Capítulo 14: "Reecoinciliación y misterio"

Sus ojos fríos y oscuros estaban fijos en las infinitas escalinatas del viejo templo que se encontraba de la vereda de enfrente a su auto. ¿Por qué tenía que estar él ahí?. Torció la boca en señal de repugnancia al recordar a la persona que le había encomendado esa tarea. Maldito Inuyasha, pensó con furia al recordar al joven de ojos dorados. Hacerlo rebajar de esa manera, pero ya se las iba a cobrar, o mejor dicho, se las estaba cobrando. Ladeó el rostro hastiado de estar esperando y esperando, hasta que por fin, una figura pequeña se asomó por las escaleras, descendiéndolas rápidamente. Vaya que era parecida a la otra, aunque se diferenciaban bien. Kagome observó a todos lados frunciendo el ceño, casi persiviendo algo que la perturbaba, pero fue en el momento en el que puso su pie en la acera, cuando una electricidad le recorrió todo el cuerpo. Sus ojos se abrieron enormemente y la respiración se le hizo dificultosa. Como si lo hubiera persivido, sus ojos castaños se clavaron en el auto que estaba frente a su casa. Su corazón latió violentamente y palideció mortalmente, sus manos sudaban frio y de pronto las piernas comenzaron a temblarle. La cabeza le latía con violencia y su estomágo daba vueltas, al igual que su vista que se nubló por completo. De pronto sintió que ya no podía controlar su cuerpo y sus piernas se flexionaron, haciéndola caer al suelo. Antes de que perdiera el conocimiento, llegó a ver como un hombre la atrapaba, sintiendo aún más terror y con la sensación de que estaba en serios problemas. Pero no podía hacer nada para defenderse. Estaba pérdida y no había nadie que pudiera hacer algo. Pero¿por qué se sentía así?. Se supone que jamás había visto a ese hombre en su vida, pero, por alguna extraña razón, sentía que no era una buena persona. Y el contacto de sus manos con su frágil cuerpo, la hizo entender que no se trataba de un hombre común y corriente, tenía algo oscuro y una sensación de abandono y desesperación la invadieron. Estaba segura que ya no tenía salvación.

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El dolor agudo de cabeza la hizo recobrar la vista de a poco. Con dificultad se incorporó sintiendo aún los intensos mareos. Llevó su mano a la sien para intentar mitigar el dolor, pero este no disminuía ni siquiera un poco. Ladeó el rostro y miró hacia todos lados, dándose cuenta, que no estaba en su habitación, y peor aún esa no era su casa. De pronto, las imágenes se agolparon en su mente... Aquel hombre. Se horrorizó y comenzó a negar con la cabeza con la horrible idea de que estuviera en la casa de aquel desconocido que tantas malas sensaciones le traía. No, no podía, debía escapar... Gritar, fue lo primero que se le vino a la mente. Se levantó presurosa de la cama y comenzó a gritar a vivas voces, sintiendo como el corazón saltaba dentro de su pecho.

- ¡¡Auxilio!!... ¡¡Ayudénme por favor!!... ¡¡Socorroo!!-

La puerta de la habitación se abrió de un solo golpe y el miedo se le hizo aún más grande. Cerró los ojos temiendo lo peor, pero contrario a lo que ella pensaba, una voz suave y ronca, demasiado familiar se dejó escuchar en la habitación. Abrió sus ojos castaños de a poco y lo que menos esperaba era encontrarse con un par de ojos dorados que la miraban intensamente y con una preocupación infinita. Su corazón latió con violencia y sintió un nudo en la garganta.

- ¡Kagome¿te encuentras bien?... ¿qué te sucede?- Preguntó el con miedo al verla tan alterada y de esa manera.

- Inu... yasha... - Musitó al verlo tan cerca de ella. De pronto su corazón volvió a latir al ritmo normal y sintió una inmensa felicidad y una paz interior que la hicieron sentirse más tranquila y protegida. Sin pensarlo dos veces corrió a los brazos del chico que no cabía en su asombro, en verdad, lo que menos esperaba era que ella reaccionara de esa manera.

