¡El aullido resuena y es que loba ha regresado!

Hola de nuevo a todos los que siguen esta historia, lamento la demora he estado algo ocupadilla. (Hoy regresé a clases D':) Por fa, por fa no me maten xD

De veras me averguenza haber tardado tanto en actualizar, por eso les permito que me den un garrotazo en la cabeza para que se sientan mejor xD Lo recibiré con gusto, pues me lo tengo merecido LOL

Ok en este nuevo capitulo debo ser muy clara, no es como los demás (si tiene gore pero también le incluí algo un poco más malvado, ¿quieren saber? averiguenlo xD)

Advertencia: Este capítulo puede contener escenas de sangre y violación. Si no les gusta o no se sienten a gusto leyendo esta clase de cosas por favor no lo lean.

Más clara no puedo ser xD

Bien sin más demora el cap 14. Por favor disfruten y dejen reviews :D

Capítulo #14: A la espera del amanecer

La pelirroja regresó a la guarida de su ama en medio de las burlas de los vampiros a su alrededor. La furia le entraba y tenía infinitas ganas de callarlos con un buen zarpazo de sus garras pero sabía que se metería en problemas si desataba su verdadero rencor hacia los otros secuaces de su ama. Quien sabe que podría ocasionarle esta acción.

Los truenos resonaban desde la cumbre de la montaña del norte que emanaba su aura maligna y oscura que se disipaba por todo el bosque, incitando a todos los vampiros a aullar con fervor ante el despertar de su máximo líder. Anna no. Ella enfocaba su atención a un intenso olor a sangre que impregnaba sus fosas nasales.

El olor se hacía cada vez más fuerte a medida que se alejaba de la muchedumbre de vampiros y se adentraba en el bosque. Se encontró con Raven, el idiota que siempre la maltrataba cuando su ama estaba fuera, con unas heridas espantosas y caminando con dificultad entre la espesura de la nieve.

La pelirroja corrió en su ayuda recibiendo un rechazo por parte del rubio. -¡Raven! ¡Estas malherido! ¡Solo quiero ayudarte!

-¡No necesito tu ayuda, Anna! ¡Puedo yo solo! –dijo con orgullo mientras alejaba a la vampiresa de él. El dolor de sus heridas lo hizo caer sobre el suelo congelado en medio de quejidos de dolor. Anna lo levantó tomando su brazo sano y se percató de que su otra extremidad le había sido arrancada con fiereza. -¡¿Qué fue lo que te hizo eso?! –exclamó con horror señalando la mutilación.

Los ojos castaños de Raven miraron a la joven con dureza mientras esbozaba sus colmillos, molesto. –Eso lo hizo la bruja de tu hermana con la ayuda de su perro guardián. Ellos son los verdaderos monstruos y me las pagarán por esto. La próxima vez que los vea, no dudaré en matarlos de la manera más cruel y dolorosa que exista. Y estaba a punto de deleitarme con aquella sangre que te está volviendo loca, Anna. Solo unos escasos milímetros más y lograba perforarle la carne para dar paso a ese sabor dulce e inimaginable que tu deseas. Envídiate, pequitas –rió el rubio.

Anna soltó al herido haciendo golpear contra la nieve y siguió su camino sin devolverle la palabra. Las palabras del rubio hirieron lo más profundo de su corazón pero no podía realizar ningún ataque o acción en falso por que le traería considerables consecuencias. Se alejó del lugar en silencio y se internó entre el profundo follaje de manera misteriosa.

Mientras tanto, en la cumbre de la montaña, Cassandra daba los últimos toques a su encantamiento mientras una espesa niebla negra se disipaba a su alrededor. Jadeaba cansada delirante de locura a la sombra que tenía en frente. Dos rubíes hipnotizantes aparecieron entre ella mientras una voz gangosa de ultratumba hablo con tono cavernoso. –¿Quién eres? ¿Por qué me has levantado de mi descanso entre la oscuridad del infierno?

