Lamento mucho no haber podido subir capitulo la semana pasada, pero fue debido a que yo avia cambiado el capitulo en mi lap, pero no se que le paso a mi Word y ya no me permitió abrirlo asi que lo tuve que volver a reeditar pero ahora en la compu de escritorio lamento la tardanza y espero que este capitulo les guste también.
Capítulo XIV: Un Susto y Una Esperanza
Dejo de respirar por exactamente un minuto, observaba a su esposa que aún mantenía la cabeza gacha evitando mirarlo de frente ¿Había escuchado bien? ¿Había dicho divorcio? Parpadeo un par de veces asimilándolo, estudiándolo, tratando de convencerse que lo que le dijo era verdad y no una mala pasada de su subconsciente. Pero en ese momento los ojos acaramelados de su esposa lo miraron severamente y haciendo mucha fuerza para no derramar lágrimas.
-¿Por qué?-Susurro Darien controlándose pues estaba consciente que sus hijos dormían plácidamente.
-Darien, quiero lo mejor para mis hijos.-Señalo ella.-Quiero que vivan rodeados de amor y si ese amor se los podremos dar estando mejor separados…
-Te equivocas.-Le interrumpió el azabache.-Lo mejor es estar juntos, somos una familia ahora.
-Una familia sin amor.-Dijo Serena.-No quiero eso para ellos.-Empezaba a perder el control y las lágrimas se hacían presentes con mayor intensidad.-Sé que los amas tanto como yo y debes querer lo mejor para ellos.
-Pero no es así.-Se defendió el azabache alzando un poco la voz por lo que la joven posó delicadamente su dedo índice sobre sus labios.-Serena, al principio si fue por la herencia pero escúchame. Las cosas no son como parecen.-Dijo Darien hablando más tranquilamente.-Si no lo hacía todo el trabajo y esfuerzo que mis padres pusieron en levantar las empresas se habría ido a la nada, mi error fue no habértelo comentado pero ahora…
-Darien yo te perdono y no te guardo rencor, tranquilo.-Dijo acariciando su rostro.-Pero me lastimaste y no quiero que lo vuelvas a hacer, nuestro matrimonio fue muy hermoso mientras duró.-Se aclaro la garganta para poder hablar.-Pero no puedo atarte a mí por los niños, me alegro que hayas recuperado lo tuyo pero no sería justo que estés a lado de alguien a quien no amas pudiendo encontrar la felicidad luego.-Lo ama demasiado para permitir eso.
-Pero Serena mi felicidad son ustedes.-Dijo tomándola de las manos.-Los tres, son mi familia.
-No tienes que mentir.-Le aseguró ella.-Estoy perfectamente bien, te libero de toda culpa.
El azabache no sabía que hacer en un momento como este, todo era tan repentino. "Solo dile que la amas idiota" aconsejo su subconsciente pero lo ignoro y actuó según sus impulsos, la tomó por los hombros y la acerco a él besándola con fuerza y desesperación, con posesividad y necesidad al mismo tiempo. Queriendo borrar de su mente la horrible palabra divorcio, se sintió florecer cuando notó su abandono y se entrego al beso correspondiéndolo con igual pasión. No podía perderla, no quería y no lo permitiría. Ellos eran suyos desde que Serena acepto casarse con él, tal vez si hubiera rechazado el beso se hubiera pensado en dejarla libre pero no ahora que siente que ella también lo quiere todavía.
Se separaron cuando la falta de aire se hizo insoportable, a pesar de que pudieron haber permanecido así por años pero tuvieron qué separarse. Serena con la cabeza gacha y él azabache mirándola decidido.
-No lo aceptaré, no te daré el divorcio.-Sentenció el azabache.-Entiendo que necesites un tiempo para meditarlo, te lo daré.-Aseguró el joven.-Si para eso no me quieres ver me iré de la casa por un tiempo.
-Darien…
-Serena.-Dijo viéndola a los ojos decididamente.-Solo quiero una última oportunidad y ten por seguro que no firmare ningún divorcio.-Dijo con voz gruesa.-No te perderé nada más al recuperarte.
La rubia se quedo expectante y anonadada, no había visto en Darien un semblante tan serio como el que acababa de ver hace unos momentos, estaba seguro que no le daría el divorcio. Sin más palabras les regalo una mirada furtiva a sus hijos y una mirada mesclada entre decisión y confianza. Y salió por la puerta dejándola sola y sorprendida.
Pero por alguna extraña razón el hecho de que no quiera divorciarse de ella la hizo sonreír…
Minako revolvía su cena sin mucho interés, no tenía apetito. Últimamente no tenía ganas de nada y eso no pasaba desapercibido para su hermano y tampoco para su novia. Alzo sus ojos azules para ver a la joven vestida normalmente con una camiseta estilo Polo y unos jeans ajustados que resalten su figura. Un cambio extremo entre la diseñadora y la mujer que esta cenando con ellos.
-¿Mina estás bien?-Preguntó Andrew preocupado.
-Si…-Contestó quedamente la joven de cabellos dorados.
Los novios se regresaron a ver, claramente no creyeron nada de lo que decía la rubia.
-¿Te gustó la comida Minako?-Pregunto Lita tratando de hacer una conversación.
-Está muy buena Lita.-Respondió la joven con voz monótona.-Es bueno saber que mi hermano no morirá por ingerir su propia comida.-Dijo desanimada
-Gracias.-Respondió la aludida algo decepcionada de no haber logrado su cometido.-Y bien Minako mira que grande estás y muy hermosa yo apenas te conocí ya que según Andrew ya tus padres estaban considerando entregarte a los Hino con papeles ya que solo pasabas con ella.-Dijo recordando con una sonrisa.
-Tú madre solía decir que debiste ser un niño ya que solo pasabas jugando al soccer.-Respondió ella agresiva.
-¡Minako!-La reprendió Andrew.-No sé que carajo te pasa pero no te cargues con Lita ella solo está tratando de ser amable contigo.
Minako se levanto molesta de la mesa y se dirigía a su alcoba.
-Gracias por la comida.-Susurro de mala manera.-Con su permiso me retiro.-Indico caminando con dirección a su recamara.
-Si lo extrañas perdónalo.-Indico Andrew deteniendo a su hermana.
-¿Qué quieres decir?-Preguntó Minako sorprendida deteniendo su camino y volteando para ver a su hermano.
-Por favor Mina, estas así por culpa del idiota hermano del Chiba.-Observo como las mejillas de su hermanita se ruborizaban.-Lo sabía.-Señalo el rubio observando como su hermana se ruborizaba y bajaba la mirada avergonzada-¿Lo quieres?
Minako observo a su hermano y bajo la mirada avergonzada, ¿Qué si quería al platinado insoportable? Si, muy a su pesar si lo quería. Extrañaba tener a alguien que la moleste y que… bueno que la moleste principalmente.
-No está mal sentir lo que sientes.-Dijo Andrew sorprendiendo a las dos.
-Pero…
-Mina, si él te hace feliz merece una segunda oportunidad.-Dijo cerrando los ojos.-Y si tú eres feliz, yo soy feliz.
