¡Feliz año nuevo!
Espero que este año los trate de maravilla y que sus proyectos se concreten en el éxito que se merecen. Les traigo la actualización de esta historia, espero sus comentarios y los dejo con el...
Feedback.
sakura Rostran chapter 13 . Dec 18, 2018: Hola. Me alegra haberte sorprendido. Ya veremos, estamos llegando a una conclusión. ¡Mantente al pendiente!
Vinsmoke Ursidae chapter 13 . Dec 18, 2018: Gracias. Qué bueno que te guste tanto y te resulte estimulante la lectura. En algún punto pensé que igual podría incluir la intervención de alguno de los personajes citados, sin embargo, sería minimizar a nuestros protagonistas y sobrecargar con crossovers a la línea argumental que al menos de momento se sostiene sin ellos. No estoy tomando un esquema de retribuciones tan radical como el de XXX Holic o Tsubasa por el eterno matiz trágico que ambas obras tienen, pero tienes razón en que el despliegue era enorme para sólo reclamar una vida. Habrá una pequeña explicación en el futuro, descuida, no me olvidaré de ese tema. Gracias a ti por regalarme una lectura y una opinión, espero te guste lo que viene.
Claudia86 chapter 13 . Dec 19, 2018: ¡Gracias por tus palabras! Qué bueno que pude sorprenderte.
lyaangela chapter 13 . Dec 19, 2018: Gracias. Qué gusto que logré emocionarte.
Reader2109otp chapter 13 . Dec 19, 2018: Siempre me emociona leer lo que tengas que decir sobre mi trabajo, es muy grato para mí saber que te muevo de esa manera. Por algún momento llegué a pensar que el fallecimiento de este personaje era como un paso lógico, pero de acuerdo a lo que estoy leyendo en sus comentarios, nadie se lo esperaba en realidad, y creo que esa es una buena señal. Y no, nuestro villano aún tiene material que darnos, al igual que sus hijos. Debo ser honesto y decir que fue hasta que el capítulo estuvo publicado que caí en cuenta de que el catálogo de la muerte estaba muy ampliado para el punto catártico del relato, y agradezco haberlo notado hasta entonces. Y sí, esta parejita ciertamente es inspiradora. ¡Gracias de nuevo!
AZULMITLA chapter 13 . Dec 20, 2018: En efecto. La verdad es que pretendía que el título del capítulo predispusiera al lector para una pérdida, veo que al menos en ti, el efecto fue el deseado. Descuida, y espero que los posibles problemas que tengas se resuelvan de la mejor manera para ti. Eso también quería dejarlo claro: el amor de estos dos en inmenso e inspirador, y también quería crear una encrucijada en el corazón de los antagonistas. ¡Gracias por tu comentario!
carmennj chapter 13 . Dec 20, 2018: Gracias por tus cumplidos. Creo que efectivamente todos (yo incluido) compartían el deseo de la supervivencia de este personaje. Es bueno ver que logré darle la importancia y el énfasis deseado, creo que es una de las pocas parejas donde verlos en una situación que no sea profesándose o demostrándose su amor se vuelve incómodo. Y sí, tienes razón: se viene la conclusión de este arco. ¡Gracias!
Karolina88 chapter 13 . Dec 20, 2018: Hola. Pensé que sería apropiado entrar dentro de los pensamientos del personaje, enfrentarlo a la muerte por enfermedad sin ir más profundo en sus pensamientos sería una falta de respeto, e igual con Sakura, si bien puede ser miedosa, la valentía no es el opuesto al temor, sino su consecuencia, y ella es una heroína en toda la extensión de la palabra. A propósito de los mellizos, debo decir que es un hecho que cambiar de hábitos puede ser sumamente difícil, aún el más ecléctico puede tomar de mucho tiempo y voluntad para cambiar sus paradigmas, en especial cuando los has tenido por muchísimo tiempo y en aislamiento, pero tal como dices, ya fue sentado un precedente en ellos. También aciertas en tus reflexiones sobre Miu: era un personaje trágico que merecía una gran final. La explicación que buscas está justo en este capítulo, espero te guste lo que viene. El despliegue de poder de Sakura tendrá secuelas, sin lugar a dudas, pero no serán inmediatas. Ya lo verás. ¡Gracias por tus comentarios! ¡Nos leemos pronto!
Luxray1509 chapter 1 . Dec 20, 2018: Gracias por tus halagos. me da mucha satisfacción ver que los complazco y les hago atractiva y sencilla la lectura. Descuida, entiendo la confusión en tanto que la obra original está volcada sobre un tipo de fandom específico.
paolagerez340 chapter 13 . Dec 22, 2018: Gracias. Era el objetivo, que bueno que lograste sentir aprecio por este personaje, y no puedo dejar de sorprenderme ante lo que para mí era un paso lógico y terminó siendo un twist. Viene la parte decisiva de esta historia, espero que la disfrutes. ¡Te devuelvo el abrazo!
Sin más, los dejo con el capítulo.
Capítulo 13.
Nueva Herencia.
—Hiiragizawa es ciertamente un buen argumentador, las críticas que hace a los libros son muy buenas.
—Es lo menos que podría esperar, ha vivido ya dos veces. Es un cretino. Me agrada, pero tengo dudas muy serias sobre su honestidad.
—¿Vivir en el campo?
—Tokio siempre está tan lleno de gente, aunque los suburbios son muy tranquilos, definitivamente es un gran lugar para vivir.
—Todos los niños de la villa de Tomoeda deben ser los ancestros de Sakura y todos nuestros amigos… Japón es uno de los países con menos movimientos migratorios en el mundo.
—Sakura pertenece a una de las más importantes familias de hechiceros de Tokio, eso sí que fue sorpresivo. ¿Me pregunto qué otra cosa no sabemos sobre ella?
—Debo prepararle una habitación en mi departamento también.
—¡Guau! ¡Más lento, vaquero!
—¡No…! ¡No estoy sugiriendo nada raro! Es por eso que debe ser una habitación, no pretendo que duerma en mi propio cuarto.
—Claro. Porque si en un giro del destino tu novia llegara hasta tu habitación, seguramente querrá dormir.
—Guarda silencio.
—Yo soy tú, idiota, guarda silencio tú.
—No recuerdo que mi yo interior fuera tan molesto y escandaloso.
—Es interesante que lo digas. Hay un ying por cada yang, y lo más curioso es que tu antítesis no está necesariamente en el mundo, buscándote… está bajo tu misma piel, equilibrando el tipo de persona que eres. Tal vez esté mal que yo mismo lo diga, pero escucharme de vez en cuando podría hacerte evitar malos ratos. A lo mejor todo este asunto de acercarte tanto a la muerte te hizo más susceptible a escucharme.
—Eso es aterrador.
—Tú eres aterrador y raro, y aún así, te las arreglaste para conseguir una novia. ¡Y vaya novia, muchacho! ¡Fue hasta las entrañas del infierno por ti! Se merece una gran compensación. Si tú me lo permites, yo podría…
—¡Mantente lejos de ella!
—Claro, me mantendré tan lejos de ella como tú. Por cierto, sé que estás agotado y todo eso, pero creo que nos buscan afuera, valdría la pena que echaras un vistazo por un momento.
Cuando Xiao-Lang abrió los ojos, el techo de la habitación reflejaba la intensa luz anaranjada del ocaso. Las cigarras y las ranas cantaban con fuerza y un agradable olor a leña de fogata se podía sentir en el aire.
Sentarse en el futón le demandó más esfuerzo del que esperaba, seguía muy cansado, además de que estaba hambriento, y su vejiga estaba por estallar. Identificó que estaba en uno de los muchos salones del templo, en uno particularmente vacío y tranquilo. Estaba vestido con una yukata ligera, lo que le dio la confianza para intentar levantarse, y cuando lo hizo, la puerta corrediza se abrió.
Kurogane lo miró con la seriedad de siempre y de inmediato se acercó para tomarlo del brazo y ayudarlo a andar.
—¿Cómo te sientes?
—Como si me hubiera arrollado un camión…
—¿Un qué?
—Eh… es un tipo de carreta que tenemos en Hong-Kong.
—Si te sientes tan mal, aún tengo la ropa blanca que te conseguí y aún puedo ser tu kaishaku.
—¿Le importa si posponemos eso por una temporada?
—Bien por mí.