Cassandra tragó duro al ver a su ancestro poderoso. –Soy Cassandra, mi señor. Deseo cumplir con su plan oscuro que dejó inconcluso antes de su muerte.

La sombra rodeó el cuerpo de la morena y las luces rojas centellearon. -¿Mi deseo? ¿Qué sabes tú de él?

-Mucho, usted decidió recobrar los poderes del hielo y del fuego para volverse el vampiro más fuerte de todos. Debo decir que fue un plan de mucha grandeza y quisiera ayudarlo a completarlo de una buena vez –musitó la vampiresa mientras daba una reverencia.

La sombra detuvo su flotar y se colocó en un fijo lugar. Sus rubíes observaban a la mujer con desdén mientras soltaba un sonido parecido a un gruñido. La neblina comenzó a rodearla en su totalidad y sintió un gélido viento soplar por su oído, provocándole un cosquilleo en los nervios. –Eres testaruda vampirita. ¿Así que, deseas ayudarme a completar mi plan? No será fácil conseguirlo, pues ambas gobernantes del fuego y hielo poseen una voluntad y astucia tan perfectas como las del demonio.

La pelinegra suspiró y con ayuda de un rápido movimiento manual, removió el olor pútrido de su olfato que la asfixiaba. –Sé que ambas son verdaderos oponentes, pues para eso te he convocado. Sé que posees el poder del mismo infierno y deseo que por favor me lo prestes para alcanzar el objetivo, nuestro objetivo –ronroneó mientras mostraba sus afilados colmillos.

La aparición musitó desdeñosa. –Tu alma me dice que esa no es la verdadera razón por la cual haces esta arriesgada maniobra. Hay algo oscuro en tu pasado que te ciega de maldad y alimenta tus deseos de venganza. Si me dices la verdadera razón por la cual haces esto, te brindaré mis poderes del inframundo y cumpliremos el objetivo de por fin gobernar a las dos deidades del fuego y el hielo.

Los ojos carmesí miraron fijamente a la mujer que esbozaba una mueca de desconfianza. Al fin y al cabo, despojó todos sus secretos y sacó a la luz la razón de su tan desquiciado plan con deseos de venganza a aquellos que alguna vez la consideraron un demonio y alguien débil. Tomaría venganza de todo el pueblo de Arendelle.

La risa súcuba del demonio resonó en eco en la cumbre, atontando a la jefa de los vampiros que tembló al escuchar los graznidos de los cuervos y ver como el cielo se tornaba oscuro como las plumas de aquellas aves. Temía de los desconocidos poderes que poseía aquel ente demoníaco pero al mismo tiempo lo admiraba, tenía las esperanzas de volverse alguien tan poderoso como él.

-Tu osadía y deseos de venganza me han conmovido. Te prestaré mi ayuda con una condición más.

La jefa levantó una ceja y se cruzó de brazos. -¡¿Otra más?!

-No puedo ayudarte si permanezco en esta forma, necesito un cuerpo en donde mi alma pueda reposar tranquila –masculló.

La angustia se reflejó en los ojos escarlatas de la mujer, que buscaba desesperadamente en alguien para ofrecer a su amo cuando de repente un olor a sangre la cautivó. Al reconocer aquel fatídico olor, sonrió maquiavélicamente.

Arrastrándose con dificultad y la agonía del dolor, Raven deseaba volver a ver a su ama por la cual sentía un amor prohibido a lo cual se había prometido complacer hasta que muriese. Si lo iba a hacer, le confesaría todo y robaría un salvaje beso de esos labios infectados en sangre. Ya no había marcha atrás y no deseaba la ayuda de nadie. Quería tener a aquella vampiresa peligrosa presa entre sus garras. Probar su dulce tez por última vez y dejarle su huella en su alma.

La niebla negra dificultaba su poca visión y la sangre coloreaba el manto blanco con un rastro viscoso y carmín. Raven sabía que ese olor infernal traería a la vampiresa sedienta a sus pies y no perdería la oportunidad de hacerla suya. En efecto, así sucedió.

