CON TAL DE QUE ME QUIERAS
Por Mary Martín
CAPITULO 14
TINTA ROJA Y LÁGRIMAS
Por primera vez en su vida sintió deseos de acabar con la vida de otro ser humano, no importaba si tenía que mancharse las manos de sangre o si iba a condenar su alma por ello. Tenía la necesidad imperante de descargar todo este dolor y odio que le quemaba por dentro. Los soldados, temerosos, inconscientemente comenzaron a retroceder más hubo uno de ellos que no se inmutó en lo más mínimo.
– ¿Crees que porque venciste a Hakaisha, derrotarnos a nosotros será más fácil? – preguntó con una seguridad impactante
– Sólo hay una forma de averiguarlo
Sin esperar respuesta formó una esfera de poder con su mano derecha y se dirigió a una lucha frente a frente con aquel ser. Hubo un gran estallido que cegó a los presentes y después que la nube de polvo se hubo disipado se pudo apreciar la figura de Shun con una rodilla en tierra, al parecer tenia una muy leve herida en la mano, el soldado permanecía en pie de espaldas a él.
– Parece que fallaste, niño
– ¿Tú crees? – respondió simplemente, unos mechones de cabello cubriendo sus ojos
El soldado volteó sólo para darse cuenta que el resto de su ejército comenzaba a desmoronarse. Shun se incorporó viendo caer ensangrentados a todos y cada uno de los seres negros. Tanto Ikki como Hyoga y Shiryu estaban completamente aturdidos. El soldado trató de replicar algo pero en vez de palabras fue una incesante cantidad de sangre lo que salió de su boca. Aún estando en el suelo, alzó la mirada hacia Shun y contrario a lo que todos esperaban, comenzó a reírse
– Eres mucho más fuerte que Lord Seiisuni… pero eso no será suficiente, no hay forma de escapar a tu destino… yo sé que tarde o temprano se cumplirá… vas a morir…
– ¡Cállate, maldito!
El santo de Andrómeda se encaminó hacia él ante la mirada confundida de sus amigos. Estaba a nada de morir pero a Shun no le importó y lo tomó del cuello tratando de ayudarle a la muerte a cumplir con su labor
– Shun, ya no tiene forma de defenderse ¿Qué haces?
Hyoga estaba aturdido por el extraño comportamiento de su mejor amigo, y no era el único. Shun seguía apretando el cuello de su adversario apresurando de este modo su cruel muerte. El soldado tenía ya el rostro desfigurado por el dolor mientras silenciosamente imploraba piedad con la mirada
– Shun, ya fue suficiente ¡Detente!
Ikki se acercó por detrás e intentó detenerlo pero no pudo ni siquiera acercarse pues el cosmo de Shun formaba una barrera invisible que no podía ser penetrada. De todos modos ya era demasiado tarde, la cabeza del soldado negro rodó a los pies de Shun que de inmediato arrojó el cuerpo lejos suyo, después su cosmo se apagó por completo
– ¿Qué sucede contigo? ¿Por qué lo hiciste? – Shiryu estaba más que impactado por aquella acción
– Ya basta, la pelea se terminó ¡Tranquilo! ya todo acabó – Hyoga lo sacudió ligeramente para que reaccionara – ¿Shun? – lo soltó al notar unas lágrimas que comenzaban a escurrir por sus mejillas
– No, no es así… esto aún está por empezar… – respondió mirando con tristeza a Seiisuni
Más tarde, Shun se encontraba meditando lo que había ocurrido. Sabía bien que el destino de su constelación era el sacrificio y gustoso aceptaba la muerte que ello implicaba… pero nunca antes se puso a pensar en el dolor que eso le provocaría a todos aquellos que lo amaban, Seiisuni era prueba de ello.
– ¿Te encuentras bien?
La voz del santo de leo resonó en su cabeza como si de un eco se tratara.
– Eso creo – respondió sonriendo débilmente
Ikki se sentó a un lado suyo mirando el lejano horizonte. Estuvieron un buen rato en silencio. Debía confesar que era extraño estar con un hombre idéntico a su hermano del cual sentía que no conocía nada. Shun suspiró largamente, tenía miedo de preguntar pero debía hacerlo.
