Capitulo 14

—Listo— murmuró cuando terminó de guardar el último libro.

Cerró la caja, tomó la cinta adhesiva y terminó de embalarla. El ruido chirriante del pegamento hiso eco en las cuatro paredes de su habitación, o ex habitación. Levantó la vista de la caja y miró el cuarto vacío, no pudo evitar sentir nostalgia.

Había pasado dos semanas desde que aceptó la propuesta de Edward y para ser sincera ella hubiera tomado todas sus cosas y se habría mudado en ese mismo instante que se lo pidió, pero no pudo primero tuvo que asegurarse de alquilar su apartamento y contarle la verdad a Jacob. Suspirando se pasó una mano por el pelo y se levantó del suelo. No quería recordar nada de lo sucedido de ese día, sin embargo no podía olvidar la expresión de dolor en el rostro de Jacob.

Unos brazos se enroscaron alrededor de su cintura atrayéndola hacia un fuerte y amplio pecho. Sonrió al tiempo que cerraba los ojos y dejaba caer su cabeza hacia atrás, apoyándola en el ancho hombro.

— ¿Terminaste?— preguntó esa voz aterciopelada en su oído. Un suave murmullo que consiguió hacerla estremecer levemente.

—Si— asintió girándose entre los brazos de Edward.

—Genial, ya guardé tus bolsos en el auto— se inclinó hacia delante y presionó con delicadeza sus labios contra los de Bella.

Suspiró cuando se apartó y depositó un dulce beso en su ojo lastimado. Los golpes no habían desaparecido por completo, aún estaba allí cambiando de color haciendo que lucieran más espeluznante que antes. Su ojo era el que más impresión le daba, había pasado de estar rojo a un violeta oscuro, casi negro y aun estaba un poco hinchado, cada vez que se miraba al espejo farfullaba molesta por el aspecto horrible que le daba a su cara.

Carlisle le había hecho un certificado médico para que pudiera presentar en el trabajo y escuela justificando su inasistencia.

Estaba frustrada consigo misma porque no podía recordar cómo y quién había sido su agresor, era como si su mente se bloqueara cada vez que intentaba hacer memoria. Carlisle y Jasper le habían dicho que no se preocupara y se tomara las cosas con calma, atribuían el bloqueo como un mecanismo de defensa de su cerebro para así no volver a revivir lo que había pasado. Ella misma, inconscientemente se estaba protegiendo.

— ¿Todo bien?— preguntó Edward acariciando su mejilla.

—Todo bien— dijo suavemente— ¿Nos vamos?

Edward le sonrió de costado y se inclinó para levantar la caja con los libros, luego se encaminó fuera de la habitación. Bella lo siguió y cerró la puerta de su cuarto, pasaron por la sala y la cocina, ambas con sus respectivos muebles pero vacíos de sus pertenencias. Llegaron a la puerta y antes de cerrarla miró su apartamento, aquel que se había convertido en su hogar los últimos dos años. Con una sonrisa triste de despidió del lugar y cerró la puerta con llave. Se giró y encaró a Edward quién la miraba con un poco de preocupación, de inmediato su tristeza desapareció y le sonrió radiante.

Iría a vivir con Edward para así comenzar una nueva vida juntos, como una familia. Quizá para ojos ajenos él estaba siendo un pedófilo, Bella aun no tenía la mayoría de edad pero eso era algo que a ellos no le importaba, de todas maneras podría mentir con la edad o bien esperar unas semanas para su cumpleaños y el problema habría terminado. Como si fuera posible su sonrisa se hiso aun mayor.

— ¿Qué es tan gracioso?— le preguntó Edward con una sonrisa tan grande como la suya.

—El que sonría no significa que me ría de algo— dijo encogiéndose de hombros—. Sonrío porque estoy feliz.

Antes de que Edward le contestara se escuchó un fuerte golpe a pocos metros de distancia. Miró en dirección al sonido y con tristeza observó que se trataba de la puerta del apartamento de Jacob. Entonces a su mente vino el día en que le dijo que se mudaría.

Nunca había visto a Jacob tan enojado y dolido con ella, cuando le dio la noticia de que se mudaría con Edward al principio él se puso como loco y comenzó a decir barbaridades en contra de Edward, luego se calmó repentinamente y le rogó que no se marchara, le había tomado las manos y las había apretado contra su pecho mientras sus ojos y su voz destilaban pura tristeza. Ni siquiera la había dejado contestar, se marchó cerrando la puerta de un golpe. Luego de eso no lo había vuelto a ver, y cada vez que se animaba a ir a verlo terminaba retrocediendo con el puño en el aire.

—Te espero abajo— le dijo Edward sonriéndole, dándole ánimos.

Ella lo vio marcharse por el ascensor dejándola sola para enfrentarse a Jacob. Caminó unos pasos hasta quedar frente a la puerta, esta vez no podía huir debía hablar con él y despedirse, tampoco era como si no fuera a verlo de nuevo, solo no sería vecinos… Tomando un hondo respiro levantó su mano para golpear la puerta, pero antes de que pudiera tocarla está se abrió y un agitado Jacob casi la atropella.

—Oh, dios— jadeó su amigo antes de enroscarla en sus brazos y apretarla contra su cuerpo—. Lo siento tanto— murmuró contra su cabello—. Siento haberme comportado como un tonto… por favor, perdóname— le pidió mientras se apartaba y tomaba el pequeño rostro de Bella entre sus grandes manos—.Es solo que… no quiero que te marches— admitió derrotado, bajando la cabeza avergonzado.

Bella enroscó los brazos en la cintura de Jacob y se apretó contra su pecho, sintiendo como las lágrimas corrían por sus mejillas empapando la camiseta de Jacob. Nunca había discutido con su amigo durante tanto tiempo, siempre eran tontas peleas que duraban minutos hasta que cualquiera de los dos se diera por vencido y pidiera perdón.

Sin embargo esta discusión no era como las anteriores, eso pudo verlo por la forma de reaccionar de Jacob, lo que no sabía era a qué se debía.

—Lo siento— volvió a disculparse apretándola contra él—. No llores, Bella— pidió acariciándole el cabello.

Bella negó con la cabeza y se alejó secándose las lágrimas con el dorso de la mano.

—Está bien— dijo con voz entrecortada—. Aunque no entiendo muy bien— lo miró viendo como él apartaba la mirada.

—Ya te lo dije y siempre lo diré— la miró esta vez con furia contenida—, ese tipo no me gusta nada, pero…— alzó la voz cuando ella iba a protestar—si eres feliz con él entonces yo no puedo hacer nada— tomó sus manos, entrelazando sus dedos y apretándolos con dulzura—. Voy a extrañar entrar a tu apartamento cada vez que se me dé la gana— Bella se rió negando con la cabeza—. También extrañaré nuestros fines de semana de película. Llevarte a la cama cada vez que te quedes dormida en el sofá. Comer juntos. Contarnos lo que hicimos en el día… pero sobre todo voy a extrañar verte todos los días.

