Todos los personajes pertenecen a J. K. Rowling, mía es la historia.
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N/A: ¡Muchas gracias por todas sus lecturas, reviews, alertas y favoritos! Ustedes hacen mi día con esos comentarios tan cool. Ahora, el capítulo.
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Catorce.
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Llovía intensamente afuera. El castillo se estaba poniendo frío con tanta agua que había llegado de la nada. Y a Cedric no podía importarle menos.
Mientras todos estaban pensando en lo que se serviría en la cena que se serviría pronto, cálidos en sus salas comunes y riendo con sus amigos, el Hufflepuff estaba arrinconado en la torre de astronomía, con la mente en blanco.
Después del incidente con Hermione en los jardines, había corrido sin detenerse. No era lo suficientemente estúpido ni suicida para adentrarse en el bosque prohibido, así que lo único que se le había ocurrido era esconderse en la torre, donde nadie entraría porque no era un día de clases. La lluvia que había llegado tan repentina como su extraño suceso había sido irónicamente de ayuda.
Cedric se frotó la nariz, saliendo de su trance. Sus manos temblaban violentamente. Y no gracias al frío.
¿Y ahora qué?
Se suponía que la gente que experimenta cosas tan horribles como las que él había pasado superaba las cosas poco a poco. Se suponía. Hasta cierto punto lo había hecho, y a regañadientes se admitió a sí mismo que Hermione había sido de gran ayuda. Pero ahora parecía que todo era un desperdicio. Regresaba al punto de partida. Asustado y solo.
¿Cómo se suponía que procediera a partir de ahora?
Pensó en Dumbledore, que con esos ojos astutos le decía todo el tiempo que podía confiar en él y decirle lo que fuera. Cedric no estaba seguro de porqué, pero el viejo profesor de Hogwarts nunca le había dado total confianza. Si tuviera que decidir, no le contaría nada hasta que fuera estrictamente necesario. Y no era que pensara que Dumbledore era un chismoso, pero estaba seguro de que él sugeriría que acudieran al Ministerio por ayuda, simplemente porque era la mejor opción.
Ni hablar, el Ministerio no lo tocaría si él podía evitarlo. Eran unos inútiles y la mejor prueba había sido el torneo del que se había desencadenado todo.
Luego—no sin un escalofrío extra—pensó en Hermione. En realidad no en ella en sí, sino en lo que le había dicho sobre Harry.
'Sé lo que tienes'.
'Es él, ¿no es así?'
'Ni siquiera intentes mentirme, el año pasado a Harry le ocurría todo el tiempo, ponía la misma cara que tú. Yo pasaba todo el tiempo con él. Soy su mejor amiga, lo vi pasar por eso. Por supuesto que reconocería esa expresión en cualquier lado'.
Era una chica muy astuta, jamás lo decepcionaba en ese ámbito.
¿Potter también tenía esos horribles ataques? ¿Voldemort también lo hostigaba y aterrorizaba de ese modo? ¿Cómo rayos parecía tan normal después de algo así? Cedric sabía que nunca sería el mismo con más firmeza que nunca. El miedo lo recorría con intensidad de sólo recordar ese rostro sin nariz.
Quizá… quizá… Tal vez sería una buena idea hablar con él sobre estas cosas…
¡NO!
Su mente se cerró en banda. No iba a compartir nada con ese chico Potter. Últimamente tenía más odio hacia él por un motivo desconocido, pero no había iniciado desde cero. Mentiría si decía que no estaba resentido con él desde el cementerio. Sí, ambos habían prometido no hablar nunca jamás del asunto, pero cuando Potter lo hacía enojar estos días, una parte de él simplemente deseaba revelarlo todo.
Un rayo iluminó todo momentáneamente. No estaba seguro, pero apostaría que una rata acababa de pasar en la pared que quedaba frente a él. Cedric odiaba las ratas.
¿No sería todo más sencillo si se arrojaba de la torre y ya?
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-¿A Diggory? No, no le he visto. Acabo de salir de nuestra sala común y sólo había unos pocos de segundo. Están estudiando para Snape.