El ondear de aquellos cabellos negros como serpientes lo alarmó ante su presencia, causando que la atmosfera se tornara más pesada y oscura. Entre la fría nieve y aquella densa niebla se hallaba parada su ama con una sonrisa lunática en su rostro. Con pasos lentos, se acercó hasta el herido vampiro y de un tirón, depositó un salvaje beso en sus labios, introduciendo su lengua demandante mientras mordía con fuerza su labio inferior. Raven no perdió más el tiempo, sabía que ella lo deseaba. Recorrió cada centímetro de su abultado pecho con sus manos mientras lo masajeaba con fuerza, sacándole ese gemido bestial que tanto anhelaba oír. Ella por su parte, frotaba su mano contra su entrepierna, incitándolo más a ese oscuro deseo, con su miembro ya totalmente activo.

Los gemidos de absoluta lujuria se entremezclaban en sus bocas unidas. Los colmillos se hicieron presentes una vez más en los labios de la joven, perforando el labio inferior de su sirviente disfrutando de aquel sabor dulce de su sangre, provocando un éxtasis total entre ambos. Raven fue perdiendo poco a poco el conocimiento, sucumbiendo ante los encantos diabólicos de su ama hasta quedar prácticamente catatónico ante sus ojos. Fue entonces que ella sonrió.

La respiración del rubio fue lentamente acortándose, mientras su ama depositó un último beso sobre aquellos fríos labios cubiertos de carmín. Se relamió los colmillos y masculló chasqueando la lengua. –Tsk, tsk Raven. Siempre supe que fuiste un niño malo, pues ahora te toca pagar por tus servicios y tus fechorías.

Cassandra alzó su mano convertida en garra y toda la niebla negra a su alrededor se concentró en ella. Acto seguido, traspasó su pecho a la altura de su corazón dejando un mar de sangre a su paso y arrancándole el corazón sin piedad. Un sonido sordo emanó de la garganta del joven hipnotizado dejando que toda la oscuridad entrara por su boca y se impregnara en cada parte de su organismo, cayendo al suelo cual saco de papas.

Las sombras por fin se disiparon, dando paso a aquella luz que causaba repulsión a aquella criaturas de la noche. Raven seguía sobre la nieve con la mirada perdida y un mar de sangre negra sobre la nieve. Su ama se limpiaba los labios y las manos con un rostro de repulsión mientras se acomodaba las prendas que levemente le habían sido removidas por el rubio. Apretó los dientes molesta y escupió. –Bastardo, después de esto será mejor que conozcas el infierno en persona, pero no te preocupes, fue por una buena causa –luego dio rienda suelta a una sonora y malvada carcajada.

Un movimiento por parte del cadáver detuvo su risa de villana y se emocionó al encontrarse con aquellas orbes escarlata oscuras que tanto anhelaba presenciar. Le ofreció su mano para así ayudar al demonio a levantarse pero este la arrastró hasta la nieve y conectó su mirada con la suya, dejándole un terror inmerso en su alma. Acababa de ver a una verdadera bestia encerrada en aquel cuerpo. Y parecía que ella no tenía piedad de nadie.

El monstruo enredó sus dedos en su largo cabello mientras observaba su cuello fijamente. –Mi querida Cassandra, he pasado mucho tiempo en un profundo sueño y gracias a ti he podido despertar. Al ver que tanto me admiras, ¿No te apetecería ser la primera en permitirme beber de su sangre? Es que… me encuentro extremadamente sediento –dicho esto gruñó mostrando una hilera de dientes afilados y aserrados como los de un tiburón mientras sus cuatro colmillos prominentes resplandecieron con el fantasmal brillo de sus ojos. El horror reflejado en los ojos de la vampiresa no pudo haber sido más infinito.

