Los personajes de CC no me pertenecen – etc. etc...

Gracias por seguir mi historia: Luna chiba, Angelica8570, Carmen Núñez, AngieArdley, Fersita92, Alex de Andrew

A mis bellas amigas AnaEdith, Faby Andley, Chiquita Andrew, Clau Ardley, Gatita Andrew, Blackcat 2010, Friditas, Lady susi, Amigocha, ashura21 , Lu de Andrew, Paloma, lady Angel, Stear's Girl, Vere Canedo, sayuri1707, Adventure Sam, Jenny, Ran 1982, lady angel, Erika de Andrew, Maxima, Rebeca, Yiyi, Josie, Carmen Tiza, bowerslittlegirl, Noemi Cullen, Litzy, Lady Lyuva Sol, Serena Candy Andrew Graham, Angdl, Guest y Yuukychan– por todos sus bellos comentarios, ideas y más que todo por seguir leyendo mis locuras….

Capitulo 14 – Encuentros II

Anochecer - 20 de Mayo, 1915 – Rockstown, Estados Unidos

"Siento mucho haberme marchado sin avisarte… perdóname mamá" sollozo Terry, aferrado a los brazos de su madre, "no quise preocuparte y después que los días pasaron no sabía que decir ni la mejor manera de explicarte todo… lo siento mucho."

Eleonor Baker jamás había escuchado una palabra de disculpa proveniente de los labios de su hijo, mucho menos una disculpa dirigida a ella. Tomando el rostro de Terry en sus delicadas manos enguantadas, su mirada azul cobalto se clavo en los ojos de su amado hijo mientras sus dedos tiernamente limpiaban las lágrimas que resbalaban en las mejillas del joven actor. "Discúlpame tu, cariño, por no estar a tu lado cuando más me necesitabas…si hubiera estado en Nueva York cuando dejaste a Susana… tal vez yo podría haber evitado todo esto…"

Terry esbozo una leve sonrisa en su rostro cansado. A pesar de ser un hombre adulto, su madre jamás desistiría querer protegerlo como que aun fuera un chiquillo. "No lo creo mamá… ahora entiendo que yo soy responsable por todas mis malas decisiones y las consecuencias a las que ellas me llevaron." Terry tomo delicadamente las manos de su madre, apartándolas de su rostro.

Caminando lentamente a través de la pequeña habitación, Terry corrió sus dedos por su sedosa cabellera castaña con un aire cansado. Esta noche en el escenario había sido una experiencia catártica para él, pero a pesar que su espíritu se encontraba más despejado y libre de una carga monumental, su cuerpo todavía estaba sufriendo los efectos del abuso continuo que había soportado durante semanas.

"Yo nunca debería haber dejado a Candy," conjeturó el joven con pesar en su voz, tomando asiento en su vestidor, observando la fatiga evidente en el semblante frente a su espejo, "y reconozco que tendría que haber sido honesto con Susana sobre mis sentimientos desde el principio. Cuando Susana me dijo que le había mentido a Candy y le impidió verme en Chicago, yo no hice nada, porque en una estúpida parte dentro de mí me sentí muy halagado de que ella demostrara cierto interés. No la animé, pero tampoco la disuadí directamente en su intención de cautivar mi atención y eso fue muy incorrecto de mi parte."

Eleonor miraba con cautela la imagen de su hijo reflejada en el espejo. Parecía que Terry había madurado mucho en las semanas de su auto aislamiento, pero el dolor agobiador que acarreaba desde su niñez todavía surcaba sus ojos color azul-gris. Cada día que paso buscándolo fue una tortura en vida para Eleonor y, ahora que tenía a su hijo frente a ella, no sabía cómo ayudarlo a sanar ese sufrimiento que marcaba los rasgos de Terry.

Eleonor no deseaba causar más dolor al pobre muchacho, pero escuchando las palabras de su hijo, ella percibió que esta conversación, por más dolorosa que fuese para ambos, era precisamente el tipo de diálogo que Terry necesitaba para finalmente sanar las llagas cubriendo su corazón y lograr seguir adelante con su vida. Eleonor silenciosamente se dirigió a una silla situada cerca de la puerta y se dispuso a escuchar a su hijo sin interrumpir.

"Por mucho tiempo culpé a todo el mundo por mis malas decisiones: estúpidamente culpé a Susana por forzarme a estar con ella y la use como un excusa perfecta para beber. Incluso creo que en una pequeña parte de mi corazón culpé a Candy por marcharse sin mirar atrás a pesar que yo no le di otra opción. Culpé a mi padre por la frialdad entre nosotros, sin darme cuenta de que tal vez él no sabe cómo actuar de una forma diferente debido a su rango y costumbres. Y a ti te culpé también por dejarme con él, no comprendiendo que tú no podías llevarme contigo a tu lado aun si eso era lo que más querías hacer en esos tiempos. Ese hecho no significa que no me amabas, igual que la falta de Candy en mi vida no significa que yo he dejado de amarla."