Hermione asintió vagamente ante lo que Hannah Abbott le decía y le hizo un gesto de despedida. Llevaba cerca de cuatro horas buscando al chico Hufflepuff y nada; no estaba en el gran comedor, no estaba en los jardines, no estaba en el campo de Quidditch por el que pasó fugazmente sin enterarse del partido, no estaba en ninguna aula del piso tres y cuatro, no estaba en el invernadero, no estaba en la enfermería y por lo que la chica le acababa de decir, tampoco estaba en su sala común.
Había un montón de lugares en los que Cedric no estaba. Y le enfurecía.
Su cerebro estaba ardiendo y el último lugar que se le ocurría, era su dormitorio. Lo malo, era que no conocía a un chico Hufflepuff lo suficiente como para pedirle que buscara en el dormitorio del desaparecido.
Ella no… pero quizá Harry…
Con la mente más activa al ver esa alternativa, comenzó a caminar entre el mar de alumnos de Hufflepuff que se dirigían al gran comedor para la cena. Tenía que encontrar a Harry para pedirle ese enorme favor. ¿Qué importaba si él pensaba que era extraño? No era momento de explicaciones, era momento de encontrar a Cedric y descubrir si lo que pensaba que le pasaba era real.
No podía serlo. Debía pensar que no era más que producto de su retorcida mente.
-¡Hermione!—al escuchar ese grito, la aludida se sintió más que aliviada. Giró para ver justo al chico que estaba buscando acercarse a ella junto a Ron.
-¡Harry!—lo alcanzó a medio camino, más que emocionada—Necesito un favor.
-Lo que quieras pero, ¿en dónde estabas? Ginny y Luna nos dijeron que irías al partido, pero nunca llegaste. Estábamos preocupados.
-Te cuento después. Necesito que hables con algún chico Hufflepuff y le pidas que te diga si Cedric está en su dormitorio o no.
Harry frunció el ceño, pero fue Ron quien habló.
-¿Cedric Diggory? ¿Por qué quieres saberlo?
-¡Porque es importante!—medio gritó, al borde de la histeria.
Los dos chicos la miraron extrañados ante su ataque, pero Harry la conocía muy bien y aunque se moría de curiosidad y enojo, comprendió a la perfección que no era el momento para pedir explicaciones. La miró un momento más y asintió antes de alejarse de ellos. Hermione suspiró aliviada.
-Mientras esperamos su respuesta podrías explicarme lo que pasa—le dijo Ron.
-Ahora no. Primero necesito saber que lo que pienso no es real.
Los alumnos seguían pasando, algunos medio molestos por tener que esquivarlos dado que eran los únicos que estaban parados contracorriente.
-Hermione… me estás asustando—habló Ron. Ella lo miró por fin y comprobó que su amigo tenía esa mirada asustada que solía poner en todas las situaciones relacionadas con Voldemort el año anterior. Supo que realmente no podía decirle nada. ¿Y si lo alteraba sin motivo alguno? Ron ya había sufrido lo suficiente con lo de su padre. Le tomó la mano.
-Todo irá bien, Ron—él no parecía convencido. Ella tampoco.
Por fin, Harry regresó.
-¿Qué te dijeron?—preguntó al instante la chica.
-Pregunté a un chico de tercero que es amigo de Colin. Me lo presentó por todo eso de ser mis fanáticos. Lucía un poco deslumbrado ante mi presencia—al ver que ella se impacientaba, cortó el rollo—Y me dijo que justo estaba hablando con sus amigos de la ausencia de Cedric. Nunca lo ven, parece como un fantasma, incluso para los chicos de su casa.
-¿Y está o no está?—rugió Hermione, desconcertando al pelinegro.
-B-bueno… dijo que volvería para avisarme.
-¡Harry, Harry!—llamó en ese entonces un pequeño. Se acercaba corriendo al chico que había llamado a gritos.
-¿Qué ocurrió?
-No estaba en su dormitorio—a Hermione se le cayó el alma a los pies—Ya te he dicho que nunca está. Es un chico muy raro, si quieres mi opinión.
Pero Harry no le prestaba atención, veía el rostro desencajado de su amiga. Cuando se dio cuenta de que el pequeño esperaba algo de él, lo miró.
-Uh, gracias. Puedes buscarme más tarde en la cena con pluma y pergamino para ese autógrafo del que hablamos.
Al Hufflepuff se le iluminó la cara.