– Ikki, necesito que me digas que cosa tan terrible va a pasar en el futuro cómo para que Seiisuni haya venido hasta aquí para tratar de evitarlo
– No sé si deba decírtelo todo, es imposible saber qué tanto afectaría en los hechos futuros
– Por favor, necesito saberlo
Ikki pareció pensarlo algunos segundos, la desesperación en el rostro de Shun le hicieron doblegarse. Era bastante obvio que él también quería que el futuro cambiara… pero si le decía todo… el resultado podría ser mucho peor
– Ikki, te lo suplico, tienes que decirme
El mayor se incorporó y caminó un poco hacía el lago frente al cual habían estado sentados. Los recuerdos, aunque lejanos, no dejaban de ser dolorosos. Lo recordaba como si hubiera sido ayer. Cerró los ojos dejando que el viento golpeara dulcemente su rostro… y comenzó a recordar…
La vida de Shun y June se había convertido en algo maravilloso, sin guerras, sin sangre, sin dolor. La alegría reinaba en su hogar. Al fin habían superado sus miedos y decidieron vivir juntos lo mucho o poco que les quedara de vida, sin detenerse a pensar cuándo pudiera acabarse tanta felicidad, sólo vivir el momento y disfrutarlo como si fuera el último.
La escena era muy bella, estaban sentados en el pasto bajo la sombra de un enorme árbol de cerezos que los protegía del radiante sol que brillaba en todo lo alto del cielo. La suave brisa
acariciaba sus rostros, los pétalos caían a su alrededor, el tenue murmullo del agua chocando contra las piedras era algo completamente relajante, los sonidos propios del bosque, el cielo azul completamente despejado… todo se conjugaba para un ambiente perfecto y armónico…
– Shun… – dijo ella rompiendo el silencio que había reinado
– Dime… – respondió abrazándola con más fuerza y besando su hombro
– Cuando dijiste que hace mucho que estabas enamorado de mi pero no te atrevías a decirme ¿A qué te referías?
– Bueno… – comenzó a decir clavando los ojos en el verde pasto que tapizaba aquel lugar – debo confesar que desde que te conocí sentí que entre los dos había algo muy especial… pero como sabes todos mis pensamientos y mis energías estaban concentrados en obtener la armadura para poder así regresar a Japón y volver a ver a mi hermano así que no podía pensar en nada más que en cumplir la promesa que le había hecho a Ikki. Pero tú siempre estabas ahí para curarme después de los entrenamientos y te quedaste a mi lado una infinidad de veces velando mi sueño sin importar cuan cansada estuvieras o que el maestro te regañara por meterte al dormitorio de los chicos, siempre me brindaste tu apoyo incondicional y creo que empecé a sentir algo muy lindo que nunca había sentido con nadie. Pero esa tarde, la vez que me acompañaste al muelle para que abordara aquel barco que me llevaría de regreso a casa, y a pesar de que llevabas la máscara en ese entonces, me di cuenta de que llorabas por mí y de pronto me dieron ganas de quedarme a tu lado y no separarme jamás sin importar que eso significara no poder estar con mi hermano al cual sabes que quiero con todo mi corazón. Mi hermano era todo para mí, era mi mundo, mi razón de existir… y lo sigue siendo… pero desde esa vez siento que en ti encuentro un motivo más para seguir viviendo y no dejarme vencer por nada, no sabía que era esta sensación y esta necesidad de tenerte junto a mí hasta aquella vez que me besaste y estuve plenamente seguro de que este sentimiento tan intenso y hermoso era amor… eso solo me pasa cuando estoy contigo…
June se sonrojó levemente y le sonrió. Shun nunca supo cuanta alegría le provocaron a ella esas palabras que de momento le dieron una leve esperanza de poder superar cualquier obstáculo para poder estar con él
– Ya veo – dijo ella tratando sin éxito de ocultar una sonrisa de felicidad – es decir que al principio sólo era una chica más para ti – Shun pareció pensarlo unos instantes
– Así es… sobre todo porque cuando éramos niños en realidad eras una niña odiosa que se peleaba con medio mundo… – dijo en son de broma para liberar un poco la tensión del ambiente
– ¡Oye! – respondió con enojo fingido mientras le propinaba un golpe en el hombro
– Tranquila, sólo bromeaba – respondió desde el pasto puesto que se había dejado caer por el golpe
– Muy gracioso – se quejó en el mismo tono, ella se había recostado sobre él – ¿Sabes que puedo invocar a mi látigo ahora mismo y propinarte una paliza, chico listo?