Los ojos de Eleonor brillaban con lágrimas al borde de ser derramadas mientras escuchaba las palabras cuidadosas de su hijo. Parecía tranquilo y sereno, pero su voz temblaba por las emociones que había mantenido ocultas durante mucho tiempo y ahora alcanzaban la libertad.

Apoyando sus codos en el vestidor Terry enterró sus dedos a través de su cabello, manteniéndose cabizbajo, pues era incapaz de mirar directamente los ojos de su madre aun a través del reflejo en el espejo. Estaba a punto de dejar su alma al descubierto y temía que sus viejos miedos e inseguridades llegaran a resurgir para robarle la oportunidad de ser completamente sincero con su madre. Hizo una pauta momentánea, y respirando profundamente, continuó con una nueva determinación

"Y sabes lo que me di cuenta hoy, mamá?" pregunto Terry casi jadeante, tratando de alguna manera mantener su compostura, "En ese escenario desvencijado descubrí que mientras yo estaba tan ocupado apuntando a los demás con un dedo acusador, los otros tres dedos estaban apuntando directamente hacia mí. Ahora me di cuenta que YO no hice nada… No trate de levantarme y seguir adelante... Nunca hice algo para cambiar o cuestionar la situación. Decía amar a Candy y ni siquiera tuve el coraje de relatar lo sucedido, se suponía que ella estaba ahí Nueva York para nunca alejarse de mi lado y yo no le di la oportunidad de opinar acerca de nuestro futuro. La deje ir, mejor dicho la empuje, y me dije a mi mismo que esa fue su decisión, no la mía. Fui un cobarde completo, Eleonor. Y bueno, para colmo tampoco fui honesto con Susana, ni siquiera trate de encontrar una solución al dilema que el accidente causo que fuera aceptable para ambos. Con mi silencio la engañé a ella y me engañé a mí mismo. Supuse que mi obvio desprecio le daría a entender que no la amaba y que tal vez de esa manera finalmente se fastidiaría, dejándome en paz. No contaba con su obstinación ni con el daño o el precio de esa farsa para ambos. Fue más fácil para mí creer ser la víctima en esa situación y actuar como tal que luchar por lo que yo deseaba."

Tan sólo al oír esas palabras saliendo de su boca, Terry sintió que su corazón estaba finalmente libre de todo rasgo de resentimiento que había albergado injustamente contra las personas íntimamente involucradas en su vida. Nuevamente se sentía responsable de su destino y capitán de su propio futuro; por primera vez desde que se embarcó en Inglaterra buscando una nueva identidad lejos del nombre Grandchester, Terry estaba en paz.

Eleonor permanecía inmóvil en su asiento, lagrimas mudas corriendo ya libremente sobre su rostro, conmovida hasta lo más profundo de su ser por las palabras que emanan de los labios de su hijo. Nunca había oído una confesión tan sincera de un hombre, ni siquiera de su único gran amor Richard, y ahora era su hijo el hombre que exponía su corazón adolorido ante ella, ofreciendo una profunda disculpa mientras sus propias heridas sangraban copiosamente. Terry sanaría, estaba segura de ello. Haría todo que estuviera en su poder para asegurarse de que él fuera un hombre completo otra vez.

Terry sabía que su confesión estaba incompleta. Es cierto que la niebla que había cubierto su corazón como una manta se había esfumado, pero todavía tenía una cosa más que declarar y necesitaba hacerlo cara a cara, como hombre. Girando lentamente de su asiento y tomando una bocanada de aire, fijó su férrea mirada sobre su madre, la mujer que le dio vida pero que había sido incapaz de criarlo como mucho lo deseó por las circunstancias del pasado.

"Con respecto a mi padre, nunca he intentado hablar con él y entender la naturaleza de su dolor," declaro con ojos entristecidos, "mi padre ahora es un hombre frío y amargo porque también tuvo que renunciar a la persona que más amaba en el mundo: tu. Ahora comprendo su impotencia y frustración personal pues él también fue atrapado no por un accidente pero por su linaje y obligaciones. Yo ahora tengo la oportunidad de nuevamente seguir adelante con mi vida; mi padre nunca tuvo la opción de hacer lo mismo y es posible que jamás la tendrá. No podía amarme cono yo lo deseaba porque el amor dejo su corazón con tu partida. Me cuidaba y me dio una buena educación pero él no podía darme más."

