Pesadillas en la oscuridad.

Coruscant...

Pasaban ya varias horas de la madrugada cuando Vader miró por última vez, satisfecho, el ala respuesta de la nave de su hijo. El trabajo le había llevado prácticamente la totalidad de la noche, y sabía que mañana acusaría la falta de sueño en la reunión, pero no se arrepentía. Sólo lamentaba no estar presente para ver la cara de Luke cuando éste descubriera su nave completamente arreglada.

Silencioso, abrió la puerta de la habitación de su hijo y deslizó la nave hasta su mesilla, a través de la fuerza. Después, tras un último vistazo, él también se retiro a descansar.

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Naboo

Adormilada, sin deseos de abrir los ojos, siento como alguien se acerca hasta mi cama y me acaricia. Al principio, pienso que no son nada más que alucinaciones mías, pero cuando unos labios empiezan a sembrar de besos mi boca y mi cuello, ya no me quedan dudas.

- ¿Anakin? – lo llamo, despertándome de mi sueño –. ¡Ani! No puedo creer que seas tú.

Él me abraza y dice:

- ¡Fuerza, Padmé! Te echado tanto de menos... Tanto...

- Ahora estás conmigo – lo interrumpo, besando sus labios. Parece que hace una eternidad que no estamos juntos –. Prométeme que no volverás a dejarme – suplico desgarrada.

- Por supuesto que no – me besa –. La guerra ha acabado, ya no hay motivo para que no estemos juntos.

Yo sonrió y acaricio su cabello. Entonces sus propias caricias se vuelven más atrevidas, y ambos nos sumergimos en un mundo diferente. Sus labios recorren mi cuello mientras mis manos acarician ávidamente su pecho y espalda. Lo necesito.

¡Lo necesito tanto!

Pero de pronto mi mente recuerda algo y mis caricias se congelan.

- ¡Anakin! ¡Nuestros hijos! Debemos ir a salvarlos...

Él no se mueve, sino que agita la cabeza y me mira con dolor.

- Ya es demasiado tarde... – dice –. Ambos están muertos. Olvídate de ellos.

Mi corazón se contrae.

- ¿Cómo puedes decir eso? ¡Todavía podemos salvarlos! – exclamó, incorporándome.

Pero él me detiene, y cuando me giro, sus ojos ya no son los ojos que conozco. Ahora me miran amarillos.

- Me temo que no puedo dejarte hacer eso – declara, elevando la mano hacia mi garganta –. Ellos están muertos, y pronto tú también lo estarás.

- ¡NO! – aterrada en su habitación, Padmé descubre que todo ha sido una pesadilla.

Con el corazón latiéndole fuerte, se incorpora, abre un cajón, y extrae de él un colgante de japor. Sólo ha sido una pesadilla, se repite para tranquilizarse, mientras se lo ata al cuello. Después, mientras lo acaricia, deseando poder derramar las lagrimas que se le han agotado, comprende que en el fondo da igual.

Anakin se ha ido y sus hijos jamás regresaran.

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Coruscant...

A la mañana siguiente, Luke maldijo el despertador cuando este sonó para despertarlo. Lo silenció de un manotazo y luego se dio la vuelta en las mantas, para seguir durmiendo. Por desgracia, su hermana, que empezaba a conocerlo, se presentó allí apenas tres minutos después, y lo arrastro fuera de la cama. Al niño no le quedo más remedio que asearse y vestirse entre bostezos, y luego se dirigió a desayunar con los nervios del primer día carcomiéndole en la garganta.

- ¿Dónde está mi padre? – preguntó al Capitan Kassel, que desayunaba con ellos.

- Me temo que su presencia fue requerida una reunión – informó este –. Hoy os llevaré yo a la escuela.

A Luke aquello no pareció gustarle.

- ¿¡Qué!? ¿Por qué?

Kassel suspiró, y trato de explicárselo con cuidado.

- Debes entender que tu padre es un hombre muy importante, y no podrá estar con vosotros tanto como le gustaría.