—Jake— gimió llorando nuevamente—. Vamos a seguir en contacto, podemos vernos los días y las veces que quieras, tampoco me mudaré de estado…

—Lo sé, pero…— su voz se apagó abruptamente y su mandíbula se tensó.

Bella notó en sus ojos la lucha interna de Jacob, estaba debatiéndose en decirle algo. Ella iba a preguntarle cuando vio la resignación de su amigo. Lo vio cerrar los ojos y negar con la cabeza.

—Cuídate— finalmente dijo abatido y volvió a abrazarla—. Cuídate mucho Bella, por favor— su voz era suplicante y su agarre se volvió más fuerte, desconcertando aún más a Bella—Será mejor que te vayas o subirá a buscarte— suspiró pesadamente y se apartó un poco, solo rodeándola con un brazo.

Juntos caminaron hacia el ascensor y esperaron a que este llegara al piso, cuando las puertas se abrieron se colocaron en medio de ella, evitando que así se cerraran.

—Ya sabes dónde encontrarme si tienes algún problema— le sonrió con un poco más de ánimos—. Tienes mi número y puedes llamarme a la hora que sea para patearle el culo a cualquiera, sobre todo a…

—Lo sé, Jake— se rió negando con la cabeza—. Te tengo en marcado rápido.

—Bien— le tomó el rostro entre sus grandes manos y la acercó hasta que sus labios le tocaron la frente, en un beso cálido y lleno de sentimientos—. Te quiero.

—También te quiero, Jake— susurró al borde del llanto nuevamente.

Ambos dieron un paso atrás, dejando que las puertas del ascensor se cerraran. Bella sintió como una parte de su corazón se quedaba en aquel piso, junto a Jacob. Ella sin duda también extrañaría todo aquello que él había mencionado, estaba segura de que podrían verse los días que quisieran pero aunque se negara a admitirlo ellos no volverían a ser tan cercanos, y no se refería a la distancia de sus departamentos. Ella había cometido el error de olvidarse de él cuando apenas estaba saliendo con Edward, ahora que vivirían juntos estaba segura de que ni siquiera se acordaría de él.

Estaba actuando y pensando como una egoísta, pero ¿acaso podían culparla? ¿Era pecado estar enamorada y solo pensar en estar con esa persona las veinticuatro horas del día? Por supuesto que no, nadie podía culparla porque todos en algún momento se olvidan del mundo exterior.

La campanilla del ascensor sonó diciéndole que ya había llegado a destino. Con prisa se secó el camino de las lágrimas con las mangas de su suéter rápidamente, tomo varias respiraciones tratando de calmarse, para así no demostrarle a Edward que había estado llorando. Una vez que tocó su rostro, comprobando que las lágrimas habían desaparecido y notar que su voz no sonaba ronca, salió del ascensor hacia la puerta de salida, al abrirla sintió su respiración cortarse y su corazón saltarse un par de latidos.

Se encontraba apoyado contra su auto, de brazos cruzados a la altura del pecho, los músculos de los antebrazos estaban inflados por la presión. Su cabeza estaba inclinada hacia atrás, sus ojos enfocaban el cielo parecían tener una mirada nostálgica. La suave brisa mecía el cabello bronce y el sol hacía que las hebras cobrizas brillasen. En su completa magnificencia Edward la estaba esperando. Era increíble lo guapo que ese hombre podía ser, lo cautivada que la tenía, con solo mirarla ella sentía todos sus huesos esponjosos y débiles, con una ladeada sonrisa los músculos de su estómago se contraían y las mariposas revoloteaban como locas dentro de su vientre… aún no lograba entender qué era lo que él veía en ella, cómo una simple niña había logrado conquistarlo…

En ese momento Edward desvió la mirada del cielo y clavó sus bellos ojos verdes en ella, sonriéndole ampliamente. Respondiéndole la sonrisa bajó corriendo los escalones de la entrada y se tiró a los brazos de Edward. Rodeándole con sus brazos se apegó a su novio, escondiendo el rostro en su cuello y aspirando su masculino aroma.

― ¿Todo en orden?― le preguntó en un susurro. Bella asintió con la cabeza ― ¿Hablaste con Jacob?― volvió a asentir― ¿Te ha dicho algo… malo?― pudo sentir como entre sus brazos se tensaba.

De inmediato se apartó y negó con la cabeza de manera frenética.

― ¿Entonces por qué estuviste llorando?― señaló con la mandíbula tensa.

― ¿Cómo… te diste cuenta?― preguntó Bella con los ojos abiertos por la sorpresa.

―Tus ojos están rojos e hinchados y tu nariz sonrosada― le dio un suave golpecito en la punta de su nariz enfatizando sus palabras.

Bella apartó la mirada avergonzada y se regañó mentalmente por ser tan tonta al pensar que podría engañar a Edward.

― Te ha dicho cosas hirientes ¿verdad?― la voz de Edward era baja y amenazante, un tono sombrío que la asustó― Yo le enseñaré a…

―No, Edward. Está todo bien― le detuvo cuando se impulsó hacia adelante, a punto de ir hacia su amigo―. Ha dicho cosas hermosas y bueno… me he emocionado— se encogió de hombros.

Edward se le quedó mirando por un rato largo inspeccionando sus facciones, parecía que estaba intentando leerle la mente. Finalmente suspiró y negó con la cabeza.

—Sí, te creo. Él no es tan tonto como para decírtelo— murmuró acariciándole la mejilla— ¿Lista para irnos?

—Listísima— se rió emocionada y rebotando con energía.

Edward se rió de su entusiasmo, luego se alejó del auto para abrirle la puerta de pasajero, una vez que ella se sentó en el asiento la emoción y felicidad se esfumaron rápidamente y los nervios la amenazaron con ahogarla. Mientras miraba cómo Edward rodeaba el auto y sentarse en su puesto notó la bilis subir y bajar por su estómago y garganta.

Una vez en marcha el auto su mente comenzó a trabajar más de lo normal. Desde hacía una semana pensaba que vivir con Edward era un sueño hecho realidad, se había imaginado a sí misma en diferentes escenarios junto a él, pero ahora que estaba a minutos de vivir aquellos escenarios la hacía ponerse enferma de nervios.

