Natsumi se despertó con su corazón martillando a mil por hora. Sentía un mareo detestable y el peso de algo contra su cuerpo. Limpió el sudor que perlaba su piel con su mano. Había soñado que caía. Caía y no podía detenerse hasta quedar dentro de una jaula de canarios. Podía ver a esa detestable mujer entre las rejas riéndose de ella mientras apilaba los cuerpos de sus amigos frente a ella.
Miró que le oprimía el abdomen y se encontró con un brazo. Sus ojos se movieron hacia su derecha al dueño de ese brazo. Shuu Sakamaki había vuelto a meterse en su cama. Trató de salir cuudadosamente sin despertarlo... Shuu volvió a meterla en la cama de un tirón pegandola a su cuerpo. Hundió su cabeza en el hueco de su cuello y la rodeó de vuelta con sus brazos.
- Huele bien.- murmuró el rubio semi dormido.
- Se llama bañarse. - tartamudeo ella con la cara roja.
Una corta carcajada sonó contra su oído seguida por el suave cosquilleo de la profunda respiración de Shuu al volver a quedar en silencio.
- No te muevas.- le ordenó antes de quedar dormido.- Me gusta tu perfume...
- Tuve una pesadilla.
- Lo sé. - respondió él. - Vuelve a dormir. Voy a estar aquí si te despiertas...
Primera maldición: cuando nos persigue el pasado
-¿ Estás segura de esto? - preguntó Reiji ajustando de más hasta casi clavar las esclavas en la carne de Akane.
- ¿ Preocupado, vampiro? - sonrió ella.- Créeme si hubiera otra forma...
Sus palabras se ahogaron con jn gemido de dolor. Aun bajo tierra ella podía sentir el cambio emlujando por salir y liberar al monstruo que ella llevaba adentro. Tironeó de las cadenas hincandolas más en su piel hasta que un aullido de dolor resonó en los pasillos de los calabozos. Reiji cerró la reja dejando a una Akane que se removía en el piso de dolor mientras podían escucharse sus huesos romperse u su carne desgarrarse.
Al caminar por el pasillo se encontró con Ayato cruzado de brazos mientras escuchaba con una mueca los gritos de la chica.
- ¿ Qué haces aquí?
- Ore-sama solo sentía curiosidad hm.- contestó el pelirrojo sin dejar de mirar atrás de Reiji a la única celda iluminada.
Reiji se acomodó los lentes tratando de ignorar el ceño fruncido del mayor de los trillizos. Era más que notorio que la "curiosidad" que sentía por la exterminadora se estaba convirtiendo en una atracción poco segura. Iba a reprenderle por ello cuando una tercera persona salió de las sombras.
- ¿ Ya está listo?
- Si.- contestó Ayato antes que él. - Necesitamos unos segundos a solas con Akane, cuatro ojos.
- ¿ Disculpa? - parpadeó sorprendido de que estuviese trabajando junto al Mukami.
Ruki sonrió al leerle la expresión con mofa.
- Vamos a por algunas respuestas.
- Está bien.- se cruzó de brazos.- Solo no se metan en el rango de las cadenas... odiaría tener que explicarle a esa persona por qué murieron ambos.
Los tres se dirigieron a la celda y a través de los barrotes vieron a Akane colgando de las cadenas inerte. Por un momento, Ruki pensó que estaba muerta pero los débiles latidos de su corazón se mantenían inquebrantables. Ayato golpeó los barrotes con los dedos lo que ocasionó un espasmo en Akane. Sus ojos dorados se clavaron en ellos tres como si no los viese realmente. Sus pupilas eran tan finas como las de un gato al acecho. Un ronco gruñido salió de su garganta.
- Akane.- la llamó Ruki.
Por un segundo ella pareció no reconocer su propio nombre y confundida miró el lugar que estaba. Uno de sus brazos estaba doblado en una posición natural y el sonido al volver a quebrarse dejó a los hermanos en silencio otra vez.
- Sueltenme.- lloriqueó Akane.
- No.- contestó Reiji.
Akane mostró sus nuevos dientes, todos puntiagudos como la mordida de un tiburón.
- Voy a matarlos, sanguijuelas. A todos uds demonios y voy a disfritar de atravesar su corazón con una daga.
La mirada de Akane circulaba por los barrotes frenética como una bestia a punto de tirarse contra ellos. Reiji siseo al notar que no los reconocía. Sus pupilas se dilataban y contraían mientras una capa de piel re cubría lentamente la orbe dejándola ciega. Apartó a Ayato y a Ruki cuando ella se tiró contra la jaula rugiendo y haciendo temblar las paredes por el tirón a las cadenas. Tragó con fuerza como si no fuera lo suficientemente malo que Akane se convirtiese en un monstruo a base de instinto animal si no que además para enfurecer a la bestia esta estaba atada. Y nada más peligroso que un animal enfurecido con miedo... y ciego... que no pudiese ver de donde viene el peligro.
