Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.


El Legado


Capítulo XIII

Hermanos


Finalmente había llegado a la zona negra. Aún era temprano para que comenzaran los combates, por lo que las calles no estaban tan transitadas. Los negocios estaban abiertos, pero salvo los dedicados a la entretención de carne y liquida, estaban llenos. En algunas esquinas prostitutas de distintas razas ofrecían sus servicios a muy bajo costo, Raditz por ser tan alto lo confundían por alguien mayor y que al tener cola inmediatamente significaba que llevaba abundante dinero con él, de lo contrario no se le acercarían a conversar. No habló con ninguna, estaba tan obsesionado con lograr sus objetivos que aún no le interesaban las mujeres y el sexo.

Tenía pensado combatir en el circulo de fuego. Él ya había eliminado a mucha gente, pero nadie poderoso que valiese la pena. Todas su misiones eran en planetas poco reconocidos y lo que necesitaba él era hacerse un nombre por si solo, y no estaba en sus planes ocupar el de su padre aunque su madre se lo haya recomendado. Ella no era una guerrera, no sabía de lo que estaba hablando.

Estaba un poco nervioso y sus manos sudaban, pero ya no había vuelta atrás. Solo unos pocos pasos lo distanciaban de ir a inscribirse para pelear en el circulo. Estaba seguro que nadie apostaría por él, como también no lo tomarían en cuenta para luchar hasta que notaran su rabo y ahí habrían varios interesados para combatir con él. Una cola era muy buen vendida en otros planetas, mientras que en este, era una de las pocas cosas que estaba prohibida.

Bajo un árbol calcinado había un hombre gordo y horrendo con una libreta y lápiz, seguramente revisando los combates programados para más tarde. Él que pensaba que todo se realizaba sin organización previa, pero incluso en un lugar donde se supone que vivía lo peor de lo peor, se debía llenar papeles, tal como cuando se embarcaba.

—Vengo a inscribirme —dijo con voz firme. Nada ni nadie lo haría cambiar de opinión.

—Nombre —El hombre que parecía no tener poder de pelea, no levantó la vista para mirarlo. Estaba demasiado ocupado viendo cifras en su libreta.

Radi… —Un escalofrío recorrió su espalda cuando escuchó la voz de su hermano gritando su nombre y pidiendo ayuda.

Al voltearse, vio dos saiyajin y otro hombre de aspecto animalesco con su hermano. El saiyajin más alto lo había tomado de la cola y golpeado en la cara con la bota para parar en el escándalo.

—¡Déjenlo! —gritó encolerizado.

Por supuesto los hombres no obedecieron y no tardaron en desaparecer por una de los tantos callejones de la pequeña ciudad. Raditz levantó vuelo para que no escaparan, pero lo tomaron de una pierna y azotaron contra el suelo para que no fuera tras los tipos.

—No seas estúpido. —El gordo de la libreta, que con ese movimiento confirmaba que era saiyajin, se acercó a Raditz—. Ese niño ya está perdido. ¿También quieres perder tu rabo?

El joven no respondió y mucho menos aceptó la falsa ayuda del gordo, que seguramente estaba de acuerdo con los otros. Hizo estallar su ki para ir en busca de su hermano y en menos de un segundo llegó a la calle donde los vio meterse. Ya no había nadie y los pocos saiyajin que pasaban ignoraron sus suplicas para saber en qué dirección lo llevaron. La verdad es que la gran mayoría de los habitantes saiyajin de la zona negra no tenía cola al haberla perdido como castigo por una falta grave a la corona o algo relacionado con eso, por eso poco les interesaba lo que pasara con los que sí la conservaban, ya que los habían dejado en el olvido, pese a pertenecer a la misma raza.

–-¡Kakarotto! –-lo llamó hasta desgarrar su garganta.

Corrió por las calles y las recorrió volando, completamente desesperado y culpable por el posible futuro de su hermano. Él había sido claro que no lo siguiera, pero debió haberlo sabido, con mayor razón el chico iría tras de él. ¡Qué estúpido había sido! Si algo le sucedía por su culpa jamás se lo perdonaría. ¡¿Y qué diría a su madre?! No saldría de ese lugar hasta encontrar a su hermano.


