Capítulo 14 : Amor enfermizo.
En una pequeña habitación, que conectaba directamente a través de una puerta lateral, con aquella en la que Oswal Carmichael estaba descansando, reinaba un silencio sepulcral. Romilda esperaba, impaciente, la evolución del jefe local de aurores; Aby, por su parte, no hacía más que derramar lágrimas silenciosas por la noticia que acababan de darle Ron y Aroa, sobre el secuestro de su recién estrenado novio; ambas mujeres yacían sentadas en un sofá, una abrazada a la otra. Aroa, intentando no desesperarse, había comenzado a sanar las heridas de Ron y las suyas propias, ayudada por Hermione. Y Ginny trataba de aparentar serena y sosegada de un modo tan artificial, que lo único que estaba logrando con ello era incrementar la angustia en los demás, la sensación de ahogo que todos estaban sintiendo por dentro.
Se habían reunido a puerta cerrada, intentando que el resto de parroquianos del hostal no los acribillasen a preguntas, que no tenían tiempo ni ganas de responder; así que cuando la puerta se abrió – tras un leve alboroto en el pasillo – y David y Harry entraron por ella, fue como si una ráfaga de aire puro los golpeara, llena de vida. Aby soltó un leve sollozo, viendo que Edward no iba con ellos, pero se mantuvo firme, no queriendo entorpecerles.
Inmediatamente, Aroa se abalanzó en brazo de David, quien se mostraba exhausto y ensangrentado, pero que la sostuvo entre sus brazos con un apretón contundente, igual de desesperado que ella por aquel anhelado reencuentro.
Harry sonrió, satisfecho, dio un repaso con la mirada a todos los presentes, en silencio, y caminó hasta Romilda, quien nada más verlo llegar, había entrado en la habitación de Oswal, a sabiendas de lo que el joven auror iba a hacer inmediatamente después, como de hecho sucedió. La mujer acababa de salir del cuarto de nuevo, para encontrarse con su mirada inquisitiva.
- ¿Cómo está el herido? – Harry quiso saber, intentando no ponerla más nerviosa al mostrar apremio en su voz. Pero él mismo llevaba dentro tantas emociones, que sentía que de un momento a otro iba a explotar.
- Ha recobrado la consciencia, y quiere verte – Romilda respondió, con un deje de temor en la voz.
Harry asintió, satisfecho, ignoró el hecho de que la mujer parecía querer decirle algo más, y pasó a la habitación donde Oswal Carmichael lo aguardaba. Ron, Aroa y David le observaron entrar, pensativos; los tres esperaron órdenes, dispuestos a actuar, a sabiendas de que aquella pesadilla no había hecho más que comenzar.
Mientras esperaba, como todos los demás, hacía varios minutos que Ron había estado observando de reojo a su hermana pequeña; intentaba disimularlo porque sabía que aquel no era momento para centrarse en nada que no fuera el rescate de Edward, pero su intuición, más los gritos que Hermione y él habían escuchado antes de que comenzase la misión, le decían que algo muy importante había pasado entre Harry y ella, algo nada bueno, a juzgar por lo afectada que se mostraba la chica. Harry también se mostraba raro, mucho más reservado de lo habitual, incluso para una misión de tanta seriedad como había resultado ser aquella. Pero a él no podía preguntarle hasta que todo el asunto hubiese terminado, y la preocupación le carcomía por dentro. Sabía que Ginny tampoco iba a soltar prenda, al menos por el momento, pero ella no había cesado de observar a Harry en la distancia, pero sin intención de acercarse a su lado en ningún momento; se notaba que estaba muy preocupada por él, a pesar de la máscara de excesiva entereza que se empeñaba en no abandonar. De vez en cuando, el chico había notado cómo ella hacía un leve movimiento con el brazo hacia el moreno, o había musitado, casi en silencio, alguna palabra que jamás llegó a brotar realmente de sus labios. Algo frenaba sus ansias de hablar con él, y aquello preocupaba a su hermano mucho más que lo que hubiese podido suceder entre ellos, fuese lo que fuese. En cambio, Harry se mostraba tan sereno, tan condenadamente dueño de sí mismo, que Ron temía que una vez terminada la misión, no se le ocurriese más que cometer alguna maldita locura. Al mirar a Hermione por un momento, supo inmediatamente que la chica había leído en su mente como en un libro abieto, y que sabía algo de lo que estaba sucediendo, y parecía estar de acuerdo con la actitud de su hermana; "malo", se dijo para sí. El pelirrojo se lamentó para sus adentros de que últimamente todo entre Hermione, su hermana, Harry y él estuviese siendo tan complicado. Por un momento, añoró su adolescencia con una punzada de dolor; entonces, al menos, las complicaciones no habían sido causadas por ellos mismos, y los cuatro pudieron hacer una piña frente a la adversidad. Ahora sentía que la mejor parte de su mundo se estaba rompiendo en tantos pedazos y tan pequeños, que nadie podría volver a ensamblarlos jamás.
Más airado cuanto más pensaba en todo ello, iba a levantarse para tomar a su hermana por un brazo y a arrancarle la promesa de tratar con Harry lo que fuera necesario para resolver sus problemas, cuando él salió del cuarto, cerrando la puerta tras de sí. Todos, incluidas las chicas, hicieron una piña a su alrededor. Romilda quedó en un discreto segundo plano, cogida del brazo por su hija, que no se había separado de ella ni por un momento desde que el auror llegó al hostal cargando a Carmichael en brazos, nada más que para permitirle pasar escasos momentos a solas con el herido.
- Voy a volver a la cueva donde sucedió el derrumbe; es ahí donde Campbell retiene a Edward – Harry declaró con voz tajante.