Aun así, el niño frunció el ceño, insatisfecho.

- El capitán tiene razón, Luke – intervino su hermana, mientras se untaba una tostada –. Recuerda que Darth Vader es la mano derecha del emperador. En realidad, me sorprende que haya podido pasar tanto tiempo con nosotros.

Luke no dijo nada, pero recordó que su padre si había acompañado a Leia en su primer día de clases. Dejo un lado el cuenco de cereales. De pronto, se le había pasado el apetito. En vez de eso, se levantó y fue a recoger la mochila, cuando lo que vio en su mesilla le sorprendió: el modelo de combate TIE totalmente repuesto, pulido y con aspecto inmejorable.

Lo cogió entre sus manos, casi sin crecerlo.

- Papá lo arregló anoche – explicó Leia, que había seguido a su hermano al sentir su malestar –. Lo llevaba en la mano cuando salió de tu habitación.

El niño asintió, sintiéndose horrible de pronto por casi haber pensado que su padre no le quería.

- Debió de costarle mucho arreglarlo– dijo.

- Estoy segura de que él lamenta mucho no poder acompañarte hoy – aseguró su hermana –, y se esforzó para compensarte. Él nos quiere, Luke, a los dos.

- Lo se – asintió –. Le daré las gracias en cuanto regrese.

Leia se pregunto si debería contarle acerca de su madre y del holograma de la noche anterior, pero sabía que si lo hacía no lograrían llegar a tiempo a la escuela, así que decidió dejarlo para más tarde. Después, ambos embarcaron en la nave del capitán Kassel, rumbo a la Academia.

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En otro punto de la ciudad...

La conferencia estaba resultando infinitamente aburrida para Vader, más aún de lo normal, y éste se dio cuenta que era porque normalmente no tenía la opción de acompañar a su hijo en su primer día de escuela, en lugar de escuchar a una panda de burócratas borrachos con su propio ego. Y el niño era tan tímido... maldijo a Owen en silencio una vez más.

- ¿Lord Vader? – el conferencia se había callado y lo miraba, al parecer esperando una respuesta.

El Señor Oscuro contuvo una palabrota a regañadientes, y examino brevemente la mente del hombre.

- Si, un descanso es aceptable – dijo, aliviado por la sugerencia.

Se incorporó, se cruzó de brazos y se alejó hacia una ventana, confiando en que su agresiva postura corporal mantuviera alejados a los aduladores. Por desgracia, uno de los presentes no pareció captar la sugerencia, o fue lo suficientemente temerario para ignorarla.

- Lord Vader, me gustaría felicitarle por las recientes adiciones a su familia – declaró.

- ¿Qué has dicho? – se volvió hacia él bruscamente.

- Sus... sus hijos – se encogió el hombre, intimidado –. Luke y Leia van... van a la misma Academia que los míos.

Vader no contestó, estaba demasiado ocupado conteniendo las ganas de estrangular al insecto que se había atrevido a pronunciar el nombre de sus hijos. El hombro insistió, buscando cualquier reacción:

- Debo admitir que fue toda una sorpresa cuando Andrew me lo dijo. No sabía que tuviera usted dos hijos... – declaró con imprudencia.

Aquello ya fue suficiente.

- Mi vida no es de domino público, gobernador – replicó Vader irguiéndose en toda su estatura, que lo superaba por casi un metro –. Y mucho menos la de mis hijos. Le sugiero que se mantenga usted al margen, por su propio bien.

El hombre se encogió, captando está vez la amenaza.

- Por supuesto, Lord Vader – tartamudeó –. No fue mi intención molestarle, en absoluto. Discúlpeme.

El Señor Oscuro observó como se alejaba, todavía irritado, y después se pregunto si al menos la reunión acabaría a tiempo para ir a buscar a sus hijos.

