Disclaimer: Los personajes son de S.M, la historia es mía, y cualquier parecido con otra es mera coincidencia. Esta historia está registrada en SafeCreative, absténganse de plagios.
Summary: Bella ha vivido toda su vida rodeada de vampiros hasta que decide irse a vivir con su padre a Forks. Allí encontrará a otra familia tan extraña como la suya, y a un vampiro de pelo cobrizo con el que tendrá que lidiar. "Aquello parecía confirmar mi teoría de que leía mentes -salvo la mía. ¿No estaba acostumbrado a no saber? Esto podría ser divertido." AU EdxBe.
Capítulo 13.
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Música: Human by Rag'n'Bone Man
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Huh. Separé el teléfono de mi oreja, mirándolo ceñuda. Había dos opciones para que Dan me hubiese colgado tan bruscamente: una, había roto el móvil al apretarlo con demasiada fuerza. Dos, un meteorito le había alcanzado y se había quedado sin cobertura. Las dos eran totalmente plausibles.
Sólo tuve que esperar un minuto antes de que volviese a llamar. Mi móvil comenzó a vibrar en la mano y cogí aire antes de contestar.
-¡ISABELLA MARIE SWAN!
Ésa soy yo, pensé, mientras Dan comenzaba a gritarme como nunca antes había hecho. Incluso usaba maldiciones, algo inusual en él.
Después de unos quince minutos pegada al teléfono sin decir nada, tan solo escuchando, decidí hacerme un sándwich. Tenía bastante hambre y parecía que esto iba a durar bastante. Dejé el móvil encima de la mesita de noche y me levanté de la cama. Oh, Dios, incluso a dos metros de distancia seguía escuchando los gritos de Dan.
-Vuelvo ahora -dije, acercándome al micro, aunque pareció no escucharme pues siguió chillando.
Me encogí de hombros y bajé a la cocina. Me hice el sándwich, lo comí, lavé los platos, recogí el salón y acomodé los cojines para que no pareciese que una pareja de adolescentes hubiese estado toda la tarde besándose allí, y volví a subir.
Dan aún seguía gritando.
Por todos los demonios, mascullé para mis adentros. Esto era más grave de lo que pensaba. La factura del teléfono iba a tener proporciones épicas y tendría que darle muchas explicaciones a Renée. Tenía que evitar aquello a toda costa.
Bien, Bella, tú puedes, pensé.
Cogí el móvil, lo llevé a mi oreja y, por primera vez en mi vida, interrumpí y le grité a mi hermano.
-¡NO! ¡Escúchame tú, Dan! -chillé, consiguiendo que se callase-. Los Cullen no son peligrosos, Edward no va a hacerme daño y sí, sé lo que hago y lo que siento, no estoy confundida -cogí aire antes de añadir-. Estoy enamorada de él, Daniel.
Me senté en el borde de la cama, escuchando únicamente su respiración al otro lado de la línea.
-¿Dan? -musité. Temí que se hubiese enfadado, enfadado de verdad. Nunca habíamos estado peleados más de cinco minutos, nos era imposible. Era una de las cosas que más amaba de mi hermano. Sabía que, pasase lo que pasase, siempre podía contar con él.
Escuché cómo suspiraba, y me lo imaginé en medio del bosque, apoyado contra un árbol, frotándose los ojos.
-¿Estás segura? -preguntó.
-Sí -contesté sin dudar-. Estoy enamorada de Edward. Es... -titubeé-. Él es dulce y cariñoso. Generoso y desinteresado... pone a los demás por delante de él. Se preocupa por mí -susurré-, y me hace reír.
-Bueno, Bells, parece el chico perfecto -bromeó suavemente Dan, consiguiendo que sonriese aliviada. No estaba enfadado, él no sabía bromear cuando estaba de mal humor.
Y así recuperé a mi hermano.
-Oh, no -repliqué, riéndome-. No es perfecto, nadie lo es, ni siquiera un vampiro. Es muy, muy testarudo, mete la pata a menudo y a veces es un poco engreído, piensa que puede deslumbrarme. Pero no me importa, porque eso sólo lo hace más humano -concluí.