– Pues no sé… pero no quiero averiguarlo…
– ambos rieron
June no podía recordar cuando fue la última vez que se sintió así. Por un momento se olvidó de todo. Qué hermoso hubiera sido si hubieran nacido en otro tiempo y en otras circunstancias, si él no fuera un caballero que arriesgara su vida en cada batalla. Que hermoso sería poder vivir plenamente su amor sin miedo de que algún cruel enemigo se lo llevara para siempre de su lado.
Por un instante se quedaron callados tan solo contemplándose. June se sentía tan bien estando así con Shun que ya no pudo resistirlo, lentamente se inclinó hacia él mirando fijamente sus labios y siguió bajando hasta hacer contacto con ellos, los rozó sólo por unos segundos y se detuvo todavía demasiado cerca de ellos, sintiendo la respiración errática del chico y su cálido aliento golpeando en su rostro.
– Te amo… – le susurró ella tenuemente
Esta vez él tomó la iniciativa y abrazándola contra él volvió a unir sus labios en un beso intenso que reflejaba cuanto la necesitaba y lo mucho que la amaba. En este punto, Ikki hizo una pausa y volviendo a sentarse junto a su hermano, lo abrazó
– Tú y ella eran muy felices, quiero que lo recuerdes siempre y me prometas que pase lo que pase no dejarás de amarla ni te alejarás de ella – Shun se extrañó por esa petición – ¡Promételo! – dijo sujetándolo por los hombros y mirándolo con tristeza. Shun afirmó levemente mientras Ikki volvía a sus recuerdos.
Esa misma tarde, June preparaba la cena mientras Shun terminaba de ducharse. Súbitamente se llevó una mano a la boca, las náuseas que sentía ya no eran novedad. Trató de guardar compostura al notar que Shun entraba a la cocina.
– Qué rico huele ¿Puedo probar? – preguntó pasando un dedo por la orilla de la casuela
– ¡Oye! – le reprendió mientras lo miraba feo aunque en realidad le daba risa verlo chuparse los dedos como un niño – sólo por eso no te voy a contar de la sorpresa que te tengo
– ¿Qué? No seas mala, ya dime qué es, no me dejes con la duda
– Tal vez…
– Te prometo que no vuelvo a meter mano en tu cocina, en serio – dijo bastante apenado - Por favor ¿Si? – se acercó suplicante para luego besarla
– Eres un tramposo ¿Sabías?
Ya estaba por decirle la hermosa noticia, pero de pronto escucharon ruidos extraños afuera. Inmediatamente Shun se puso alerta. Le pidió a June que no saliera de la casa mientras él iría al bosque a investigar qué pasaba. Caminó un poco con cautela y no tardó mucho en encontrar a unos caballeros extraños que se movían a gran velocidad entre los arbustos.
– ¿Quiénes son ustedes y qué quieren?
– Apártate de nuestro camino, sólo estorbas en nuestro objetivo
– ¿De qué están hablando? ¡Vuelvan acá!
La desesperación se apoderó de él al ver que varios de ellos se dirigían a la casa donde June se encontraba sola y desprotegida. Intentó seguirlos pero varios de ellos le taparon el paso. Eran muchos para él solo y así distraído como estaba no podía concentrarse en su combate, estaba más preocupado por June que por su propia integridad. Trató de llegar a la casa al mismo tiempo que esquivaba los golpes de sus adversarios. Escuchó gritos del interior y supo que era ella
– ¡June!