-¡Lo haré, gracias Harry!
Se marchó, dejando a los tres amigos confundidos por diferentes razones.
-Quizá está en el gran comedor, para la cena—mencionó en voz baja. Hermione lo miró.
Tenía razón, era una de sus últimas opciones. Sin decir nada más corrió hacia el sitio con toda la velocidad que le fue posible, ignorando los gritos de sus amigos.
El castillo era enorme y tenía mil escondites. ¿Dónde iba a buscar si no estaba en el gran comedor? Tenía que estar ahí.
Pero no estaba. Sin importar cuantas veces pasó los ojos por la mesa de Hufflepuff, Cedric no apareció ahí. Tuvo ganas de llorar, pero no debía perder tiempo. Estaba a punto de salir corriendo cuando Harry la tomó de un brazo.
-¡Hermione, espera!
Ella se soltó con un toque de rudeza.
-¡No hay tiempo!
-¿Puedes sólo quedarte quieta un minuto?—le gritó, sorprendiéndola—Gracias. No sé qué demonios quieres con Diggory y aunque realmente me importa, puedo esperar. Ahora, ¿por qué no dejas de estar tan histérica y escuchas lo que tengo que decirte?
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-Esto es realmente brillante, Harry. No sé qué haría sin ti.
-Morir de un ataque, seguramente. Ser tan nerviosita no es nada bueno, ya lo sabes. Una vecina de mi tía petunia tenía un perro chihuahua que tenía un gran parecido contigo hace un rato. Y nunca adivinarás de qué murió —se burló él, abriendo el trozo de pergamino. Hermione le entrecerró los ojos— ¡De un ataque! ¿Cómo adivinaste, Hermione?
Estaban en la vacía sala común de Gryffindor, probando el plan de Harry. La chica quería darle su merecido por la broma tan tonta que acababa de hacer, pero se contuvo. Tenía prioridades.
Harry se rió un poco más antes de sacar su varita y aclarar su garganta para decir.
-Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.
Y así, el mapa del merodeador apareció ante ellos con su peculiar inscripción. Hermione estaba tan agradecida que podría besar a los gemelos Weasley por haberle dado ese mapa a Harry.
-Busquemos lo que necesitas.
Hermione se acercó más a Harry, con los ojos ávidos de encontrar al Hufflepuff.
-Diggory… Diggory… Diggory…-susurraba Harry hasta que…-¡Aquí está!—señaló con un dedo y Hermione siguió la indicación. En efecto, el pequeño cartel rezaba 'Cedric Diggory' y la figurita de pies no se movía.
Se sintió aliviada—por vez número mil—sólo un segundo, antes de pensar que no se movía porque le había pasado algo. Se puso de pie como impulsada por un resorte.
-Muchísimas gracias Harry. Te veo luego.
-Nada de 'te veo luego', señorita. Iré contigo—ella lo miró dudosa-¿De verdad quieres perder tiempo conmigo discutiendo si te sigo o no? Creí que esto era importante.
Él tenía razón, le rodó los ojos como diciendo 'haz lo que quieras' antes de partir. Escuchaba los pasos de su amigo mientras corría.
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-¿Cedric?
Levantó la cabeza, asustado. Había estado pensando en Hermione y entonces su voz se escuchó.
-¿Cedric?—repitió ella. Era real.
La única luz que entraba era ligera y no iluminaba a ninguno de los dos.
-Creo que está por ahí—susurró alguien más. ¿Potter? ¿Este era el día de las invocaciones o qué?
Una figura se movió y cuando estuvo muy cerca, observó el rostro preocupado de la chica.
-Gracias al cielo estás bien—le dijo, agachándose a su altura. Intentó tocarlo pero Cedric le rehuyó.
-¿No te dije que te alejaras de mí?—susurró, con la voz muy ronca.
Hermione se retiró al instante, sorprendida. Al instante, un muy molesto Harry se le puso enfrente.
-Tu trasero es el más desagradecido que yo haya tenido la consideración de salvar, Diggory.
Él miró a Hermione, que se había colocado detrás de su amigo, con sospecha en los ojos. Si ambos eran la mitad de cercanos de lo que los había visto en el año, seguro que ya le había contado lo sucedido en los jardines. Sin embargo, como si ella intuyera su acusación, negó con la cabeza; Cedric comprendió que ella se había mantenido callada.
