Un delicioso aroma comenzó a llegar a mi nariz y despertó a mi estómago primero antes que a mi cerebro. Era dulce, probablemente panqueques, que estarían llenos de miel en unos minutos. Dibujé una sonrisa y abrí despacio los ojos, mirando el blanco techo de la recamara. No sabía qué hora era, pero por la cantidad de luz que entraba en la ventana, debía ser más de las ocho o nueve de la mañana.
Me giré en la cama y abracé la almohada a mi lado. El rico olor de Kotori comenzó a llenar mis sentidos mientras más me aferraba a esa suave almohada amarilla. Creo que me dormí nuevamente, porque no me di cuenta de nada hasta que Kotori comenzó a acariciar mi mejilla.
–Umi-chan… mi amor, despierta.
Abrí los ojos y vi esos ojos color miel mirándome, su boca con una hermosa sonrisa.
–Kotori… Buenos días.
–Buenos días Umi-chan.
Ella se agachó hasta mi rostro y me besó, primero despacio, luego apasionado. Sonreí de forma malvada y la atraje a mí, haciendo que cayera sobre mí en la cama. Ella se separó del beso y se alejó presurosa.
–Umi-chan no puedo –dijo mientras se sentaba y se arreglaba su ropa, una hermosa blusa azul cielo y un pantalón blanco ajustado a su cuerpo. Hice un puchero.
– ¿Por qué? –pregunté en tono de niña pequeña.
–Porque tengo que irme ya. Tengo una reunión. ¿Lo olvidaste?
–Ah… –dije al recordar que Kotori todos los miércoles tenía una reunión de trabajo en el edificio de la compañía que puso Jean Pierre en Japón.
Kotori negó y dibujó su linda sonrisa. Se giró y tomó la bandeja que estaba sobre la mesa de noche. Yo me senté mejor en la cama y sonreí cuando ella puso la bandeja frente a mí.
–Te hice panqueques, algunas frutas y jugo de naranja. Espero que te guste mi amor.
–Todo lo que cocinas Kotori es sabroso. Pero… ¿no sé supone que nos íbamos a turnar el desayuno? Tú lo haces todos los días.
–Porque usted se ha vuelto una dormilona –dijo inflando las mejillas.
–Es por culpa de los medicamentos –dije a la defensiva con un puchero.
Comenzamos a reír. Era verdad que últimamente despertaba tarde, mucho más tarde de lo que quería, pero los medicamentos que estaba tomando tenían ese efecto y era muy fuerte. Además, ahora que vivía junto a mi esposa, no tenía la necesidad de practicar Kendo o Arco. Sé que a Kotori no le importaba, pero me sentía mal de que ella hiciera más cosas que yo en nuestra casa. Kotori miró su reloj y sonrió.
–Me voy mi amor. No vengo a almorzar… así que dejé algunas cosas en la alacena. Regresaré como a las siete.
–Tranquila Kotori.
–Si sucede algo me avisas. Llevó el móvil encima todo el día.
Negué con una sonrisa y la atraje a mí para darle un nuevo beso. Ella acarició mi rostro y volvió a besarme. Pegamos nuestras frentes y sonreímos.
–Te amo –dije mientras entrelazaba mis manos con las suyas–. ¿Lo sabes, verdad?
–Lo sé –y besó mis labios suevamente–. Y yo te amo mucho más.
Un último beso y nos separamos. Kotori tomó su bolso, se miró una última vez al espejo y salió corriendo de la habitación. Coloqué la servilleta sobre mi regazo cuando la puerta volvió a abrirse. Kotori corrió hasta la mesita de noche.
– ¿Kotori?
Ella tomó algo que estaba sobre la mesita de noche y se lo puso en su dedo, era su sortija de matrimonio. Me enseñó su mano y guiñó el ojo. Sonreí cuando volvió a salir corriendo. Pude escucharla cerrar la puerta y salir de la casa. Negué despacio y vi la otra sortija en la mesita. Sonreí, porque aunque Fumiko y las demás chicas nos habían dicho que no la usáramos en público, Kotori y yo siempre las llevábamos puestas, ya que eran nuestro símbolo de amor.