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Las horas de escuela pasara rápidamente para Luke, quien descubrió con placer que el avanzado centro de la Academia Veslack poco o nada tenía que ver con su antiguo colegio de Tattoine. Las clases holográficas eran increíbles y los profesores mucho más agradables. Además, como había afirmado su hermana, todos los niños parecían querer conocerle, y a la hora de la salida ya se había hecho un amplio circulo de amigos.

Tras sonar el timbre, se despidió de estos y se acercó a su hermana, que lo observaba complacida mientras charlaba con Paty.

- Veo que has tenido un bien día, Luke – dijo ésta.

Él sonrió ampliamente.

- ¡Estupendo! – exclamó –. ¿Crees que también vendrá el Capitán Kassel a recogernos?

- Es lo más probable – asintió Leia –.

- ¿Entonces todavía no sabes si tu padre te deja venir a mi casa? – inquirió su amiga, algo desilusionada.

Leia sacudió la cabeza, sintiéndose mal por mentirle, pero demasiado avergonzada para confesar la verdad. Además, todavía tenía confianza de que lograría hacerlo cambiar de opinión.

- Lo siento, pero apenas he tenido tiempo para decirle nada. Yo creo que podré preguntárselo el fin de semana...

Luke escuchaba la conversación extrañado y se disponía a abrir la boca para protestar cuando algo lo distrajo. El speeder de su padre ya había llegado, y no era el capitán Kassel quien dirigía los controles.

- ¡Papá! – exclamó feliz, echando a correr hacía él.

Y su padre fue el más sorprendido cuando el niño se arrojo a sus brazos, rodeándolo por la cintura. Pero se recompuso en seguida. Lo abrazó, y después se arrodilló a su lado, revolviéndole el pelo.

- Supongo que esto significa que todo ha ido bien, ¿verdad?

- Luke ha hecho un montón de amigos – aclaró su hermana acercándose, algo avergonzada de su efusividad pero con tacto suficiente para no mencionarlo, mientras él sonreía.

- Entonces creo que ya es hora de regresar a casa – concluyó su padre, ayudando a ambos a subir al vehículo. Todo su malhumor por la reunión había desaparecido.

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- ¿Lo has captado? – inquirió un periodista a su compañero, escondido entre unos arbustos a pocos metros de distancia.

- Hasta el más mínimo detalle – asintió –. Es una pena no escuchar también lo que decían.

- No importa. Estás imágenes nos van a hacer ricos, amigo.

El otro sólo sonrió en contestación. Ambos sabían que era cierto.

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- ¿Y cómo fue tu día? – inquirió Leia a su padre, mientras regresaban.

- Horrible – contestó a desgana –. Odio las reuniones. Están llenas de gente rica, hipócrita y aduladora.

Su hija sonrió divertida. Después regreso a la vista a su hermano, que se había quedado dormido en el asiento trasero.

- Ha sido un gran día para Luke – dijo Vader, adivinando lo que pensaba –. Es normal que esté casando.

- Lo se – asintió –. Lo ha hecho muy bien. Creo que no se esperaba hacer tantos amigos... Incluso un montón de niñas me pidieron que las presentara.

- ¿Y el que les dijo?

Leia se encogió de hombros.

- Ya sabes como son los niños a esta edad – declaró con resignación, como si ella fuera mucho mayor –. No se interesan por esas cosas.

- Yo conocí a tu madre cuando tenía nueve años – confesó él, sorprendiéndola –. Me enamoré de ella desde el principio. Le pregunte si era un ángel y le dije que algún día nos casaríamos.

Leia escuchó atentamente, sintiendo nuevamente las emociones de dolor y añoranza arremolinándose alrededor de su padre, como siempre que hablaba de ella. Aun así se atrevió a preguntar:

- ¿Y ella qué respondió?

- Se rió y me dijo que era un chico divertido. Tenía catorce años, entonces.

La niña cerró los ojos, tratando de imaginar la escena, y uniéndolo a lo que ya sabía de ellos.

- Parece una historia muy romántica – dijo –. Casi como un cuento de hadas...