-¿Y quién ha dicho que necesito ser salvado? ¿Ahora no puedo pasar un poco de tiempo en tu castillo?—su voz sonó mucho más fuerte y estable que al principio.
-Muy gracioso. Tu cara es pálida y no puedo ver tus dedos pero apuesto a que no les falta mucho para congelarse y caer. No es que eso me vaya a hacer particularmente infeliz…
-¡Harry!—interrumpió Hermione.
-¿Qué? Me has dicho que está mal mentir—se justificó él.
-¿No pueden largarse y ya?—regresaron su atención al Hufflepuff.
-¡Oye tú, maleducado!—un indignado Harry saltó—Si quieres morir, de acuerdo, ¿quién soy yo para impedirlo?—luego se giró a su amiga y señalándolo dijo—Ya sabes dónde está, ya sabes lo que está haciendo, fin de la historia. Vámonos Hermione.
Harry se dispuso a irse tomando la mano de su amiga, pero ella se le escurrió.
-Ve a cenar con Ron. Te veo después.
-P-pero Hermione—se sorprendió él. La chica generalmente hacía lo que él decía.
-No pasa nada, Harry. Volveré pronto—no lo miraba, estaba muy concentrada en el terco Diggory y Harry se enojó.
-Como quieras—dijo, antes de abandonar el sitio muy molesto.
Hermione no se movió, quería estar plenamente segura de que su pelinegro amigo se había marchado para comenzar a hablar con Cedric y una vez que lo estuvo, se agachó de nuevo ante el Hufflepuff.
-Cedric… hablemos de esto.
-¿De qué? No tengo nada que decirte.
Hermione pensó su estrategia de nuevo. Para empezar, ella no estaba segura de lo que le había ocurrido, no realmente. ¿No sería mejor comenzar por lo básico?
-Hace muchísimo frío aquí afuera, ¿por qué no vamos al gran comedor para la cena? O podrías ir a tu dormitorio.
-No tengo nada de frío. Entre tú si tanto quieres.
Lo que era realmente helado, era su tono. Y Hermione estaba perdiendo la paciencia.
-¿De verdad? Supongo entonces que tus manos tiemblan de la felicidad.
Ella notó que las apretaba más, intentando controlarlas. La miró con el ceño fruncido… o un intento de.
-Como Potter dijo, ya viste que estoy estupendamente vivo. ¿Puedes realmente largarte de una vez?
Eso era todo.
-Es lo que quieres, ¿no? Pues como Potter dijo—recalcó—eres el moribundo trasero más desagradecido que he querido salvar. ¡Te va a dar hipotermia o algo!
Cedric se puso de pie, tambaleante y furioso.
-¡Quiero que me dejes en paz, no que me salves de lo que quiera que piensas que pasa! ¿Te lo he pedido acaso?
-¡No! ¿Y parece que me importa? Estaba realmente preocupada, Cedric—bajó el tono—Tu corriste sin decirme nada. Nosotros íbamos a be… bueno, ahora no importa. Me gustaría saber lo que te ocurrió para que pusieras semejante rostro de horror. Yo tengo una idea y estoy rogando porque no sea lo que pienso pero…-un suspiro cansado—es difícil cuando no me dices nada. Eres tan cerrado como Harry.
-No me compares con ese tonto.
-¡Pues entonces deja de comportarte como tonto!
El silencio se estableció, con uno mirando al otro y negándose a ceder. ¿Cuál sería más terco? A Cedric le quedaba claro que era ella la más aferrada. Podía decirle la verdad… la mitad de la verdad… o mentirle.
-No fue nada importante Hermione, no sé por qué te pones tan insistente sobre esto.
-Pero tu rostro, y te comportaste muy raro…
-¡Yo soy raro!—le gritó, sobresaltándola—Después del cementerio muchas cosas cambiaron. Quizá no lo sepas, pero la gente cambia para sobrevivir. Nunca he aparentado ser el mismo—ella lo miraba, sin saber que decir—Como sea. A mí me… me dolió un poco el cuerpo. Es algo normal en mi nueva vida.
La preocupación volvió a Hermione.