Terminé de desayunar y me dirigí al baño. Luego de una corta ducha, me vestí con lo más cómodo que tenía, me puse un pañuelo sobre la cabeza y asentí con fuerza. Ahora que Kotori no estaba, iba a aprovechar para limpiar nuestro apartamento. Ya teníamos casi un año de vivir ahí, cuando la mamá de Kotori nos trajo a conocerlo. La misma noche de nuestra boda la pasamos aquí en nuestra casa.
Decidida a hacerlo todo bien, tomé primero la ropa y la puse en la lavadora. Luego me puse a limpiar la casa, barrer, limpiar ventanas, sacudir. Salí al pequeño jardín a limpiar y recortar las flores. Las habíamos sembrado junto a las otras chicas, cuando las invitamos por primera vez a nuestra casa, a celebrar el cumpleaños de Kotori. Antes de eso, sé que solo Honoka había estado en ella. Al pensar en Honoka, recordé lo pasado dos días atrás.
No sabía nada de ella. Había intentado llamar, pero cuando lo iba a hacer, me acordé de las palabras de Yukiho, y lo dejé de lado. Honoka es torpe, pero tal vez debía pasar por esto. Sequé mi sudor y sonreí.
–Buenos días señorita Sonoda.
Miré a la mujer que me saludaba desde la casa de al lado. Ella estaba sentada en la entrada de su casa leyendo un libro.
–Buenos días señora Nishida.
–La veo bastante ocupada.
–Bueno… he querido aprovechar la mañana para limpiar un poco el apartamento. Aunque es pequeño, puede llegar a ser difícil toda su limpieza.
–Sí –dijo sonriendo. Miró hacia todos lados antes de hablar, bajando un poco su tono de voz–. ¿Y cómo está tu esposa? Tengo bastantes días de no verla.
Sonreí. La señora Nishida era la única del lugar donde vivíamos que sabía de nuestra relación. Se había enterado un día que nosotras, descuidadamente, estábamos besándonos bajo la luz de la luna en nuestro pequeño jardín. Kotori le explicó lo nuestro y gracias al cielo a ella no le importó. Kotori le pidió que no le contara a nadie y ella prometió hacerlo si Kotori le hacía el vestido de quince años de su hija.
–Kotori se fue temprano. Está bastante ocupada con su trabajo.
–Me alegra saberlo. Se ve que es una muchacha responsable y dedicada, además de linda. ¿Y supongo que ella es la que trae el dinero a su casa, verdad?
–Eh… bueno, yo también trabajo –dije con algo de molestia. Ella sonrió.
–Oh, no te estoy juzgando mi niña, solo digo que tu linda esposa siempre anda ajetreada con su trabajo.
No respondí, solo dibujé una sonrisa forzada. La mujer se puso de pie y se acercó a la división de nuestras casas.
–Sabes una cosa, pequeña… Cuando yo era joven como tú, ya estaba casada y tenía un hijo. Nunca pude trabajar, porque era otro tiempo, aunque lo deseaba, pero viendo a tu esposa, siempre he dicho que los jóvenes de hoy deben aprovechar ese momento de superarse y crecer. Ustedes son una linda pareja, joven y no tendrán hijos así que deben disfrutar mucho, mucho más.
–Eh… gracias por su consejo, señora Nishida –miré mi reloj buscando una excusa–. Debo continuar con mis labores. Que tenga buen día.
–Buen día señorita Sonoda. Me saludas a tu esposa.
Le sonreí y regresé a mi casa. Me recosté a la puerta. Me sentí molesta por el comentario de la vecina, una señora algo… entrometida. Pero tenía razón en algo… Kotori llevaba toda la carga de nuestro hogar. Ambas ganábamos dinero por ser Idols, pero… ella ganaba más con su otro trabajo, y como Idol, yo no había aportado nada aún… Suspiré y acaricié la cicatriz sobre mi pecho, detrás del medallón de µ's. Tenía que hacer algo...