A un paso desesperantemente lento, el chico fue conducido a la letrina más cercana, y luego fue guiado hasta un cuarto de baño donde se le dieron todos los aditamentos para un aseo profundo y concienzudo.
—Yo por supuesto, no voy a ayudarte con eso, sólo me quedaré aquí para asegurarme de que no te caigas y eches a perder todo lo que la hechicera hizo por ti—. Puntualizó el samurái mientras lo ayudaba a quitarse la yukata.
El chicó tomó el baño caliente más placentero de su vida y luego de unos minutos se sumergió en una gran tina de madera, donde sintió que de un momento a otro iba a quedarse dormido de nuevo.
La puerta de este nuevo cuarto se abrió.
—Es bueno ver que despertaste, Li—. Dijo Arashi alcanzando a los dos muchachos—. Ah, no sientas pena por mí, créeme, no tienes nada que no haya visto antes—. Agregó al ver al muchacho encogerse en la tina.
—¿Alguna vez te comenté cuán incómoda puedes volver una situación?— Dijo con acritud Kurogane sin volverse a verla.
—No directamente a mí, pero Sorata me ha contado que lo dices a menudo. Pero no vine a incomodar a nadie—. Volvió a dirigirse a Li: —Han pasado tres días desde la confrontación con el dragón. Sabemos que tu condición y la de la hechicera son delicadas justo ahora, y los dejaremos descansar esta noche. Esperamos que mañana estén en mejor forma y puedan unírsenos. Hay mucho de qué hablar.
—¿Cómo está Sakura?
—Está bien. El consumo de magia que hizo la dejó extenuada por decir lo menos, es un milagro que haya sobrevivido, pero necesita reponer toda esa energía.
—¿Alguien en el pueblo resultó herido?
—Gracias por preguntar. Sólo tuvimos un fallecimiento esa noche.
—¿Yo conocía a la persona?
—Sí. La abuela Miu.
—Lo lamento mucho.
—No deberías. Ella tuvo una vida que amerita ser recordada como un testimonio de amor y servicio. Merece que celebremos en acciones día a día su legado.
Kurogane sonrió al escuchar a la samurái:
—Y entonces, luego de la vergüenza y la incomodidad, das un discurso así y te reivindicas por completo. Serías una gran señora feudal.
—Gracias. ¿Puedo encargarte que traigas a Li algo de cenar y luego llevarlo a sus aposentos?
El dueño de la villa asintió de conformidad.
Unos minutos después, con una yukata diferente y limpia tomó algo de arroz que Kurogane le llevó, y cuando las estrellas ya gobernaban en el firmamento fue llevado a una habitación diferente para que pasara el resto de la noche.
La habitación era más pequeña, pero el ambiente era mejor y más acogedor. El samurái deseó las buenas noches y cerró al marcharse, dejando a Li al único amparo de una vela.
Hizo un rápido barrido visual del lugar, notando que además de algunas cajas y mesas bajas, sólo había un futón al centro de la estancia, pero que ya estaba ocupado. Confundido, no supo qué hacer, alguien ya dormía ahí…
Un pequeño ronquido hizo que la durmiente se estremeciera, y al momento se levantó, quedando sentada en el futón.
—¿Xiao-Lang?— Sakura sonrió sutilmente al ver a Li de pie ante ella, sujetando la vela.
—¿Sakura? Perdona si te desperté, pero me trajeron aquí para…
—¿Para…?
—Pues… para dormir… debe haber un error, no te preocupes, lo solucionaré… supongo que puedo ir a casa o buscar otra habitación en el templo.
—Nuestra casa se quemó—. Dijo la chica con el estupor de un sueño demasiado pesado, que hacía que sus ojos se vieran adorablemente pequeños, y hacía su tono de voz irresistiblemente tierno—. No creo que sea un error. Espero que no te importe compartir el futón...— Dicho eso, volvió a recostarse, pero mantuvo abierto uno de los extremos de la frazada, indicando al chico que ese era su lugar.
Li se acercó muy lentamente. Si bien, la situación por sí misma le causaba mucha pena, sabía dentro de su corazón que no había algo que deseara más en ese momento que abrazarse a ella y no tener que soltarla nunca.
Sin embargo, cuando se agachó no pudo evitar notar que el ángulo de él en relación a ella le daba una muy, MUY inoportuna vista del escote de su yukata, y no le quedó otra que tragar saliva y apagar la vela. Eso facilitó mucho las cosas. Se coló en el futón y se acomodó a su lado, rígido como una tabla, aunque esa postura no duró mucho. Sakura al poco buscó refugio en su pecho, y él pasó un brazo por debajo de la cabeza de ella para recibirla.
Nunca antes se sintieron más cómodos y seguros que esa noche, y un sueño profundo y reparador los reclamó en pocos minutos.
—¿Ese es el verdadero poder de tu linaje entonces?— Preguntó Kurogane viendo a Tomoyo tomar el té al amparo de aquella noche estrellada, y sentándose a un par de pasos de ella en el corredor del salón principal de culto, de cara al arco Torii.
—No. Ese poder es sólo de ella. Mi fuente de poder principal y la de algunas generaciones anteriores a mí ha sido la luna. Si bien es un miembro lejano de mi familia, no tenemos eso en común. La Luna por su cercanía a la Tierra es que tiene tal influencia en el mundo, controla las mareas y equilibra el clima.
—Y su belleza nos da inspiración para escribir cosas hermosas sobre ella.
Tomoyo iba a continuar, pero notó la mirada del samurái luego de decir eso, y bajó el rostro algo avergonzada.
—Ella toma su poder de las estrellas. El tipo y el alcance de la misma está delimitada por eso. No sé cuántas estrellas haya en el firmamento, no sé si son lunas iguales o más grandes que la nuestra, o si son soles tan potentes como el que nos ilumina durante el día… pero sólo pensar en su cantidad y tamaño me hace temblar… porque de esas proporciones es el poder de Sakura. El verdadero problema es que es joven e ingenua, odiaría ver que alguien tratara de sacar provecho de ese poder.
—¿Tal como nosotros hacemos ahora mismo?
—Buen intento, pero no. Yo no quiero que Sakura haga algo en un egoísta beneficio propio, quiero que me ayude a proteger todo lo que amo. Soy realista y sé que no puedo hacerlo sola, sería muy estúpido e irresponsable de mi parte no tener eso en consideración.
—Desearía que esa responsabilidad no estuviera ahí.
Un par de minutos de silencio pasó luego de ese comentario.
—Haganemaru… Si te hago una pregunta muy personal, en honor a la amistad que hemos tenido desde pequeños… ¿me responderías con total honestidad?
—Sí.
—Si tuvieras la opción de abandonar esta locura… ¿lo harías? Es decir… ¿tomarías la iniciativa de escapar de todo esto?, ¿del liderazgo del feudo, de la protección de esta gente, y todo lo que implica?
—Sí—. Respondió el hombre sin dudar—. Estoy aquí porque el honor y el nombre de mi familia me lo exigen. Porque tengo un compromiso con la memoria de mis padres, y porque realmente amo a mi pueblo… pero sé que debe haber algo más que perseguir y honrar. Daré mi vida y mi libertad por este lugar, porque sé que de alguna manera mi destino está ligado a él… tal como lo está a tu familia, aunque no a ti de acuerdo a tus propias palabras, pero definitivamente no es lo que deseo.
—Ya veo.
—No luces sorprendida… o decepcionada.
—No tengo por qué. Tus razones me parecen legítimas. Buscar la realización y la felicidad es una causa suficiente para declinar el contexto en el que te encuentras, y el hecho de que no hayas renunciado y abandonado todo te hace aún más admirable. Eres la definición por excelencia del bushido.
—Pues hasta podría dejarlo de lado. Si el hilo de mi destino coincidiera con quien deseo.
La muchacha miró al samurái con dulzura.
—Aunque quisiera no podría decirte dónde está tu coincidencia, no alcanzo a ver el otro extremo. Pero definitivamente hay una coincidencia para ti.
—Lo dices con mucha tranquilidad.
—Sí, ¿verdad…? Con todo y que…— Tomoyo tragó saliva. Pero para ese momento pensó en que era probable que la muerte llegara por todos en unos días, y que no tenía nada ya que perder, así que dejó que las palabras que ataban el nudo en su garganta fluyeran—. Con todo y que me rompe el corazón saber que tu hilo rojo se une a alguien que no seré yo.