-Um... sigo sin estar convencido, tengo que hablar primero con él antes de dar el visto bueno y que puedas salir con él.
-¡Dan! -me reí-. Tonto, no vas a hacer eso.
-Sí que lo voy a hacer.
-No, no vas a hacer esa locura. ¿Sabes? Ya no estamos en los años cuarenta, esto es el siglo veintiuno -me burlé-. Además, tengo diecisiete y mi padre es policía, Charlie ya se encargará de interrogarle.
-Me da igual, nadie va a salir con mi Pikachu sin mi permiso -insistió como niño pequeño.
Bufé sonoramente, dejándome caer de espaldas en la cama. Sin embargo, estaba feliz. Porque Dan ya no me gritaba y, aunque pensase que estaba loca, intentaba entenderlo y apoyarme. Y sabía que, cuando el resto de mi familia se enterase, él me protegería.
Porque eso es lo que hacíamos, nos protegíamos el uno al otro.
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La voz de Charlie cantando 'Every day is just the same' me despertó. En cuanto abrí los ojos, una enorme sonrisa se extendió por mi rostro.
Por primera vez en mi vida me incorporé de golpe, eché a un lado las mantas y salí corriendo hacia el cuarto de baño para asearme, entusiasmada por ver a mi vampiro favorito. Recórcholis, en verdad estaba pillada por él, pensé con asombro, cerrando la puerta. Hasta aquel momento había sido físicamente imposible para mí levantarme de la cama sin remolonear unos cinco minutos en ella.
-Bella, ¿estás bien? -escuché a Charlie desde el piso de abajo.
-¡Sí! -chillé, abriendo el agua y ajustando la temperatura. Ducha rápida, vestirse, desayunar, lavar los dientes y Edward. No había plan mejor planeado que aquel.
-¿Estás segura? -la preocupación en su voz era tierna e irritante al mismo tiempo. Por supuesto mi padre se había fijado en que mi comportamiento no era el de siempre. La semana pasada había tenido que, literalmente, sacarme a rastras de la cama para que me levantase y fuese al instituto.
-¡Todo bien, pa! -respondí, metiéndome en el ducha-. ¡Que tengas un buen día! ¡Nos vemos en la cena!
Casi podía ver cómo entrecerraba los ojos con sospecha y torcía su bigote. Pero escuché por encima del sonido del agua cómo la puerta se abría y se cerraba, por lo que imaginé que dejaría el interrogatorio para la noche.
Salí de la ducha después de tres minutos y comencé a secarme con la toalla lo más rápido que pude. Corrí desnuda hasta mi habitación y paré en seco delante de mi armario. ¿Qué ponerme? Um... Me decidí por unos vaqueros rasgados, mis usuales convers y un jersey azul que se ajustaba a mi cuerpo y hacía que pareciese que tenía más curvas de las que en realidad poseía. Me hice una coleta rápida y agarré mi mochila y mis llaves, bajando las escaleras a todo correr.
Naturalmente, tropecé con el último escalón y caí de bruces contra el suelo, aunque sin sufrir más daños mayores que la mi dignidad destrozada. Después, casi me atraganté con los cereales y manché mi mejilla de pasta de dientes al intentar lavármelos más deprisa de lo que podía.
Maldición.Estaba frenética, pero no podía evitarlo. El entusiasmo por volver a ver a Edward corría por mi cuerpo de manera alarmante. Sentía un cosquilleo en el estómago y mi pulso estaba desbocado, mis manos me hormigueaban en anticipación por abrazarle y sentir su piel dura y fría.
¿Esto es lo que se siente al estar enamorada?, pensé, mirándome al espejo. ¿Esta necesidad? ¿Este deseo? Cada músculo de mi cuerpo vibraba, expectante por estar con él, y sabía que no lograría calmarme hasta que estuviese entre sus brazos.