- ¿Cómo que vas a volver? – David se encaró con él apresuradamente, preocupado y confuso por igual. – Ya estuvimos allí, y sabes que dentro de esa cueva no hay nada que valga la pena investigar, y mucho menos tras el derrumbe. ¿Por qué una bestia como esa habría de llevarse a Edward tan lejos para retenerlo o deshacerse de él, pudiendo hacerlo, por ejemplo, en el mismo bosque donde me atacó? Lo que tenemos que hacer es rastrear sus huellas cuanto antes y cazarla sin piedad, como el bicho rastrero que es.
Los otros dos asintieron al unísono, apoyando a su compañero. Pero Harry hizo caso omiso de todos ellos y caminó hasta quedar, de nuevo, frente a frente con Romilda.
- A Edward no le queda mucho tiempo, así que sea breve – le ordenó. - ¿Qué debo saber para poder manejar esta situación sin poner al muchacho en mayor peligro del que ya está corriendo? – preguntó a la mujer, esperando una respuesta tan directa y concisa como el modo en que él mismo le había preguntado.
Ella asintió levemente con la cabeza, y lo miró fijamente a los ojos antes de responder.
- Ben ve en Aby a la mujer que nunca pudo tener. En otro tiempo, él me quería y yo… - no pudo continuar, y se vio obligada a inhalar profundamente para serenarse, antes de hacerlo. – El caso es que, si no me equivoco, Edward va a pagar por los "crímenes" que él piensa que mi marido y Oswal cometieron estando conmigo. Quiere tener a mi hija, porque no me pudo tener a mí, y Edward es el hombre que él cree que se interpone entre ese amor. A mi modo de ver las cosas, pedirá intercambiar al chico por Aby, pero jamás lo hará; se quedará con ambos, si puede, y a él lo matará.
- Mierda… - Harry masculló, sintiendo que todas las esperanzas que tenían de salvar al chico pendían del más fino hilo, suspendido de la obtusa mente de un loco. – Por eso no podéis acompañarme – explicó a los demás aurores. – Porque si se siente acorralado, no dudará en cargarse a Edward. Lo está deseando, y no podemos darle ni el más pequeño motivo para que lo haga. Esto es lo que yo me temía. Intentaré razonar con él y si no lo consigo, trataré de poner a Edward a salvo antes de acorralar y atacar a la bestia en que Campbell se ha convertido. Pero Aby no va a ser moneda de cambio; en ningún momento saldrá de aquí hasta que esta pesadilla termine, y serán Hermione y Ginny quienes se encarguen de custodiarla. Los demás custodiaréis las salidas de la cueva, y si yo fallo, tan sólo quedaréis vosotros para acabar con él, si resultase imposible atraparlo con vida.
- ¡Demonios, Harry! ¿Estás intentando decirnos que vas a jugarte la vida con ese tío? – Ron le reprochó, más y más enfadado por momentos.
- Sólo digo que haré todo lo que sea necesario para que Edward regrese al lado de Aby sano y salvo, y para que este bello lugar se libere de una vez por todas de la amenaza de ese desequilibrado y pueda disfrutar de la paz que tanto merece – él respondió sin vacilar. – Asumir riesgos también es parte de nuestro trabajo, ¿o no? Todo esto ha sido idea mía, y yo debo ponerle fin.
- ¡Déjate de ideas y de pasarte la vida asumiendo todas las responsabilidades! Nosotros estamos metidos en esto hasta el cuello, tanto como lo estás tú – el pelirrojo insistió, furioso, retándole con la mirada.
- Míralo de este modo, Ron: ¿quién ostenta el rango más alto del Cuartel General de Aurores, aquí?
- Tú – el otro hubo de responder, aunque a regañadientes. – Pero no entiendo qué tiene eso que…
- Pues es justo que el mayor riesgo sea para mí. No puedo diseñar osadas estrategias para luego enviar a otros a que den la cara en mi lugar. ¿No te parece? – sonrió con acidez.
- Cuando seas el jefazo máximo, te verás obligado a hacerlo. El Cuartel General de Aurores no puede arriesgarse a perder a su líder día sí y día también – David rebatió, mordaz, en un último intento por disuadirle.
- Cuando sea el jefazo máximo, ya hablaremos – le ofreció una sonrisa maquinadora que arrancó un fuerte suspiro frustrado de labios de su compañero.
Aunque a ninguno de los cuatro pasó desapercibido el significado que llevaban implícitas aquellas palabras, que la decisión de Harry por sustituir a Kingsley estaba definitivamente tomada.
- Todo lo que dices tiene lógica, pero mi corazón me pide que no la siga – Aroa opinó, tomando a Harry por un brazo suavemente y buscando su mirada.
- Mi corazón me dice tantas cosas… Pero este no es momento de escucharlo.
- ¿Y cuándo, entonces? – ella quiso saber, obstinada.
- No lo sé; quizá nunca. A veces es bueno seguir los dictados del corazón, pero todo tiene un límite. En este caso, ese límite es hacer lo correcto, y lo correcto es salvar a Edward a toda costa sin exponerle a un mayor peligro; - calló por un momento, mirando a los ojos de sus tres compañeros, de uno en uno - sólo lo conseguiremos si yo entro solo en la cueva, y lo sabes – volvió a dirigirse a Aroa, aunque el mensaje iba también para todos los demás. ¿Te gusta el trabajo de auror? – sorprendió a la mujer con aquella inesperada pregunta, hablándole de un modo cariñoso.
- Siempre – la rubia respondió sin dudar.
- A mí también – su franca sonrisa la desarmó por completo, al igual que a sus dos compañeros, quienes no tuvieron más remedio que comprenderle a la perfección.