El intenso dolor recorrió cada centímetro de su cuerpo sacándole un grito de dolor desde lo más profundo de su garganta que ahuyentó a algunos cuervos que sobrevolaban el perímetro en busca de alguna víctima de la cual alimentarse. Un hormigueo fue esparciéndose por sus nervios al sentir como su sangre era violentamente drenada por su jefe. Sin embargo, este ataque no duró menos de unos cuantos segundos. Cassandra agitó su cabeza y tocó la enorme herida sangrante en su cuello, pues Shadow le había destrozado la carótida.

Líneas de sangre contorneaban la comisura de su boca y su mentón, tiñéndolo de negro puro. Este rió satisfecho al ver la expresión temerosa de la mujer que trató de retroceder y alejarse de él, cosa que le fue impedida cuando Shadow agarró con fuerza su antebrazo, clavándole sus uñas largas en la piel. Aguantando un quejido de angustia, Cassandra miró a los ojos directamente al hombre bajo ella que sonreía con perversidad. –No hubieras despertado a la bestia si no deseabas unos tratos como estos.

Luego se levantó tirando a la pelinegra hacia un lado. Agitó la melena rubia y miró con desdén a su sirviente. –Tu sangre no está para nada mal, pero no hay sangre que calme mi verdadera sed como la de aquellas hermanas –musitó relamiéndose los labios. –Al ser el vampiro más poderoso de todos, necesito la sangre más pura de todas. Esa es la más deliciosa. Que daría por volverla a saborear –resopló mirando hacia el negro cielo sobre su cabeza.

Cassandra, tambaleándose, logró ponerse en pie y complacer el deseo de su amo. Si era más poderoso, tenía más oportunidad de llevar totalmente a cabo su plan. –Mi señor, ¿Desea volver a saborear el dulce néctar prohibido de las soberanas? Yo le puedo conceder ese deseo.

Shadow se acercó sorpresivamente hasta la mujer mientras taladraba su alma con su mirada. -¡¿Me concederías ese deseo?! ¡De veras tienes agallas, vampiresa! Las hermanas son unas buenas enemigas, no son blanco fácil. ¿Cómo piensas otorgármelo?

Ella sonrió y replicó. –Acompáñeme, le prometo que no creerá lo que tengo en mis dominios.

…..

Anna caminaba desanimada entre los demás vampiros que cazaban venados para satisfacer su sed. Muchos se quejaban por el pésimo sabor de los animales, nada se comparaba a la de los humanos y que deseaban volver a Arendelle para rehacer el baño de sangre que se propagó hace años atrás. La pelirroja ignoraba esos estúpidos comentarios mientras se encaminaba hacia su fortaleza oculta, un viejo castillo abandonado que usaban como guarida ya que las cavernas habían sido invadidas por los lobos que los rastreaban para eliminarlos. Sin embargo, por ahora no había ninguna huella o prueba de su estadía en el bosque, como si se hubieran esfumado. Esto les permitía a los vampiros adentrarse en el bosque y cazar a gusto los animales que deseaban y si por si acaso encontraban a una desafortunada alma caminando por el frondoso follaje, la despojaban de su sangre y sus entrañas para calmar su animal interior.

La sed volvía más lento el caminar de la vampiresa pelirroja, que ignoraba a sus compañeros alimentándose y recobrando fuerzas. Ya pues, aquella sangre no le servía. Necesitaba algo de mucho más alto calibre, cosa que no podía obtener de los animales. Ansiaba poder sentir en su paladar aquel dulce sabor que añoraba luego de probarlo por primera vez: deseaba la sangre de la reina del hielo.

Para calmar el instinto, constantemente realizaba cortes en sus muñecas y brazos para consumir su propia sangre, cosa que no la alimentaba pero la calmaba por unos instantes. De tanto hacerlo y la reducción de su poder regenerativo, las marcas de colmillos y cortes en su piel eran presentes y algunos eran frescos ya que chorreaba un poco de aquel líquido carmesí.