Oí unos tímidos golpes en la puerta y di un respingo. Edward, fue mi único pensamiento. Bajé corriendo las escaleras y me lancé contra el picaporte. Al abrir, allí estaba, luciendo terriblemente atractivo en mi porche, con sus ojos dorados chispeantes y esa media sonrisa que iluminó su rostro nada más verme. Sentí mi sonrisa en el mío y, antes de poder contenerme, salté sobre él.
Edward me cogió y me apretó contra su cuerpo con fuerza. Yo enrollé mis brazos en su cuello, aspirando su aroma mientras sentía cada fibra de mi ser vibrar y relajarse ante su mera presencia. Estaba en casa. Él enterró su rostro en mi cuello y aspiró también, sus manos recorriendo mi espalda y jugueteando con el cabello de mi coleta, y me pregunté si también había sentido lo mismo que yo durante toda la noche. Asimismo, me maravillé por mi absoluta falta de miedo ante el hecho de que un vampiro estuviese oliendo mi cuello. Confiaba en Edward ciegamente.
Busqué sus labios sin pensarlo y le besé. Sentí mi cuerpo estallar en llamas cuando respondió, y antes de que darme cuenta Edward apoyó mi espalda contra el marco de la puerta y estaba apretada entre su cuerpo y la pared. Gemí, tirando de algunos mechones de su cabello mientras seguíamos besándonos frenéticamente.
Edward se separó después de lo que me pudieron haber sido horas, dedicándome una sonrisa.
-Buenos días -saludó, riéndose entre dientes.
-Hola -respondí como idiota, sonriendo mientras me perdía en sus ojos dorados.
-Tientas demasiado mi auto control, Bella -dijo, soltando mis piernas de su cintura y dejándome delicadamente en el suelo.
Hice un puchero en su dirección.
-¿Entonces no quieres que te salude así todas las mañanas? -pregunté de forma inocente. Rápidamente asintió con la cabeza, consiguiendo que estallase en carcajadas-. Tonto -solté, poniéndome de puntillas y dejando un casto beso en sus labios.
Gruñó cuando me alejé, y sonreí divertida mientras iba a buscar mi mochila. Edward pasó un brazo por mi cintura cuando volví y me condujo hasta su coche, abriéndome la puerta del copiloto. No pude evitar echar un vistazo alrededor, por si algún vecino había visto nuestra muestra de afecto en el porche. No me importaba que me viesen con Edward, pero no quería que Charlie se enterase por terceras personas en vez de enterarse por mí. Respiré aliviada cuando comprobé que no había nadie a la vista.
Edward rodeó el coche y se sentó detrás del volante. Yo sólo podía mirarle de forma algo embobada, la verdad. Sentía mi corazón latir rápidamente en mi pecho, y sabía que él podía oírlo. Como si leyese mis pensamientos, me dirigió una media sonrisa.
-¿Has dormido bien? -preguntó, arrancando el motor y poniendo en marcha el coche.
-Seguramente mejor que tú -bromeé, consiguiendo sacarle otra sonrisa-. Dormí bien, aunque tardé en conciliar el sueño -respondí después.
-Oh, ¿por qué? -inquirió, curioso.
-Ya sabes por qué -repliqué, picándole con el dedo-. No voy a decirlo en voz alta para aumentar tu ego, señor Cullen.
Él se rió suavemente, cogiendo mi mano y llevándola a sus labios para besar el dorso. Suspiré. Tanta dulzura iba a matarme, o a volverme diabética.
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Cuando llegamos al instituto, Edward aparcó al lado de un deportivo rojo que supuse sería de alguno de sus hermanos. Demasiado ostentoso y caro para cualquier otro chico de Forks.
-Rosalie -comentó antes de que pudiese preguntar.
Entrecerré los ojos en su dirección y pensé con todas mis fuerzas ¿Seguro que no puedes leerme la mente? En verdad lo parecía. Él me miró sin inmutarse hasta que pareció descubrir lo que estaba haciendo, y se echó a reír-. No puedo leer tu mente, Bella, pero sí tu rostro.
-Soy como un libro abierto -mascullé.
-Exacto.
Le puse mala cara pero él simplemente volvió a reírse, acariciando mi mejilla. Salí del auto sin esperar a que me abriese la puerta, había vivido diecisiete años con Dan, y él no era precisamente un caballero, estaba acostumbrada.