De repente gruesas lágrimas surcaron las mejillas de la chica cuya piel se transparentaba segundo a segundo mostrando como sus huesos cambiaban de forma.
Ayato volvió a dar un paso al frente y miró como la joven sollozaba( o lo que todavía quedaba reconocible de Akane).
- ¿ Qué es lo que sucedió? - preguntó el pelirrojo.
- LosLos mataron a todos...- decía con voz más cercana a un gruñido que a la de una persona.- Él los mató a todos...
Sin previo aviso Akane se tiró contra las barras con sus garras en zarpas lista para desgarrar el cuerpo de Ayato en dos. Un rayo azul chocó contra la chica y envolviendo las cadenas reforzandolas con un hechizo.
- Eso podría haber sido peligroso, me extraña de uds, Reiji y Ruki, que no supieran manejarla mejor.
Los tres quedaron congelados en su sitio. Era el inconfundible aspecto de un aristócrata con su cabello blanco al viento y esa sonrisa siempre enigmática.
-KarlHeingz-sama.- Ruki fue el primero en hallar su voz.
- ¿ Saben lo que causa la mordida de ella en un demonio?
Los tres negaron en silencio mientras todavía podían escuchar los gruñidos y gemidos de dolor de Akane.
- Hm.- sonrió KarlHeingz viendo dentro de la celda a Akane.- Les puedo asegurar que no desearían haberlo sentido.
- ¿ Qué haces aquí? - bufó Ayato.
- Vengo a pasar tiempo de calidad con uds, ¿ No es obvio?
Reiji acomodó los lentes. Si, claro... y él era el rey del mundo humano.
"Chikage significa literalmente 1000 sombras. La familia Chikage eran descendientes de originales parte humanos. Podían transformarse en el animal que deseasen al igual que los originales pero no bebían sangre ni eran caoaces de realizar magia como los demonios. Anormalmente como sucede con los hijos de humanos y demonios, que terminan mostrando una parte dominante, los Chikage mostraban ambas partes con igualdad hereditaria. Poseían la transformación pero no podían controlarla en la semana de la luna llena. Se regeneraban, pero no tan rápido como los demonios. Eran inmunes a los efectos de la plata y el endzeit(enfermedad que acabó con el clan de los originarios) pero eran mortales. Algunos hablan incluso de que fueron capaces de manipular las transformaciones en una evolución más fuerte que les permitía combinar las cuatro casas heredadas por los originales. Si eran capaces realmente o no de dicho cambio a un híbrido entre las 4 demonarquías no lo he logrado saber... Dado que fueron exterminados por sus primos demoníacos, cuya sangre compartían en un estado menos puro, los Tsukinami..."
- Veo que tenemos una niña muy curiosa. - resonó la voz de un hombre desconocido para Natsumi y por eso levantó la vista del libro.- ¿ Te gusta lo que escribí?
Natsumi se estremeció de pies a cabeza al encontrarse con los ojos de Tougo Sakamaki. Ella había imaginado más de una vez como seria el padre de de los Sakamaki. El hombre que tenia en frente no era el ser diabólico y maligno que sus hermanas y los Sakamaki pintaban.
-S-si-si. Es interesante leer sus investigaciones.
- Mjm... tal vez debería agregar una página especial para lo que habrá en el futuro.
- ¿ Disculpe?
Fueron interrumpidos de forma asombrosa pro Shuu quien no solo se habia levantado si no que caminaba hacia ella con una energía no antes vista. La agarró de la muñeca y la arrastró afuera del salón de la biblioteca.
- Etto... Me duele, Shuu-san.- lloriqueó ella.
Automáticamente él la soltó con una maldición entre dientes.
- Que problemático, uds son tan frágiles.
- No creo que Natsumi Umiko pueda considerarse una niña frágil. - KarlHeingz dijo acercándose a ellos sin importarle la mirada de advertencia que le daba su hijo con puños cerrados.
- No, yo tampoco lo creo.- resonaron otras dos voces al unísono.
Tsubasa mantenía su látigo agarrado con tal fuerza que sus nudillos se hacían blancos y por otro lado Umiko ya tenia sus manos en los costados de sus muslos donde guardaba sus navajas.
- Umiko Aike, Tsubasa Hotaru.- sonrió Tougo de lado.- no malinterpreten mis palabras, no vine aquí a hacerles daño. .. Solo vine a cenar con mis hijos. ¿ Procedemos? Estoy seguro de que Reiji ya tiene todo preparado.
Yui bajó por las escaleras seguidonpor Azusa y Kanato. El último de la mano con ella y sonriendo sobre algo que dijo la rubia hasta que notó a su padre allí.
- ¡¿ Qué haces tú aquí?!
