Juliet las había llevado hasta las puertas del café donde se encontraban conversando Jessie y Rachel.

Sugar estaba que se moría de la vergüenza, por su parte Quinn se sorprendió mucho de ver a la morocha y al moreno juntos en aquel lugar. Entretanto, Juliet al ver a Rachel meneaba la cola y daba saltitos emocionada, la morena se acercó a rascarle las orejas, mientras, Jessie ayudaba a Quinn a sostener a la pelirroja.

R-Creo que tendrás que volver a hacerte las uñas. –tratando de no reír en su cara. Sugar le devolvió una mirada llena de odio.

J-¿Cómo llegaron hasta aquí y qué le pasó a Sugar? –preguntó el hombre.

Q-Si te lo contara no lo creerías –contestó Quinn mirando severamente a Juliet quien agachó las orejas. – ¿y ustedes qué hacen aquí?

J-Convencí a Rachel de compartir un rato de su cumpleaños conmigo. –habló el moreno.

Q-¿Su qué? –la mandíbula de la ojiverde casi se descuelga de la impresión.

J-Eres terrible, no sólo no recuerdas el cumpleaños de tu novia, sino que sales con otra.-dijo en tono de broma, pero nadie rió. -Entonces, como acabo de comprobar que no tenían nada preparado, me tomo el atrevimiento de invitar a Rachel a ese recital que tanto quería ver aquel día que nos encontramos afuera del teatro.

Ahora si, la rubia estaba furiosa y a la vez apenada pues recordó que Rachel no pudo ver ese recital por su culpa. Se sintió muy tonta porque no sabía nada del cumpleaños de la chica, quizá debió preguntarle antes.

Q-Sabes, yo aún no me siento tan bien. –se le ocurrió argumentar a Quinn en un tono casi infantil y mirando a la morena de forma suplicante.

J-Yo te veo bastante recuperada, incluso corriste hasta acá. –respondió Jessie. La rubia enrojeció de rabia.

R-Estarás bien y podrás valerte por ti misma hasta que vuelva, es más, si quieres podrás hacerle compañía a Sugar que obviamente necesita un baño y algunas curitas... si las miradas mataran. -pensando en referencia a Sugar.

J-Exacto –dijo el hombre, con una risita pues hasta ahora notó el estado en que había quedado su amiga. -Rachel, eso quiere decir que aceptas venir conmigo.

Q-Te repito St. James que Rachel se queda conmigo… –decía la rubia, que intentó tomar el brazo de la morena, pero esta se apartó delicadamente.

R-Si, acepto la invitación de Jessie. –dijo sonriente, pues de verdad deseaba asistir a ese recital y la cara de incredulidad de la rubia no tenía precio.

La pelirroja no podía ocultar su ira, las dos personas que más le interesaban estaban prácticamente ignorándola por estar compitiendo entre ellos por Rachel.

Luego que Sugar asegurara no necesitar pasar por el hospital, fue dejada en su casa por el moreno, ya habían sido demasiadas humillaciones en un día para ella. Quinn, Juliet y Rachel se despidieron, hasta más tarde en el caso de la morena que quedó con Jessie en que este la pasaría buscando, las tres caminaron hasta el apartamento que compartían.

Una vez entraron, habló la rubia.

Q- ¿Por qué no me dijiste que hoy era tu cumpleaños? –preguntó algo dolida.

R-¿a Quinnie le interesaba saberlo? –irónica.

Q- Idiota, claro que me habría gustado saberlo. –dijo sonrojándose un poco, esto hizo bajar la guardia a la morena.

R-La verdad es que sino fuera por Jessie, ni yo misma lo recordaría. –respondió sincera. –hasta que llegué a la cafetería no había notado qué día era hoy, he andado muy ocupada últimamente como para fijarme en el calendario.

Q- Di mejor que por estar cuidando de mí –sintió culpa. Rachel suspiró.

R-Hay veces que desearía golpearte muy fuerte, pero no es una carga para mí cuidarte, no me molesta hacerlo. Ahora si me disculpas, voy a darle un baño a Juliet y luego a arreglarme para salir con Jessie.