Incluso antes de que llegase a colocar la mochila en mi hombro ya pude escuchar los cuchicheos estallar por todos los adolescentes que se encontraban en el aparcamiento mirando. Chismosos, pensé, rodando los ojos. Y por la mueca que hizo Edward, sus pensamientos no debían de ser nada agradables. Dirigió una mirada de odio hacia un grupo de chicos, quienes rápidamente se dispersaron.
-Eh -musité, acercándome a él y cogiéndole de la mano-. Ignórales.
-Es bastante difícil cuando puedes escuchar todo lo que piensan -gruñó.
-Entonces concéntrate en mí -susurré, entrelazando nuestros dedos. Sentí cómo se relajaba inmediatamente y sus ojos se volvieron de nuevo dorados. Me miró intensamente durante unos segundos antes de sonreír.
-Gracias -dijo-. Te acompañaré a tu clase.
Caminamos juntos, cogidos de la mano hasta enfrente de mi clase de matemáticas. Realmente era la primera vez que llegaba a tiempo desde que empezó el curso, el profesor Mason se iba a quedar de piedra. Me giré hacia Edward, ignorando las múltiples miradas que sentía sobre nosotros.
-¿Te veo en el almuerzo? -pregunté en un susurro.
-Me verás siempre -fue su respuesta. Sonriendo de manera juguetona, se inclinó y me dio un beso en la mejilla.
Hice un puchero que él no vio, pues se había girado y caminaba hacia su clase. Suspiré, echando de menos sentir sus labios en los míos. Fui a sentarme a mi sitio, haciendo como si no me diese cuenta de cómo todo el mundo cuchicheaba a mis espaldas. ¿Es qué no tienen nada mejor que hacer?, pensé, molesta. Angela ya estaba en nuestra mesa y hablaba con Jessica. Corrección, escuchaba a Jessica, ya que ésta no dejaba de parlotear. Cuando me vio saltó en su sitio y se fue corriendo a su silla.
-Vale, de acuerdo, ¿qué fue lo que te ha dicho? -pregunté con dramatismo mientras me sentaba.
-Que estás saliendo con Edward Cullen porque esperas un hijo suyo -respondió divertida-. En realidad son gemelos, uno de él y el otro no se sabe quién es el padre.
-Por todos los dioses -exclamé, llevándome las manos a mi barriga completamente plana-. Ya decía yo que notaba cómo algo se movía. Pensé que simplemente tenía hambre.
Angie y yo estallamos en carcajadas, atrayendo aún más la atención. El profesor entró en aquel momento y nos echó una severa mirada, pero estaba demasiado sorprendido de verme allí como para castigarnos.
-Entonces, ¿es cierto? -me preguntó Angela en un susurro, una vez que el profesor se giró hacia la pizarra y empezó a explicar.
-¿El qué? ¿Que estoy embarazada? -me reí entre dientes sólo de pensarlo. Tener hijos no entraba dentro de mis planes para el futuro. Además, estaba bastante segura de que un vampiro no podía tener hijos.
-No, eso no -bufó ella, rodando los ojos. Me alegró saber que cada vez se parecía más a mí en ese aspecto-. ¿Estáis saliendo de verdad?
Dudé durante unos segundos sobre si contarle o no. Era mi amiga y sabía que podía confiar en ella, pero no qué pensaba Edward sobre este asunto. Aunque no habíamos hablado sobre ello, no creía que quisiese esconder lo nuestro. Demonios, no parecía que él quisiese fingir esta mañana cuando me atrapó en el porche.
-Sí, estamos juntos -respondí con una sonrisa. Ni siquiera intenté esconderla. Estaba completamente feliz.
Mi amiga murmuró un 'wow' por lo bajo y sonrió también.
-Enhorabuena, supongo -dijo, chocando su hombro con el mío-. Así que Edward Cullen, ¿huh?
-Sep.
-¿Y besa bien?