Se escondió entre los pasillos oscuros del castillo y se sentó contra una vieja estantería. Apoyó la cabeza contra la gruesa madera a sus espaldas y jadeó ante el incesante ardor en su garganta. Su pecho subía y bajaba por intervalos mientras un leve resplandor rojo amenazaba con borrar el rastro aguamarina en sus ojos. Mordió su labio inferior con su colmillo normal hasta sacarse sangre para luego pasar su lengua por la herida y calmar su instinto demoníaco. Los latidos de su corazón resonaban hasta en sus oídos y le causaba una gran opresión en su pecho. También sus encías le dolían ya que los colmillos rompían la carne para así poder salir al descubierto.

El resoplido y las quejas inundaban con su bullicio el silencioso ambiente oscuro mientras Anna oprimía sus manos contra su pecho y permitía que sus colmillos crecieran de manera descontrolada, aumentando casi el doble de su tamaño normal. El brillo carmesí inundó aquellas pozas aguamarina iluminando la penumbra del lugar con aquella luz sobrenatural mientras raspaba las deshilachadas alfombras con sus garras para desviar ese inmenso dolor en su interior. Llevó una de ella hasta su garganta y sintió el quemar de su cuerpo ante la falta de sangre en su organismo. Estaba llegando hasta su punto máximo y el sufrimiento era indeseado.

De repente, unos pasos resonaron entre los lloriqueos de dolor de la joven, alertándola de alguien cerca. Se internó entre la oscuridad y observó entre las penumbras una silueta masculina que lentamente se acercaba a ella. A medida su vista carmesí perfeccionaba su visión nocturna, las facciones de la sombra fueron siendo reveladas. Quedó atónita al reconocer a su compañero rubio, mano derecha de su ama. Sus heridas al parecer habían sanado y una sonrisa de oreja a oreja resplandecía en su rostro. -¿Raven? ¿Cómo te recuperaste tan pronto?

-Digamos que la ama Cassandra me ayudó a recuperarme –exclamó volteándose a observar a la pelinegra que se hallaba parada bajo el umbral de la puerta, sonriendo perversamente.

Anna se encogió y escondió sus colmillos para evitar atacar a Raven y para que no notara su debilidad. -¡Aléjate de mí! ¡No quiero que me veas así!

El rubio tomó por las muñecas a la joven y las colocó por encima, dejándola totalmente indefensa. Ambas miradas se interconectaron, la de Anna rellena de lágrimas mientras que la del vampiro oculto, con deseos oscuros. Fue entonces que la pelirroja se percató de que algo no era lo debía ser al observar la profundidad de aquellas orbes escarlata. El vampiro no perdió más tiempo y abrazó a Anna, dándole una vista más cercana a su pálido pero bien delineado cuello mientras esbozaba una sonrisa oscura.

La pelirroja se retorció al sentir la húmeda caricia del rubio en su cuello mientras lentamente bajaba hasta su hombro. Trató de quitárselo de encima pero era imposible, como si una fuerza sobrenatural la mantuviera pegada a la pared y le impedía escapar de las garras de ese vampiro. Comenzó a quejarse y a gritar. -¡Raven! ¡Déjame en paz! ¡Suéltame!

Fue entonces que el monstruo se despegó de la piel de la joven para volver a encontrarse con su mirada ahora llena de malicia. Anna recordó aquellos ojos oscuros como la noche y densos como la sangre y abrió la boca con horror al escuchar la voz gangosa de su captor. -¿Me extrañaste, pequitas? Ansiaba este momento. Cuando ya estuvieras lista.

-¡No puede ser! ¡Eres tú! ¡Shadow! –exclamó con horror mientras se retorcía en busca de una forma para escapar.

-¡Sorpresa! –se burló el vampiro.

Sus manos robadas comenzaron a recorrer el plano abdomen y cintura de la joven haciendo gimotear de terror e implorando que la suelte. Este reía gustoso ante los intentos de la joven para escapar de sus garras pero ya era demasiado tarde. Ese predador ya no dejaría ir a su presa tan fácilmente.