Hermione pensó insistir en replicar, pero se dio cuenta de que ya los cuatro aurores habían hecho piña en torno a la decisión que Harry había tomado, sintiesen lo que sintiesen al respecto, y que nada les haría cambiar de opinión. Así que detuvo su inminente réplica para concentrarse en ayudarles del único modo en que podía hacerlo: protegiendo a Aby, a Oswal y a Romilda, con la única esperanza de que todo acabase como debía terminar.
Ginny permaneció en silencio, mirando a Harry como si estuviese sumida en una pesadilla de la que le era imposible escapar; un leve pero marcado tic comenzó a agitar sus manos, su corazón bombeó a mil por hora a pesar de la inmensa palidez de su rostro. No hacía más que pensar en que había echado a Harry de su vida sin contemplaciones, sin siquiera permitirle explicarse. Y ahora él la había dejado fuera de una de las decisiones más importantes que había tomado en su vida, una vez más; pero esta vez ella misma lo había provocado con su "digna" intransigencia. Supo que, a pesar de todo lo que ella creía haber sufrido y estar sufriendo, tampoco era aquello lo que su corazón le pedía a gritos, desahuciado. ¿Y si no volvía a verlo nunca más? Desechó de su cabeza aquel horrendo pensamiento, con tozudez: él debía volver – se aseguró, intentando autoconvencerse de ello – y cuando lo hiciera, justo era que se hubiese de explicar, a pesar de que ella misma se lo había negado en un principio. Así que tomó su propia decisión al respecto: por el momento, dejarlo marchar, y cuando volviese, permitir que se explicase. Aquello le hizo sentir un poco más tranquila, un poco, apenas; inmediatamente, una punzada de dolor en el corazón le recordó que él iba a jugarse la vida por el bienestar de todos los magos… una vez más.
- Nos estamos desviando de algo muy importante: en esa cueva no hay nada, Harry; vuelvo a repetírtelo – escuchó que David objetaba, insistente, obligándola a prestar atención a la conversación de nuevo.
- No hay nada que se pueda hallar a simple vista, o con un hechizo detector de magia – el otro afirmó. – Oswal me ha confirmado que, precisamente, esa es la cueva, ubicada en esta villa, que el Ministerio de Magia estuvo buscando durante tanto tiempo después de la muerte de Voldemort, por sospechar que, en ella, él había realizado los oscuros y sádicos experimentos de los que tanto se especuló en su momento, pero que nunca se pudieron demostrar… hasta ahora. Y me ha dicho también cómo hallar lo que buscamos; que de ningún modo quedó sepultado bajo el derrumbe. En este caso, el muy hijo del demonio fue mucho más listo de lo que todos hubiéramos imaginado - explicó, refiriéndose a Voldemort y a un pasado ya lejano: - una vez enterado de que sus oscuros planes para crear una nueva raza de magos cambiantes casi todopoderosos se había filtrado al Ministerio, dispuso los únicos mecanismos de ocultamiento que los magos no podríamos encontrar jamás, mecanismos muggles. Resortes, poleas, rieles…
- Eso es imposible – Hermione negó, convencida, inmiscuyéndose en la conversación sin poder evitarlo, a pesar de haberse mantenido al margen hasta el momento. – Él odiaba a los muggles. No se habría rebajado a usar su tecnología, sintiéndose el mago más poderoso que jamás ha pisado la Tierra.
- Yo pensaría lo mismo que tú si dejase a un lado que Voldemort fue un manipulador nato, dispuesto a lograr sus propósitos fuese del modo que fuese. Él mismo era en parte hijo de muggles, y sin embargo, era la pureza de la sangre mágica su mayor propaganda de guerra, bajo el amparo de la que cometió todos sus crímenes más atroces. Por lo tanto, pienso que, realmente, nada para él era descartable si servía correctamente a sus fines, por mucho que al escucharle y al verle actuar de un modo directo, no lo pareciese – Harry argumento, convencido. – Bastaba con autoconvencerse de que hacía lo correcto, nada más.
- Por lo tanto, has creído a Carmichael y vas a volver a la cueva – Aroa resumió.
Harry asintió; sobraban las palabras. Alargó el brazo hacia Aora, ofreciéndole un pequeño trozo de pergamino que la mujer se apresuró en examinar: contenía un trozo de mapa, que marcaba varias entradas de la cueva que ellos habían intentado explorar.
- Tomad posiciones, esperad la salida de Edward durante el tiempo que haga falta, y si yo no le acompaño, atacad sin piedad – ordenó a los otros tres, y desapareció.
- ¡Odio cuando hace eso! – Ron se quejó con todas sus fuerzas; pero inmediatamente, tomó la mano libre de Aroa, que no apretaba David, y la mujer los trasladó a los tres lejos del cuarto, instantes después.
Al quedarse las cuatro mujeres a solas, Romilda se dejó caer en uno de los sillones como un peso muerto, y Aby se sentó en uno de los dos brazos del mismo y abrazó a su madre, intentando tranquilizarla y consolarla; pero ella misma no hacía más que pensar en Edward, en Harry y en los demás, llena de temor.
Hermione y Ginny hicieron lo propio en un pequeño sofá. Después de un largo silencio, ambas se miraron a los ojos.
- ¿Cómo hemos llegado aquí? – Ginny preguntó a la castaña, desesperada. – Yo no quería que esto acabase así, yo no quería perderlo… Sólo quiero que él me ame, que me respete, que no me mienta… ¿Tanto pido, por amor de Merlín? – lanzó la pregunta al aire, llena de rencor. – Ni siquiera se ha despedido.
- Ron tampoco se ha despedido; están trabajando – intentó argumentar. Pero luego lo pensó mejor y dijo lo que realmente creía: que aquello había servido para Ron, pero no para Harry - ¿Y qué esperabas? Lo has echado de tu vida a cajas destempladas por mucha razón que tengas, o que creas tener – terminó con cierto retintín en su voz.