Si bien antes había compartidos días enteros con Edward, en su mayoría los fines de semana y durante la semana se veían un par de horas, ahora iba a ser completamente diferente, sus días se convertirían en veinticuatro por siete. Pero aquel nerviosismo que sentía no era por la convivencia. Ellos ya habían compartido cama pero las cosas nunca llegaron a más, sobre todo por su parte. Edward jamás la había presionado y mucho menos hablado del tema, pero estaba segura de que ahora que vivirían juntos en algún momento tendrían que hacerlo. Sabía que él quería algo más que fogosos besos y superficiales caricias…

Sus pensamientos se esfumaron de inmediato cuando vio el edificio de Edward pasar a gran velocidad por la ventanilla del auto. Miró con perplejidad antes de girarse y encarar a Edward, quien sonreía ampliamente.

—Emmmh… ¿A dónde vamos?— preguntó confundida.

—A casa— le respondió guiñándole un ojo—. Estás muy callada ¿pasa algo?— preguntó desviando el tema.

—No, nada— se sentó tensa en el asiento—. Solo estaba pensando— admitió, aunque eso sería todo lo que diría.

— ¿Puedo saber en qué?— le sonrió con diversión.

—Pensaba si tendrías estantes libres para mis libros… son muchos— mintió con voz temblorosa.

—Eres tan mala mentirosa— se carcajeó y se inclinó para besarla suavemente—. No te preocupes, hay espacio de sobra.

Luego de diez minutos, que le parecieron interminables para Bella, Edward aminoró la marcha y frenó frente a un gran edificio de color gris y ventanas pequeñas. Frunció el ceño cuando el auto volvió a moverse, está vez rodeando al edificio y entrando en el estacionamiento privado. Edward aparcó el auto y prácticamente corrió a abrirle la puerta, ayudándola a bajar.

—Edward ¿qué estamos haciendo aquí?— preguntó mientras caminaban hacia el ascensor.

—Hay algo que quiero mostrarte— contestó tirando de ella.

Bella aun más confundida lo observó presionar el botón con el número doce. Estaba totalmente perdida, no tenía ni idea de a donde la estaba llevando y por qué Edward tenía semejante sonrisa en su rostro. Suspirando con impaciencia miró los número iluminarse a medida que subían.

—Hey, tranquila— le dijo pasando un brazo por su cintura, atrayéndola a su costado—. Relájate.

Ella iba a exigirle que le explicara la situación cuando la campanilla sonó y apenas se abrieron las puertas Edward la medio arrastró-cargó por el largo pasillo hasta la última puerta. Esta vez ella no pudo evitar reírse por el entusiasmo de Edward. Él la dejó en el suelo y de sus bolsillos sacó un manojo de llaves, escogió una y abrió la puerta.

Antes de que Bella pudiera mirar al interior unas manos le taparon los ojos.

— ¡Edward!— exclamó entre sorprendida y frustrada.

—Anda, camina— le ordenó con diversión, empujándola para que caminara.

Entre pasos vacilantes y unos cuantos tropezones avanzaron de manera lenta.

— ¿Por qué tanto misterio?—preguntó dando un paso hacia delante.

—Ya lo verás— se rió y dejó de caminar— ¿Lista?

—Si— gruñó con impaciencia.

De a poco las manos de Edward se apartaron de sus ojos dejándole ver el interior del apartamento. Jadeó llevándose las manos a la boca mientras sus ojos lo observaban todo.

Frente a ella había una hermosa, espaciosa y elegante sala. Tres sillones de gamuza gris oscura rodeaban una pequeña mesa de madera, frente a un televisor plasma gigante pegado contra la pared. Las ventanas eran pequeñas y estaba tapadas por cortinas que colgaban desde el techo y llegaban hasta el suelo y se estiraban de pared a pared, dando la sensación de ser unos enormes ventanales. Giró su cabeza hacia la derecha hasta que sus ojos se toparon con un piano de cola negro, brillante y hermoso…entonces lo comprendió todo.

— ¿Qué hiciste?— le preguntó en un susurro, sin poder despegar los ojos del lugar— ¿Qué es esto?

Edward se paró frente a ella y le tomó el rostro entre sus manos, mirándola con intensidad. Por un momento Bella se sintió perder en aquel brilloso mar verde.

—Esta es nuestra casa— dijo con lentitud.

Podía sentir las palabras golpearse contra las paredes de su cerebro, haciendo eco, tratando de entrar en su razonamiento. Sin embargo ella se negaba a creer que Edward hubiera dicho eso. Pero no, él realmente había dicho nuestra casa, él realmente había comprado un apartamento… ese pensamiento hiso que recuperara la compostura y que el shock desapareciera dando paso a una ira que jamás en su vida había sentido.

— ¡¿Qué hiciste qué?— gritó mirándolo furiosa.

—Por favor, Bella… déjame explicarte pri-

— ¿Qué vas a explicarme?— inquirió furiosa, interrumpiéndole— ¿Qué compraste un departamento sin decírmelo antes? ¿Qué ni siquiera consultaste si yo quería esto? Edward, me dijiste que viviríamos en tu casa…

—No te dije que viviríamos en mi casa— se defendió frunciendo el ceño y se arrepintió de inmediato cuando comenzó a respirar de manera pesada—Mira, lo que pasó es que me di cuenta de que mi apartamento era pequeño— explicó antes de que su novia comenzara a gritar—. Todo sucedió cuando me encontraba acomodado mi armario y a pesar que saqué ropa que ya no usaba, no quedaba absolutamente nada de espacio suficiente para tu ropa. Entonces inspeccioné el resto de la casa y me percaté de que solo había espacio para mis cosas y… bueno, decidí ir a ver apartamentos. Juro que iba a decirte, pero entonces vine solo y me gustó este, pensé que sería un lindo regalo…donde comenzar algo los dos juntos, yo… Bella…

Cerró la boca cuando Bella se apartó y siguió mirando el lugar. A su izquierda había una pared anaranjada oscura que separaba el pasillo de la cocina. Esta era, moderna, iluminada y cómoda, los muebles blancos contrastaban perfectamente con los muebles blancos. Había un mesón de piedra negra con cuatro taburetes a juego, más atrás estaba la mesa de color blanco, y sillas negras. Miró por el pasillo era largo y había cuatro puertas.

—Debiste habérmelo dicho— le reprochó, volviéndolo a mirar.

Se mordió la cara interna de la mejilla, reprimiendo una mueca al ver el rostro triste de Edward. Se golpeó mentalmente por ser tan mal agradecida y grosera, él había estado tan entusiasmado y feliz con la sorpresa hasta que ella le gritó y terminó haciéndolo sentir una mierda. Suspirando trató de dejar de lado su enfado y se acercó a él, pasando sus brazos alrededor del cuello y tirando de él hacia abajo.