-Lo pensaré.-Dijo Minako feliz de que su hermano prácticamente había dado a entender que si ella aceptaba a Yaten él también y eso ya era quitarse un peso de encima.-Gracias Drew.-Dijo acercándose a su hermano y besando su mejilla.-Gracias Lita.-Dijo mirando a su cuñada.
-¿Por qué le agradeces a Lita?-Preguntó Andrew confundido.
-Porque apenas llevas una semana con ella y es una gran influencia para ti, has madurado.-Dijo sacándole la lengua a su hermano mientras Lita reía divertida.
-Tú también Lita.-Se quejaba el joven sintiéndose traicionado.
-Disculpa Drew.-Dijo conteniendo la risa.-Minako no le digas a Yaten que yo dije esto pero es un buen chico.
-De acuerdo.-Sonrió la joven dirigiéndose a su alcoba.
-Ciertamente has madurado Andrew, mucho desde que te conocí.-Le dijo una vez que la rubia desapareciera de la vista. Se acerco y rozo sus labios tiernamente.-Pero no has dejado de ser el mismo y por eso te quiero.
El rubio sonrió y se acercó a su novia para besarla en los labios, un beso pasional demostrándose todo lo que sentían desde que eran unos niños y tuvieron que mantenerlo guardado por tantos años. El beso se iba tornando cada vez más deseoso cuando algo cayéndose llamo la atención de la pareja que se separo inmediatamente.
-Perdón.-Señalo Minako avergonzada y muy ruborizada, no era su intención interrumpirlos. De hecho el plan de origen era salir silenciosamente del apartamento sin ser notada pero sus malditos pies torpes tuvieron que chocar con la lámpara del buro.
Lita estaba sonrojada al igual que Andrew, nadie decía nada.
-Yo ya me voy.-Dijo Minako presurosamente.-Sigan en lo suyo.-Adjunto con una mirada pícara.
-¡Minako!-Protestó el rubio más ruborizado viendo salir a su hermanita por la puerta, volteo a ver a Lita que estaba de ser posible mucho más sonrojada que él.
-Que vergüenza.-Musitó Lita aún roja.
-No te preocupes, Mina ya no es una niña.-Trato de calmarla Andrew.-Pero ciertamente si fue un rato muy incomodo.-Dijo para luego quedar en silencio por un poco más de tiempo-¿Quieres salir a pasear? Te invito un helado.-Ofreció el joven.
-Gracias.-Susurro la joven dirigiéndose a la puerta tomando su abrigo del perchero.
Ciertamente, los dos necesitaban aire fresco.
Serena estaba en la cama de su habitación de hospital, mañana le darían el alta y podría irse a casa pero ¿A dónde? Darien dijo que no había problema, que ella se quede en la casa recién comprada. Se negó pero lo que dijo su esposo era cierto ¿Dónde cabría ella con los bebés? En el departamento de Andrew ni en sueños pero la casa era demasiado grande para ella, tal vez le pida a Mina y a Rei que la acompañen, esa sería la única manera que aceptara. Si eso haría.
Tocaron en su puerta dos veces delicadamente llamando su atención y obligándola a volver a la realidad y mecer a Mamoru que se había despertado a comer un aperitivo, esperaba que pronto volviera Darien ya que juraría que Rini despierta pronto.
-Adelante.-Dio permiso a la persona tras la puerta.
Por el umbral de la misma una figura masculina alta, de cabellos azabache y ojos zafiros entraba a la habitación con una resplandeciente sonrisa.
-¡Seiya!-Exclamo la joven sin gritar debido al pequeño que tenía en sus brazos y al cual amamantaba.
-Hola linda, ¿Cómo están?-Cuestionó el azabache mirando en la cuna a la beba dormida y luego a la madre que al parecer llevaba al bebé en sus brazos.
-Bien ¿y Tú?-Preguntó ella de vuelta.
-No tan bien como ustedes.-Afirmo sonriendo sinceramente-¿Y el inútil de mi primo?-Pregunto al encontrarse con la sorpresa de que ningún perro guardián estaba con ella.
-Dijo que iría a las empresas por una hora, ha estado aquí mucho tiempo y tiene que ver como marchan las cosas personalmente.-Explico la joven.-Pero pronto ha de llegar.
-No importa, al fin y al cabo no lo he venido a ver a él.-Dijo divertido.-Además la empresa anda bien, Yaten y yo nos hemos encargado de eso personalmente.-Señalo el joven de ojos zafiros.
-Me alegro.-Dijo Serena con una sincera sonrisa, Seiya siempre conseguía ponerla de buen humor, pasara lo que pasara siempre lo conseguía. En eso Rini empezó a llorar llamando la atención de los jóvenes. Serena iba a ponerse de pié cuando Seiya la detuvo.
-¿Puedo cargarla yo?-Pregunto suplicante.-Por favor, prometo tener cuidado.-Decía como si fuera un niño pequeño.
-Vale, cárgala.-Indicó Serena.
El azabache cargó a la pequeña y luego de mecerla un rato más volvió a tranquilizarse.
-Me sorprendes normalmente solo Darien logra eso.-Indicó Serena.-Los tiene muy consentidos, en especial a Rini.
-Es porque le recuerda a mi tía.-Explico Seiya con la beba en los brazos.-Serena.-Llamó a la joven madre.
-Dime.-Dijo Serena curiosa.
-¿Qué piensas hacer a partir de ahora? Digo Darien y tú se irán a vivir a otro lado o ¿Cómo harán?-Pregunto Seiya tratando de sonar casual.
-Le he pedido el divorcio a Darien.-Dijo Serena sinceramente, el azabache estaba feliz pero podía notar por el semblante de la joven que ella no lo estaba.-Pero él se ha negado a dármelo.-Dijo con una pequeña sonrisa.-Aunque le perdoné, pero nos separaremos por un tiempo para ver que ocurre.
-Serena, para lo que necesites y decidas yo siempre estaré ahí para ti.-Dijo Seiya viéndola a los ojos.
-Lo sé Seiya, gracias eres un buen amigo.-Agradeció Serena sus ofrecimientos.
-Serena quisiera que me veas como algo más que como un amigo.-Pidió Seiya observando la confusa mirada de la joven.
-Seiya, eres como un hermano para mí, tú y Yaten son los que mejor se han portado conmigo en este tiempo.-Dijo Serena confundida.
-Lo sé pero lo que yo quiero decir.-El corazón le latía a mil por hora, estaba ruborizado y dudoso.-Es que yo te amo Serena.-Soltó Seiya de improvisto sorprendiendo a la joven.
De no haber estado cargando a su bebé, otra cosa se le hubiera caído, era más de lo que podía soportar.
¿Michael había dicho que la amaba?
_Darien estaba vestido de nuevo como un impecable empresario aunque las ojeras aún no desaparecen de su rostro. Estaba complacido ya que al parecer su hermano y su primo habían sabido llevar muy bien la empresa de nuevo en su ausencia y eso tenía que reconocerlo.
-Así que Molly volvió a su puesto.-Preguntó Darien revisando ciertos documentos.
-Si y ya podemos disponer de la herencia como debió ser siempre.-Afirmó Yaten sonriendo complacido.-Ahora ¿volverás al trabajo pronto?-Preguntó suplicante.