Me golpeé las mejillas con las manos, y asentí decidida. Terminé de colgar la ropa en el cuarto de lavado y finalicé las tareas que tenía pendiente. Cuando terminé, ya era casi medio día, por lo que busqué la computadora y me senté en el salón. Iba a tratar de escribir una canción, pero luego de unos largos minutos, el documento en la pantalla seguía en blanco.
Suspiré. Abrí un navegador de internet para comenzar a buscar trabajos que pudiera hacer en mi tiempo libre que me permitieran ganar dinero cuando comenzó a sonar mi teléfono. Miré la pantalla y sonreí.
–Hola mi pajarito.
–Mi amor, ¿cómo está todo?
Sonreí y coloqué la computadora en la mesa de centro, sentándome mejor en el sofá. Cambié el móvil de oreja.
–Estoy bien mi amor, te lo he dicho todas las veces que me preguntas.
–Aun así, te seguiré preguntando siempre, para saber que está bien.
Reímos las dos. Kotori lanzó un suspiro cansado.
– ¿Cómo va la reunión?
–Estamos en un descanso. Creo que no vamos ni por la mitad. Jean Pierre quiere hacer tantas cosas para el próximo desfile. No sé cómo le vamos a hacer para cumplir con ello.
–Pero mi pajarito… recuerda que tu primera responsabilidad es con µ's.
–Lo sé, lo sé mi amor, y Jean Pierre lo sabe, ya que aún no me ha asignado nada. No te preocupes –rio levemente–. ¿Ya almorzaste?
–Aun no tengo hambre. El desayuno me ha dejado muy llena. Pero comeré algo pronto, y usted debería hacer lo mismo.
–Siiiiiii –dijo con una risita.
–Por cierto Kotori… la vecina te manda saludos. Nuevamente te elogió mucho. Creo que le agradas bastante –Kotori comenzó a reír. Podía escuchar muchas voces al otro lado de la línea.
–Mi amor, ya van a reanudar la reunión. Te tengo que dejar. Ya sabes, cualquier cosa…
–Yo te llamo, no te preocupes. Te amo mi pajarito.
Ella me mandó un beso y terminó la llamada. Suspiré. Kotori era perfecta a su manera, y siempre la había visto como mi modelo a seguir, a pesar que ella siempre decía que era al revés. En ocasiones me he preguntado si ella hubiera sido la persona enferma, ¿yo podría haber hecho todo lo que ella ha hecho por mí?
Mordí mi labio cuando mi teléfono comenzó a sonar nuevamente. Mire la pantalla ya que no conocía el número. Dudé en contestar, pero al final lo hice.
– ¿Aló?
– ¿Umi, eres tú? –Sonreí al reconocer la voz.
–Hola Maki. Que sorpresa recibir una llamada tuya.
–Disculpa que te llame desde el teléfono de la oficina, pero mi móvil está totalmente muerto y mi cargador está… desaparecido. Bueno… en fin… –y suspiró profundamente.
–Estás hecha un caos, ¿cierto?
–Estoy a punto de lanzar los libros por la ventana… Te juro que si mi padre trae otro libro más, los tiro por la ventana junto con él.
Comencé a reír. Maki no era de hacer bromas, siempre había sido muy directa, y escucharla decir eso era en parte sorprendente. Suspiré para controlar la risa.
–Vaya… ¿tan mal?
–No me hagas caso –suspiró–. Umi… eh… crees… ¿Crees que podrías venir a verme?
– ¿Perdón?
–Sí, se que suena extraño que te lo diga, pero necesito hablar… contigo. Es importante.
Coloqué la mano en mi pecho del miedo. ¿Acaso pasó algo con mis exámenes? Me había hecho las pruebas de rutina antes de irme a Nueva York con Kotori, pero aún no tenía los resultados. No era extraño que Maki me llamara, total, seguía siendo como mi enfermera personal, pero el tono serio que usó –más serio que su habitual tono– me comenzó a asustar.