-Bah, los he conocido mejores -bromeé, dándome un golpe en la nariz. Sabía que él estaría escuchando y que esto le volvería loco. Pena que no puedas entrar en mi cabeza, Edward, me reí internamente.
-Señorita Swan, ¿le importaría atender a la clase y dejar de cotillear con la señorita Webber? -nos interrumpió entonces el profesor. Toda la clase se giró para mirarnos. Angela metió la nariz en el libro de matemáticas con las mejillas rojas. Supuse que estaría igual, pero no me acobardé.
-Señor, sí, señor -hice un saludo militar antes de abrir la libreta, coger un lápiz, y empezar a dibujar garabatos.
El profesor Mason masculló algo por lo bajo y siguió con la explicación. Angela y yo nos miramos con complicidad y sonreímos. Nuestra charla tendría que posponerse.
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Cuando salí de clase de Español junto a Angie, riéndonos de la manera en la que todo el mundo me miraba, vi a Edward apoyado contra la pared, esperándome. Le di un beso en la mejilla a mi amiga y me despedí de ella. La había invitado innumerables veces a comer con nosotros, pero él la intimidaba demasiado y Angela temía no saber de qué hablar. Me dirigí hacia Edward bajo la atenta mirada de todo el pasillo y me paré enfrente de él. Parecía enfadado.
-¿Qué ocurre? -pregunté, ladeando la cabeza inocentemente-. Luces como si hubieras escuchado algo muy desagradable.
Me dirigió una oscura mirada de vampiro. Nah, Senna asusta más.
-Eso te pasa por cotilla -le espeté, intentando esconder una sonrisa.
-¿Le parece gracioso, señorita Swan? -dijo, alzando una ceja en mi dirección.
Negué rápidamente, apretando los labios con fuerza. No te rías, Bella, sé fuerte. Edward me agarró por la cinturilla del pantalón y me atrajo hacia su pecho.
-¿Es cierto? -gruñó por lo bajo.
-¿El qué? -pregunté tontamente.
-Isabella.
Decidí que era mejor no hacerle sufrir.
-Tonto, Edward -me reí suavemente-. Ya te dije que habías sido mi primer beso, y fue perfecto.
Se relajó visiblemente, una sonrisa asomando en su boca, sus ojos volviéndose dorados de nuevo.
-¿Estabas celoso? -inquirí con curiosidad.
-Demonios si lo estaba -masculló, pasando sus brazos por mi cintura y abrazándome con fuerza.
Sentí mi corazón dar un vuelto y luego latir desenfrenadamente. Aspiré su aroma enterrando mi nariz en su cuello. No quería separarme nunca de él. Edward gruñó y me alejó delicadamente.
-Demasiados pensamientos -se disculpó-. Me vuelven loco.
-Lo siento -dije, aunque realmente no fuese mi culpa. Luego me acordé-. Por cierto, ¿no te molesta que se lo haya dicho a Angie? Lo nuestro, quiero decir. ¿O querías mantenerlo en secreto?
Edward paró mis balbuceos apoyando un dedo contra mis labios.
-No me importa, Bella -sonrió-. No quiero esconder que estamos juntos, es más, me gustaría gritarlo por todo el mundo.
Me reí de las ñoñerías que decía, a pesar de que me encantaban y me hacían estúpidamente feliz.
-Pues tengo una muy buena idea para anunciarlo -sonreí.
Sin pararme a pensar, agarré las solapas de su chaqueta y le besé. Él gimió suavemente, respondiendo con entusiasmo. Ambos ignoramos el jaleo que se armó en el pasillo. Por favor, ¿no tienen nada mejor que hacer?
-¿Te molestan? -susurré cuando nos separamos.
Edward sonrió, su rostro en paz.
-No -respondió-. Sólo puedo pensar en ti, el resto no importa.
Sentí cómo me sonrojaba ante sus palabras. Él era demasiado tierno para su propio bien, o para el de cualquiera que estuviese cerca. Iba a matarme.
-Anda, vamos a cafetería -suspiré, cogiéndole de la mano-. Me muero de hambre, aunque no quiero sonar maleducada al decir que espero que tú no.