El grito del Sakamaki más ruidoso atrajo al resto de los vampiros de la casa. Los mukami lo saludaron con respeto... Los Sakamaki... hicieron lo que pudieron.
- juju Padre, ¿ estabas molestando a Bitch- chan?
Los ojos de Laito, Shuu y Subaru brillaron peligrosamente. Kou y Yuma también torcieron el gesto.
- Ne, ne. - interrumpió Natsumi.- Fue todo un malentendido.
- Exacto.- se quitó la capa el padre vampiro.- Y no creo que sea de buena educación llamar así a la nobleza, Laito.
- ¿ Nobleza? - preguntó Reiji llegando justo para evitar una posible guerra y masacre.
- Bueno, supongo que así pueden considerarse... - miró a las exterminadoras.- Uno nunca puede olvidar la esencia de la primera sucubae que tuvo como amante.
Todos miraron a Tsubasa que estaba más confundida que ellos. Si, ella era una sucubae pero antes de Raito jamás había tenido un vampiro de amante.
- Tu pelo... es exactamente igual al de ella... Lovelia Seiyoku. Princesa de los demonios águila, hermana del actual rey... y la reina de los sucubae.
De repente la térmica comenzó a subir y a bajar y pequeños rayos salían de los enchufes directamente al suelo. Tsubasa tenía le mandíbula apretada y los puños cerrados apretados al rededor de su látigo. Su pelo comenzó a emitir un tenue brillo dorado al igual que su piel como si emitiera luz propia y sus ojos fucsia se colorearon en un pálido rosa bebé con anillos de rosa eléctrico.
- Aunque veo que eres digna hija de tu padre... No se puede negar que todo ese poder contenido proviene de una muy fuerte estirpe de Dark Sidhe, otro grupo de las águilas. ¿Como está tu padre, el comandante del ejército de las águilas, Radius Hotaru? ¿ Cómo te dicen en el mundo humano? ¿ Tsubasa- hime? ¿ Princesa Libélula, como te llamaban en el castillo? ¿ O más buen el sacrificio?
Tsubasa extendió su látigo lista para descargarlo sobre el rey vampiro con furia. ¿ Cómo se atrevía a hablar de sus padres? ¿ Decir que se acostó con su madre? El cordón del arma de electrificó en respuesta a sus emociones. Podía sentir sus alas pujar en su espalda por salir del sello. Antes que pudiese realizar el golpe Umiko la agarró del brazo evitando su movimiento de muñeca. Iba a gritarle que la soltase hasta que notó la expresión de Umi- chan.
- No permitiré que nadie hiera a mis hermanas con sus palabras, aunque sea el dueño de este lugar.- el tono que usó Umiko podría haber congelado el Sol. - Si sabe quién es ella, no le haga recordar esos momentos dolorosos.
Todos quedaron en silencio. La mirada de Umiko daba a entender que nadie hablaría del tema de que Tsubasa fuese un demonio águila hasta ella misma estuviese dispuesta a compartirlo con alguno.
- ¿ Qué hay de ti, Umiko Aike? - se cruzó de brazos Tougo avanzando a ella.
Tomó uno de los mechones blancos de la chica acariciandolo. Subaru quiso saltar para que no la tocase pero la cara de repulsión de Umiko la tranquilizó.
- Las sirenas suelen cantar al océano alabando a la muerte. Puedo notar por tu voz que has cabtado recientemente, ¿ mataste a alguien? Se dicen que los de tu clase, todos los que viven en el mar, no son otra cosa que águilas que solían vivir en los riscos que bordeaban el mar eterno y se adaptaron hasta poder respirar bajo el agua. ¿ Qué crees sobre esto?
- Es cierto.- susurró Umiko pálida. - descendemos de las águilas pero nos hemos convertido en algo más. Nuestros poderes han evolucionado a adaptarse a nuestro entorno. Y no, no mate a nadie.
Tougo sonrió causando que la albina se estremeciese de miedo. Ella podía sentir su poder aplastando la como un tsunami con todo su poder. Él se dio la vuelta y fue caminando al comedor no sin antes decir...
- No se adaptaron lo suficiente tu familia, si no seguirían vivos, Umiko Aike, heredera de la corona de las sirenas. Es una lástima que a pesar de haber nacido para ser reina, prima lejana del rey de las águilas y del rey de los lobos, te hayan... cazado como a un simple animal.
Todo se volvió rojo para Umiko. Se volvía más y más pálida recordando ver rodar la cabeza de su madre y padre, de su hermano mayor, el legítimo heredero. Quiso ahogarlo, dios, quería que muriese. Y sin embargo, lo único que atinó a hacer fue a darse la media vuelta y abandonar la casa con un nudo en la garganta.
- Umi- nee. - escuchó a Natsumi, yui y a Tsubasa seguirla.