—Es hermoso— dijo con sinceridad, porque a pesar de estar enfadada eso no le impedía darse cuenta de la belleza del lugar—. Es perfecta, es solo que…

—Sí, sé que odias las sorpresas, regalos, el que según tu gaste dinero innecesario— la interrumpió pasando sus manos por su cintura—. Pero pensé que ya que empezaríamos a vivir juntos sería mejor hacerlo en un lugar nuevo, más allá de que mi antiguo departamento fuera pequeño.

—No era tan pequeño— negó recordando el departamento, para ella era enorme, era mucho más grande que el suyo—. A mí me gustaba.

—A mi también, fue mi hogar durante muchos años, pero ahora las cosas son diferentes— la abrazó con fuerza y unió sus frentes, mirándola con intensidad—. Este es un nuevo comienzo para los dos y quiero que todo sea nuevo, que experimentemos juntos.

Bella acortó el espacio y juntó sus bocas besándolo con todo lo que tenía. No podía seguir enojada con él cuando decía cosas que hacían que su pecho se oprimiera y estallara en un cálido sentimiento que se esparcía por todo su cuerpo. Él tenía razón en muchas cosas, ella realmente odiaba las sorpresas, odiaba el hecho de que gastara dinero para comprar semejante departamento, pero también tenía razón en lo de comenzar juntos. Compartir experiencias juntos.

—Está bien— murmuró rozando sus labios contra los de Edward—, acepto este regalo.

Soltó un gritito cuando Edward la levantó y comenzó a girar con ella, mientras ambos reían divertidos.

Después de unas cuantas vueltas, y un mareo, Edward la dejó en el suelo y le dijo que se familiarizara con la casa mientras él buscaba las cosas. Luego de marcharse Bella quedó sola en aquel gran apartamento. Tomó una amplia respiración y caminó por el pasillo que daba a unas cuatro puertas.

La primera era el estudio de Edward, o mejor dicho de ambos, había dos escritorios, uno estaba repleto de cajas con las pertenencias de Edward, mientras que el otro permanecía vacío. Se acercó y pasó los dedos sobre la madera de color blanco, detrás había un cómodo sillón de cuero negro. Las estanterías de madera caoba llegaban hasta el techo y abarcaban de pared a pared, al igual que las cortinas que estaban en la sala, estas aun no estaban ocupadas.

Salió del estudio y abrió la segunda puerta, era el baño para invitados, fue hacia la siguiente puerta, era una habitación, supuso que sería la habitación de invitados ya que el lugar estaba vacío, salvo por los muebles pequeños y la cama desmontada. Cerró la puerta y se dirigió a la última habitación, la que estaba al final del pasillo, lo primero que le impresionó fue la blanca cama que estaba en el centro del dormitorio, mirando hacia ella. A la derecha estaba el armario de puertas negras y corredizas, al lado había una perta donde sospechó que sería el baño. Sus ojos volvieron a la enorme e inmaculada cama blanca, podía imaginarse allí descansando con Edward, despertando con él… besándose impetuosamente, desnudos, enredados entre las sabanas mientras sus cuerpos se hacían uno…

Gritó fuertemente cuando le tocaron el hombro. Asustada se giró para encontrarse con Edward quien la miraba con una ceja alzada.

— ¿Estás bien? Hace rato que he estado llamándote.

Bella sintió su cara arder por la vergüenza de ser atrapada perdida en unos pensamientos no aptos para menores de edad.

—Sí, sí, estoy bien. Solo estaba distraída— se aclaró la garganta— ¿Has traído todo?

—Está todo en la sala— apuntó con un dedo, aun con la mirada fija en la cara sonrojada de Bella— ¿Segura de que estas bien?

Bella asintió de manera frenética y lo empujó para salir del lugar, esperó que con alejarse también lo hiciera su imaginación. Edward se ofreció a acomodar el estudio mientras ella acomodaba su ropa, lo que significaba volver a su nueva habitación. Mientras ella acomodaba su ropa en su cabeza las imagines se reproducían sin descanso. A pesar de que ella no había visto a Edward desnudo podía imaginarlo a la perfección. Podía imaginarlo sobre ella, debajo de ella, su cuerpo sudado moviéndose contra ella… sacudió la cabeza con fuerza y siguió con su tarea de ordenar su ropa.

Edward irrumpió en la habitación diciéndole que había comprado un par de pizzas y que el despacho estaba listo. Cuando Bella terminó, un trabajo que le tomó más tiempo del pensado y era gracias a su pervertida cabeza, salió de la habitación justo a tiempo para la comida. Se sentaron en los taburetes del mesón y comieron entre charlas sobre lo que harían el resto del día.

Una vez que terminaron levantaron los platos sucios y siguieron acomodando el departamento. Cuando quiso darse cuenta era la tarde, casi noche y Edward le propuso salir a dar un paseo, sin auto, para así conocer los alrededores.

Afuera hacía frío y las nubes comían de a poco el cielo, sin embargo eso no los detuvo a caminar unas cuantas cuadras. La noche finalmente cayó y Edward la llevó a un pequeño restaurant que quedaba a dos cuadras del apartamento. A pesar de que se negó alegando que él ya había gastado demasiado dinero Edward la arrastró y terminaron pasando una cena tranquila y divertida.

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—Entonces lo sabías— murmuró con los ojos cerrados con fuerza.

Él solo me pidió si sabía de departamentos en venta, más bien a mi padre— le contestó Alice al otro lado de la línea—, no pensé que lo terminaría comprando y mucho menos que tú no lo sabías.

—Sí, claro. No lo sabías— gruñó con sarcasmo—. Se supone que eres mi amiga, tienes que ayudarme a — enfatizó apuntándose a sí misma a pesar de que Alice no la estuviera mirando.

¿Qué más da, Bella?— se rió— Fue muy tierno lo que hiso, deberías dejarlo pasar y disfrutar que vives en un hermoso departamento con tu novio.

Bella bufó una vez más y dejó caer la cabeza contra el respaldo del sofá. Alice tenía razón y lo sabía, pero le enfada saber que era la última en enterarse.

— ¿Ya tiene Jasper todo listo para mañana?— preguntó interesada, tratando de desviar el tema junto con su enfado.

No me hables de eso— gimió frustrada—. El camión va a llegar a las nueve ¡nueve!

— ¿Y qué tiene eso de malo?— arqueó una ceja.

¡Bella! A esa hora estaremos en el instituto— dijo con demasiada obviedad—. Yo quería ayudarlo con la mudanza. Pero el camión no tenía otro horario disponible.

—Creo que estas siendo exagerada— se rió negando con la cabeza.

Lo dice alguien que puso el grito en el cielo por un apartamento nuevo— refunfuñó.

