¡Hola! Último cap. ^^ *los abraza* gracias a todos por leer : D *los lame (¿)* Espero que lo difruten n.n
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"Final… ¿Feliz?"
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No podía sacar aquella sonrisa de su rostro. Su madre le había dicho que podía irse a vivir con Gaara, siempre y cuando, no fuera una molestia y se comportara como tal; y sin olvidar… que la iría a visitar todos los meses. Perfecto, no se podía quejar de nada…. Por una vez en su vida iba a estar tranquila sin tener que mudar de casa.
— Hija, unos chicos están abajo esperándote, unos de ellos es el chico ese que te gusta. —Se retiró del cuarto, sin antes sonreírle calidamente.
La pelirroja le devolvió el gesto y terminó de guardar todo lo que necesitaba para el viaje. Bajo con un bolso lleno de ropa y unas cuantos objetos.
Cuando bajó de las escaleras, Gaara no pudo evitar sorprenderse, ella… ella siempre estaba hermosa. Se había hecho dos largas trenzas; estaban a la vista ya que ella se las había acomodado para que quedaran por delante y no por detrás (Hem… ¿me explico?). Traía puesto un vestido negro, éste tenía de adorno unos pequeños puntos blancos alrededor del cuello; el vestido media hasta unos centímetros después de las rodillas. Las chatitas que calzaba, hacían juego con el vestido. Una rubia y un castaño miraron de reojo al menor, que miraba atónito a la pelirroja que se acercaba. Saludó con un "¡Hola!" a los recién llegados, seguido de un beso en la mejilla y un corto pico a un ojiagua medio sonrojado.
— Hasta luego, Mami. Prometé visitar, ¿eh? —Sonrió.
— Eso es más que obvio, cuidate, ¿si? —Le besó la frente y dejó que su hija se fuera tranquila.
No era que Mitsuko se mudara siempre porque se le cantaba, pero así era ella… una mujer nómada.
Pasos, más pasos; era lo único que se escuchaba entre los cuatro. No es que Akemi estuviera (por primera vez y quién sabe... última vez en la vida) callada, pero estaba emocionada… digamos que la emoción no dejaba que las palabras salieran de su boca…
— ¡O-oigan! — Bueno, hasta ahora…— Ese es mi primo y está con Kiba. ¡Ya me estaba olvidando de saludarlos! Espérenme…—Salió corriendo, soltando el bolso en el camino.
Gaara negó con la cabeza y levanto el bolso con pereza incluida. Kankurô, por su parte, sintió un poco de amargura; aunque poca, él ya tenía a alguien en su vida, una persona muy especial. Pero… el podría haber tenido a Kiba…
— Me pregunto si tendrá piedras. —Gruñó éste. — ¡Ey! ¿Vos no tenías que buscar a TenTen? —Indagó el chico sin cambiar la expresión neutra.
— Hem, si… casi me olvido. Nos vemos en la salida de Konoha. —Se despidió saliendo del trance. Y sin decir más, el castaño se largó a correr en busca de su TenTen.
Temari y Gaara se miraron con cara de desaprobación, y se fueron a sentar en un banco que se encontraba dentro de la plaza que tenían frente suyo.
— Qué suerte tienen ustedes dos. —Empezó a hablar la rubia con una sonrisa. — Akemi… TenTen. —Nombró sin dejar de lado la expresión feliz de su rostro.
— ¿Lo decís por que no tenés novio? — Muy dentro de él sentía tristeza, pero vamos… Temari era guapa, linda y muy inteligente; iba a ser fácil elegir al indicado. ¡Oigan! ¿El dijo que tenía tristeza por su hermana? Definitivamente Akemi lo estaba cambiando.
— Sip, pero no importa. Oye… ¿Te vas a casar con ella? —Preguntó.
— Cuando ella tenga, a lo sumo, veintiún años. —Respondió fingiendo molestia.
— Se ven taaaaaaan lindos. —Bromeó carcajeando.
— ¡Cállate! —
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La chica sonrió divertida al ver como Kiba abrazaba, por detrás, a Shino. Ambos estaban sonriendo, uno mas divertido que el otro.
— Me he enterado de que ya son novios… oficialmente. ¡Que bueno! Ah, Kiba… ¿Viste que tu hermana tiene novio? —Kiba abrió los ojos como platos y se soltó de Shino.
— Mataré al infeliz. — Kiba había soltado aquella frase porque era celoso y quería a su Onee-san (demasiado) no dejaría que nadie se le acercara. Pero cabe mencionar que Hana no lo sabe, ni se tiene que enterar.
Iba a dar un paso hacia el frente, pero el Aburame lo detuvo sosteniéndolo de la capucha. "Ni siquiera sabes quién es." fue la única respuesta que obtuvo.
— Izumo Kamizuki. — Aunque una gotita cayó de su sien al ver como Shino negaba con la cabeza, un "Has metido la pata, Akemi" podía verse en su mente. —P-pero ella está muy feliz.