-No, me estoy planteando en tomarme unas largas vacaciones con mi familia ya que haces un buen trabajo como presidente.-Mintió Darien con el fin de molestar a su hermanito menor y funcionó ya que él platinado menor palideció solo ante pensar esa posibilidad.
-No por favor.-Rogó el joven.-Aunque me alegro que las cosas con Serena vayan bien.-Dijo cambiando su semblante rápidamente.-Pero no por favor, no me hagas eso.-Volvió a su papel de suplica.
-Te he tomado el pelo.-Anunció el joven mayor.-Ya quisiera yo que las cosas entre Serena y yo marcharan bien.-Suspiro cabizbajo.
-¿Qué pasó?-Preguntó Yaten mostrándose serio de nuevamente para escuchar a su hermano.
-Me ha pedido el divorcio.-Comento Darien asombrando a su hermano menor,
-¿Qué?, ¿Cómo?, ¿Por qué?-Preguntó el platinado menor intrigado.
-Si, me pidió el divorcio. ¿Por qué? Yaten no seas idiota eso no deberías ni preguntar.-Exclamo Darien con fastidio.
-¿Y tú qué has dicho?-Pregunto el joven con su mala costumbre de sentarse sobre los escritorios.
-Que no lógicamente.-Dijo el joven con fastidio.-No la voy a perder, no sin pelear por ella.
-Esa es la actitud hermano.-Dijo Yaten animándolo.
-Si, nada más espero que sepa perdonarme y aceptarme.-Dijo el azabache.-Por cierto ¿Dónde está Seiya?-Inquirió el joven por su primo.
-Dijo que luego venía, que iría a visitar a alguien en la clínica.-Señalo Yaten restándole importancia al asunto.
Darien volvió la vista a sus documentos hasta que las palabras de su hermano calaron en su consciencia ¿Seiya visitaría a alguien en la clínica? ¿Quién? De repente sus ojos azules se abrieron con sorpresa y recordaba las palabras que Seiya le había dicho meses atrás. "Cuándo le digas la verdad y ella te odie será mi hombro sobre el cual llorará y encontrará consuelo"
Se levanto del escritorio sorprendiendo a su hermano y se dirigió a la puerta de salida, maldito Seiya.
-¿Qué pasa?-Preguntó su hermanito sorprendido ante su repentina prisa.
-Luego te digo.-Fue lo único que dijo Darien antes de salir de su oficina dejando a un Yaten perplejo.
-Buenos días señor Chiba.-Saludo la pelirroja secretaria.
-Buenos días Molly.-Dijo pasando por su lado.-Adiós Molly.-Dijo cuando la pasó.
-¡Enhorabuena por sus hijos!-Grito la pelirroja secretaria perpleja por la apresurada salida de su jefe.
Bajo lo más rápido que pudo y literalmente corrió al aparcadero del cual saco su Austin velozmente. Tenía que apresurarse antes que Seiya moviera alguna pieza y sus palabras calaban en su memoria. No le importaba ir a ochenta por hora, lo único que quería era llegar pronto. Agradecía mentalmente que el tráfico esté fluido, lo cual agilitaba las cosas.
La imagen de Serena y Seiya juntos, su primo sosteniendo a uno de sus bebés y sonriendo feliz hacía que la sangre le hirviera y aceleraba más a fondo. Seiya supo como jugar sus cartas, Serena sensible por el parto prematuro, se entero de la verdad, tiene ganas de divorciarse de él.
Dios por favor que llegue a tiempo.
Serena estaba por demás sorprendida por las palabras del azabache frente a ella. ¿Qué Seiya la amaba? Pero ¿Cómo? Eso era absurdo, Seiya siempre había sido muy lindo con ella y ella le había tomado aprecio pero de ahí a sentir amor por él. No, jamás se había planteado esa posibilidad; observo al azabache a los ojos y lo encontró decidido y ruborizado.
-Seiya ¿Qué…?-Trató de preguntar nuevamente-¿Qué dijiste?
-Que te amo.-Contestó el azabache decidido tragando en seco.
-Seiya, ¿Estás seguro?-Dijo sonriendo nerviosamente.-Digo, puedes estar confundido.
-No Serena.-Dijo el azabache con su voz apagándose al notar la reacción de la rubia.-Me enamoré ti, fue inevitable.-Dijo sonriendo triste.-Entiendo que no sientas nada por mí pero pensé que luego de lo que ocurrió con Darien tal vez podrías verme como algo más que un amigo.-Dijo agachando la cabeza.
-Seiya.-Estiró su mano que no cargaba a Mamoru y tocó su brazo.-Eres una persona maravillosa, pero no voy a mentirte.-Dijo sonriéndole tiernamente.-Mis sentimientos por ti son solo de amistad, te agradezco tus sentimientos pero no puedo correspondértelos.
-Lo entiendo.-Dijo Seiya.-Pero no perdía nada intentándolo.
-Si me separo de Darien es porque no quiero atarlo a mí solo por los bebés, no quiero que sea infeliz por mi culpa.-Dijo la rubia.-Lo amo demasiado para forzarlo a eso. De seguro no quiere divorciarse pronto por el que dirán pero seguro lo termina aceptando luego.-Dijo apretando su mano en señal de apoyo.-Estoy seguro que encontrarás a la mujer maravillosa que te mereces.-Le aseguró.-Alguien que te pueda querer tanto como te lo mereces.
-Entonces… ¿amigos?-Pregunto el azabache.
-Amigos.-Confirmó la rubia.
-Entonces me voy linda.-Dijo colocando a la beba en la cama.-Se me hace tarde y ya te hice compañía un rato, no quisiera que mi primo me encuentre aquí valla a darle un síncope.-Dijo ante la risa de la rubia.-Nada más quiero que sepas que hasta que encuentre a esa mujer maravillosa que dices, si es que existe mis sentimientos no cambiaran.
-Se que existe Seiya, estoy segura.-Dijo la joven.
-Eso espero, aún así si te das cuenta que yo soy el hombre de tú vida estaré disponible.-Dijo a modo de broma.
-Vale.-Dijo Serena rodando los ojos resignada mientras Seiya se acercaba para despedirse, ella inclino la cara para despedirse correctamente pero el azabache la tomó por sorpresa y beso sus labios superficial y fugazmente.
-Gracias princesa.-Dijo y salió por la puerta sin decir más.
En el pasillo se encontró con otro azabache que al verlo lo asesinaba con la mirada y apresuraba el paso, Seiya se limito a sonreír con el afán de fastidiar a su primo. Una vez frente a frente se encararon ambos,.
-¿Qué haces aquí?-Exigió saber Darien.
-Visitando a Serena.-Respondió Seiya feliz.
-¿Qué le has dicho?-Cuestionó el azabache mayor.
-Que la amo.-Soltó como quien se quita una bandita del brazo. Observo como la cara del azabache mayor palidecía y sus ojos se tornaban oscuros del coraje.-Que se merece algo mejor que tú, que quiero ser un padre para sus hijos.
Darien lo tomó por la camisa y apretó fuertemente su agarre.
-Mis hijos no necesitan otro padre, me tienen a mí.-Dijo con voz lúgubre.-Y que no se te olvide que es MÍ esposa.