- ¿Intentas decirme que he hecho mal en enfadarme con él? – la otra le reprochó, indignada.
- Has hecho bien en enfadarte con él; te ha mentido, y él mismo ha reconocido esa parte. Pero no le has dado oportunidad de explicar qué demonios le pasó por la cabeza para hacer lo que ha hecho, de arrepentirse, ni de disculparse. Y sinceramente, así como no esperaba de Harry ese comportamiento tan egoísta, tampoco creo que no merezca otra oportunidad. Él te quiere con locura, y puede que se equivoque en lo que hace, porque es humano, pero jamás te haría daño a conciencia. Y en ese sentido, le has rebajado al mismo nivel que a Dean – dijo con sinceridad. – No creas que, por mucho que deba pedirte perdón, él va a perdonarte tu error tan fácilmente. Le has dado donde más le duele.
- Mierda… Hermione, tienes razón. Los dos hemos cometido errores. Puede que le haya juzgado de un modo demasiado duro.
- Sabes que lo has hecho. Él no es Dean, Ginny, y nunca lo será.
La pelirroja, cansada y pensativa, por un momento se cubrió el rostro con las manos.
- Cuando regresen, yo le pediré perdón primero, para ayudarle a disculparse – prometió – Aunque me cueste horrores; el muy imbécil me ha quitado mi piso para aprovecharse de la situación e intentar conquistarme, sabiendo cuánto significaba para mí… Y encima, no le hacía falta conquistarme. Idiota…
- Bueno, tómalo así: si el piso es suyo y tú te casas con él, también será tuyo.
- Ya, pero ese no es el punto.
- Lo sé… Los hombres creen que todo en el mundo es muy sencillo, y en demasiadas ocasiones se equivocan – Hermione filosofó, a modo de reproche contra el género masculino en general y contra un hombre en particular.
- Bueno, cuando todos regresen, tendremos tiempo de educar a esos dos alcornoques – Ginny insistió en su regreso una vez más, intentando tranquilizarse.
- Sí, cuando regresen – la castaña la cogió de la mano y ambas se reconfortaron con su mutuo contacto, volviendo a quedar en silencio.
~~O&o&O~~
Acababa de sonar la media noche en el solitario reloj de la villa, cuando Harry se adentró de nuevo en la cueva que casi había arrebatado su vida y la de todos sus compañeros, hacía tan sólo unos pocos días. Aunque el acceso no era el mismo que todos ellos habían empleado durante la ocasión anterior – en este caso Oswal le había indicado la entrada que él mismo usó aquel fatídico día para encontrarlos y ayudarles a escapar, transformado en lobo, de la emboscada que Campbell les había preparado – el Subjefe del Cuartel General de Auores no pudo evitar que una sensación claustrofóbica ahogara su garganta. Sabía que Campbell los estaría esperando de nuevo, pero estaba seguro de que, en esta ocasión, no era una trampa oculta lo que debía temer, sino al furor destructivo de la propia bestia.
Completamente concentrado en su misión, se afanó por hallar una leve oquedad en la pared situada a su izquierda, a quince metros de la entrada de la cueva, según se iba adentrando en ella. "Un pequeño hueco a la altura de tus hombros y no más grande que la huella de un dedo pulgar" – Oswal le había detallado con voz débil, aún convaleciente de sus heridas. No quería alertar a Campbell de su presencia antes de tiempo, así que avanzó en la penumbra de la noche, a tientas, mientras palpaba la pared situada a su izquierda con obsesiva insistencia. Calculó que había avanzado doce metros, y aún no había hallado nada parecido a lo que Oswal le había descrito. Trece metros… nada. Catorce metros… nada. Quince metros… absolutamente nada. Desvió su mano arriba y abajo, desesperado; sabía que si no era capaz de encontrar la entrada al escondite de la bestia rápidamente, Edward moriría. Cuando ya estaba apunto de seguir avanzando, sus dedos rozaron lo que parecía una pequeña depresión en la piedra, demasiado perfecta como para ser atribuida a la erosión. Con el corazón en el estómago, hizo que su dedo pulgar presionara con fuerza sobre el fondo del agujero. Inmediatamente después, el lento y pesado sonido de la roca maciza desplazándose sobre sí misma lo alertó de que había dado en el blanco, pero también de que Campbell estaría preparado para recibirle; a pesar de que era evidente que el ruido estaba siendo en gran parte amortiguado por la magia, no alcanzaba a ser lo suficientemente silencioso como para no alertar a sus ocupantes de una inminente llegada.
"Buena jugada" – Harry hubo de reconocer, y él mismo se preparó para el inevitable encuentro.
Cuando la piedra hubo rodado sobre sí misma por completo, un pequeño pasadizo fue revelado delante de él, levemente iluminado por algún tipo de moho adherido a la roca; inmediatamente, la humedad se pego a su cuerpo como una segunda piel, y el olor a rancio golpeó sus fosas nasales sin piedad. Una inesperada sensación de familiaridad le recorrió cada músculo, cada hueso, cada nervio y cada gota de sangre, y tuvo que armarse de todo el autocontrol que poseía para no dejarse arrastrar por su estremecida mente a otro momento y a otro lugar… donde Él reinó a sus anchas, acomodado en su imperio de terror. Aún allí podía palparse su maldad, su corrompida mente… Sin duda, Voldemort había creado, a su imagen y semejanza, toda la podredumbre, tanto física como mental, con la que iba a encontrarse a partir de ahora, así que dispuso su propia mente en contra de la debilitante influencia que pudiesen causarle los recuerdos, aún sangrantes. Nada de lo que encontrara en aquel lugar iba a sorprenderle; ya no.