Kiba, por su parte, iba a protestar, pero antes que lo hiciera, Shino le plantó un beso; dejándolo sonrojado y sorprendido.
— ¿Tranquilo? — Fue lo único que dijo el de gafas.
— H-hai. — Sonrió de vuelta, entrelazando sus dedos con los de su novio. — Ne, Akemi. ¿A que hora te vas? —
— Me despido de ustedes y me voy. Ya saludé a todos… ¡Pero ustedes fueron los últimos ya que no los encontraba! —Exclamó enojada.
— Perdona, pero… mi madre se había enojado con migo cuando se enteró lo mío con Shino y después nos reconciliamos. G-gomen. —Explicó el castaño…sin darse cuenta, agarró con un poco (solo un poco…) más de fuerza la mano del pelinegro; asegurándose, nuevamente, que no fuera un sueño.
— Oh, no sabía. Jeje… ya, me voy porque sino llegaremos tarde. Los quiero a ambos. —Beso la mejilla de cada uno y se dirigió hasta donde se encontraba un malhumorado Gaara y una dormilona Temari.
— ¡Espera! Te vamos a acompañar hasta la salida de Konoha. —Propuso Kiba.
La menor asintió con la cabeza y se dirigieron donde se encontraban los demás. Al poco tiempo, apareció TenTen con una sonrisa en el rostro y agarrada de la mano con Kankurô; saludó a cada uno y se dispusieron a seguir el rumbo.
— Hola Kiba. —Saludó el marionetista nervioso.
— H-hola, ¿TenTen es tu novia? — El otro sintió con la cabeza. — ¡Qué bueno! —Palmeando la espalda del mayor.
—Casarse…—Todos se dieron vuelta al escuchar susurrar a Gaara. —Akemi, ¿Vos te querés casar con migo?
— ¡Claro que si! pero aún no… soy muy joven. — El pelirrojo miro a su hermana y sonrió, talvez… no eran una pareja tan dispareja.
— Ne, ¡a mi me gustaría tener hijos! Son tiernos, ¿a que si, koi? — Soltó Kiba sonriendo de oreja a oreja, haciendo que sus colmillos de notaran.
Shino empezó a imaginarse a el, con un bebe en brazos, una de sus manos con un biberón y la cara de "que rayos hago"… no lo alentaba en lo absoluto.
— ¿Shino? ¿Estás bien? No quiero tener un hijo ahora… ¡tengo dieciséis años! A los veintiocho está bien, ¿si? —Tranquilizó a su amor al ver la cara de "¿qué es un hijo?" en el rostro.
No faltó mucho para despedirse. Akemi se despidió de su primo y de Kiba; al igual que los hermanos de Suna y TenTen, que se despidieron de los dos chicos.
— ¡Visítenme! —Se escuchó decir a una pelirroja a unos quinientos metros de ellos.
Ellos sonrieron y Kiba no tardó en abrazarse a Shino y susurrarle al oído…
— Aunque los hombres no puedan tener hijos… no me vas a negar la práctica. —El domador de insectos sonrió para sus adentros y empezó a besar con delicadeza a Kiba y a cabo de un minuto, la pasión empezaba a aumentar. El castaño no estaba del todo seguro de hacer aquello, pero… dentro de él sabía que con Shino podía estar tranquilo y cuidado.
— Mmm…— Gimió por lo bajo el Inuzuka al sentir la lengua de Shino en su propia cavidad.
— Oigan… son unos pervertidos, haciendo esto en el medio de la calle, ¿no saben que pasan niños? —Ambos chicos voltearon y se encontraron con Sasuke y Naruto, éste último reía por el comentario que había dicho. Sasuke, Sasuke lo miraba con cara de "Baka".
— Sos un…—Empezó a hablar el chico-perro con molestia, vergüenza y enojo, pero su rostro cambió al pensar como hacerle una revancha a su mejor amigo. — Jaja, seguramente esto no es nada comparado a lo que haces con Sasuke, ¿no? — Volvió a decir, satisfecho de sí mismo al notar que había dado en el blanco. El sonrojo de Naruto, al igual que su ira, iba aumentado poco a poco; mientras que Sasuke no se inmutaba ni en lo más mínimo.
— ¿No estás molesto? —Susurró el Uzumaki mirándolo con una gota cayéndole en la frente.
— No. —Contestó con indferencia.
— Bueno… ósea que este es un final… ¿Feliz? —Preguntó Kiba sin prestarle atención a Sasuke.
— Haber…—empezó a decir Naruto. — Shikamaru y Neji; Sasuke y yo; Vos y Shino; TenTen y Kankurô; Akemi y Gaara; todos ellos están juntos… y eso q no agrego el hecho de que la mamá de Kiba se arregló con Kiba. Así que, se… es un final feliz. —Terminó diciendo.
Los cuatro rieron, cada uno a su forma. Y pensar que habían sufrido tanto, pensar que había desilusionado tanto… que ahora, no solo estaban contentos, sino seguros de si mismos al saber que a cualquier obstáculo lo iban a poder superar.
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