La conversación terminó ahí, pero ninguno se movió. Ambos se concentraron en mirar el firmamento estrellado por un tiempo más.
El amanecer tenía poco de haber llegado, evidenciado por la tenue claridad del exterior, el trino de las aves y el estridente canto de gallos a la distancia. La consciencia regresó poco a poco. Por algún motivo desconocido la mano de Xiao-Lang estaba en contacto con una textura suave, cálida y maleable que él no podía dejar de acariciar dado el inmenso bienestar que le provocaba. Siguió con sus mimos por unos segundos más hasta que un suspiro (que no era suyo) lo hizo aterrizar.
Cayó en cuenta en ese momento que estaba abrazado con Sakura, ambos hechos un ovillo, que ella le daba la espalda, y que aquella mano infractora se había escurrido por debajo de los pliegues del frente de la yukata de la chica… entonces lo que él estaba tocando sólo podía ser…
Avergonzado y arrepentido de su involuntario atrevimiento, trató de retirar su mano, sintiendo que esta vez sí había ido demasiado lejos… es decir: ¿aprovecharse así de su novia abatida por el agotamiento?, ¿qué clase de monstruo abusivo haría algo así?
—No...— se escuchó en un delicado susurro de ella, mientras tocaba con suavidad la mano del chico, evitando que la retirara—. No pares.
Por un momento no supo como actuar, sin embargo, concluyó que lo mejor era hacer caso, así que continuó con la faena ante los cada vez más constantes suspiros de la chica. Sólo un par de minutos después ella se giró para encararlo, sus bellos ojos verdes tenían un brillo que él nunca había visto antes. Aquella mano invasora subió suavemente por su cuello hasta su mejilla, dónde ella la recibió con varios besos delicados.
Tal vez era parte del instinto el comportamiento durante esos momentos, al menos eso pensó él mientras dejaba que las cosas se dieran naturalmente, sin pensarlo demasiado, así, sus propios labios se deshacían en suaves roces en el lóbulo auricular de ella.
Luego de un breve periodo, ella, dejándose llevar por sus propios deseos, hizo que pasaran a los besos. Estuvieron así varios minutos, hasta que ella lanzó un sollozo involuntario, asustando al chico.
—¿Pasa algo?— Preguntó él en voz muy baja.
—No… es sólo…— La chica tomó un respiro profundo para tranquilizarse un poco—. Es sólo que te extrañé mucho… pensé que no te volvería a ver y tuve mucho miedo.
Un segundo gimoteo le evitó continuar. Él la abrazó con tanta fuerza como ternura le eran posibles, haciéndola estremecer.
—Yo también te eché mucho de menos, también pensé que no volvería a verte, pero…— Recordó todo lo que la enfermedad le hizo pasar, y una extraña ensoñación en la que Sakura fue a robárselo a la muerte misma. —Pero gracias a ti, nunca volveré a tener miedo.
Hubo más besos luego de eso, cada vez más prolongados, intensos y atrevidos, en el último él presionó suavemente con sus dientes el labio inferior de ella, haciéndola soltar un lamento bajo que le erizó la piel, hasta que la jovencita le dió un empujón en el hombro.
El chico por un momento pensó que trataba de alejarlo, no podía estar más equivocado. Lo que ella quería era que él quedara tendido sobre su espalda. Un instante después, ella se le fue encima, aprisionándole las caderas con sus piernas. Nunca antes sus cuerpos habían conocido tal proximidad e interacción, y a ambos los invadió la incertidumbre, pues navegaban aguas vírgenes. Pero se sentían confiados… porque estaban juntos.
Y entonces, les vino un ataque de súbita pena. Sin poder evitarlo dada la situación, el cuerpo de él estaba reaccionando como era natural; justo en el punto donde coincidían físicamente estaba lo que para él era la evidencia más ominosa de su crimen, bajo la maravillosa presión de los menos de cincuenta kilos de la chica.
Ella lo notó, mostrando un sutil gesto de desconcierto y asombro, haciendo que el rostro de él obtuviera una nueva paleta de colores.
—Yo… yo lo siento, no puedo controlarlo y…
—Lo sé—. Lo interrumpió ella, con su usual gesto de negar con la cabeza, sonriente—. También tomé esa clase. Y la verdad es que me hace muy feliz que esté pasando… me hace pensar que te resulto bonita y eso es muy halagador. Pero si te estoy lastimando, me voy a quitar y...— fue la cara de ella entonces la que se puso de todos colores. En su primer intento de quitarse, se movió de tal forma que la fricción resultante terminó siendo "estimulante" por ponerlo en una palabra. Lo intentó una segunda vez obteniendo una reacción parecida, y cerca del vigésimo intento cayó en cuenta de que no iba a poder retirarse. Su corazón latía muy rápido, y su respiración se hizo más profunda, y un sentimiento muy extraño se apoderaba lentamente de ella mientras miraba los gestos del chico, que parecía pasar por el mismo maravilloso suplicio.
—Deberíamos detenernos… vamos a terminar haciendo una locura...— susurró él, literalmente incapaz de abrir los ojos, y apretando los puños para que sus manos no corrieran libremente y sin control.
—Sí, deberíamos… pero no puedo… y la verdad es que tampoco quiero…— Para ese momento, la muchachita se balanceaba con un ritmo constante, ahora obteniendo también suspiros y expresiones faciales nuevas y desconocidas de su acompañante—. Y… ¿Y si hacemos una locura pequeñita?
Sabiendo que esa era tal vez la única petición en la que su voluntad iba a flaquear, cedió sin presentar mucha resistencia. Sus manos tomaron la cintura de ella con delicadeza, y comenzó a pasar juguetonamente sus dedos por su columna, acarició con suavidad sus costados, y la hizo dar un respingo al pasar sus manos por sus caderas y sus muslos, todo esto por encima de la yukata.
Era un momento extraño, aunque en el buen sentido. Ella nunca pensó llegar hasta ese punto, de hecho, cualquier escenario semejante a ese era impensable un par de meses atrás. En cuanto a él, la respetaba de tal manera que incluso en sus más ocultas fantasías no se imaginaba en la situación en la que estaba. Esa mañana, sin embargo, sin saber a qué imputárselo, se sentían ávidos del afecto mutuo, de demostrárselo de la forma que les fuera posible, de sentir y experimentar lo que el otro tuviera que darle. No existía nada además de ellos en el universo para ese momento.
La expresión del rostro de Sakura era única. Aún a pesar de la poca luz del recinto, era evidente su sonrojo, que contrastaba con esos ojos que a cada momento le costaba más trabajo mantener abiertos, esa visión junto con las sensaciones que estaba experimentando parecían ser demasiado para Xiao-Lang, cuya mente estaba a punto de colapsar al ver como la yukata de la chica se deslizaba al ritmo de la improvisada danza que hacían, descubriendo con delicadeza su hombro izquierdo.
Novedad total para un par de corazones puros.
Pero con todo y la absoluta ignorancia en la que se encontraban frente a la situación actual, la naturaleza parecía subsanar su desconocimiento con sentido común. En su disminuido sentido de lógica y autocontrol tenían el mínimo de intuición sobre cómo tratar al otro para hacerlo sentir lo más cómodo y feliz posible, y ese esfuerzo mutuo era sentido por ambos.
Y finalmente, luego de varios minutos de jaleo, de torpes fricciones, de caricias inocentes, fue la chica quien dio el primer síntoma de que algo muy misterioso, pero extraordinario estaba a punto de ocurrir. Sus suspiros pasaron a ser pequeños lamentos cada vez más altos, y su respiración pasó de la agitación al jadeo. Sus ojos humedecidos buscaron suplicantes los de él mientras lo presionaba por los hombros, como tratando de desaparecer cualquier posible distancia entre ellos. Él correspondió abrazando con fuerza su cintura, consolidando una unión casi absoluta que lo hizo dudar de la integridad de la ropa que tenían encima.
Así, por primerísima vez en la vida, sucedió. Al menos para ella. ¿Qué era ese sentimiento? ¿Ese incontenible bienestar que crecía exponencialmente? No supo cómo reaccionar o de qué manera reponerse a los escalofríos y la sensación general que la recorrió de arriba a abajo, tenía ganas de gritar, de golpear algo, de presionar a Xiao-Lang contra su pecho hasta que no pudiera distinguirse diferencia entre él y ella, sintió que se moría y que volvía a la vida, todo al mismo tiempo, dando un grito ahogado, tan emotivo que hizo sentir al chico muy feliz.