– ¿Sucede algo? –pregunté temerosa.
–Eh… ¿Algo?
–Sí –dije levemente. Ella suspiró.
–No, no sucede nada Umi, solo… –otro suspiro– Solo quiero hablar algo contigo… sobre µ's.
– ¿µ's?
–Ay por todos los cielos Umi, solo dime si vienes o no.
Maki estaba estresada, eso era más que obvio, y la entendía. Suspiré y miré mi reloj. No tenía nada que hacer ya, y mi idea de escribir una canción ya se había diluido en el aire.
–Está bien Maki. Voy para allá. Tu oficina…
–Séptimo piso. Dile a la secretaria de la recepción y ella te dará un gafete. No te preocupes.
–Está bien. Nos vemos.
Terminamos la llamada y me fui directo a cambiarme. Busque un vestido color blanco, largo y me puse un abrigo color café a juego con las botas altas. El clima, aunque aún no estábamos en invierno, ya se estaba comenzando a tornar frío. Salí de mi casa y caminé hasta la estación. Nuestra casa no quedaba lejos de la estación, y el tren solo duraba unos 10 minutos hasta el centro de Tokyo.
El tren iba vacío, así que busqué un lugar cerca al fondo del vagón, y comencé a mirar por la ventana. Aún iba de camino cuando recibí un mensaje de Kotori. Era un sticker de un pajarito llorando. Reí, porque eso significaba que la reunión aún no había terminado. Siempre me comenzaba a enviar stickers cuando ya estaba aburrida. Iba a contestarle cuando comencé a escuchar cuchicheos a mí alrededor.
"¿Esa es Sonoda-san?". "Es más bella en persona". "¿Ella fue la que salió en el periódico? ¿La que salió modelando?" "¿Pero ella no es miembro de µ's? ¿Creen que me deje tomarle una foto? Oye, dile que la amas, tal vez te corresponde."
No me había percatado que el tren se había comenzado a llenar, y la mayoría de personas me miraba. Sentí mis mejillas arder. Estaba siendo reconocida por casi todas las personas. Un hombre, al fondo del vagón, incluso levantó su móvil para tomar una foto. Busqué con que cubrirme y encontré un periódico en el asiento, que no pertenecía a nadie. Lo usé para cubrirme con él. Al hacerlo noté la foto de la portada.
–No…
Era yo, la foto del diario de Nueva York, la fotografía del desfile de modas. Mi sonrojó debió aumentar porque sentía mi cara ardiendo hasta las orejas. Mi corazón comenzó a latir más rápido y comenzó a faltarme el aíre. El cuchicheo ya no era disimulado, e incluso, podía notar más flashes de cámaras. El miedo comenzó a inundarme por completo.
El tren se detuvo, así que aproveché y salí rápidamente del tren empujando a algunas personas que ingresaban. Cuando el tren se alejó, busqué en que estación estaba. Estaba a mitad de camino. Mordí mi labio y busque un lugar algo apartado y donde no hubiera muchas personas para poder leer la nota en el diario. Solo el título de la misma era ya suficiente para volver a generar estrés y miedo en mí.
"Miembro de µ's muestra su cuerpo en desfile de modas. Sonoda Umi da un paso al frente y quiere mostrar una nueva faceta alejada de su grupo. "
Sentí que me desmayaba. Incluso comenzó a faltarme el aire. Me recosté a la pared y mordí mi labio. ¿Qué hacer? Podía llamar a Kotori y decirle, pero sería interrumpir su trabajo y no era lo correcto. ¿Llamar a Eli? Me pasó por la cabeza, incluso Honoka pasó por mi mente. Iba a sacar mi teléfono del bolso cuando noté que unas chicas comenzaban a señalarme. No podía quedarme ahí, así que salí rápidamente de la estación. Justo frente a la misma había una tienda de ropa. Crucé corriendo la calle y entré.
–Bienvenida a nuestra tienda señorita.
–Buenas tardes –dije y miré el lugar. La chica se acercó a mí.
– ¿En qué podemos ayudarle?