- Ka... gome... - Susurró al verla tan apegada a su cuerpo. No dudó y en seguida correspondió el abrazo de la chica que se acurrucó más en su pecho, intentando buscar el consuelo que necesitaba en ese momento- ¿qué sucede preciosa?- Preguntó con asombro al verla tan sensible y alterada, no podía evitar sentirse igual o peor que ella al verla así.

- Es que... tenía mucho miedo... - Confesó con lágrimas en los ojos al recordar lo desprotegida que había estado en ese momento, frente aquel sujeto.

- ¿Miedo?... ¿por qué?- Volvió a preguntar con suma curiosidad al darse cuenta de que no todo estaba bien en la chica.

- No, por nada... descuida... estoy... bien- Corrigió separándose de él, cosa que la desilucionó, tanto a ella como a él que la miraba adolorido, pero era necesario hacerlo así. De pronto sintió una inmensa soledad, lo que la hizo darse cuenta de que necesitaba estar a su lado, porque sin él, se sentía tremendamente sola, ahora se daba cuenta de eso. Aunque de pronto recordó porque no estaban juntos, él la había rechazado y eso le causaba dolor. Tenía que irse, no podía quedarse- lo... siento... pero tengo que irme... - Dijo con firmeza, pero aún así no se movió ni un centímetro de donde estaba.

- Por favor... quédate Kagome, no te vayas... - Rogó Inuyasha sintiendo nuevamente que si ella se iba, la soledad no lo dejaría en paz y otra vez no podría estar tranquilo, sabiendo que ella estaba tan lejos de su lado.

Kagome no dijo nada y entonces él tomó eso como un sí. Hubo unos minutos de silencio, perturbador para ambos. Inuyasha frunció el ceño, le resultaba extraño el comportamiento de Kagome, sentía que le estaba ocultando algo, aunque no era para menos, después de todo, no confiaba en él¿o no?. Intentando sacar aquellos pensamientos de su mente, sacudió la cabeza espantando las ideas que se le ocurrían en ese momento. Sin más caminó hasta la cocina seguido de ella, que se sentó en el sillón que se encontraba en la sala del departamento. Al instante Inuyasha regresó con una taza de café con leche y se la entregó. Kagome la recibió con gusto y le sonrió apenas mientras que él se sentaba a su lado.

- Me alegro mucho que estes bien... - Murmuró Inuyasha apenas obteniendo la atención de ella que lo miraba bebiendo un sorvo de la leche y ruborizándose intentando de desviar la mirada para que él no lo notara- y creo... que es el momento para que hablemos de... lo que pasó aquella vez-

- No, no quiero que hablemos de nada, por favor Inuyasha, te lo ruego... si me quedé, es para que no te preocuparas por mí, pero no quiero que hablemos de nada- Protestó ella. Hubo un silencio profundo en el que ninguno de los dos habló, ya que, no tenían las palabras exactas para decir en ese momento.

- Escucha, en ese momento... yo dije esas palabras, porque... no estaba seguro de lo que... sentías... - Dijo él de repente, temiendo que en algún momento Kagome se fuera y perdiera nuevamente la oportunidad de hablar y aclarar las cosas entre ellos.

- ¿De lo que yo sentía?... no te entiendo- Respondió Kagome con confunsión a lo que Inuyasha le estaba confesando.

- ¿Sabes?... desde el primer día que nos cruzamos, pude sentir que eras alguien especial, y me doy cuenta que no me equivoqué al pensarlo... siempre pensé que... nada podría pasar... - Kagome lo observaba atentamente y no podía creer lo que Inuyasha le estaba confesando- y ese día que no estabas... pensé lo peor y me asusté demasiado... y cuando apareciste el alma me volvió al cuerpo... y no pude controlarme en mis impulsos, aunque después me reproché, porque había actuado sin pensar lo que sentías por mí, y eso podía ser muy riesgoso... para mí... para ambos- Se corrigió.

Nuevamente el silencio se apoderó de ambos. Inuyasha la miró de reojo y pudo notar las pequeñas lágrimas que se asomaban por los ojos castaños de la chica que era dueña de su corazón. En ese momento intentó descifrar con la mirada lo que estaba pensando en esos instantes. De pronto la vió ladear el rostro y sonreirle con toda sinceridad.