En un acto desesperado concentró gran parte de su poder para hacer estallar su cosmo y liberarse de un solo golpe de sus agresores. Una vez logrado esto, corrió a la casa y al entrar observó con angustia un gran charco de sangre
– No, no puede ser…
Se dejó caer de rodillas mientras miraba con detalle la escena trágica. En eso, un caballero entró por la puerta y se dispuso a atacarlo por la espalda pero antes que hiciera contacto con el cuerpo de Shun, el soldado sintió como su cuerpo era consumido por el fuego
– ¡Nii-san!
– Tranquilo, otooto, esa sangre no es de June – dijo mientras le ayudaba a levantarse – ella está a salvo
– No por mucho tiempo ¡Ataquen!
Los caballeros seguían apareciendo y ambos hermanos iban eliminándolos poco a poco. Pero llegó un momento en el que ya no podían con tantos a la vez e Ikki le ordenó a Shun que fuera a lado de June y la protegiera, prometiendo que él se haría cargo de todo. Muy a su pesar, Shun tuvo que obedecerle. Se apresuró a encontrarla mientras continuaba derrotando a los caballeros.
– ¡Alto! No voy a permitir que la lastimen
– Entiende que no queremos nada contigo… ella debe morir…
– ¿Qué?
– Ella lleva en sus entrañas al elegido, debemos eliminarla antes que sea demasiado tarde – antes que pudiera digerir esas palabras, escuchó que lo llamaban
June se encontraba rodeada de dichos caballeros. Sin pensarlo siquiera, el santo de Andrómeda corrió a protegerla y tratando de alejar a los agresores de ella. June se escondió tras un gran árbol abrazándose a sí misma mientras escuchaba con angustia los gritos de Shun. No supo cuanto tiempo pasó hasta que sintió la presencia de alguien que se acercaba. Se trataba de Ikki que estaba malherido y al parecer se había librado de los caballeros que lo atacaron.
– ¿Te encuentras bien? ¿Te hicieron daño? – ella negó con la cabeza mientras lo abrazaba – ¿Y Shun?
– Está por ahí, luchando con ellos
– Vamos a buscarlo
– ¡No! No te irás… – escucharon una voz y al siguiente segundo una luz segadora cayó cerca de ellos
– ¡June! – gritó haciéndola a un lado
– Me tomó mucho encontrarte, Fénix, es hora de volver al infierno
– ¿Quién eres?
– Soy, Anterus, guardián de las almas ¿Creíste que podías escapar del infierno así como así?
– No volveré a ese horrible lugar
– No te estoy preguntando si quieres ¡Vendrás conmigo!
– ¡Ikki!
– No te preocupes, voy a estar bien… no me llevarás a ningún lado porque voy a exterminarte
– Eres un tonto si crees que me puedes vencerme
– Eso está por verse… ¡Hou yoku ten shou! – tras una estela de luces, el guardián permaneció en su sitio con la mirada en el suelo… pero de repente una sonrisa se dibujó en su rostro
– ¿Eso es todo? Tus golpes no me hicieron ni cosquillas
– Yo no estaría tan seguro – el guardián sintió como su negra armadura se cuarteaba productos de los golpes recibidos…
– ¡No puede ser! ¿En qué momento me golpeó? Estoy seguro de haber esquivado todos sus golpes… maldito… – después cayó al suelo con la mirada perdida… Ikki cayó de rodillas, todavía no recuperaba su fuerza habitual, se veía muy debil
– ¿Te encuentras bien? – le preguntó ella preocupada
– Si, solo algo cansado, vamonos de aquí… – lo ayudó a levantarse. Ikki a penas y podía mantenerse en pie, su vista le fallaba y buscó apoyo en June pero el caballero no se había dado por vencido
– Te…dije… que te llevaría conmigo ¡Muere! ¡Abismo Infernal!
– ¡Cuidado, June! – gritó mientras la protegía con su cuerpo
– Ikki ¡No!
– ¡Explosión nebular! – al escuchar estas palabras alzaron la vista, Shun los protegía a ambos con su cuerpo
– ¡Maldición!
