Solo...gócenlo (?
¡Zelda no me pertenece!
¡Disfruten!
XIII
Agua turbia
…
—Este chiquillo es retardado. —decidió una vez Hortence, al comprobar cuán lento era el aprendizaje de su hijastro.
Níkolas miró a su esposa por el rabillo del ojo, sin despegarse completamente de su lectura de turno.
—No, es imaginativo, que es menos grave —declaró volteando la página.
Link recordó ese momento. Lo veía difuso porque en ese entonces era muy pequeño, tenía siete años y Hortence esperaba a Lilina, su segunda hija. La imagen era traslúcida y a momentos borrosa, las voces resonaban distorsionadas y el escenario a menudo se desdibujaba.
—No se preocupe, Majestad. Esas cosas pasan con la edad —afirmó una sirvienta cuyo rostro no distinguía—. Es solo que el joven príncipe está "espirituado".
Las doncellas que trabajaban en el comedor real también ocupaban esa expresión. Link la reconoció, porque había escuchado más de alguna vez a Denisse repetirla y poseía dos significados. Podría bien ser bien que el afectado era de debilidad mental o que poseía más espíritu que materia; y en este caso debía de ser lo segundo, porque Link no tenía ni un pelo de tonto.
Link pasó del recuerdo, porque no le apetecía rememorar la forma en la que lo descalificaba su madrastra. Se alejó del escenario y en medio de la caminata le pareció escuchar que una voz lo llamaba mientras varias figuras pasaban fugaces a su lado.
—¡De Hyrule; más rápido! ¡Te vas a quedar atrás!
Reconoció la voz del capitán de la milicia y entonces el escenario cambió. Revivió sus quince años, tiempo en el que su padre lo inscribió en el servicio militar y lo alejó indefinidamente de todo cuanto conocía. No sentía el frío, pero el ambiente que veía se lo trasmitía. No sintió el dolor de su caída ni supo en qué momento exactamente tropezó, pero tenía claro el tacto de la nieve en la que sus rodillas se posaban; tan gélido que la zona ardía Enfocó la vista y vio sus manos enrojecidas del frío y las uñas transparentes, escuchó sus dientes castañeando y los tiritones que su cuerpo daba.
—Aquel de voluntad débil no debería tener derecho a tomar decisiones —pregonó el primer ministro, sentado a la izquierda de su padre en la mesa rectangular de la sala de reuniones. Tenía dieciocho años y era la primera vez que asistía a una reunión con el consejo. Link lo miró de frente, porque estaba sentado a la derecha, lugar reservado para la realeza.
—Debería castigarse su ineptitud —la voz de una mujer.
—La gerudo merecía su castigo y fue el príncipe quien lo revocó —esta vez era un hombre.
—¿No será que lo hechizó? —cuestionó una de las doncellas de la corte.
—Alguna tuvo que seducirlo para que sea tan benevolente con ellas. No es la primera vez que sucede.
—El príncipe siempre ha sido así.
—Que sea el mayor y el único varón no significa que sea el más adecuado para reinar.
—Ya paren…
—A este paso el rey Níkolas tendrá que comenzar a preparar a las hijas de Madame Hortence. El hijo de la reina Elena ha resultado tan débil como ella.
—Despierta…
Link se llevó las manos a los oídos con la intención de no escuchar más, pero la medida se le hizo inútil, porque conforme los escenarios cambiaban, las voces se hacían más fuertes y burlonas. De un momento a otro estaba sentado en la sala de reuniones del consejo; parado en la sala del trono donde los cortesanos se reunían; en la habitación donde pasaban la tarde Hortence y Níkolas, mientras ella tejía y él leía, en ese entonces cuando todavía se soportaban; en los jardines donde jugaba con sus hermanas a hacer coronas de flores y perseguir animales, mientras los soldados cotilleaban los mismos chismes que se pasaban en la corte hyruleana.
Escuchó las carcajadas y volvió alzar la vista. No se atrevía a apartar las palmas de sus orejas, por temor a que se le quedara el eco de las malas lenguas reverberando en su cabeza.
—Desde el principio no se podía esperar mucho. Quizá muera joven al igual que su madre.
—Por favor, deténganse…
—No diga eso, sería una tragedia.
—¡Despierta!
—No para Madame Hortence.
—Esa es una insinuación grave.
—Es la verdad.
Link nuevamente cayó sin saber en qué momento había tropezado, reconoció el tacto de la nieve sin que ésta le transmitiera el frío característico de las montañas al norte de Hyrule, donde había pasado congelado durante tres años. Volvió a ver sus manos rojas y ásperas del frío, las uñas traslúcidas, reconocer los tiritones que daba su cuerpo y escuchar como los dientes le castañeaban.