Mantuvo bien oculta su varita, sujeta a su antebrazo por un ingenioso mecanismo que él mismo había diseñado tras graduarse en la Academia de Aurores, y recorrió el corredor con paso firme, dispuesto a dar la cara. Él no tenía absolutamente nada que ocultar, pero quería aparentar haber llegado desarmado, o con la guardia baja; pues aquello le haría ganar precioso tiempo, que poder emplear para salvar al cautivo.
A pesar de la tenue luz que le había acompañado a lo largo de aquel tétrico pasillo, cuando este desembocó en una amplia y profunda cueva, mejor iluminada, Harry se vio obligado a entornar los ojos hasta que su visión fue capaz de adaptarse a las nuevas circunstancias. Antes de adentrarse en ella, el auror se dedicó a pasear una rápida e inquisitiva mirada a su alrededor. Aunque lo esperaba, no pudo evitar que aquello que vio le encogiera el corazón: directamente frente a él, inmensas mesas de trabajo se alineaban una tras otra, plagadas de extrañas "herramientas", algunas de las cuales Harry tan sólo pudo identificar gracias a libros muggles que habían caído en sus manos cuando era pequeño, gracias a su inagotable curiosidad; otras, sin duda, aparecían en los libros de texto usados en la asignatura Defensa Contra las Artes Oscuras, impartida en Hogwarts. Todos ellos eran elementos de tortura, seguramente empleados también para la experimentación. Inmensos manchones de un rojo férreo y reseco plagaban tanto las mesas como las herramientas, que jamás nadie se había tomado la molestia de limpiar, y que los años habían hecho formar parte del macabro lugar, como un elemento más del infierno que se dibujaba allá donde la vista pudiese ser capaz de abarcar. A ambos lados, grandes y recias jaulas de hierro yacían tiradas sobre el suelo, sin orden ni concierto; jirones de lo que parecía vetusta tela aún pendían de algunas de ellas. Harry, llevado por la ira y la indignación, imaginó qué hubo pegado a esa tela desgarrada en otro tiempo: carne, sangre, huesos, vida, esperanza… Esos huesos que pudo hallar, tras una leve mirada al suelo, desparramando, acusadores, su blanquecina y descarnada verdad. Todo allí olía a odio y a muerte, y Harry, a pesar del inmenso valor y entereza que siempre le habían caracterizado, por un momento hubo de cogerse a la pared, sintiendo un vahído plagado de angustia.
"Ya no puede hacernos daño" – se obligó a recordar, sintiendo que su corazón, aún herido, hacía piña con todas aquellas vidas segadas que, en otro tiempo más piadoso y demasiado lejano ya, hubieron dado alegría a aquellos despojos, que nadie había tenido ni siquiera la decencia de enterrar.
Respiró hondo con todas sus fuerzas y echó a andar; todavía no había encontrado ni rastro de Edward ni de Campbell, y debía hacerlo con urgencia. Se abrió paso, asqueado, entre todas las mesas, entre todos los restos… hasta verse obligado a detenerse: una abrupta y profunda grieta, que cruzaba la estancia de forma transversal cual una profunda herida, hundía la oscuridad hacia las profundidades de la Tierra. ¿Cuántos cuerpos más habrían sido arrojados allí? Supo que aquel no era momento para pensarlo. En cambio, elevó la vista a las alturas, en busca de un modo de cruzar aquel escollo sin verse obligado a utilizar la magia todavía; quería guardar sus mejores bazas hasta el final.
Aquello que vio puso todos sus nervios en tensión: colgando del alto techo de la cueva, por gruesas argollas suspendidas de aún más gruesas cuerdas, sujetada cada una de ellas, a su vez, por otras dos recias argollas ancladas al techo de roca, pendían varias jaulas de negro metal, tales como las que se había encontrado al hacer un primer escrutinio de la cueva; todas ellas preparadas para desplomarse en caída libre por aquella grieta de negrura interminable, para ser tragadas por el olvido más profundo, por la nada más absoluta. Y en una de ellas, la más céntrica de todas, una figura humana yacía, acurrucada en una esquina, temblando por el más puro terror. Harry no necesitó averiguar de quién se trataba: acababa de encontrar al desdichado Edward. Y si el chico estaba allí, Campbell no podía hallarse lejos.
- ¿Estás bien? – preguntó al aterrado chico a voz en grito, sin preocuparse por ser descubierto. De hecho, sabía que ya lo había sido desde su irrupción en aquel lugar, y contaba con ello.
- S-sí – oyó la temerosa voz de Edward, quien no osó mover un músculo siquiera, bloqueado por la imagen de la desastrosa caída que le acechaba. – E-Él está aquí, Harry – aún así se atrevió a advertirle.
- Lo sé – el moreno respondió con voz calmada. – Jamás pierdas la esperanza.
Miró a su alrededor, desafiante.
- Te agradecería que te muestres en una forma capaz de mantener una conversación civilizada – alzó la voz, demandando la presencia de Ben; era perfectamente capaz de sentir su ida mirada clavada en su cogote.
- Si es eso lo que quieres… - escuchó al otro lado de la grieta.
Aguzando sus sentidos y halló por fin al oscuro hombre, quien caminó hasta colocarse justo frente a él, del otro lado, encogiéndose de hombros.
– No eres tú a quien esperaba, sino a Carmichael; para eso le dejé vivir. Él debe traerme a Aby, y después morir a mis manos. Así debe ser.
- Bueno… no se puede tener todo aquello que se quiere, en esta vida – Harry respondió con una sonrisa, sin dar muestras de inmutarse.
El otro soltó una sonora carcajada, visiblemente divertido.