Resopló, dándome un pequeño empujón para dejar claro que mis chistes nunca iban a hacerle gracia. Caminamos juntos hacia la cafetería, charlando sobre nuestra mañana mientras yo intentaba distraerle lo suficiente para que no escuchase los pensamientos de todo el instituto.
Cuando llegamos, fui casi corriendo a coger una bandeja y empecé a colocar comida en ella. No bromeaba al decir que tenía mucha hambre. Edward agarró una manzana y la puso junto a mi montón. Le miré con cara escéptica mientras él se reía entre dientes.
-No voy a dejar que pagues por mi comida -le advertí, sospechando del truco de 'yo también he cogido comida así que pago yo todo'. En ese aspecto Edward era muy fácil de predecir.
Hizo como si no me escuchase y le pasó un billete de veinte a la cajera cuando me encontraba distraída buscando la cartera.
-¡Cullen!
-Olvídale, es demasiado testarudo -bufó Alice, apareciendo a mi lado como por arte de magia.
-¡Ey, Allie! -la saludé con entusiasmo, dándole un beso en la mejilla.
Ella me guiñó un ojo y cogió mi bandeja.
-Alice... -gruñó Edward a mi espalda, fulminándola con la mirada. Ella le devolvió una mueca tan fiera como la suya, y tuvieron una especie de conversación silenciosa.
Les miré alternativamente, intentando averiguar de qué estarían hablando. Me rendí rápidamente. Este juego no era gracioso.
-No sé vosotros, pero yo tengo hambre -les interrumpí, tratando de recuperar mi bandeja sin éxito.
-Vamos -exclamó Alice, tendiéndome un brazo y dirigiéndome una sonrisa deslumbrante-. ¿Te unes a nosotros hoy, Bella?
¿Comer con los Cullen? ¿Con todos los Cullen? Bueno, estaba un noventa y cinco por ciento segura de que no me harían daño, tenía a Edward a mi lado y a toda la cafetería mirando. Aunque eso no era ningún impedimento para cuatro vampiros.
-Claro -sonreí sin embargo, agarrando su brazo. Edward murmuró entre dientes algo parecido a una maldición y nos siguió, cruzando la sala hacia la mesa Cullen.
-No sé cómo le aguantas -me dijo Alice en tono confidencial.
-Bueno, está callado cuando le beso -repliqué, encogiéndome de hombros.
Por supuesto, los Cullen me escucharon. Pude ver cómo Emmet se cubría la boca ante mi comentario, ahogando su estruendosa risa. Rosalie miraba ceñuda su intacta bandeja, aunque tenía una pequeña sonrisa en sus labios, y Jasper nos miraba divertido. A cada paso que dábamos, acercándonos a ellos, descubrí con fascinación que no estaba asustada.
Es más, parecía que caminaba hacia casa.
Me dejé caer en la silla con una sonrisa. Alice y Edward se sentaron cada uno a mi lado. Ella me pasó la bandeja y entonces nos quedamos en silencio. Toda la cafetería estaba en silencio. Levanté la vista y observé cómo todos los Cullen me miraban expectantes, incluido Edward. Qué gran ayuda, farfullé para mí misma.
-Bueno... -exclamé, cogiendo el tenedor y jugando con él-. Se supone que tenemos que presentarnos, ¿no? Aunque no hace falta ya que estamos ¡en un pueblo de chismosos! -grité aquello último e inmediatamente las conversaciones volvieron, mientras todo el mundo fingía hacer algo cuando en realidad estaban pendientes de nuestra conversación.
Escuché cómo mi mesa se reía.
-Demonios, me gusta esta chica -Emmet me sonrió-. Tiene el humor que a Edward le falta.
-¡Ey! -se quejó el aludido.
-¿Verdad? No tiene sentido del humor -resoplé yo.
-¡Ey! -repitió mirándome esta vez a mí-. Se supone que estás de mi parte, Bella.
-Vamos, Edward, mójate, estoy intentando caerle bien a tus hermanos -susurré en tono confidencial, inclinándome hacia él. Escuché cómo todos volvían a reírse, pero en lo único en lo que pude pensar era en como Edward sonrió y se agachó para besarme.