Vader cerró los ojos tras la máscara, incapaz de seguir soportando la pureza e ingenuidad de su hija.

- Te equivocas – replicó, cuando encontró las fuerzas –. Es sólo una tragedia.

Permanecieron en silencio el resto del viaje.

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Arrodillado en su despacho, Vader esperaba pacientemente a que el emperador apareciera. Sabía que había tratado de comunicar con él varias veces en la mañana, y que estaría disgustado. Sólo esperaba que no culpara a sus hijos del retraso, pero conociéndole como lo conocía, temía que esa fuera un esperanza vana.

- Mi maestro – se inclinó en cuanto apareció el holograma.

- Bien, Vader... Parece que al fin has decidido honrarme con tu presencia – dijo la oculta figura cargada de sarcasmo –. Después de una mañana entera ignorando mis llamadas, deberías añadir.

- Mi señor, yo...

- ¡Silencio! – rugió enfadado –. ¿Me tomas por estúpido? Veo que tus dos recientes adquisiciones te están haciendo olvidar quien eres y cual es tu deber.

- Eso no sucederá, maestro – prometió –. Ellos no son más que posibles herramientas de poder para mi. No les presto atención por ahora.

- ¿Y el informe que te exigí de la rebelión de los Necromanos?

Con horror, Vader recordó el informe que supuestamente debería haber concluido la noche anterior.

- Sobre la mesa de mi despacho – mintió, asegurando sus escudos mentales –. Me proponía enviároslo ahora mismo.

El emperador frunció el ceño.

- Me estás decepcionando, Lord Vader. Esos niños te hacen débil, al igual que su madre... ¿Debo recordarte cómo te viste obligado a matarla? ¿O debería contarle el secreto a los niños, para que empiecen a respetar a su padre?

- No me interesa lo que ellos puedan averiguar... – desdeñó, aun con el corazón acelerándose por el miedo. Palpatine era muy capaz de descubrir la verdad ante sus hijos, y entonces estos lo odiarían. Nunca volvería a mirarlo a los ojos, a considerarlo un padre –. Son sólo herramientas – repitió.

- Asegúrate de que así sea – amenazó el emperador –. Y no me vuelvas a fallar, Lord Vader, o yo mismo tomaré medidas sobre el asunto.

Vader permaneció arrodillado hasta que la figura del emperador desapareció, pero después permitió que toda su furia explotara, desarmando la habitación. La ira y el odio se arremolinaban alrededor de su cuerpo, mientras recordaba las palabras de su amo. El sólo hecho de que pudiera cumplir su amenaza, o aún peor, llevarse a sus hijos...

Pero no lo iba a permitir, prometió. Aunque le costara la vida. Ese monstruo no se iba a apoderar de sus hijos, de lo único que puro que aun le quedaba.

Desde su habitación, Luke y Leia sintieron el estallido de emociones de su padre, así como su miedo, y se miraron preocupados. Ambos sabía que había estado comunicándose con el emperador, pero el capitán Kaseel se había negado a revelar nada al respecto. Ahora quedaba claro que su padre odiaba a aquel hombre, aunque entonces seguían sin comprender porque le servía.

- Leia – Luke se giró hacia su hermana –. ¿Lo sientes? Está sufriendo mucho. Nos necesita.

La niña asintió.

- Pero nos prohibió entrar a sus habitaciones privadas...

- Eso no importa ahora – replicó Luke, incorporándose y arrastrándola de la mano hacía el corredor –. Debemos estar a su lado.

Con reticencia, Leia no respondió. Ella también percibía el terrible dolor de su padre. Aunque también podía sentir odio, y furia, más de la que había sentido en su corta vida. Y el saber que todo procedía de la misma persona, en cierto modo la asustaba. Pero Luke tenía razón. Él era su padre y debían ayudarlo. Porque ya lo querían.