–Eh… ¿tienen sombreros?
–Claro, venga por aquí por favor –Me llevó hasta una zona donde había toda clase de sombreros–. ¿Qué estilo busca señorita?
–Eh… –miré todos. No tenía idea, solo quería uno que cubriera mi rostro un poco.
– ¿Son para pasar unas vacaciones en una playa paradisiaca? ¿O para invierno? Tenemos estos muy lindos diseñados para la época otoñal. O podemos darle estos para…
–Ese me gusta –dije señalando uno blanco de ala grande. Parecía para una playa. La chica levantó una ceja dudosa.
– ¿Ese?
–Eh… sí, por favor.
–Le puedo asegurar que tenemos sombreros mucho mejores que ese, y que combinan perfectamente con su rostro y…
–Quiero llevarme ese, por favor.
Abrí el bolso y saqué mi billetera. Ella suspiró y negó pero aún así tomó mi pedido. Nos dirigimos a la caja para pagar, cuando vi una bufanda en color blanco. Tomé la bufanda y la uní a mi compra. También tomé unas gafas oscuras. Ella volvió a levantar una ceja.
– ¿Cuánto sería? –dije en un leve susurro. Ella me dio el monto aún dudosa. Es cierto que yo no tengo un gran sentido de la moda, y tal vez Kotori hubiera elegido los accesorios perfectos para mí, pero necesitaba disfrazarme.
¿Cómo había sido tan descuidada? Nico siempre nos decía que teníamos que tener cuidado. Incluso Tsubasa usaba hasta una peluca. Ahora podía entenderla. Pero era la primera vez que me sentía… ¿acosada? Y ni siquiera había sido por µ's, sino por haber modelado.
Salí de la tienda y en la pura entrada me puse la bufanda para tapar la parte baja de mi rostro, el sombrero y las gafas. Pensé en pasar a comprar una mascarilla pero al mirarme en la ventana de la tienda, me parecía que ya era demasiado. Suspiré y comencé a caminar hasta el hospital Nishikino.
.
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Duré más de lo que pensaba, pero pude comprobar que mi disfraz había funcionado. Cuando llegué frente a la recepción, la recepcionista me miró fijamente.
–Buenas tardes señorita. ¿En qué le puedo ayudar?
–Eh… busco a la señorita Nishikino.
Le di mi identificación. Tenía un año de visitar ese hospital, pero iba a la consulta con el médico y nunca había pasado del primer piso. La joven me regresó la identificación con un gafete.
–Piso siete.
Asentí y caminé hacia el ascensor. Presioné el botón del piso siete. Una pequeña mano presionó el botón del piso cinco. Miré a la dueña de esa mano.
–Buenas tardes –dijo Nico con tono cansado y sin mirarme, sino que miraba su móvil. Iba vestida de falda corta y saco ambos de color negro. Su cabello suelto.
–Buenas tardes.
Las dos entramos al elevador apenas este se abrió. Nadie más subió. Nico seguía mirando su móvil. Pensé en decirle algo cuando las puertas se abrieron en el piso uno y entraron dos enfermeras. Nico se pegó a mí pero no me miró. Llegamos al piso cinco.
–Que tenga buen día –me dijo, ahora si mirándome. Yo asentí. Nico duró unos segundos con sus ojos color rubí en mí, pero luego negó y las puertas se cerraron.
Llegué al piso siete y salí del ascensor. La joven de la recepción me miró así que me acerqué a ella y le dije a que venía. Ella sonrió y llamó a un número de teléfono. Asintió y sin decirme mucho me señaló la oficina más alejada del piso.
–Adelante –escuché después de tocar levemente.
La oficina estaba en penumbra, solo un pequeño rayo de luz entraba por la ventana e iluminaba a Maki que estaba concentrada sobre algo en la mesa. Pude notar la cantidad de libros y notas sobre el escritorio. En el suelo había también hojas y láminas del cuerpo humano. Miré hacia otro mueble donde estaba una máquina de café, y un plato sucio con restos de comida.
