hablar a mis compañeras de historias que habían vivido a lo largo de sus viajes, historias que otras personas me fueron confirmando sin haber hablado con las que me lo contaron en primer lugar. Una me contó una vez que se habían topado con una ballena en cuyo estómago vive un hombre que domina al monstruo y la hace atacar a todos los navíos que se encuentra, especialmente a aquellos que no tienen ningún pabellón ondeando, como nosotros.
Kentin la miró con los ojos abiertos de par en par. En la marina esas historias no solían contarse, más que nada porque se consideraban cuentos de viejas. Si bien le daban cierto miedo, debía admitir que también disfrutaba escuchándolas. Masoquismo, tal vez.
—Yo tampoco llevo navegando mucho tiempo, de ahí que no conozca apenas ninguno de esos rumores e historias —siguió dándole coba el chico —Pero la verdad es que suenan tan irreales... y no en el mal sentido —añadió por si la chica se tomaba aquello a mal —Parece que voy a empezar a vivir una de las peores leyendas que hay, según he oído.
—Bueno, piensa que si sobrevivimos, también seremos leyendas —añadió la chica con una sonrisa amable, quizás intentando quitarle hierro al asunto. Nunca era buena idea asustar a un novato —Soy Anyeline —añadió.
Kentin sonrió de forma imperceptible antes de decirle su nombre. Ahora ya tenía una forma de contactarla, además de que, aunque nunca lo diría en voz alta, quería seguir escuchando aquellas historias. Le despertaban cierta curiosidad.
La chica parecía dispuesta a seguir hablando, pero de repente sus ojos se clavaron en el horizonte, su gesto contraído en un rictus de perplejidad y temor. Kentin no era capaz de vislumbrar qué era lo que había hecho que se encontrase así, pues su visión era algo miope, pero por la expresión de ella supuso que no debía ser nada bueno. Tal vez las aguas de aquel mar estaban decididas a hacer de las suyas cuanto antes...
Y hasta aquí. Me vais a odiar por dejaros con la intriga, pero es lo que hay, así os engancho para la semana que viene XD.
Sobre el oneshot, la afortunada ha sido danieuge045 que adivinó la primera que el cosplay en el que estoy trabajando es ni más ni menos que de Lysandro (sep, se me ha ido la pinza muy fuerte, sólo espero que cuando vaya al salón del manga no se me tiren encima).
Como siempre digo, si os ha gustado, ¡dejad un review! Venga, que si recibo mucho apoyo subo la semana que viene un fic que estoy proyectando para sustituir a Victorian Autumn cuando se termine.