-Todavía.-Retó Seiya mientras Darien apretaba más su agarre.-Pero me ha rechazado.-Dijo a medida que el agarre aflojaba.-Pero no cantes victoria, me ha dicho que es solo porque necesita pensarlo.-Mintió el azabache de ojos zafiros con el único afán de molestar al joven a medida que apretaba nuevamente el cuello de la camisa de su primo para luego tirarlo a un lado y dirigirse sin voltear al cuarto de su esposa.
-No la perderé Seiya, hazte a la idea de eso.-Aseguró antes de girar la perilla y entrar.
Seiya sonrió con resignación, podía decirle a Darien que Serena lo amaba pero no. Si era de ellos estar juntos las cosas se darían sin su intervención.
Y aunque no lo admita abiertamente nunca, si su primo la hacía feliz, él también lo sería. Y tal vez si hay alguien destinada para él, en alguna parte del mundo.
Minako observaba las estrellas del balcón de su apartamento pensando en varias cosas, o al menos eso quería creer ella cuando en realidad solo podía pensar en cierto platinado con sonrisa pícara que ocupaba sus pensamientos totalmente. Se había enterado por Rei que ella y Nicholas habían vuelto y le aconsejaba que ella debiera dejar de ser tan terca y darse una oportunidad con el platinado.
Yaten…
¿Ella quería a Yaten? Por una parte lo detestaba, le hacía enojar con facilidad además que era un pervertido y un burlón. Pero también podía llegar a ser tierno, divertido y dulce cuando se lo proponía. Recuerdos de su no-cita se colaron a su mente, ese beso que le plantó antes de irse. Dios aunque no era capaz de admitirlo abiertamente lo extrañaba y mucho.
Pero ¿Por qué lo extrañaba? Si él era la ruin persona que había sugerido jugar con Serena y ¿Si ella estaba en lo cierto y él también necesita alguien para heredar? Una lágrima rodo por su mejilla solo de imaginar esa posibilidad y tratar de hacerse a la idea de que el platinado no era para ella.
-Mina ¿Por qué lloras?-Preguntó una voz masculina sorprendiéndola. Se asomó por el balcón para ver de quien se trataba.
-¿Zafiro?-Preguntó incrédula y el azulino le sonrió.
-Hola Mina.-Saludo él desde el balcón vecino-¿Por qué lloras?
-Por nada.-Dijo la joven secándose las lágrimas.
-Vamos Mina, te conozco desde niños.-Anunció el joven.-Soy tú amigo.
Zafiro tenía razón, ellos se conocían desde pequeños y quitando lo celoso y posesivo que era. Era una buena persona, entonces ¿Por qué no podía enamorarse de él? Si no precisamente del platinado pervertido.
Abrió los ojos con sorpresa, había admitido que estaba enamorada de Yaten Kou...
-Si tanto le quieres como para perderte pensando en él, deberías escucharlo.-Aconsejó Zafiro desapareciendo del balcón, por mucho que quisiera que Minako sea feliz aunque sea con otro hombre no era fácil dejar ir a la mujer de la cual estuviste enamorado por tantos años.-Nos vemos Minako.-Gritó desde adentro.
Minako se quedo estupefacta por las palabras del alvino sintiendo un poco de lástima por él. Pero esto debería ser una señal, el hecho que Andrew y Zafiro dieran su aprobación era algo bastante notable ¿Podría ser una señal? Entonces era simplemente la cabezonería de ella de no querer escuchar, de no querer ser feliz.
-Perdón Zafiro.-Susurro al viento.-Y gracias…
Darien conducía su Austin con dirección a su casa observando cada cinco minutos por el espejo retrovisor a su esposa y a sus hijos que estaban en la parte de atrás, los bebés acomodados perfectamente en los porta bebés que el mismo había comprado en tonalidades rosa y azul mientras su madre los observaba con devoción. Llegaron a la casa y suspiro con resignación, era el momento de dejarlos…
Ayudo a Serena con los bebés hasta llevarlos a su recamara, Dios ver esa cuna le traía tantos gratos recuerdos que hoy en día parecen tan nostálgicos y lejanos. Acostaron él a Rini y ella a Mamoru en sus respectivas habitaciones.
-Quien hubiera dicho que hicimos bien al comprar cosas para niño y niña.-Dijo Darien tratando de romper la tensión del ambiente.
-Si…-Susurro Serena quedamente.
-Bueno, el servicio queda a tú entera disposición.-Anunció Darien.-Si no te molesta visitaré a mis hijos todos los días.
-No habría porque molestarme, son tus hijos también y es tú casa.-Dijo Serena.
-Nuestros hijos y nuestra casa.-Señaló el azabache a lo que la rubia solamente asintió.-Bueno me voy.-Se acerco a ella para besar sus labios pero ella los apartó y el azabache beso su mejilla.-Entiendo.-Acotó antes de dirigirse a cada cuna y besar a sus durmientes hijos.-Hasta luego pequeñitos, papá los ama.-Les susurro y salió de la habitación dejando a Serena tras él sin saber que ella derramaba una lágrima de tristeza…
Cierto platinado de ojos verdes se hallaba en la barra de un elegante club bebiendo whisky seco, habían pasado ya casi tres semanas y las cosas no parecían mejorar, al menos no empeoraban. Serena y Darien seguían con una relación indefinida, no han vuelto a tocar el tema del divorcio ninguno pero tampoco habían vuelto a estar juntos. Kumada era muy feliz en su relación, bien por él; pero si hasta la cosa esa de Kino estaba feliz, mientras que él y Darien sufren. De alguna forma se lo merecen por ser tan idiotas, su mente solo podía pensar en una persona, una persona que de seguro no lo quiere ver ni a kilómetros de distancia.
Minako Aino…
-Otro.-Pidió al barman recordando a la rubia que se había ganado un lugarcito en su corazón de piedra y que justo cuando las cosas iban bien, pierde por una estupidez de meses atrás.
-Se lo manda la señorita.-Indicó el hombre entregándole la bebida y rechazando su dinero al querer pagar.-La de allá.-Señaló.
Por agradecimiento volteo a ver hacia donde señalaba el joven pero no encontró a nadie y se quedó sorprendido.
-¿Me buscabas?-preguntó una seductora voz llamando su atención desde su espalda, se volteo para ver de quién se trataba y…-Cuanto tiempo sin vernos, querido Yaten.
-Tú…-Señaló el platinado Kou a la joven, la reconocería en cualquier lugar. Ese cabello pelirrojo lacio a lo largo y rizado en las puntas y esos ojos amatistas solo podían pertenecer a una persona.-Kaolineth…
-Que alegría que aún me recuerdes querido.-Dijo colocando su brazo sobre su hombro.-Ya que yo no me he olvidado de ti.
Memorias que creía perdidas lo abrumaron rápidamente, su infancia y adolescencia, su soledad y como aquella rubia acabó con ella. Claro que también con ella volvieron memorias de una fallida boda y del cambio de trescientos sesenta grados que hizo. Sus ojos se tornaron fríos e indiferentes y retiro su mano de su hombro.
-No eres fácil de olvidar.-Dijo Yaten.
-Me alegro.