—No compares un apartamento nuevo con una mudanza a la cual no asistirás por estar en el instituto ¡Eso ni siquiera es comparable!— exclamó levantando la mano libre al cielo—. Si tanto te molesta falta al colegio.

¡Oh! Esa es una idea genial si no fuera porque nos tienen amenazados con los exámenes sorpresa— parloteó con sarcasmo— Como sea ¿estás lista para mañana?

—En realidad no, pero igual que tu no puedo seguir faltando— suspirando llevó sus dedos al ojo, acariciándolo delicadamente, aún le dolía—. Hoy ha sido un día realmente largo, necesito dormir. Nos vemos mañana, Alice.

Alice la saludó y colgó la llamada. Se quedó mirando el teléfono durante unos minutos. En realidad no le apetecía en absoluto volver solo para estar bajo la mirada de todos los alumnos. Ya podía imaginar los pasillos llenos de cotilleos mientras ella caminaba con sus carpetas en brazos. Podía ver las miradas de asombro, incredulidad, horror que le dedicarían mientras la señalaban con los dedos… Ella no quería ser el centro de atención en ningún aspecto.

El resplandor del televisor llamó su atención, miró la pantalla para ver qué programación estaban dando, era esa serie famosa donde había dos vampiros hermanos disputándose por una humana… rodando los ojos tomó el control, apagó la televisión y lo tiró al otro extremo del sillón. Suspirando pesadamente se levantó y apagó las luces de la sala, la única luz prendida era de su habitación.

Caminando con lentitud y con la cabeza aun dando vueltas por lo que le esperaría mañana no se percató del cuerpo mojado frente a ella. Quedó petrificada en la entrada de la habitación con los ojos a punto de salirse de sus cuencas y la boca reseca. Edward estaba parado de espada a ella solo con una toalla atada en la cadera. Su fuerte y ancha espalda estaba perlada por pequeñas gotas que caían del cabello mojado, sus ojos se pegaron a una gotita que resbalaba por su piel blanca, ondeando entre los músculos que se flexionaban por el movimiento de sus brazos, siguió su camino hasta que se perdió dentro de la toalla.

La cabeza le palpitaba y los pulmones le ardían, al darse cuenta de que no estaba respirando aspiró con fuerza llamando la atención de Edward, quien se giró para mirarla.

— ¿Ya has terminado de hablar con Alice?— le preguntó con una sonrisa, volviéndose a girar mientras seguía buscando en el armario.

—Si…— murmuró aturdida—. Yo… ummh, dejaré que te vistas…

—No es necesario— volvió a girarse con una enorme sonrisa—.Iré al baño así puedes cambiarte tranquila.

Sin esperar a que ella le respondiera tomó su ropa de dormir, que consistía en su bóxer y el pantalón pijama, y volvió a meterse al baño cerrando la puerta suavemente. Bella sacudió la cabeza tratando de alejar el deslumbramiento, corrió hacia su lado del armario y rápidamente se cambió de ropa. Una simple musculosa de tirantes color blanca y un pantalón corto color rosa pálido, un simple conjunto de pijama que la hacía verse y sentirse como una niña.

Se acercó a la puerta de baño y tocó tímidamente, esta se abrió develando a un Edward totalmente fresco, con su pantalón pijama, su pecho al descubierto, como siempre dormía, el cabello revuelto y el cepillo de dientes en la boca. Le dedicó una agradable sonrisa llena de espuma y le tendió su cepillo. No pudo evitar sonreír sintiendo una agradable sensación de alivio. Tomó el cepillo, le puso un poco de pasta y comenzó a limpiarse los dientes.

Era un acto tan normal, tan rutinario, algo que ellos habían compartido muchas veces. Se miró en el espejo y la imagen que este le devolvía le resultó rara y hermosa a la vez. Rara porque todavía sentía que estaba viviendo dentro de un sueño, que el hombre que estaba a su lado era un producto de su imaginación, todavía seguía a la espera de despertar y que todo desapareciera. En ese momento sus ojos se encontraron en el reflejo del espejo y las mariposas ya estaban aleteando dentro de su estómago, su corazón se aceleró como siempre, como si fuera taquicardia y su respiración se volvía superficial. Aquellas sensaciones abrumadoras eran las que le decía que no estaba viviendo dentro de un sueño, eso y todos aquellos dolorosos pellizcos que se propinaba a sí misma.

Terminaron de asearse, limpiaron los cepillos y se fueron a la cama. Apagaron las luces y se reunieron en el centro de la cama, cada uno de costado, enfrentándose con una boba sonrisa en la cara.

—No puedo creer que estemos realmente aquí— comenzó Bella—. Se siente extraño… pero correcto.

—Lo sé. Yo siento lo mismo— levantó una mano para acariciarle la mejilla—. Gracias por aceptar la oferta.

—Gracias por aparecer en mi vida— contestó acercándose un poco más.

—Esa es mi frase— bromeó.

La mano de Edward abandonó su mejilla y fue hacia la nuca tirando de ella hasta que sus bocas se encontraron. Se besaron de manera lenta, saboreándose en los labios del otro. Bella le capturó el labio inferior entre sus dientes, tironeando y luego chupándolo ávidamente, haciendo que Edward dejara escapar un gruñido gutural. Llevó la mano al hombro y suavemente la empujó hasta que su espalda quedó pegada al colchón, se subió sobre ella abriendo sus labios con la lengua.

Bella pasó sus brazos alrededor del cuello de Edward atrayéndolo y devolviéndole el beso con hambre. La cálida y húmeda lengua de Edward se restregaba y frotaba contra la suya en un beso frenético. No era una lucha por quien dominaba, era un hambre primitiva que necesitaba saciar, un fuego que la estaba consumiendo, abrazándola, rogándole que la apaciguara con placer. Se encontró abriendo las piernas instintivamente cuando las manos masculinas la acariciaron, dejando que el cuerpo de Edward encajara a la perfección con el suyo. Inmediatamente sus caderas se encontraron en un duro golpe logrando que ambos jadearan y gimieran con fuerza.

Los labios hábiles de su novio no volvieron a su boca, sino que atacaron su mandíbula con besos húmedos y excitantes, hicieron un camino rápido, desesperado hasta el hueco debajo de su oído.

―Déjame tocarte, Bella― dijo con vos ronca, excitada―. Déjame probarte― pidió mordiendo el suave lóbulo.

Bella no supo si sus caderas se agitaron por la voz distorsionada o las carias que esa boca le propinaba, lo más seguro es que fuera la combinación de todo, en realidad no le importaba mucho ya que se encontraba a sí misma en una bruma de pura necesidad. En un rincón de su mente había una pequeña voz que le decía que debía parar toda esa locura, que no era el momento, sin embargo su cuerpo le gritaba otra cosa. La animaba a que siguiera, a que experimentara… a que sintiera. Ella también quería saber que había más allá… por lo que susurró un débil sí.