El malestar y dolor de su cuerpo no tardó en desaparecer, y lo que parecía el infierno en su rodilla pronto se esfumó gracias a la composición química en la cual era envuelto por completo. Cuando pequeño debió usar la cámaras de recuperación innumerables veces porque era obligado y pese a negarse no tenía opción. Hoy la tenía y él mismo decidió usarla, ya que no podía permitirse flaquear en la siguiente misión con su madre. Estaba seguro que podría haberse defendido y darle la pelea e incluso ganarle de no haberse encontrado tan herido y agotado, pero ante sus ojos quedó como un débil y eso le daba mucho más poder sobre él y con mayor razón el rey no estaría dispuesto a darle la libertad que tanto deseaba. Estaba cansado de ser tratado como niño y menospreciado por el hermano que le tocó tener.

La máquina sonó cuando la recuperación estuvo lista y vació el agua por las rendijas antes de quitarle el oxigeno y abrir la puerta de vidrio para que el joven príncipe pudiese salir. Grande fue su sorpresa cuando encontró a Tarble de pie frente a él y con una toalla esperándolo.

—¿Qué es lo que quieres? —Pasó por su lado sin aceptar la toalla. En la mesa tenía todo lo que quería: ropa y para secarse, aunque todo eso lo había dejado Tarble.

—El rey está molesto contigo por mi culpa.

—Dime algo que no sepa. —No fue muy meticuloso al momento de secarse y dejó su cabello mojado. Los flequillos se iban hacia sus ojos pero lo ignoró, lo único que quería era retirarse a su cuarto.

—Pero tú no tienes la culpa de mi estado de salud ni de mis fallas como guerrero.

—Eres muy ambicioso para llamarte guerrero.

El niño no dijo nada ante ese comentario. Jamás se sintió de ese modo y honestamente creía que jamás lo sería, pero como inteligente que era, sabía que no sobreviviría en su planeta sin intentarlo.

—¿Por qué necesitas la aprobación de él, Vegeta?

—Es el rey. —Con esa respuesta bastaba para él.

—Pero no está siendo listo al castigarte por mis errores.

Al terminar de vestirse, Vegeta salió por la puerta directo a su habitación, Tarble lo siguió sin intensiones de terminar la conversación. Aún tenía algo importante que decirle.

—Sé que pronto se dará cuenta y mientras eso suceda no descansaré para demostrárselo. No voy a permitir que cualquier bastardo que tenga con Koora o con otra mujer me quite lo que es mio. Yo seré el siguiente rey de Vegetasei.

—Quiero ayudarte, Vegeta.

—No hables tonterías, tú no puedes ayudarme.

—Quiero que me ayudes a ser más fuerte, a ser un guerrero como tú.

Vegeta se detuvo y cruzó de brazos para mirarlo, al parecer hablaba en serio, pero aún con la máxima determinación, sus ojos lucían blandos y débiles.

—¿Para qué quieres ser un guerrero?

—Para ser digno representante del reino.

—Mentira. A ti nunca te ha interesado eso. ¿Es por Koora, verdad?

El menor bajó la cabeza, incapaz de mantener en alto la mirada. No sabía mentir y por eso mismo no continuaría intentándolo con su hermano. Nunca tendrían una relación como la que observó entre Kakarotto y Raditz. Debería conformarse con lo que su madre le daba y retirarse.

—Koora es muy suave contigo porque tú eres muy blando y débil. Le da miedo hacerte daño —dijo el príncipe.

Tarble se detuvo para escucharlo.

—Mamá es igual de severa conmigo que contigo.

—Koora —enfatizó bastante esa palabra para que Tarble se diera cuenta que llamarla mamá estaba mal–-, jamás te ha quebrado un hueso como lo hizo hoy conmigo o en otras ocasiones. Ella piensa que es igual de estricta con los dos, pero no es así.

—Entonces tú puedes entrenarme más duro.

—Estarás llorando a los diez minutos, no voy a perder mi tiempo contigo.

—Soy muy rápido, puedo ayudarte con eso y también a estudiar.

—Yo también soy muy veloz. No necesito ayuda para eso ni con los libros. Además eres un llorón y enfermizo. Jamás he enfermado y tú estuviste a punto de morir hace casi un año.

—Pero no morí y quiero entrenar contigo, y si yo mejoro, el rey volverá a tratarte como antes.