—¡Vas a quedarte atrás, Link!
¿Cómo no iba a saberlo? El desconsuelo lo hizo aferrarse a la nieve y en un parpadeo sus manos se desligaron del tacto de ésta. Se transformó en ladrillo y el escenario se oscureció. Link agradecería más tarde nunca soñar con olores ni sensaciones, porque el aroma del pútrido lugar en el que se encontraba aún lo tenía grabado. Ya no veía sus manos porque las tenía alzadas por los grilletes oxidados que las sostenían desde sus muñecas.
—Solo fuiste una presa fácil de cazar —oyó la voz de Ganondorf, grave y profunda, escupiendo en su aliento el humo del puro que se fumaba —grueso y maloliente—, mientras le sostenía la barbilla con esas manos inmensas y las uñas manchadas de su sangre. Ganondorf acercó los restos del puro de esa tarde en la que se había divertido jugando con él, dispuesto a apagarlo en la piel de su muñeca, y entonces…
—¡Despierta, Link!
Link abrió los ojos con un respingo y el movimiento lo espabiló de inmediato. Vio la expresión preocupada de Zelda y sus ojos azules teñidos de angustia. Desvió la vista hacia su muñeca, donde la mano pequeña y delicada de la muchacha se posaba, muy distinta a la mordida de fuego que estuvo a punto de revivir en el sueño.
Suspiró.
—Estuve al menos tres minutos hablando sola, hasta que me di cuenta que te habías quedado dormido —dijo Zelda con reproche en su voz, mientras lo soltaba y se reincorporaba lentamente—. ¿Continuamos?
Link asintió.
Dejó que Zelda se encargara de recoger las provisiones que habían dejado tiradas a la hora de merendar, eso sí, nada de basura, por respeto al lugar en el que se encontraban. El tronco de un árbol no siempre era el mejor lugar para descansar y el príncipe apreció las consecuencias al escuchar el tronido que dio su cuello al momento de moverse.
Zelda se rió.
Link no le prestó más que una mirada y después siguió con lo suyo. Apartó levemente el guante de cuero de la mano izquierda y bajó levemente la manga. Aún recordaba el momento en el que Ganondorf le había hecho esa marca, la primera de todas, confundida entre las cicatrices que el roce constante de los grilletes le había dejado. Solo Zelda en algún momento llegaría a contar tanto los lugares a la vista como aquellos vergonzosos en los que el tirano había apagado su cigarrillo.
El hyliano se fijó en el cielo y mediante a este calculó la hora, no serían más allá de las cuatro de la tarde y esperaban estar de vuelta a horas decentes. Temprano por la mañana se habían despedido de Uli y el pequeño Colin, porque Ruls había desocupado el hogar bastante más temprano que ellos para ir a trabajar. Dejaron el equipaje más pesado con la familia de humanos, confiados en el buen corazón de la señora de que no les robaría nada, y a Epona en los establos del pueblo, no sin antes avisarles que regresarían por ella mañana en la mañana si todo salía bien. No la llevaban consigo, porque la distancia entre la fuente del espíritu Latoan y Ordon era muy escasa. Así que con eso en mente, partieron llevando consigo solo lo imprescindible: sus armas, los insumos necesarios para primeros auxilios, algo para comer en el camino, dos garrafones de poción verde, otros de poción roja y algo de agua.
El bosque de Ordon, a diferencia del bosque de Farone, se trataba de un conjunto de altos pinos y otros árboles de hojas perennes, no afectados por la estación, sumido en un silencio solo interrumpido por los silbidos del viento, no se escuchaba pájaro ni animal alguno. Estaban en la segunda semana de noviembre y el invierno comenzaba a acercarse, cada vez hacía más frío y oscurecía más temprano. Pero la actividad en el pueblo no cesaba, menos cuando se estaban preparando las cosechas para los vegetales de invierno y la variedad más solicitada de calabazas, vegetal característico de la provincia sureña. A esas horas de la mañana, los bosques amanecían cubiertos de una niebla no muy espesa que recubría los suelos y estorbaba la vista a la lejanía, más eso no fue obstáculo para los hylianos, poco concentrados en el camino debido a la tensión entre ambos.