Fueron muy afortunados. Aún cuando en rigor ningún acto se concretó entre ellos dos esa mañana, la experiencia podría catalogarse como un acercamiento rotundamente exitoso a una faceta de la vida desconocida para ambos, cosa de la que no todas las personas pueden presumir. Concluida la aventura, Sakura recargó su frente sobre el hombro de él, tratando de recuperar el aliento, mientras que lentamente se regularizaba su ritmo cardiaco y se dibujaba una sonrisa en su rostro que pensó que nunca podría quitar, sintiendo sobre su espalda las firmes manos del muchacho.
Y una vez más, una parte de la niñez de ambos daba una jubilosa despedida.
—¿Estás bien?— Preguntó el lobito ante la agitación de la chica.
—¿Que si estoy bien? ¡Me siento increíble!— Exclamó entre risas, levantándose para encarar al chico, quitándose el cabello alborotado del rostro—. ¿Qué fue lo que me hiciste?
—A decir verdad, creo que tú hiciste todo...— La iluminación llegó a él de pronto, haciéndolo ponerse repentinamente serio—. Qué… ¿Qué fue lo que hicimos…? ¿Acaso tú y yo…?
—¡No…!— Se sobresaltó la chica, luego comenzó a chocar sus índices frente a su rostro, haciendo un puchero—. Bueno, creo que no… debimos llegar más lejos para decir que "lo hicimos"... ¿Estuvo mal lo que pasó…?
—No lo sé… aunque creo que si lo ponemos en perspectiva, cabría entre las cosas que hacen los amantes, ¿no crees?
—Entonces, si son cosas de amantes… ¿deberíamos mantenerlo en secreto?— Los ojos de Sakura brillaron mientras decía esas palabras, como si el secretismo agregara un ingrediente especial a toda la situación.
—Sí. Nuestro secreto—. Resolvió él, enternecido. Se acomodó en loto aún con su acompañante encima, tomando sus mejillas delicadamente y besándola una vez más.
Se quedaron en esa posición, que les resultó inesperadamente cómoda mientras charlaban sobre trivialidades pasado el frenesí inicial, y casi sin moverse se enredaron en la frazada para mitigar la frescura matinal.
La puerta corrediza se abrió de pronto. Tomoyo traía un pequeño pergamino en las manos en el cual concentraba su atención.
—¡Espero que estén muy frescos y descansados! ¡Tenemos muchos temas que revisar y…!— Fue hasta que estuvo unos cinco pasos dentro de la habitación que miró a los chicos, enredados en la manta, en una posición que difícilmente dejaba lugar para interpretaciones.
—Bu… buenos días, Tomoyo…
—Buenos días, Señora Amamiya…
El silencio resultante fue prolongado e incómodo.
—¡Discúlpenme! ¡Debí llamar antes de entrar! ¡No quise interrumpir nada…!— La recién llegada se cubrió los ojos estrujando el pergamino contra ellos en un acto reflejo y comenzó a caminar accidentadamente de regreso hacia la puerta, casi perdiendo la nariz al chocar con el marco.
—¡No! ¡No es lo que crees, Tomoyo! ¡Nosotros no…!
—¡Tómense su tiempo! ¡Los esperaremos en el salón de culto!— Y dicho eso, cerró tras ella, apretándose la nariz para mitigar la hemorragia nasal, dejando a un par de chicos perplejos y avergonzados mirando la puerta.
—Pues allá va nuestro secreto...— Resolvió Xiao-Lang luego de un par de minutos.
Finalmente se levantaron. Había sido dispuesto un cambio de ropa para cada uno en una de las mesas, y ambos sintieron un agradable cosquilleo en el pecho al darse la espalda mutuamente para quitarse la ropa de dormir, y ponerse la nueva, escuchando la caricia de la tela sobre la piel del otro, expuestos a un nuevo tipo de timidez que los hacía sentir muy bien.
—¿Estás lista? ¿Puedo darme vuelta?
—Sí.
Sakura vestía un atuendo ceremonial en blanco con rosa muy parecido al de Tomoyo con un entramado que emulaba a los pétalos de la flor de cerezo. Xiao-Lang tenía un kimono color jade con un lobo estilizado bordado en relieve en la parte de la espalda y un hakama color paja, a diferencia de otros que había usado, era menos holgado y sin muchos volantes.
—Te ves muy bien...— Dijeron ambos al unísono, y retiraron la mirada el uno del otro, sonrojados, pero se volvieron a ver de inmediato, y rieron.
—Parece que es la hora—. Dijo la chica.
—Sí. Hagámoslo.
La mañana les ofrecía un buen clima. En los tres días de ausencia de ambos luego de los funerales de la abuela Miu, los trabajos de reconstrucción del templo fueron los primeros en terminarse, y no daba la impresión de que había sido invadido sólo unas noches atrás. A diferencia de la común calma que había entre los corredores del lugar, esa mañana se veía mucha actividad, hombres y mujeres, entre samuráis y lo que parecían visitantes de otras ciudades caminaban a paso presuroso entre los pasillos y diferentes recintos, aunque la gran mayoría parecía tener el afán de llegar al mismo lugar que los chicos: el salón principal de culto.
Fue una sorpresa ver que había casi cien personas en el salón cuando llegaron, la gran mayoría de ellos eran soldados, una parte eran oriundos de Tomoeda, mientras que otros parecían haber llegado junto con el general Issa, que tomaba té mientras departía con los ancianos del pueblo.
Al fondo del salón, Tomoyo y Kurogane se pusieron de pie al verlos llegar, haciendo que todos los presentes callaran. Detrás de ellos había un hombre calvo de edad avanzada equipado con un pincel, tinta y muchos rollos de papel, parecía ser el escribano del pueblo, y justo a su lado, Junichiro lo asistía, encontrando cuál sería su papel en la vida.
Sakura y Xiao-Lang caminaron por el pasillo que quedó abierto entre las estrechas filas de hombres y mujeres que ocupaban el lugar, y que los miraban con ojos curiosos, algunos incluso sonrientes, y entre todos ellos, Xiao-Lang pudo identificar a los samuráis de Kurogane, y Sakura a la escolta de Tomoyo.
Cuando se reunieron con los anfitriones, un silencio solemne se hizo en el salón. Tomoyo se aproximó sonriente a Sakura, tomando sus manos como si se tratara de su hermana menor.
—Me faltarían palabras para expresar cuán agradecidos estamos con ustedes. A pesar de todas las cosas horrorosas por las que hemos tenido que pasar juntos, no se rindieron ni nos abandonaron—, miró a Li—, cumplieron con entrega y ahínco las responsabilidades que fincamos sobre ustedes de forma tan arbitraria, aún cuando no tenían ninguna obligación con nosotros; se integraron con nuestra gente, les sirvieron, enseñaron y defendieron, a pesar de la amenaza de una muerte dolorosa y lenta—. Luego volvió a Sakura—. También estuvieron a nuestro lado tomando nuestra mano con dulzura, nos enseñaron sobre la fidelidad, el servicio y el amor, y que el verdadero poder no viene de los deseos de venganza, sino de la esperanza del perdón, como un bálsamo que figurativa y literalmente curó nuestras heridas. No tengo cara para pedirles que peleen una vez más a nuestro lado, pero algo dentro de mi corazón me dice que lo harán incluso si les pidiéramos que no lo hicieran.
Con un gesto invitó a Sakura a retroceder y tomar asiento un momento junto a Arashi. Luego de eso, pidió a Xiao-Lang que se acercara a Kurogane, que sostenía un objeto cubierto por una manta de seda blanca.
—Li. Tengo malas y buenas noticias para ti. La espada Jian con la que defendiste este templo por primera vez en tu llegada sufrió más daños de los que podían ser reparados. Es una pena en más de un aspecto, porque era una forja única hecha por uno de los clanes más poderosos de Asia, y porque sabemos que le tenías un gran afecto. La espada fue fundida—. La chica pidió a Kurogane que acercara el objeto que traía en las manos, continuando su explicación: —Pero no fue una pérdida en realidad. Mantuvimos puro su acero y acudimos a uno de los únicos herreros que conserva viva la tradición de forja Muramasa (1), y yo pasé algunos días haciendo un ritual que le daría un toque especial… modestia aparte, ha sido uno de mis mejores trabajos al imbuir un objeto con una propiedad mágica ajena a mi cultura.