El cuerpo de Edward quedó rígido sobre el suyo, se levantó un poco y la miró con seriedad y deseo.

― ¿Estás segura?― le preguntó con un poco de ansiedad en la voz. Al parecer no era el único que estaba impresionado por la decisión.

―Si― afirmó agitada, se aclaró la garganta y continuó hablando—. Mi cuerpo ahora no es hermoso, por las marcas, pero yo…

La boca de Edward se estampó contra la suya de manera ruda, acallándola.

—Deja de decir tonterías— la regañó con el seño fruncido—. Las marcas se irán, de todas maneras tu cuerpo es hermoso esté como esté.

—Yo…— se atragantó patéticamente— quiero hacer esto, de verdad lo quiero pero… pero tengo miedo.

Apartó la mirada de inmediato, sintiendo la vergüenza llenarle el pecho y calentarle la cara. Eso había sonado tan estúpido, tan infantil… Tenía diecisiete años, próximos dieciocho, y no tenía la menor idea de lo que se trataba el sexo. No sabía qué era el placer sexual, un orgasmo- si, ni siquiera eso. Jamás había probado con tocarse a sí misma, no tenía un motivo para hacerlo. Cuando conoció a Edward y sus hormonas tomaron parte del control de su cuerpo había intentado estimularse, pero había fallado no sabía dónde tocar y cómo tocar. Se sentía extraña- ¡ni siquiera había visto el pene de un hombre!

Era patético, la mayoría de las chicas de su edad sabía que era el tan nombrado "punto G", algo que Bella no sabía y que no se animaba a preguntar. La mayoría de la población femenina de su instituto ya había estado con un hombre. Sabía que Edward se reiría por lo infantil y estúpida que era, es más quizá hasta comprendiera que era una joven insulsa con la cual no valía la pena perder el tiempo. Podía encontrar muchas mujeres más hermosas que ella y con muchísima más experiencia, alguien que pudiera complacerlo como ella no sabía…

— ¿Confías en mí?— la voz de Edward la sacó de sus tontos y exagerados pensamientos.

Rápidamente volteó la cabeza para verlo sonreírle, de manera divertida, pícara.

—Por supuesto que sí— afirmó sintiéndose ofendida por tan tonta pregunta.

—Veamos— comenzó mirándola fijamente—. Si te prometo que no llegaremos hasta el final y te pido que me dejes tu cuerpo a mi completa disposición…

Los ojos de Bella se abrieron por la sorpresa de sus palabras, el corazón comenzó a latirle, nuevamente, a gran velocidad bombeando sangre caliente a todo su sistema, despertando el lívido. Tuvo que reprimir un gemido mordiéndose el fuertemente el labio.

— ¿Confías en mí?— volvió a preguntar.

Ella sabía lo que Edward estaba haciendo. Le estaba dando su espacio, respetando su tiempo, dándole una oportunidad más para que pensara en lo que iban a hacer, en si quería retractarse y frenar todo aquello e ir a dormir. Exactamente no entendía que era eso de "no llegar hasta el final", pero ella no quería dar marcha atrás. Él estaba allí, sobre ella, calentándola con su cuerpo y su verde mirada. ..

—Si— murmuró aturdida.

La sonrisa de Edward se ensanchó hasta lo imposible y sus ojos se volvieron más oscuros, destilando lujuria, deseo… pasión.

—Cierra los ojos— murmuró roncamente, inclinándose sobre ella—. Relájate— ronroneó acariciándole los labios con la lengua—, y solo limítate a sentir.

Esta vez su boca se presionó con suavidad contra la suya, en el beso no había ese desenfreno y desesperación, sin embargo se seguía sintiendo la lujuria y el deseo. El beso la fue relajando de a poco, su cuerpo se destensó y su boca se volvió más demandante.

Sintió las manos de Edward acariciarle con suavidad los brazos, bajando lentamente hasta su vientre, tomó el dobladillo de la pequeña musculosa y tiró hacia arriba. Rompieron el beso para quitar la prenda y tirarla lejos de la cama. En ese momento recordó que no se había puesto sostén, pero antes de que pudiera taparse Edward tomó sus manos y las alejó, extendiéndolas a los costados. Volvió a besarla, acariciando con sus dedos las palmas de la mano, luego los arrastró hacia arriba hasta que estuvieron en sus hombros, bajaron palmeando sus clavículas, su pecho hasta llegar al inicio de sus montes.

Bella jadeó por la sorpresa y la sensación de las manos calientes, su pecho se levantó y las manos quedaron justo sobre sus senos. Edward ejerció un poco más de presión logrando que ella gimiera y arqueara aún más la espalda.

—Tan suave— murmuró repartiendo besos por su mentón hasta llegar al inicio de su cuello—. Tan cálida, tan malditamente perfecta— sacó su lengua y barrió a lo largo de su cuello hasta llegar en medio de los dos pechos.

Se fue hacia el seno izquierdo y dejó un pequeño beso sobre el pezón, Bella soltó un gritito y su cabeza cayó hacia atrás. Edward besó una, dos, tres veces hasta que finalmente se lo llevó a la boca, chupándolo con fuerza mientras su mano iba hacia el pecho desatendido y apretaba el pezón entre sus dedos. Las manos de Bella volaron hacia la cabeza de Edward, sus dedos se enterraron en su cuero cabelludo acercándolo más a su pecho. Sintió la sonrisa contra su piel y luego unos dientes aprisionar su pezón suavemente. Una mezcla entre un gemido y un lloriqueo escapó de sus labios al tiempo que sus caderas se movieron y se restregó contra algo duro, comprendió de inmediato que era la masculinidad de Edward.

Ese acto provocó que él apretara con un poco más de fuerza los dientes y tironeara de su pezón endurecido. Una ola de placer arrasó desde su montículo hacia abajo, justo dentro de su centro, donde sus paredes se apretaron dolorosamente. Nuevamente sus caderas se movieron y sintió que ese dolor se aminoraba y la necesidad aumentar.

—Edward…— gimió marcando un ritmo rápido y constante con sus caderas.

—Espera— pidió con los ojos fuertemente cerrados, pero Bella no escuchó siguió moviéndose contra él—Oh, mierda...— gimió dejando caer su cabeza sobre el pecho de ella y volviendo a chuparlo, mientras sus caderas se movían junto con las de ella.

Bella sentía que iba a volverse loca, entre las caricias de la boca de Edward sobre su pecho y la sensación que provocaba la fricción de sus cuerpos. Sentía una gran burbuja crecer en su bajo vientre, llevó las manos hacia los hombros de Edward, sosteniéndose y tomando impulso para frotarse con mayor rapidez, sus gemidos se hicieron más fuertes, casi gritando….