La visita al espíritu de la fuente fue mucho más breve que la ocasión en la que habían visto a Farone, pero no por eso más escasa en detalles y eventualidades. Latoan se presentó ante ellos con la figura altiva de su cornamenta coronando su cabeza, sus cascos firmes tocando el agua y su figura de animal estilizado, apareciendo con la belleza habitual que se le confería a los espíritus guardianes. Latoan los felicitó por la hazaña recientemente realizada y su valentía al seguir emprendiendo su destino, pero les recordó que solo era el primer paso para lo que sería finalmente la liberación de Hyrule y una batalla que no dejaba de ser difícil. Advirtió de los siguientes problemas que enfrentarían: la existencia de un vigilante creado tiempo atrás por su poder para proteger el fragmento, que merodeaba en las profundidades del bosque de Ordon, mucho más al sur y después de la desviación que dirigía hacia el pueblo; ese territorio que decían las leyendas rurales que pertenecía a los Yiga, resguardado por los invunches y demás criaturas.
—La presencia maligna del fragmento está contaminando poco a poco esta zona, consumiéndola lentamente. Ya no se oyen aves cantar, porque la maldad los ha espantado y la vegetación vaga escandalosa; sin orden ni paz. Elegidos, dirigíos a lo más profundo de estos bosques a acabar con el problema que está marchitando estas tierras bendecidas. Yo los estaré protegiendo desde mi manantial, que las Diosas creadoras los acompañen.
Link y Zelda se despidieron poco después de Latoan y emprendieron el recorrido sin más dilación, a enfrentarse a los Yiga, sus invunches y al guardián en cuestión. ¿De qué se trataba esta vez? No lo sabían, pero tendrían que prepararse para hacerle frente a lo que encontraran, sin importar qué.
El hyliano se estiró cuánto podía para deshacerse de los malestares restantes, se restregó los ojos para quitarse la pesadez de los párpados de encima y finalmente ajustó las correas que sostenían a Dragneel a su espalda y sujetó la alforja a su cinturón antes de continuar. Zelda se le había adelantado y caminaba a unos pasos de distancia frente a él, con su andar no muy apresurado, sus pasos constantes y la trenza color chocolate que le caía por la espalda bamboleándose al ritmo su caminata. El terreno que recorrían actualmente contaba con una vegetación más espesa, abrumadora y alocada, de relieves irregulares y sin senderos marcados ni muchos lugares donde pudieran referenciarse más tarde cuando les tocara regresar. Las plantas y árboles crecían a sus anchas, cubriendo los suelos de matorrales, hongos y maleza, mientras que el cielo se recubría del verde de las altas copas que lo nublaban. Lianas, arbustos, humedad, tierra mojada, insectos, musgo y barro era todo lo que se vislumbraba.
—¿No te dejé dormir, verdad? —preguntó Zelda volteando de repente.
Link lo pensó un rato y finalmente lo confirmó con un movimiento de su cabeza. Zelda suspiró.
No era la primera vez que ambos tenían una riña similar. Días atrás, en lo que iban de camino hacia la región, mientras acampaban, Zelda se había negado a cenar. En primera instancia, Link quizá la habría ignorado y dejado que hiciera lo que quería, pero ya la conocía lo suficiente como para saber de dónde surgía su falta de apetito y se lo reprochó sin mediar en sus palabras.
—Impa no volverá porque no comas.
Zelda se dio la vuelta bruscamente, con los labios fruncidos y su expresión comúnmente serena trasformada en puro disgusto, los puños apretados y la mirada teñida de rabia.
—Me habría matado de hambre si fuera así —contestó, con un tono bajo que destilaba su furia contenida.
Zelda no probó bocado esa noche —más por enfado que por tristeza— y tampoco le dirigió la palabra en veintisiete horas. Link las contó. Pasado ese tiempo, la hyliana se vio en la obligación de volver a hablarle para pedirle ayuda. Y eso, más unas cuantas palabras, resolvieron el asunto. Aunque de todas formas el hyliano se disculpó como correspondía, porque su educación así se lo exigía. La aprendiz de bruja lo perdonó sin mayores rencores, habiendo olvidado casi por completo su molestia. Link tenía razón en cierta forma: actuando de esa manera no resolvía nada y aquellas palabras, por muy duras que se le hicieran, fueron necesarias para hacerla reaccionar.
—Tal vez por eso te levantaste antes que yo —volvió a hablar Zelda, recordando que Link le había traído la bandeja con el desayuno, aseado, vestido y habiendo comido antes incluso.
—Yo te veía muy cómoda, no quise despertarte —comentó Link, sin rastro de molestia en su voz, pero todavía serio—. ¿Dormiste bien?
—Sí —afirmó simplemente.
Verdaderamente, Zelda llevaba tiempo sin dormir de manera tan profunda. La hyliana se había acostumbrado desde pequeña a descansar de vez en cuando junto a la sheikah, porque en compañía reposar era más sencillo. Y esa misma sensación había revivido al pasar la noche junto a Link, pegada a esa espalda fuerte y ancha que abrazaba siempre que iban a lomos de Epona.