Reiji vio uno a uno a sus hermanos abandonar la casa para ir tras ellas. Incluso los Mukami parecían ofendidos de las palabras del rey vampiro que había tocado el nervio de las chicas. Reiji fue al comedor encontrandolo sentado en la mesa cortando la carne.
Su padre ni si quiera lo miró como si él no existiese asi que Reiji se encaminó a la cocina para dejarlo solo.
- Hm. Que desagradecidos.- sonrió Tougo Sakamaki.
Akane caminó escaleras arriba gruñendo. Tras interminables transformaciones y vuelta a la humanidad por culpa de la luna llena, su cuerpo aullaba de dolor con cada paso que daba. Agradecía a los Sakamaki y Mukami por haberla contenido pero no recordaba que había sucedido minutos despues de haber sentido el cambio. Recordaba el rostro de Ayato... y el de Ruki. Pero nada más.
La casa estaba en asombroso silencio. Lo cual le ponía los nervios de punta y a la vez le preocupaba. Siguió el olor de la comida, estaba más que hambrienta por el destrozo de sus huesos y músculos, y se metió en el comedor al ver la mesa servida pero nadie allí.
- ¿ Qué demonios? - arqueó una ceja confundida.
Hasta que sintió una presencia y sus instintos se pusieron en alerta roja. Sacó las garras todavía nerviosa por la luna llena y casi le dio un paro cardíaco al ver a ese hombre allí. Tougo Sakamaki le dio una sonrisa tenue mientras se llevaba la taza de té a los labios. A Akane se le dio un vuelco el corazón del dolor. Ese hombre le generaba demasiados recuerdos.
- Es un gusto volver a verte, aunque te ves mucho mejor que la anterior vez. Incluso ya pudiste romper la maldición.
- D-d-debes estar confundiendome con otra persona. - tartamudeó incapaz de contener sus miedos.
-Akane Chikage. ¿ O debería decir tu verdadero nombre?
Las pupilas de Akane se hicieron como una rendija, amenazante y letal al igual que los ojos de una serpiente. Nada en parecido a la niña que había conocido hace más de 20 años esa noche.
- No te tengo miedo, vampiro, asi que no te pases de vivo o con gusto de decapitaré en este segundo.
- ¿ En serio? Eso seria algo sorprendente de ver... Especialmente porque sigues tan débil como el último día que te vi.
Vio un brillo psicótico aparecer en los ojos de la chica que dio un paso hacia él dispuesta a todo. Karl chasqueo los dedos listos para devolverle el ataque de ser necesario, pero antes que todo ocurriese un brazo agarró de la cintura a la joven haciéndola retroceder.
- No seas estúpida e insolente. - la regañó Ayato.
Antes que Akane pudiese decirle las barbaridades que estaba pensando, Ayato tomó su mentón y la beso. Su boca se apoderó de la suya con tanta fuerza e insistencia que el cerebro de Akane se anuló por unos segundos. Suficientes para que el descarado vampiro mordiese su labio inferior causando un ligero respingo que dio paso al vampiro a jugar con su lengua contra la de Akane. Ella se sonrojó de pies a cabeza cuando él se apartó con una sonrisa de ganador de ella. Sus neuronas estaban desconectadas. Ella estaba... ¿ furiosa? Ayato miró a su padre sobre su hombro con molestia.
- No molestes a mi juguete.
Eso hizo el click que Akane necesitaba para despejar su mente.
- ¡¿ Quien es el juguete, pelirrojo imbécil?!
Ella logró deshacerse de sus brazos huyendo de la habitación lo que ocasionó una tenue risa entre dientes de Ayato. Karl mantuvo su mirada en su hijo sospechosamente.
- No deberías. - finalmente dijo.
- ¿ Por qué? - contestó Ayato, su padre quedó en silencio otra vez.- ¿ A qué te referías con su verdadero nombre?
Vio que su padre no tenia intenciones de revelar nada así que se dio la media vuelta y fue tras ella.
- Tsk. Ore sama tendrá que resolverlo solo.
- Deberías cuidar tu lengua.
Akane le dirigió una mirada ponzoñosa y Ayato sonrió. Ella estaba cruzada de brazos mirando por la ventana... seguramente porque si dejaba libres sus brazos lo mataría (o trataría) por haberle impedido matar a Karl o por el beso...
- No digo que beses mal... De hecho...
- Ni lo menciones.- gruñó ella.
- Él te hubiese asesinado.- soltó cuando el silencio volvió a reinar entre los dos en el gran salón de baile.
- No lo sabes.
- Si lo sé, Melones. Y realmente me hubiese disgustado.
Ella lo miró de forma incrédula y arqueó un ceja en tono interrogante. Ayato se tele transportó detrás suyo y recorrió con los dedos una de sus cicatrices blancas.
- No me toques.- se puso rígida tratando de mantener el control.