—No— se apartó bruscamente, deteniendo los movimientos de Bella con las manos—. Así no…— dijo agitado—debes parar.

Por un momento se sintió rechazada por la manera en que Edward la había apartado, pero ese sentimiento fue rápidamente ofuscado por la frustración que sentía. Su sistema era todo un caos, se sentía insatisfecha, anhelante hacia algo que le había impedido. Se sentía al borde de una caía libre que necesitaba si o si y que Edward le había impedido. Un nuevo sentimiento salió a flote, la rabia, y no era muy buena combinación junto con la frustración… se sentía encolerizada con Edward, tenía deseos de gritarle, exigirle que la dejara descargarse, quería arañarlo, golpearlo… pero antes de que pudiera siquiera mirarlo sus pantalones cortos fueron arrancados con ferocidad de sus piernas, junto con su ropa interior.

Sus ojos volaron hacia Edward, quien ya no se encontraba sobre ella, si no que estaba entremedio de sus piernas, su cabeza a pocos centímetros de su intimidad.

—Tu primer orgasmo va a ser mío— murmuró y su cálido aliento chocó contra su entrepierna, erizándole la piel y haciéndola estremecer—, por lo tanto voy a recibirlo como se debe.

Como en cámara lenta Bella vio como la lengua salía y barría sus pliegues de abajo hacia arriba. La sorpresa junto con el placer la golpearon de tal forma que la dejaron sin aliento. Estaba mareada, todo había ocurrido en unos cinco segundos, primero se estaba frotando contra él, luego quería matarlo por dejarla necesitada, y ahora estaba entre sus pierna… besándola justo allí abajo.

Sus manos se cerraron en puños en la sábana, tirándola mientras su cabeza caía hacia atrás y su espalda se arqueaba. Siseaba incoherencia sintiendo esa húmeda y cálida lengua acariciarla lentamente… ella no quería lentitud, quería que se apurara, que la dejara liberarse de aquel placer que la estaba volviendo loca.

En ese momento los dedos de Edward abrieron sus labios y su lengua ahora acarició completamente su entrepierna, desde su estrecha y virgen cavidad hasta el sensitivo botón llamado clítoris, el cual le hiso soltar un grito agudo cuando Edward lo chupó levemente, luego lo rodeó con la lengua en círculos lentos.

Levantó la cabeza y sus ojos se encontraron con unos verdes oscuros, centellaban de deseo y adoración. Él le estaba sonriendo con mofa mientras su lengua subía y bajaba por su sexo, brillante por la humedad. Por más que quisiera no podía apartar la mirada de aquella erótica imagen. Se apoyó en sus codos quedando media sentada, observando a Edward levantar una mano y acercar dos de sus largos dedos hacia su boca, ella entendió de inmediato, abrió la boca permitiendo que entraran y los chupó con vehemencia.

Edward se levantó y se acercó a ella, quitó sus dedos y devoró su boca con fogosidad. Con un brazo le rodeó la pequeña cintura y la sentó por completo, con la mano libre llevó los dedos mojados hacia la entrada de su sexo y lentamente los introdujo. Bella lo empujó por el pecho, cerrando las piernas aún con la mano de Edward entre sus piernas, la presión mandó una nueva ráfaga de placer. Sin embargo él no dejó de mover los dedos, siguió metiéndolos hasta que la mitad de ellos estuvo adentro, luego los sacó con la misma lentitud… y así repitió la acción hasta establecer un ritmo suave, lento, constante.

La boca de Bella se abrió y sus ojos cayeron hacia donde la estaba acariciando, no podía ver nada sus piernas estaban cerradas. Las abrió de a poco y lloriqueó cuando Edward aumentó la velocidad de sus movimientos. Al tiempo que sus piernas terminaron de abrirse él volvió a bajar hacia su entrepierna y sin perder tiempo se llevó su sensible botón a los labios tironeándolo. Bella gritó con fuerza y se inclinó hacia delante, abrazando la cabeza de Edward mientras esa burbuja se había más grande…

—Edward…Edward…— gimoteó sintiendo el interior de su sexo tensarse.

Los dedos y la lengua de Edward se movieron con mayor rapidez, llevándola hacia un precipicio y empujándola bruscamente dentro de un espiral de placer. Su cuerpo se convulsionó mientras las oleadas de placer la golpeaban sin parar, aún podía sentir a Edward trabajando en ella, prolongando el orgasmo hasta que su cuerpo perdió fuerza y cayó nuevamente al colchón completamente débil, sensible y malditamente satisfecha.

Soltó pequeñas risitas entre dientes cuando Edward se arrastró sobre su cuerpo, vejando un camino de besos delicados, castos, hasta finalmente quedar tendido sobre ella, como una manta.

— ¿Y bien?— le preguntó con una sonrisa petulante, él sabía lo que le había hecho y lo bien que ella lo había recibido.

—Eres tan arrogante— su voz sonaba ronca, áspera—. Ya sabes la respuesta.

—Sí, tu cuerpo habla muy bien por sí solo, de todas maneras quiero escucharlo de tus labios— se burló besándola rápidamente.

—Creo que mis gemidos, que salieron de mis labios, también pueden contestar tu pregunta— se rió, las palabras sobraban.

Edward se apoyó en sus codos y le arqueó una ceja, mirándola fijamente. Claramente presionándola a hablar. Ella soltó un suspiro y meditó durante unos segundos qué decirle, la verdad es que no encontraba la palabra adecuada para describirle lo que le había hecho sentir.

—Eso…fue increíble, asombroso, mágico, estupendo… y muchos sinónimos positivos más— confirmó con una sonrisa apenada—. No hay mucho para decir… no soy una experta en esto y mucho menos tengo de donde comparar, pero… estoy segura de que nadie jamás será capaz de hacerme sentir como lo has hecho tu.

La sonrisa de Edward dejó de ser vanidosa y pasó a ser sincera, sus ojos ahora la veían con amor, cariño y no esa lujuria y hambre de minutos antes. Se acercó a sus labios y la besó con devoción.

—No dejaré que nadie te toque, tú eres mía y solo yo puedo darte el placer que necesitas, y más— declaró solemne.

Esta vez fue Bella quien inició el beso, demostrándole su amor por él. Luego de unos pequeños besos y declaraciones de amor, Edward se acostó en la cama y la atrajo hacia su pecho, abrazándola firmemente.

— ¿En qué piensas?— le preguntó Bella trazando figuras en su pecho.

—Estoy reconsiderando mi sonido favorito— frunció el ceño mientras miraba el techo, como si allí se encontrara la respuesta.