El cuerpo del caballero fue destrozado por la fuerte corriente, pero había logrado su objetivo lanzando su ataque sobre el cuerpo débil que estaba frente a él. El ataque que Shun lanzó había consumido sus últimas fuerzas y no pudo evitar que la esfera de poder golpeara su pecho lanzándolo unos metros más allá contra un gran árbol… su cuerpo ya sin fuerzas cayó sobre el césped blando…
La luz que se colaba por las hojas de cerezo, cayó como implacable espada sobre su rostro obligándolo a cerrar con fuerza sus ojos verde mar que tantas lágrimas habían derramado. Desesperadamente June corrió a su lado al verlo caer, la imagen frente a sí era hermosa y triste a la vez, parecía que sólo estaba dormido pero sabía cual era la realidad… lo tomó en sus brazos y limpiando la sangre que mancillaba su rostro pronunció su nombre una y otra vez…
Se paralizó al notar que la sangre brotaba de incontables heridas en su cuerpo, inútilmente trató de detener la hemorragia en su pecho, con las manos bañadas de sangre y el rostro de lágrimas
lo llamó de nueva cuenta. Una casi nula esperanza brilló por un instante con esa mirada tierna e inocente que lo que caracterizaba…
– Shun, por favor… contéstame…
– Tranquilo, vas a estar bien…
Ikki para este momento ya estaba arrodillado junto a June y la abrazaba intentando mantenerse fuerte para ella. Shun miró a su hermano, hubiera querido sonreírle pero desde hace poco su cuerpo dejó de responderle, no tuvo tiempo de abrazarlo y decirle lo mucho que le alegraba el que estuviera bien. Nuevamente posó sus ojos en June que lloraba entristecida…
– Te amo… – susurró con suavidad mientras cerraba los ojos…
– ¡Shun! mírame… no te puedes morir, mi amor, no me puedes dejar sola… no ahora… que voy a tener un hijo tuyo… – esto último lo dijo en un susurro. Ikki la miró sorprendido y luego a Shun que pareció no haber oído – ¿Recuerdas que te dije que tenía una sorpresa para ti? – continuó tratando de hacerlo reaccionar – Siempre me insististe en que te contara y yo no quise… esta era la sorpresa… vamos a tener un bebé…
A pesar de todo el esfuerzo que June hacía, Shun no daba señales de estar escuchando
– Háblame Shun, por favor… ¡Shun! – June lloraba desconsolada y lo sacudía con desesperación. Más de pronto, una leve sonrisa se dibujó en el rostro del chico y entreabriendo los ojos susurró tenuemente
– ¿Un bebé?
– Sí, tuyo y mío
La esperanza renació en ella al oírlo hablar. Shun no pudo evitar derramar un par de lágrimas de felicidad. June volvió a limpiar la sangre en su rostro y lo apretó contra su cuerpo… pero después de eso Shun ya no se movió ni dijo nada, June se apartó de él asustada
– ¿Shun? – pronunció con desesperación más no recibió respuesta
Ikki igualmente estaba destrozado pero aún así llamó a su otooto una vez más
– ¿Oíste eso, Shun? – preguntó apretando su mano y tratando de animarlo – vas a ser papá – ya no pudo más, se quebró por completo mientras las lagrimas lo traicionaban –… no te duermas Shun, vas a ser papá…
La luz le quemaba pero a pesar de eso entreabrió los ojos, aunque de momento todo estaba nublado…
– No, Ikki… tú lo serás… sé que lo harás bien…
Con sus últimas fuerzas tomó la mano de Ikki y la que June tenía en su pecho, las juntó y con una última sonrisa en los labios… volvió a cerrar los ojos…
Unas lágrimas rodaron por sus mejillas pero no pudo distinguir si eran suyas o de ella. Unos brazos lo apretaron con fuerza y con esta última sensación se dejó llevar. No se dio cuenta en qué momento se cerraron sus ojos, ni cuando dejó de apretar sus manos. Se entregó al dulce
sueño que clamaba por él. Ahora duerme muy feliz, soñando con la bella imagen de su hijo el cuál, aunque sea en su imaginación, podrá escuchar decirle una y otra vez… papá…
El relato de Ikki había terminado. El rostro empapado de Shun lo decía todo. De pronto empezó a pensar si tenía sentido seguir viviendo una historia cuyo final estaba escrito con… tinta roja y lágrimas.
Continuará…