Ayato no se apartó. Por mucho que su instinto le dijese que lo hiciese.
- Oy, ¿quién te hizo esto? - entre cerró los ojos pensando lo peor.- Mi padre, ¿ de dónde te conocía?
Akane lo miró por sobre su hombro otra vez.
- Él y mi padre eran amigos.
- T-tu padre y mi padre.- tartamudeó Ayato sorprendido por primera vez que Akane hablase de su pasado.
- De hecho, Reinheart -sama venía muy seguido a mi casa cuando era niña.
- No le digas así. - hizo una mueca el pelirrojo.
- Dijiste que mi padre y tu padre eran amigos y aun asi lo amenazaste de muerte.
Akane se encogió de hombros como si no le importase realmente. Pensó en su verdadero padre. Las ironías de la vida en la que el hombre al que ella llamaba padre y ese otro... se conocían, y eran enemigos.
Siguió mirando por la ventana mientras las hojas se tornaban amarillas esperando a que la molestia se fuese. No lo hizo. Ayato miró fijamente el hueco en el cuello de Akane en su pelo negro. La piel pálida de alabastro lo llamaba y la sed era insaciable en la luna llena. Hundió su rostro allí mientras con sus manos sujeto las muñecas de Akane cuando trató de sacarlo de encima. Akane se puso tensa de pies a cabeza. No se había recuperado todavía del dolor del cambio y no tenia su fuerza en totalidad. Ayato la empujó contra la pared sosteniendo sus brazos y manos contra la lisa y sólida superficie.
- Sueltame.- dijo en un susurró esperando la mordida.
Ayato ronroneo al pasar la lengua por la piel de Akane, tan suave como la seda. Le gusto ese tono de ruego en la voz de la morocha. Sus ojos se entreabrieron mirando el sonrojado rostro de la chica. Le gustaba cuando él pasaba su boca por allí. Sobre tantas cicatrices.
- Voy a morderte, Melones...
- Ayato.- siseo la chica mirándolo con repulsión.
- Ore-sama para ti.
Akane apretó los puños esperando y un recuerdo pasó por su cabeza. Ayato vio ese cambio de expresión y la soltó dejandola ir para sorpresa de la chica.
- pff, no es divertido si no te resistes y gritas... Yui era mas divertida.
Akane se tocó el cuello con un leve sonrojo y luego se dirigió a la puerta con dignidad. Antes de dejarla escabullirse Ayato decidió hacer lo más estupido de su vida. La tomó de la cintura y la besó otra vez con posesión como la primera vez esa tarde. Akane, más preparada le mordió el labio hasta que sangró tratando de hacer que se apartase. La desicion mas estupida de la tarde seguramente.
En cuanto ambos sintieron el sabor de la sangre ronronearon. Akane entorno los ojos de placer. Sangre. ¿Por qué se había negado a eso? ¿ Había razón para negarse a eso? Akane no podía recordarlo.
Una imagen. Un hombre de ojos dorados mirandole mofandose de ella.
Akane sacó lo ultimo de su fuerza incrustando su puño en el mentón de Ayato. Quedó en el piso desorbitado. Miró a Akane. Lo miraba con horror y esa mirada desconcentrada que le habia dado en las mazmorras cuando habia ido a verla a penas recordaba que había pasado mientras estaban atada en la celda. Un hilillo de su propia sangre caía por el mentón de la chica. Al limpiarse su cara volvió a descomponerse. Trastasbillo al dar un paso atrás alejándose de él y desapareció en frente de sus ojos.
Akane se teletransporto a su cuarto y cerró con llave aunque sabia que era inútil. Apoyó su frente allí a punto de quebrarse. La única cosa que se había prometido jamás hacer... y había roto su promesa tan fácilmente.
Solo que no era la única que había presenciado la escena.
Un tierno y esponjoso conejo posees.
Yo sé lo que es, ¿tú sabes, la mujer de las mil sombras?
Siempre tuyo.
Sakamaki Tougo.
Ese maldito...
Akane puso la carta sobre la mesa. Ese malnacido vampiro rey sabía lo que ella sabía. Si el vampiro estaba enterado, ¿ cuanto tardaría en que el resto del universo lo notara y tratasen de matar a Natsumi? Apoyó su frente contra el vidrio de la ventana de su cuarto. Pronto anochecería y el cambio volvería a efectuarse. Detestaba el poco control que sufría en su cuerpo esa semana.
- No te ves bien.
De no ser porque reconocía la voz de Natsumi, le hubiese extrañado ese tono distante y carente de cariño. Se volteó para enfrentarla y se quedó tiesa el ver su expresión.
- ¿ Sucede algo?
- Estoy harta de tu hipocresía.
- ¿ A qué te refieres?
- Nos gritas a Tsubasa y a mi sobre llevarnos bien con ellos cuando tú te besas con Ayato a escondidas.