-No era un halago.-Se defendió él-¿Qué te trae por aquí Kaolineth? Yo te hacía en París disfrutando de la buena vida que debiste haber conseguido luego de engatusar a algún otro importante heredero.
-En que terrible concepto me tienes.-Dijo fingiendo disgusto.-La verdad es que después de que lo nuestro se acabo, la vida no me ha tratado tan bien como crees. La empresa de mi padre quebró y ahora me ves aquí, vine a trabajar para mantenerme.-Dijo con aires trágicos.-Pero nunca me olvide de ti.-Ronroneo seductoramente muy cerca de su oído.-Y sé que tú tampoco te has olvidado de mí.
El platinado sonrió seductoramente de medio lado, esa sonrisa tan suya. Sin contar que alguien lo estaba viendo.
Minako observaba tras el gran ventanal del refinado club, iba de paso a la casa de Serena a ayudarla con los bebés y se percató que estaba Yaten ahí dentro. Lo vio solo y pensativo, lo pensó por unos momentos hasta que se decidió en aclarar las cosas de una buena vez armándose de valor para entrar y sorprenderlo cuando observo que una pelirroja con ropas de prostituta se acercaba al joven platinado muy insinuantemente y prefirió esperar nuevamente.
Observo que los jovenes platicaban, las miradas de la joven eran de coquetería e insinuación mientras que él por un momento pareció sorprendido pero luego su semblante cambio a uno frío y carente de sentimientos. La muñeca esa puso su pálida mano sobre el hombro del joven y él primero no hizo nada logrando molestarla pero luego retiró su mano de su hombro haciéndola sonreír.
Hasta que…
La pelirroja se acerco peligrosamente al oído de Yaten y le susurro unas cosas a medida que él sonreía seductoramente. Esa sonrisa solo significaba una cosa, no había que ser un genio para saber lo que la joven le susurró y lo que él acepto.
Con lágrimas y el corazón roto se marcho del lugar en silencio con dirección a la casa de su amiga.
Yaten apartó a la delgada joven que lo miraba incrédulo, por esa sonrisa creyó que había caído; entonces ¿Por qué la rechazaba ahora?
-Kaolineth de verdad ¿Te parezco tan estúpido?-Preguntó el joven con sarcasmo.-Como para volver a caer en tú juego, ya no querida.-Anunció el joven platinado con una sonrisa de superioridad.
-Mientes, tú aún sientes algo por mí.-Acusó Kaolineth con orgullo.
-No linda, tú estás malinterpretando las cosas.-Indicó el joven de ojos verdes.-Es verdad que en algún momento pasado de mi vida te quería c como un idiota, más que eso. Te amaba.-Dijo ante la mirada expectante de la joven.
-Y aún me amas, no te has podido olvidar de mí.-Acotó volviendo a acercarse a él.
-Tal vez tengas razón.-Dijo el joven.-Pero no en el modo que piensas. Tú recuerdo me atormento por mucho tiempo, demasiado diría yo.-Empezó a relatar.-Tanto que me cambio y me hizo una persona totalmente diferente a quien era antes de conocerte. Me volví frío y sin sentimientos una persona totalmente diferente a quien era yo en realidad.-La joven escuchaba sin argumentar nada.-Le hice daño a mucha gente pero me arrepiento especialmente de habérselo hecho a una persona, cometí un gran error con la única persona con la que no debía cometerlo. Ella era la luz al final del túnel que me ayudo a recuperar a mi verdadero yo, ella es mi luz, la luz que me devolvió la esperanza.
-Pero…
-No me interrumpas.-Advirtió el joven levantándose del taburete sobre el cual reposaba.-Ahora puedo decir que te agradezco que me hayas plantado en el altar, ya que si no lo hubieras hecho actualmente sería una persona infeliz que no pudo encontrar el amor.
¿Amor? Él mismo se sorprendió al darse cuanta que nombro esa palabra, le salió tan natural que no se dio cuenta. Pero a la final era la verdad, lo que en realidad sentía.
-Porque la amo.-Indicó a la joven.-Ella fue la única que supo hacer volver al verdadero Yaten que yacía en mí y que incluso yo ya daba por muerto.-Metió la mano en su bolsillo y sacó un billete sin ver siquiera la cantidad-¿Algún sentimiento por ti? Si, me das lástima.-Dijo colocando el billete en el nacimiento de su busto y dirigirse a la salida.-Con ese billete declaro que el Yaten Kou que tú cambiaste se queda aquí, contigo y el verdadero Yaten volverá al poner un pié fuera de este lugar y diciéndote adiós para siempre.-Susurro al pasar a su lado y antes de salir por la puerta.
Una vez fuera respiro el aire que a pesar de estar jodidamente lleno de polución le pareció el aire más puro que había respirado en años. Sentía que dejaba atrás una parte de su vida que no quería volver a ver. Por fin había dejado atrás el pasado y podrá volver a ser él mismo.
Yaten Kou…
Serena estaba angustiada, desde hace alrededor de una hora que Rini no dejaba de llorar desde hacía un rato ya. Y para colmo hoy se encontraba sola, Rei se había escusado que tenía una cita con Nicholas y Minako aún no llegaba. Se hallaba sola tratando de calmar a Rini y haciendo hasta lo imposible porque Mamoru no se despierte, le hacía falta Darien.
Su esposo cumplió su promesa, le ha estado respetando su espacio cordialmente. Salía del trabajo a las seis e iba a la casa y se quedaba hasta las once o doce de la noche, incluso llevaba la cena en ocasiones. Solo que ahora él le había comunicado que ese día llegaría tarde o incluso si se le hacía demasiado tarde no iría. Por un momento pensó que era una escusa, que a lo mejor una excusa de él para salir con alguien. A lo mejor tenía una cita y… ¿Por qué estaba pensando en ello? Se supone que ella aún quiere divorciarse de Darien y es lógico que él rehaga su vida con otra persona, aunque eso la carcoma por dentro.
El llanto volvió a aparecer, cinco minutos duró Rini pegada al seno materno comiendo en silencio para volver a llorar y ahora con mayor intensidad que antes. Por su pequeña carita se asomaban lágrimas y sudor. Parecía que estaba sufriendo y eso le partía el corazón a ella.
-Rini, ¿Por qué no me dices algo?, ¿Qué te pasa nena?-Preguntaba desesperada al no notar la respuesta por parte de la beba a pesar de ya saber eso.
Había intentado llamar a la doctora veinte veces y no contestaba el teléfono y el llanto de Rini era cada vez más fuerte y desgarrador. La puerta sonó y rogó internamente porque fuera Darien que había olvidado sus llaves, fue corriendo a abrir la puerta con la beba en brazos y antes de abrir alcanzó a escuchar que el pequeño rubio empezaba a llorar también.
-¡Dari…!-Paró en seco al ver a la figura femenina en frente de ella.-Mina…-Era su hermanita con la mirada triste y cabizbaja.
-¿Qué pasa?-Preguntó la rubia menor al escuchar el escándalo dentro de la casa-¿Por qué lloran los bebés?
-Gracias a Dios Mina.-Dijo Serena olvidándose del triste semblante de su hermanita debido al estrés de no saber que ocurre con su hija.-Rini no ha parado de llorar desde hace algunas horas y Mamoru acaba de despertarse.-Explico rápidamente.-Por favor trata de calmar a Rini, yo voy a ver como está Mamoru.