No respondió enseguida. Lo observó preguntándose cómo era posible que ellos fueran hermanos de los mismos padres.

—Estaré mañana temprano entrenando donde siempre. —No esperó respuesta. Simplemente continuó caminando hasta su habitación.

Tarble sonrió, pero sentía miedo de lo que podría pasar mañana.


Una explosión no muy lejos de donde buscaba a su hermano lo alertó. No lo pensó dos veces y voló hacia allá con la esperanza de encontrarlo y efectivamente, en una de las casas, por donde había pasado más de una vez en su desesperada búsqueda, lo tenían encerrado. Pudo entrar por el gran hueco en el techo que dejó el estallido y entre la humareda comprobar que se trataba de Kakarotto inconsciente en el suelo y junto a él, uno de los saiyajin, muerto y con la cabeza destrozada.

Quiso tomarlo en brazos para volar e ir a casa, pero los otros dos hombres continuaban en la habitación y ya estaban repuestos de lo que fuese que sucedió ahí adentro.

—Llevatelo —dijo el mismo hombre que tenía a Kakarotto agarrado de la cola en la calle—. Ya conseguimos lo que queríamos. —Movió delante de Raditz el rabo del niño y rió junto con su compañero. Pese a que se trataba de un rabo de saiyajin niño, de todas formas podría sacarle una buena suma de dinero.

Raditz empalideció al ver esa cola aún sangrando de un extremo. Debió voltear para ver a su hermano y comprobar si era de él o de otro, pero lamentablemente no había duda. Ya no había nada al finalizar su columna y eso significaba una cosa.

—Malditos —rugió al mismo tiempo que elevaba su ki. No soportaba la idea de que su hermano ya no tuviese futuro como guerrero a su lado en misiones.

Su hermano menor que era más poderoso de lo que nadie imaginaba y solo él sabía, un niño que solo necesitaba el entrenamiento adecuado para destacar con facilidad y llegar a ser lo que tantas veces habían conversado. Ahora el futuro guerrero yacía en el suelo, inconsciente, sin rabo, lleno de heridas por la golpiza que debieron haberle dado para que dejase de oponer resistencia, porque estaba seguro que debió haber luchado con todas sus fuerzas a la espera que su hermano mayor fuera por él.

Todo era su maldita culpa.

—Ya vete de una vez, ¿o quieres que te saquemos la cola a ti también?

Raditz voló a toda velocidad hacia el hombre con cuerpo de perro y atravesó su abdomen con un golpe de puño. El saiyajin sonrió con satisfacción, ya que no tendría que compartir las ganancias con sus compañeros ahora que se encontraban muertos.

—¿Realmente quieres pelear conmigo? Estamos en mi territorio. Un solo llamado y tú y el niño están muertos. Te doy la última oportunidad, de lo contrario hoy será mi día de suerte y venderé dos rabos en el mercado negro galáctico. —Volvió a mecer la cola en su mano, dejando el mensaje bastante claro.

Pero Raditz estaba ciego de ira y no se marcharía de ahí hasta cobrar venganza por su hermano.


Gine y Bardock despertaron con el golpe en seco que se oyó fuera de la habitación. Se levantaron enseguida para ver que sucedía, ya que pese a poder salir y llegar a la hora que fuese, Raditz siempre se preocupaba de ser sigiloso. Al encender la luz, encontraron a su hijo mayor tirado en el suelo, sangrando de la cabeza, con múltiples heridas en sus brazos y rostro y un hombro de su armadura completamente destrozado. A su lado un bulto envuelto en una manta oscura que no se movía.

Bardock cerró la puerta de la casa mientras su mujer se arrodillaba para ver a su hijo mayor.

—¡¿Qué fue lo que pasó?!

—Perdoname, mamá —susurró el joven con los ojos llenos de lagrimas, incapaz de moverse por los severos golpes que recibió. Cuando se dio cuenta que no podría con el saiyajin y en especial cuando silbó para llamar a sus compañeros, no le quedó otra que tomar a su hermano y huir. Lo había cubierto con una manta que encontró fuera de una casa para ocultar que ya no tenía rabo.