Kurogane retiró la cubierta, extendiéndole una katana muy particular a Li. La saya era de madera obscura con algunos toques de metal dorado, aunque lo que la hizo familiar para él fue el mango: era el mismo de color oro añejo con un par de cordones rojos colgando del extremo. Al extraer la hoja de la saya, esta era como la de un daito, curvada por la forja y de un sólo filo. Reconoció la sensación de la espada en sus manos, pero tenía algo más: se sentía tan ligera como poderosa, y su poder hizo que la magia de su portador se robusteciera, Li la sostuvo, aturdido ante la exquisita forja y el poder que de ella manaba.
NdeA1: El clan Muramasa fue uno de los más célebres cuerpos de forja de la antigüedad en Japón, reconocidos por sus increíbles acabados y filos excepcionales. Sin embargo, al inicio del Periodo Tokugawa, debido a supersticiones del Shogun fundador de dicha era, su forja y conservación fue prohibida a principios del S. XVII y se mantuvo así por dos siglos y medio.
—Es una…
—Sí. Ahora es una espada Wu Xing de cinco elementos, creí que sería ideal para ti.
Luego de que Tomoyo dijera eso, el chico miró con mayor detenimiento la hoja, notando que en un lado había una inscripción. Reconoció su apellido, pero no su nombre.
—No es un error—. Aclaró Tomoyo al verlo dudar en la lectura—. Tu nombre: Xiao-Lang, "pequeño lobo" es muy poético, pero no lo sentimos apropiado… con lo que has hecho desde tu llegada a Nihon te convertiste en algo más para nosotros, por eso nos tomamos el atrevimiento de darte un nuevo nombre con el cual tu legado será conocido en las generaciones futuras, esperamos que lo aceptes junto con tu nuevo título: Hogo Okami Li, Gunso de la Villa de Tomoeda.
—Hogo Okami Li...— Repitió él: "El Lobo Protector". Se quedó algunos segundos aturdido en contemplación de la espada y cuando regresó del ensimismamiento, se hizo de una actitud más seria si es que eso era posible—. Yo acepto—. Volvió a envainar la nueva espada a la altura de su rostro y retrocedió para sentarse junto a Sakura.
Tomoyo hizo el llamado a la hechicera, ésta se levantó y se acercó un poco temerosa a la sacerdotisa.
—Hay tanto que quisiera expresar… pero lo resumiré así: eres la esperanza encarnada, no sólo ante el peligro actual que nos aqueja, sino de un brillante futuro en el largo plazo—. señaló hacia su pecho, donde la llave de la estrella se asomaba tímidamente bajo los pliegues de su traje. Sakura la puso sobre su mano con inocencia, Tomoyo continuó: —Lo que vamos a hacer a continuación debió hacerlo tu madre hace algunos años. Ella debió haber pasado a ti su investidura, lo cual te uniría a esta tierra y recibirías de ella sus poderes y bendiciones. Creo que no hay nadie mejor que yo para darte eso. La norma es que te herede la más alta alcurnia de mi nombre, y hacerte una Tsukuyomi, pero ahí entra la gran particularidad que tú representas—. Miró a los ancianos y gente importante del pueblo, ahí en desconocimiento de Sakura, estaba la madre de Tomoyo—. Hace miles de años, en los orígenes de Nihon, hubo dos familias fundadoras: Izanami e Izanagi. Con el paso del tiempo, tres héroes ancestrales descendientes de esas casas dieron nombre a los linajes actuales que protegen nuestro país: Amaterasu, Tsukuyomi y Susanoo, el Sol, la Luna y el Océano. Sin embargo, tal como sucedió cuando esos linajes aparecieron en un punto de inflexión de la historia, un nuevo linaje puede y debe originarse hoy… tu nombre, Sakura.
—Sakura Li.
—Tu nombre real.
La maestra de cartas miró a Xiao-Lang con ternura y luego volvió a encarar a Tomoyo.
—Sakura Kinomoto. Al menos por algunos años más.
—Bien—. La sacerdotisa tomó la mano de la chica, quedando la llave de la estrella presionada entre las palmas de ambas, dibujándose en superposición y entre destellos el símbolo de Tomoyo y el de Sakura a sus pies, comenzó a recitar: —Llave nacida de los sueños de tu dueña, recibe la fuerza y experiencia de la casa ancestral de la que ella heredó su poder y linaje, dale la guía y canaliza su poder para la noble misión de proteger esta tierra… o cualquier causa que un corazón puro como el suyo encuentre pertinente—. Miró con intensidad los ojos de la chica, y tomó aire para aumentar el tono de su voz, haciendo que ambas levantaran la llave sobre sus cabezas: —¡Refrenda el compromiso con tu dueña! ¡Hazlo por el nombre de Sakura Kinomoto Hoshinomegami!
Dio una indicación no verbal a Sakura, y ambas hicieron el último paso al unísono:
—¡LIBÉRATE!
La luz venida del exterior fue opacada por el destello que la llave despidió mientras crecía convirtiéndose en cetro. En realidad su forma no cambió, pero los detalles rosas del bastón devinieron en oro rosado, mientras que el resto destellaba en platino y oro convencional. Cuando quedó en las manos de la hechicera, le fue posible sentir no sólo la mayor cantidad de poder que de él venía. Ella era la única que realmente podía dar fe de ello, pero el báculo se sentía feliz.
Así de intempestivo, súbito como la obtención de su nuevo nombre e investidura, una profecía se coló por los ojos de Sakura. Esta vez, sin embargo, la imagen era nítida, literal, sin posibilidad de interpretaciones.
El Dragón rugió en el cénit, lanzando desde su hocico una llamarada que incendió la noche. Sakura lo observó mientras la llamarada se regaba por el cielo, y bajo sus pies el suelo se sacudía. El fuego transparentó la tierra, permitiendo ver los sofisticados movimientos de una serpiente de tamaño descomunal que reptaba bajo las montañas, haciendo camino hacia el océano, donde finalmente emergió de entre las olas, evaporando las aguas marinas que quedaban a su paso, y por la fuerza lanzando a tierra olas como nunca antes la hechicera había visto.
Sakura cayó sobre sus rodillas, su cetro evitó que se fuera de bruces, mientras que cada presente se aproximó para tratar de asistirla. En un segundo se había puesto pálida, su respiración era dificultosa, y trataba torpemente de organizar sus ideas luego de tener una de las profecías más agresivas que le había tocado observar. Esa actividad, a pesar de ser siempre ambigua, nunca dejaba lugar a dudas del mensaje que trataba de expresar, esa vez no fue la excepción.
Fue hasta que Xiao-Lang tomó sus mejillas con firmeza y la hizo verlo a los ojos que ella pudo volver parcialmente en sí.
—¿Estás bien?— Preguntó en voz baja, tratando de no alterarla.
—Será esta noche…— Fue el ultimátum de Sakura, aunque no sonaba como ella misma.
Kurogane y Tomoyo compartieron una mirada preocupada, y cada samurái dentro del recinto se puso de pie.
—Será esta noche—. Reprodujo Arashi.
—Sí… el Dragón vendrá buscando venganza por un abominable error que nuestra nación cometió en el pasado, pero él no sabe lo que yace bajo Nihon, su retribución desencadenará la ira de algo tan grande y poderoso que cambiará el rostro del mundo para siempre—. Continuó Sakura en trance—. Miró a Tomoyo a los ojos con tal fuerza que la hizo temblar—. Edo desaparecerá. Millones morirán.
La profecía terminó y Sakura se desvaneció en brazos de Xiao-Lang, pero despertó casi de inmediato, aturdida.
—¿Sakura…? ¿Acaso tus profecías…?— Intentó Tomoyo.
—Sí. Por lo regular se cumplen, pero nunca me muestran un desenlace, sino un escenario. No debes tener miedo, no están solos—. Respondió sacudiéndose la cabeza, agotada. A pesar de lo funesto de la predicción, ella lucía optimista mientras se volvía a poner de pie—. Te prometo que pase lo que pase, todo estará bien.