Eleonor se estremeció al solo pensar en su adorado Terry, viviendo el mismo tormento vacío que Richard vivía en ese matrimonio arreglado sin amor. No, Terry merecía algo mejor, alguien en su familia tendría la oportunidad de alcanzar sus sueños y llevar una vida buena siendo dichosamente feliz. Ella había sacrificado todo por perseguir un amor imposible, y como recompensa no recibió nada a cambio aparte de pesar y dolor. Su hijo Terry era la única evidencia física de los buenos recuerdos y de que hubo una vez un amor tan fuerte en su vida que consumió todos los prejuicios y recelos de aquella época. Él era el fruto de un amor últimamente trágico, pero tan deslumbrante como la luz del sol. Eleonor estaba dispuesta a luchar con dientes y garras para que su único hijo alcanzara la felicidad que fue negada a ella por un cruel destino gobernado por convenios arcaicos.

Terry lentamente se levantó de su asiento, y camino despacio hasta donde su madre se encontraba sentada. Arrodillándose ante ella y para el asombro de la misma, tomó una de sus manos, hablando suavemente mientras su mirada seguía fija sobre sus ojos empañados. "Y finalmente, mamá," murmuro en un susurro con el que trataba de contener la emoción de sus palabras, "nunca había tratado de entender las limitadas opciones disponibles para ti cuando estabas embarazada. Nunca pensé en tu dolor al entregarme en los brazos de mi padre. Es cierto que yo necesitaba una madre pero tú también necesitabas a tu hijo. No tuviste alguien que te llevara flores silvestres ni una tostada quemada a tu cama cada cumpleaños. No recibiste mis besos de niño ni mis lágrimas de adolescente perturbado. Incluso aun creo que no te he agradecido por permitir que nosotros nos reconectemos como madre e hijo a estas alturas, sabiendo que nuestra relación puede perjudicar tu carrera si es descubierta por el público. Te quiero mamá y necesito darte las gracias por estar aquí a mi lado en estos momentos."

La presa de emociones que Eleonor había albergado en su corazón de repente se rompió como un jarrón de cristal, derramando lágrimas sazonadas con ocultos sentimientos de alivio, arrepentimiento y aceptación. Finalmente, su hijo desataba su propio corazón, librándola de las cadenas de culpa por aquel abandono que la habían aprisionado por muchos años. Finalmente, podrían comenzar a ser sólo una madre con su hijo.

Ella estrecho a Terry en un tierno abrazo, sollozando con aquellas palabras aún flotando en el aire entre ellos. "Tú eres mi única prioridad, no mi carrera. Yo soy quien debe estar orgullosa de llamarte hijo mío, Terry. Siempre fuiste todo para mí. Aun cuando no estaba a tu lado, todo lo que hice, lo hice por ti. Pero ahora lo único que me importa es ser la madre que debería haber sido. Te apoyaré y cuidare de ti hasta que el último aliento deje mi cuerpo. Nada se interpondrá entre nosotros nunca más. Por favor, déjame ser tu madre."

Terry sonrió en los brazos de su madre aquella sonrisa sin restringir que solía esbozar cuando realmente estaba feliz. Tal vez ahora sí tendría que preocuparse, pues Eleonor deseaba ser una madre en todo el sentido de la palabra. Ya casi percibía los años que la pobre trataría de recuperar con sus cuidados y los extremos a los que ese amor que tanto deseaba demonstrar la llevaría. "Y que será de tu carrera madre? Que dirá tu público?" pregunto en un tono curioso y juguetón al notar la efusividad en las palabras de su madre.

"Me importa un rábano!" refuto con una sonrisa llorona dibujada en sus labios, "Quiero quedarme en casa, cuidando de ti. Quiero que seamos madre e hijo, al igual que debería haber sido desde el principio. No puedo cocinar pero te prometo que lo haré si eso es lo que tú quieres que haga. Me aseguraré que estés nuevamente saludable y feliz y que tu carrera este otra vez en marcha."

Esa Eleonor domestica seria toda una revelación para Terry. El joven no pudo evitar que una carcajada escapara de su boca al solo imaginar a su elegante madre con un delantal en la cocina, sus experimentos culinarios tan inesperados y desastrosos como los de su Candy.

"No te rías de mi Terry!" espeto Eleonor haciendo un pequeño puchero, a la vez divertida por las imágenes que cruzaban por su propia mente de ambos comiendo un guiso carbonizado.

"No me río de ti mamá, me río de nosotros," respondió Terry limpiando unas lagrimas de risa que resbalaban por sus mejillas mientras se apartaba un poco del regazo de su madre para capturar su mirada, "ambos tenemos que aprender nuevos papeles, no te parece? Yo estoy muy viejo para biberones y pañales, y tú eres demasiado elegante para la cocina. Qué te parece si empezamos por lo más básico? Compartiré contigo todas mis dudas y mis sueños y tú tienes derecho a darme tu opinión como mi madre. Qué te parece?"