- Sin duda, eres extraordinario, Harry, y muy molesto también – en la mirada de Campbell apareció una profunda amenaza. – Vete, y dile a Oswal que venga y que me traiga a la chica, o este desgraciado morirá.
- Sabes que piensas matar a Edward de todos modos, así que puedes decirme a mí lo que quieres decirle a él.
- Cierto. Pero no puedo hacerte sufrir a ti lo que él debe sufrir. Eso no… me resultaría útil.
- ¿Puedo llevarme a Edward, si te doy mi palabra de hacer venir a Carmichael? – Harry ofreció, sin abandonar su postura tranquila.
- ¡Oh, no! – el otro respondió, jocoso. – Este muchachito también debe pagar su penitencia.
Harry negó con la cabeza, con tristeza.
- Ni Oswal ni Edward tienen la culpa de que Romilda no te ame, Ben; ni Aby tampoco. ¿Por qué, simplemente, no aceptas la realidad? Sé lo que Voldemort hizo contigo, pero juntos hallaremos un modo de ponerle fin.
Un espantoso rugido surgió de la garganta de aquel hombre, que en cuestión de segundos se había convertido en una bestia descomunal, iracunda y sedienta de sangre. Harry dio un paso atrás de forma involuntaria, atónito. Aquel monstruoso animal no tenía absolutamente nada que ver con el enorme lobo en que podía convertirse Carmichael, a pesar de serlo también. Y la muerte que podía leerse en sus ojos dejaba bien claro cómo pretendía que fuese a acabar todo aquello. A marchas forzadas, intentó recordar qué le había contado Oswal al respecto: "Arráncale la gema" - le había insistido una y otra vez – "Forma parte de su cuerpo" – declaró, antes de sumirse de nuevo en la inconsciencia. En aquel entonces, se había preguntado qué demonios era aquello de la gema, pero ahora la verdad se revelaba claramente ante sus propios ojos: una enorme esmeralda verde, que debía ser más grande que el tamaño de su puño, refulgía en todo su esplendor, incrustada en el pecho de la extraña bestia; al fijarse más en ella, notó que emitía destellos de distinta intensidad, cual latidos regulares de un corazón expuesto. ¿Podía ser aquello el centro de su fuerza? ¿Eso había querido decir Oswal en su delirio? De todos modos, fuese así o no lo fuese, no iba a resultar tan fácil arrancarla de su pecho.
- ¿Qué sabrás tú del impagable regalo que El Señor Oscuro me dio al otorgarme este visionario poder? – el animal rugió de nuevo.
Harry quedó anonadado; había esperado que Cambell, al igual que Carmichael, perdiese la mayor parte de su humanidad, incluida el habla, al asumir su transformación en bestia. Pero no había sido así, en absoluto.
- ¿Qué, te sorprende? – una voz profunda volvió a surgir de la garganta del animal, arrogante. – Él no es más que un proyecto inacabado. No puedes imaginar cuánto me he estado divirtiendo durante todos estos años, haciéndole creer que podía detenerme. Si no he matado a todas esas chicas, y le he permitido asustarlas para que se fuesen corriendo como tontas ovejitas, ha sido para hacer más dulce mi venganza. Ha sido genial permitir que se confíe, sólo para caer después sobre él con toda la fuerza de mi furia. Él nunca ha valorado el inmenso don que Voldemort le dio; ya sólo por eso, merece la muerte.
- Voldemort no era más que un demente, y lo sabes – Harry declaró, con todo el desprecio que pudo imprimir en su voz.
- ¡Era un privilegiado! ¡Un visionario! ¡Él entendía la necesidad de vengarse de un mundo cruel e injusto que le había despreciado! ¡La grandeza que hay en ello! – el engendro afirmó con pasión.
- ¡Campbell, por amor de Merlín! – el auror apeló a aquella humanidad que debía esforzarse en imaginar, a pesar de estarle escuchando, o quizá precisamente por ello. - ¿Qué grandeza hay en dañar a aquellos a quienes se ama, por mucho que sus actos nos hayan causado dolor? Por amor, se hace feliz a la persona a quien se ama, no se la sume en la desgracia. Sabes perfectamente que Aby sufrirá terriblemente si tú dañas a Edward. Permite que él se marche, te lo ruego, si realmente la amas. Aby no es Romilda, y nunca lo será; no le hagas pagar a ella por un mal que crees que su madre cometió.
- ¿Que creo? ¡Ella me amaba a mí! ¡Y sin embargo me abandonó para caer en brazos de Carmichael, y luego de ese pusilánime de Carlyle! ¡Debe pagar por ello! – calló por un momento para tomar aire en sus pulmones acelerados por los nervios. – Pero aún no es tarde para Aby, ella es pura todavía, no ha sido corrompida por ningún hombre, y no permitiré que lo sea. Por ello, Edward debe morir, y después, tarde o temprano ella le olvidará; tiene que olvidarle.
Harry sonrió con amargura.
- ¿Al igual que tú has olvidado a Romilda, o que yo olvidaré a Ginny, por mucho que ellas nos hayan rechazado y por mucho tiempo que pase? No me hagas reír… No se puede olvidar, cuando se ama de verdad.
Por un momento el reverendo alzó una ceja, suspicaz, sorprendido por la noticia que Harry acababa de darle, a conciencia, sobre su separación de la pelirroja. Aunque en ningún momento bajó la guardia. Mientras, Harry no dejaba de darle vueltas a cómo hacerse con aquella espantosa gema, para despojar de sus poderes a la bestia, que comenzaba a perder la paciencia y a imponerse definitivamente sobre el hombre.