—¿Qué estabas… —Se detuvo abruptamente. «¿Qué estabas soñando?», era la pregunta completa, pero Zelda se mordió la lengua justo a tiempo, al recordar que esa mañana había hecho la misma pregunta y Link la había evadido completamente con aquella respuesta tan contundente.
—Solo eran imágenes —contestó—. No recuerdo mucho.
«Menuda ironía», pensó, sopesando en el hecho de que su sueño se conformaba completamente de recuerdos, pequeños y desconcertantes.
—No tuvo que haber sido muy agradable —comentó Zelda, rememorando la pinta de gato esponjado que poseía el joven cuando despertó.
Link negó con la cabeza. Zelda volvió a suspirar.
—Sobre esta mañana…
—Perdóname; no quise ser tan brusco contigo —se le adelantó Link, con verdadero arrepentimiento en su voz.
La muchacha se dio la vuelta para mirarlo de frente.
—Fue muy atrevido de mi parte.
—Actuaste como sabías, ¿no?
Zelda asintió, teniendo en mente las noches en las que ella despertaba asustada producto de sus pesadillas.
—Entonces esa fue tu manera de ofrecerme ayuda, tu intención era autentica —afirmó—. Ya no hay problema.
Mas sí que lo había, Zelda estaba segura que así era, del mismo modo que estaba consciente de que la premura para resolver el conflicto estaba destinada a que ella no ahondara más en el tema que lo había provocado todo. Se preguntó entonces si estaba siendo demasiado impertinente de su parte seguir insistiendo, si quizá estaba metiendo las narices donde no le correspondía y que simplemente debía dejar las cosas como estaban para que continuaran su curso. Pero más temprano que tarde terminó descartándolo, pues era tal y como Link había dicho: su intención era autentica y todavía persistía; quería ayudarlo verdaderamente.
—Él no se ayudará a sí mismo —se le ocurrió, sin saber que era tan cierto como lo pensaba.
Zelda suspiró por tercera vez esa tarde.
—Tienes un problema, Link. Deberías…
—Ya sé que debería resolverlo —interrumpió—. Ya sé que debería ser más abierto cuando tratas de ayudarme, pero, por favor, entiéndeme. Desperté asustado en medio de la noche y luego te escuché tras mío. ¿Cómo crees que me sentí?
Zelda en raras ocasiones había visto a Link alterado de esa manera, y eso ahondó más en el hecho de que se trataba de algo que verdaderamente le afectaba. Lo miró a los ojos por primera vez desde que había sucedido lo de esa mañana, y le pareció que a momentos la firmeza le flaqueaba. Era humano después de todo, por mucho que intentara aparentar fortaleza en todo momento.
Pensó bien en su respuesta antes de contestar.
—Te sentiste expuesto.
Link asintió.
—Tú lo que tienes es miedo —declaró Zelda, como si se tratara de la verdad más verdadera que podía existir.
—¿De qué? —replicó Link con cierto fastidio, ya harto del asunto.
—No sé exactamente, pero puedo averiguarlo. Antes de hace algunas noches, yo te miraba y creía que habías alcanzado un nivel de tranquilidad espiritual insuperable, te ves sereno y distante, como Rauru. Sabes quién es Rauru, ¿verdad? Un sabio.
—Sí, el Sabio de la luz —agregó él.
—Tratas de controlar tus emociones y por eso la gente cuando te mira cree eso.
—Ya veo. Sigue —dijo con interés.
—De día puedes mantener la tranquilidad —afirmó Zelda, agarrando una rama del suelo, gruesa y alargada, y empezando a dibujar en un charco de barro reseco—, pero yo te he escuchado de noche, Link. Gritas dormido de aquello que le temes.
—Me pondré un bozal entonces. Asunto resuelto.
Hasta ahí quedó su primera sesión de terapia, porque Link no quiso seguir hablando y antes de que Zelda pudiera replicarle, se dio la vuelta y continuó la marcha. El hyliano no era tan perceptivo como la muchacha respecto a las energías mágicas, por eso era que Zelda iba dirigiendo el grupo, de modo que la sensación negativa que se respiraba los guiara hasta al fragmento. La aprendiz de bruja se vio en necesidad de seguirlo antes de que se perdiera.