-¿Dolor? ¿Te duele algo en particular? A Harry le duele mucho la cicatriz cuando tú-sabes-quién está cerca o está planeando algo o…
-¿A Harry le duele la cicatriz?—interrumpió Cedric, francamente sorprendido. Hermione hizo cara de haber hablado demasiado, rozando sus labios con sus dedos.
-B-bueno… a veces pero…
-Es muy tarde para mentir, Hermione.
Estaba atrapada, sabía cuándo no había punto de retorno y su tonta boca en colaboración con su muy tonto cerebro, habían ayudado a llegar ahí, muchísimas gracias. En el lado positivo, aún era lo suficientemente lista para negociar.
-Te diré qué; te contaré lo que pasa si tú y yo vamos a un sitio cálido y cómodo. ¡Moriremos gracias a esta estúpida lluvia!
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-Me parece justo decirte de una vez desde que si lo que esperas con este intercambio es que yo te confirme alguna historia retorcida que ya te adelantaste a construir en tu mente, te vas a llevar una gran decepción.
Hermione dejó de exprimir el borde de su capa para mirarlo con los ojos entrecerrados. Luego la soltó con gesto dramático.
-Maravilloso—gruñó. Se dio la vuelta y comenzó a andar por el pasillo.
Habían ido a un corredor cercano al jardín, todos estaban tomando la cena y aunque no era el gran comedor o un sitio más confortable, al menos estaba cálido por las antorchas encendidas que colgaban de las paredes.
-¿A dónde vas?—la llamó Cedric, un poco preocupado al verla marcharse sin más. Ella se detuvo, pero no se giró.
-Lejos de aquí. Me has dejado claro que voy a ser la única que hable como perico y con toda sinceridad, hoy no me apetece ser bondadosa con mis perlas de sabiduría.
Cedric suspiró, pensando que era cierto. ¿Para qué entonces habían cambiado de escenario? Siempre podía contarle una verdad a medias.
-Vuelve aquí y hablemos—a pesar de su tono débil, la chica que no se había movido lo escuchó y escondiendo una sonrisa triunfante al ver su plan de la indignación funcionar, se giró, deshaciendo el camino y tomó asiento a su lado.
-Habla ahora Diggory—ordenó.
-No, vas a hablar tú. Primero quiero saber lo que tienes que decir.
Hermione torció el gesto, él era imposible, pero comprendió que no llegarían a ningún punto si seguían así, así que se sentó a su lado, su cerebro trabajando a gran velocidad para pensar en lo que podía decirle.
-A Harry le ha dolido la cicatriz desde que le conozco—inició—Al principio pensábamos que era algo muy extraño y yo busqué en todos los libros que se me ocurrieron un remedio para lo que le ocurría, pero no encontré mucho—Cedric tuvo el descaro de reírse y ella detuvo su narración, mirándolo asombrada. Hace nada él estaba con un humor de cerdo; gruñendo por la más mínima cosa— ¿Qué es tan gracioso?
-Es sólo que debió ser gracioso verte con once años buscar hasta en los libros más enormes—otra risita—No sé, suena lindo.
Apenas dijo él la última palabra cuando el rostro de Hermione estalló en un luminoso tono rojo. Cedric pareció darse cuenta de lo que dijo y toda diversión desapareció. Carraspeó y miró a otro lado antes de hablar.
-Como sea, ¿qué pasó después?
-B-bueno—continuó con dificultad—terminamos asociándolo a quien-tú-sabes porque cuando a Harry le dolía, algo relacionado a él pasaba. No estoy diciendo que se le presentaba en persona todo el tiempo, podía ser que uno de sus secuaces estaba cerca o cosas malas estaban por ocurrir. Sin embargo, después del torneo las cosas empeoraron. Harry pasó un verano horrible y todo era un caos. El mundo mágico no quería más que él contara lo que había pasado en el cementerio contigo y con quien quiera que haya estado involucrado y al pobre le fue muy difícil evadirlos a todos. Dumbledore y la Orden intentaban protegerlo lo más que podían, pero se hacía cada vez más complicado puesto que el Ministerio exigía respuestas. Recuerdo que yo estaba muy molesta; Harry debió pasarla muy mal en el cementerio como para que todavía vinieran y lo molestaran más, ¿quién diablos se creían?