- Campbell, por favor… vamos… dale un respiro – señaló a Edward con lástima; - no es más que un chaval…
- Hay chavales capaces de derrotar al mismísimo Señor Oscuro – el otro respondió con sorna. – Yo no cometeré el error de subestimar a ninguno de ellos. Sé que si le dejo marchar, él volverá con ella, y ella le aceptará; que para ella, en este mundo injusto no existirá nadie más que él. Eres demasiado observador, Harry, todo un incordio…Odio a este miserable, no desde que me di cuenta de cómo mira a Aby, sino desde que pude ver cómo ella lo mira a él… Del modo en que debería mirarme a mí. Muerto el perro, se acabó la rabia – concluyó, y la bestia se encogió de hombros en un movimiento extraño, como si lo que acababa de decir fuese la única opción posible.
- ¡No puedo creer lo que acabo de escuchar! ¿Y tú te llamas reverendo?
- ¡No me mires con esa cara de asco! ¡Yo no soy reverendo porque quiera serlo, sino porque me obligaron! ¡Yo debí haberme casado con ella! ¡Aby tendría que haber sido mi hija! ¡Maldita sea! – gritó al mundo, perdiendo los nervios y con el rostro lleno de ira, como si este pudiese oírle y debiese pagar sus culpas. - ¡Ahora será mi mujer!
Harry, con los ojos fijos en él, guardó silencio, invitándole a explicarse, ya que creía firmemente que podría ganar con ello el tiempo que tanto le faltaba.
- Romilda y yo siempre nos quisimos, desde niños; todo el pueblo lo sabía – comenzó a relatar su historia, haciendo un gran esfuerzo por serenarse lo suficiente como para poder hacerlo. – Crecimos juntos, y nos prometimos que en cuanto ambos tuviésemos edad suficiente, nos casaríamos.
- ¿Por qué no lo hicisteis, entonces? ¿Qué sucedió? – Harry preguntó con sencillez.
- Mi padre; eso es lo que sucedió. Para mi desgracia, yo era el menor de dos hermanos y mi padre, con esa mentalidad retrógrada y pueblerina que le caracterizó hasta el mismísimo momento de su muerte, y con la intención de conservar íntegro el patrimonio de la familia Campbell, nombró a mi hermano heredero de todos los bienes familiares, cuando este alcanzó la mayoría de edad, y a cambio, a mí me "donó" a la Iglesia, para que se encargasen de mi futuro – relató con voz ardiente por la ira, al recordarlo.
- Hasta ahí puedo comprender lo sucedido – Harry afirmó. – Ese modo de pensar, triste herencia de siglos pasados, era muy común hasta no hace tantos años. – Pero no veo porqué debes echar la culpa a los demás de todo lo que tú has vivido después; si tanto amabas a Romilda como dices que lo hacías, pudiste haber renunciado a todo, incluso a tu apellido familiar, por estar con ella. No tienes un pelo de tonto, así que no te habría faltado trabajo.
Airado y aún convertido en bestia, para mayor desesperación de Harry, Campbell lanzó , con toda su rabia, un hechizo "Alohomora" contra la jaula donde Edward seguía retenidom escuchando en un lastimero silencio. Inmediatamente, los barrotes que habían servido como suelo de la jaula cedieron y se precipitaron al vacío, quedando colgados tan sólo por sus endebles bisagras. Edward emitió un grito aterrorizado, y lo único que le salvó, por el momento, de precipitarse también al profundo agujero, fue que se había estado agarrando a los barrotes de una de las paredes con la inmensa fuerza nacida del miedo que sentía.
Harry sabía que el tiempo se acababa; debía actuar de inmediato, o el chico moriría.
- ¿Tú qué sabrás, niñato malcriado? – escuchó la voz, cada vez más animal, de la inmunda bestia. - ¡Entonces yo no tenía más que trece años! ¡Tan sólo era un niño!
- Yo tan sólo era un niño cuando tu adorado Señor Oscuro se deshizo de mis padres – él contraatacó, intentando distraerle. - Según tú, ¿debería vivir el resto de mi vida amargado por eso, por mucho que me siga doliendo hasta que muera? Ni siquiera soy capaz de recordarles, si no fuese por las fotos de ellos que otros me han enseñado. En demasiadas ocasiones, la vida no es justa, pero esas injusticias no nos otorgan permiso para pagar nuestras desdichas con nadie, y mucho menos con las personas a quienes más queremos. Te lo repito una vez más: si dañas a Edward, Aby sufrirá. Y Romilda sufrirá por ver sufrir a su querida hija. ¿Es eso lo que quieres?
- ¡Yo sólo quiero ser feliz de una puta vez en esta vida! ¿Es eso tanto pedir?
- ¡Sí, si es lo único que no puedes conseguir! ¡Madura de una vez, joder! ¡Aprender a ser feliz viendo cómo son felices aquellos a quienes quieres! ¡Y si no, regala esa felicidad que no puedes lograr par ti! ¡No muerte! ¡Eso sí puedes hacerlo!
- Mírame a los ojos: eso servirá para ti, Potter; no para mí.
"Mírame a los ojos… mírame a los ojos…" – alguien le había dicho algo parecido, no hacía mucho. "Mira también en mis ojos…". De pronto, Harry comprendió.
- ¡Edward, sujétate más fuerte! – Harry ordenó al aterrorizado chico, a voz en grito. - ¡Pase lo que pase!
Después, raudo como el rayo, el auror hizo que su varita se deslizara desde su antebrazo hacia su mano, y sin dar tiempo al otro de reaccionar con la suficiente rapidez, lanzó un rayo hacia la argolla más alejada de él, de las dos que sostenían la jaula ocupada por Edward, y esta estalló en mil pedazos, haciendo que la cuerda se soltase de un lado; inmediatamente, la jaula se deslizó por la cuerda, con velocidad de vértigo, hacia el lado de la sima donde se encontraba Harry, y el chico se abalanzó en caída libre, agarrado a ella como si no sólo su vida, sino también su alma, le fuesen en ello.