Las profundidades del bosque ordoniano era un lugar tétrico e inhóspito, completamente alejado de la sociedad y guarecido por la sombra de las montañas y cerros vecinos. Estaba nublado a esas horas y la poca luz que se filtraba a través de las hojas no era suficiente para iluminar claramente los sitios donde los árboles abundaban, bloqueando el cielo con sus altas copas. Ambos hylianos debían andar con cuidado, pues el relieve en esa zona era especialmente irregular y cualquier descuido podía acabar en un tropiezo. Caminaron por un buen rato sin prisa alguna, hasta que a Zelda el aire se le hizo más pesado y tuvieron que detenerse a explorar.
—Debe estar aquí —afirmó la aprendiz de bruja totalmente convencida. La sensación que había estado siguiendo todo este rato de repente se agolpó en un solo sitio, pero no estaba frente a ellos, sino más bien a sus pies.
—No veo absolutamente nada. ¿Estás segura?
—Déjame esto a mí, niño sin magia.
Link chasqueó la lengua.
A veces, Zelda era tan informal con él que Link se preguntaba si la muchacha estaba realmente consciente de lo que significaba que él fuera un príncipe.
—Presumida.
Zelda lo ignoró y siguió con lo suyo. Se adelantó unos pasos desde donde Link estaba y finalmente halló lo que buscaba. Zapateó con la suela de su pesada bota, y el resonar metálico se lo confirmó. Para entonces Link había regresado a su lado y se acuclilló junto al sitio al que Zelda prestaba atención. Entre ambos apartaron tierra, hojas, ramas, raíces completas, tubérculos complicados y pesadas piedras hasta dar con lo que buscaban. Se trataba de una gruesa tapa de grueso metal, oscuro y levemente oxidado, marcada con círculos de intrincado diseño y un par de manillas con serpientes talladas entrelazándose a lo largo. Link la quitó no sin algo de esfuerzo de por medio y la dejó caer a un lado. La negrura de un túnel de profundidad indeterminada, rodeado de telarañas poco gruesas y empolvadas, les dio la bienvenida.
—Hay que entrar —aseguró Link.
—No pienso meterme ahí.
El hyliano no gastó tiempo discutiendo con ella y antes de que Zelda pudiera advertirlo, Link apartó las telarañas con la mano, con una mueca de repelús en su rostro, se sentó en la orilla y se lanzó al vacío antes de la muchacha pudiera gritarle que estaba demente. Zelda se quedó mirando con el corazón en la boca y el temor a lo desconocido a flor de piel.
Brevemente más tarde, escuchó a Link gritar desde el otro lado.
—¡Es seguro!
Zelda respiró profundamente de lo nerviosa que se sentía e inmediatamente se fijó en sus brazos, donde los vellos se le erizaban del pavor. Tragó grueso y antes que pudiera arrepentirse se posicionó a la orilla y se lanzó con un grito que reverberó en las paredes del túnel. El corazón le latía fuertemente y el estómago se le presionaba, la adrenalina comenzó a recorrerle las venas y la mente se le puso en blanco ante el pavor de sentirse caer sin que nada la frenara.
El túnel se fue enderezando poco a poco hasta dar con una forma similar a un tobogán. Sintió su espalda raspar contra la superficie de piedra sin disminuir del todo la velocidad, y antes de que pudiera advertirlo, salió disparada hasta chocar contra el piso. Zelda se reincorporó lentamente quejándose del dolor, sintiendo el ardor en su espalda y el resentimiento del golpe que se había dado en los muslos al aterrizar; tenía su traje negro cubierto de polvo y mugre. Miró hacia el frente, donde Link se posaba observando ensimismado hacia el frente. Dio un par de pasos en su dirección y un crujido lo suficientemente fuerte la detuvo. Bajó la vista sin saber exactamente si quería saber qué lo había provocado, la respuesta la sorprendió: había huesos repartidos por todo el piso.
Link volteó.
—A mí también me dio pavor verlos —dijo.
Zelda se dirigió hasta él ignorando lo que más podía los crujidos que daban sus pasos, decidida a concentrarse en lo que tenía al frente. Se trataba de una inmensa habitación cuadrada de paredes de ladrillo cubiertos de musgo y mugre, iluminada débilmente por las antorchas ubicadas en los laterales. Oscura y húmeda, la sala daba la impresión de ser uno de los alcantarillados de la ciudad, a parecer de Link. El hyliano observó hacia el fondo y vio la estatua de lo que parecía ser una deidad arcana o un ser mitológico de una cultura anterior a la que había llegado a conquistar Latoan siglos atrás. Se trataba de la cabeza de un hombre con una gruesa barba y cabello largo, cuyos mechones terminaban en cabezas de reptiles de mandíbulas abiertas y afilados colmillos. Lo curioso del asunto era que, justo donde debía ir la boca, se vislumbraba una puerta cerrada a cal y canto frente a una especie de fosa rellena de agua emponzoñada. Ahí debía estar el fragmento.