Eleonor fue rendida sin palabras por la sabiduría de su hijo. No podían volver al pasado, sólo podrían aspirar a construir sobre lo que el momento actual les brindaba. Borró sus propias lágrimas con un pañuelo de seda, y tomando el rostro de su hijo entre sus manos enguantadas, con ternura besó sus mejillas. "Tienes razón cariño, ere todo un hombre ya pero mi prioridad siempre serás tú y tu felicidad, está bien? Y ahora que estamos sobre el tema, dime hijo, donde está tu felicidad?"

Terry cerró los ojos y suspiró, tratando de poner sus emociones en una especie de orden coherente pero sintiendo al mismo tiempo que estaba fracasando miserablemente. Había tantas cosas que necesitaba saber y hasta ahora no tenía ninguna respuesta. Esa sencilla pregunta lo había aturdido y por un momento casi pensó que no sería capaz de dar una respuesta adecuada a su madre.

"No sé si Candy y yo realmente estábamos demasiado jóvenes para tener una relación mas seria, pero en aquel entonces esa era mi intención," respondió tentativamente, tratando de olvidar por unos segundos la punzada de dolor que aun le causaba el recuerdo de aquella separación, "y ahora parece que el destino me da una nueva oportunidad para finalmente explorar si estamos predestinados a estar juntos o si lo que he llevado todo este tiempo en mi corazón no es más que la ilusión de una aventura de verano que ya paso. Quiero saber si mi felicidad todavía pertenece a su lado, mamá. Quiero regresar a Chicago para hablar con Candy. Qué te parece?"

Eleonor no desvió su mirada al responder, plenamente segura que su función como madre de ahora en adelante seria apoyar a su hijo y ayudarlo a encontrar su propio destino. "Me parece que Faby estará feliz de tenerte otra vez en Nueva York y después de un par de días de reposo puedes ir a Chicago."

"Rayos! Me olvide de Faby! Que voy a hacer con mi contrato? A propósito, como fue que me encontraste?" Terry jamás había revelado a nadie la identidad de su madre, por lo que fue aún más sorprendente para él encontrarla en su camarín.

"Tu agente es una cajita de sorpresas cariño," confesó su madre con alegría, "su padre Scott y yo somos viejos amigos. Ella siempre supo que yo era tu madre, pero su ética de trabajo impecable y discreción personal la disuadieron a decirte todo lo que sabía. Ella estaba preocupada por ti y sabía que estabas luchando contra tus propios demonios. Discretamente envió un telegrama a su padre y, ya que su padre sabía que yo te estaba buscando desesperadamente, él arregló todo para que viniera a visitarte."

Terry sonrió para sí mismo: lo sabia! Con un par de palabras su madre había confirmado lo que él ya sabía desde el primer día que se presento en la oficina de esa chica. Bajo ese exterior endurecido y ese aire de imparcialidad profesional, Faby tenía un corazón de oro. Era hermosa, inteligente y discreta. Qué joya tan rara y extraordinaria era esa chica verdaderamente. Si tan sólo su corazón no le perteneciera a otra joven igualmente maravillosa…

"Y por tu contrato no te preocupes Terry," sugirió su madre con sutileza, "Faby ya tiene otros planes para ti y ellos no incluyen un teatro ambulante cariño. Así que todo lo que tú tienes que hacer esta noche es empacar y tal vez invitar a Faby a cenar. Creo que se lo merece después de todos sus esfuerzos, aunque sería mejor esperar a que estemos de regreso en Nueva York. No creo que en este lugar tengan un restaurante en el que sirvan vino en vez de whiskey."

Terry se limito a poner los ojos en blanco y como todo el buen hijo que deseaba ser, sonrió sinceramente mientras su madre hacia castillos en el aire sobre su futuro y el viaje a Nueva York. "Candy…" pensó en sus adentros, "será que finalmente podre saborear tus labios con ternura y decirte cuanto te quiero?" Apenas escuchaba ya a su madre… sus pensamientos lo llevaron muy lejos de aquel pueblo de mala muerte, el cálido viento llevando sus susurros directamente a los brazos de una rubia ojos verdes que jamás dejo su corazón y que sería la dueña de su alma cuando la convirtiera en su esposa.

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Continuara…..

Espero no decepcionarlas con este par de capítulos acerca de Terry…. Quiero poner en contexto todo lo que él siente y su cambio para que el próximo capítulo no sea un shock completo para todas.

Este capítulo fue muy difícil y personal de escribir para mi… así que sinceramente deseo que sea de su agrado.