- ¡Suéltate!¡Ahora! – Harry le ordenó, un instante después.
Edward tenía bien claro que la única posibilidad que le quedaba para salir con vida de todo aquel desastre dependía tan sólo de confiar en Harry a pies juntillas, así que no pensó en las posibles consecuencias de lo que iba a hacer, y se soltó hacia el vacío, tal y como el auror le había ordenado.
- ¡Ascendio! – el adolescente escuchó gritar, e inmediatamente dejó de caer, y fue lanzado con fuerza a espaldas de Harry. -¡Aresto Momentum! – oyó de nuevo, antes de que su cuerpo comenzase a acercarse hacia el suelo de la cueva con el aparente peso de una pluma. Pero de pronto, recorrió el escaso metro que le quedaba con demasiada rapidez, para chocarse de frente con el duro suelo, emitiendo un ruido sordo.
Hubo de tomarse un par de segundos para reponerse del brutal impacto recibido, y cuando lo hizo, se dio cuenta de que la bestia había tomado totalmente el control sobre el humano que había sido Campbell, había cubierto los cinco metros que lo separaban de Harry con total facilidad, y se había abalanzado sobre él, sus babeantes fauces en busca del cuello desprotegido del auror, que se debatía entre sus garras con todo lo que lograba hallar a su alcance.
Edward se puso en pie, tambaleante, e intentó correr hasta ellos, pero la estrangulada voz de Harry lo detuvo.
- ¡Busca a los demás! ¡Vamos! – le ordenó, él también con voz rugiente por el titánico esfuerzo que estaba empleando para contener al demoníaco animal. - ¡Y después lárgate!
- ¡Harry! – negó por un momento, incapaz de abandonarle.
- ¡Hazlo! ¡Maldita sea!
La sangre manaba desde uno de los hombros de Harry, allí donde las bestiales fauces del animal lo habían alcanzado en uno de sus contundentes mordiscos; el cuello había quedado cerca. La cabeza del moreno golpeó con fuerza contra el suelo, haciéndole sentir que su vista comenzaba a nublarse. No podía permitirse desmayarse – se obligó a pensar, lleno de rabia - no podía abandonar, no podía morir… aún no.
Por fin, Edward, sabiendo que él solo no podría hacer nada para salvarle, corrió fuera de la cueva como alma que lleva el diablo.
COMENTARIOS DE LA AUTORA:
Hola a todos. Aquí nos encontramos de nuevo, se supone que celebrando el día del trabajo (al menos en España, donde demasiada gente tiene muy poco que celebrar en este día; totalmente lamentable) y qué mejor que celebrar tener trabajo que con una actualización, otra forma de trabajar, pero muy satisfactoria para mí.
Siento que este capítulo se haya alargado demasiado, pero necesitaba alcanzar el momento del fic donde lo he terminado, para que el próximo capítulo pueda centrarse en las explicaciones que quedan por dar (que no serán las que Ginny y Harry se deben, ni mucho menos) y dejar zanjado el argumento de Hope Avery para centrarme, ya de lleno, en los problemas de pareja de todos los personajes.
Una vez más, y nunca me cansaré de hacerlo, agradezco todos los reviews recibidos al capítulo anterior y todas las ocasiones en que alguno de los lectores ha añadido esta historia a sus favoritas. He recibido un review de jeimi, que no he podido responder por no tener a dónde enviar mi respuesta, que necesito comentar:
Yo no creo que sea triste que tenga varios fics por terminar; lo sería si yo jamás fuera a darles fin, pero ese no es el caso, en absoluto. Todos serán concluídos, uno por uno, y tarde lo que tarde en conseguirlo. Si últimamente no he actualizado "Sólo tú eres mi destino" es porque me he centrado totalmente en desarrollar este fic y otro que llevo entre manos sobre el manga y anime Fairy Tail. Y otro motivo de ello, un poco más oculto, quizá, es que desde hace tiempo no me siento arropada por los lectores, cuando lo actualizo. Así que, como he visto poco interés en que continúe, he decidido centrarme por el momento en proyectos que... digamos... me apetecen más, para regresar a él cuando los haya terminado. Puedo parecer dura o injusta con lo que voy a decir ahora, pero debo recordar a esos lectores que de vez en cuando, casi me "exigen" que actualice más seguido o que continúe tal o cual fic, que para mí, al igual que para la mayoría de escritores amateur que pueblan esta comunidad de fanfiction, escribir no es más que un hobbie que, ni me permite pagar facturas, ni da de comer a mi familia ni a mí. Por ello, mi prioridad absoluta va a ser siempre mi familia, después mi trabajo, y cuando me quede un poquito de tiempo libre y tengo ganas, escribir lo que me guste y me apetezca, primero para mí misma, y después para seguir en contacto con gente tan maravillosa como aquella que me sigue y me bendice capítulo a capítulo con sus reviews. Huelga decir que cuantos más reviews recibe una de mis historias publicadas en concreto, más incentivos tengo para darle prioridad. Los escritores también tenemos derecho a ser un poquito egoístas, jeje.
Para concluir con mi respuesta, ofrezco a jeimi que si quiere que yo le resuelva alguna duda o responda a alguna pregunta que se esté haciendo sobre "Sólo tú eres mi destino", que no tiene más que enviarme un mensaje privado, incluyendo alguna dirección a la que responder, y todas sus dudas se verán resueltas (sin demasiados spoiler de por medio, jeje).
Me despido ya, deseándoos a todos que estéis pasando un día genial, y prometiéndoos que volveremos a encontrarnos en este fic muuuuy pronto.
Con cariño.
Rose.