Tomoyo masajeó su rostro, abrumada, a pesar de las palabras de aliento de su descendiente, no pudo evitar sentir cierto miedo, y pidió a toda la concurrencia que comenzaran a desalojar el salón, indicándoles que tomaran alimentos y que se reuniría sólo con jefes militares, el consejo de ancianos y el escribano con su asistente al medio día. Xiao-Lang fue despedido de la misma manera, Kurogane le solicitó que lo acompañara para dar la primera instrucción con su nueva investidura, dejando sola a Sakura con Tomoyo y Arashi.
—Parece que nos espera una gran noche, ¿no?— Dijo la samurái cuando se quedaron solo las tres.
—Sí. Pero antes de eso, ¿podrías ayudarme con algo? Es un asunto de chicas...— Dijo Sakura, intrigando a la guerrera.
—Todos deben estar preparados para irse a la orden del general Issa, ese brujo loco buscará por todos los medios destruir el templo, más ahora que ya lo vencimos una vez—. Decía Kurogane mientras andaba a paso veloz, atravesando el patio del templo.
—¿Por qué no tratamos de enfrentarlo todos juntos?— Preguntó uno de los soldados que lo seguía de cerca.
—El tipo y sus pequeños monstruos son demasiado poderosos, no podremos ganar esta batalla sólo por ser más, debemos focalizarnos en tratar de vencerlos en situaciones más o menos justas, somos los únicos hasta el momento que hemos podido cobrar una victoria contra ellos, y lo hicimos en duelos uno a uno.
—Entonces nosotros…
—Deberán estar preparados si el templo cae o la kekkai muere. En caso de que ambas cosas pasen, ustedes deberán estar dando apoyo a los feudos vecinos y poniéndose a la orden del general Issa para tareas de evacuación y asistencia—. Intervino Xiao-Lang, consciente de las implicaciones de ser derrotados—. Yo en lo personal recomendaría que estuvieran listos para llevarse a sus familias lo más rápido posible y ocultarse en los bosques y las colinas.
—Y en caso de que nosotros seamos quienes perdemos...— Complementó el dueño de la villa, mirando a sus hombres y mujeres con una profunda gratitud—. Yo los libero de todo compromiso conmigo, no deberán buscar venganza por mi muerte ni se verá mancillado su honor. Ningún samurái que me haya servido se convertirá en ronin a mi muerte. Nadie va a seguirme si es que tengo que partir.
—¿A quién seguiremos entonces si eso pasa?— Preguntó con preocupación legítima otro soldado.
—Además de la familia Ou, la familia Arisugawa-Kishu ha dado grandes guerreros y hechiceros a nuestra ciudad. Serán buenos líderes. Por ahora, vayan a casa, coman con sus familias y prepárenlos, tenemos sólo esta tarde para estar listos—. Viendo que el pequeño batallón se dispersaba, con la voz un poco más baja, ordenó a Li: —Ve a la administración de los campos, que los capataces te ayuden a convocar a todos los campesinos y pastores para que dejen todo y vuelvan a casa. Tomoeda debe estar vacía antes del atardecer. Pasa por los establos y consigue un caballo.
—De acuerdo.
—¡Esperen!— Se escuchó en una voz familiar que cerraba distancia con ellos rápidamente—. No hay necesidad de ir a los establos—. Dijo triunfal Junichiro saltando desde el lomo de Aosora. El aprendiz de escribano dio las riendas a Xiao-Lang, quien luego de dar las gracias, le solicitó fuera a casa y evacuara junto con su familia.
—¿Y no ver la batalla? No, Taro, Es un evento que se da una vez en la vida y por nada del mundo me lo voy a perder.
Xiao-Lang montó de un salto y se dirigió a galope a los campos, pensando en volver antes del mediodía.
La evacuación se dio en relativo orden. Hubo quien apelaba a que no era necesario dejar el hogar, pues confiaban plenamente en sus protectores, pero no dejaba de ser peligroso, así que al final accedieron y muchas familias se ocultaron en los bosques circundantes a la ciudad.
Tenía sólo unos minutos de concluida la primera reunión con los ancianos y los líderes militares, y ya habían sido despachados cuando todos los involucrados volvieron a reunirse en el salón de culto del templo, la comitiva estaba compuesta esta vez sólo por ocho personas: el escribano (que según se enterarían, respondía al nombre de Omoi), su aprendiz Junichiro, el general Issa, Tomoyo, Arashi, Kurogane, y por supuesto, la hechicera y el gaijin. Tomaron asiento alrededor de un mapa de Edo, donde eran marcados con dibujos de castillos los siete feudos principales.
Todavía no comenzaba la reunión cuando la cara de Xiao-Lang puso un gesto que iba entre el asombro y el susto al ver a Sakura: se había cortado el cabello nuevamente, quedándose con el corte que había utilizado normalmente antes de su llegada a Edo. Sintió un poco de pena, le gustaba cómo lucía con el cabello largo y de alguna manera se había acostumbrado a verla así. Él, por otro lado, no había pasado ni una vez la navaja por su cabello, y ahora estaba cerca de sus hombros, de hecho ese mismo día había hecho una insignificante cola de caballo en su nuca para evitar que estorbara su visión mientras montaba.
—¿No te gusta?— Preguntó la chica en voz baja.
—En realidad, te ves linda independientemente del peinado, pero fue un buen cambio mientras duró.
—¡Deja de decir esas cosas!— Exclamó la muchachita mientras se cubría el rostro, en uno de sus normales ataques de pena.
Tomoyo se puso de pie, haciendo que cualquier conversación trivial se detuviera al momento. Ella comenzó:
—Realmente no creo que haya mucho que discutir acerca de la estrategia, es bastante clara, y en estos temas aprendí que menos es más. Todos los habitantes del pueblo están fuera de los límites de Tomoeda, y enviamos mensajeros para que una evacuación similar se dé en Ota, Setagaya, Nerima, Adachi, Edogawa, Chuo, y por supuesto, en la capital—. Se dirigió al general: —Es importante que nos asista en la guía de nuestro pueblo si fallamos al defender esta barrera. Kurogane, y Arashi se harán cargo de la niña…
—Dal—. Interrumpió de pronto Sakura. Bajó el tono de voz y la mirada al sentir los ojos de todos sobre ella—. Su nombre es Dal, su hermano se llama Teayang.
—De acuerdo… Li ya probó ser un buen remedio contra el dolor de cabeza que es el tal Teayang. Sakura y yo enfrentaremos al hechicero. Lo que me lleva al siguiente punto, que a mí me preocupa sobremanera: Como había comentado con ustedes en días anteriores, nuestra invitada Sakura Kinomoto Hoshinomegami, además de ser una hechicera muy poderosa, es también un oráculo, y tenemos una profecía por cumplirse según el resultado del duelo de esta noche. Lo único que tengo claro al respecto de dicha profecía es que si perdemos algo muy malo puede pasar… tanto que incluso la evacuación del pueblo habrá sido inútil… ¿Sakura?
La hechicera se puso de pie entonces, y contó sobre la visión que tuvo.
Mientras describía la advertencia recurrente del Dragón despertando a la gran serpiente, no pudo evitar un sentimiento muy extraño en el contexto en que se desenvolvía la situación. Durante toda su estancia en la antigüedad, había hablado de magia con absoluta libertad, las personas, sin importar la edad, estrato social, nivel económico o educación, aceptaban la existencia de la magia con total naturalidad. Si bien las personas eran más sencillas, no eran precisamente crédulas o ignorantes, y eso la hizo preguntarse: ¿qué había pasado en los últimos trescientos años?, ¿en qué momento de la historia de la humanidad se había llegado al escepticismo en el cual la sociedad moderna de la que era originaria había perdido contacto con lo místico y lo espiritual?, o más inquietante aún: ¿realmente se había perdido ese vínculo o se mantenía oculto? Xiao-Lang sin dudas tendría algunas respuestas para esas preguntas, pero en los últimos días había estado más interesada en hablar con él de amor que de cualquier otro tema, si llegaban a tener la oportunidad de volver a casa, definitivamente preguntaría al respecto.
Entre el discurso a la concurrencia y el mamotreto interno de la chica, Xiao-Lang escuchaba la profecía con la mirada aguda y una mano en la barbilla, teniendo el mismo gesto de quien acaba de armar un rompecabezas. El entendimiento le llegó repentinamente, y apenas Sakura concluyó la descripción de su última visión, el chico pidió a Junichiro un trozo de papel y un pincel.