Una parte de Cedric quería decirle a Hermione que no le interesaba en lo más mínimo la tragedia griega de Potter, pero la otra parte, que era más fuerte, estaba un poco contenta de escuchar que él también tenía problemas. Podría decirse que era un tipo de empatía pero egoísta, si es que eso existía.
-En fin, a lo largo de nuestro quinto año en Hogwarts, Harry descubrió que tú-sabes-quién tiene una conexión con él. Es un poco complicado de explicar, pero gracias a lo que pasó en la noche en que Harry se convirtió en 'el niño que vivió', a la magia que lo protegió y al hechizo del señor tenebroso que no fue llevado a cabo con éxito, se estableció un puente que hace que Harry pueda entrar en su mente y viceversa. Por ello, Dumbledore hizo que Harry estudiara oclumancia con Snape, pero ya sabes que esos dos se detestan y nada bueno podía salir de ahí. Después de unas cuantas sesiones Harry llegó a su límite y lo abandonó, diciendo que de todos modos no se le daba. Yo creo que pudo intentarlo un poco más, pero bueno, fue su decisión. La parte buena es que ahora lo controla un poco mejor, creo. Aún le duele la cicatriz en ocasiones y ve… cosas, pero creo que está un poco más bajo control. Al menos sabe a lo que se enfrenta y lo que está en juego.
Cedric se había quedado paralizado. ¿Era eso lo que ocurría? ¿Voldemort estaba entrando en su mente para volverlo loco y definitivamente terminar con él? Era horrible. Tenía unas ganas casi irrefrenables de arrojarse por la torre de astronomía y terminar con todo el cuento, pero antes, tenía una última pregunta.
-¿Saben si… él está enterado de la conexión?—siempre sería un misterio para él cómo consiguió que su voz no temblara.
Ella se encogió de hombros.
-No estoy muy segura. Creo que Dumbledore piensa que sí, aunque no diga nada. Pero yo sigo dudando, de lo contrario, no le habría dejado ver a Harry que estaba atacando al señor Weasley en el ministerio. Aunque… nos atrajo a todos a dicho lugar cuando Harry vio que tenía a Sirius y lo estaba torturando ahí, cuando llegamos Sirius no estaba. Eso también me hace pensar. Quizá no lo controla tan bien, aunque se diga tan diestro de la magia oscura y-
Hermione se detuvo de repente, al ver el rostro de Cedric. En toda la conversación había tenido la mirada baja, intentando controlar el repentino sonrojo que la hacía ver como una tonta pero la levantó en el momento justo para apreciar el pálido rostro de su acompañante. No era que eso la hiciera sentir bien…
Por su parte Cedric, al ver que la chica había descubierto el terror plasmado en su rostro, intentó ocultarlo. Sin resultados positivos.
-Yo…
-No te molestes. Lo he visto ya. Algo parecido te debe estar ocurriendo.
-Por supuesto que no—negó vehemente.
-¿De verdad? Supongo entonces que la pregunta sobre el conocimiento de la conexión fue al azar.
Cedric la miró por un momento, pero ese par de ojos castaños lo estaban presionando demasiado. No soportó y bajó los ojos a sus zapatos. El silencio se instaló por un instante.
-Dime la verdad, Cedric—susurró ella. Él apretó los puños.
-No sé qué quieres que te diga—mintió.
-¿Qué fue lo que pasó en los jardines? Y más aún, ¿te ha pasado antes?
-No—admitió a regañadientes. Pudo escuchar como ella suspiró.
-Eso es bueno
-Ni siquiera sabes qué me pasó—le gruñó.
-Lo que fuera que haya sido, sé que no fue bueno.
Más silencio.
-Realmente deberías alejarte, Hermione.
-No quiero más que ayudarte, Cedric—respondió ella, con ganas de tomar su mano.
-No he pedido tu ayuda, no soy tu proyecto de caridad—si él lo hubiera dicho con ese tono tan parecido al de Malfoy, muy probablemente ella se hubiera ofendido y lo hubiera mandado al diablo, pero su entonación fue más bien derrotada.