Sintiendo la textura de sus pequeños pechos, Shadow arrancaba gemidos de dolor a la pequeña vampira que lloraba por algo de piedad. Cassandra observaba atentamente aquella escena mientras mantenía contacto visual con su pequeña aprendiz siendo manoseada por su más antiguo vampiro, su creador. Pues ni más bien, él estaba en todo su derecho ya que él puede hacer lo que se le dé la gana con sus sirvientes o marionetas.

Un sonido de rotura y rasgueo sacó de trance a Anna que comenzó a llorar descontroladamente. Ser violada por su propio creador no era una experiencia muy agradable y más aún si era un vampiro lujurioso y sediento como Shadow.

El monstruo despojó de la parte de arriba de su vestimenta a la joven, dejando al descubierto su bello pecho blanquecino. Sonrió con lujuria y se dedicó a disfrutar de su suave tez, incomodando a la joven y sacando los más ocultos sonidos de su garganta. En medio de gritos y gemidos, Anna imploraba a su ama para que la viniese a rescatar. -¡A-ama, por-por favor ayúdeme! –repetía entrecortadamente a la pelinegra. Esta simplemente sonrió y desapareció entre las penumbras del lugar, dejando a su vampiresa a merced de aquel demonio.

Usando sus garras de sombra, Shadow rasgó la piel pálida y dejó a la intemperie diversas heridas abiertas, emanantes de sangre fresca, provocándolo aún más y haciendo que entre en el éxtasis.

Usando su lengua, recorrió las heridas sobre sus pechos, lamiendo y mordiendo con violencia, sacando gritos a su vampiresa. La sangre chorreaba por el piso y desde su boca de ya prominentes colmillos, sin perder más tiempo, mordió con fuerza a la altura de la clavícula, succionando cada gota de sangre que brotaba de la herida. Anna arqueaba su espalda de dolor y se mordía los labios para evitar soltar gemidos de placer que incitarían al íncubo a continuar con su ritual.

Al ya tener la boca repleta de sangre, dejó atrás su descubierto pecho para subir hasta sus labios y plantarle un beso forzado. Al ver que Anna no le permitía el acceso a conquistar su boca, la tomó por la mandíbula, obligándola a sucumbir ante su deseo, introduciendo su lengua de manera salvaje y húmeda, entrelazándose con la de ella.

Instintivamente, el vampiro sabía que la joven estaba lista para ser suya y se despojó rápidamente de sus vestiduras mientras con su enorme fuerza, tiraba contra el piso a la indefensa vampiresa. Luego de haber conquistado su boca, volvió al trabajo con sus senos, masajeándolos y sacándole gritos y angustias.

Cansado de esperar, de un zarpazo se deshizo de aquellas molestas vestiduras inferiores, permitiéndole admirar su absoluta belleza más pura que nada de lo que había visto antes. Un ser impuro y demoníaco como él estaba controlando a esa pequeña joven con fachada de monstruo. No era más que una indefensa niña que deseaba por nada más del mundo, regresar con su familia y su querida hermana. Pero ahora, sufrir de su sed no era nada comparado al extremo dolor y vergüenza en ese preciso momento.

La joven encontró una manera de poder librarse de aquel sufrimiento de una maldita vez. Usando sus poderes ocultos, logró prenderle fuego a una pequeña pila de muebles antiguos usando solo la mirada. Lentamente las llamas comenzaron a consumirlo todo a su alrededor, reduciendo todo a cenizas y hollín. Creyendo que Shadow se asustaría o temería por su vida, la dejaría libre, sin embargo, eso no fue exactamente lo que sucedió. Las llamas consumían todo a su alrededor pero no se acercaban al par de vampiros en ninguna dirección. Ante la expresión asombrada en su rostro, Shadow esbozó una sonora carcajada. – ¿De veras creías que unas llamitas podrían conmigo? He esperado tanto por este momento que nada me lo impedirá –exclamó realizando un movimiento que extinguió las llamas cercanas. –He consumido tanto de tu sangre que soy inmune a tus poderes, no tienes oportunidad contra mí.

