14. EL MAPA DEL MERODEADOR
James, Remus y Peter están estudiando cuando llega Sirius y sin mediar palabra suelta un libro enorme sobre la mesa, se deja caer en la silla y empieza a pasar hojas.
Los tres intercambian una mirada de sorpresa.
-Em... Sirius, ¿se puede saber qué haces?
-Busco un mapa -sin levantar la vista del libro, sin dejar de pasar páginas.
-¿Un mapa? -pregunta Peter con curiosidad.
-Un mapa, un plano... seguro que sabes lo que es, Peter.
El chico agacha la cabeza un poco cohibido.
-Sabemos lo que es un mapa, Sirius -replica Remus, un poco enfadado por su tono con Peter-. Lo que no sabemos es para qué quieres uno.
Sirius se inclina sobre la mesa con los brazos cruzados sobre el libro en cuestión, con los ojos brillantes y el pelo sobre los ojos.
-He pensado... -mira a su alrededor para asegurarse de que nadie les presta atención- He pensado que estaría bien conocer todos los rincones del castillo. Así sería más fácil escondernos cuando volvamos las noches de luna llena... y nos servirían para escapar cuando hagamos alguna travesura. ¡No puede ser que todavía no sepamos dónde están todas las escaleras cambiantes! Pero hasta ahora no he encontrado nada que valga la pena. Los pocos planos que hay son muy toscos y antiguos. En uno de ellos ni siquiera está el pasadizo secreto que hay tras las armaduras del tercer piso.
-Un mapa -los ojos de James brillan con alegría-. Es una idea genial.
-Sí, la idea está bien –Sirius hace una mueca-, pero hasta ahora no he encontrado nada que nos sirva. ¿Cómo puede ser que no haya un mapa fiable del castillo?
-¿Has probado en la Sección Prohibida de la biblioteca? –pregunta James, completamente absorbido por la idea.
Sirius suelta un bufido.
-¿Sabes por qué se llama "Sección Prohibida"?
-Podríamos entrar con la capa de James -propone Peter, impaciente por aportar ideas.
Los cuatro hablan en voz baja, con las cabezas muy juntas.
-Podemos ir esta noche -asiente James.
-¿Y si nos pillan? Apenas han pasado unos días desde la última detención.
-Eres todo un aventurero, ¿eh, Lupin?
-Lo que pasa es que no tengo ganas de meterme en líos –protesta el licántropo a la defensiva-. Necesito descansar.
-Pues no vengas. No nos haces falta.
Remus sabe lo que en realidad significan las palabras de Sirius. Suspira. ¿Es que no pueden pasar una noche tranquila, por dios? Acostarse a una hora normal y dormir... Antes de que los cuatro fueran tan buenos amigos las noches eran mucho más tranquilas. Más aburridas, por supuesto, pero Remus podía descansar, podía prestar atención en clases en lugar de pasar el rato luchando para no caer dormido. Es que no salen de una y ya están planeando la siguiente.
-Está bien -se rinde con un suspiro.
Sirius le sonríe y Remus nota un vuelco en el estómago que se apresura a ignorar.
-Iremos cuando apaguen las luces.
-Tendremos que tener cuidado de que no nos pillen. No quiero volver a pasar las noches limpiando mierda de pájaro en la lechucería.
-Tendremos cuidado.
.
Cuando Remus vuelve de la ronda esa noche, se encuentra a los tres esperándole impacientes.
-¡Llegas tarde!
-Encontramos a dos alumnos de cuarto besuqueándose por los pasillos. Tuvimos que llevarlos al despacho de McGonagall.
-Pobres chicos –les defiende Sirius-. ¿Cómo podéis hacerles eso? Con lo bonito que es el amor a esa edad.
-¿Qué sabrás tú? –le dice James dándole un codazo.
-Más qué tú, seguro.
-Dejad de discutir y vámonos ya, o se nos hará tardísimo.
Bajan las escaleras con cuidado. La sala común está vacía y la única luz es la de la chimenea casi apagada. Hace frío y Remus no puede evitar estremecerse mientras piensa en la calidez de las mantas de su cama.
Se apiñan debajo de la capa antes de abrir el hueco del retrato.
-Vamos, Peter.
-Ya voy.
-¡No me pises!
-¡Pero si me has pisado tú a mí!
Se escucha un ¡pof! y al instante hay más espacio debajo de la capa mientras una rata corretea entre sus pies.
-Mejor así. ¡Gracias, Peter!
Consiguen alcanzar la biblioteca sin incidentes. Con un Alohomora abren la puerta y entran en silencio. Cuando la puerta se cierra tras ellos, salen de debajo de la capa con un suspiro de alivio.
La Sección Prohibida está al fondo, detrás del pasillo de Seres de la Oscuridad y Otras Bestias de la Noche. Sirius se detiene allí un momento y coge un ejemplar de la estantería.
-Ey, Remus, ¿has visto este libro? Tiene dos capítulos enteros dedicados a los licántropos.
Remus echa un vistazo al ejemplar que Sirius le enseña antes de contestar.
-Sí, lo conozco. Y ya te digo que el autor no tiene ni idea de lo que está hablando. No cuenta más que una sarta de tonterías.
Sirius cierra el libro y lo vuelve a colocar en su sitio.
-Deberías escribir tú un libro. Así la información sería de primera mano y la gente sabría mejor qué significa ser un licántropo.
-No está entre mis prioridades escribir un libro.
-Pero podrías hacerlo. Seguro que se te da genial escribir, después de todo estás todo el día leyendo.
-¿Queréis dejaros de cháchara y venir aquí?