—¿Vamos?
Zelda asintió con la cabeza.
Caminaron hombro con hombro a través del piso húmedo, con los malos presentimientos puestos en la boca del estómago. La muchacha se fijó rápidamente que no muy a la distancia un montón viscoso se asomaba, era un conjunto de figuras pequeñas, retorciéndose entre sí unas sobre otras. Y al estar frente a ellas, Zelda al fin distinguió que se trataba de cientos de serpientes pequeñas.
Se le retorció el estómago.
Zelda hace años había dejado de ser escrupulosa, porque la elaboración de pociones como las que vendía implicaba la captura de diversos tipos de insectos y su diseminación, para luego incluirlos en los distintos tipos de brebajes milagrosos. Mas la cantidad en la que abundaban en conjunto a la fetidez que se respiraba le causó nauseas.
—Mejor ignóralas, Zel. No pasa nada —calmó Link detrás de ella.
La muchacha asintió, mas al momento de querer dar un paso al frente, vio como desde arriba un fluido pestilente caía justo donde las serpientes se agolpaban entre ellas. El líquido cayó sobre algunas, mientras que el resto huyó despavoridas a resguardarse entre las sombras. Ambos hylianos miraron hacia arriba, siendo recibidos por las mandíbulas abiertas de una inmensa víbora de oscuras escamas que los devoraba con la mirada. Zelda sintió como el cuerpo se le paralizaba del susto y los vellos de sus brazos desnudos se erizaban completamente. Comenzó a revivir esa emoción repentina acumulada en la boca del estómago, esas ganas de salir despavorida y de gritar de lo más profundo de su garganta debido al horror. Inevitablemente no pudo contener un alarido, cuando vio con terror como se les abalanzaba encima.
La hyliana sintió la mano de Link agarrándola con fuerza para apartarla bruscamente, al tiempo que desenvainaba su espada con un movimiento acostumbrado. Zelda se reincorporó rápidamente sin quejarse del dolor, solo para ver como Link lidiaba con las mandíbulas de la víbora. Era cuestión de tiempo para que uno de los dos cediera o la hoja de la Dragneel se quebrara…
Zelda no lo meditó mucho y formó un conjuro entre sus manos, mientras veía como la cola del animal se preparaba para apartar a Link de un solo barrido. Se dio prisa y disparó. La explosión le dio de lleno, mas los daños fueron leves y poco significativos. La hyliana solo consiguió que la víbora dejara de prestar su atención en Link, no sin antes empujarlo con la fuerza de sus mandíbulas, y se concentrara en ella.
El animal volvió a agazaparse, serpenteando violentamente en su dirección. Zelda retrocedió por instinto, tratando de alejarse lo más posible del peligro, sin contar que el pánico y las prisas le jugarían en contra y resbalara por la humedad de la superficie. La muchacha cayó, pero continuó arrastrándose como podía, evadiendo por los pelos los colmillos de la víbora. Posó una de sus manos sobre el piso con el objetivo de reincorporarse, mientras que con la otra formaba un escudo. Los dientes del reptil chocaron contra éste, aturdiéndolo levemente, mas recuperándose enseguida. Zelda se paró al momento que Link lanzaba una de las dagas en dirección a uno de los ojos del reptil, siendo rápidamente repelida por su cola, mas cortándose levemente en el proceso.
Enardecido, el animal volvió a acometer furiosamente contra Zelda. La hyliana intentó alejarse rápidamente, aún con el escudo de antes presente y al mando de su mano izquierda. Los nervios le jugaron en contra y Zelda, por intentar cubrirse de frente, descuidó uno de sus brazos, siendo pasado a llevar superficialmente por uno de los colmillos de la víbora; no profundamente, pero sí lo suficiente como para dejar los restos de ese líquido pestilente sobre la herida expuesta, que ahora ardía como condenada.
—¡Maldición! —gritó Zelda desesperada.
Link llegó justo antes de que pudieran arrancarle el brazo a la muchacha y aprovechó la distracción del animal para asestar un sablazo a lo largo de su cuerpo. La sangre brotó y la hoja de su espada se manchó. El hyliano estaba preparado para continuar con el ataque, sino fuera porque la víbora reaccionó rápidamente envolviéndolo con su cola que lo detuvo de destazarla. Link sintió la presión sobre su caja torácica y en reflejo soltó su arma, apretó los dientes tratando de contener el dolor que la presión en aumento le provocaba y la sensación de asfixia al estarse quedando paulatinamente sin aire, todo aquello mientras el reptil prestaba atención al sufrimiento de su víctima.