-¡Suéltame, hijo de puta! Déjame ir y púdrete en el infierno –gritó Anna escupiéndole en el rostro mientras dejaba a la vista sus largos colmillos.

Usando su mano libre, se quitó la saliva del rostro y miró a la pelirroja macabramente. –Pequeña idiota, si yo soy una criatura de allí –gritó lanzándole una cachetada fuerte, reventándole el labio y haciéndola escupir sangre.

Otro beso demandante ocurrió antes de comenzar la verdadera acción. Shadow suspiraba excitado mientras Anna contenía ese grito ahogado y entrecortado en su garganta. Ante este acto, Shadow permitió que el lado de bestia de la pelirroja apareciera mientras daba violentas embestidas contra el frágil cuerpo de su aprendiz. Esta por su parte, rodeaba con sus esbeltas piernas la cintura de su creador mientras se arqueaba placentera y clavaba sus filosas garras en la espalda, dejando que leves hilillos de sangre bajaran por su bien torneado cuerpo.

Shadow intensificaba más agarrándola por los muslos y suspirando su nombre entrecortado, haciéndola soltar un alarido ensordecedor. Para disuadir el dolor, la oji-azul rasguñaba la alfombra del lugar con sus garras y se movía al compás del vampiro. Las llamas danzaban a su alrededor, incapaces de interrumpir ese momento prohibidos de aquellos seres del infierno.

Cansado, se retiró de la joven que quedó tendida en el suelo con una expresión de dolor y lágrimas rodando por sus mejillas. No podía creer lo que le habían hecho, era espantoso. Shadow, aún insatisfecho, enredó un dedo entre los despeinados cabellos pelirrojos de su vampiresa y le susurró en el oído. –Espero que lo hayas disfrutado preciosa –rió mientras dibujaba ochos entre sus pechos. –Pero hay un problema, aún no consigo lo que más anhelo –el latido de la joven se aceleraba cada vez que el demonio se acercaba hasta su pulcro cuello el cual no había tocado desde hace tiempo atrás. Sintió el gélido aliento sobre su piel delicada seguida de su rasposa lengua, probando el sabor de su tez para darle paso a las dos puntas afiladas que se insertaron con fuerza en su carótida.

El aullido de dolor fue interrumpido por una gran mano masculina que cubría su boca para así poder disfrutar de su comida en tranquilidad. Ella solo lloraba de dolor pues no existía una más horrenda tortura para ella.

Al terminar su alimento, Shadow subió de nuevo para encontrarse con los aterrados ojos de su presa. Una sonrisa macabra apareció en sus labios mientras, acariciaba con dulzura fingida su mejilla pecosa. Anna apartó el rostro de él y giró el cuello exponiendo sus dos orificios causados por los colmillos de su captor. Él rió y acaricio la herida, sacándole un quejido a la pelirroja. –De veras lo disfruté. Espero que lo hagamos más seguido, colmillitos.

Luego se levantó satisfecho y se colocó su capa oscura hecha de sombras para luego salir de la habitación en llamas con absoluta naturalidad, dejando a una Anna herida y adolorida sobre la alfombra color azul cielo teñida de rojo.

Con sus poderes, logró ponerles fin a las llamas, dejando la habitación en ruinas. Tomó unas cortinas y cubrió su desnudez para pasar desapercibida entre el lugar en busca de un viejo armario del cual podría sacar alguna vestimenta para cubrir su cuerpo.

Al ya estar vestida, caminó con dificultad por el lugar, adolorida por el maltrato del vampiro pero el peso de la culpa y la vergüenza hacían más la inestabilidad en sus piernas. Recorriendo el inmenso castillo logró dar con la salida y aprovechando que sus compañeros estaban distraídos, logró escapar del lugar, evadiendo la presencia de otros vampiros.