Sirius y Remus se acercan a los demás. Delante de ellos un cartel enorme les advierte:
SECCIÓN PROHIBIDA
PROHIBIDO EL PASO
Una cadena de terciopelo rojo es lo único que les impide entrar. Pero ya conocen el secreto de la Sección Prohibida. Lo sintieron en sus propias carnes en tercero, cuando acudieron allí buscando un libro de hechizos y los libros se pusieron a gritar alertando a Peeves y a varios profesores. Les costó tres noches de detención.
-Cuidado con lo que tocáis.
Las puntas de sus varitas iluminan los lomos de los libros. Pero es difícil encontrar algo. Allí los libros están ordenados por tamaños y por colores, no por materias ni por autores y ni siquiera están muy seguros de lo que están buscando, así que se dedican a leer los lomos de los libros buscando algo que les ayude.
-¿Veis algo interesante?
-Nada de mapas por aquí.
-Ni por aquí.
-Los libros ni siquiera están ordenados por materias –se queja Remus intentando leer el título de un ejemplar increíblemente pequeño-. ¿Cómo vamos a buscar siquiera?
-Aquí hay un libro de Hogwarts. Se ve bastante antiguo.
Todos se apresuran a donde James señala con la varita.
-¿Lo cogemos?
-¿Y si se pone a chillar como aquella vez?
-Deberíamos de tener cuidado.
-Espera.
Remus murmura unas palabras y el libro empieza a brillar con una luz roja.
-Tiene un hechizo de protección.
-Déjame a mí –interrumpe Sirius apartándolo a un lado.
Apunta al libro con su varita y dice unas palabras en latín. Cuando Remus vuelve a comprobar la luz roja ha desaparecido.
-El hechizo sólo durará unos minutos, si nos damos prisa al menos nos dará tiempo a salir de la biblioteca.
-¿Dónde has aprendido eso? –se interesa Peter.
Sirius le sonríe.
-Soy un Black, ¿recuerdas? ¿Cómo crees que conseguí todos esos libros sobre animagos?
-Dejaros de charla y coged el libro.
-Cógelo tú.
Sirius suspira y agarra el libro por el lomo.
-Ya lo cojo yo.
Cuando tira de él los demás se ponen en tensión como si esperaran oír una sirena o un grito de alarma. Pero la biblioteca sigue en silencio.
-Será mejor que nos marchemos.
-Echando leches.
.
-¡Aquí no hay nada!
-Os lo dije. Ni un maldito mapa del castillo. Ni uno que valga la pena.
-Deberíamos hacer uno nosotros –suspira Remus cansado.
-¿Qué has dicho? –Sirius parece completamente emocionado por sus palabras-. ¿QUÉ HAS DICHO?
-Era broma, Sirius. No voy a ponerme a dibujar un mapa del colegio.
-¡Pero si es una idea estupenda! Dibujaremos el mapa nosotros.
-¿Estás loco? ¿Sabes lo que puedes tardar en dibujar un mapa de todo el castillo?
-Puede llevarnos meses. O años –dice Peter-. Y la semana que viene tenemos examen de Pociones.
-Olvidáis una cosa muy importante –dice Sirius entusiasmado.
-¿El qué?
-¡Que somos magos! Lo haremos entre los cuatro.
-¡Es una magnífica idea!
-¡Es una idea pésima! Chicos, ¿os acordáis de los TIMOs? ¡Lo que tenemos que hacer es estudiar, no dibujar mapas!
-Podemos empezar mañana.
-Sí, cuando volvamos de las prácticas de Quidditch.
-¿Es que nadie me escucha? –se desespera Remus.
-Yo sí –dice Peter poniendo una mano en su hombro-. Pero también opino que has tenido una buena idea.
Remus se golpea la cabeza con la mano.
-No tenéis remedio…
Sirius se levanta de la cama de un salto y corre a rebuscar algo en su baúl.
-¿Cómo era aquel hechizo que estudiamos en Encantamientos el mes pasado?
-¿Qué hechizo? –se interesa James estirando el cuello para verle mejor.
-¿No os acordáis? Dibujábamos algo en un pergamino y el dibujo se reproducía enorme sobre nuestras cabezas, como una especie de proyección… ¿Y si lo hacemos al contrario? Podemos hacerlo de forma que seamos nosotros una especie de pluma, para que todos nuestros movimientos se reproduzcan sobre un pergamino.
James se levanta entusiasmado.
-Sí, sé de qué hechizo hablas. Creo que sé dónde lo tengo apuntado… ¿Crees que funcionará?
-No perdemos nada por intentarlo. Si podemos reproducir nuestros movimientos sobre un papel sólo tenemos que recorrer el castillo. "Todo" el castillo. Y luego hacer las anotaciones que haga falta.
-Sé dónde podemos encontrar información sobre el hechizo que buscáis –añade Remus, empezando a emocionarse a su pesar-. Hay un libro en la biblioteca…
-Por supuesto hay un libro en la biblioteca. Y por supuesto tú lo conoces –sonríe Sirius.
Cuando Remus se acuesta, los demás siguen discutiendo sobre el tema, ya se han repartido las tareas para investigar cómo hacer el mejor mapa de Hogwarts o el Mapa del Merodeador, como James lo ha bautizado. Remus suspira y se tapa con la manta, intentando no prestar demasiada atención a las voces de sus amigos, que aún tardan un buen rato en apagarse por completo.
Un mapa… Quizá no sea tan mala idea después de todo.
…
Muchas gracias a todos los que dejáis un review en esta historia. Sé que este capítulo es cortito, así que aprovecharé para publicar otro.
Nos vemos en un click.
¡Espero que os guste!