La chica tomó al akita por el collar y se la llevó. Quinn quedó sentada en la sala, sin saber qué hacer con todo lo que estaba sintiendo. Tenía ganas de decirle a Rachel que no saliera con Jessie, que en cambio ella la invitaba a cualquier lugar que ella eligiera. Sin embargo, no lo hizo.

Q- Feliz cumpleaños Rachel. –dijo tan bajo que la morena no pudo oírla.


Will entendía que era un camino sin retorno, debía mantenerse firme ahora que había asumido un reto de tal magnitud. Durante sus años de vida, había sobrevivido a un par de desastres naturales, soportó la dura crisis y la recesión económica, levantó de las cenizas el negocio familiar que su padre dejó en la completa banca rota, se enfrentó a empresarios inescrupulosos capaces de vender a su propia madre por ganar dinero, viajó y recorrió un largo camino en busca de la paz y elevación espiritual.
Sin embargo, ninguna de esas experiencias le servían para enfrentar lo que se avecinaba. En esos momentos, se encontraba infundiéndose valor y aceptando ese destino que casi todo hombre debe cumplir tarde o temprano… intentar descifrar el segundo gran misterio de la vida… la mujer.

Cuando Judy llegó a aquel lujoso restaurante, notó que el ambiente estaba extrañamente romántico. Las luces estaban bajas, Will la esperaba en un área VIP sin ningún otro comensal cerca. La mesa tenía un par de velas que un mesero se apresuró a encender nada más acercarse ella, junto, estaba enfriándose una botella de champagne. Además, Will estaba muy bien arreglado y perfumado para ser sólo una cena de negocios.

El jefe todopoderoso de Estrella Roja EC, se ponía de pie para dar la bienvenida a la dama y luego sostener la silla para que ésta se sentara. Así daba inicio la velada para esta pareja de viejos amigos.


Ahora, Jessie se encontraba en una situación un tanto parecida a la de su jefe, con la diferencia de que se suponía él tenía un doctorado en reconocimiento y conquista del género femenino. Aún así, estaba resultándole bastante más complicado controlar su nerviosismo. Con semejante chica enfrente es difícil pensar con claridad o intentar seguir un manual de acción, pues sabe que ella es completamente diferente a todo lo que antes había conocido.

Estaba a punto de entrar al teatro con Rachel, que lucía bellísima, tomada de su brazo. En momentos, la morena recordaba la cara y palabras de Quinn cuando la vio arreglada.

Q-¿Saldrás así? –decía incrédula Quinn, que admiraba a la chica de Ohio, era realmente era un espectáculo de mujer.

R-¿Quinnie piensa que estoy mal arreglada? –dijo, fingiendo consternación.

Q-¡No! Si estás… preciosa, pero saldrás con… St. James -su cara era de triste amargura.

J-¿En qué piensa Rachel? –preguntó el hombre que notó algo ausente a la chica que volvió bruscamente a la realidad.

R-En que es el primer cumpleaños que paso fuera de casa y lejos de mi familia. En realidad, si lo pienso bien, este año es el primero en muchas cosas.

J-Nada de nostalgias, hoy es tu día y me encargaré de hacerlo especial ¿vamos? –señalando la entrada del teatro, la chica asintió. –yo haré que te olvides de ella.

En el teatro, Rachel y Jessie tomaron asiento, eran una pareja hermosa que llamaba mucho la atención.


Quinn en tanto, se encontraba en el apartamento con Juliet echada frente a ella.

Q-Me gustaría saber qué están haciendo. Estaba tan hermosa y se arregló así para él, ¡me hierve la sangre de recordarlo! –Juliet ladeó un poco la cabeza.

Q-No me veas así, no podía amarrarla –hablándole a la perra que la miraba de forma acusadora… o al menos eso le parecía a la rubia. Juliet ladró con fuerza.

Q- ¿Y qué esperas que haga? No puedo salir corriendo a buscarla, quizá estén muy divertidos ahora e incluso pasen la noche juntos. –sintió un vacío en la boca del estómago de sólo pensar en akita ladró un par de veces con más fuerza y se acercó amenazante a la ojiverde. Esta se replegó en el sofá.

Q- ¡Está bien! Sólo porque me obligas –algo intimidada, luego tomó su chaqueta y pidió un taxi, pues con el brazo en cabestrillo no podía conducir.