El interior de las habitaciones de su padre era tan sobrio como se esperaban. Una biblioteca, un sofá, una mesa igual a la de su despacho, y varias sillas. Ningún adorno en las paredes. En el otro extremo de la habitación, sin embargo, destacaba una amplia vaina de aspecto extraño. Curiosos, los niños se acercaron con cautela.

- ¿Crees qué está ahí dentro? – inquirió Luke con escepticismo.

Su hermana se encogió de hombros.

- No lo se. Pero percibo su aura muy fuerte alrededor de la vaina. Tal vez sea el sitio donde puede quitarse la másc... ¡Luke no!

Pero era demasiado tarde. Antes de que Leia pudiera concluirla la frase, Luke ya había activado los controles que habría el dispositivo. Como resultado, el hemisferio superior de la vaina comenzó a abrirse expulsando chorros de vapor por las extremidades. Demasiado asustados, los niños no se quedaron a comprobar lo que había dentro, sino que huyeron corriendo hacia la puerta antes que un padre atónito y enfadado pudiera gritarles una reprimenda

Vader no había percibido a los gemelos fuera de la vaina porque estaba casi dormido. Pero no había duda de quienes eran los que se habían atrevido a entrar en su cuarto sin invitación y a activar la cámara hiperbárica. Tan pronto como su casco estuvo asegurado una vez más, salió de la vaina y siguió el rastro de sus hijos en la fuerza, sin saber del todo su audacia lo había enojado o impresionado. Los encontró en su estudio, aparentemente sumidos en las tareas escolares, pero con las respiraciones todavía agitadas.

- Luke, Leia – los llamó, aparentemente calmado.

Los gemelos se miraron entre sí, antes de incorporarse y caminar hasta su padre con la mirada baja.

Estamos perdidos, pensaron ambos.

- ¿Por qué me desobedecisteis? – cuestionó entonces él con un tono que no admitía réplica. Los niños se miraron el uno al otro, como si pudieran comunicarse en silencio. A Vader no le sorprendió que así fuera –. ¡Respondedme!

- Estábamos preocupados – admitió finalmente Leia, tratando de reunir el valor –. Sentimos tus emociones en la fuerza...

- Y temimos que el emperador te hubiese hecho daño – concluyó Luke por ella –. Estabas muy enfadado – añadió con voz baja.

Su padre no esperaba esa respuesta y permaneció un instante en silencio. Al fin dijo:

- Agradezco vuestra preocupación, pero ésta no es necesaria. No volváis a desobedecer mis ordenes o no tendré más remedió que castigaros, ¿está claro?

Los niños asintieron.

- Papá – lo llamó su hijo antes de que este se alejara –. ¿Qué fue lo que dijo el emperador para hacerte tanto daño?

Vader suspiro en silencio, bajo la máscara. ¿Cómo demonios podía explicarle a sus hijos que el hombre al que servía no era más que un monstruo cruel y despiadado, que amenazaba con hacerles daño al menor descuido? ¿Cómo podía confesar su propio terror a que ellos descubrieran cómo había traicionado y casi estrangulado a su madre, a que después de saberlo lo odiaran?

- No te preocupes por eso, Luke – dijo finalmente –. Vuelve a tu tarea.

- Pero... – trató de protestar el niño.

Su padre alzó la mano interrumpiéndolo.

- Vuelve a tu tarea – repitió, más firme.

Y al niño no le quedó más remedio que obedecer, observando junto a Leia como se alejaba. Más perplejo que nunca por el enigma que era su padre.


Bueno, aquí está un nuevo capítulo. Me voy volando sin decir nada más porque tengo puente y me marchó con mi familia de vacaciones ya mismo al Pirineo. Suerte que me ha dado tiempo de colgar al menos el capítulo. Es que a mi padre se le ocurren las cosas de golpe xD Hace dos horas ni lo sabía... ;)

Así pues nos vemos pronto tomodachis; me llevo el portátil y procuraré tener listo un nuevo capitulo para cuando venga, el lunes o el martes. Pero, como siempre, depende de vosotros, así que...

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