Estaba realmente perdida.
-Eddie, hay niños delante -exclamó Emmet con fingido horror, tapándole los ojos a Alice mientras ella le golpeaba-. Compórtate.
-No me llames Eddie -replicó él simplemente, posando su mano en mi muslo y provocando que miles de corrientes eléctricas me recorrieran entera.
-En fin -intervino Alice, ignorando a sus hermanos y girándose hacia mí-. ¿Puedo hacerte algunas preguntas?
-Claro -respondí.
-¿Tienes miedo? -preguntó. Me sobresalté cuando escuché un fuerte gruñido, y aunque en principio pensé que había sido Edward, me di cuenta de que aquel gruñido provenía de Rosalie.
Ella se veía enfadada, sus brazos cruzados y los ojos negros. Miraba con reproche a Alice mientras fruncía los labios, conteniéndose para no enseñar los dientes.
-Rosalie -le advirtió Edward con voz severa. Emmet pasó un brazo por sus hombros y la atrajo hacia él.
-Oh, supéralo, Rose -exclamó Alie, rodando los ojos-. ¿Y bien? -volvió a insistir.
Aunque no entendía muy bien lo que acababa de pasar, podía hacerme una idea de qué era lo que le molestaba tanto a Rosalie.
-No -respondí con sinceridad-. No tengo miedo.
Inmediatamente todos miraron a Jasper, quién asintió casi imperceptiblemente, y luego volvieron a girarse hacia mí. Muy sutil, bufé mentalmente. Edward me había hablado del poder de Jasper, sabía de lo que era capaz, ¿para qué preguntarme si él les podía decir mejor cómo me sentía?
Oh, no. ¡Oh, no! Jasper era capaz de saber lo que sentía. Él debía saber que estaba enamorada de Edward y éste a debía saberlo ahora porque lo habría escuchado en la cabeza de su hermano. Ug, malditos vampiros con súper poderes.
-¿Estás bien? -escuché, y la mano de Edward tocó mi rostro suavemente-. Te has puesto pálida de repente.
-Oh, sí -mentí de forma terrible, lo sabía, no servía para aquello-. Acabo de acordarme que no saqué la ropa de la secadora, es sólo eso.
Ninguno de los presentes pareció tragarse mi mentira. No podía culparles, ni siquiera yo lo hacía.
-¿Ni siquiera un poquito? -insistió Emmet, flexionando sus músculos. Me reí, negando con la cabeza, pues aquel gesto me recordaba mucho a Dan. Definitivamente ellos serían buenos amigos si llegasen a conocerse.
-¿Qué tal tu fin de semana? -preguntó Alice, ignorando a su hermano. Pude notar como Edward cambiaba de posición a mi lado, incómodo, y seguramente echándole una mirada mortal a la pequeña pixie. Aunque aquella pregunta pareciese inocente, sabía de sobra que no lo era.
-Genial, ¿y el tuyo? -le devolví la pregunta, sonriendo.
-Oh, estuvo muy bien, me compré un picardías y entonces Jas-
-¡Cállate, Alice! -le gritaron Emmet y Edward al mismo tiempo, haciendo que ambas estallásemos en carcajadas. Jasper se encogió en su sitio y fingió que aquello no iba con él, mientras Rosalie giraba la cabeza hacia la ventana para esconder su sonrisa.
Alice ignoró a sus hermanos y se giró hacia mí para seguir el interrogatorio, afortunadamente dejando de lado las preguntas incómodas sobre vampiros y citas ya que, por mucho que pareciese que se les olvidaba a los Cullen, estábamos en medio de la cafetería. ¿Cuál es tu animal favorito? ¿Cuál es tu comida favorita? ¿Qué tipo de música te gusta? Eran preguntas fáciles que podía responder mientras comía mi almuerzo.
El problema de estas preguntas era que daban un falso sentimiento de tranquilidad y seguridad. La verdad no podía culpar a nadie más que a mí misma, ya que Zafrina hacía lo mismo. Tonta Bella, así es como te atraparon con lo de la lámpara rota, nunca aprendes.