Todos vieron a Li tratando de hacer un dibujo en el pergamino, pero ninguno logró entenderlo, salvo por Sakura, que notó que trataba de dibujar el Océano Pacífico y las costas de Asia, Oceanía y América, pero a pesar de que él era en general un buen dibujante, las dimensiones del papiro y el pincel no le estaban ayudando mucho.
Sakura lo detuvo dando un toque en su hombro, y le pidió retroceder un poco, luego ella se concentró, liberó su cetro y ordenó a Record hacer acto de presencia.
Un fantasmagórico globo terráqueo se proyectó flotando en medio de la concurrencia, entre el asombro de unos y la expresión de orgullo en la cara de Tomoyo, que parecía estar lista para exclamar en cualquier momento que Sakura era su pariente, incluso Xiao-Lang estaba sorprendido por la calidad de la proyección y el detalle de la imagen.
—Lo recuerdo así de una película que vi—. Susurró Sakura ante la pregunta no verbal del gaijin.
Xiao-Lang fue quien tomó la palabra entonces:
—La profecía nos habla de la gran serpiente. Tengo la impresión de que no será literalmente un monstruo el que se presentará ante nuestra derrota…— Señaló con Wu Xing el mapa justamente sobre la parte nororiental de Oceanía: —Andrenjinyi, la serpiente arcoiris para los nativos australianos, un ser gigantesco y divino capaz de cambiar el paisaje—. Luego, dejando un rastro luminoso sobre el mapa, señaló su natal China: —Ba She, La serpiente que come elefantes—, subió hasta Rusia: —Zmey Gorynych, el Dragón de tres cabezas—, hizo un trazo desde Asia hasta Alaska, pasando por el estrecho de Bering: —Nuna, Diosa Inuit de la tierra—, bajó por la costa norteamericana: —Wiwe, el monstruo Ohlone de cuerpo de piedra—, siguió hasta México: —Mazacóatl, La serpiente gigante de agua y tierra—, llegó a Colombia: —Maleiwa, Dios guajiro creador de la Tierra—, marcó Perú: —Pachacamac, Dios Inca de los terremotos—, llegó hasta Chile: —Khala, para los atacameños, El gigante dormido. Es un volcán—. Separó la espada un momento, pero volvió a hacer una marca, señalando Japón con ella: —Nosotros somos parte de este camino también, nuestra versión es Yamata no Orochi, la serpiente de ocho cabezas...— Se detuvo al ver la cara de desconcierto de todos los asistentes, haciéndolo sentir incómodo—. ¿Voy muy rápido?
—¿Cómo demonios es que sabes tanto, muchacho?— Preguntó Issa con asombro, lo que significaba mucho, el hombre a sus años difícilmente se impresionaba.
—¿Verdad que es muy listo? ¡También habla varios idiomas, toca instrumentos musicales y cocina delicioso!— Confirmó Sakura, incapaz de controlar la alegría de que los demás vieran al lobito a través de sus ojos.
—Volvamos al tema...— Reorientó Xiao-Lang, abrumado y muy, muy rojo—. De donde Sakura y yo venimos, todos estos lugares y leyendas tienen un origen y explicación comunes, están interconectados por la misma razón y un mismo destino—. Sakura fue la primera en comprender al observar el camino trazado—. Nosotros lo conocemos como el Cinturón de Fuego del Pacífico. debajo de toda esta línea, las venas incandescentes de la Tierra se sacuden, originando volcanes y sismos por todo donde pasan. Las barreras de Edo evitan que "La gran serpiente despierte", es decir, que se interrumpa la calma del cinturón de fuego, porque si eso sucede, subirá a la superficie.
—¿Dices que habrá terremotos?— Preguntó Arashi.
—No sólo terremotos. Tsunamis, nacimiento de volcanes, separación de continentes… la profecía era clara: "algo tan grande y poderoso que cambiará el rostro del mundo para siempre".
—Entonces, a pesar de la evacuación...
—Si la serpiente despierta, no servirá de nada. Edo… Nihon mismo podría partirse por la mitad, matando todo lo que en él habita.
—No hay alternativa entonces. Ese anciano está ciego de rencor, no le importará cuántas vidas tome o las consecuencias de su estúpida venganza. No podemos permitir que gane—. Resolvió Kurogane poniéndose de pie al momento en que Sakura hacía desaparecer la proyección—. Morirá él o lo haremos nosotros. Prepárense lo mejor que puedan, pónganse en paz y mediten… o hagan lo que les plazca de aquí al atardecer, este podría ser nuestro último día en el mundo, pero no nos iremos sin dar una gran pelea.
La charla concluyó luego de eso, todos atendieron las palabras de Kurogane, y así Arashi salió de inmediato camino a su casa, donde comentó que la esperaba su esposo Sorata y estaría con él las horas que le quedaban. El escribano tomó todo lo colectado y enfiló a galope hacia la capital, donde lo pondría a resguardo para tener toda la historia documentada, su aprendiz se fue con él, pero prometió volver antes de la puesta del sol. Issa se retiró también, indicando que estaría por las colinas de los alrededores, listo para el peor escenario posible y guiar a las tropas.
—Ya sabe qué hacer, señorita Li… es decir, señorita Kinomoto—. Dijo en un tono un tanto más amistoso el dueño de la villa.
Xiao-Lang puso un gesto de duda, en especial luego de que Sakura respondiera un "¡Sí!" entusiasta ante dicho comentario.
—¡Vamos!— Invitó ella, tomándolo de la mano con delicadeza y guiándolo a través de los pasillos del templo.
—¿A dónde si es que puedo saberlo?
—El señor Kurogane me dio algo muy especial para ti, y me enseñó a ayudarte a ponértelo.
Li no preguntó más, aún cuando sentía mucha curiosidad por las palabras de la chica… algo especial que debía ponerse.
Las dudas se evaporaron apenas puso un pie en su destino. Como sucedía con buena parte de las habitaciones en el templo, aquella carecía casi totalmente de menaje, sólo había un artículo al centro: una armadura samurái completa, hecha de cuero y hierro barnizado en verde obsidiana. Era obvio lo que aquello significaba, pero no pudo evitar sentirse un poco indigno, y dio la vuelta al conjunto con incredulidad y reverencia; a eso se debía entonces que su kimono y hakama fueran menos ostentosos a la usanza normal.
—Entonces… supongo que tendré que ponérmela.
—En realidad, no puedes ponértela tú solo, yo debo ayudarte… a menos que eso te moleste.
Por un tiempo considerable, Sakura acomodó con dedicación las piezas de la armadura sobre el cuerpo de Xiao-Lang. Cada minuto pasado en esa tarea se sentía sumamente irreal para ambos, y mientras ponían toda su atención y dedicación en silencio, sin saber lo que el otro pensaba, estaba presente en la mente de ambos cuánto habían cambiado y crecido durante ese verano. Como habían pasado de estar en un ambiente tan "seguro" y políticamente correcto como era el primer cuarto del siglo XXI, a estar en contacto con la guerra, la muerte y la realidad misma en el amanecer del siglo XVIII, uno de los periodos más violentos de la historia de Japón. Pero no todo había sido una mala experiencia: los sentimientos románticos, casi infantiles que tenían el uno sobre el otro no sólo demostraron ser auténticos sino que se mantuvieron pese a la adversidad, se habían robustecido y ganaron profundidad, en muchos aspectos llevaron aquello que los unía a niveles que no creyeron alcanzar en años, haciendo su relación más fuerte, sincera, madura, en algunos momentos desafiando incluso su propia educación o creencias al respecto.
Como toque final, Sakura pidió a Li que se sentara, tomó una peineta de entre sus ropas y arregló el cabello del chico en un chonmage que aseguraría el kabuto a su cabeza cuando llegara la hora de colocárselo(2).
NdeA2: El chonmage era un tipo exclusivo de arreglo samurái para el cabello, era algo así como una cola de caballo invertida y tenía la función de mantener el kabuto (yelmo o casco) en su lugar durante el combate.
Terminado el arreglo, en una diminuta bolsa rectangular puso los dos móviles dentro del peto. Ella retrocedió un par de pasos para ver su obra concluida, entrecruzando sus manos frente a su rostro.
—¿Y bien? ¿Qué te parece?— Preguntó Li, un poco apenado.
—Te ves muy bien—. Dijo ella con un tono apenas contenido, sintiendo mariposas revoloteando en su estómago.