La cara de Akane ardió de la vergüenza. ¿ La habían visto?
- No fue lo que crees. - se masajeo los sienes.- Ese idiota...
- ¿ Te atreves a insultarlo luego de que lamiste su boca tan desesperadamente como si...? - las mejillas se sonrojaban con cada palabra al igual que Akane palidecía.
Akane recordaba todavía el sabor de la sangre de Ayato. A pesar de no ser como la sangre humana y tenia sabor extraño, le causa una sensación de hambre pensar en la sangre que había bebido. Y detestaba tener que sentir eso.
- Piensa lo que quieras.- le contesto irritada.- Yo no me enrollo con vampiros.
- No parecía eso cuando tenías tu lengua hasta el esófago de Ayato Sakamaki. ¿ Tanto te mataría admitir que te gusta?
Akane sintió como si un puño hubiese pegado en su estómago o peor que hubiese comido algo podrido. Con una mano le hizo una señal que se detuviera.
- Repugnante. - negó con su cabeza.- No quiero escucharte, Usagi.
Natsumi sintió algo quebrarse dentro de ella. Algo que jamás había pensado que iba a ocurrir. Látigos naranjas se dispararon en todas las direcciones cuando ella gritó de la frustración. Los vidrios de toda la casa explotaron. Ni una ventana, ni una copa quedó en pie después de ese grito.
Respiró agitadamente con los ojos cerrados para tratar de calmar su enojo. Cuando los abrió, Akane no estaba allí. Corrió rapidamente por la ventana y se tapó la boca con horror. Había volado un piso abajo por la ventana y yacía tendida en el suelo perdiendo sangre.
- Nee san.- sus ojos se llenaron de lágrimas, pero lo peor fue la mirada de Akane. Su brazo a penas se mantenía pegado a su cuerpo.- Déjame curarte.
Akane ni siquiera la miró. Simplemente se tele transportó fuera de su vista en el momento en el que Reiji entraba al cuarto hecho una fiera.
- ¿ Qué demonios fue eso?
Natsumi se largó a llorar desesperadamente. Había lastimado a su onee san al estar enojada. Podría haberla matado. Corrió esquivando a los Sakamaki que se habían reunido en la puerta de la pieza. Podía escuchar los pasos de sus hermanas y los Mukami acercándose en las escaleras. Subió hasta el ultimo piso desesperada. Era la primera vez que perdía el control de sus poderes. Jamás había imaginado que podía hacer algo así. Siempre pensó en sus habilidades como algo que curaba, como siempre los utilizaba para esos fines.
Sus manos temblaron al cerrar la puerta al cerrar la habitación desconocida. Seguramente no tardaría en encontrarla alguno. Se hizo una bolita en el rincón. Quería llorar y descargarse.
Fue en esa posición que alzó la cabeza y vio un cuadro tapado. Una pintura de alguin a quien no podía ver totalmente por la sabana a medio colgar que la tapaba. Agarró y tironeo de la manta hasta que la liberó.
Su corazón se detuvo. Podría haber reconocido a esa mujer en cualquier lado. Jamás podría olvidar esos ojos verdes y el pelo lila. Quería vomitar.
Quería vomitar. Esa mujer...
Como si la pintura cobrase vida los ojos de Cordelia se fijaron directamente en ella y sonrió. Cordelia Sakamaki, la mujer de sus pesadillas, retratada en un cuadro le sonrió de una forma espeluznante.
- Puedo verte, conejito...
Escuchó sus palabras en su cabeza y ella negó horrorizada. Todo se hizo negro y la tragó la oscuridad.
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- Usagi.- volvió a tocar con fuerza Yuma la puerta.- Oy, Usagi.
Tsubasa y Umiko estaban detrás de él con rostros preocupados. La niña hacia rato que no emitía un sonido y por alguna razón ningún vampiro podía teletransportarse dentro de la habitación.
- Den un paso atrás.- advirtió el alto y dio una patada a la puerta.
Esta se partió en dos y escucharon la queja de Reiji en la sala. Ya podrían encargarse de él mas tarde. Tsubasa entró a la habitación y se quedó con la boca abierta. Todo objeto dentro flotaba suavemente sobre el suelo por una energía extraña. Natsumi yacía en el suelo desmayada a unos pocos metros de ellos.
- Usagi.- gritó Yuma acercándose.
- Espera, Yuma...- comenzó a decir Umiko al darse cuenta que algo estaba mal. Demasiado tarde. Una corriente eléctrica golpeó al vampiro en el segundo que tocó la pálida piel de Natsumi y salio despedido contra una pared. Empezó a sangrar de la nuca y justo en ese momento entró Ruki con cara de pocos amigos.
- ¿ Qué fue eso?
- No lo sé. - se mordió el labio Tsubasa.- Los poderes de Usagi nunca habían atacado... sienore fueron...