-Nadie dijo que lo fueras. Puedes superar lo que sea, estoy segura. Todo el mundo cree que tanto Ron como yo sabemos todo lo que pasó en el cementerio, pero no es verdad—eso llamó la atención de Cedric, que la miró sorprendido—Harry no nos dijo nada y yo no quise insistir cuando lo vi. Estaba tan contenta de tener a mi amigo vivo que no me importó nada más. Ron pensaba igual que yo, pero con el paso de los días, al ver que todo más o menos volvía a la normalidad, su curiosidad creció. Juro por Merlín que casi tuve que obligarlo a base de magia a no preguntar nada, y lo hice porque, a pesar de que yo también quería saber, el recuerdo del rostro desencajado de Harry volvía a mi mente todo el tiempo. No quería hacerle las cosas más difíciles a alguien que quiero tanto. Sí, sé que está esa 'versión oficial', pero no me creo ni un poco. Cuando Harry esté listo para contarme, lo hará.
Cedric pensó que Potter tenía la maldita suerte más grande del mundo al contar con una chica como Hermione y después tuvo un sorpresivo ataque de celos. Ella esperaría por Potter, pero no por él. Que estúpido, por supuesto que lo haría. A Potter lo quería y a él… bueno, ni siquiera estaba muy seguro de decir que lo apreciaba. ¿Llegaría él a tener un significado remotamente parecido al que Harry tenía para ella?
-Sí que vi algo—declaró, antes de darse cuenta de lo que estaba diciendo. Hermione dio un respingo y abrió mucho los ojos.
Oh, demonios.
-¿Qué?—dijo la chica sin aliento. Cedric comprendió que en realidad ella no esperaba que le revelara algo. Era un tonto. ¿Por qué lo hizo? ¿Para ganar puntos contra Potter? Una idiotez.
Como fuera, el daño estaba hecho.
-Vi algo. Y también me dolió. No la cicatriz, puesto que no tengo una en particular. En realidad no sabría decir exactamente lo que me dolió, fue muy rápido.
Hermione escuchaba atentamente, sin moverse.
-¿Qué fue lo que viste?
Nu-uh. No lo diría. Ni en sus más locos sueños. Decirlo en voz alta lo haría más real cuando el plan era fingir que había sido una alucinación. Él no era Potter. Sí, Voldemort había intentado asesinarlos a ambos, gran cosa. Pero Cedric no había recibido la ayuda de la magia de una madre preocupada por su hijo; en los momentos en que su vida pendía de un delgado hilo, su propia madre creía inocentemente que su adorado pequeño participaba en un torneo que le traería gloria, nada más lejano de la realidad.
Luego estaba Hermione, observándole con esos ojos castaños suplicantes que casi hacían que revelara todo lo que ella quisiera escuchar. Casi.
-Tienes que darme tiempo, Hermione. Yo… simplemente no puedo contarte todo hoy.
Contrario a lo que él pensaba, ella asintió y le sonrió ampliamente.
-Roma no se construyó en un día, ¿verdad?—Cedric asintió, aunque no estaba muy seguro de lo que ella quería decir. Entonces, lo tomó de la mano, dándole un ligero apretón que hizo correr algo cálido por todo su cuerpo—De cualquier manera estoy muy agradecida por lo que me has contado. Puedes confiar en mí, Cedric. Siempre voy a apoyarte.
La calidez se expandió hasta su pecho, librándolo de un peso que no sabía que tenía. Se sentía mejor de lo que se había sentido en mucho tiempo. Sentía que todo iba a estar bien, que nada malo podía pasarle.
La sonrisa de Hermione titubeó un poco al ver que él no hacía más que mirarla fijamente y comenzó a preguntarse si estaba loca y había sido demasiado. Palabras comenzaron a salir de su boca nerviosa y rápidamente.
-No estás obligado a decirme todo, claro. No quiero imponerte mi presencia y que pienses que soy una entrometida que simplemente quiere enterarse todo de primera mano y en realidad no me importas, no es eso. Es que yo-
No pudo seguir hablando.
Los labios de Cedric Diggory estaban plantados en los de ella.
El tiempo se detuvo.
Hermione no escuchaba nada, no veía nada, no sentía nada más que esos suaves labios en los propios.
No era más que un contacto. Un muy firme contacto. Un contacto que disparó todos sus sentidos de pronto e hizo que un sentimiento indescriptible y desconocido para ella se instalara en su estómago.