- Yo... pensé que me habías visto como un reflejo de... no sé... de alguien, que no me querías por quién soy... - Confesó ella sintiendo un nudo en la garganta y una completa felicidad en su alma.

- ¿Cómo pudiste pensar algo semejante, preciosa?- Preguntó asombrado, levantando ambas cejas.

Kagome negó con la cabeza y le sonrió intentando transmitirle confianza. Inuyasha la miró sin comprender y al instante vió como ella se acercaba a su lado aún con la taza, casi fría, de leche en sus pequeñas manos. Sin objeción la acurrucó contra él y la dejó descansar en su pecho, contento de que las cosas se hubieran solucionado. Jamás hubiera imaginado que ella pudiera comprenderlo de esa manera. Tal vez, tal vez era porque ambos tenían tan conectadas sus almas que podían fácilmente leer los sentimientos del otro. Una sonrisa se dibujó en sus labios y sintió como ella suspiraba. Bajó la vista y la vió sonreír entre sus ropas, ya desordenadas por el contacto de la cabeza de la chica con su pecho.

- No debes tomar en cuenta todo lo que te digo- Rió ella con gracia al comprobar que de verdad él se había preocupado por lo que le comentó hacia segundos- pero ya está todo bien, y creo en tí... Inuyasha... - Aseguró con los ojos entrecerrados.

- Eso significa... ¿qué volverás a estar a mi lado?- Comentó ilusionado y con sus ojos dorados brillantes de la emoción al escuchar lo que ella le decía- ...¿volverás a cantar?-

- Claro, haré todo lo que me pidas... incluso lo imposible... - Respondió en un suspiro enamorado y sintiendo como el dulce perfume varonil llegaba hasta su nariz, haciendole erizar la piel. Eso era lo que había causado tanto tiempo sin verlo, justamente eso, que perdiera el control de sus actos al estar a su lado.

Él le sonrió con devoción y acarició suavemente sus cabellos azabaches tan suaves y hermosos. Su felicidad era infinita y completa, no podía evitar el sentirse sumamente contento por volverla a tener a su lado. Nada era mejor para él que estar con Kagome, era su vida, su razón, lo era todo para él... su mundo. Sonrió ampliamente y suspiró cerrando los ojos apenas.

- En estos momentos... me alegro mucho de que Naraku te haya encontrado... debo agradecércelo- Comentó aliviado.

La taza que Kagome mantenía aferrada a sus manos, cayó al suelo haciéndose pedazos y derramando el contenido. Abrió los ojos enormemente y nuevamente una sensación eléctrica recorrió todo su cuerpo y comenzó a temblar terriblemente, sintiendo como sus manos sudaban frío y la cabeza le daba vueltas. No, no podia ser cierto... ¿Había escuchado bien?. Inuyasha la miró preocupado y la apartó temiendo lo peor al verla en ese estado. Jamás en su vida la había visto tan pálida y su corazón dio un vuelco del susto al verla así. ¿Qué le estaba pasando?.

- Kagome... Kagome, preciosa¿qué sucede, Kagome?- Preguntó horrorizado y sacudiéndola débilmente al ver que ella no reaccionaba y estaba más blanca que la nieve.

- Has dicho... ¿Naraku?... -

Continuará...

N/A: Holas!!! Bueno, después de varios problemas con mi compu, aquí estoy nuevamente trayéndoles esta historia. ¡Si tan solo supieran cuanto me costó reparar esta computadora!. ¡Hasta tuvieron que cambiarla por una nueva!, y recién ahora me estoy acostumbrando a los nuevos programas. Por un momento, todos los archivos que tenía, incluyendo Heart's Song, se habían pérdido, pensé que estaban borrados, pero de alguna manera, pude recuperarlos, ya ven. Bueno, espero que dejen reviews y gracias por el apoyo a pesar de la tardanza... culpen a mi compu ¬¬ Amigas, me voy despidiendo y perdonen mi tardanza, prometo que voy a recompensarlas... n.n Me voy despidiendo... ¡Mata Ne!

Gracias!!

Besos!!

Kagome-