- Defensivos y curativos.- completó Umiko mientras con una mano ocasionaba que la válvula de agua se abriese y el agua fluyese flotando hasta su mano. Ruki alzó una ceja al ver esa clase de magia. Él sabía que no eran humanas normales pero esto... iba más allá de sus expectativas.
- ¿ Qué vas a hacer con eso? - preguntó Yuma apretándose la herida con un pañuelo que Tsubasa le había provisti.
- Despertarla.
El agua salió despedida de su mano a la cara de Natsumi directamente. La chica saltó del piso como si tuviese un resorte en la cola y se palpó la cara asustada. Miró a los que estaban en su alrededor encontrándose con Yuma mal herido.
- ¡¿ Qué le hicieron?! - chilló corriendo a él.
- ¿ Qué le hicimos? - se apuntó ofendida Tsubasa.- Fuiste tú, conejito idiota.
Natsumi parpadeó varias veces. Sus manos temblaban sin dejar de mirar a Yuma.
- ¿ Yo te hice esto?
- No podías saberlo. Estabas inconsciente.
- Pero no lo estaba cuando herí a Akane...
El recuerdo de verla levantarse desde el suelo sin mirarla si quiera. Con esa expresión de vacío absoluto la hizo estremecer. Ni siquiera la había observado. No había sabido como preguntarle si podía moverse bien. Notaba que ya era de noche asi que su hermana debía estar encadenada como un perro rabioso en el subsuelo. Umiko se levantó e hizo levitar una gran porción de agua que empezó a brillar en un tono turquesa cuando la sirena conjuro algo en palabras inentendibles.
- Aparta la mano, vampiro. Trato de sanarte.
El cosquilleo que ocasionó fue agradable para Yuma, le dio alivio al corte e incluso sintió el momento en el que dejó de sangrar y se cerró la herida. Pero la cara de Umiko no auguraba nada bueno.
- Si tuvieras control sobre tus emociones y supieras de que son capaces tus habilidades no pasarían estas cosas.
- Oy, no puedes jactarte de eso.- se cruzó de brazos Tsubasa aunque el comentario no haya sido para ella.- Ni siquiera tú puedes controlarte cerca del océano.
- Por lo menos no lastimo a quienes quiero.- cerró los puños irritada la albina.
- ¿ Y Reiji que fue? - se puso a la defensiva Natsumi.- ¿ No iba a ahogarlo para toda la eternidad?
- Yo lo intento. - explotó Umiko. Su mirada podría haber congelado al mismo infierno de ser necesario.- Traté cada segundo de esa semana no caer en ella. ¿ Qué haces tú, Tsubasa? Te coges a todo lo que tenga pene y ni aun con esa energía te resistes a la hipnosis de la luz. ¿ Se dan cuenta de que ninguna de las dos hace el mínimo esfuerzo por cuidarse de si mismas? Akane y yo estamos hasta la coronilla de tratar de salvarles el culo, pero no. Uds tienen que encamarse con demonios, "porque son buenos".
- Pero... - iba a replicar Natsumi con un hilo de voz.
- Ni te atrevas a negarlo, apestas a vampiro y cualquiera con una nariz a medio km a la redonda se daría cuenta.
Umiko se calló al instante como si sintiese algo dentro de la casa y entonces Natsumi y Tsubasa notaron que algo iba mal.
El grito de Yui resonó por toda la casa y el olor a sangre inundó cada salón.
Yui se estremeció al ver a Asuza sangrar de tal modo. La herida no se cerraba y el cuchillo de su amigo estaba en la mano de quien lo había lastimado. Su pelo negro terminaba en puntas de color azul y uno que otro mechón en la diminuta trenza que llevaba al costado derecho también eran de esa tonalidad. No media más de 1.60 y era delgada y tenia cierto aire elegante. El largo de su pelo dificilmente le llegaba a la nuca y tenia mechones muy dispares. En ese momento una musculosa se apretaba alrededor de su fino y atlético torso y unas calzas a su parte inferior. Sus ojos dispares ( uno verde y otro azul como la noche) le daban miedo. Tenían ese brillo apagado y amenazante que había visto en Akane en las últimas semanas.
- Pff.- resopló la joven mirando a ambos.- Tan débiles.
Yui retrocedió con el cuerpo de Asuza. Para ser tan delgado pesaba bastante. La mujer piso la pierna del vampiro como si nada y se acercó a Yui colocando la punta del cuchillo en su garganta.
- ¿ Una amante de los vampiros? - sonrió la mujer.- Me das asco, estas interponiendote entre mi presa y yo.
- ¡¿ Él no es tu presa?! - chilló Yui.
- Soka, tú debes ser Komori. La tonta humana.
- ¿ Me conoces? - tragó con fuerza la rubia.