Zelda dejó de concentrarse en los posibles efectos del líquido sobre su cortada al momento de escuchar el alarido de su compañero y comenzó a pensar en la mejor manera de hacer que lo liberaran. Recordó el momento en el que el joven había intentado cegar uno de los ojos de la víbora usando la daga que llevaba consigo, y entonces recordó la existencia de la suya, que colgaba firmemente de su cinturón. La aprendiz de bruja nunca en la vida había usado una cuchilla como aquella con el fin de infligir daño y dudaba mucho ser capaz de lanzar el objeto tan velozmente y a larga distancia como hacía Link, pero suponía que podía sacarla disparada usando su magia. La desenfundó por primera vez desde que la tenía y la hizo levitar en el aire, fijó su objetivo y respiró hondo antes de decidirse a lanzarla; tenía solo una oportunidad.
La hoja salió disparada a velocidad vertiginosa y se incrustó firmemente en el objetivo, soltando en reflejo a Link mientras éste se quejaba del dolor. El hyliano se recuperaba en el piso a bocanadas de aire precipitadas y atropelladas, y la aprendiz de bruja se planteó darle más tiempo antes de que el enemigo volviera a contratacar. Concentró de nuevo su magia en el objeto, pero con algo más de esfuerzo que en el intento anterior, para su extrañeza. La daga se desincrustó para volver a enterrarse en el ojo vecino antes de que el reptil pudiera advertirlo, siendo así totalmente privada de su visión.
Para ese entonces Link ya estaba recuperado y había agarrado su espada. Se dirigió hacia Zelda premurosamente con la intención de constatar daños, aprovechando que la víbora continuaba retorciéndose del dolor.
—¿Te hizo daño? ¿Estás bien?
—Me mordió —confirmó Zelda, nuevamente concentrada en su brazo—. No sé qué tipo de efecto tendrá ese líquido, pero no parece ser nocivo, no me siento mal.
—¿Segura? ¿No estás mareada o algo?
—Debe ser otra cosa. De momento podré seguir.
Link asintió y volvió a concentrarse en el combate.
—Ya nos no ve. Muévete lento y no provoques ruido. Yo me posicionaré atrás de ella y haré que me persiga, ¿puedes empalarla como lo hiciste con la otra bestia? —susurró.
Zelda asintió con un movimiento de su cabeza.
El hyliano caminó lentamente, asegurándose de provocar el menor ruido posible con sus pasos. Link se fijó rápidamente que el reptil movía la cabeza confundido, tratando de ubicar sus movimientos. El joven se detuvo y no se movió de ahí hasta que se aseguró de que ya no le prestaba atención. El hyliano continuó su lento andar, precavido y sosegado, sin percibir que la víbora ya no lo perseguía con el oído, sino con el olfato, específicamente en los restos de sangre que habían quedado adheridos a la hoja de su espada. El animal se hizo el desentendido durante varios segundos, ante la mirada complacida de ambos hylianos, y justo cuando menos lo sospechaban, se abalanzó con la mandíbula abierta sobre Link, para perseguirlo de la misma manera que había hecho con Zelda.
Link reaccionó a tiempo, con el corazón a tope debido al inesperado movimiento de su enemigo, esquivando como podía y evitando lo más posible las terribles fauces de la víbora. Zelda no se quedó atrás y comenzó a conjurar entre sus manos una esfera de luz, mas el sobreesfuerzo requerido para un hechizo al que estaba tan acostumbrada, le advirtió que aquel líquido no dañaría sus habilidades físicas, sino su capacidad mágica. Reconoció con horror que la estrategia que habían planeado estaba arruinada.
El reciente descubrimiento no fue impedimento para que Zelda continuara con su hechizo y una vez éste estuvo listo, se aseguró de acercarse antes de dispararlo. La esfera de energía viajó hasta chocar contra la cabeza del reptil, desenvolviéndose en un haz de energía eléctrica que recorrió la longitud de su cuerpo movido por la humedad. La hyliana se acercó hasta el muchacho para ayudarlo y recrear distancia entre ellos y el enemigo, antes que volviera a arremeter contra ambos.
—Link, tengo un problema.
—¿Algo en lo que el niño sin magia te pueda ayudar, tal vez?
—¡No, maldición! —gritó frustrada—. El veneno de antes no afecta físicamente al enemigo, disminuye la capacidad mágica, me cuesta más esfuerzo y más poder mágico formular un hechizo. No podré generar un conjuro de ese tamaño.
—Mierda… —murmuró él.