Gine observó a su hijo y luego el bulto inmóvil. Tenía el tamaño para tratarse de Kakarotto y entonces pensó lo peor. Soltó un pequeño grito que calló con sus manos y automáticamente comenzó a temblar de miedo. Bardock se movió con rapidez para descubrir a su hijo menor y comprobar si estaba vivo o muerto, mientras que Gine comenzaba a llorar.

—Está vivo —se apresuró en decir para calmar a su mujer, pero enseguida notó, además de los golpes, que ya no tenía cola—. ¡¿Quien fue?! —preguntó furioso.

Gine abrazó a su pequeño, feliz de que estuviese con vida, pero no cesó su llanto. El que no tuviera cola era el fin para alguien que ni siquiera había comenzado su vida.

—No sé su nombre… Lo siento. —Quiso ponerse de pie, pero no lo consiguió. Alcanzó a sentarse para quedar junto a su madre y hermano.

—La zona negra —dijo para sí mismo. No necesitaba la confirmación de su hijo para saberlo, pero esto no quedaría así. Fue a su cuarto por su ropa.

—Yo no sabía que me estaba siguiendo, mamá, o lo hubiera tenido a mi lado todo el tiempo.

Gine no le respondió. Estaba concentrada en acariciar a su niño y en contener las lágrimas para ponerse de pie y atender sus heridas. Era demasiada la sangre que estaba perdiendo por el mal corte de su rabo.

Bardock no tardó en salir de su habitación con su armadura puesta.

—Hiciste bien en cubrirlo, Raditz. No tienen que enterarse que fue castrado.

—No vayas. —Rogó Gine. En este momento lo necesitaba más que nunca.

—Tengo que ir. No pueden haber testigos.

—Solo queda uno. Los otros dos están muertos, papá.

—Lo encontraré. No tardaré y no salgan de casa. No hablen con nadie.

—Pero Bardock, no quie…

—Gine, levantate y cura sus heridas, Raditz, ayuda a tu madre, volveré pronto —dictó en tono severo antes de abandonar la casa.

Bardock se encargaría de que nadie se enterara de lo ocurrido.


Continuará…


Creo que Vegeta pese a su carácter y todo, igual debe tener cierto aprecio (o algo parecido) hacia su hermano, después de todo es al único que tolera y deja estar cerca de él, aunque sea por un rato. Ademas la educación de Koora debe afectarle en algo, también por eso aceptó entrenarlo y también por la obvia razón que quiere que su padre deje de mirarlo en menos por el hermano que le tocó. Creo que lo que pasa con el rey es para desquitarse con alguien, porque por supuesto él no tiene la más absoluta culpa de que su hijo menor sea de ese modo y está con muy buenas relaciones con su mujer para culparla a ella como lo ha hecho otras veces, en los próximos capítulos entraré en mas detalles sobre eso y en el siguiente cap verán algo de lo que ha sucedido en estos cuatro años y ciertas verdades.

Pobre Kakarotto y Raditz que se siente morir por la culpa que lo ataca. Jamás hubiera permitido que algo así sucediera, pero jamás se dio cuenta que su hermano lo seguía. Siempre que veo imágenes de la familia de Bardock, salen todos lindos como una familia unida y en verdad creo que son diferentes debido a los grandes lazos que hay entre ellos, pero nada es perfecto, por eso creo que Raditz no tiene la mejor relación con su padre y por eso se niega a pedirle ayuda, como también Bardock al ser mayor, cree en ciertas costumbres que deben continuar, como lograr todo por si solo y no creo que no quiera a sus hijos, todo lo contrario, pero es hombre y guerrero, algo que Gine jamás entenderá y por lo mismo para él se debe hacer más fácil con ella porque es mujer. Evidentemente ha cometido errores como padre, pero sus acciones son para protegerlos.

Respecto al comentario que deje en el cap anterior. Dije que me apenaba la poca recepción de este fic, no porque me crea más que otros y algo por el estilo, es porque simplemente me tiene contenta y me siento como una madre orgullosa con su pequeño y quiere que todo el mundo lo vea, más que nada ese es mi sentimiento hacia este fic y continuaré escribiendo esta historia tal y como la tengo planeada.

Así que nos veremos en el próximo capitulo.

Gracias a Marialaurajs, Johaaceve, Jenny, Sarapaolaturcios, Prl16, Ina Minina, mi querida Tour, Floor BV, Naomigomiz y Maytelu por sus rws.

Con cariño,

Dev