De repente la chica perdió el interés en ella porque justo se dio la vuelta para interceptar a Kanato en su ataque.
- ¡ No te atrevas a lastimar a mi novia! - dio un grito histérico el chico.
La mujer fácilmente esquivó el puño y pateó a Kanato en el pecho mandandolo a volar hacia unos estantes.
- ¿ Que se supone que significa esto?
Reiji estaba bajando por la escalera viendo el desastre que había ocasionado la extraña con su hermano y el Mukami. La chica miró a su alrededor y se rascó la cabeza.
- hmmm... Supongo que debería decir lo siento por el desorden.
- No sirven us disculpas si fuiste tú la que lo ocasionaste.- Reiji se acomodó sus anteojos.- Ahora, dame una razón por la que no debería matart...
Sus palabras quedaron ahogadas en su boca. La mujer había desaparecido del lugar donde estaba antes y se hallaba detrás suyo con la cuchilla contra su garganta. Pudo notar que era uno de los cubiertos de plata que guardaba en la cocina.
- Creo que esa es mi línea, niño. - sonrió ella.
Eso lo irritó más. ¿ Por qué le decía de esa forma tan poco adulta? Vio de soslayo como tanto los Mukami como los Sakamaki iban apareciendo en el hall de entrada mirando a su atacante con ira. Ella bostezo de aburrimiento seguramente para provocarlos y los trillizos saltaron sobre la chica y Reiji cayendo con todo su peso. Reiji los apartó a empujones acomodándose su camisa y la vio parada en la baranda sonriendo como el gato cheshire.
- Parece que a tus hermanos les falta un golpecito de horno.
Él iba a darle la razón y hasta casi medio sonrió pero se dio cuenta algo tarde que era la mujer que le había amenazado con un cuchillo. Ella de todas formas sonrió y levito levemente como todo vampiro haría en la noche de luna llena.
- ¿ Quién eres? - preguntó Ruki al notar que era poco probable que la derrotasen por como ella había podido evitar a la gran mayoría de los vampiros.
- Yuna Satsujin.- contestó la voz de Natsumi con algo de temor bajando las escaleras.- ¿ Qué haces aquí?
Yuna miró a Natsumi con algo de repulsión.
- Apestas.- le dijo como si fuera natural que hablase de forma tan poco agradable.- Veo que Akane no mentía cuando dijo que habías sucumbido a la peste. Me lo hubiese esperado de Tsubasa...
Las mejillas de ambas aludidas se colorearon de la vergüenza. Umiko avanzó sobre sus hermanas y enfrentó a la mujer como si nada.
- Vamos, Yuna. Tu y yo sabemos que no quieres estar aquí cuanto más rápido vengas a darnos lo que trajiste, más rapido te irás.
- Pero si me la estaba pasando bárbaro. - sacó una carta Yuna de su abrigo y se la tendió a la sirena.- Aunque puedo notar desde lejos que las tres se estan volviendo tan débiles como inútiles para ser cazadoras...
- ¡ Hey! ¿ Qué demonios dices? Somos las mejores.
Yuna volvió al suelo y se acuclilló apoyando su mano en las losas del suelo. Podía sentir las vibraciones que hacía Akane al tironear de las cadenas... y de repente se detuvieron. Los ojos de Yuna se agrandaron al percibir otea presencia allí abajo. Miró a los vampiros y ninguno parecía haberse dado cuenta.
- Me daría una lastima que mi mejor aprendiz cayera en un nivel tan decadente como el vuestro.- se encogió de hombros.
- ¿ Te refieres a Akane? - tartamudearon las tres chicas. - ¿ Cuantos años tienes en realidad?
Yuna rió encaminandose a la puerta principal y abrió la puerta de par en oar no sin antes decir.
- Volveré en una semana por Akane, tenemos una misión, y gente débil como uds solo estorbarian. Ah, y yo que uds, vampiros, reforzaría la seguridad. Uno nunca sabe cuando un enemigo podrá burlar toda la seguridad.
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La risa de Yuna llegó hasta el piso de abajo cuando se fue. Para unos oídos tan sensibles como los de Akane, o los de los que estaban en su celda observando el cuerpo de Akane tras que ellos la hubieran desnucado
- .Onii- san, ¿ por qué no la matamos y ya?
El chico de pelo blanco y puntas rojas se quedó observando el tranquilo y ligero rostro de la mujer a la que le había quebrado el cuello. El sabía que ella se regeneraría en un tiempo y solo había venido porque necesitaba estar seguro de que era ella. En el colegio cuando ella lo había perseguido su sangre había palpitado con un rayo de esperanza...
Esperanza que ahora se realzaba al mirar el rostro de esa mujer.
- No, Shin, la necesitamos.
- ¿ A qué te refieres, onii san?
El chico sonrió levemente. Pronto podría realzar su clan, y vengarse por fin de ese endemoniado vampiro.