Minako tomó a la pequeña rubia y empezó a mecerla de un lado a otro esperando que parara de llorar sin obtener ningún resultado. A los cinco minutos apareció Serena con un pequeño rubio alimentándose en sus brazos.
-¿Llamaste a la doctora?-Preguntó Minako mientras seguía intentando calmar a Rini.
-No me contesta.-Explico la joven madre con lágrimas en los ojos.-Soy una terrible madre, mi bebé esta llorando de dolor y no puedo hacer nada. Salir a estas horas de la noche podría ser contraproducente para cualquiera.-Dijo soltando tímidas lágrimas.
-Serena tranquilízate.-Pidió Minako a su amiga-¿Llamaste a Darien?, él podría llevarnos a ver a algun doctor.-Indico Minako.
-Está en una importante reunión.-Indicó Serena.
-¿Más importante que sus hijos, lo dudo?-Dijo Minako.
-No quería molestarlo.-Admitió la rubia apenada.
-No tienes remedio.-Dijo marcando unos números del teléfono a la oficina de Darien.-Si señorita, con Darien Chiba por favor.-Imaginaba que la joven estaba hablando.-Dígale que es de parte de su esposa y que es urgente.
-¿Mina por qué estás triste?-Preguntó la rubia mayor al notar de nuevo el semblante triste de la joven de cabellos dorados-¿Qué ocurrió?-Dijo notando como sus ojos estaban rojos.
-Nada Serena, no te preocupes.-Mintió la joven con el afán de no preocupar más a su amiga que de por si estaba preocupada.
-Pero…
-¡Darien!-Hablo la joven por el teléfono.-Tienes que venir en seguida, algo le pasa a Rini.
El azabache presidente salió de la sala de juntas luego de dar solamente un "lo siento tengo una emergencia, me informan cualquier cosa" a sus socios que lo miraron retirarse del lugar diez segundos después de haber recibido una llamada. Esperaba el ascensor cuando de repente este se abrió dejando encontrándose con su pequeño hermano.
-¿Yaten?, ¿Qué haces tú aquí?-Preguntó el mayor de los hermanos entrando al ascensor y presionando rápidamente el botón para cerrar las puertas y el de S2 que iba directo al parqueadero principal.
-Venía a contarte algo.-Dijo el joven sorprendido al ver la prisa que llevaba su hermano-¿Qué pasó?, ¿Ya ha acabado la reunión?, ¿Dónde vas con tanta prisa?
-Me ha llamado Minako, la reunión no ha acabado pero tuve que dejarla. Al parecer algo le pasa a Rini y por eso voy a casa.-Dijo lo más rápido que pudo el joven padre-¿Quieres venir?
El platinado asintió, por sus sobrinos a la china si era necesario, ya en el camino le platicará a Darien su encuentro con Kaolineth…
Minako le relato a su amiga lo acontecido esa noche, como vio a Yaten con aquella joven pelirroja muy cerca de él y lo mucho que le dolió ver su seductora sonrisa. Ella sentía algo por él pero parece ser que para el joven solo era una distracción.
-A lo mejor las cosas no son como parecen.-Trato de animarla la joven madre mientras cambiaba de pañales a Rini que seguía llorando.-Además por como me la describes… luego te digo me desespera escuchar como llora.-Dijo Serena al borde de un colapso nervioso.
Las puertas de la mansión se abrieron y dos rubios entraron de manera apresurada, se dejaron guiar por su oído hasta que llegaron a la sala en la cual se hallaban Minako y Mamoru en el sofá y a Serena y Rini caminando y meciendo a la beba.
-¡¿Qué ha pasado? ¿Qué tiene Rini?-Exigió saber el padre extendiendo los brazos para coger a su bebé.
-Lleva más de una hora llorando, no se que hacer la doctora no me atiende en teléfono.-Dijo mientras entregaba a su hija a los cómodos brazos paternos que eran su última esperanza puesto que Rini siempre se calma en sus brazos.
Darien la meció y la meció pero al parecer nada la calmaba lo que hizo que se preocupara.
-Vamos al médico.-Anunció dirigiéndose a la puerta. Fue tan rápido que solamente tomo su abrigada gabardina del perchero y abrigo a la beba con cuidado mientras Serena ayudaba a Minako a arropar a Mamoru.
Los cuatro se subieron al coche, Darien, Serena y Rini adelante mientras que atrás estaban Minako, Yaten y Mamoru. Condujo por las calles a la velocidad límite sintiéndose impotente de no poder parar el llanto del bebé mientras Mamoru yacía dormido en los brazos de su tía.
Llegaron a la clínica y preguntaron por la doctora Usui la misma que iba saliendo de la sala de operaciones aún vestida con la ropa adecuada para las cirugías.
-Señores Chiba que gusto volver a verlos.-Saludo la doctora.-Lamento no haberles podido contestar pero estábamos en cirugía y…-Escuchó como la beba que había ayudado a traer al mundo rompía a llorar nuevamente-¿Qué le pasa?
-No lo sabemos doctora lleva llorando así desde hace horas.-Explico la madre desesperada.-No ha dormido ni ha comido bien.
-Déjeme revisarla.-Dijo tomando a la beba y llevándola a una sala.
Serena se abrazo a si misma con sus cansados brazos de tanto cargar a los bebés hasta que sintió como un brazo se pasaba por sus hombros llenándola de calidez y seguridad, volteo a ver encontrándose con los ojos azules de su esposo que la miraban igual de preocupados que ella.
-Tranquila, estará bien.-Susurro Darien acerándola más a su cuerpo.-Tiene que estarlo.-Dijo con fuerza sintiendo como Serena se dejaba abrazar por él. A pesar de que las cosas aún no estaban del todo bien entre ellos no podían evitar ambos estar preocupados y darse fuerza y ánimos, el uno al otro…
Yaten observaba la escena enternecido, si él siendo el tío estaba preocupado no se imaginaba como se sentía Darien o Serena. Observo a la rubia que estaba a su lado, tratando de volver a dormir al pequeño rubio en sus brazos. Pero al parecer el diablillo no quería volver a dormir, Minako no le hablaba o le regresaba a ver simplemente se acerco a la pareja de padres.
-Creo que Mamoru tiene hambre.-Dijo entregándole el bebé a Serena quien de inmediato y acompañada de Darien se fueron a sentar para que la joven pudiera alimentar al heredero Chiba.
El tiempo pasaba lentamente y sin saber noticias de Rini, por la mente tanto de los padres como de los tíos pasaban mil y una cosas y no todas buenas. No era normal que una beba se queje tanto y llore así. Sea lo que sea esperaban que no le pase nada malo después de todo era una sietemesina.
Pasaron no más de diez minutos y la doctora salió con la pequeña vestida de rosa muy tranquila en sus brazos causando un suspiro de alivio en los presentes que ya no querían volver a oírla llorar. La doctora iba muy sonriente y fue el padre de la niña el cual como un resorte saltó del asiento y estiro las manos para coger a su pequeña.
-¿Qué tiene?-Preguntó el azabache intrigado y preocupado.