No sabía cuánto tiempo llevaban así y no le importaba, para ser sincera. No quería moverse, quería quedarse así por un largo, largo tiempo.
Pero las cosas casi nunca salían como ella lo deseaba, y Cedric se separó.
Ninguno miró directamente a la cara del otro. Hermione daba rápidas miradas de reojo donde sólo pudo captar que las mejillas del chico estaban del tono rosa más adorable-¿¡adorable!?—y dedujo que el de ella no estaba en mejores condiciones.
La incomodidad se estaba expandiendo rápidamente. ¿Qué se hacía en un momento como este? ¡Ni siquiera sabía cómo es que se habían desarrollado los últimos dos minutos! ¿O había sido menos? Su cerebro era un desastre. Abrió la boca, desesperada y dispuesta a hablar de la primera tontería que se le ocurriera.
-Yo…-se adelantó Cedric. Un carraspeo más.
Hermione volvió al tono rojo. La ansiedad se apoderó de ella. No podía hacerlo. Sencillamente no podía enfrentarse a lo que sea que hubiera ocurrido.
Se puso de pie como si tuviera un resorte en el trasero, tan recta como le fue posible.
-Bueno, creo que una vez hablado este asunto, me siento mucho mejor. ¿Tú no? ¡Por Merlín, es tardísimo! Harry y Ron deben estar desesperados por saber en dónde me encuentro. ¿Nos vemos mañana? Dulces sueños.
Ni una sola vez lo miró al rostro, se marchó con paso firme y pensó que quizá lucía como uno de esos robots de las películas muggle que veía su padre con tanto entusiasmo y se suponía que dominarían el mundo en unos pocos años.
Ya cerca de la torre de Gryffindor se relajó. Volvió a su paso normal y tomó respiraciones hondas para tranquilizarse, colocando una mano a la altura de su corazón.
Una amplia sonrisa comenzó a florecer en sus labios, tomándole completamente por sorpresa. Soltó entonces risitas tontas y bajó la mano que estaba en su pecho hacia su estómago, sintiendo de nuevo esa extraña sensación. ¿Era lo que Lavender denominaba 'mariposas en el estómago' cuando veía a Ron?
No tenía ni la más mínima idea, pero no le importaba. Era agradable.
Continuó avanzando entre risitas, incluso rozó con los dedos sus labios, repitiendo en su mente una y otra vez lo ocurrido.
La alegría no desapareció incluso cuando llegó a la sala común de los Gryffindor y se topó con unos muy preocupados mejores amigos.
Hermione estaba flotando por primera vez en su vida.
Todo gracias a Cedric Diggory.
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N/A: Awwww, pero que cursi. HAHAHAHAHAHA. Qué ganas las mías de arruinarles el momento, de verdad. ¿Qué les parece? ¿Se lo esperaban? La verdad es que yo no. Simplemente surgió. Y es que hoy desperté dispuesta a terminar el cap y dárselos de regalo de año nuevo, escribía yo muy contenta y de repente la idea surgió. ¿Creen que es un buen regalo? Su primer beso para cerrar el 2014. Como que ya iba siendo hora, la verdad, hahahaha, que bueno que nuestro Cedric se animó.
De nuevo, me reí mucho con los diálogos de Harry. ¡Es muy divertido! Espero lo hayan disfrutado tanto como yo.
¡Gracias a las personas que me mandaron review!
Lunajely. Xii Black C. B. P. Smithback. . NATALIA. Click-Clack(HAHAHAHAHAHA el Voldy de Hogwarts. Comparto tu risa por Malfoy ;) elegv. Florezz-hime. Leah Belikov (¡Gracias!). lore.
Son lo máximo chicas, les agradezco un montón y espero que les guste el cap. También gracias a las alertas de favorito y follow, me hacen muy feliz.
El año se nos acaba (y la verdad lo agradezco) y no quiero cerrar la publicación sin antes desearles todo lo mejor para el año que entra. Espero que les pasen puras cosas muy cool y positivas a ustedes y a sus seres queridos. Les agradezco por estar conmigo y mis historias un año más y les prometo trabajar más duro para el año que viene. Les mando muchos besos y abrazos, pásenla increíble y disfruten mucho con los que más quieren. ¡Feliz año!
F.