–De verdad que estás hecha un caos –dije mirando a la pelirroja que levantó su mirada de las hojas frente a ella.
– ¿Umi? ¿Qué te pasó? ¿Por qué vienes vestida así?
–No sabes lo que me pasó –dije y me dejé caer en la silla frente a ella. Maki enarcó una ceja–. Salí de la casa y subí al tren y en él las personas empezaron a reconocerme y a tomarme fotos y me asusté y me bajé en una estación muy atrás, y en la estación también comenzaron a reconocerme y tuve que comprar todo esto para disfrazarme.
–Ah… –dijo y miró de reojo hacia el suelo. El periódico de hoy estaba ahí–. Me imagino –Yo asentí casi con ganas de llorar–. Bueno… por lo menos ya llegaste, aunque… –dijo se acercó a mí. De un tirón arrancó algo del sombrero–. Deberías quitarle la etiqueta de la tienda antes de ponértelo.
–No te burles –dije en un puchero. Maki dibujó una sonrisa. Abrió sus brazos en señal de un abrazo. Me levanté y la abracé.
–Gracias por venir Umi.
Me quité todo, hasta el abrigo que dejé sobre el sofá lleno de libros y me volví a sentar. Maki abrió un poco más las cortinas. Se sentó en su lugar y suspiró.
– ¿Y bien? ¿Qué necesitabas hablar conmigo?
–Eh… bueno… quiero… –se mordió el labio.
–Maki… soy yo, sabes que puedo escucharte. Además… te debo mucho por lo que has hecho por mí en estos últimos dos años.
–Quiero pedirte me ayudes. Acabo de terminar esto –y me dio unas partituras–. Sí, se que debería estar estudiando, pero no me he podido sacar de la cabeza lo del documento y la reunión del lunes.
–Maki…
–No quiero que µ's desaparezca por mi culpa. Y tampoco quiero abandonar el grupo, ni que me despidan. He estado pensando en lo que propusieron todas, y pues…
– ¿Quieres que escriba la letra, verdad?
–Pensé en escribirla yo, pero no soy buena con las palabras. Y tus letras… bueno siempre han sido muy buenas. También imaginé que sería más fácil para ti si ya tenías la música.
–La verdad… me ha costado escribir algo. Yo también he estado pensando en lo sucedido y quiero ayudar pero cada vez que intento escribir algo… solo tengo una hoja en blanco.
Sonreímos. Maki suspiró y se levantó. Tomó las partituras de mis manos y se dirigió al piano. No lo había notado ya que la luz no lo iluminaba hasta ahora. Maki me miró.
–Podrías… podrías poner el seguro. No quiero que nos interrumpan.
Asentí. Puse el seguro en la puerta y Maki me pidió que me sentara a su lado. Ella entrelazó sus dedos para estirarlos y suspiró una vez más. Comenzó a tocar de forma lenta, pero dulce. Siempre me había gustado la manera en la que ella tocaba, con firmeza, cada tecla del piano era presionada de manera segura. El armonioso sonido llenó la oficina en un instante. Cerré los ojos y a mi mente comenzaron a llegar cientos de palabras, palabras que podía entrelazar en versos. La melodía era alegre y me hacía imaginar el mar, el ancho cielo y las risas de mis amigas.
Maki dejó de tocar y lanzó un soplido. Me miró con duda.
– ¿Y bien?
–Es grandiosa.
– ¿Podrás escribir algo? ¿Crees poder hacerlo?
–Si me das una hoja y un lápiz, estoy segura de que sí.
Reímos. Maki se puso de pie y tomó un bloc de notas de su escritorio. Sacó un lápiz de color rosa de su bata y colocó ambos sobre el piano. Se volvió a sentar a mi lado.
–Que bonito lápiz –dije mirando los dibujos de animalitos en él. Maki torció el gesto.
–Es de Nico-chan. Lo dejó aquí esta mañana. Pensaba devolvérselo más tarde.
–Por cierto vi a Nico en el elevador.
– ¿La viste? –preguntó preocupada. Yo sonreí.