-¿No es nada grave?-Preguntó ahora la madre.
-¿Estará bien?-Preguntó nuevamente el azabache.
-¿Por qué lloraba tanto?-De nuevo la rubia.
La doctora rió con gracia al ver la exagerada actitud de los padres de la criatura, la típica angustia de los padres primerizos.
-No ha sido nada.-Dijo con una sonrisa.
-¿Nada?-Exclamaron los cuatro presentes al unísono.
-Pero si usted mismo la ha oído llorar fuertemente.-Exclamo Darien incrédulo con su hija en los brazos.
-Si, no ha sido nada grave.-Repitió la joven.-Simplemente estaba con gases.
Tanto alboroto por unos simples gases, todos se petrificaron al oír eso. Por un lado felices de que no sea nada grave pero un poco apenados por haber armado tanto alboroto solo por eso.
-Lo sentimos doctora.-Dijo Serena ahora sacando los gases a Mamoru y parándose a observar a Rini que estaba cómoda en los brazos de su progenitor.
-No hay nada que perdonar.-Dijo la doctora sonriendo.-Ustedes son padres primerizos, es normal que se alteren por el más mínimo detalle o cambio que presente su bebé. Solamente sea más cuidadosa al extraer los gases de su cuerpo y dele una cucharadita de Neogasol cada ocho horas.-Dijo sonriente.-Por lo demás no se preocupe le hice una revisión rutinaria y su hija está en perfecto estado de salud y muy hermosa. Ha heredado sus ojos y su cabello señora Chiba y me imagino que el pequeño también.
-Si.-Susurró Darien.-Son idénticos a su madre.
Darien sonrió con orgullo mientras observaba los ojos azul zafiro de su hija que lo miraban intrigantes y beso su frente, vaya susto que se pegaron por su culpa. Pero estaba inmensamente feliz de que no haya sido nada de que preocuparse.
-¿Me la das?-Preguntó Serena extendiéndole a Mamoru para que su esposo lo cargara y lo hizo de inmediato.-Mi pequeña.-Susurro antes de empezar a besarla con deleite.-Muchas gracias doctora.
-No hay de que, es mí trabajo.-Dijo simplemente.-Buenas noches.-Dijo antes de desaparecer lentamente de la vista de todos
-¿Nos vamos?-Preguntó Darien mientras observaba a Mamoru que también tenía sus ojos azules bien abiertos y abrazando a su esposa con su brazo libre.
-Vamos.-Dijo Serena dejándose abrazar por él.
El camino de regreso fue ya más corto y silencioso, ya todos tranquilos de saber que la beba estaba bien y que no fue nada grave. Una vez en la casa los jóvenes se quedaron viendo al no saber que hacer, eran cerca de las doce de la noche.
-Minako, ¿Por qué no te vas a casa?-Sugirió Serena.-Debes estar cansada.
-Pero si me voy ¿Quién te ayudará con los niños?-Preguntó la joven preocupada.
-Yo me quedaré esta noche.-Observo como las rubias abrían los ojos con sorpresa.-Me quedaré en una de las habitaciones de huéspedes si no hay problema. No podría dormir tranquilo después de esto, quiero asegurarme que Rini está completamente bien.-Se justificó el azabache.-No hay problema ¿verdad?
-No, es tú casa.-Dijo Serena.
-Entonces está dicho. Gracias Minako por ofrecerte por lo menos deja que Yaten te lleve hasta tú casa.-Propuso Darien.
Las reacciones fueron múltiples Minako palideció y Yaten sonrió como un niño al cual su mamá le compró un chocolate.
-Por mí no hay ningún problema.-Anunció el platinado menor contento.-Darien mi coche está aquí ¿verdad?
-Si, en la cochera.-Indico su hermano mayor.
-Voy a por el.-Dijo el menor.-Espérame afuera.-Le dijo a Minako.
Minako no asintió ni negó, observo con suplica a Serena y está le asintió la cabeza y cuando se acerco a despedirse…
-Escúchale.-Dijo Serena a Minako en un tenue susurro.
La joven de cabellos dorados se despidió de su amiga, de Darien y de los bebés y salió en silencio a esperar al patinado que pocos minutos después se estuvo aparcando frente a ella en ese Jaguar rojo del año.
-Súbete brujita.-Le dijo con una sonrisa.
El camino hacía Hikari Gaoka fue corto pero en el silencio que iban se les hizo eterno a ambos. Yaten notaba que la joven aún no quería hablar con él, en la clínica ni siquiera lo regresó a ver ni ha mencionado una palabra desde que se subió. Aparcó el coche en el mismo sitio de la última vez y galantemente se bajó a abrirle la puerta a la rubia la misma que sin regresar a verlo se bajo y empezó a caminar directo a su casa.
-Gracias.-Fue lo único que susurró.
-¡Mina espera!-Pidió el platinado-¿Aún estás molesta conmigo?-Pregunto dudoso.-Ya te lo he dicho pero no me cansare de repetírtelo, perdón. Se que estuvo mal lo que hice y créeme que me duele esa indiferencia tuya para conmigo.-Explico el joven con pesar.-Extraño que te enfades por decirte brujita, que sonrías cuando me porto amable, extraño que me veas a los ojos.-Dijo tiernamente.-Mina yo te quiero mucho, no más que eso yo…
-¡Cállate mentiroso!-Grito Minako.-Te atreves a decirme eso cuando hace unas horas te estuviste revolcando con aquella pelirroja.-Dijo con lágrimas en los ojos.-Eres un grandísimo mentiroso y falso y yo… yo… olvídalo.-Dijo siguiendo su camino con lágrimas en los ojos.
Yaten estaba perplejo, necesito de varios minutos para recuperarse por completo ¿Mentiroso?, ¿Falso?, ¿Qué pelirroja…? ¿Y ella qué…? Cuando recuperó la noción de las cosas ella ya estaba subiendo con dirección a su casa. Corrió lo más rápido que pudo hasta que la alcanzó.
-¿Qué estás diciendo?-Exigió saber el platinado.
-No te hagas.-Dijo la joven soltándose de su agarre.-Te vi con aquella pelirroja en el bar justo cuando me decidía a hablar las cosas veo como ella se te acerca y tú no hacías nada para detenerla y ahora vienes aquí y me dices que me quieres. ¡No soy un juguete Yaten!-Dijo la joven alterada.-Ahora si me lo permites me voy a mi casa.-Susurró ahora.
El platinado la veía alejarse con una idea errónea de las cosas, de seguro se refiere a su encuentro con Kaolineth pero las cosas no ocurrieron como ella piensa y tenía que demostrárselo.
-Escucha.-Empezó a gritar a todo pulmón para que la joven lo escuche.-Por favor Minako Aino, las cosas no son como tú piensas. La mujer que viste a mi lado se llama Kaolineth Busters e iba a ser mi esposa.-Gritó lo más fuerte que sus pulmones le permitían, la joven se volteo y lo miraba sorprendida a medida que las luces de la vecindad se prendían debido al escándalo.-Yo la amaba.-Grito sinceramente.-Pero ella jugó con mis sentimientos y me dejo plantado en el altar convirtiéndome en el Yaten que tú conociste, el pedante, arrogante, inmaduro y superficial. No es algo de lo cual me enorgullezco, por muchos años fui una persona diferente; que creía que las mujeres solo me buscaban por lo físico y la cantidad que tengo en mi cuenta hasta que apareciste tú.