Pasada hora y media, el recital llegaba a su fin y la gente comenzaba a salir. Jessie y Rachel, iban emocionados comentando el magnífico espectáculo que acababan de presenciar.

Cuando caminaban por la calle el celular de Jessie comenzó a sonar, después de disculparse con Rachel se alejó un poco para contestar.

J-Will, ¿qué ocurre?

W-He hecho todo lo que practicamos, creo que todo va bien, pero ahora ella quiere bailar y yo… no puedo, ¡no se bailar!

J-No puede ser… está bien, diga que tiene una molestia en el tobillo, con eso dejaremos lo del baile para una nueva clase y lo pondrá en práctica para una nueva cita.

W-Muchas gracias muchacho, no olvidaré esto que haces por mi.

J-No puedo creer que no haya sido un desastre, los milagros existen. No hay de qué, confiaba ciegamente en que todo saldría perfecto. –reía nervioso. – A veces me sorprendo de mi mismo -pensó.

Mientras Jessie intentaba terminar con esa llamada, Rachel miraba con atención un aparador. Entonces sintió que la tomaban del brazo y la halaban fuertemente, arrastrándola hasta un callejón cercano. Cuando la morena reaccionó intentó forcejear, pero desistió al notar quién era la persona que la estaba agarrando.

R-¿Quinn, qué estás haciendo? –mirándola incrédula.

Q-Yo… pues… no tengo idea, pero aún le quedan un par de horas a tu cumpleaños, quiero pasarlas contigo. –dijo con esa expresión de cachorro abandonado.

R-Pero ¿y Jessie? Quedamos en ir a cenar.

Q-Al diablo Jessie, tú vienes conmigo y punto. –dijo firmemente. Ahora la rubia la tomó de la mano y salieron por otra calle, llamó un taxi y ambas subieron a él.

R-Quinnie puede explicarme ¿qué la impulsó a realizar este secuestro express a mi persona? -La gran Quinn Fabray múltiple campeona nacional de motocross, cerró los ojos por un momento reflexionando su respuesta...

Q-Juliet es muy convincente. –dijo al final.

Rachel la miró extrañada pero no preguntó más.
Al descender del vehículo, fueron caminando por una avenida poco concurrida, era un paseo muy romántico tenían el mar a un costado y las luces de la bahía eran todo un espectáculo. Entonces, la ojiverde se detuvo y le entregó una pequeña cajita que por la prisa no estaba envuelta.

Q- Feliz cumpleaños Rachel.

R-Quinn no debiste…

Q-No pude comprarte nada por ser ya tarde, pero creo que esto es algo especial y quiero que lo tengas.

Al abrirlo, era una pequeña medalla dorada. Rachel abrió los ojos muy grandes pues recordó el estante de trofeos que tiene la rubia a manera de altar.

R-Quinn esto es…

Q-Si, la primera medalla que gané. Fue mi primera carrera importante, cuando no tenía toda la fama y patrocinantes de ahora.

R-Yo… esto… no se qué decir… Gracias, siempre la tendré conmigo.

Siguieron caminando disfrutando de la hermosa noche que hacía, y finalmente llevó a la cumpleañera a su restaurante favorito. Ahí, disfrutaron de una hermosa velada nocturna. Incluso la chica ordenó traer una torta para que la morena pidiera un deseo y soplara las velas.

Q-¿Qué deseaste? –preguntó curiosa.

R-Es secreto, si lo digo no se cumplirá.

Q-Pero quiero saber –dijo con expresión de niña pequeña que quiere un juguete.

R-Si Quinnie me da un beso le digo. –la rubia enrojeció hasta la punta del cabello, pero lo meditó un segundo y luego se acercó a la morena besándola.

Involuntariamente sus manos se entrelazaron produciendo un, hasta ahora desconocido, sentimiento de felicidad en ambas. Después de eso terminaron dándose un cálido abrazo.

Q-Bien, ahora si me dirás cuál fue tu deseo. –preguntó aún con las mejillas ardiendo.

R-Se acaba de cumplir. –dijo sonriente.

Q-¡Rachel!

Fue sin duda un cumpleaños que la chica de Ohio no olvidaría jamás.