Dejando apenas unas marcas sobre la nieve, siguió por el camino de pinos plateados con rumbos inciertos. Solo deseaba alejarse de aquel infierno y estaba decidida que ni siquiera su ama le iba a impedir escapar. Avanzó por los nevados tramos y se alejó de allí sin dejar rastro pese a la recién comenzada tormenta de nieve que daba el último toque deprimente a su vida llena de sufrimiento.

Luego de caminar por unas horas, sentía que el frío se clavaba como agujas en su cuerpo y sus pies descalzos estaban entumecidos. Era muy extraño pero ella se encontraba tan débil que sentía que perecería en aquel bosque a merced de la naturaleza, hasta que una tenue luz le iluminó el camino de sombras.

El sol lentamente se hacía presente entre tanta oscuridad, causándole un leve dolor en sus ojos nocturnos que fueron adaptándose a la fricción de la luz solar. Siguiendo sus instintos, su olfato reconoció aquel territorio conocido y subió una pequeña lomita de nieve para observar el panorama familiar, quedándose sorprendida ante tal resultado.

Rodeada de aquel fiordo congelado permaneciendo imponente con sus humildes casas y el gigantesco castillo, yacía el reino que alguna vez le mantuvo respeto y en el cual fue criada: Arendelle.

La nostalgia fue invadiendo su ser hasta tal punto que no logró contener las lágrimas al recordar los buenos momentos de su vida de humana.

Unos ruidos a su alrededor la alertaron de peligro y un olor a humano se aproximaba. Inmediatamente, sus piernas respondieron y comenzó a correr a velocidad inhumana para alejarse del lugar, para así evitar cualquier encuentro con algún humano. No deseaba herir a nadie y mucho menos satisfacer sus instintos vampíricos.

Alejándose del lugar anterior y creyendo haber pasado el peligro, se apoyó cansada contra una gran roca. No tenía la suficiente fuerza para poder escapar con tanta velocidad o destreza que sus compañeros, necesitaba nutrirse de una vez. Su cuerpo desfallecía con cada paso que daba y su sed volvió a hacerse presente.

De repente, un proyectil cruzó el ambiente irrumpiendo el silencio con un leve silbido. Era una flecha prominente de los árboles que impactó directamente en el muslo derecho de la vampiresa. Esta grito de dolor y la desencarnó de sí mientras observaba la sangre salir a chorros.

Gruñó al escuchar a algo caer desde la copa de los árboles y esbozó sus largos caninos para tratar de intimidar a su adversario. De repente, la misteriosa persona apareció con una espada plateada brillante que colocó directamente en su garganta. Anna quedó atónita al sentir el filo de la hoja intersecándose con su piel, pero aún más al descubrir a la portadora y su asesina: su propia hermana mayor…

...

Fue extraño lo sé, digamos que es mi primera escena M en un fic (fuera del reto de los 30 días que lo estoy realizando en este mes) y resultó algo incómodo para mi escribirla. Tuve que arrancarme los pelos para que se me ocurra una escena de tal calibre y acepto sugerencias, halagos, tomatazos, garrotazos xD Recuerden no soy experta escribiendo este tipo de escenas así que por favor ayudenme con alguna sugerencia para el futuro. Claro que tuve que darle un toque forzado y gore de mi parte. Debía demostrar lo animal y malvado que es Shadow. Ahora ¿A quien odian mas? ¿A Cassandra o a Shadow?

Y ahora? ¡Anna se volvió a encontrar con Elsa! Esto se tornará picante y gore muajajajaja (Adoro esta parte de la historia jeje) Pues esta historia muy pronto llegará a su fin, pues tengo planeados 18 capítulos más un epílogo. Gracias por su apoyo y sus reviews. ¿Llegaremos aunque sea a los 100? ¡Ya estamos cerca!

Con esto lobita se marcha, debo ponerme pilas con el reto y veré si puedo adelantar algún otro fic.

¡Se me cuidan mis pequeños lobos y vampiros! ;D