Link se replanteó opciones a medida que ambos retrocedían, viendo como lentamente su enemigo se recuperaba. La víbora ya no era tan veloz como antes, porque la longitud de la herida infringida por Link y los daños provocados con la magia de Zelda comenzaban a pesarle. Descartó totalmente aquellas en las que Zelda tuviera que conjurar algo de golpe como había pensado anteriormente.
Y entonces lo obtuvo.
—¿Puedes paralizarla?
—¿Qué?
—¿Sí o no?
—Solo unos segundos, y necesitaré tiempo —recordó con cierto fastidio.
—Te lo daré. Me encargaré de distraerla mientras tú preparas el conjuro. Y una vez que lo tengas le daré el golpe de gracia.
Link no necesitó de una confirmación modulada antes de decidirse a proceder, porque la confianza que irradiaban los ojos de esa hechicera orgullosa de poseer una magia tan portentosa, le dijeron que así sería. Se posicionó frente a la víbora haciendo que ésta lo detectara, preparado mentalmente para hacerle frente todo lo que hiciera falta, sin estar seguro de cuánto tiempo sería; no le importaba. Si había alguien en quien confiaba para resguardarle las espaldas, era en Zelda. Y se dio cuenta entonces en cómo en aquel breve tiempo, habían desarrollado una complicidad inigualable al momento de batallar codo a codo. Juntos moverían montañas.
Zelda respiró hondo comenzando a concentrarse, sintiendo como poco a poco la magia en sus venas comenzaba a burbujear. Imaginó miles de cadenas atando un objetivo que ya tenía claro, mientras se suspendían en el tiempo, sin necesidad de afectar lo que había alrededor. Y así continuó, incluso cuando el clamor de la batalla le llegaba cada vez desde una distancia más escasa y escuchaba los clamados de la víbora, las maldiciones de Link y el golpetear de la Dragneel rasgando el aire y la quietud en la que ella se había sumido.
Abrió los ojos, sintiendo su magia escapándosele por los poros al tenerla a flor de piel. Estaba lista. Vio a Link arrinconado entre el suelo y las mandíbulas del reptil, solamente estando separados por la portentosa e infalible hoja de su espada. La aprendiz de bruja posicionó sus palmas frente a ella, una mirando a la otra, pero sin tocarse. Y cuando vio el momento justo para actuar, lo hizo.
—¡Ahora, Link! —exclamó al momento de impactar ambas manos. Las cadenas que había imaginado previamente aparecieron envolviendo a la víbora firmemente, sin que pudiera moverse. El efecto de la parálisis estaba en pleno funcionamiento.
Link no perdió tiempo, desencajó rápidamente su espada de las fauces del reptil y posicionó su espada en el punto exacto mientras veía como lentamente las cadenas se desintegraban. Un corte que le atravesó la cabeza marcó el fin del combate, justo en el momento en el que el tiempo volvía a su curso para el animal.
La víbora se contrajo sobre sí misma, mientras gritaba del dolor y alzaba su cabeza desesperaba, en un intentó inútil por menguarlo. Impactó su cráneo repetidas veces sobre el piso buscando quitarse de encima aquella molestia, y antes de que pudiera darse cuenta se quedó sin energía. El animal se estrelló por el última vez, inmóvil, inerte y sin vida, exponiendo su mandíbula abierta y los largos colmillos que les dieron la bienvenida en un inicio.
Zelda poco después se desplomó en el suelo, consciente y agotada, pero sin duda aliviada, incluso cuando el vacío en su pecho le indicaba que su magia estaba completamente inhabilitada.
...
Una vez más disculpa por la tremenda ausencia :( Esta vez sí que me pasé con el tiempo, pero a partir de ahora los capítulos deberían volver a su publicación regular (cada dos o tres semanas). A partir de este momento tengo el panorama de lo que se vendrá mucho más claro que este capítulo en especifico, por lo que no debería demorarme demasiado en la siguiente actualización. De verdad perdonen :(
Por otra parte, el 25 de este mes se cumple un año desde la primera publicación de este fic, realmente me cuesta creer que ya haya pasado un año, pues se me ha hecho muy breve xDD La cuestión es que se los informo para que estén atentos, puede que haya alguna sorpresa ;)
En fin, espero de todo corazón que este capítulo les gustara. Nuevamente la acción se ha hecho presente y me siento bastante contenta, pues esta vez fue mucho más sencillo para mí escribir este género, aunque me disculpo por cualquier desface en la calidad que pueda haber, aún tengo que aprender mucho y me considero inexperta en este tema.
Agradezco mucho a las personas que me instruyeron en el desarrollo de algunas partes :)
Como siempre muchas gracias a todos los que leen y a los que dejan sus comentarios, son realmente importantes para mí y me encanta leer sus opiniones.
¡Nos leemos en el siguiente!