Si bien la respuesta expresaba la idea, lo cierto es que no hacía justicia a la intensidad de la misma. Ese "Te ves muy bien" hubiera sido más honesto traducido a: "Estoy lista para que comencemos a tener hijos".
Tomoyo andaba con paso lento y reflexivo en el jardín interior del templo. Acariciaba los altares y esculturas con melancolía, mientras que en el fondo de su mente sonaba a toda voz que nada volvería a ser igual luego de esa noche. Ella no era clarividente, no podía tomar la ruta rápida de ver, aunque fuera de manera simbólica un posible resultado, ella estaba atenida a lo que la vida le pusiera enfrente sin anticipación. De alguna manera, aunque en origen eso la inquietaba, al mismo tiempo le daba la tranquilidad de que el final no estaba escrito y eso le daba esperanzas para seguir. Amaba a Tomoeda, no sólo por verla nacer, las mejores personas que había conocido estaban ahí, la gente que amaba, los lugares y paisajes donde nacieron sus mejores recuerdos. Ella era una con su gente. Probablemente ella moriría esa noche, pero si ese era su destino, se tomaría con firmeza de la mano de la muerte para avanzar con ella, en tanto pudiera garantizar la supervivencia de todos.
—Haganemaru—. Dijo a modo de saludo con voz tranquila, viendo al dueño de la villa entrar al mismo jardín.
—Ya he terminado todos los encargos. Traje y entregué sus pertenencias a la hechicera y el gaijin, incluso traje algo de comida y té para tomarlo un poco más tarde… no querrás enfrentar al Dragón con el estómago vacío, ¿verdad?
Lo miró con una sonrisa sosegada, reflexionando sobre el poco común sentido del humor de él, aquél que sólo ella había tenido oportunidad de aprender a leer.
—¿Quién más está en el templo?
—Sólo nosotros cuatro. Junichiro tardará un par de horas más en alcanzarnos. Ya traté de razonar con él y pedirle que se aleje, pero es testarudo como pocos—. Guardó silencio por un momento, como pensando en si debía o no decir lo que le venía a la mente en ese momento, y finalmente se decidió: —Estaba pensando… sólo, y sólo si yo te propusiera una vez más… irnos, escapar esta noche, llevándonos a estos muchachitos con nosotros, lejos de toda esta locura… si aceptaras venir conmigo…
—Tú sabes cuál es la respuesta para esa pregunta, Haganemaru. Lo que es más, sé que no te atreverías a hacer esa proposición sabiendo todo lo que está en juego esta noche—. Le dio la espalda, acercándose hasta el área de cuidado césped más cercano al estanque.
—Es cierto. Pero no perdía nada con decir lo que pienso, ¿no? considerando que estas podrían ser las últimas palabras que cruzamos.
Resignado, aunque satisfecho por no dejar que el silencio lo esclavizara, comenzó a andar hacia la puerta, pensando en que tal vez era mejor dormir un poco antes del atardecer.
—¿No más insistencias?— Preguntó a la distancia Tomoyo, justo antes que él se fuera—. Recuerdo perfectamente la última vez que hablamos sobre esto, cuando el gaijin te molió a golpes… te pusiste muy violento, pensé por un momento que de verdad me raptarías y cumplirías tus amenazas…
—No recuerdo haber hecho una amenaza así.
—Oh, pero sí la hiciste… ninguno de los dos se va a marchar, no podemos, con todo y la incertidumbre de nuestra supervivencia… pero no puedo evitar pensar en cuán romántica y atrayente era la idea de que tú…
No supo en qué momento pasó, pero al darse cuenta, los brazos del samurái ya aprisionaban su cintura en un abrazo que la levantó una gran distancia del suelo y que daba la impresión que ni la magia más poderosa podría romper, también la besaba con la misma intensidad y desesperación de quien ha recorrido un desierto y finalmente puede saciar su sed.
—La idea de que te hiciera mía aquí mismo… ¿era eso?
Luego de asentir con los ojos empapados, fue ella quien comenzó un segundo y más apasionado beso, mientras él la tendía sobre el césped, desembarazándose del kimono tan rápido como podía, sabiendo que consumarían la unión ahí mismo. El Destino podía irse al infierno, aún si lo que los unía era fortuito o no estaba contemplado en el futuro, ese momento le pertenecía sólo a ellos dos.
—Creo realmente que somos afortunados—. Dijo Xiao-lang, mientras pasaba un vaso con té a Juníchiro, que recién los había alcanzado.
—¿Por qué lo dices?— Preguntó Sakura, dando un sorbo a su propio té.
—Estamos viviendo un momento histórico, seremos testigos de un evento que definió la historia de este país, y pase lo que pase, los nombres de todos los involucrados trascenderán el tiempo—. Dijo reflexivo mirando a Wu Xing, y pensando en el nombre recién recibido. Mucho comenzaba a cobrar sentido para él.
—Pues para ser algo tan grande, no recuerdo haber leído sobre este día.
—El mundo tiene dos historias, si tenemos la posibilidad de volver a casa, te enseñaré todo lo que debes saber al respecto.
Tomoyo, sentada a un lado de Arashi, no traía más el tocado que normalmente ataba su cabello, ahora caía con soltura por su espalda, se la veía mucho más tranquila y concentrada, aunque tanto Sakura como Xiao-Lang eran lo suficientemente inocentes como para no poder interpretar lo que había sido de ella y Kurogane en las últimas horas.
Kurogane apareció enfundado en su propia armadura. No era la que llevaba el día que se conocieron, esa era mucho más elaborada, y el kabuto era completo hasta el rostro, al verlo, tanto la hechicera como el gaijin compartieron una mirada y luego una sonrisa que los hizo sentir nostálgicos.
—¿Tiene algo raro mi tanko?— Preguntó el dueño de la villa, intrigado.
—No en realidad, es una armadura muy hermosa—. Respondió Sakura con sinceridad.
—Pero nos recuerda a un villano de una leyenda del lugar de donde venimos—. Complementó Xiao-Lang.
—¿Un villano?
—Sí, incluso el color coincide.
—¿Y qué fue lo que dicho villano hizo?
—Muchas cosas en realidad, es una historia un poco larga, pero para resumirlo, después de perder a su amada y pensar que había perdido a sus hijos, conquistó un muy, muy vasto reino para su emperador, y su espada fue la más temida de la historia. Mató a miles en sus correrías, pero encontró la redención en los brazos de uno de sus hijos al llegar el momento de su muerte.
—Suena como alguien muy poderoso.
—Y sí que lo era, y a usted sólo le falta la capa.
—¿Y cuál era el nombre de ese guerrero?
—Anakin Skywalker. pero su señor feudal lo nombró Darth Vader.
—Darth Vader… me agrada ese tal Darth Vader.
El crepúsculo los alcanzó entre charlas amenas como nunca antes tuvieron oportunidad, como si fuera una tarde de verano con amigos, como si nada después de ese día tuviera sentido.
E igual a una cuenta regresiva, el sol comenzó a ocultarse entre las montañas entre ruidos de cigarras y canto de cuervos, en un pueblo que se había quedado totalmente sólo en un día.
El último rayo de sol desapareció, dejando que las estrellas gobernaran la bóveda celeste. A una señal de Xiao-Lang, Junichiro se despidió, y tomando a Aozora hizo carrera a un punto elevado en una colina cercana, desde el cual vería y documetaría toda la contienda.
El oriente, ahora totalmente obscuro, se iluminó tímidamente con la figura viperina del Dragón, que volaba hacia Tomoeda tal como había sido pronosticado, en busca de concretar su venganza, sin saber lo que podía provocar en su afán.
Sakura y Xiao-lang, viendo al emisario de la muerte venir a su encuentro, se tomaron instintivamente de la mano y se miraron luego de darse un apretón.
Se pusieron frente a frente, tomando mutuamente las mejillas del otro y uniendo sus frentes con los ojos cerrados.
—Pase lo que pase...— Comenzó Sakura.
—Todo estará bien. Ahora finalmente lo entiendo—. Completó él.
Ambos sabían que pasara lo que pasara, esa sería su noche, que ese era un punto catártico de la historia de los dos.
Capítulo 13.
Fin.
¡Gracias de antemano por sus comentarios! ¡No dejen de hacerme saber su opinión! ¡Hasta la actualización!