-Yaten…
-Me rechazaste, fuiste la primera.-Siguió gritando.-Y me encapriche contigo, poco a poco fui conociéndote y dándome cuenta que no todas las mujeres eran como Kaolineth. Tú me guiaste como una luz para poder salir de la inmensa oscuridad en la que me encontraba metido por años. Tú luz me devolvió la esperanza y eso fue lo que hizo que me enamorara de ti.-Señalo el joven.-Lo que viste hoy nada más era para deshacerme de una vez por todas del antiguo Yaten y volver a ser el mismo de antes. El Yaten que tú conociste no te estaría gritando a los cuatro vientos esto y que te ama con todo su corazón, el corazón de hielo que tú supiste derretir. Te amo Minako Aino y no me importa que me escuchen todos tus vecinos o incluso tú hermano y quiera venir a golpearme. Quiero una oportunidad, te aseguro que no la desperdiciaré.
La joven estaba atónita observaba como una gran cantidad de vecinos observaba por las ventanas de sus apartamentos ansiosos de su respuesta. Ella no dijo nada se acerco lentamente al platinado, muy cerca y se abalanzó contra él para besarlo con fuerza, ternura y pasión a la vez, beso que fue totalmente correspondido por el joven de ojos verdes. Se separaron luego y por los aplausos ambos con sus mejillas de color escarlata avergonzados pero felices.
-¿Entonces me perdonas?-Preguntó el platinado.
-Te perdono, yo también te amo Yaten.-Susurró la joven cerca de su oído.
-Gracias.-Susurró el joven besando fugazmente sus labios.
-Aunque no sé si me guste el nuevo Yaten ese del cual me hablas, después de todo yo me enamoré del antiguo Yaten.-Dijo divertida.
-Bueno siempre se puede hacer una excepción.-Dijo el platinado siguiéndole el juego.-Pero créeme si te enamoraste del antiguo Yaten amarás al que acaba de volver, espera un momento y cierra los ojos.-Dijo mientras se alejaba de ella.-Sin trampas.-Le advirtió.
La joven sintió el abandono del joven y como luego primero sus labios volvieron a encontrarse.
-Ya puedes abrirlos.-Anunció el platinado.
-¡Oh por Dios!-Susurro Minako feliz de observar lo que el platinado llevaba en sus manos y le extendía. Era un peluche de aquellos hermosos momentos de "Precious Moments" que de por si eran adorables este lo era más porque habían dos muñecos un niño de cabello blanco y una niña rubia ambos vestidos de brujitos, sin duda un gran detalle, hasta que recordó algo-¿No es una trampa verdad?
-Para nada, recuerda que dije que algun día te compraría uno.-Le recordó entregándole el peluche.
-Gracias.-Dijo Minako con esas sonrisas que lo desarman-¿Quieres pasar a tomar algo?
-¿A la una de la mañana?-preguntó el joven incrédulo.-Porque no.-Dijo encogiendo los hombros y tomando la mano de la rubia.-Espera un momento, no tienes armas en tú casa ¿verdad?
- ¿Por qué?-Preguntó intrigada.
-Por si acaso a tú hermano se le antoje matarme.-Respondió el joven.
-Tontito.-Dijo besando su mejilla.-Vamos.-Dijo jalándolo.
El platinado también sonrió, después de todo ahora podría ser feliz en verdad, con su brujita… aunque nunca contestó su pregunta.
Solo queda encomendarse a Dios.
Los esposos Chiba contemplaban a sus hijos ya durmientes en sus cuneros, por fin tranquilos y en paz debido al susto que pasaron con la pequeña. Aún estaban abrazados y ambos muy cansados. Los niños dormían con ella así que la joven decidió acompañar al azabache hasta el umbral de su puerta.
-Gracias por acompañarme está noche.-Dijo Serena en el marco de la puerta.-Lamento que hayas tenido que salir así de la reunión.
-No hay nada que agradecer, son mis hijos y me preocupo por ellos.-Dijo sinceramente el azabache contemplando a su esposa que estaba casi con su figura original y con solamente un camisón de seda que se le hace más cómodo al momento de alimentar a sus bebés. Un camisón que caería tan fácilmente y que le queda espectacular.-Aunque te pediría que por favor me avises en seguida en caso de darse una situación similar.
-Claro.-Aseguró Serena.-Hasta mañana.-Dijo Serena cerrando la puerta mientras Darien agradecía mentalmente por eso ya que de seguir contemplándola así no se fiaba de si mismo, iba a darse la vuelta cuando la puerta se volvió a abrir.-Si conoces donde estás las habitaciones de…-Eso era más de lo que podía soportar, volver a verla así. No se aguantó y se abalanzo sobre ella para besar sus labios posesivamente y para su sorpresa la joven no lo alejó ni lo rechazó, por el contrario correspondió al beso con igual urgencia que él. Exploraba su boca con maestría y ella tiraba sus manos al cuello rindiéndose totalmente a su beso.
El azabache la llevo hasta la cama donde la acostó y empezó a recorrer su cuerpo con pericia, con una mano alzando el fino camisón de seda y la otra bajando el tirante del mismo para poder besar sus hombros mientras la joven gemía de placer y él no estaba en una situación muy distinta ya que las manos de su esposa lo acariciaban por encima de la camisa que llevaba. Iba a sacarse la camisa para seguir con su labor, no sabía como hacerlo sin dejar de besarla pero un llanto los detuvo en seco. Ambos abrieron los ojos muy ruborizados y sorprendidos observaron el cunero rosa que era de donde salía el llanto, indicando que Rini tenía hambre.
Con una inmensa frustración el azabache se separo de su esposa, la misma que se arreglaba el camisón rápidamente.
-Creo que es mejor que te vayas a dormir.-Aconsejó Serena.-Voy a alimentarla.
-Si.-Susurró Darien, en las condiciones en las que se encontraba ver a Serena amamantando a Rini era tan peligroso que podría olvidarse que su hija estaba en medio de ellos.-Hasta mañana.-Susurró dirigiéndose a la puerta, tendría que darse un baño de agua helada ahora. Escucho como su esposa le tarareaba una tierna nana a la beba mientras la alimentaba.
Cantaba con tanta dulzura, queriendo demostrarle todo su amor a través de esa tierna nana de cuna. Esperen un momento, demostrar los sentimientos a través de una canción.
"Espero algun día escucharte tocar"
Recuerda que esas fueron sus palabras meses atrás, iba a recuperar a Serena y ya sabía como…
¿Continuará…?
Espero que el capitulo les haya gustado, y lamento mucho la tardanza, y tambinen lamento el hecho de no poder contestar a sus rewies, pero para el siguiente capitulo prometo hacerlos.
Gracias a aquellas personas que se toman la molestia de dejar un rewie, y gracias a aquellas que agradecen por la reeditacion, bueno si alguna tiene algún mensaje para la autora de esta historia, no duden de decirlo, que yo se lo are llegar si sale besos Bye.