— ¿Sonido favorito?— cuestionó la castaña con curiosidad.

—Ya sabes, al principio era tu risa, es musical, armoniosa, tersa y contagiosa. Pero ahora estoy entre los excitantes gemidos que hacías mientras te comía y el sonido de tu voz gritando mi nombre cuando llegaste al orgasmo— se carcajeó cuando una pequeña mano le golpeó el pecho—. Creo que esta noche no podré dormir debatiéndome.

—Eres un engreído.

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.

.

El auto de Edward se detuvo justo en frente de la puerta del instituto, como era de esperar estaba lleno, con los alumnos entrando y saliendo. Bella esperaba poder entrar tarde, pero eso significaría entrar al aula llena y todos los ojos si o si se fijarían en ella, quizá si se mezclaba bien pasaría desapercibida… ¡Oh, demonios! ¿A quién quería engañar? Todo el mundo iba a percatarse de su presencia.

Unos insistentes golpes en la ventana la hicieron saltar del asiento.

— ¿Qué tanto haces allí metida? ¡Anda, baja!— la voz de Alice sonaba amortiguada con el vidrio.

— ¿Estás bien?— le preguntó Edward tomando su mano.

—Sí, estoy bien— respondió más para sí misma que para él.

Su puerta se abrió con brusquedad y una pequeña mano la tomó por el brazo y la sacó con rudeza del auto. Alice era tan pequeña y tan menuda que se preguntaba de dónde sacaba tanta fuerza.

— ¡Dios, Alice! Más despacio— se quejó frotándose el brazo.

—No seas tan nena— le bufó la pelinegra al tiempo que enroscaba un brazo con el suyo y la arrastraba hacia el interior del instituto—. Hoy no estoy de mi mejor humor y más les vale a los maestro tomar un examen de lo contrario tiraré abajo esta mierda.

Bella reprimió una carcajada, conocía a su amiga enfadada y sabía que lo mejor que podía hacer era quedarse callada.

—Típico de un enano, ser gruñón— oyó la burla de Edward y ocultó su risa detrás de un falso ataque de tos—. Y es completamente entendible, en sus pequeños cuerpos no entran más de una emoción a la vez.

Alice siguió caminando junto con Bella, aparentando ignorancia ante los comentarios de Edward, pero Bella sabía que tan hondo le estaban calando las bromas. Le estaba exprimiendo el brazo.

—Ah, claro, ya entiendo— siguió Edward—. Estás molesta porque no podrás ayudar a Jasper… pero me pregunto ¿querías ayudarlo con la mudanza o bautizar el ex departamento de Bella?

— ¡Edward eso es asqueroso!— se giró para gritarle.

La sonrisa de Edward se estiró hacia un costado, sus ojos fueron hacia Bella unos dos segundos y volvieron hacia Alice.

—Te lo digo por experiencia propia— se acercó hasta la altura de las chicas y se agachó para susurrar—. No hay nada mejor que bautizar tu hogar.

Tanto la mandíbula de Alice como la de Bella cayeron pero por sorpresas diferentes.

— ¡Oh dios mío, oh dios mío!— empezó a gritar Alice mientras una sonrisa de felicidad se extendía por su rostro— ¡Lo hicieron, lo hicieron!— aplaudió efusivamente mientras rebotaba en su lugar— ¡Tú maldita perra no tenías pensado decírmelo! Eres una muy mala amiga, Isabella Swan…

Los reclamos de Alice pasaron a segundo plano cuando por el rabillo del ojo vio un destello dorado. Giró su cabeza hacia lo que había llamado la atención y en cuanto lo reconoció su mente se despejó, sus recuerdos emergieron como si hubieran estado hundidos en el fondo del mar.

Lo recordó todo, incluyendo los detalles y sensaciones. Ese día que parecía haberse borrado de su memoria, había vuelto con un fuerte golpe, quitándole el aire y llenándola de pánico. Mike estaba apoyado en una de las paredes con Jessica entre sus brazos, reían y bromeaban con sus compañeros… pero Bella lo recordaba con esa mirada burlona, victoriosa y sobre todo rencorosa. Recordó cuando entró en el vestuario para luego darle paso a otros dos desconocidos para que la violaran. La manera en que les había dado el permiso para atacarla, no le importó que le suplicara que no lo hiciera, él no le hiso caso se giró y se marchó.

Después de eso vino el manoseo, cómo uno la sujetó mientras el otro la tocaba, ella se negó pataleando y gritando lo que provocó el golpe que ahora manchaba su cara. Luego se turnaron para tocarla y golpearla. Recordaba el asco que sintió en todo el momento, como mentalmente rezaba a dios para que alguien viniera a ayudarla, que la rescatara. Cada recuerdo desagradable se disparaba en su mente llenándola de miedo…

Unos gritos dispersaron las imágenes del pasado, enfocó su vista al frente donde se había juntado una gran cantidad de alumnos alrededor de algo. De pronto una cabeza morena se interpuso en su campo visual y unas manos se apoyaron en sus hombros, zarandeándola con fuerza.

— ¡Bella, Bella!— le gritaba Alice— ¡Es Edward, debes detenerlo!

Apartando a su pequeña amiga se abrió paso entre el círculo de estudiantes, empujándolos con los codos y su cuerpo, hasta que llegó al centro y quedó petrificada con lo que vio.

Edward estaba sobre Mike, golpeándolo con sus puños violentamente… pero eso no era lo que más le asustaba, fue la mirada de Edward la que le congeló la sangre.

Era fría, hostil… asesina.

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Hola a todas por este lado. La verdad es que me he tardado mucho con este fic, pero acá está el nuevo cap. No tienen idea de lo que me ha costado escribirlo. No sé qué me está pasando, ando desanimada, tengo un montón de ideas para un montón de cosas pero nada me gusta. Ash... no se que me está pasando, llegué a un punto de preguntarme si era el fin de mis dias como escritora... mmm que dramatica xD.

Bueno, igual, me forcé a escribir y esto fue lo que salió, espero que les haya gustado. A pesar de que sacó unas cuantas canas me gustó cómo quedó. Lo bueno es que ya tengo planeado el capítulo siguiente.

Como pudieron ver las cosas se están calentando, en todos los sentidos xD. Bella va a experimentar sobre el sexo, van a pasarla bien xD. Y también se va adentrar en el pasado de Edward.

En mi Facebook (2) están imagenes del apartamento de la parejita, gracias Elena, Naobi y Maca por ayudarme a votar y escoger el departamento.

Bueno mis queridas, me retiro a seguir escribiendo. Besitos, gracias por leerme, por los rr's, alertas, favoritos...

Nos vemos. Melo