-¿Tienes planes para hoy por la tarde? -preguntó Alice, con un tono de lo más casual. Edward se tensó a mi lado, pero yo estaba demasiado distraída terminando mi refresco como para darme cuenta a tiempo.
-Nop -respondí, encogiéndome de hombros. Si no tuvieses la cabeza en las nubes, Pikachu, habrías visto como Emmet y Jasper se intercambiaban miradas cómplices entre ellos. Ugh, odiaba cuando escuchaba la voz de mi hermano en la cabeza, porque normalmente tenía razón.
-¡Genial! -exclamó ella, sonriendo y agarrándome la mano- ¡Entonces puedes venir hoy por la tarde a nuestra casa! Estoy deseando enseñarte mi colección de fotografías.
-¿Quh-? -intenté decir mientras bebía. Lo cual llevó a que me atragantase y empezase a toser. Genial.
-Alice, no -gruñó Edward a mi lado, posando una de sus manos en el respaldo de mi silla y entrecerrando ojos negros a su hermana.
-Oh, vamos, será divertido -dijo Allie, llevándose una mano a la cabeza de manera para nada sutil-. Lo has visto.
-Sí, pero sigue siendo un no.
-Pero yo dig-
-Vale, voy a pararos a los dos ahora mismo -interrumpí después de haber recobrado el aliento, aunque seguía teniendo la voz un poco rasposa. Daba gracias a Jasper por pasarme su botella de agua mientras sus hermanos discutían, sino hubiese seguido tosiendo sin parar-. Primero de todo, Edward, creo que puedo decidir yo sola si quiero ir a un sitio o no -añadí, girándome hacia él. Seguía fulminando a Alice con la mirada, pero parecía ligeramente regañado-. Y segundo, Allie, ¿no crees que deberías hablar con tus padres primero?
-¡Ya lo he hecho! -respondió. Vale, esa había sido una pregunta estúpida. Por supuesto que ella había pensado bien este plan. Porque no me cabía duda de que lo había estado planeando bastante para cogerme desprevenida a mí, y sobre todo a Edward. Uh, me pregunto cómo es posible esconder pensamientos de un telépata. Céntrate, Bella, hay cosas más importantes en las que pensar en este momento. Por ejemplo, ¿cómo puedo zafarme de ir a su casa?
-Emmm... -Brillante, espléndido, para ganar el Premio Nobel. A veces me odiaba a mí misma-. No sé si debería ir -dije al final. La verdad siempre ganaba, ¿no?. Porque una cosa era sentarme con ellos, y otra cosa muy distinta era ir a su casa. Dan iba a matarme.
Pero, por supuesto, tendría que haber sabido que Alice no se rendiría tan fácilmente, porque simplemente rodó los ojos como diciendo 'tonta Bella'.
-Tranquila, todo saldrá bien. No es cómo si te fuésemos comer -bromeó, haciéndome reír. Caca. Escuché a Edward gruñir de nuevo a mi lado. Él realmente no tenía sentido del humor ni de supervivencia. Estábamos en medio de la cafetería, cosa que no parecía importarle en ese momento-. ¿Entonces vendrás? -me preguntó Alice, tomando mi risa como mi señal de rendición, y sonriéndome con una sonrisa esperanzadora y ojos brillantes. Recórcholis, ¿cómo hacía eso? Daban ganas de decirle que sí aunque te pidiese que saltases de un acantilado.
-Claro -me escuché decir al final. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo he pensado yo eso?
-¡Bien! -Alice saltó en su sitio, emocionada. El timbre sonó y quise apartar mi mano sutilmente, pero ella no me dejaba.
-Ya has conseguido que acepte, Alice, ahora suéltala -refunfuñó Edward, agarrando mi atrapada mano y liberándola de las garras de su hermana-. Vámonos -me dijo.
Me levanté y me despedí de los Cullen con una sonrisa que esperaba pareciese más confiada de lo que yo me sentía.
Esta va a ser una tarde interesante.
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