–Creo que no me reconoció con todo lo que llevaba puesto.
– ¿De verdad?
–Eh… sí. ¿Por qué lo preguntas?
Maki se mordió el labio y miró por la ventana. Suspiró y regresó su mirada a mí.
–Umi, por favor, no le digas a las demás lo que hacemos. Quiero… quiero mostrarles esto pronto, pero quiero mantenerlo en secreto hasta que esté terminada. Es más, no quiero que Nico sepa que estás aquí. Tampoco Kotori.
–Maki…
–Se que suena egoísta, pero quiero que vean que nosotras… bueno que nosotras también contribuimos a µ's.
– ¿Crees que es necesario? –le pregunté con duda. Ella suspiró.
–Me siento mal de saber que todas hacen su esfuerzo mientras yo solo me siento a leer y leer y no hago nada por el grupo.
–Pero Maki… todas sabemos que esto lo haces por… –me sonrojé levemente– por mí, por lo que me pasó. Y por eso te apoyamos.
Maki dibujó una pequeña sonrisa, también con sonrojo en sus mejillas. De pronto el sonido de la puerta nos sorprendió. Estaban tocando con insistencia.
–Maki, ¿estás ahí?
– ¡Es Nico! –dijo Maki asustada. Se puso de pie y cogió mi abrigo y sombrero. Me los dio y me levantó de la mano–. ¡Escóndete en el baño!
Me empujó hasta la única puerta en la habitación y me metió ahí. Yo reí y lancé un suspiró. Decidí asomarme levemente para mirar.
Maki se acercó a la puerta, se acomodó su bata y abrió poniendo una expresión de enojo.
–Nico-chan…
– ¿Por qué te encierras? Acaso ya no quieres que la grandiosa Nico Nii venga a verte.
–No quiero que mi padre entre con otro endemoniado libro, eso es todo.
Nico entró a la habitación. Lanzó un suspiro molesto y encaró a Maki que desvió la mirada.
–Te vas a quedar ciega si sigues leyendo a oscuras.
Nico se dirigió a las cortinas pasando al lado del piano. Noté que Maki miraba las partituras sobre el mismo con miedo. La habitación se iluminó por completo en unos segundos.
–Así está mejor, ¿no te parece Maki?
–Me gusta más la oscuridad, me permite concentrarme.
–Y no ver el desorden que tienes. Maki, yo acomodé todo el lunes, ¿cómo puede estar tan sucio?
–Ay Nico-chan, con costo puedo concentrarme leyendo un libro, voy a preocuparme por limpiar una habitación en la que solo estoy yo.
Nico levantó la ceja y miró a Maki fijamente durante lo que pareció un minuto. Yo me mordí el labio ya que Nico estaba demasiado cerca del piano. Al final la pequeña suspiró y comenzó a atarse el cabello.
–Bien… Voy a aprovechar mi descanso para limpiar un poco otra vez y dejar tu oficina reluciente.
–No es necesario Nico-chan, de verdad.
–Ni hablar. Voy a coger la escoba que está en tu baño.
Demonios, Nico venía para donde yo estaba. Maki rápidamente la agarró de la mano y la atrajo a ella, pegando sus labios a los de la pequeña. Nico forcejeó un poco pero luego la abrazó por completo. Se separaron luego de un largo beso.
–De verdad Nico-chan –dijo Maki sonrojada– No necesito que limpies, por lo menos no ahora. Mañana… mañana lo puedes hacer, temprano, cuando llegas. Es más, me comprometo a limpiarlo contigo.
– ¿Estás bien Maki? –le tocó la frente. Maki se alejó.
– ¡Oye!
–No parece que tengas fiebre.
–Estoy bien Nico-chan. Es solo que quiero terminar de estudiar por hoy. Solo me quedan dos días antes del examen. Debo tratar de aprovechar el tiempo.
Nico suspiró. Se acercó a sus labios y los besó despacio.
–Esta bien mi tomatito tsundere.
–No soy tsundere… enana.
Nico le mostró la lengua. Sacó el móvil y buscó algo. Se lo mostró a Maki que tomó el teléfono en sus manos.
– ¿Qué es esto?
–La playa a la que vamos el fin de semana. Lo envió Fumiko hace unos minutos. El hotel es aquél que se ve al fondo, en la isla. Dice que es muy lujoso.
–Lo… lo había olvidado.
–Pues recuérdalo. Nos vamos apenas termines el examen. Nozomi tuvo que habértelo dicho.
–Apenas si he hablado con Nozomi. Está en horario nocturno esta semana, y cuando ella regresa, yo ya vengo hacia acá.
Nico negó y se guardó el móvil. Suspiró y se dirigió hacia la puerta. Miró la máquina de café y luego a Maki.
– ¿Te traigo más café?
–Eh… no Nico-chan, así estoy bien. Puedes… puedes llevarte el plato. Estaba –sonrojó– estaba muy delicioso el almuerzo.
–Bien. Por lo menos hoy si comiste. Mañana te traeré más.
Nico recogió el plato y sonrió. Besó a Maki una vez más y salió. Maki iba a cerrar pero Nico regresó levemente a la habitación.
–No voy a pasar más tarde. Mamá ocupa ir a un lugar y necesita que regrese a la casa para cuidar a mis hermanos. Recuerda que…
–Aun están enfermos. Lo sé Nico-chan. No te preocupes.
Nico se despidió de Maki con otro beso. Maki cerró la puerta y se recostó en ella. Yo salí despacio con una sonrisa en mi boca.
–Parece tu mamá.
–Así es esa enana. Se preocupa demasiado por todo. Es muy perfeccionista.
–Igual que tú –dije riendo. Maki me hizo una mueca y regresó al piano no sin antes cerrar la puerta nuevamente. Yo volví a dejar mis cosas en el sofá y regresé al lado de mi amiga.
– ¿Continuamos? –dijo Maki colocando sus manos sobre el piano. Yo tomé el lápiz y sonreí.
–Hagámoslo.
.
.
Cuando me despedí de Maki ya estaba comenzando a oscurecer. No me había percatado de la hora, y ahora estaba corriendo para llegar a mi destino. Maki me había ofrecido una galleta, que era lo único que tenía en la alacena de la oficina, pero había sido suficiente para calmar un poco mi hambre. No había almorzado, pero estaba tan emocionada con la canción que no me había importado.
Respiré profundamente cuando llegué frente al edificio donde Kotori trabajaba. Le había enviado un mensaje para confirmar que aún no había salido y cuando me contestó que no, decidí dirigirme hacía allí antes de regresar a la casa.
Varias personas salían del lugar, y mi hermosa esposa venía al final de todas. Al verme sonrió, se despidió de los demás y se acercó corriendo a mí. Iba a besarme pero yo la detuve porque había muchas personas cerca. Nos reímos. Kotori entonces me miró fijamente de arriba abajo.
–Eh… Umi-chan… ¿y esa ropa?
– ¿Hay algo malo con ella?
–No, te ves hermosa… aunque… –me quitó el sombrero y se lo puso ella. Le lucía hermoso– Este sombrero no es de esta temporada.
–No sabes lo que me pasó Kotori. Fue el primero que se me ocurrió comprar. Ahora me arrepiento de no tomar las palabras de Nico en serio. Ella si es una verdadera Idol.
– ¿Ah?
–Olvídalo mi pajarito. Olvídalo. Ven –le tomé la mano– Hoy tengo ganas de cenar afuera –y sin esperar una respuesta comencé a llevarla conmigo mientras ella sonreía.
Bueno, y aquí les traigo un pequeño KotoUmi y NicoMaki. Un capitulo tranquilo pero que nos muestra las pobres peripecias que comienza a sufrir nuestra letrista por modelar para su querida Kotori. ¿Qué más le esperará a la pobre Umi?
Y Maki, a pesar de tener cerca su examen, saca tiempo para componer una canción. ¿Qué canción será?
Espero que les guste y lo comenten. Un abrazo a todos.
